CAPÍTULO 11: EL PROFETA, EL GUARDABOSQUES Y UNA PELEA

Era domingo y el Gran Comedor se llenaba de lechuzas volando con el correo. Hermione se apresuró a recoger el periódico "El Profeta". Tras una rápida ojeada, empezó a fruncir el ceño.

- ¿Todo bien, Herms?.- preguntó Ginny, dándose cuenta de que su amiga estaba muy callada.

- Esto es muy raro... ¿Chicos, os parece que, antes de la comida, nos demos una vuelta por el lago, vayamos al árbol o algo?.- solían sentarse o tumbarse bajo un árbol cercano al lago cuando querían charlar con algo de intimidad.

- Clarbfo.- respondió Ron, con la boca llena de pastel de calabaza.- Sfin profblema.- tragó al fin.- pero primero necesito que me ayudes con la redacción de encantamientos.

Ginny y Harry asintieron también.

- Bien.- dijo Hermione, poniéndose en pie.- me voy a estudiar, luego nos vemos. Sí, Ron.- añadió, viendo que su amigo se disponía a decirla algo a pesar de que tenía dificultades intentando tragar un trozo especialmente grande de pastel.- te ayudaré con la redacción, pero haz un borrador antes y repasa los apuntes, no tengo tiempo para explicarte todo de cero.

Aquella tarde, cuando hubieron terminado lo más urgente de tareas y estudios, salieron a los terrenos que bordeaban el lago. Dado que estaban a 1 de diciembre hacía un frío considerable y, sin nieve ni ningún otro reclamo, los alumnos evitaban salir de modo que tenían bastante intimidad. Hermione, que desde su primer año había sido muy hábil con ellos, conjuró varios fuegos portátiles que llevaban en pequeños tarros y un conjuro calorífico sobre sus capas. Aún así, el viento les azotaba en la cara.

- ¿Nos vas a explicar qué era eso de lo que querías hablarnos?.- preguntó Ron, impaciente.

- ¿No os habéis preguntado qué está haciendo Voldemort en todo este tiempo?.- respondió Hermione.- No sé cómo fue la última vez, pero todo esto me huele muy extraño. Está siendo demasiado sutil.

- Bueno, la otra vez tampoco hubo una guerra tan abierta, ¿no Herms?.- dijo Harry.- Se dedicaba a captar mortífagos y a torturar y matar a aquellos que se oponían a él.

- Sí.- siguió Ginny.- Nuestro padre nos ha contado que muchos de los que trabajaban en el Ministerio de Magia, en San Mungo, incluso un profesor de Hogwarts (de Herbología, anterior a Sprout), fueron asesinados. Otros muchos fueron amenazados, manipulados con la maldición imperius... Y muchos mortífagos estaban infiltrados en puestos de poder. Pero Voldemort nunca llegó a declarar una guerra abierta para hacerse con el poder del Ministerio o proclamarse Ministro ni nada semejante.

- Pero probablemente lo hubiera hecho tarde o temprano.- intervino Ron.- al fin y al cabo, se dedicó a reunir seguidores y a tratar de controlar los puestos de poder.

- Y sí que hubo ataques en masa.- dijo Hermione.- he leído periódicos y crónicas de la época: hubo varios ataques a ciudades y poblados muggles, incluso en el propio Londres donde varios mortífagos provocaron una explosión que acabó con 43 muggles en 1975, pero el ministerio lo hizo pasar por un terrible accidente de metro.

- Entonces.- dijo Ginny.- ¿Crees que esta vez está haciendo lo mismo? ¿Preparándose para atacar?

- Sí, pero es extraño que no nos llegue más información, porque seguro que están pasando cosas. Es como si los medios quisieran ocultárnoslo para no crear histeria colectiva. ¿No os pareció raro que no apareciera la muerte de Dedalus en el profeta? Y mirad.- Hermione extrajo el periódico de aquella mañana de su túnica.- aquí hay una pequeña nota sobre la muerte del editor del Profeta dando el pésame a la familia. No se indica el motivo de la muerte ni nada. ¡Y era el editor del periódico! Vale que no era el director, pero... Es muy raro, no sé... ¿Y si hay mortífagos controlando la edición del Profeta?

