Disclaimer: Ni Harry Potter ni sus personajes me pertenecen... ¬¬ si así fuera la historia sería de otra manera.


Capítulo 11 "Por favor... ¡Ignórame!"

Levantó la mirada y ahí estaba él de nuevo; ignorándola por completo. Frunció el ceño, no sabía qué le molestaba más, esa actitud indiferente o que Snape se pasara el día mirándola cuando creía que ella no se daba cuenta. Definitivamente no entendía para nada a los hombres...

Mas bien, no entendía para nada a los hombres de cuarenta años, con casi seguros traumas infantiles y obsesión por las pociones y las artes oscuras llamados Severus Snape. En casi dos de las tres semanas de castigo que había tenido con Snape, este se había limitado a fingir que ella no era más que parte del mobiliario del aula. Bufó, sin poder esconder por más tiempo su frustración.

—¿Algún problema, señorita Granger? —Retumbó la voz de Snape en el aula vacía de alumnos con las paredes repletas de tarros coloridos.

—Ninguno, profesor.—Intentó sonar indiferente, fría como un témpano de hielo, pero sentía arder su cara como si se hubiera quemado por tomar demasiado el sol.

—Eso espero, quiero que termine de hacer lo que le he mandado hoy, mañana tenemos cosas más importantes que hacer.

Para sus adentros y sin levantar ni un instante la mirada hacia el hombre, Hermione se preguntó qué podría ser más importante para Snape que limpiar calderos a mano, destripar culebras, separar ingredientes de pociones por fecha de caducidad, tamaño, tipo y aplicaciones mientras él leía tranquilamente tras el escritorio de roble.

Definitivamente Snape tenía una idea muy bizarra de lo que eran cosas importantes. Por ejemplo, en ese preciso momento, para Hermione era mucho más importante meterse entre pecho y espalda las siete lecciones de Aritmancia que aun le quedaban por estudiar para los E.X.T.A.S.I.S. Y no estar ahí, dentro de aquella mazmorra con el aire enrarecido por las pociones y un sutil y desquiciante aroma que pertenecía a su profesor molestándola sin cesar.

No, no podría soportar la tortura durante mucho más tiempo.

Cuando terminó de echar el último ingrediente en el caldero sonrió satisfecha, secando la ligera humedad de su frente con su antebrazo. Snape no se perdió detalle de cada gesto, pero ella estaba tan concentrada en pensar que por fin podría relajarse que no prestó demasiada atención.

—Ya está listo, profesor.— Con un movimiento de su varita el fuego bajo el caldero se apagó. Miró en dirección a Snape, quien ni siquiera parecía haber levantado los ojos de los pergaminos que había ante ellos.

—Está bien, Granger, déjelo todo como está.—Hermione recogió sus cosas y se dispuso a salir, pero de nuevo la voz de Snape la interrumpió.—Espere un momento, no creo recordar haberle dado permiso para marcharse.

Resignada, volvió sobre sus pasos, camino a la mesa donde el profesor seguía enfrascado en su lectura. Un vistazo rápido le hizo constatar que se trataba de redacciones de alumnos, probablemente de segundo curso.

—Déjeme decirle algo, Granger.—Hermione asintió, estremeciéndose cuando los ojos negros de Snape se posaron inquisidores sobre ella. En ese momento hubiera echado a correr lejos, muy lejos y sin mirar atrás.—Usted parece una de los pocos alumnos de este colegio que no es una completa inútil. No se los motivos que le llevarían a hacer una cosa como la que hizo aquella noche, pero por su propio bien espero que no vuelva a repetirse.—Los ojos de él brillaron con una luz extraña y Hermione se preguntó con curiosidad qué significaba todo aquello.—Es algo que podría afectar de manera muy negativa no solo a su expediente académico, sino también a su vida profesional... Confío en que una persona como usted pueda entender esto.

Hermione asintió con la cabeza porque no podía despegar los labios para contestar. Durante todo el discurso de Snape sus ojos castaños habían ido vagando desde su mirada negra y penetrante hasta llegar a sus finos labios que se movían, diciéndole algo que ya no escuchaba, y que le incitaban a volver a probarlos de nuevo.

—Puede irse.—Y ante la orden prácticamente salió huyendo de ese aula de Pociones.

