Capitulo 11
5:00 AM, orfanato "El Rayo de Esperanza":
Jet se veía corriendo desesperadamente por un campo oscuro y tenebroso. El aire parecía espeso como el alquitrán, y a pesar de sus poderes, se movía muy lentamente. El latido de su corazón era acelerado, movido por el pánico y el terror de la figura situada a su espalda. No se atrevía a girarse, consciente de que aquella cosa seguía tras sus pasos. No tenía a donde huir, ni con que defenderse. Lo único que podía hacer…era correr.
Un breve vistazo de reojo a su espalda provocó la confusión de Jet. No había…nadie.
¿De qué estaba huyendo? No había nada ni nadie persiguiéndole. Entonces… ¿por qué había sentido como si ese fuera el caso? No lo entendía…
Un fuerte y creciente temblor de tierra marcó la llegada de una enorme garra blanca que, surgiendo de debajo de Jet, lo aprisionó en su férreo agarre antes de que el joven considerara siquiera apartarse.
Preso de la mano de aquel monstruo, Jet solo podía retorcerse de dolor ante la creciente presión mientras veía a aquel ser surgir poco a poco de su agujero. Un largo y deformado brazo blanco mantenía la garra en el aire, mientras poco a poco el resto del cuerpo se iba haciendo cada vez más visible. Era un monstruo enorme, similar al Groyl falso que Jet enfrentó en su Prueba del Aspirante, solo que aquella cosa no era Groyl.
Era…era…
-Hola…-dijo aquel monstruoso ser con su cara. Su pelo serpenteaba como hecho por un millar de serpientes, sus ojos eran pozos de alquitrán goteantes y su boca parecía contener una abultada colección de dientes como agujas-…, hijo de Selene…
Aquel monstruo siguió apretando cada vez más y más a Jet. Su cuerpo empezó a crujir de la inmensa presión que aquella pálida mano ejercía sobre él. Su respiración se cortó cuando su pecho fue incapaz de expandirse a causa de la fuerza de aquel monstruo. Sus huesos amenazaban con romperse en cualquier momento.
-No puedes…huir… ¡A TU DESTINO!
La garra aumentó de tamaño, enterrando a Jet en sus profundidades mientras aquella tremenda presión amenazaba con convertirlo en un amasijo de carne y sangre. Jet sentía…sentía…
...
Jet abrió los ojos. El familiar techo del orfanato fue lo primero que vio al despertar. Lo segundo que vio fue una familiar cabellera negra con mechones rubios…acompañada de otras tantas cabelleras de menor tamaño. Jet se había despertado…pero la presión seguía ahí, estrujándole y dificultándole el respirar.
Se encontraba metido en su cama, y al parecer no era el único ocupante de esta. A su lado se encontraba Miriana, cubierta con una manta, mientras dormía con su cabeza apoyada en el hombro de Jet. Sobre el resto de su cuerpo se encontraban sus muchos hermanos y hermanas, salvo uno o dos que habían tomado a Miriana como almohada, todos amontonados los unos sobre los otros mientras respiraban apaciblemente como una manada de hámsteres que dormían plácidamente. El único que no podía, Jet, se estaba quedando sin aire por momentos. Ni siquiera se preguntó en qué momento habían ido todos a asaltar su cama.
El tema de la asfixia era prioritario.
Agitando el hombro delicadamente, consiguió despertar lo bastante a Miriana para que esta abriera los ojos, si bien aún parecía algo somnolienta. Los ojos entrecerrados de la joven se fijaron en los de Jet, que con la cabeza señaló la pequeña montaña de niños que dormían sobre su cuerpo y con la boca le pidió ayuda. Sonriendo, Miriana se limitó a besar a Jet en la frente y se volvió a acomodar sobre su hombro. A pesar de las protestas silenciosas y los susurros de ayuda de Jet, Miriana pronto se volvió a dormir.
Jet suspiró, apoyando la cabeza en la almohada. Sí, parecía que ese iba a ser uno de "esos" días…
Mientras tanto, en otro lugar:
Las calles de Piltover permanecían oscurecidas por las sombras nocturnas previas a la llegada del amanecer, únicamente combatidas por las farolas que interrumpían su sombrío dominio a intervalos más o menos iguales a lo largo de las silenciosas avenidas. Nadie se encontraba en ellas más que algún que otro grupo de trabajadores que, desperezando sus ojos y bostezando, se dirigían a sus trabajos bien temprano en las fábricas o en otros servicios de la ciudad. Las factorías, aún apagadas, no emitían sus características nubes al cielo; y los muchos establecimientos, fríos y ensombrecidos, parecían reposar a la espera de que sus ocupantes fueran y abrieran sus puertas, encendieran sus luces, y dieran inicio de manera oficial a una nueva jornada de trabajo.