- No me extrañaría nada...- murmuró Ginny.

- Me gustaría recibir la prensa muggle, saber si ha pasado algo extraño.- dijo Hermione. ¿Sabéis si hay alguna forma de recibirlo por lechuza?

- No creo, Hermione.- le dijo Harry.- Pero pídeles a tus padres que te manden un periódico de vez en cuando.- ante aquella sugerencia, Hermione desvió la mirada, sombría, y asintió.- Yo solía escuchar a escondidas los telediarios desde la ventana de mis tíos. También me ponía de los nervios pensando qué estaría pasando, y no es fácil. Solo puedes hacerte suposiciones. Y si la prensa mágica lo encubre...

- ¡La orden debe saber algo!- dijo Ron súbitamente.

- Eso ya lo había pensado.- dijo Hermione.- ¿pero cómo podemos preguntarles? No debemos escribir cosas así por correo, ya lo sabéis. Tal vez si Lupin o Tonks vuelven pronto a darnos alguna sesión de entrenamiento... Porque no creo que debamos molestar a Dumbledore ni McGonagall.- Con la cercanía de las navidades, los exámenes y demás agobios, había disminuido la frecuencia con que se reunían con Snape y otros miembros de la Orden.

Hermione pensó que con quien realmente le gustaría hablar de esas cosas, y quien más información sin duda tendría, era el profesor Snape. ¿Debería acercarse a su despacho, con la excusa de visitar su biblioteca, y preguntarle? Desde aquel peculiar encuentro, al principio violento, y luego tan... ¿Cómo describirlo? ¿Íntimo? Al fin y al cabo, el profesor le había abierto sin tapujos su intimidad... Aún no se había atrevido a volver, y en dos días tendrían la siguiente clase de Oclumancia, y prefería no pensarlo. En clases había sido raro al principio, y le pareció detectar más de una mirada furtiva de su profesor hacia ella que no había sabido cómo interpretar. Ella misma se había sorprendido observando sus movimientos mucho más de lo normal, incluso buscándole con la mirada en el Gran Comedor. Y en alguna ocasión sus miradas se habían cruzado y ella había desviado la mirada rápidamente, avergonzada. No sabía que pensar de todo aquello. Notaba una extraña conexión nueva entre ellos, aunque en las clases nada había cambiado y seguía tan desagradable como de costumbre.

- ¿Chicos, qué os parece si le hacemos una visita a Hagrid?- propuso Harry.- Hace semanas que no vamos a tomarnos un té con él, seguro que agradece que le saludemos, y tal vez sepa algo interesante.

La visita a Hagrid fue muy agradable, como siempre. Echaban de menos aquellos momentos que cada vez eran menos frecuentes debido a la gran carga de trabajo que todos tenían. Tomaron el té en su cabaña junto al fuego de la chimenea y charlaron animadamente sobre el colegio, planes para Navidad, la visita a Hosmeade, en la cuál querían ir a ver la tienda de los gemelos que tenía cada vez más éxito...

- Dumbledore está preparando una pequeña sorpresa. Le ha costado trabajo convencer a McGonagall, y algunos profesores no parecían muy entusiasmados con la idea cuando la directora nos lo anunció ayer al resto de profesores... Pero dadas las circunstancias, Dumbledore tiene razón, hay que levantar los ánimos. Creo que esta noche se hará oficial, pues ya estamos en diciembre.

- ¿De qué se trata, Hagrid?.- preguntó Ginny.

- No puedo decíroslo, pero pronto lo sabréis. Creo que os va a gustar.- A Hagrid le encantaba hacerse el interesante.

