Buenas a todos los que leen! Aquí les traigo un nuevo capi, espero que les guste. Gracias por leer, por cierto. Espero que pronto más gente se anime a dejar comentarios :3
Saludos especiales a NimCastleGrey por su review, me alegra que sigas la historia :D
Los dejo leer tranquilos! Esperen otro capi pronto!
Saludos!
Read and Review!
Capítulo 10.
Aquel día miércoles también estaba lloviendo. Apenas si habían sido capaces de escuchar las instrucciones de la profesora Sprout debido a las gruesas gotas que golpeaban el techo del invernadero, durante su clase doble de Herbología. Las lecciones de Cuidado de Criaturas Mágicas habían sido reubicadas desde el enlodado terreno berrido por la tormenta hasta un aula libre de la planta baja. Y para su gran alivio, Angelina había buscado a su equipo durante el almuerzo para decirles que la práctica de aquel día estaba cancelada.
- Bien. – expresó Harry, quedamente. – Porque hemos encontrado un lugar para tener nuestra primera reunión de Defensa. Esta noche, a las ocho en punto, en el séptimo piso, frente al tapiz donde Barnabás el Loco está siendo apaleado por los Trolls. ¿Puedes informarles a Katie y Alicia?
De entre los tres, Hermione era la única que parecía dudosa acerca del lugar sugerido por Dobby, puesto que recordaba bien que los planes del elfo doméstico casi nunca salían bien. Bastó con decirle que Dumbledore también conocía aquella Sala Desvanecente para que se tranquilizara. Aquella noche por fin tomarían el asunto en sus manos, y estarían preparados para cuando la primera y mejor profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras (Lupin seguía siendo el mejor profesor varón) tuviera que marcharse a finales de aquella semana. Y de pronto Harry cayó en cuenta de algo; ¿qué harían en aquella primera sesión?
Había estado tan preocupado en encontrar un lugar para practicar, que no había pensado en qué practicar primero. Se quedó mirando sus salchichas y puré, a medio terminar, pensando en qué harían aquella noche. A los de quinto año se les permitía andar por los pasillos hasta las nueve de la noche, lo que les daba más o menos una hora para practicar, y era bastante tiempo que llenar sobre todo si no se tenía ni idea de qué hacer.
- ¿Sucede algo? – preguntó Ron, quien ya había terminado su plato y buscaba algo para el postre.
Harry negó con la cabeza. Había muchas cosas que podrían hacer durante aquella sesión, ¿qué sería lo adecuado?
Un vistazo no intencional a la mesa de los profesores le recordó acerca de la aliada adulta que tenían dentro del castillo en lo que se refería a su grupo clandestino. La profesora White acababa de levantarse, habiendo terminado de almorzar, y seguramente se dirigiría hacia su salón de clases para preparar algunas cosas para su siguiente lección. Harry tragó de un par de bocados lo que le quedaba en el plato y se levantó.
- Nos vemos en la Sala Común. – dijo a sus amigos, quienes lo miraron, desconcertados, marcharse.
Harry alcanzó a la profesora White cuando ésta estaba a punto de salir del Gran Comedor.
- Profesora. – llamó, haciendo que la mujer se volteara a verle.
- Señor Potter. – dijo la profesora, sorprendida de ser abordada de aquella manera. - ¿Qué se le ofrece?
- ¿Podría conversar un poco con usted? – preguntó Harry, reparando en que había oídos cercanos que podrían oírlos. – Necesito un poco de ayuda con el ensayo que nos dejó.
La profesora entendió de inmediato, dado que el último trabajo que les había dado como profesora ya lo habían entregado, que se trataba de otro asunto de importancia en realidad. La joven asintió y sonrió con suavidad.
- Claro. – dijo. – Vamos al salón de clases, debo preparar algunas cosas para los chicos de cuarto; podemos conversar ahí.
- Gracias.
Subieron al tercer piso en silencio; no era seguro hablar en los pasillos. La profesora abrió la puerta de su salón de clases y le permitió el paso. Harry entró primero y ella le siguió, cerrando la puerta detrás de ella.