Dos sombras, parecidas a las de los trabajadores que avanzaban por las calles, se movían con intereses muy diferentes a los de los demás. Cubiertos con ropas similares a las del resto de transeúntes, idénticos monos de trabajo azules con gorras ajadas a juego, permanecían ocultos por las sombras de los oscuros pasajes mientras proseguían su camino hacia su destino. Al cabo de unos minutos, este ser reveló como un viejo restaurante largo tiempo olvidado, con las ventanas rotas y pobremente cubiertas con tablones, una puerta medio abierta, y una fachada desprovista de pintura, decoraciones y lustre por el paso de los años, la lluvia y el largo abandono. Tras comprobar que nadie les hubiera seguido, los dos misteriosos hombres se adentraron en el edificio.
El interior estaba polvoriento y, de ser posible, en peor estado que el exterior. Grandes cantidades de restos y desechos cubrían suelo lleno de polvo, que amortiguaba cada uno de los pasos de los hombres a medida que avanzaban por las sombras del local. Las mesas repartidas por el espacioso local presentaban una capa de polvo de un dedo de espesor, y muchas de las lámparas y luces del local se habían caído al suelo de sus puestos anteriores en las paredes o el techo. Solo la tenue luz de las farolas que se colaba por los resquicios entre las tablas de las ventanas aportaba algo de luz al interior del restaurante, lo justo y necesario para que la pareja de intrusos avanzara sin chocarse con nada. Algunas columnas de madera mantenían firme el techo repleto de vigas sobre sus cabezas, aunque las muchas arañas del local parecían haber reclamado hacía ya mucho tiempo aquel espacio a juzgar por la ingente cantidad de telarañas que había allí. A la izquierda del local, olvidada y desprovista de botellas, se podía ver la antigua barra del restaurante, donde antaño debieron de servirse cocteles y bebidas de todo tipo a los sedientos clientes. A la derecha, se podía ver un pequeño escenario con el ajado y viejo telón aún echado, como si en cualquier momento fuera a empezar una representación.
Ambos miraban a los oscuros rincones del restaurante como si buscaran algo, o más concretamente, a alguien. Si la información del cliente era verídica, su contacto debía de encontrarse con ellos en aquel mismo lugar…pero allí no había nadie. La pareja, situada en el centro del restaurante, se miraron a los ojos como si con aquel breve instante de contacto ambos pudieran tener una conversación, y aparentemente así fue, ya que sin mediar palabra uno de ellos dio un paso al frente, y se quitó la gorra. Con una mano se frotó la mata de pelo castaño que ocupaba la cima de su cabeza, y miró arqueando una ceja al vacío. Una pequeña nota situada en el suelo llamó su atención, curiosamente pulcra y sin rastros de polvo en ella. La palabra "léeme", burdamente escrita, se encontraba a modo de título.
-"Por favor…"-leyó, medio suspirando, como si no le apasionara mucho lo que estuviera haciendo-"…, que alguien me llene el cuerpo de plomo".
-Bueno, si insistes…-dijo una voz de repente desde el lado del escenario, llamando la atención de la pareja al no haber localizado al dueño o dueña de aquella aguda voz. No bien cesaron las palabras de la inadvertida tercera persona, una oleada de balas empezó a recorrer la totalidad del restaurante, destrozando mesas y astillando la madera de los pilares y las paredes.
En cuanto empezaron los disparos, la pareja de intrusos corrió a parapetarse tras la barra, agachando la cabeza mientras varios agujeros se formaban a su alrededor a medida que los proyectiles atravesaban su defensa. Apretando los dientes por tan brusco recibimiento, se estiraron en el suelo para aumentar sus posibilidades de supervivencia, cubriéndose con ambas manos mientras a su alrededor caían los restos del restaurante a medida que las balas que brotaban del cada vez más agujereado telón lo destrozaban. A pesar del estruendo, ambos creyeron oir el eco de una siniestra risa que acompañaba el sonido de los disparos.
