Ante todo, Feliz Navidad y Feliz año nuevo. Ahora sólo nos queda esperar a los Reyes Magos.

Aquí tenéis un capítulo más. Espero que lo disfrutéis, gracias por los comentarios y vuestros ánimos. Lamento que al final, en contra de lo que planeaba, no estoy haciendo muchos cambios en esta historia. Sólo corrigiendo algunas faltas ortográficas y subiéndolo de nuevo pero no tengo el tiempo suficiente como para hacer cambios mayores. Aún así, me alegro que subirlo de nuevo haya ayudado a algunos a lectores a descubrir el fanfic.

¡A leer!

CAPÍTULO XI

Elizabeth se acomodó en el carruaje en el que Darcy la había ayudado a entrar. Lizzy miró por las ventanas dónde una hilera de árboles se habían convertido en manchas verdes y marrones difícilmente identificables por culpa de la velocidad.

Cuando Darcy subió al carro, pues había pasado parte del trecho indicando al conductor qué caminos debería tomar, se sentó delante de ella para evitar cualquier contacto demasiado íntimo con Lizzy y así respetarla. Elizabeth le sonrió levemente y golpeó el lado libre del asiento que ella ocupaba. Darcy asintió con la cabeza y se colocó junto a ella.

- Mis tíos han mandado una carta – dijo Elizabeth- Les gustó mucho la boda y esperan que hayamos pasado una buena luna de miel.

- Me escribió Georgina, quiero decir nos escribió- dijo Darcy- le causaste muy buen impresión, tiene grandes esperanzas de que seáis buenas amigas

- Lo mismo espero yo- dijo Elizabeth con sinceridad, no podía creer que Wickham hubiera juzgado tan mal a una niña tan tierna como Georgiana, era una muchacha tímida, quizá este hecho había confundido a Wickham, que lo habría considerado indiferencia.

Estaban regresando a Pemberly, donde Lizzy aún no había puesto su pie, había conocido a Georgina en la boda. El Coronel no había podido asistir pues continuaba con su estancia en España, pero había mandado un generoso regalo y una cariñosa carta donde expresaba su sorpresa y su alegría ante aquel reciente matrimonio. Wickham había partido también a otras regiones, por fortuna, ya que Darcy no permitiría bajo ningún concepto invitar a un hombre que detectaba tanto.

- ¿Cómo se encuentra su hermana?- preguntó Darcy, interrumpiendo sus pensamientos.

- Kitty se encuentra bien, completamente recuperada, gracias a usted. Nunca podría agradecerle tanto que invirtiera una cantidad monetaria tan grande para el remedio del mal de Kitty.

- Ahora ella también forma parte de mi familia- contestó Darcy- Y puedes agradecérmelo, tuteándome...- Darcy titubeó un poco- Si quieres, por supuesto, si te sientes incómoda...

- Está bien. Te tutearé- aceptó Lizzy, sonrojándose

- Antes de irnos de luna miel, Bingley aconsejó que a la vuelta celebráramos una fiesta...Tus hermanas pequeñas lo consideraban una gran idea.

Lizzy rió- ¿Incluso Mary?

- No, pero le hablé de la Biblioteca de Pemberly...- dijo Darcy. Elizabeth sonrió, sorprendida de que Darcy hubiera percibido los intereses de su hermana más introvertida en tan poco tiempo- ¿Te sientes con fuerza para ser la anfitriona de una fiesta así?

- Creo que sí- Lizzy dudó por unos segundos, nunca había sido anfitriona, menos en una mansión tan grande como Pemberly a la que seguramente asistirían tantos invitados pero estaba ansiosa por demostrar a su marido y a sí misma que era capaz de ello.

El viaje se estaba alargando más de lo que Lizzy había imaginado, así que se quedó dormida de repente y su cabeza resbaló con lentitud hacia el hombro de su esposo. Éste no se quejó en ningún segundo, leyó en silencio el periódico hasta que Elizabeth se despertó y sus mejillas se sonrojaron al darse cuenta de su postura. Retiró la cabeza sin mucha rapidez, para no descubrir su vergüenza.

