A/N: Estoy feliz mi selección va a la final, ¿vieron como apalearon duro a los brasileños? Sííííííí, Raimundo estaba tan triste que me pidió dos días de reposo, ¿ustedes creen que se los dí? Nah.

Hurricane

-XI capítulo: Hermosos pecados-

Kimiko regresó al calor de su hogar. El médico le prescribió que debía reposar dos semanas y de ahí en adelante, observar qué tan rápido iba su recuperación. Mientras se resguardaría en el techo de su casa, haciendo el menor esfuerzo físico posible. La protagonista sabía que se estrellaría cuando se reincorporara a sus actividades normales; al menos en semana santa no harían nada. Perdería unos días. Oh Cristo, a Kimiko le costó adaptarse al collarín en los tres primeros días, no podía girar la cabeza. Se sentía una momia. Sacó de su armario un par de mantas obscuras para cubrir los espejos, no quería verse a sí misma con ese horrible collarín, magullada y paliducha. Para una persona tan energética como Kimiko era bastante aburrido estar en casa, lo único bueno que podría hacer es navegar por el internet y leer; su hermana prometió llamarme seguidamente (Tomoko prefirió no enfrentarse a Kimiko hasta no estar segura, podría salir con una excusa inteligente, en el tiempo que tardó a visitarla en cuanto recuperó la consciente habrá pensado cómo excusarse con el coche, pero muy en el fondo deseaba equivocarse con su presentimiento). En un día igual a ese, un coche negro se estacionó frente la casa de las Tohomiko. Raimundo levantó la mirada, si no se equivocaba vivían en el cuarto piso. Kimiko estaba sentada, revisando página por página su facelook, lo más tediosa; alguien tocó el timbre, perezosa, se paró y abrió la puerta.

-¿Raimundo?

-Hola nena, no pareces sorprendida de verme.

-Bueno, me prometiste que ibas a respetar mi espacio, pero ya estaba alerta para algo como esto... ¿qué te trae por acá si sabes que no puedo darte nada?

-Vine para hacerte compañía. Es sábado, puedo descansar de la universidad, y... pensé que tantos días en tu casa iban a matarte del aburrimiento así que: Heme aquí –Kimiko se echó a reír- ¿puedo entrar? –no esperó su aprobación, pasó a su casa, pero ella tampoco se quejó. Se sentía tan sola, que podría permitirle el paso a un vagabundo.

-¿Qué hay de tu trabajo?

-Nah, el trabajo puede esperar. Tú eres mucho más importante... –se sentó en el sillón de un salto y echó un vistazo a su casa, escudriñó con la mirada, era la primera vez él que la veía desde adentro- me gusta tu casa, es bastante cómoda y bonita.

-Gracias, tienes que quitarte los zapatos –arqueó las cejas- una costumbre japonesa –él pone una mueca y asiente. Se quita los zapatos y ella los pone junto a la puerta- ¿y cuánto tiempo piensas quedarte? Es más, ¿cómo entraste?

-Eh, no lo sé, ¿hasta que tu hermana aparezca? En mi mansión somos muchos, nadie notará mi ausencia. Le di a Clay el día libre. Sólo estamos tú, yo y todo el entretenimiento que nos pueda ofrecer esta casa, nena. Adelante, Kimiko, siéntate, no muerdo... todavía no –la chica se sentó en el sofá grande sin despegar sus ojos encima, recelosa- no tienes nada que temer. Hoy vino Raimundo el amigo, el pervertido se quedó en casa, eso fue lo que le dije al señor que gentilmente me abrió la puerta para dejarte unas películas alquiladas –de su chaqueta el joven sacó dos películas- un pajarito me dijo que te gustan las comedias románticas. Quizás en la noche, veamos una si estás de humor –extendió el brazo, entregándole las películas. Si bien las había visto todas, pero a ella le encantaba repetir una y otra vez las que le gustaban.

-Keiko –respondió, asintió con la cabeza- no sabía que te gustaban las comedias románticas sin ofender, pero no pareces del tipo que le gustan ese tipo de pelis.

-En realidad, prefiero las películas porno, especialmente las interpretadas por nosotros. Pero también me van las de horror. Veo todo género, sobreviviré viendo estas contigo –le sonrió, a comparación de otras veces, en sus ojos no se asomaba el brillo del deseo o mostraba una sonrisa lasciva en su cara, se veía honesto. Raimundo se quitó su chaqueta negra, quedando en camisa manga corta- hace calor, estaré más cómodo así, ¿dónde puedo poner esto? –ella quiso colgar la camisa en el perchero detrás del closet donde almacenaban los utensilios de limpieza, empero él quiso hacerlo solo para no obligarla a pararse, estuvieron hamaqueando y discutiendo quien colgaba la chaqueta hasta que las puntas de sus dedos rozaron el dorso de su mano y se separaron instintivamente- Kimiko, hablo en serio, no voy a tocarte si tú no quieres, antes conseguiría tu permiso por escrito, te lo prometo y soy un hombre de palabra ¿no he cumplido hasta los momentos con nuestro acuerdo? ¿o Chase sabe que lo amas?

-No –reconoció, ella recogió un mechón de pelo tras su oreja. Raimundo colgó su chaqueta.

Kimiko se adelantó y volvió a sentarse en el lugar donde previamente estaba. Raimundo la siguió en el movimiento, miró al suelo y preguntó si su hermana sospechaba del accidente o se creyó la historia completa. Kimiko le dijo que iba a presentarle su coartada, aunque le ha dicho todo lo que ordenó, Tomoko no es una mujer a quien debe de subestimar. Siempre ha sido inteligente. Raimundo ladeó la cabeza y se puso a jugar con su medallón*, en el cual rezaba una descripción: Siempre tuyo. Kimiko nunca había visto o se fijó en ello, preguntó por eso.

-¿Esto? Oh, es una tontería. El último regalo de mi mamá, creo que para nadie es un secreto que yo soy adoptado. Siento que está conmigo cuando lo llevo siempre, lo que pasa es que lo escondo debajo de mi guardacamisa –Kimiko no quiso preguntar cómo murió su madre, sabía que era una pregunta horrible que ni ella misma podría responder si él se la hiciera así que se tragó su propia curiosidad.

