Respuestas a reviews:
Saskia-san: Nadie puede hacer nada.. u_u y más le vale a Bill no hacerle nada a Sebastián! DD: jajaja, "estúpido y sensual Sebastián.." XDD es que sí es o no? jajaja.. Y tuviste un dejavú de que ya lo habías escrito? O.O Gracias por el review! :DD
Guest: (9) jajaja, y por solo tener 17 no tienes derecho a que te guste el yaoi? XDD nah, está re bien que te guste.. :DD Pondré más lemmon para ti.. ;) Gracias por el review! :DD
Karlafujoshi: (9) Gracias por el elogio en serio.. :DD trato de escribir las cosas de corazón para ustedes.. :DD Y ya veras, por ahí pondre el lemmon.. XDD Gracias por el review! :DD
PaddyandVicky: No! no te mueras.. XDD necesitamos que llegues al final.. XDD Wii! se pondrá interesante lo prometo.. ;) Y hoy cuando revises, sí estará actualizado XDD Gracias por el review y por seguir el fic! :DD
Katha phantomhive: Sí! Finalmente Sebastián se atrevió a tomar a Ciel y llevárselo a la fuerza.. XDD Y pues, el lemmon ahí no pasó porque cabal los sorprendieron jajaja.. XDD Bill, pues, es el clásico "amigo" que te busca solo por ver que saca. Sebastián que ya siente a Ciel su novio y Ciel que ya le tiene más confianza y le dice de todo.. XDD Prometo lemmon cercano.. jajaja.. xDD No te preocupes, me imaginé que algo le habia pasado porque tú siempre me dejas un review.. :DD gracias por éste.. XDD
Guest: (10) Gracias! Tú también eres genial.. :DD Gracias por el review!
AezeMy: Sí, yo preferiría que hicieras lo segundo. Así podríamos ver a Sebastián "metiéndole mano" a Ciel jajaja.. :DD Y luego estás imaginando el "incesto" entre los hermanitos.. XDD Me alegro de haber estado por encima del trabajo en inglés.. jajaja.. :DD Y muchos besos, abrazos y sonrisas virtuales para ti también.. :DD Gracias por el review! xDD
mina-sama12: Yo también creo que Bill lo sobornará, tal vez no aún pero lo hara.. DD: Y no, jajaja.. yo no quisiera ser Ciel cuando su tía lo encuentre.. xDD Gracias por el review! :DD
HBluesHeart: Gracias! Y espero que te guste el siguiente capítulo.. :DD Besos y cuídate mucho tú también.. :DD Gracias por el review! XDD
Little Fausto's: Lamento muchísimo que no te deje entrar a tu cuenta el fanfiction. A mí me estaba haciendo lo mismo hace algunas horas.. DD: Y bueno, Elizabeth fue el primer amor de Ciel y, aunque él diga que no, le sigue importando. Aparte, Sebastián no quiere aceptar a Ciel "frente a todos" porque aún pareciera tener algunas dudas.. XDD Y yo también amé el capítulo 80! Como dices, hizo varias viñetas que dejan ver cuánto quiere Sebastián a Ciel.. :DD Gracias por el review!
plop: (9) No, no llores.. :DD jajaja, sabía que volverías y por eso lo escribí.. Ahh de esa gargantilla se van a enterar tarde o temprano es seguro jajaja.. como dices, cuando uno pierde algo, lo quiere.. Y pues, a Elizabeth no la sobornaron, simplemente como Bill estudia en un grado superior le dijo que su nombre era Sebastián en algún momento.. No te preocupes por no aparecer seguido, solo espero que todo te esté yendo bien.. :DD (10) Pienso igual que tú, Sebastián alcahuetea todo de Bill porque es su "mejor amigo" y, ni se entera que le están viendo la cara. Y Karen no quiere a nadie siento yo, tal vez a Bill sea al único, jajaja.. El pobre de Ciel va a necesitar como dices varios transplantes de lágrimas y de otras cosas para poder continuar.. :DD Gracias por el review! xDD
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Green Academy
XI
Sebastián empujó al menor contra la pared del fondo de la pequeña pero, bien acondicionada, habitación. Sus pasos eran inciertos. Apenas podía divisar con claridad donde empezaba y donde terminaba la cama. Sin embargo, no tenía ganas de usarla. Al menos no aún.