Pasado un minuto, los disparos cesaron, y el único sonido que reinó en el maltratado restaurante fue el de los escombros acabando de caer al suelo. Una vez estuvo claro que los disparos no iban a volver a empezar, la pareja de intrusos se levantó de su puesto y ojeó con precaución por encima de la agujereada barra en dirección al escenario.
En él se podía ver una figura que, sentada sobre un anticuado taburete, parecía reír dichosa ante la visión de la destrucción del abandonado establecimiento. A su lado parecía haber alguien más, pero las sombras dificultaban su identificación.
-¡Eh! ¿Por qué os habéis escondido?-preguntó la figura del taburete, una mujer a juzgar por el tono de su voz-. Creí que queríais que os llenara el cuerpo de plomo.
-Lo has entendido mal-respondió la otra figura con una voz…bastante peculiar. Sonaba falsa, como si quien fuera que intentaba hablar estuviera intentando enmascarar su tono de voz, aunque a juzgar por cómo sonaba también parecía corresponder a una mujer. Además, sonaba bastante similar a la primera voz-. No era una petición. Más bien era la señal acordada para saber que…
-¡Agh, me aburres!-exclamó la mujer del taburete, agitando las piernas despreocupadamente-. ¡Me aburres, me aburres, me aburres…!-empezó a canturrear la primera voz. Como no parecía que se fuera a poner a disparar otra vez, los dos recién llegados saltaron al otro lado de la barra y se acercaron al escenario.
-Una bienvenida…
-…ciertamente…
-…poco ortodoxa-comentaron alternándose, dejando para nada claro si estaban hablando entre ellos o con las personas del escenario. Su voz era suave y susurrante-. ¿Entonces…?
-¿…debemos suponer…?
-¿…que sois el enlace?
-…vale, primero de todo, no hagáis eso. Me estáis poniendo los pelos de punta-dijo la mujer del taburete-. En serio, parece que os falte un tornillo o algo.
-Le dijo la sartén al cazo-respondió la segunda voz, a lo que la primera respondió golpeando con el codo el cuerpo de quien había hablado. Curiosamente, el sonido reverberó como el metal.
-¡Tú a callar, cara de hojalata!-le espetó la mujer del taburete. La pareja de recién llegados se limitó a observar el curioso espectáculo con idénticos gestos imperturbables y cejas arqueadas-. Déjame los negocios a mí, que para algo soy el cerebro del equipo.
-Pues estamos apañados…-se limitó a comentar la segunda voz, ganándose una patada por parte de la mujer del taburete. Su cuerpo cayó recto sobre el escenario, y al chocar sonó a metal. Los espectadores de aquel curioso número cómico empezaron a dudar de su anterior teoría sobre la segunda persona… si es que realmente era una persona.
-¡Cierra el pico, o te volveré a usar para desatascar el váter!-le amenazó al mujer, y lo que fuera que hubiera estado antes hablando con ella optó por permanecer callado. Aparentemente satisfecha, la mujer se giró hacia sus invitados-. Disculpad lo de antes. Mi compañero a veces olvida quien de los tres está al mando-comentó, mirando de soslayo al cuerpo caído. Si a los recién llegados les extrañó lo de "los tres", no lo hicieron perceptible.
-¿Conoce la misión?-dijo uno de los hombres. La mujer se limitó a balancearse como un niño pequeño sobre el taburete.
-Sí, sí, tú tranquilo… Sé bien lo que tengo que hacer, no soy una novata precisamente.
-Recuerde…
-…, no pueden…
-…haber errores. El fracaso…
-…será duramente…
-…castigado-dijo la pareja de hombres, aunque a juzgar por el suspiro de la mujer no parecía haber causado efecto alguno en ella.
-¡Vaya!... ¿en serio?... Yo creí…que si fallaba… me iban…a invitar… a un helado-dijo sarcástica ella, imitando su forma de hablar. Una vez más, la pareja de aludidos permaneció inexpresiva ante las palabras de la joven.
-Recibirá un mensaje cuando llegue la hora de actuar. Hasta entonces, no se pondrá en contacto con nosotros-dijo uno de los dos hombres.
-Recuerde no dejarse ver hasta que llegue el momento. No nos conviene atraer atención indeseada-dijo el otro.
-¡Anda, ¿ahora habláis bien?!-exclamó la joven-. Puedo ser discreta si quiero…y generalmente no quiero, pero supongo que me aguantaré. Vosotros aseguraos de pagarme bien y mucho, y de hablarle de todo esto luego a vuestro jefe. ¡Fijo que así me regalará algo bonito por Navidad!