Al llegar a Pemberly, Elizabeth se esforzó por esconder su asombro ante un lugar tan grande y hermoso, caminó por el largo pasillo con nerviosismo, sin quitar los ojos de los retratos y las estatuas que decoraban su nuevo hogar. Un criado, al que Darcy se refirió como Señor Hughes, y la ama de llamas, la señora Reynolds, dieron la bienvenido a los recién casados con una acogedora sonrisa. Parecían tenerle mucho aprecio a su jefe.

- ¿Te gusta?- quiso saber Darcy, una vez que ambos habían entrado al vestíbulo y Lizzy se había quedado prendada de la exquisita decoración- Ahora es tu casa también, si hay algo que no sea de tu gusto, puedes cambiarlo...- se apresuró a decir Darcy.

- No, no...Todo está perfecto- reconoció, admirando aún la sala.

Darcy sonrió- Te enseñaré tus aposentos

Elizabeth estuvo a punto de preguntar si no iban a dormir juntos, pero no quería sonar indecente y tampoco sabía mucho de las reglas del matrimonio. Sabía que sus padres dormían en la misma cama, pero quizá esa fase llegaría tras meses de convivencia o quizá sólo semanas. Elizabeth se alivió ante aquella idea, sabía que pegada a su marido no podría dormir nada.

- Informé a la Señora Patrick de la hora a la que llegaríamos para que fuera preparando la cena, es una gran cocinera y una generosa mujer- comentó Darcy retirando la silla para que Elizabeth se sentara. Ella actuó en consecuencia y su marido se sentó enfrente. La nueva señora Darcy se sorprendió de que Fitwilliam hiciera referencias a la personalidad de la cocinera, fue un gesto que la agradó- También sé que apreciaras el trabajo de la Señora Reynolds, la ama de llaves, es una mujer muy organizada.

La Señora Patrick era una señora rechoncha y alta, parecía fuerte y lucía una larga sonrisa, su pelo no muy bien peinado se recogía en un moño y su delantal parecía parte de su cuerpo. Caminó hacia el salón para saludar a los dueños de Pemberly con una sonrisa menuda.

- ¡Señor Darcy, han llegado a punto para saborear mi sopa recién hecha!- exclamó con ánimo la cocinera, luego dirigió su mirada a Elizabeth- ¿Señora Darcy?- alargó su sonrisa

Elizabeth se levantó para saludarla, lo que sorprendió a la Señora Patrick.

- No se levante, señora, se le arrugará el vestido- dijo afable- Ya era hora que una mujer además de Georgina viviera en Pemberly, si me permite el comentario, sabía que usted era hermosa pero nunca pensé que tanto.

- Mi hermana Georgina bajará a acompañarnos ¿verdad? ¿Le han ido bien hoy las clases de música?- quiso saber el Señor Darcy.

- Las clases han ido bien, Señor, al menos como todos los días. Terminó a las siete y subió rápidamente a elegir un vestido para darles la bienvenida, parece que se ha retrasado en sus arreglos pero seguro que bajará, estaba ansiosa por verle, lo echó mucho de menos.

Como si las palabras de la Señora Patrick la hubieran convocado, Georgina apareció en el comedor, entró con timidez y su sonrisa se iluminó al ver a su hermano. Darcy se puso en pie y Georgina fue corriendo a darle un abrazo, su vestido de un azul casi blanco que resaltaba su piel pálida voló hacia atrás en su carrera.

Después del abrazo, Georgina se acercó a Elizabeth y la saludó.

- Espero que el viaje haya sido placentero

- Mucho- afirmó Elizabeth.

- En la boda no tuve ocasión de transmitirle mi alegría al entrar usted en nuestra pequeña familia, mi hermano me habló mucho de usted, pero aún así no me imaginaba que William tuviera tan buen gusto con las mujeres.

- Oh, le habló mucho de mí ¿De verdad?- miró con picardía a su marido, que fingía no haberse enterado y volvía a sentarse. Georgiana asintió efusiva mientras la Señora Patrick se marchaba para vigilar la cocina- Siéntate y cuéntame que te contó de mí, estoy segura de que también hubo alguna recriminación.

Georgina obedeció, una vez sentada negó con la cabeza- En absoluto. Mi hermano sólo tenía buenas palabras para usted.

- Qué curioso- dijo Elizabeth divertida, mirando a Darcy de reojo.