-Mmm… -Gimió al darse cuenta que Ciel no llevaba ropa interior. – No tienes…
-Lo sé. Me he deshecho de ellos para ver qué decías. – Contestó el ojiazul, sonriendo contra los labios del moreno.
-Aprendes demasiado rápido.
-O tú enseñas demasiado bien. – Fue la respuesta del menor, antes de enredar sus piernas en las caderas de Sebastián. El mayor sentía como una erección crecía por debajo de su ropa al sentir ese cuerpo tibio contra su abdomen. Se arrancó la camisa como pudo, rodeó a Ciel por la cintura con sus brazos y frotó el pequeño y excitado miembro contra su cuerpo.
-No te salvarás de mí, Ciel. – Los labios de Sebastián fueron al cuello del menor. Mordían, besaban y lamían la piel blanquecina y perfecta del menor. Ahora que lo pensaba, una de las cosas que más le gustaban del ojiazul era su aroma. Era como comer un tazón de fresas con jarabe de chocolate. Dulce, demasiado dulce para algunos pero, no para él. – Mi postrecillo. – Dijo, burlescamente.
-No me llames así o haré algo, que tengo muchos deseos de hacer, sobre ti. – Gimió el ojiazul. Su vientre estaba ligeramente hinchado.
-¿Quieres ir al baño? – Preguntó lascivo el mayor. Ciel asintió, pero aferró más sus brazos alrededor del cuello del moreno. – Eso también tiene un precio.
-¿Abusarás de mí para dejarme ir? – Susurró el ojiazul en su oído. – Hazlo. Pero, yo también tengo derecho a ponerte un reto. –Sebastián le miró, sonriendo y a la expectativa. – Me lo harás aquí y no en la cama.
-Qué desperdicio. De todas formas me cobrarán la cama. – Jadeó el moreno, divertido mientras desabrochaba su cinturón y bajaba el cierre de sus pantalones torpemente. Sintió cuando el cierre aprisionó por un momento la piel de su escroto. Seguramente más tarde el dolor o un cardenal se lo recordarían pero, ahora lo único en lo que pensaba era en sentir el interior de su pequeño amante. – Mueve las caderas. – Ordenó, exprimiendo los glúteos del ojiazul como si fueran dos naranjas.
-¡Ngh! Eres un maldito. Me tratas como a una prostituta. – Protestó el menor. Su voz aún era gangosa por causa de los efectos del alcohol.
-No, no eres una prostituta. – Tomó el miembro del menor con su mano y lo masajeó placenteramente. – Eres mi prostituta. – Rió. Le encantaba jugar con el orgullo del ojiazul. Quizás porque eso lo haría más estrecho, más renuente y al final, más exquisito.
-Suél- ¡Ah! Suéltame… - Aunque en medio de la respiración entrecortada de ambos, aquella última palabra no fue más que un susurro. Se recostó en la pared. Los dedos de Sebastián se movieron rápidamente a su entrada, introduciéndose de uno en uno. -¡Ah! Ya no… ya no jugaré contigo así.
-¿En verdad quieres que te suelte? – Preguntó Sebastián, sosteniendo sus labios contra los de Ciel mientras le daba ligeras embestidas con sus dedos. Profundo. Más profundas cada vez para alcanzar la próstata del ojiazul y hacerle gritar. – Dime. ¿Todavía quieres ir al baño? – Los dedos del moreno embistieron rítmicamente, haciendo al menor retorcerse.
-¡Ah! ¡No! No quiero… - Jadeó Ciel. - ¡No te atrevas a dejarme así! – Cerró los puños entorno al cabello del moreno, jalándolo instintivamente al sentir como la sensación se volvía más fuerte al abandonar Sebastián su tarea.