-Cumpla su parte…
-…y el jefe…-empezaron a decir los hombres retomando su anterior forma de hablar, pero fueron rápidamente interrumpidos.
-¡Eh, eh eh eh eh! ¡Vale, no empecemos de nuevo, no hace falta que sigáis! Ya podéis iros…-dijo la mujer, medio invitándolos a irse y medio echándolos-. ¡Venga, vamos, fuera de aquí! La señorita aquí presente necesita algo de intimidad, por si no os habíais fijado.
Tan silenciosos e impasibles como habían llegado, la pareja de hombres empezaron a dirigirse hacia la puerta, sin dejar en ningún momento de seguir con la mirada a la lunática que los despedía con la mano por si le daba por dispararles de nuevo. Una vez atravesaron las puertas del restaurante, se alejaron rápidamente por los callejones de la ciudad.
En el ahora silencioso restaurante, la mujer del taburete dio un salto desde su asiento y se plantificó con ambos pies sobre los anticuados tablones del escenario. Sus gruesas botas hacían que cada paso resonara a medida que se dirigía al agujereado telón y, agarrándolo con una mano, tiró de él hasta que cayó finalmente al suelo, rompiéndose la barra que lo sostenía al techo. La parte de atrás del escenario se encontraba plagada de casquillos de bala, acompañados solo por una gigantesca ametralladora giratoria y el cuerpo de un hombre que, maniatado y amordazado, se revolvía como un loco mientras permanecía fijamente sujeto contra la pared. La mujer sonrió al verlo.
-En fin, parece que tenía yo razón…-comentó la mujer-. ¡Menudo trabajo que me has hecho conseguir, amiguito!
-¿Ves? Te dije que valía la pena seguirle hasta aquí-comentó de nuevo aquella voz distorsionada, provocando que la mujer se diera la vuelta hacia el descartado tubo de antes.
-¿Qué tú me lo dijiste? No es así como yo lo recuerdo. Más bien era yo, quien tan astutamente propuso de seguir a este tipo hasta aquí y romperle los dedos uno a uno hasta que cantara, mientras tú seguías siendo tan estúpido e idiota como siempre.
-…eso me ofende.
-¡Me importa un bledo si te ofende!-exclamó la mujer, agarrando el tubo y colocándoselo en el hombro. Uno de los extremos apuntaba ahora al hombre de la pared, que al verse en el camino de aquella desquiciada empezó a agitarse tratando de liberarse-. Ahora, haz tu trabajo. Tenemos un cabo suelto del que ocuparnos… ¡Sonríe al pajarito~!
Con una sonrisa, la mujer apretó un gatillo, y con un estallido de fuego y humo un enorme proyectil salió de la boca de aquel tubo, similar a un gigantesco tiburón. El proyectil se dirigió como una exhalación hacia el aterrado prisionero, que lloroso solo pudo contemplar como aquella cosa con una sonrisa dibujada lo hacía volar en mil pedazos. La detonación arrasó por completo la pared del restaurante, iluminando momentáneamente el delgado cuerpo de la mujer, sus dos largas coletas de azulados cabellos, y sus ojos rosados que miraban con macabro deleite el agujero donde hasta hacia unos instantes había habido un hombre.
-¡HAHAHAHAHA!-rió la mujer, doblándose de la risa mientras a su alrededor el restaurante crujía y empezaba a ceder. Tranquilamente, dándole vueltas a una de sus coletas, la mujer recogió la ametralladora y salió por el agujero que acababa de formar. En cuanto salió del restaurante, este acabó de desplomarse a sus espaldas, levantando una nube de polvo que oculto su salida del establecimiento-. Seguro que me lo voy a pasar muy, muy…bien.
Al día siguiente:
Por extraño que pudiera parecer, Jet consiguió sobrevivir a la invasión de sus hermanos y hermanas, aunque durante todo el desayuno se le vio bastante cansado, como si apenas hubiera podido pegar ojo en toda la noche. Entre risas y exclamaciones, sus pequeños casi asesinos comentaban las batallas que Jet libró el día anterior, imitando algunos de los momentos más memorables mientras discutían sobre lo asombroso que había sido, o si uno había estado más asustado de lo que aseguraba el otro ante la visión de Jet batallando en los Campos de la Justicia. Hazel, café en mano, se aseguraba que los pequeños no solo hablaran y también desayunaran, siempre vigilando que no se mancharan en exceso y que la comida acabara en sus bocas y no en su ropa o el suelo. A un lado, junto a Jet, se encontraba Miriana, dando pequeños sorbos a una taza de té mientras contemplaba curiosa lo animado que estaba el orfanato aquella mañana.