- Georgiana, háblale mejor de tus dotes como pianista- dijo Darcy.

- ¡Oh, no intentes cambiar de tema! Quiero enterarme de lo que Georgina tiene que decir.

Darcy hizo una mueca pero no repuso nada.

- Él me habló de sus hermosos ojos, de su inteligencia, de la forma en que defendía sus puntos de vista y debo reconocer que también se quejó a veces sobre lo inalcanzable que parecía en ocasiones. Por suerte, en esto último estaba equivocado.

Elizabeth sonrió- Ahora sí puedes hablarme de tus dotes de pianista.

Pero Georgina parecía no estar dispuesta a conversar sobre ese asunto porque enseguida preguntó sobre la luna de miel y su hermano le dio tantas descripciones sobre el viaje que ella pudo imaginar que había estado en esos lugares remotos.

Después de la cena, en la que Elizabeth tuvo que felicitar a la cocinera por aquellos manjares, subieron a sus respectivas cámaras. Al subir por las escaleras, Darcy hizo mención a la torpeza de uno de los camareros del hotel y Elizabeth asentía y reía al recordarlo. Cuando llegaron ante la habitación de Lizzy, ambos pararon en seco.

- Espero que te parezca cómoda tu habitación, si tienes alguna queja, por favor, no dudes en hacérmela llegar- Se miraron por unos segundos en silencio, sonriendo sin motivo- Buenas noches.

Darcy dio algunos pasos dudosos, hasta atreverse a plantarle un tímido beso en los labios.

- Buenas noches- respondió Elizabeth sorprendida. Darcy, azorado, hizo un gesto de despedida y se fue. Lizzy aún de pie ante la puerta de su habitación dibujó en su rostro una radiante sonrisa.

La nueva señora Darcy tardó largas horas en dormirse, llevaba ya un mes casada pero era la primera vez que se acomodaba en esa habitación, que caminaba por los pasillos de su nuevo hogar, que saboreaba la sopa de la Señora Patrick y que era sorprendida por un tímido beso de su marido. Sin duda, podría acostumbrarse a su nueva vida.

Sentía afecto por el Señor Darcy y por fin se atrevía a admitirlo, sus personalidades encajaban sin problemas y preveía una vida matrimonial satisfactoria. Lo había malinterpretado en tantas ocasiones como había desconfiado de sus buenas intenciones, una vez aclaradas estas cuestiones el Señor Darcy se le antojaba más atractivo que nunca y además durante su luna de miel había sido extremadamente generoso y atento.

El Señor Darcy había influido en las opiniones de Bingley con respecto a Jane en el pasado y había enmendado este error, Lizzy había seguido desconfiando de él hasta el punto de acusarlo equívocamente de su separación con el Coronel, ante este acontecimiento se sentía culpable y casarse con Darcy no era suficiente muestra de arrepentimiento, debía pedirle perdón con sinceridad. Su enemistad con Wickham no era suficiente motivo para intentar odiarlo (aunque lo había intentando en vano). A lo mejor Jane había acertado en este asunto y un malentendido había distanciado a Wickham y a Darcy, el orgullo de ambos, o en especial de su esposo, había mantenido este sentimiento adverso durante tantos años. Lizzy había decidido olvidar este hecho que un año atrás tanto había despertado su curiosidad, hacía muchísimo tiempo que no veía a Wickham, incluso antes de su boda y de la de Jane, Wickham había dedicado demasiado tiempo en cortejar a un joven heredera de una gran fortuna que vivía en Hertfordshire, dando de lado a las hermanas Bennet.

A la mañana siguiente, mientras desayunaban Georgina se excusó para retirarse al jardín a terminar el libro que estaba leyendo. Cuando la figura de la pequeña Darcy desapareció escalera arriba, Elizabeth tosió para llamar la atención de su marido.

- Quería pedirte perdón- confesó.

Su marido frunció las cejas extrañado- No tengo nada que perdonarte.

- Oh, claro que sí... he sido prejuiciosa e injusta contigo, te he malinterpretado y me he esforzado en odiarte, en culparte de grandes males de los que tú, como yo, sólo eras espectador.

- ¿Y sigues intentando odiarme?

- ¡No! Por supuesto que no.