-Pídemelo dulcemente. – Sugirió el moreno, mordiendo el labio inferior del ojiazul. – Sino lo haces, no continuaré. – Tomó su propio miembro y lo acercó a la entrada del menor. – Pero si me lo pides por favor, yo me aseguraré que cada embestida sea perfecta. Justo donde te gusta.
-Maldito. – Masculló Ciel, moviendo sus caderas. Se sentía vacío sin los dedos de Sebastián consintiéndole. Su orgullo era grande aunque en esos momentos, su lujuria y deseo eran mayores. – Ah. Amor, quiero que me hagas tuyo. Solamente tuyo. Dámelo, por favor… - Susurró en su oído, provocándolo con su lengua. – Párteme en dos y hazme gritar hasta que no pueda más.
Sebastián pasó saliva, sorprendido por las palabras que habían salido de los una vez inocentes labios de Ciel. Su falo estaba tan duro que le provocaba dolor y, pequeñas gotas de líquido pre- eyaculatorio salieron de él, resbalando por sus sudorosos muslos. - ¿Qué sería de mí si no pudiera complacerte hasta hacerte enmudecer, Ciel? – Respondió el mayor, enredando sus labios en un beso apasionado y violento, mientras su miembro penetraba la pequeña y nada preparada entrada del ojiazul en una sola estocada.
-¡Ah! ¡Seb- Sebastián! – Gimió el menor, intentando acostumbrarse a la intromisión aún cuando los efectos de la bebida lo hacían mucho más sencillo y placentero. – Estás… ah… estás tan caliente. ¡Ngh! Se siente tan bien. – Decía, mientras sus caderas volvían a la normalidad y comenzaba a moverlas.
Sebastián se inclinó sobre el ojiazul para poder embestirle por primera vez. La primera de muchas porque amaba la sensación de penetrar ese cuerpo. Estrecho. Un cuerpo que había sido suyo y de nadie más. – Ciel, me encantas. – Jadeó, sujetando a éste por las caderas, abriendo más sus piernas para llegar más profundo.
-¿Solo te gusto? – Preguntó Ciel. Su cuerpo respondía por sí mismo a las acciones del moreno. Sentía como su entrada se ensanchaba y luego volvía a apretarse contra el miembro de su amante provocando que éste gimiera en su oído. Música. Dulce música era el escucharle gemir su nombre una y otra vez.
-N-no. – Nunca le había gustado admitir amor frente a nadie pero, por este "mocoso" lo sentía. – Te amo.
-Yo también. – Respondió Ciel, justo antes que el mayor le aprisionara con fuerza contra la pared. El ojiazul sabía que perdía su orgullo al dejar que el moreno le poseyera en esa forma. Sin embargo, se sentía tan bien. Cada estocada era perfecta, tocando ese punto que no sabía que poseía hasta su primera vez con Sebastián. – Pero… mmm… soy el tutor. He sido tu amo también.
-Sí… amo. Joven y dulce amo. – Sebastián mordió el labio inferior de Ciel. Sus cuerpos sudorosos comenzaban a recobrar la lucidez. No cabía duda, el ejercicio es beneficioso para cualquier cosa. Incluso ese tipo de ejercicio.
Ciel había olvidado que deseaba ir al baño. Toda sensación en su cuerpo se convirtió en una sola, el placer de sentir al moreno dentro de él.
La mano del mayor regresó al falo del menor y lo acarició. – Prometo darte un premio cuando hayamos terminado. – Susurraba. Sus dedos jugueteando en la punta del miembro de Ciel, dedicando caricias a sus testículos de vez en cuando haciendo que la piel del área se tensara.
-No. ¡No juegues Sebastián! – Reclamó al sentir los labios de éste en sus pezones.
-Te estás volviendo muy exigente. – Apretó las nalgas del ojiazul, volviendo a las embestidas. Ciel gimió con fuerza. – ¡Se-Sebastián! – Sus manos bajaron hasta la cola del moreno, acariciándola e indicándole que siguiera.- ¡Más!