Durante su trayecto a la Sala Común de Griffindor, sus pensamientos comenzaron a girar cada vez a mayor velocidad dentro de su cabeza. ¿Qué había hecho ella para merecer un castigo tan cruel como aquel? No solo se había enamorado de la última persona del mundo de quien lo hubiera creído posible sino que, para colmo, este no le hacía el más mínimo caso. Y todavía más frustrante era el hecho de que se trataba de su profesor de Pociones.

Suspiró. Por lo menos sabía que Ginny había tenido más suerte que ella... O al menos eso pensaba; seguía sin gustarle Blaise, tenía una manera bastante extraña de demostrar lo que la pelirroja le importaba.

Llegó hasta el cuadro de la Dama Gorda y soltó la contraseña sin pararse a pensar demasiado. Necesitaba dormir... Y dejar de pensar. Desde el día de Navidad las cosas parecían haberse ido complicando cada vez más y mas.

—Menuda cara, Hermione... ¿Quién se ha muerto? —Escuchó la masculina voz que provenía de la primera mesa repleta de pergaminos. Ni siquiera levantó la mirada para ver la sonrisa tímida en la cara de Ron.

—Solo mi sentido común...

Estuvo completamente segura de que Ron no comprendió sus palabras, casi podía imaginar esa expresión bobalicona en su rostro cuando no entendía una pregunta en clase irse formando poco a poco mientras la miraba sin comprenderla. Le hacía tanta gracia Ron.

Cuando cerró la puerta de su habitación recapacitó mejor sobre lo que acababa de pensar, no es que le hiciera gracia, sino que Ron la había desilusionado. Demasiado. Aun tenía fresco en su memoria aquel recuerdo alcoholizado de Ron pegado a Lavender como si fueran las ventosas de un pulpo.

Y aunque ya no le importaba en lo más mínimo, sentía que ese incidente había sido la primera piedra del camino de grava donde ahora estaba metida.

Miró el reloj de la pared, en realidad no era tan tarde, pero ella estaba tan cansada como si llevara varios días sin dormir. Nunca reconocería ante nadie que en parte así era. Decidió que no le importaba lo que los demás pudieran pensar de su nula vida social; ese día se iría a dormir pronto. Es más, lo haría en ese preciso momento.

Se levantó y se quitó el uniforme del colegio para ponerse el pijama, cepilló su pelo indomable con desgana, dándose cuenta de que, como incontables veces antes, era misión imposible. Se lavó la cara en el baño y se metió entre las sábanas antes de apagar las velas con su varita y arrebujarse en la cama.

No hubo ni terminado de hacer todo esto cuando unos sonoros golpes en su puerta le hicieron soltar unos cuantos improperios.

—¡Hermione!

Era Ginny. Hermione suspiró, no es que no le apeteciera ver a su amiga, simplemente estaba muerta de cansancio. Suspiró de nuevo ante los insistentes toques de la pelirroja.

—¡Sé que estás ahí, Ron te ha visto subir las escaleras! —Hermione maldijo a Ron en todos los idiomas que se le ocurrieron en aquel momento antes de estirar la mano por debajo de su almohada y coger su varita para abrir la puerta.—¡Abrem...!

Ginny estaba en el umbral, con una mano lista para seguir aporreando la puerta hasta tirarla abajo y a mitad de un grito que hubiera sido descomunal. Hermione hizo una mueca y Ginny entró a la habitación en penumbras antes de mover su varita y encender las velas.

—No puedo creer que estuvieras dormida.

—Por si no te has dado cuenta—Dijo Hermione con énfasis, señalando su propia indumentaria con la mirada.—Eso era lo que intentaba.

—Eres muy mala amiga, ¿lo sabías?—La pelirroja no esperó invitación alguna y se coló hasta la cama de Hermione, sentándose después en el borde.

—Mira quién fue a hablar...—Musitó Hermione mirándola con rencor. Realmente necesitaba descansar.

—¿Qué has dicho?

—No, nada, Ginny.—Hermione se incorporó hasta quedar apoyada en el cabecero de la cama. No tenía sentido intentar hacerse la dormida con el manojo de nervios en que parecía haberse convertido Ginny.—¿Qué quieres?

—Es Harry.—La pelirroja suspiró, desviando su mirada. Hermione suspiró también, esperando a que Ginny continuara hablando pero el silencio de la chica se hacía cada vez más y más insoportable. ¿Para esto la había despertado?