Lanzó una mirada por el rabillo del ojo hacia el reloj de pared. Son las once y media. Hoy Raimundo estaba, literalmente, mansito (como dijo, vino el amigo). Para romper el silencio, Kimiko le comentó que la universidad aplicaría represalias cuando volviera. Su hermana le decía que perder un día en la universidad es horrible, podría compararse con perder al año y de no ser porque estuvieran en semana santa, estaría el cuádruple de lo preocupada que está ahora. Este feo collarín le arruinó la vida en pocos segundos. Raimundo no le contó que era posible que fuera un atentado el resultado de su accidente, no quería estropear un momento que podría ser de ellos y sonrió, le aseguró que volvería a coger la tónica de la universidad en un chasquido de dedos pues no ponía a prueba su inteligencia, había visto su promedio y era bastante bueno. Kimiko se encogió los hombros, giró las preguntas hacia él. Le confesó que lo veía bastante tranquilo para ser el último semestre de su carrera y eso era frustrante para quienes se esforzaban obtener buenas calificaciones. Tenía tiempo para todo: Trabajo, sexo y universidad. Raimundo rió.

-En toda mi vida siempre he sido fresco como una brisa, nunca me he dado mala vida para estudiar. También tengo memoria cartográfica y eso facilita las cosas. Yo igualmente tengo lo mío.

-¿Qué? Eso no es cierto –Kimiko agarró una de sus novelas, ojeó las páginas y escogió una al azar, le dio el libro- lee este párrafo ¡una vez! Y me devuelves el libro –arqueó las cejas, lo veía divertido. Suspiró y leyó el párrafo tranquilo, terminó y le devolvió el libro- dime lo que leíste...

-"Su respuesta honesta me sorprendió. Aunque 'solo estaba de paso' en la colonia, era mí hogar. Cerré los ojos un momento pensando en mí madre cuando estaba viva, ella era una extranjera..."* ¿te sigo contando? –Kimiko arrojó el libro, derrotada.

-Olvídalo, te creo. Maldito presumido.

Raimundo se echó a reír. Durante las primeras horas, intercambiaron gustos, preferencias y hobbies. Mientras a él le encantaba el futbol, los juegos y el surf, ella disfrutaba más de la música, el internet y pasear con los amigos. Kimiko ni supo cuándo exactamente Raimundo se mudó al sofá con ella, pero tampoco se lo reprimió cuando cayó en cuenta. Descubrieron que eran muchísimas las cosas que compartían en común. No tardó en recalcárselo, Kimiko quería saber por qué había deducido que estaría muerta del aburrimiento, a lo respondió que en su lugar también estaría intranquilo de tanto silencio. Al igual que la protagonista, es un alma hiperactiva. Para el almuerzo, Raimundo "quiso cocinar algo".

-¡No te puedo permitir que hagas eso!

-¿Por qué no? ¿dudas de mis habilidades culinarias, no me quieres dejar cocinar porque soy un invitado o temes que eche un sedante en tu comida? Señorita Tohomiko, si hago esto es porque trato de ser gentil, no porque pienso que tú eres una inválida. Si quieres cocinemos juntos, no hay problema o me vigilas, no importa. Merezco que desconfíes de mí por cómo nos hemos venido tratando.

Kimiko arrastró una butaca y la colocó a una esquina de la cocina, recostó su espalda de la pared. Se sentó mientras contemplaba "una clase de cocina" ilustrada por Raimundo. Se rió entre dientes cuando fortuitamente dejó caer el salero. Los primeros minutos era jugar entre ellos y bromear. Él le enseñaba a cocinar, simulando que era un programa de cocina, y ella escuchaba. Almorzarían arroz integral, pollo a la plancha y ensalada con aderezo. Picó en rodajas perfectas las zanahorias y las papas al vapor. Y metió el arroz en una olla. Odiaba admitirlo, pero era el doble mejor cocinando (si bien, se chamuscó el pollo un poco cuando sus miradas se cruzaron y se quedaron viendo fijamente, sin embargo no perdía su delicioso sabor). Se sentaron a comer en el comedor, uno frente a otro.

-No está mal –dijo ella- ¿dónde aprendiste a cocinar?

-Bueno, te recuerdo que yo nací en humilde cuna, tuve que aprender algunos truquitos si no quería morirme de hambre. Mi madre no tenía mucho tiempo para mí, tuve que aprender de lo que veía y jugando, en mis primeras veces, me quemé horrible, pero no desistí hasta que me saliera bien. Jamás perdí la práctica aun después de millonario. La última vez que toqué una cocina fue hace meses, creo que ya olvidé lo divertido que era cocinar: No soy un chef gourmet, pero no soy un inútil, me sé recetas básicas nada más...

-Pienso que es genial, no muchos hombres cocinan –le confesó con franqueza pinchando su zanahoria y clavando su mirada en ella, Raimundo le sonrió, llevándose un puñado de arroz a la boca- Sombra está encantada contigo, creo que le gustas mucho.

-¿En serio? –Kimiko lo miró fulminante. Él hizo un ademán, riéndose- está bien, sé que es obvio, pero ella no me interesa a mí. No es de mi tipo.

-¿Y cuáles son las de tu tipo? –preguntó Kimiko curiosa.

-Asiáticas (si son japonesas mejor), de preferencia ojos azules y pies pequeños, que midan un 1.58, nacidas el 4 de abril de 1993, hermosas, de carácter fuerte –por un minuto, su tono de voz adquirió la profundidad y sensualidad acostumbrada, cuando tenían sexo. Kimiko se estremeció, la declaración era bastante directa- esas son las de mi tipo, señorita Tohomiko.

Cuando terminaron de comer, Raimundo preguntó si podía utilizar su baño. Kimiko señaló con el dedo el final del pasillo, regresó a la mesa, recogió los platos y los llevó al lavaplatos para limpiar. Escuchó llamarla desde el baño. Dejó el chorro de agua abierta y fue, él estaba frente el lavamanos y señaló el espejo, escondido bajo una manta. Iba a destaparlo, cuando la chica lo detuvo.

-No lo hagas, por favor, no quiero verme así.

-¿Por qué, qué hay de malo? –jaló la manta. Kimiko se cubrió los ojos y cerró los ojos con fuerza, él la llevó frente el espejo y descubrió su rostro, sujetando sus muñecas.