- Mmmm, sí que hace falta levantar los ánimos... Con todo lo que está pasando... Aunque parece que no nos llega mucha información, pero seguro que los alumnos se enteran a través de sus padres... ¿No, Hagrid?.- tanteó Hermione.- ya sabes, el Profeta no dice mucho últimamente, pero no han cesado los ataques ni las muertes, ¿no? Ni siquiera se dijo nada del pobre Dedalus...

- Bueno, ejem.- carraspeó Hagrid.- La situación es complicada, ya sabéis. Hay mucha tensión en el ministerio, y con Gringotts... y ahora con el Profeta... ejem.- carraspeó de nuevo, incómodo.- ¿Habéis hablado de esto con la Orden?

- Vamos, Hagrid, ¡formamos parte de ella!.- exclamó Ron.- ¿Es que ya no confías en nosotros? ¿Qué está pasando?

- Chicos, no deberías preocuparos ahora por esas cosas. Los exámenes se acercan, y... tenéis muchas cosas que hacer... ¿la semana que viene no es el partido de Griffindor contra Ravenclaw?

- Vamos, Hagrid, no intentes desviar el tema.- interrumpió Harry.

- Bueno, chicos, no debo contaros mucha información, es peligroso. Pero el Ministro está luchando por aprobar una ley que afecta a Gringotts.

- ¿A Gringotts?.- preguntó extrañada Hermione.

- ¡No debí decir eso!- los chicos le miraron intrigados, y fingiendo estar algo ofendidos porque no confiara en ellos, así que prosiguió, indeciso.- Sí, bueno, es complicado, es sobre ciertas regulaciones... artículos mágicos... El caso es que necesita la mayoría de votos del Wizengamot, y hay algunos mortífagos que forman parte de él. Hay mucha tensión, porque la ley no favorece a los mortífagos, y sospechamos que muchos de los miembros del tribunal están en peligro. Ya ha habido intentos de ataques. Y el profeta quería publicar el decreto de ley, publicitarlo, porque tendría buena acogida en la mayoría de la comunidad mágica. El editor estaba redactando la noticia... Pero desapareció durante tres días. Luego encontraron su cadáver...

- Vaya...- murmuró Ginny.

- ¿Y entonces no va a publicarse la propuesta de ley en los medios?.- interrumpió Hemione.

- No lo creo.- respondió Hagrid.

- Bueno, ¿y en qué consiste la dichosa ley exactamente?.- preguntó Hermione.

- No estoy del todo seguro. Hay mucho secretismo, porque tampoco el Ministerio tiene claro que le convenga que se conozca la ley, ahora que está habiendo tanta tensión... Y ya he hablado más de la cuenta. Chicos, es tarde, deberíais volver al castillo antes de que anochezca del todo. Vamos, yo os acompañaré.


Aquella noche, en el Gran Comedor, casi terminando la cena, antes de que aparecieran los postres, McGonagall anunció la noticia que los cuatro llevaban esperando desde su conversación con Hagrid: la víspera de Navidad se haría un gran baile para celebrar las fiestas, y la salida del Expreso de Hogwarts de haría a la mañana siguiente para que todos los alumnos que quisieran ir a casa en las vacaciones no tuvieran que perderse el baile, y pudieran celebrar Navidad con su familia.

Harry y sus amigos no podían evitar pensar que Dumbledore hubiera sido mucho más entusiasta dando la noticia, con nostalgia. Se le echaba de menos en el colegio, aunque por suerte ellos sabían que algún día tal vez volvieran a verle sentado en la silla de director.

Desde el Torneo de los Tres Magos, tres años atrás, no habían tenido un baile así. La mayoría de ellos no pudieron participar la última vez, y estaban expectantes. Aunque el baile solo estaba abierto a aquellos alumnos de 4º curso en adelante. Los más pequeños, tras el banquete de Navidad, tendrían que volver a sus Salas Comunes, de modo que ahora observaban con envidia a los más mayores.