La mujer lo miró a los ojos.
- Ya han encontrado un lugar, ¿verdad? – le preguntó, sonriente. Harry asintió, enérgico.
- Si. Dobby, un elfo doméstico amigo mío, nos aconsejó un lugar. – Harry le explicó acerca de la Sala de Menesteres, y la profesora no fue capaz de ocultar su sorpresa.
- Así que ese lugar si es real. – murmuró, con los ojos abiertos de par en par. A Harry le pareció que su rostro había tomado rasgos infantiles con aquella expresión, mezcla de sorpresa y emoción. – Pensé que era solo una leyenda. Como la…
Harry la miró con curiosidad.
- Como la… ¿qué?
- La Cámara de los Secretos, que también resultó ser real. – negó con la cabeza la mujer. Miró sonriente a quien seguiría siendo su estudiante por un par de días más. – Han hecho un buen trabajo. ¿Cuándo será la primera reunión?
- Esta noche, a las ocho.
La profesora White asintió.
- ¿Con qué necesita ayuda?
- Bueno…er… he estado tan concentrado en encontrar un lugar para practicar, que no he pensado en qué practicar primero. – respondió Harry. – Y pensaba que tal vez usted pudiera…
La joven sonrió con dulzura.
- Bueno, para eso estoy, ¿o no? – la profesora ladeó la cabeza. – Es cierto que usted posee habilidades de defensa muy superiores a la mayoría de los magos de su edad, pero no tiene porqué saber cómo enseñarlas. Es normal.
Harry asintió.
- Bueno, considerando que será la primera reunión, será indispensable establecer una línea a seguir. – la profesora se sentó sobre uno de los pupitres. – Y para eso, hay que nivelar a todos los que vayan en el nivel básico. Además así los que practiquen se podrán dar cuenta de lo mucho que deberán practicar algunas cosas; mucha gente cree que sabe más de lo que en realidad sabe. Y a los que van más atrás les dará una oportunidad de avanzar un poco.
Harry asintió, encontrando que aquello hacía mucho sentido.
- ¿Entonces deberíamos practicar algo básico? – preguntó, queriendo asegurarse. La profesora asintió. - ¿Cómo qué?
- Estoy segura de que ya lo intuye. – la profesora le guiñó un ojo, cómplice.
- Bueno, el Expelliarmus es defensa básica, pero requiere técnica y puntería. – murmuró Harry.
- Pues parece que ya tiene un tema para su primera reunión. – dijo la profesora, sonriente. Miró su reloj de pulsera y se bajó del pupitre de un saltito. – Ya va siendo hora de que prepare la clase, la campana está por sonar. Y es hora de que se vaya a su siguiente clase, señor Potter.
- Si, profesora. – dijo Harry, y se dirigió hacia la puerta. Al tocar el pomo recordó algo. – Olvidé preguntarle, ¿cómo le fue con el profesor Dumbledore?
La profesora alzó las cejas antes de que una sonrisa se esbozara en su rostro nuevamente, aunque era distinta a la anterior; esta denotaba una diversión que solo ella sabía en qué consistía.
- Muy bien.
- ¿Qué le dijo? ¿No tendrá que irse?
- Oh, lo sabrá el viernes durante la cena. – asintió la joven, dedicándole otro guiño. – Vaya ya, señor Potter. O se le hará tarde. Ah, y si puede, venga a contarme cómo les va.
El muchacho asintió, sintiéndose realmente curioso, antes de abrir la puerta y salir para ir hacia la Sala Común, puesto que no tendría clases hasta cerca de la medianoche para ir a ver las estrellas en Astronomía. Además, tenía que esperar para ir a la Sala de Menesteres, así que bien podía ponerse al día con algunos deberes, los cuales no llegaban a acabarse por más que trabajara. El hecho de que hubiera podido hablar con la profesora White acerca de las futuras reuniones de defensa sin llenarse de granos se debía a que Hermione, luego de finalizada la reunión en El Cabeza de Cerdo, se había acercado a la profesora White para explicarle acerca del pergamino hechizado en el cual todos habían escrito su nombre. Aquel pergamino no había sido solo para tener un registro; todos aquellos que habían firmado, comprometiéndose a no divulgar lo que estaban haciendo con nadie más que no estuviera en la lista, habían sido hechizados. Si revelaban algo sobre su pequeña organización a alguien cuyo nombre no figurara en la lista, su rostro se llenaría de un acné tan terrible que haría que un troll de la montaña se viera como un príncipe de cuento de hadas. Por ello, la profesora había firmado también, sin escribir su nombre, permitiendo así que pudiera seguir aconsejándolos sin peligro alguno.