-Lo ves, me veo horrorosa. Este collarín me enferma, nunca me había visto tan ridícula.

-A mí no me pareces ridícula –se rió con ternura-. Kimiko Tohomiko, no entiendo de dónde sacas esas descalificaciones improcedentes sobre ti, si eres una mujer hermosa, inteligente, audaz, valiente, divertida, sexy, insaciable, enloquecedora, inocente y esa es la imagen que me devuelve el espejo... Ah, y al lado está un chico guapo –Kimiko se echó a reír- entiende que ese collarín feo es algo temporal, cuando tu cuello esté mejor, el médico te lo quitará.

-¿Piensas esas cosas sobre mí, realmente? ¿o lo dices para coquetearme?

-Un poco de las dos, ¡claro que pienso eso! –afirmó- ¿te haces una idea de lo mucho que te deseo, Kim?

Hoy era un día de suerte para Raimundo. No transcurrió bastante tiempo entre el almuerzo y el baño, cuando Tomoko llamó a la casa. Él se sentó en el sillón, haciendo el menor ruido posible y ella cogió el teléfono. No vendría a casa esta noche a causa del trabajo. Kimiko lo lamentó, pero comprendía la situación. Miró de reojo a Raimundo, ¿habrá interferido para que esto pasara? Cualquier cosa es posible. No te preocupes, quédate tranquila, voy a estar bien, y colgó la llamada. Lo notificó a Raimundo, se hizo el desentendido y asintió, añadió que no quería perturbarla. Se iría cuanto viesen la película para que estuviera más tranquila. El resto de la tarde estuvieron hablando y "jugando" dos videojuegos: Ciudad Tokio y Goo Zombies*. Parecían dos niñitos frente a la pantalla del televisor, peleando y gritando cada vez que ganaban puntos y aun más cuando triunfaban la partida. Era una divertida forma de pasar el tiempo, juntos. Kimiko, por supuesto, ganó.

-¡Te vencí otra vez!

-Te estaba dando ventajas, nena.

-Admite que tu juego está un poco oxidado.

-Bueno... reconozco que no he jugado esto desde que era un adolescente. Es genial resucitar los viejos recuerdos, había olvidado lo divertido que era.

-Entonces para tu cumpleaños, anotaré que te debo un videojuego de Goo Zombies, digo, ¿qué se le puede regalar a alguien que lo tiene todo?

-Todo y nada. Cualquier cosa que tú me des me encantará, excepto dos cosas: Un equipo de sumisión masculina y una foto de Young –dijo, Kimiko puso una mueca- ¿qué dices? ¿otra partida?

-Nunca había conocido alguien que le gustara tanto perder –bromeó ella- está bien, acepto.

La partida de Ciudad Tokio fue interrumpida cuando Keiko llamó para saludar. Estuvieron hablando de varios asuntos, lo que dio tiempo a Raimundo para explorar la casa. Eso sí, no entró al cuarto de Kimiko. Antes de girar la manija de la puerta, se acordó de su promesa y cambió de dirección. Volvió al salón. Kimiko estaba en el sillón, riéndose. Revisó los libros de la biblioteca y las novelas de Kimiko. ¿Orgullo y Prejuicio de Jane Austen? Oh, quién lo diría, Kim es una amante de la prosa feminista, no sorprende. Volvió a ponerlo en su lugar. Se topó con el álbum familiar, Raimundo sonrió con ternura al ver a una adorable Kimiko con dos moñitos en la cabeza, vestía una braga azul y debajo tenía una camisa amarilla, de los dientes incisivos delantero le faltaba uno y abrazaba con mucho amor a un osito*. Colgó el teléfono y miró a Raimundo, sentando en el sillón echando un vistazo al álbum.

-Es malo chismosear la vida privada de los demás –cruzó los brazos bajo el pecho.

-No sabía que de niña, te peinabas con dos coletas. Te ves adorable, pero es que ¿cuándo no lo has sido? Aquí estás tú, tu hermana y... tu padre, ¿no?

-Sí –dijo con voz quebrada- de niña llevaba dos moños, adolescente preferí llevar una cola de caballo y de adulta, es decir, ahora... Me solté el pelo. Ésta, fue antes de que mi hermana se fuera a estudiar al mejor internado de Japón, después de ahí seríamos mi padre y yo pues que Tomoko siempre ha sido una persona que consagra su vida a los estudios y al trabajo, es dedicada y talentosa. En cambio yo, soy desastrosa haga lo que haga –alzó los hombros- cuando yo nací, no tuve tiempo de conocer a mi madre, tal vez tendría tres o dos años en el momento que ella falleció y no consigo acordarme de ella. La única figura femenina que he tenido ha sido mi hermana, quien se acordaría más de ella que yo, ha estado apoyándome cada vez que lo necesite al igual que mi padre, él y yo éramos muy unidos... Cuando se fue de casa, me sentía muy triste porque sabía que nada sería igual y tenía razón, en fiestas de cumpleaños ella… –enmudeció y su vista se clavó en el suelo, quedándose a estudiar cada facción con determinación. Sollozó.

-¿Kimiko, hay algo que quieras decirme?

-Raimundo... esto no se lo he dicho jamás a nadie, ni siquiera a mi mejor amiga Keiko. No sé si es porque nunca he tenido el valor, pero yo... yo...

-Kimiko, tranquila. Te prometo que no voy a decirle nada a nadie, empero en serio me estás asustando; si tú quieres no me lo digas y listo...