El Gran Comedor se llenó de risas nerviosas y cuchicheos. Por todas partes se preguntaban: "¿Con quién irás?", "¿Crees que te pedirá que seas su pareja?", y se lanzaban miradas nerviosas.

Ron miró disimuladamente hacia la mesa de Ravenclaw. Esta vez no iba a cometer el mismo error.

Hermione, en cambio, no estaba demasiado ilusionada con la idea. ¿Con quién iría? Harry y Ginny por supuesto irían juntos, y Ron... No quería ir con él. A pesar de que hacía tres años lo deseaba más que nada (pero Krum fue una agradable sorpresa), ahora las cosas habían cambiado muchos. Además, si Ron le echaba valor esta vez, tal vez consiguiera ir con Lisa. A Hermione no le había pasado desapercibida su mirada mal disimulada hacia la mesa de al lado. De modo que, o se espabilaba, o probablemente acabaría sola. Pero no pensaba pedirle a ningún chico que fuera con ella. Exceptuando a Harry y Ron, no tenía demasiada amistad con ningún otro compañero. Dean y Seamus estaban descartados. ¿Tal vez Neville? La última vez pareció interesado en ir con ella. Sí, quién sabe, no era tan mala opción, al fin y al cabo estaba claro que esta vez no iría con Ginny.

- Vaya.- pensó Hermione.- pobre Neville, pero es un poco triste que él sea mi mejor opción...

- Sigo pensando que la idea del baile es una tontería. Se podría hacer algo menos ridículo.

- Vamos Severus, no seas así.- replicó Dumbledore.- Un poco de alegría nunca viene mal. Los alumnos se divertirán, tendrán otras cosas en las que pensar, y podremos olvidarnos por unos instantes de los tiempos duros que estamos viviendo.

- Claro, es mucho mejor que los adolescentes atolondrados con sus hormonas correteen por ahí más preocupados por buscar pareja de baile que por estudiar y prepararse para lo que se avecina en el futuro próximo.

- Qué aguafiestas eres, Severus. ¿Eso significa que no piensas bailar?

- ¿Bailar? Claro que no. Ni siquiera estaría presente si no fuera porque me obligáis.

- En ese caso... Aún tienes poción multijugos en tus reservas personales, ¿no?

- ¿A dónde quieres ir a parar, Albus? ¿Pretendes enviarme a alguna misión el día de Navidad?

- No, claro que no. Solo estaba pensando... Que estar escondido todo el día es muy aburrido. Solo puedo hablar con miembros de la Orden, pero la mayoría tienen sus quehaceres... Yo también necesito despejarme un poco, ¿sabes? Y... ya que tú no quieres disfrutar del baile...

- No.- le cortó Snape.

- Oh, vamos, no seas así.

- Ni de broma, Albus. Hablo en serio.

- Solo serían unos minutos. Lo justo para tomarme algo con el resto de profesores, tener un baile con Minerva...

- Sería ridículo. De ninguna manera te vas a hacer pasar por mí. Y yo nunca bailaría con Minerva.

- ¿Por qué no? Es lo lógico, ambos sois jefes de casas, en estos eventos Sprout y Flitwick siempre bailan, pese a la diferencia de estatura. Y la pobre Minerva este año no va a tener con quién bailar, siempre la sacaba yo. Es mucho más alta que Pomona, bailar con Flitwick sería mucho más incómodo, ¿no crees?

- Albus, he dicho que no. No insistas. Pídeselo a Hagrid. Y podrás bailar con McGonagall.

- ¿De veras?.- Albus parecía emocionado ante la idea de una noche de fiesta.- ¿Será posible?

- Claro. Si así me dejas en paz, te adaptaré la poción para que funcione con semigigantes.

- Estupendo.- dijo tomándose un caramelo de limón.