El ojiazul jamás creyó enamorarse de alguien en esa forma, o por lo menos, lo suficiente para permitirle este tipo de cosas.
-Sí, joven amo. – Gruñó por lo bajo al sentir como el ojiazul se hinchaba entre sus dedos y estrechaba su entrada alrededor de su falo.
Un par de embestidas más. La respiración sofocada de ambos mientras las pequeñas marcas del repello en la pared quedaban marcadas en la espalda de Ciel. Solo atinó a rodearle más fuerte con sus piernas mientras un gemido sonoro escapó de su garganta. - ¡Ah! – La mano de Sebastián continuaba masturbándole. Él se detenía de acabar inconscientemente pero, su control se quebró por completo al sentir el temblor que sacudió el cuerpo del moreno al momento de terminar dentro de él. – Sebas… tián. – Jadeó, clavando las uñas en la espalda del mayor. La sensación tibia de la semilla del moreno dentro de él le hizo correrse. – Mmm… eres un… un maldito.
La sensación del orgasmo todavía provocando ligeros espasmos cuando el moreno abandonó su cuerpo. – Lo soy. Pero, soy solo tuyo. ¿O no?
-No. También eres de Karen. – El menor hizo un puchero fingido. – Aunque mientras estemos juntos eso me importa poco. - Sebastián sonrió y le besó profundamente.
-Cama. – Fue lo único que pronunció el mayor y Ciel comprendió lo que eso significaba.
-Baño primero. – Susurró el menor riendo contra sus labios.
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Lo siguiente que Sebastián supo es que beber media botella de tequila provocaba dulces y placenteros sueños. Se removió entre las sábanas y su brazo chocó contra algo. El "algo" gimió y se giró sobre la cama.
El moreno abrió los ojos de inmediato y sonrió, tratando de recordar con detalle lo que había sucedido. Atrajo a Ciel hacia sí e intentó volver a dormir. Pensó entonces que le lastimaría al abrazarlo si llevaba puesto el reloj y sacudió la mano para que éste se corriera un poco más arriba en su antebrazo. Nada.
"Mierda.", pensó y se sentó de inmediato. La luz del sol le recibió con todas sus fuerzas. - ¡Joder! – Vociferó.
Ciel abrió los ojos, asustado por los gritos del moreno. - ¿Sebastián? – Preguntó, mientras se frotaba los ojos con una mano mientras sostenía la sábana con la otra para cubrir su pecho. - ¿Qué pasa?
-He perdido mi reloj. – Masculló el mencionado, bajando el tono de voz.
-Ah. Se lo diste a tu amigo porque no tenías dinero, creo. – Musitó el menor entre quejidos. El sol hacía que sus ojos ardieran y su cabeza diera vueltas. - ¿Qué día es hoy?
-Jueves, ¿por qué?
Ciel miró hacia su reloj. - ¡Sebastián son las nueve! – Se puso de pie de inmediato. – ¡Debemos irnos! Deberíamos haber estado en la escuela a las ocho. ¡Faustus te anulará la prueba!
-¿Cuál prueba? – Preguntó el moreno, sorprendido. Ciel buscando su ropa en el suelo.
-Ayer no te lo dije porque estaba molesto pero, él te dará una prueba extra para que puedas mejorar tus calificaciones. – Sebastián le miró en silencio. Odiaba que le ocultaran cosas.
-Ciel, ¡sabes que lo que más odio en esta vida es que me mientan! – Protestó el moreno, tomando al ojiazul por los hombros.
-Es que yo… A veces no resisto verte con ella. – Respondió el menor, mirando hacia otra parte para evitar los ojos del mayor.
-Eso estaría bien si no fuera porque al único que quiero es a ti. – El corazón de Ciel se aceleró ante tales palabras. Cerró los ojos como si sus acciones estuvieran conectadas con las de Sebastián y, supiera lo que vendría a continuación. Sebastián le tomó por la barbilla y lo besó. El ojiazul pasó saliva antes de responder al contacto. – Lo que sí me preocupa es lo que dirá tu tía.