-¡No! Quiero hacerlo. Mi padre era el dueño de Electrónicas Tohomiko, la compañía que ha creado estos videojuegos de Goo Zombies y Ciudad Tokio; entonces, eran Tomoko, mamá y él, éramos bastante ricos y conocidos mundialmente. Unos años después de que nací, mi madre muere y aparecen los problemas, las deudas, la escasez de ideas nuevas, los socios se van, los ingresos disminuyen. A pesar de todo papá siempre supo cómo lidiar los problemas con optimismo, aun cuando fuera el día más obscuro no dejaba que eso le afectara. Cuando era adolescente, lo ayudé con sus grandes proyectos, tenía más confianza conmigo que con mi hermana por cercanía... Tanto así que cuando enfermó, sólo vi cuando degastó su último aliento. Cuando murió, una parte de mí murió en aquel día porque para mí, él era todo lo que yo tenía, fue como si un disparo me matara también. ¡Me sentía desgarrada por dentro! Tomoko llegó cuando estaba muerto, le dije que nuestro padre nos necesitaba y ella asistió inmediatamente, pero ya era demasiado tarde para hacer algo. Heredamos el dinero y las deudas como eran tantas, sólo alcanzó para pagarlas todas, la empresa quebró y cerró para siempre. Como yo no tenía más familia, me tuve que quedar con ella... Y aún, lo extraño, lo amo, siento que me hace falta

Kimiko rompió a llorar, no continuó, su rostro estaba enrojecido y cubrió su boca para tapar un chillido. Él estrechó sus hombros y la reconfortó. Se acercó a consolarla y tranquilizarla. No se quejó ni se alejó, lo dejó hacerlo. No tenía fuerza para separarse. Se fue apaciguando.

-Nunca se me hubiera ocurrido que algún tiempo fuiste... Kim, yo... lo siento, ¿quieres que te traiga un vaso de agua o necesitas algo?

-No, me siento más liberada después de decírselo a alguien –había dejado de llorar, pero su rostro seguía rojo- he guardado conmigo este secreto hace años. Nunca quise compartirlo ni nada porque es un tema sensible con el que no me gusta platicar mucho y... –suspiró, desvió la mirada- eres el primero a quien se lo digo –le dio un golpe amistoso en el hombro- ahora tú...

-¿Ahora yo qué?

-Te dije algo que jamás le he contado a alguien, para estar a mano, debes hacer lo mismo… ¿alguna vez te has guardado algo que no quieres compartir con nadie?

Raimundo vaciló, su expresión se desvaneció y rebuscó entre sus memorias algún recuerdo. La verdad, su pasado era un secreto, pero a diferencia de la chica no lo sentía como un peso sino más bien, una cosa que debe sepultarse y olvidarse para siempre.

-¿Te conté cómo fue que perdí mi virginidad?... –Raimundo canalizó que quizás el recuerdo menos perturbador sería ese. Kimiko sacudió la cabeza- tenía quince años, de adolescente no era nada parecido a lo que soy ahora –no entró en detalles y pasó directamente al punto- a menudo, mi madre invitaba a sus amigas ricachonas en casa cuando mi padre no estaba y, para que estuviera haciendo algo, me ponía a servirles el té a las señoras. Desperté el interés de una de ellas, su nombre era Wuya. Al principio no me simpatizaba, menos me agradó al sugerirle a mi madre, delante de mí, que tenía intenciones de emplearme como chófer con el propósito de "alejarme de los malos vicios" a lo que mi madre accedió, encantada, por su generosidad –hizo comillas al aire- cuando me incorporé al trabajo, me fue bien, ella estaba muy feliz de tenerme a su lado puesto que su marido descuidaba su matrimonio y pasaba el tiempo en su casa, sola y como yo en el fondo, igualmente me sentía solo, nos hacíamos compañía mutuamente. Pero yo le atraía más que una compañía. No puedo decir que estaba enamorada de mí, nomás garantizo que se sentía atraída: Un muchacho que tenía juventud y fortaleza (añado el bien parecido, en palabras de ella), ¿cómo no? Me sedujo y me enamoré perdidamente, terminé perdiendo mi virginidad con ella. Wuya me llevó a conocer el estilo de vida BDSM y yo, gustoso, formé parte de él (sin embargo, el tiempo hizo que adicionara nuevas formas de relaciones BDSM); también Wuya me enseñó a controlar mis emociones y canalizar mi ira en salidas positivas. Por ella, sentía que mi vida sanaba, quería hacerme un hombre de bien y abandonar los vicios del bajo mundo en el que fui arrastrado. Nosotros fuimos amantes durante tres años, te sorprenderás, pero ella actuaba como la dominante y yo era el sumiso... Hacía todo lo que tú haces...

-Raimundo... –la chica quiso comentar, pero le costaba imaginarse a un Raimundo sumiso y prefirió no decir nada. Si bien, de algún lado tuvo que haber aprendido el estilo BDSM.

-Le rogué que dejara a su esposo y se viniera conmigo, formalizáramos nuestra relación, la amaba apasionadamente y aunque no tuviera nada que ofrecerle, estaba dispuesto a entregar todo por ella. Lo que quiere decir que llevo nueve años acostumbrado a este estilo de vida. Jamás pasó, como te darás cuenta, su marido se enteró que éramos amantes, nos atrapó con las manos en la masa (literalmente) y me atacó furioso, a tal grado que me envió al hospital, no abrí los ojos por cinco días. Cuando la busqué, Wuya se rió en mi cara, me dijo que esos tres años eran los mejores en su vida, pero no abandonaría a su marido por un niño, porque solamente "quería divertirse conmigo". Eso me destrozó el corazón, por supuesto, y nunca más volví a verla, ni sé que hay con su vida. Continué con la mía, sentí que caer otra vez en el alcohol era un movimiento muy patético para darle la satisfacción a alguien que me ha estado usando únicamente –suspiró- me gradué de bachiller, me enserié en mi relación con mis padres, les dije que quería llevar el negocio a familiar y por eso, escogí administración como carrera y, clandestinamente, seguí practicando el BDSM con un ligero cambio, ahora yo soy el dominante... Fin de la historia. No soy muy bueno contando finales.

-Raimundo, lo siento mucho –lamentó Kimiko.

-No lo lamentas, harás que me tenga lástima. Está bien.

-¡Pero jugaron con tus sentimientos y eso no es justo para nadie! –espetó Kimiko- ¿antes de conocer a Wuya, eras alcohólico?

-A escondidas de mis padres, bebía alcohol. Te dije que era muy distinto a lo que soy ahora, ¿qué hora es? Vaya, sí es tarde, ¡hora de la cena! ¿tú cocinas? ¿o lo hago yo?

-Sí, yo lo hago.