A la mañana siguiente, de nuevo en el desayuno, Hermione recibió su ejemplar del Profeta. Cuando llevaba unos minutos ojeando los titulares, de pronto profirió un grito ahogado que hizo que varios alumnos de su casa y de la de al lado se giraran hacia ellos.

- ¿Qué ocurre, Herms?.- preguntó Ginny, alarmada, mientras Harry y Ron la observaban.

- Oh, no, ¡es horrible! En un pequeño pueblo de Gales apareció de madrugada la marca tenebrosa en el cielo. Encontraron casi una decena de casas en las que las familias de muggles al completo habían sido torturadas y después asesinadas.- Hermione no pudo contener las lágrimas cuando siguió leyendo, consternada.- Por Merlín, había 17 niños entre las víctimas y 5 de ellos tenían menos de 3 años.

En aquel momento Malfoy, Crabbe y Goyle pasaban cerca, pues ya se iban, habiendo terminado de desayunar. Malfoy desvió la mirada, mientras que Crabbe había mirado hacia Hermione y se reía con Goyle. Ni Hermione ni los chicos se dieron cuenta de ello, pero cierto profesor que últimamente solía tener a Hermione bien localizada, les siguió con la mirada hasta que desaparecieron por la puerta, y luego volvió a mirar a su alumna disimuladamente, viendo como Ron y Ginny la abrazaban por cada lado, consolándola y murmurando, bastante abatidos.

Hermione se secó las lágrimas, pero estaba como en shock. Para colmo, tenían Pociones con Slytherin.

- Vamos, Hermione, deberíamos ir saliendo.

Ella estaba como paralizada, y no era muy consciente de lo que ocurría alrededor. Entre Ron y Harry la agarraron y salieron del comedor. Ginny se despidió de ellos en el vestíbulo y subió por las escaleras para ir a Encantamientos mientras los otros tres se iban hacia las mazmorras.

Al llegar allí aún era pronto y la clase estaba cerrada. Goyle se acercó a Hermione. Ella aún llevaba el periódico abierto por la noticia del ataque a los muggles, aferrado en su mano. Tenía la mirada triste y perdida, con los ojos rojos e hinchados.

- ¿Qué ocurre Granger? ¿Algún sucio muggle conocido en aquel pueblo apestoso?.- dijo Goyle.- Tal vez algún familiar... Deberías estar contenta, menos familiares muggles de los que avergonzarte, sangresucia.

Hermione no podía creer lo que oía. Aquel comentario la sacó de su letargo y le hizo hervir la sangre. Sacó su varita velozmente. Goyle la sacó también, pero fue más lento.

- ¡Expelliarmus!.- chilló ella, y la varita de Goyle saltó por los aires.

Hermione temblaba de rabia, y sabía que si seguía apuntando a Goyle podría hacerle verdadero daño. Pero ella no era así. Lentamente, bajó la varita. Pero al ver la cara de suficiencia de Goyle, que escupió en su dirección con desprecio, no pudo contenerse, y así como hizo con Malfoy años atrás, le asestó un puñetazo en la cara, haciéndole sangrar por la nariz.

Goyle fue a abalanzarse sobre ella, pero segundos antes se había abierto la puerta de clase, y el profesor Snape se interpuso entre ellos.

- ¿Qué está pasando?.- bramó.- ¡Granger! ¡20 puntos menos para Gryffindor, y esta tarde la quiero en mi despacho a las 5!

Los demás alumnos se apresuraron a entrar. Malfoy y Crabbe empujaron a Goyle para apartarlo de allí y entraron en clase. Ron y Harry hicieron una seña a Hermione con la cabeza para entrar, pero ella no se había movido del sitio, al igual que Snape, que siempre entraba el último dando un portazo y ondeando su capa.

- Si no quiere una semana entera de castigo, más vale que se calme y entre en clase, Granger.- aunque dijo aquello con brusquedad, de espaldas a la clase aún en la puerta, miró a su alumna con preocupación y le hizo una seña para que entrase, apoyando su mano en su espalda con suavidad.