Ciel rompió el beso de inmediato. - ¡Vamos Sebastián! Que seguro ahora mismo está en la estación de policía; diciendo que fui secuestrado como mínimo.
Sebastián se echó a reír. – De hecho fuiste secuestrado y violado. – Dijo, mientras se subía los pantalones.
-¡Sebastián deja de tardarte! – Reclamó Ciel al ver que el moreno se acomodaba el cabello.
-Ciel, ¿quieres que vaya a la escuela oliendo a tequila, sin bañarme, con la ropa que vestía ayer y todavía que no me peine?
-No, señorita. – Se burló el ojiazul. – Olvidé que necesitas verte hermoso. – Bien sabía que cualquier cosa podía ofenderse menos la parte machista de Sebastián.
-¡Nos vamos! – Concluyó el moreno, abotonándose la camisa para luego, arrastrar al menor escaleras abajo. Su orgullo masculino era demasiado como para aceptar que siempre tardaba en arreglarse por las mañanas.
-¿Y el reloj? – Preguntó Ciel, fingiendo inocencia mientras era llevado.
-Eh. Después volvemos por él. – Sebastián sabía que si perdía ese reloj su padre se molestaría demasiado. No era que eso le importara pero, le importaría a su bolsillo cuando no le diera ni un centavo.
El moreno aventó al ojiazul dentro del auto. Las otras veces siempre le había sido trabajoso el poner en marcha ese vehículo, hoy no. Hoy sabía que tenía que conducir lo más rápido y mejor posible si querían llegar a tiempo.
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-¿Cómo que mi sobrino no está aquí? ¿Entonces dónde está? – Preguntó Angelina. Su voz ya no era la típica voz amable de siempre. Cuando se trataba de Ciel ella metía las manos al fuego de ser necesario. – Agradezca que no he hecho un escándalo peor, y eso porque sé que se ofreció ayudar al niño Michaelis.
Grell suspiró. Los padres, tíos, primos y demás familiares siempre llegaban a su oficina a gritar mil cosas. – Permítame señora Durless. Revisaré la asistencia de los jóvenes. – Tomó el teléfono para comunicarse con su secretaria. – Doll, querida, ¿puedes traerme el récord de asistencias del último grado?
"Seguro, director Sutcliff", respondió la joven del otro lado de la línea.
Una vez Grell tuvo el libro en su mano lo abrió frente a la dama de vestido rojo. – A ver… Michaelis… Michaelis… - Decía el director mientras buscaba entre la lista el nombre del moreno. - ¡Ah! Aquí está. No estuvo ayer después del primer período de clase. Tampoco el niño Phantomhive.
Madame Red quedó boquiabierta. - ¿Quiere decir que mi niño se escapó de clases?
-Estoy segura que no ha sido decisión suya. ¡Ese Michaelis! ¡Pero ya verán cuando vengan! – Exclamó Grell.
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Sebastián y Ciel entraron silenciosamente al aula mientras el profesor Claude escribía en la pizarra. Caminaron hasta sus respectivos asientos y se sentaron en silencio.
-Michaelis y Phantomhive, gracias por honrarme con su presencia. – Musitó el profesor sin darse la vuelta. - ¿Cómo están? – Preguntó sarcástico, observando sus rostros de sorpresa. Ese truco siempre le hacía reír. Los estudiantes nunca sabían cómo era que les veía. Sencillo. El truco se llamaba "gafas". Claude veía en reflejo de la puerta del aula en ellas.
-Buenos días, profesor Faustus. – Saludó Ciel con una sonrisa nerviosa.
-Sí, lo que Ciel dijo. Buenos días. – Dijo Sebastián entre dientes.
-Bien, bien. Parece que llegaron algo tarde y la prueba ya ha comenzado. – Claude arqueó una ceja y entregó una hoja al moreno. – Tendrá lo que queda de tiempo, Michaelis. Resolverá la mitad de los problemas pero, por cada uno que esté incorrecto le quitaré el doble de puntaje.