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A las siete y media, Harry, Ron y Hermione abandonaron la Sala Común, con el primero de ellos empuñando cierto trozo de pergamino viejo. Ellos tenían el permiso de estar en los pasillos a aquella hora, pero aun así los tres siguieron mirando nerviosamente en todas direcciones mientras se encaminaban a lo largo del séptimo piso.
- Esperen. – dijo Harry, desplegando el pergamino en la cima de la última escalera, dándole golpecitos con su varita y murmurando: - Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas.
El mapa de Hogwarts se hizo presente en la pálida superficie del pergamino, mostrándoles la localización de varias personas.
- Filch está en el segundo piso. – comentó Harry. – Y la señora Norris en el cuarto.
- ¿Y Umbridge? – preguntó Hermione ansiosamente.
- En su oficina. – contestó Harry, señalando. – Muy bien, vamos.
Se apresuraron hacia el lugar que habían inspeccionado aquella mañana. Al igual que al inicio del día, pasaron frente al muro vacío tres veces, pensando intensamente en lo que deseaban. Y al igual que en la mañana, una puerta se materializó en el muro. Entraron y encontraron un gran salón acomodado con todo lo que necesitarían para practicar encantamientos y maldiciones de defensa. Había de todo ahí adentro. Equipo para acomodarlos a todos, libros, detectores oscuros para protegerse de aquellos que quisieran encontrarlos.
- Este lugar sí que es perfecto. – dijo Ron, sonriente, golpeando un cojín con el pie. – Éstos nos vendrán de maravilla cuando practiquemos el encantamiento Aturdidor.
Hermione ya estaba sentada sobre uno de los cojines con uno de los grandes libros de los estantes que decoraban las paredes sobre sus rodillas, leyendo. Hubo un suave golpe en la puerta. Harry volteó la cabeza y vio a Ginny, Neville, Parvati, Lavender y Dean, entrando.
- Wow. – dijo Dean, mirando fijamente alrededor, impresionado. - ¿Qué es este lugar?
Harry comenzó a explicar, pero en medio llegaron más personas y tuvo que volver a empezar. Cuando la cuenta de participantes estuvo completa, Harry se dirigió hacia la puerta y dio vuelta a la llave que sobresalía de la cerradura; el satisfactorio clic hizo eco en la sala, y todos los presentes quedaron en silencio. Hermione marcó la página que había estado leyendo del libro y puso atención, también.
- Bien. – comenzó Harry, ligeramente nervioso. – Este es el lugar que hemos encontrado para las sesiones de práctica, y ustedes… er… bueno, obviamente lo han encontrado aceptable.
- ¡Es fantástico! – exclamó Cho, y varias personas murmuraron su conformidad.
Fred comentó algo acerca de haber estado ahí antes, pero había sido un armario de escobas en aquella ocasión. Dean le preguntó por los detectores de oscuridad en los anaqueles. Y entonces Harry pudo retomar el hilo.
- Bien, he pensado sobre lo que debemos hacer primero y… er… - notó una mano levantada. - ¿Qué, Hermione?
- Pienso que primero deberíamos elegir un líder. – propuso Hermione.
- El líder es Harry. – dijo Cho, mirando a Hermione como si ella estuviera loca.
El estómago de Harry dio un vuelco.
- Si, pero pienso que deberíamos votar apropiadamente por él. – replicó Hermione, imperturbable. – Lo hace formal y le da autoridad. Así que… ¿todos los que piensan que Harry debe ser nuestro líder?