Kimiko se fue a la cocina, al confirmar la hora. Esta vez, él se sentó en el banco. Sus manos estaban pendientes de la comida, pero su cabeza seguía dentro de la historia de Raimundo. Pensó por un momento que si Wuya le habría hecho caso desde un inicio, se separara de su esposo y se quedara con él, todo sería muy diferente. Al igual que a muchas personas (ella misma), su corazón conocía la traición y el amor, es una lástima que no fue correspondido. Si estuviera en los zapatos de Wuya, si su esposo no le prestaba atención a su matrimonio y no hay nada que pudiera hacerse, se separaría, para darle una oportunidad a Raimundo. Si no sintiese lo mismo, lo desenamoraría. Es más, ni siquiera hubiera corriendo ido tras él, si solo de placer se trataba. Los sentimientos de una persona son intocables, por más crueles que sean. Le echó una mirada a Raimundo, le sonrió. Algo que también le llamó la atención fue que eso de "quería hacerme un hombre de bien y abandonar los vicios del bajo mundo en el que fui arrastrado", "de adolescente no era nada parecido a lo que soy ahora", y por último: "sentí que caer otra vez en el alcohol era un movimiento muy patético para darle la satisfacción a alguien que me ha estado usando únicamente", se preguntó: ¿a qué problemas se refería, que quería decir con eso? Por primera vez, su pasado le intrigó. Un punto estaba claro: Raimundo a primera vista daba la impresión de ser uno de esos millonarios sexys que jamás aceptan un no por respuesta, pero ahora se muestra como un hombre sensible y gentil víctima de las consecuencias de su pasado. Tal vez lo he juzgado mal y me he dejado llevar por mis prejuicios, es más de lo que aparenta, no es tarde para enmendarlo, pensó Kimiko.

Se sentó a su lado y comieron juntos como si nada ocurrió. Al final de lavar en el lavaplatos escogieron una de las películas y se sentaron a verla. Raimundo en un extremo y Kimiko en el otro. Trajeron un bol de cotufas y sodas, lo compartieron. Estos alimentos no se incluían en la dieta, pero Raimundo haría una excepción por hoy. A menudo, Kimiko cambiaba su atención de la película hacia el joven magnate, estudiando sus facciones, sin saber que éste hacía exactamente lo mismo. No han llegado a coincidir. Raimundo hacía un gran esfuerzo por concentrarse en la película. Esto no era su estilo.

-Te dije que era inútil. Nadie va a salir con ella.

-¿Y Él?

-¡Ni lo mires! Es un delincuente. Dicen que le prendió fuego a un policía, estuvo preso y todo.

-Al menos es altivo.

-Está loco. Vendió su propio hígado al mercado negro para comprarse altavoces.

-Es nuestro chico.

-¿Así que si ese chico quiere una cita con Bianca, la chica que salió hace unos momentos, tiene que encontrar a algún valiente para que salga con su hermana? Únicamente esta clase de cosas suceden en las pelis –se quedó viendo al "valiente"- no me cae muy bien el chico que eligieron, me recuerda a Young con ese pelo largo y negro, ¡sáquenlo! ¡tarjeta roja!... –Raimundo lanza palomita de maíz en la pantalla de televisión para expresar su desagrado. Kimiko suspira, apoyó la palma de la mano en el brazo del sofá.

-¿Y qué pasó con la tarjeta amarilla? –Raimundo abrió la boca para responder, pero la chica lo interrumpe- no, ¿sabes qué? No me contestes.

-Sin embargo, debo admitir que la elección de los actores jóvenes de hoy en día es el triple de peor que antes y esta película, por lo que leí, gozó de muy buenas críticas y fue bien aceptada en el público. Además que ellos fueron inteligentes, hacer la adaptación libre de una obra maestra porque si ellos hacen el guión, ¡nah! La cagan. Necesitamos de escritores más imaginativos: Ponen a una cara bonita, dicen que es una bruja, ponen a otra bruja más bonita, pero ésta rubia y es la mala, sacan a un tarado y lo colocan como el galán de galanes ¡y boom! Es un exitazo. El mundo tiene mal gusto. Odio admitirlo, pero esto es lo mejor en comedia romántica que he visto. No te vayas a sentir ofendida Kim, la próxima vez veamos una película de zombies en apocalipsis. Aun no me siguen gustando las historias de amor.

La película se fue desarrollando más. El elegido no acepta la propuesta si no hasta que uno de los alumnos, también interesado en Bianca, ofrece dinero a cambio de que saliera con su hermana, creyendo que él saldría con la chica. De pronto, Raimundo cae en cuenta que los protagonistas de esta historia eran la hermana y el elegido. Con el plan en marcha, él trata de conquistarla, pero ésta no quiere tener nada que ver con él, después de un poco esfuerzo logra a duras penas invitarla a una fiesta con él. A veces, Kimiko se sonaba la nariz a cada oportunidad romántica entre ambos. De las películas que trajo Raimundo, este era la menos tonta y por eso la escogió. A un cuarto de hora, nuestro joven magnate revisó alrededor la parte inferior del tazón de las palomitas del maíz en busca de la inmortalidad del cangrejo. Kimiko se levantó a preparar más palomitas de maíz. Descansó su cabeza contra el respaldo del sofá, esperando dormirse. Pasada la escena de la fiesta, desastrosa, en la que solamente el chico nuevo puede cantar victoria ante su primer beso con Bianca, en el asiento delantero del coche. El amor empieza a surgir entre la pareja protagónica y no pueden ocultarlo, él se está dando cuenta de eso y decide ir a disculparse con ella, pero falla. Finalmente, se besan, después de caer en un pajar, le pide que sea su pareja de baile en la graduación. Nomás, ella aún duda de sus intenciones y se rehúsa a presentarse en el baile, para disgusto de Bianca.

-No entiendo. Hace unos momentos, ellos se reían, hacían algo lindo y se besaron; es obvio que se gustan el uno al otro y ahora ella... se cierra simplemente, no quiere saber nada sobre el baile, es un amor algo conflictivo –Kimiko sintió sus ojos puestos en ella, se enderezó.

-Bueno, bueno, apenas llevan pocos días conociéndose y aunque quizá ellos sean la paria de su instituto y comparten muchas cosas en común... ella no quiere que nadie juegue con sus sentimientos –Raimundo arqueó una ceja- al principio de la película, se aparece como una insociable feminista orgullosa, que está en contra de las citas y se burla de la vida social de los adolescentes mientras que él se nos muestra como un adolescente rebelde, que juega en un salón de billar, fuma cigarrillos, bebe alcohol y se ha ganado una reputación misteriosa. Supongo que ellos están conscientes de eso.