Sebastián pasó saliva. Ahora si habían conseguido asustarle. – "Que sean los que Ciel me explico, por favor." – Suplicaba mentalmente. Miró la hoja. No todos eran de esos pero, lo eran la mayoría.
Ciel miró al moreno, quien comenzaba a resolver la prueba y, entonces el bullicio de afuera le distrajo. Eran su tía y el director Sutcliff en plena disputa.
-¡Voy a entrar en esa aula diga lo que diga, director! ¡Y ojalá y mi sobrino esté ahí! – Alegó la pelirroja y abrió la puerta de un solo. Grell detrás de ella, listo para ver que no estuvieran los chicos y empezara de nuevo el alboroto.
Angelina buscó con la mirada a su sobrino y lo encontró de inmediato. Su pequeña estatura lo delataba entre los demás estudiantes. - ¡Ciel! – Entró corriendo en la habitación. – Ciel, mi niño, ¿dónde estabas? - Preguntó la mujer, haciendo que todos se giraran para reírse del menor.
Sebastián le miró con disgusto por avergonzarlo en esa forma y, la mujer le devolvió la mirada, no le agradaba en lo más mínimo que se llevara a su pequeño así.
-Tranquila tía, yo… - El menor no sabía qué decir.
-Yo les envíe a casa, director. – Interrumpió Claude, mirando a los dos jóvenes. – Éste es el último examen parcial para el joven Michaelis y, tenía que prepararse mucho para pasarlo. Perdone si he cometido algún error al hacerlo.
Grell sujetó su adolorida cabeza. – Podría habérmelo dicho, profesor Faustus. – "Antes que esta mujer me dejara sordo de tanto grito.", dijo en su interior. - Sin embargo, estamos teniendo todo tipo de consideraciones con el joven Michaelis debido a la gran… amistad que tengo con su padre.
"¿Amistad? Todo el dinero que le da querrá decir. ", decía Sebastián en su interior y, una sonrisa ladeada apareció en su rostro involuntariamente.
-¿Así que estuviste en casa de Sebastián? – Preguntó la dama de rojo, cruzando los brazos.
-Sí, tía. Lamento no haberte avisado. Se nos pasó el tiempo a ambos. – Se disculpó Ciel, mirando hacia abajo. – No volverá a suceder.
-Sí, no volverá a suceder. – Afirmó el profesor. Dirigiendo una mirada de complicidad a los estudiantes. – Les veré después de clases, jóvenes. Quiero revisar este examen y, saber qué es lo que han estudiado. – Luego se dirigió a la dama y al director. – Perdonen mi descortesía pero, los estudiantes deben terminar la prueba.
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Claude les esperó después de clases en uno de los salones que utilizaban para las sesiones con padres de familia. Cuando los dos jóvenes llegaron, el mayor estaba sentado a la cabeza de la mesa, calificando los exámenes.
-¿Profesor Faustus? - Ciel rompió el silencio, asomándose a la habitación. -¿Podemos pasar?
El hombre interrumpió su trabajo y miró las caritas de ambos. - Sí, pasen. Tomen asiento. - Dijo, señalando las sillas que se encontraban a los lados de su asiento. Entonces, sucedió lo que el profesor esperaba. Sebastián y Ciel se sentaron uno al lado del otro.
-¿Decía? - Sebastián escrutó el rostro del profesor.
Claude mordió sus labios y continuó. - Bien, he notado un cambio en la relación que sostienen ustedes. Antes todo era pelea y malos gestos; ahora, parecen llevarse muy bien. Tal vez hasta demasiado. - Miró a ambos. - Imagino lo que está sucediendo entre ustedes y, es algo bastante serio.
-Profesor Claude, Ciel y yo... - Interrumpió Sebastián.
-A las cosas por su nombre. Ciel y usted, joven Michaelis, son amantes. ¡Eso no tiene otro nombre! - El hombre sacudió la cabeza ligeramente en señal de desaprobación. - El día que sus padres, Michaelis y, la tía de Phantomhive se enteren, será aquí al primer lugar donde vendrán a exigir una explicación de su comportamiento. Pero, eso no es lo peor. Lo peor es que usted, Michaelis no es un niño inocente y, en cambio, Phantomhive no sabe siquiera lo que está haciendo, ¿o sí? - Señaló a Ciel, esperando una respuesta. -¿Es homosexual Phantomhive?