Fitzwilliam Darcy se incorporó de su silla y se acercó a Lizzy, se agachó para ponerse a la altura de su esposa sentada y sonrió con ternura.

- Elizabeth Darcy- exclamó- Te quiero y espero que esto te sirva para sentirte libre de cualquier culpabilidad.

- Acabas de limpiar mi conciencia- dijo Elizabeth sonriendo y se inclinó para besarlo, esta vez el beso fue mucho más largo y menos tímido, las mejillas de Lizzy se sonrojaron y adquirieron un color más intenso cuando Georgiana los pilló en medio de esta muestra de afecto.

- ¡Oh, lo siento!- exclamó la joven, girándose.

- No te preocupes- dijo Darcy separándose, Lizzy estaba muda.

Georgina volvió a mirarlos con una sonrisa divertida, aquella que enseñan las damas cuando leen algún libro romántico. Caminó con ligereza hacia su hermano mientras sacaba de su bolsillo una carta.

- Han llegado unas cartas, creo que son las respuestas a las invitaciones- dijo Georgina, extendiéndoselas a Darcy.

- En efecto. El Señor y la Señora Bingley, Los señores Hurst y la Señorita Caroline Bingley acudirán al baile que organizamos, también tu familia entera. Desgraciadamente, el Señor y la Señora Collins no podrán asistir pues tienen una importante cena con la que se comprometieron semanas antes. ¡Oh, y el Señor Comb también vendrá!

Lizzy consideró aquellas noticias inmejorables, las personas que le agradaban acudirían y el Señor Collins y su pedante comportamiento estarían muy lejos, aunque lamentaba no poder ver a Charlotte.

- ¡Estupendo, tendré que ponerme cuanto antes con los preparativos!

Preparar un baile como aquel era mucho más duro de lo que ella nunca hubiese pensado, tenía que elegir la decoración, las invitaciones, la comida e incluso las flores y para ello tenía que visitar miles de tiendas. El día no tenía horas suficientes para tanta ocupación. En los recorridos en carruaje de una tienda a otra y luego de regreso a Pemberly, Elizabeth recordaba los acontecimientos de aquel último mes: Se había casado. Era imposible olvidar las reacciones de asombro de su familia y allegados.

Su padre la había llamado en su despacho, como había hecho tiempo atrás para envíarla a Kent. Su rostro no era tan serio como entonces pero se le veía visiblemente sorprendido.

- No puedo negar que me sorprende descubrir que mi hija preferida se va a casar ¡Y con quién! Sin duda tu madre estará muy orgullosa de ti, el Señor Darcy tiene mucho dinero y carruajes, no te faltará nada...pero querida Lizzy ¡Pensaba que lo odiabas!

- A veces utilizamos la palabra odio con demasiada libertad- respondió su hija

- Pero hija mía ¿Lo amas?

- No lo odio, me parece atractivo y...

- No te he preguntado qué piensas de su porte. Una vez más ¿Lo amas?

Lizzy se mordió el labio sin saber qué responder. ¿Lo amaba? Para responder a eso debería saber qué era el amor. ¿El nerviosismo que sentía junto a Darcy era amor o este sentimiento dolía menos, era más cómodo y seguro? En algunas novelas lo habían descrito como pasión, otras veces como respeto. Sentía algo por Darcy, no podía negarlo, pero tampoco sabía si era amor. Ante aquel silencio, su padre negó con la cabeza.

- ¿Además de su porte te atrae su dinero?

- ¡Padre!- intentó protestar, pero su padre tenía razón. ¿Si el Señor Darcy hubiera sido pobre se hubiera casado con él? ¡No! Porque entonces no habría tenido medios para ayudar a Kitty.

- Oh, Querida Lizzy...todos estamos preocupados por tu hermana y este acto te ennoblece. Casarse con alguien al que no se ama es duro y mucho más casarse con alguien a quien se desprecia.

- ¡ No lo desprecio! No puedo negar que en un pasado lo hice, pero actué erróneamente cegada por mis prejuicios, lo malinterpreté pero ahora puedo asegurar que le tengo afecto. No sé si es simple respeto, amistad o incluso amor. Creo que puedo ser feliz con él.