Insatisfecho, pero no lo suficiente como para seguir conversando, mantuvo la boca cerrada, dejó que Kimiko viera su película. Volvió a enfocar la atención en la pared de enfrente. Era mejor que ver la película de todos modos, sin embargo desistió y siguió mirando la película donde ambas hermanas enfrentan sus diferencias. Se revela que la protagonista sí ha estado previamente en una cita, con el modelito masculino egocéntrico, y hasta se acostó con él ya que "todo el mundo lo estaba haciendo". Le confiesa que sus sentimientos de aislamiento de sus compañeros datan de ese incidente y que jamás volvería a hacer cualquier cosa para hacerse popular. Corroborando la teoría de Kimiko.

-No me agrada ella.

-¿Quién?

-Bianca, es demasiado inmadura, tonta, rosa, superficial, risitas. Su hermana, arisca y tosca es mucho más centrada e interesante, te pareces un poco a ella y comparten la inicial de su nombre, sus diminutivos no son la excepción: Kat, Kim, Kat, Kim, Kat, Kim, Kat –Kimiko lanza un puñado de palomitas de maíz en su dirección, en lugar de tomar represalias, cepilla los granos al piso- ¿tu hermana y tú son así?

-No... somos tan opuestas como ellas dos pero nuestra relación es mucho mejor. Nos hemos llevado bien, pero no excelente por el trabajo y los estudios, ¿me comprendes? –él cruzó los brazos. Las hermanas terminan asistiendo al baile con sus respectivas parejas, todo parece marchar bien. Raimundo se voltea hacia Kimiko para quejarse de nuevo.

-Y todo queda en familia, ella aceptó ir al baile con él al final. ¡Pero si lo mandó de paseo la otra vez! ¿cómo pasó tan rápido? ¿cuándo me perdí la reconciliación?

-¿De nuevo sigues atascado en eso?

-Es una acotación inofensiva –se encogió los hombros, tratando de no parecer por el bien de su reputación. Para su suerte, no lo cuestionó demasiado. Kimiko rebobinó el DVD hasta en una escena donde aparecían juntos y puso en pausa el DVD, congelando a la pareja. Inclinó la cabeza, adorando la foto.

-A veces solamente basta con mirar el lenguaje corporal a su alrededor para percibir lo que las palabras no pueden. El amor es una fuerza tan desconcertante que nos empuja antes de nosotros darnos cuenta. Analízalo desde este ángulo: Él acepta seducirla para invitarla a salir por dinero, pero en vez de eso, él es quien termina siendo seducido por ella y ahora... presumo que ella se sentía asustada –Raimundo estaba consciente de su lenguaje corporal. Su rodilla rozaba la de ella en ese momento, ¿cómo? Si cuando empezó la película, estaba a un extremo del sofá, ¿dijo algo? Él se sentía enfermo con sólo pensar en Kimiko utilizando su "lectura del lenguaje corporal" en ambos. No tenía que tener cuidado en lo que decía, se aclaró la garganta, por motivos desconocidos continuaron con la conversación- y frustrada porque sabe que lo ama demasiado, pero es muy orgullosa para admitirlo –las mejillas de Kimiko se cubren de un rubor cuando llega a la conclusión de que están muy cerca entre sí-, sin embargo ya es demasiado tarde, ambos están hundidos en sus sentimientos como para arrepentirse o pensar claramente.

Se inclinó hacia ella un poco más, con la esperanza de que no se diera cuenta. Sus rostros a pocos centímetros de distancia, su voz se redujo a un susurro. Se mordió el labio inferior y lo miró a los ojos, perdiéndose en su mirada, cerró los párpados. Raimundo no pensó cómo contestarle, el zumbido de la tele llenó la habitación. Ahora era su primera y probablemente única oportunidad para decirle algo. Había hecho esto un millón de veces, ¡¿por qué era tan difícil con esta chica?! En cambio regresó a su posición de antes y cubrió su pregunta con una falsa tos.

-Pero no importa es una peli –intentó decir con voz normal, pero su boca se hallaba seca.

-Sí, tienes razón –Kimiko reinició donde se habían quedado. Se frotó la frente.

Entonces, Raimundo nunca pensó lo glorioso que sería escuchar los gritos y los conflictos, levantó la cabeza y fue testigo de cuando la protagonista se enoja con su pareja en el baile de graduación, se descubrió la verdad: ¡Todo fue planificado! Raimundo cruzó los dedos, tal vez podrían sacar ametralladoras o al menos, un puñetazo, no tuvo tanta suerte. Apoyó su cabeza en el regazo de Kimiko, se estremeció, pero no se quejó. A la mañana siguiente, la relación entre las hermanas mejora drásticamente y Bianca intenta consolar a su hermana mayor, quien irá a la universidad de sus sueños. Más tarde, en la escuela, la protagonista lee a su clase de inglés un poema que escribió, allí declaraba sus sentimientos por el muchacho y salió corriendo, llorando. Kimiko soltó un ruidito. "Ah me vas a perdonar, pero me pongo muy sentimental con las películas románticas...", en el final, ella encuentra una guitarra en su coche, él se la compró con el dinero que le pagaron para tener una cita. Admite la verdad y al mismo tiempo, que está enamorado de ella. Lo perdonan y se concilian con un beso de amor verdadero. Kimiko brincaba en su propio asiento. ¡Ya acabó!

-Raimundo, la película ya se terminó... ¿Raimundo? –sacudió su hombro y tocó su cabeza, estaba dormido- ¡vaya!

Miró la hora, era muy tarde (nueve de la noche) y no quería despertarlo especialmente para despedirse. Bajó su cabeza de su regazo con delicadeza. Abrió el closet del armario y sacó un cobertor, lo arropó con ella. Sacó el DVD, lo colocó en la mesa. Botó en la papelera los refrescos. Llevó a la cocina los tazones de palomitas de maíz, poniéndolos en el lavaplatos. Mañana los lavaría, se sentía cansada. Le deseó buenas noches a un Raimundo dormido. Se fue a su recámara profiriendo un largo bostezo. Odiaba dormir con el collarín puesto, ¿tenía otra alternativa? No la tenía. Entretanto, Tomoko regresaba a la camioneta del noticiero del canal. Cansada. Se había hecho un gran trabajo, hora de volver a casa. Bebió de una botella de agua fría, sedienta. La camioneta rebotaba en el camino. Su celular resonó en el interior de su bolso. ¡¿Kimiko?! Se lanzó a coger la llamada.