—¿Y?—Se estaba enfadando. No es que no le importaran los problemas de su amiga, pero ella tenía los suyos propios y bastante gordos, por cierto.—Gin, ese tema lo hemos hablado tantas veces que ha perdido completamente el significado.

—Tú no lo entiendes, Hermione.—Se quejó la otra. Hermione decidió armarse de paciencia.—Él... Bueno, desde que estoy saliendo con Blaise se porta conmigo mejor que nunca y... Yo ya no sé qué pensar...

—Lo mejor es que no pienses nada.—Vio que Ginny iba a contestar, pero la acalló con un gesto de su mano.—Mira, Harry no sabe lo que quiere, pero por lo que veo tú tampoco lo tienes demasiado claro, Gin... Creo que deberías meditarlo con calma y acordarte de todos esos desplantes de Harry antes de tomar ninguna decisión precipitada.

—¿Me estás diciendo que me olvide de él y que siga con Blaise? —Ginny levantó una ceja incrédula.—Creía que odiabas a Blaise.

—Y le sigo odiando, no te creas.—Se defendió ella.—Aquí el problema no es un neo-pijo ególatra con aires de grandeza, sino Harry y tú. Míralo de este modo Ginny, ni él está preparado para dejar de hacerte daño ni tú estás preparada para aguantarlo.

—Sí... Es verdad.—La pelirroja se quedó callada un momento, rumiando las palabras de su amiga. A Hermione se le había pasado todo el sueño que tenía.—Pero, ¿sabes qué? Estoy realmente harta de Blaise. No me gusta que coqueteé con todas delante de mis narices.

Y una sonrisa enorme y traviesa cruzó su rostro. Hermione sonrió también, por lo menos una de las dos empezaba a tener las cosas algo claras... Aunque fuera Ginny y no ella.

La pelirroja le dio las buenas noches, la arropó con las sábanas pese a todos los intentos de Hermione por que no lo hiciera y salió de la habitación apagando todas las velas.

Una vez sola de nuevo, con el nivel de angustia considerablemente más bajo que media hora atrás, Hermione fue incapaz de dormir hasta pasadas unas cuantas horas.

A la mañana siguiente despertó hecha una furia. Y no precisamente porque se le hubieran pegado las sábanas, ni porque se le hubiera terminado el agua caliente en plena ducha matutina. No, Hermione esa mañana se había duchado con agua fría.

Un retazo de su sueño era lo que la mantenía en ese estado de "Alerta Permanente" y tensión casi dolorosa. Ya sabía que estaba enamorada de Snape, lo había aceptado sumisamente como una parte de ella que no podía eliminar y había decidido seguir con su vida como si nada de eso ocurriera.

Pero... ¿Un sueño erótico con Snape? Eso ya era el colmo.

Dos alumnos de primero se apartaron de su camino asustados cuando bajó apresuradamente al Gran Comedor para el desayuno. Lo peor del asunto no había sido el perturbador sueño en sí, sino la preocupante sensación que aun tenía de haberlo disfrutado... Y de desear más.

No podía soportar la idea.

Se preparó mentalmente para el castigo de esa tarde y de los que aun le quedaban por cumplir; presentía que serían la prueba más dura que hubiera tenido que superar en toda su vida.

Y esperaba, por el propio bien de su expediente académico, poder superarla.


Hola! Sip, he tardado una eternidad y media en actualizar, no me miréis así, lo se perfectamente y solo puedo pediros disculpas por la demora y esperar que vosotros me perdonéis. Sé que es difícil con todo lo que he tardado, y no puedo prometeros que no volverá a suceder, como siempre, pero sí puedo prometeros que terminaré el fic, de eso podéis estar seguros!

Quiero agradecer sus comentarios a todos los que me han brindado su apoyo en el capítulo anterior, perdonad que no os conteste, pero todas y cada una de vuestras palabras me han llegado... Y me han confortado horrores. GRACIAS!

MaferPotter, Ladykittynyu, Luna-maga, Maring, Eileen Prince Snape, Laura, Ayra16, DanySnape, Lunnaris, Tercy_S_S=cloe, Ginebra, Tildita, Hannah Abbott GHRS.

Mil gracias gente!!

Un beso, no se cuando actualizaré, pero estad seguros de que lo haré (aunque espero no tardar meses)!!

Neran.