-Menuda energía. ¿Siempre es así?-preguntó a Jet, quien al igual que Hazel bebía de su taza mientras procuraba que los niños de su lado no lo mancharan de leche.
-Oh, no te creas. Hoy están tranquilos-se limitó a responder Jet, apartándose del camino de una cuchara que salió volando de la mano de uno de los niños de enfrente-. Deberías ver cómo se ponen cuando Hazel hace tortitas para desayunar.
-Entiendo. Cambiando de tema, ¿tienes algún plan para hoy?
-Pues…-dijo Jet, reflexionando-. Creo que hoy no me toca pelear, y a no ser que me llame la sheriff Caitlyn por la radio… No, diría que tengo la agenda libre-determinó Jet, mirando a Miriana mientras se llevaba la taza a los labios.
-Bien. En ese caso, ¿te parece que vayamos tú y yo a hacer algo esta tarde por la ciudad?
-¿Algo por la ciudad?-preguntó divertido Jet, arqueando una ceja-. ¿Negocios, o placer?
-Un poco de ambos, supongo-comentó Miriana, sonriendo del mismo modo-. No será nada malo o inmoral, te lo prometo. No querría que, ahora que eres un respetado Campeón de la Liga, te relacionaran con una vulgar ladrona como yo-dijo Miriana en plan broma. Jet le rió la gracia entre dientes.
-Por eso no hace falta que te preocupes. Mi reputación no es lo que se dice muy brillante, aparte que a estas alturas dudo mucho que me fueran a expulsar por dejarme ver con peligrosas aunque bellas ladronas.
-Vaya, vaya… Te veo muy seguro de tu afirmación. ¿Es que acaso frecuentas la compañía de bellas ladronas?
-Solo si además de bellas son peligrosas-enfatizó Jet, dejando caer esa frase como si nada-. O si, en su defecto, me dejan tirado en una situación de vida o muerte.
-Hmm… Me pregunto si puede haber una mujer así en la ciudad-comentó Miriana, fingiendo preocuparse-. ¿Debería andarme con ojo, cuando salga por ahí a trabajar?
-¿Qué pasa? ¿Te asusta un poco de competencia?
-No…-dijo Miriana, sonriendo con picardía, y mirando a Jet a un palmo de su cara-…, porque sé que soy la mejor de todas.
-Eso…no te lo discuto-respondió Jet del mismo modo.
-Ejem…-dijo alguien a sus espaldas, sacando a Jet y a Miriana de cual fuera la burbuja en la que ambos se habían metido.
El silencio se había hecho en la mesa sin que ellos se dieran cuenta. Todos los niños y niñas allí presentes los miraban con sonrisas en sus rostros, y algunos ocultando sus risitas con las manos mientras miraban divertidos al par de bobalicones que eran ellos dos. Hazel, a su lado, los miraba entre divertida y estricta con su café en la mano.
-Si los dos habéis acabado ya de coquetear, ¿podríais ayudarme a recoger? Los pequeños tienen que estudiar-comentó casualmente Hazel. Las mejillas de Jet y Miriana enrojecieron ligeramente cuando, todos a una, las risitas de los niños y niñas testigos se mostraron con mayor intensidad.
-Ains…-suspiró Jet-…definitivamente, hoy va a ser uno de esos días…-Levantándose de la mesa, empezó a recoger los restos del desayuno mientras sus pequeños hermanos y hermanas cogían sus platos y vasos y los llevaban a la cocina. Con la ayuda de Miriana y Hazel, Jet recogió la mesa y barrieron los restos del suelo.
Mientras llevaba un bol cargado de fruta a la cocina, Miriana se le acercó para informarle de que ella se tenía que ir ya. Tras acordar de verse después de comer, Miriana agarró una manzana del bol, le dio un beso rápido a Jet en la mejilla, y se dirigió tranquilamente a la puerta del orfanato.
-Es una buena chica-comentó Hazel, apareciendo a su lado, mientras ambos la veían marcharse.