-¡¿Kimiko?!

-Eh... lamento defraudarte, pero no soy ella. Es Jack.

-Ah, Jack. Eres tú.

-No suenas muy feliz de escuchar mi melodiosa voz cuando decía en mi contestadora que te llamara, ¿estabas dormida o interrumpo algo importante? ¿cómo está Kim?

-Bien, está mejorando rápidamente. Creí que eras ella porque no estoy en la casa, sigo en el trabajo –Jack dejó escapar un siseo- por la hora, no esperaría menos, debe de estar dormida. Agradezco que te preocupes por nosotras, tanto Kimiko como yo pensamos que eres parte de nuestra familia, pero me gustaría que no te molestaras en la próxima vez...

-¿De qué estás hablando, linda? Sé clara –se rió nervioso Jack.

-Hace unos días, el dueño del apartamento en que vivimos, ¡el Sr. Tubbimura! Llamó para decirme que nuestra deuda con el alquiler había sido cancelada. No quiso dar más detalles y me colgó, deseándome feliz tarde. De ese secreto, solo lo sabíamos tres: Kimiko, tú y yo; ni ella ni yo fuimos quienes pagamos esa deuda, sabemos que usé ese dinero para los gatos en salud de Kim así que fuiste tú...–Jack ladeó la cabeza, desde el otro extremo del auricular. Y se echó a reír.

-Tomoko, en serio, me encanta tu sentido del humor, me en-can-ta. Pero no tengo ni idea de que estás hablando, no he cancelado ninguna deuda, me hubiera gustado hacerlo, pero tú no me dejaste y respeto tu decisión.

-Aguarda, ¿me estás diciendo que tú no fuiste?

-No.

-Oh por Dios, si no fuiste tú, ¿quién lo hizo? ¿quién más pudo haberse enterado de nuestros problemas? Kimiko...

-Tengo el presentimiento que no me estás contando totalmente la historia, ¿tengo razón?

-Jack, yo –Tomoko se cubrió la cara, avergonzada, volvió a ponerse el auricular en la oreja- estoy sospechando de que Kimiko está saliendo con un hombre y creo que no es el director.

-¿Kimi tiene una pareja? ¡qué bien! Sus problemas se acabaron.

-No, tú no entiendes. Si es así, ¿por qué me lo ocultaría? Encontré varias cosas en su cuarto y creo que mi hermana no sabe en los líos que se está metiendo, podría estar en peligro. Tú eres su mejor amigo, te tiene más confianza, tal vez te lo ha contado, pero necesito saber si la has visto con un hombre o sospechas de uno... –Jack repitió sus palabras: ¿Kimi podría estar en peligro? El "mejor amigo" tampoco estaba en su casa, si no en la empresa. Había vuelto en la noche. En la oficina de su superior: Raimundo Pedrosa, revisando sus archivos e investigando sobre él en internet. Recordó la noche en su cumpleaños, apareció y se llevó a Kimiko, cargándola a cuesta de sus hombros. Admitió que se portaba muy rara, no quería decirle cuál era su relación con Raimundo, menos esa noche en que ambos desaparecieron. Pero si Kimiko corría un grave peligro...

-Sí, la he visto con un hombre. Pero escúchame, Tomoko, no por eso afirmo que sostienen un romance. Es un hombre joven, alto, delgado pero musculoso y ancho de hombros, con el pelo castaño oscuro e intenso, ojos verdes brillantes, piel morena. Tiene rasgos latinos.

-¿Y su nombre es Raimundo Pedrosa?

-Pues sí... ¡Sí! ¿lo conoces?

-Desearía no haberlo conocido, pero sí. Es peor de lo que me temía, justo lo que sospechaba –sollozó Tomoko- Jack, tú debes ayudarme, no sé cómo. Mi hermana debe apartarse de él, no es un buen hombre y hay que demostrárselo.

-Te escucho, linda...

Al día siguiente, en la ventana se entreveía una luz mortecina pintar las paredes del cuarto de Kimiko. Abrió los ojos y movió los dedos, recorrió con la mirada su cuarto. Alguien más había despertado. Le sonrió tiernamente.

-Por fin despiertas –Kimiko se dio la vuelta. Raimundo estaba tendido a su lado en su cama, se había quedado viéndola dormir toda la noche, su mano izquierda apoyaba su cabeza. Iba a protestar, pero presionó con suavidad sus caderas, se separó instintivamente-: perdón, te prometí no tocarte. Cálmate –se echó a reír-, no pasó nada entre nosotros anoche, sólo entré a tu habitación y dormí contigo en tu cama.

-¿Por qué?

-Porque me sentía solito y... descubrí que adoro verte dormir. Pasaría una eternidad viendo como duermes: de frente, inmóvil, ni se nota cuando respiras; eres una muñequita japonesa de porcelana. Desde el hospital, he estado cuidando tus dulces sueños, ¿sabías que cuando duermes hablas? –Kimiko negó con la cabeza- anoche estuviste diciendo mi nombre un par de veces, dijiste que querías darme una oportunidad o algo así.

-¡Yo no dije tal cosa! –replicó la joven, frunciendo el ceño. Sus ojos azules se encontraron con los suyos, el chico sintió un fuego interior quemarlo desde adentro que lo impresionó a pesar de la situación. Puso una mueca. Raimundo dibujó una V en su frente.

-¿También sabías que cuando frunces el entrecejo te sale una V? Te ves hermosa cuando te enojas –Raimundo sonrió cuando observó cómo sus mejillas se ponían rojas y ella lo miró.

-Si no tienes algo productivo que decir. No digas nada.

-Todos mis pensamientos son productivos, Kimi, pero bajo tu enfoque es diferente –añadió con una sonrisa ganadora. Kimiko se mordió el labio inferior en señal de frustración, desvió la mirada. Sin embargo, en ese mismo lapso de tiempo Tomoko llegó a su casa. Agobiada y con ganas de tirarse a la cama a dormir. ¿Su hermana habrá despertado? Dejó su bolso en el comedor. Distinguió la película encima de la mesa y los tazones de palomitas de maíz en el lavaplatos. Del resto, todo estaba en orden.