Todos elevaron su mano, incluso Zacharias Smith, quien lo hizo no de muy buena gana.
- Er… correcto, gracias. – musitó Harry, que podía sentir como su cara comenzaba a arder. – Y… ¿Qué, Hermione?
- También creo que debemos tener un nombre. – dijo alegremente, aún con la mano alzada. – Promovería un sentimiento de equipo y unidad, ¿no lo piensas?
- ¿Podemos ser la Liga Anti-Umbridge? – propuso Angelina, esperanzadamente.
- ¿O el Ministerio de Magia son un montón de retrasados? – sugirió Fred.
- Estaba pensando… - habló Hermione, frunciendo el entrecejo a Fred. – más bien en un nombre que no le diga a todo el mundo de qué se trata, para que nos podamos referir a él sin peligro fuera de las reuniones.
- ¿La Asociación de Defensa? – dijo Cho. – La AD para acortar, así nadie sabrá de qué estamos hablando.
- Sí, AD está bien. – concordó Ginny. – Sólo que hagámoslo por "Armada de Dumbledore", porque ese es el peor miedo del Ministerio, ¿verdad?
Hubo risas y murmullos de elogio ante aquello.
- ¿Todos a favor del AD? – preguntó Hermione con aire mandón, arrodillándose en su cojín para contar. – Eso es mayoría… ¡moción aprobada!
Clavó el trozo de pergamino con todos sus nombres y la firma de la profesora White sobre la pared y escribió encima con grandes letras:
ARMADA DE DUMBLEDORE.
- ¿Bien? – preguntó Harry, cuando ella se hubo sentado. - ¿Vamos a practicar? Estaba pensando, lo primero que debemos practicar es el Expelliarmus, yas saben, el encantamiento de Desarme. Sé que es bastante básico pero lo he encontrado útil y…
- Oh, por favor. – interrumpió Zacharias Smith, rodando los ojos y plegando sus brazos. – No pienso que Expelliarmus vaya a ayudarnos contra Tú-Sabes-Quién, ¿no?
- Yo lo he usado contra él. – dijo Harry, quedamente. – Salvó mi vida en Junio.
Smith abrió la boca estúpidamente; los demás estaban en silencio.
- Y la profesora White aconsejó que comenzáramos con eso a los de quinto este año. Es muy básico, pero requiere habilidad para usarse bien. Si queremos comenzar con cosas más avanzadas, dominar perfectamente lo básico es esencial. – Harry miraba a Zacharias con aire desafiante. – Pero si crees que está por debajo de ti, puedes irte.
Smith no se movió, ni tampoco los demás.
- Bien. – continuó Harry. Tenía la boca más seca de lo habitual con todos esos ojos sobre él. – Creo que deberíamos dividirnos en parejas y practicar.
Neville fue dejado solo, por lo que Harry practicó con él. Durante los primeros veinte minutos, el salón se llenó de gritos de "Expelliarmus". Las varitas volaron en todas direcciones; los hechizos errados dieron contra los libros en los estantes y los enviaron volando por el aire. Harry fue demasiado rápido para Neville, cuya varita salió dando vueltas de su mano, chocó contra el techo con una lluvia de chispas y aterrizó con estrépito encima de un estante, del cual Harry la recuperó con un encantamiento Convocador. Harry pensó que la idea que le había dado la profesora White acerca de comenzar con lo más básico había sido la correcta; abundaban los hechizos de mala calidad. Muchos de los presentes no estaban teniendo éxito desarmando a sus oponentes completamente, apenas les hacían retroceder unos pasos o sobresaltarse con un hechizo débil que pasaba a toda velocidad por encima de ellos.
- ¡Expelliarmus! – exclamó Neville en dirección a Harry, quien fue tomado desprevenido y cuya varita salió volando de su mano. - ¡Lo hice! ¡Lo hice! Nunca lo había hecho antes.
- ¡Bien! – lo alentó Harry, decidiendo obviar el hecho de que en un duelo real el oponente de Neville no estaría distraído y mirando hacia otro lado con la varita flojamente agarrada. – Escucha, Neville, ¿puedes tomar turnos para practicar con Ron y Hermione durante algunos minutos para que yo pueda dar una vuelta y ver como lo hacen los demás?