- Ay, cariño. Sabes que no puedo cambiar la vida de una hija por la felicidad de otra, así que te doy mi bendición, ya se la he dado al Señor Darcy- El Señor Bennet respiró con fuerza- Espero que tengas razón y seas feliz, mi amor, sabes que el matrimonio es algo sagrado y tu madre nunca toleraría que te separaras..¡Aún menos de un hombre con tanta fortuna!

Lizzy se abrazó a su padre tiernamente. Esperando que tuviera razón y que ese matrimonio en un futuro no muy lejanos le reportara felicidad. Pero en esos instantes sólo había algo importante: La salud de Catherine Bennet.

La Señora Bennet interrumpió ese abrazo entrando con escándalo en el despacho y comenzó a gritar emocionada aquella buena noticia. Por otro lado, Jane se mostró comprensiva y dijo con una amplia sonrisa "Estaba segura de que algún día te casarías con el Señor Darcy y aunque pongas de excusa a nuestra pobre Kitty, sé que estás tan feliz como yo cuando Bingley me declaró su amor" Una frase sobre la que Lizzy decidió no sopesar mucho, pues le había confundido en extremo, así que respondió con una sonrisa igual de tierna que la de Jane.

Lo más complicado fue comunicarle al Señor Comb sobre su matrimonio. Elizabeth no sabía cómo abordar este asunto sin ofender al reverendo. Tiempo atrás, él le había propuesto matrimonio y ella le había rechazado alegando que no se sentía con humor para casarse aún. Por suerte, el Señor Comb fue más comprensivo de lo que Elizabeth creía merecer. Al principio mostró una mueca, una cara de sorpresa, se quedó paralizado pero supo reponerse con una gran sonrisa.

- No te disculpes más, Elizabeth- le cortó el Señor Comb- El amor llega en momentos inesperados y si Dios decidió unirte al Señor Darcy, yo no tengo ningún reproche ante ello- hizo una pausa- Es más, me parece un hombre muy respetable y agradable, seréis muy felices...al menos las veces en las que no tengáis que visitar a su tía- ante esto se permitió reír.

Elizabeth escuchaba mostrando una pequeña sonrisa, Comb se acercó a ella y al no verla aún convencida, le cogió de las manos y le dijo:

- No estoy enamorado de ti, Elizabeth, aquella proposición fue más un impulso empujado por la soledad que dejó mi amada esposa, a la que casualmente te pareces muchísimo- Comb mostró una gran sonrisa- Ahora me alegro como nunca de que no aceptarás mi proposición, no te merecías un matrimonio que se tambalearía sobre el fantasma de una difunta. Vas a casarte con un hombre honrado que te ama, y al que supongo que tú amas, pues aceptaste su proposición.

Comb esperó alguna contestación de Elizabeth.

- Estoy feliz ante la idea de este matrimonio- no pudo contestar más que eso.

- Puedes estar segura de que después de tu familia yo seré el que más apoye este matrimonio. Vas a necesitar mucho ánimo pues no cabe duda de que Lady Catherine de Bourgh no ve con buenos ojos que frustres sus deseos de casar al Señor Darcy con su hija.

Elizabeth rió- Tienes razón, ahora me odia aún más.

- Oh, así que el Señor Darcy ya la ha hecho partícipe de la noticia, me hubiera gustado ver su cara desencajada.

- Fue tal y como usted se la imagina, Señor Comb- contestó Elizabeth y después de una breve pausa, añadió- Además de informarle de mi suerte quería pedirle algo.

- Adelante, dígame qué puede ofrecerle un pobre reverendo, si esta en mi mano, no dude que lo haré.

- Cásenos- respondió- Sería inmensamente feliz si un amigo como usted fuera el que nos uniera en este sacramento. No puedo imaginar nadie mejor para desempeñar tan importante tarea.

Y así había ocurrido, El Señor Comb había sido el reverendo de la ceremonia y ni las muecas más acentuadas de Lady de Bourgh habían podido detener esta unión. Ahora, Elizabeth en su nuevo hogar se adaptaba a la vida en una gran mansión con la compañía de su esposo, el soltero más codiciado: Fitzwilliam Darcy.


Me parece tan corto, que voy a subir el próximo capítulo ahora mismo. 2x1, oferta navideña. ¡Felices fiestas!