-¡Ya llegué! ¡¿Kimiko, estás despierta?!

Kimiko alcanzó a oír la voz de su hermana y se paró. Entreabrió la puerta para comprobarlo y la vio allí, dirigiéndose al baño público. ¡Oh no! Raimundo se levantó.

-¡Es mi hermana, no puede verte aquí! ¡escóndete en mi armario y no salgas hasta que yo te diga! ¡deprisa! –lo jaló de la cama y lo embistió contra el armario. Tomoko estaba frente su cuarto, giró la perilla, pero Kimiko aseguró la puerta. Como si tuviera algo que ocultar. Ella cerró de un portazo. Se acicaló y abrió a su hermana.


*Aquí todo el mundo sabe y "requetesabe" (o debería) que Raimundo llevaba consigo un medallón cuando usaba sus ropas de monje y el conjunto de la primera temporada, en Duelo Xiaolin.

*Fragmento de mi fic "Arcade of Fire" :D

*Para ningún fan es un secreto que Goo Zombies y Ciudad Tokio son videojuegos del mundo Duelo/Crónicas Xiaolin respectivamente.

*Esa foto es del episodio 5: Tokyo Madness, de Crónicas Xiaolin, Kimiko era bastante cuchi de niña, no estoy inventando nada.

A/N: *Cantando*

Tu boca caliente

Tu telaraña, estoy atrapada

Tu piel tan mojada

...Lencería negra sudada...

Oigo tu llamada y es una aguja que se pincha

Quiero hacerte daño solo por oírte gritar mi nombre

No quiero tocarte, pero estás bajo mi piel
Quiero saborearte, pero tus labios son veneno de serpiente

Eres veneno corriendo por mis venas

Eres veneno

No quiero romper estas cadenas

Empezamos los comentarios del autor con un fragmento de "Poison", una canción que utilizo para inspirarme. Si Hurricane es desde el punto de vista de Raimundo. Poison es desde el punto de vista de Kimiko, ¿verdad que sí?

-¡SÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍÍ!

¡APROBADO! Y eso quiere decir una cosa: En el capítulo siguiente contamos con una escena lemmon muy caliente. Les recomiendo que utilicen ropa cómoda y desabrigada para los que no soportan las altas temperaturas, ejem, ejem...

¡Un capítulo entero para una piche escena que tenía planificada, Dios! No quiero ser culpable de un cansancio en su vista, lo dejamos hasta aquí por el día de hoy. Pero se me preparan para el próximo capítulo porque va a estar muy intenso, cargado con muchas emociones, sorpresas, la aparición de un personaje que salió muy atrás y ¡las escenas lemmon se reanudan! Me gustó el título de este capítulo. Podría decirse el que tiene más guiños con respecto a la serie. Raimundo y Kimiko compartieron momentos más íntimos desde el inicio hasta el final. Pese que Raimundo recuperó su toque igual al de nuestra amada serie, seguía siendo él mismo.

El pasado de Kimiko era para recordarles que me acuerdo todavía que es ricachona y Raimundo, su historia (yo sé que traumé a mitad de lectores cuando leyeron a Wuya, muy difícil de imaginársela en esa posición ¿verdad?)... ¿alguien sabe por qué fueron tres años su relación? Si no sabe, váyase a ver Duelo Xiaolin y me dicen. ¡La película! ¿una pequeña idea de cuál película estaban viendo? No quise decirlo para que ustedes adivinaran. Yo no he visto muchas comedias románticas, porque me caen gordo pero esta película es bastante buena.

Soy tan antiromántica como Raimundo ¡y escribo las cosas más cursis del mundo, LOL! *Con el tono de voz más gafo y nerdo que me sale desde la garganta*

-¿Ya te diste tu primer beso? ¿cuándo?...

-Ay... a-a-a cuando tenía 15 años. ¡Ay!

*Recuperando mi voz normal*: ¡MIRA MIJA, ¿QUIÉN TE CREES QUE ERES?! ¡A NADIE LE IMPORTA LO QUE HAGAS O DEJES DE HACER CON TU SALIVA, EN ESTE ESPACIO NADIE TE QUIERE! ¡¿TE QUIERES OCUPAR DE TU VIDA O AL MENOS QUIERES PLANTAR LOS PIES EN LA TIERRA Y BUSCARTE UN OFICIO?! Aj, puaj. No sé que tienen las historias de amor de Raikim, la única cosa cursi que tolero sobre esta tierra.

No sé cuál momento les gustó más, a mí el primero. ¡Tomoko conoce a Raimundo! ¡¿alguien pensó en esa teoría antes?! El título de este capítulo, qué bonito.

Ah, se me olvidaba, asimismo recomiendo escuchar: Intro por The XX, una música instrumental excepcional que me transporta a donde yo quiera estar y esta pieza que me inspiró para crear el capítulo siguiente: Conduciendo en un carro, un día de oficina, en la casa. Saben, si esto fuera un tráiler de película en inglés, mientras salen las imágenes del fic a modo de película, salteadas claro, diría algo como:

In this summer

A man

And

A woman

Meet

Be prepared for the sex and lust

...Say goodbye to innocent...

Can they will survive or falling in love?

Hurricane

...Coming soon...

Y esta es la parte en que yo me pregunto: ¿Por qué todo en inglés suena tan hipnótico, tan épico o no quedaron como: Ohhhhhhhhhh...?

En fin, en fin, no tengo más que decir. Espero que les haya gustado este capítulo. ¡Nos leemos en el que viene: En la piel de Raimundo, ¿cómo sería un día en la piel de este hombre tan sexy?, hasta entonces malvaviscos asados!


Mensaje para Erza Fullbuster LOVE: ¡Holis! Sí, lo deduje porque pusiste tu nombre en lugar de ser "guess". Raimundo... Sí, se está comportando diferente. A mí siempre me ha gustado, es un amante salvaje, pero en ocasiones como en ese capítulo ha mostrado que también puede ser un hombre sensible y protector. Yo no puedo asegurar si está enamorado de Kimiko, no se ha dicho. Chase, sí, él también puede ser muy intenso. Aquí tienes tu regalo, espero te haya gustado. ¡Nos leemos!