Harry pasó unos diez minutos mirando a cada una de las parejas formadas y su desempeño. Descubrió a los gemelos Weasley jugándola una broma a Zacharias Smith, desarmándolo por la espalda cada vez que él intentaba desarmar a su propio oponente, dejándolo muy confundido. Ginny lo hacía muy bien, pero su pareja Michael Corner era o muy malo o no quería hechizarla. Ernie Macmillan blandía demasiado su varita, dándole tiempo a su compañero de ponerse en guardia. Los hermanos Creevey le ponían mucho entusiasmo, pero fallaban la mayoría del tiempo, siendo los principales responsables de todos los libros derribados.
Harry intentó hacerlos detener, pero los demás no fueron capaces de escuchar sus instrucciones. Justo cuando pensaba en que debería conseguir un silbato, encontró uno sobre una pila de libros. Al soplarlo, todos se detuvieron en sus prácticas y lo miraron.
- Eso no estuvo mal. – dijo Harry. – Pero definitivamente se puede mejorar.
Zacharias Smith lo miró con fiereza.
- Intentémoslo de nuevo.
Y nuevamente se pusieron a practicar. Harry avanzó entre las parejas, haciendo sugerencias, y pronto el desempeño general mejoró.
Harry intentó no acercarse mucho a Cho y a su amiga, pero luego de varias vueltas entre las demás parejas, sintió que no podía seguir ignorándolas.
- ¡Oh no! – exclamó Cho, exageradamente, cuando se les acercó. - ¡Expelliarmious! Quiero decir… ¡Expellimellius! Oh no… ¡Lo siento, Marietta!
La manga de su amiga de cabello rizado se había prendido en fuego, el cual extinguió con su propia varita y miró con fiereza a Harry como si él tuviera la culpa.
- ¡Me pusiste nerviosa, lo estaba haciendo bien antes! – aseguró Cho con tristeza.
- Eso estuvo bastante bien. – dijo Harry, pero rectificó cuando Cho alzó las cejas. – Bien, no. Estuvo terrible. Pero sé que puedes hacerlo mejor, te estaba mirando desde allá.
Cho rió, su amiga Marietta la miró agriamente y se alejó. Cho le dijo que no se preocupara por su amiga; que ella había ido hasta ahí porque le había pedido que la acompañara.
Siguieron practicando otros minutos, hasta que Hermione le recordó a Harry que verificara la hora. Eran diez minutos pasadas las nueve; necesitaban volver de inmediato a sus Salas Comunes o arriesgarse a ser capturados y castigados por Filch por estar afuera tan tarde. Harry sopló su silbato y todos los gritos se interrumpieron. Las últimas varitas cayeron al piso.
- Bien, estuvo bastante bien. – los animó Harry. – Pero nos hemos excedido, mejor dejémoslo hasta aquí. ¿A la misma hora, mismo lugar, la próxima semana?
- ¡Antes! – pidió Dean, ávidamente.
Muchas personas asintieron su acuerdo.
Sin embargo, los fanáticos del Quidditch recordaron que la temporada estaba a punto de iniciar, y que los equipos necesitaban tiempo para sus prácticas.
- Digamos el próximo miércoles en la noche, entonces. – dijo Harry. – Podemos decidir sobre reuniones adicionales esa noche. Vamos, es mejor que empecemos a irnos.
Usando el Mapa del Merodeador, Harry los envió en grupos de a tres hacia sus Salas Comunes; los de Hufflepuff hacia el corredor del sótano que también llevaba hacia las cocinas, los de Ravenclaw a una torre en el lado oriental del castillo, y los de Gryffindor a lo largo del corredor del retrato de la Dama Gorda. Hermione y Ron se enfrascaron en una discusión acerca de las veces en que cada uno había desarmado al otro, Harry los ignoró, incapaz de concentrarse en nada más que no fuera ver el Mapa y pensar en cómo había puesto nerviosa a Cho.