El ojiazul miró hacia abajo. - No... no lo sé. - Se encogió de hombros.
-Exacto. Ése es el detalle. - Afirmó el profesor. - Jamás ha tenido la oportunidad de experimentar lo que se siente besar a una chica o cosa por el estilo. ¿Cómo podría saber que esto es lo que quiere? Michaelis solo es una ilusión para usted, Phantomhive. -Se dirigió al menor y luego al mayor.- Y usted Michaelis, usted ha tenido a tantas chicas que pienso que esto lo podría hacer solo por perversión.
-Pero yo... - Ciel miró al moreno y, no supo como continuar. Tal vez Claude tenía razón y, él en verdad solo era el "juguete nuevo" de Sebastián. - debo irme. - Se pusó de pie, las lágrimas rodando por una de sus mejillas. De inmediato las limpió, tomó su mochila y salió casi corriendo del salón.
Sebastián se puso de pie. - ¡No, Ciel! ¡Espera! - Se giró hacia el profesor, dirigiéndole una mirada de rabia. - Gracias por su consejo, profesor Faustus.
-Michaelis, debo ver por el bienestar de todos los alumnos. - Suspiró. - Por cierto, obtuvo un sobresaliente en su prueba. Dedíquense a estudiar más que lo hacen bastante bien.
El moreno le arrebató la hoja al hombre y salió en busca del ojiazul. - ¡Ciel! - Le llamó pero, todo en vano. El menor ya se habría ido. Se picó la cabeza de puro fastidio. Siempre había algo que se interponía entre ellos. Y ahora que se lo preguntaba, "¿qué era el? ¿Homosexual? ¿Bisexual?" "Ah. ¡Maldito Faustus!", pensó.
-¡Seb! - Le llamaron. El moreno reconoció la voz de inmediato. Bill. -¿Cómo vas?
El roquero se acercó con esa típica sonrisa autosuficiente en el rostro. Sebastián bufó, hoy no sería el día en que haría uso de su escasa paciencia. Una vez que el joven estuvo cerca, el moreno le tomó por el cuello de la camisa y lo sujetó contra la pared. - Mal, porque mi supuesto mejor amigo me metió en un lío de los mil demonios. - Masculló en medio de un murmuro, para evitar que Claude les escuchara.
-Tranquilo, hombre. No ha pasado nada grave. - Replicó el roquero entre risitas.
-Bill, le vendiste droga a una chica que tuvo convulsiones y cuyos padres buscarán a un "Sebastián", ¡porque le diste mi nombre! ¡Joder! - Exclamó el moreno, liberándole del agarre con brusquedad.
-No te alarmes, Seb. O empezaré a pensar que Nerdiel te está convirtiendo en alguien igual a él. - Bill quería ver si el moreno se hundiría a sí mismo en ese asunto.
-No, por supuesto que no. Yo nunca seré igual que ese mocoso. - Dijo, intentando sonar convincente. - A ver, ¿por qué no habría de alarmarme?
-Sencillo. - Respondió el roquero de ojos verdes. - Todos pensarán que la niña está loca, que alucina a causa de lo que consume. Dirá que yo le vendí algo y dará tu nombre. - La teoría no convencía a Sebastián del todo. - Mejor olvida eso y vayamos a mi casa. Tengo algo nuevo que va interesarte.
-¿Qué es? - Preguntó el moreno, mientras Bill le rodeaba los hombros con un brazo. Tal como cualquier amigo haría. Sin embargo, sus intenciones eran saber más cosas sobre la relación de Sebastián y Ciel. Le interesaba cualquier cosa que pudiera hundir a ese amigo suyo.
-Heroína. - Susurró Bill al oído del moreno. - La mejor sustancia y la más costosa. Solo para ti mi amigo.