-¿Buena? Te recuerdo que es una ladrona-comentó divertido Jet. Hazel, sonriendo, le dio un coscorrón en la cabeza.
-Genial. Entonces es perfecta para ti-dijo, mientras Miriana cerraba la puerta tras de sí-. Parecéis hechos el uno para el otro-le dijo a Jet mientras se alejaba de allí en dirección al centro del orfanato. Los pequeños tenían clase con ella por la mañana hasta la hora de comer, y Jet tendría que encargarse de las tareas del orfanato mientras tanto. Limpiar, hacer la compra, echar las cuentas, arreglar desperfectos…
Jet suspiró.
-En fin… A trabajar.
Ese mismo día, por la tarde:
-Miriana… ¿Estás segura de que no me has arrastrado aquí por trabajo?-preguntó Jet, mirando a Miriana con la ceja arqueada.
-Ya te he dicho que no. ¿Qué te hace pensar lo contrario?
-Ah, pues no se…-comentó Jet, mirando a su alrededor-… ¿Tal vez el hecho de que estamos colándonos en la mansión de alguien?
Miriana, con medio cuerpo ya en el interior de la mansión y el otro medio colgando de la ventana, miró a Jet con gesto inocente, como si no le hubiera escuchado bien. Suspirando, Jet se preguntó cómo demonios se habían metido en semejante berenjenal.
Fiel a su palabra, Miriana había ido a buscar a Jet al orfanato para esa cita de la que habían hablado durante el desayuno. El ver a Miriana con su habitual capa de retales y la capucha echada escamó un poco a Jet, que sin embargo no hizo preguntas y se limitó a acompañar a Miriana en su camino por la ciudad.
A medida que avanzaban por Bajo Piltover, Jet no pudo evitar fijarse en que las calles parecían algo más llenas que en el pasado, con muchos más puestos y edificios abiertos que hacía unas semanas. Aún había numerosos desperfectos y había muchas viviendas que estaban necesitadas de un arreglo, pero parecía que la cosa se había puesto por fin en marcha en aquellos viejos barrios. Más de un transeúnte, al reconocerlo, lo saludó o gritó su nombre en alto, provocando que acabara por llamar más atención de la esperada y que tuviera que devolver algún que otro saludo al pasar. A Miriana parecía no molestarle, optando por dejar que Jet saludara a sus fans mientras este hacía cuanto podía porque no lo retuvieran demasiado tiempo en la calle. Se le hacía extraño que, de golpe y porrazo, hubiera tanta gente que se supiera su nombre, nada raro considerando que había entrado en la Liga de Leyendas, pero todavía no se había acostumbrado. Le estrecharon la mano, palmearon su espalda, e incluso recibió uno o dos abrazos por parte de algunos niños y niñas especialmente entusiasmados, quienes seguramente nunca antes se habían topado con un Campeón en persona. Miriana había bromeado sobre su recién adquirida popularidad, encontrando especialmente tierno el que Jet se hubiera puesto rojo por la atención recibida, y provocando que un avergonzado Jet empezara a caminar a pasos alargados mientras ella reía y corría para mantenerse a su altura.
Después de salir de los barrios bajos, Miriana llevó a Jet a la parte de Alto Piltover, negándose por el momento a responder a ninguna de las preguntas que le fue haciendo el joven piltoviano como qué estaban haciendo allí, qué se proponía, o por qué parecía vestir su ropa de faena si le había prometido antes que no iba a "trabajar". Arguyendo que no quería estropearle la sorpresa, Miriana se había limitado a seguir avanzando.
Las calles y edificios de la ciudad fueron cambiando visiblemente de apariencia y estilo a medida que la pareja ascendía por las calles de la gigantesca urbe, con sus edificios pasando a semejar construcciones abstractas hechas de materiales cristalinos, sus calles asfaltadas y sin una sola grieta en toda su superficie, y con farolas de peculiar diseño futurista que distaban mucho de semejarse en lo más mínimo a la chatarra que usaban en los barrios más bajos. Las factorías quedaban lejos de allí, por lo que el aire era más respirable y el cielo parecía más despejado, permitiendo que los rayos de sol del atardecer se reflejaran sobre la pulida superficie de los edificios y los hiciera brillar como si de espejos se trataran. Por doquier se podían ver los numerosos adelantos científicos con los que la ciudad había llegado a ser considerada "la Ciudad del Progreso": escaleras mecánicas, vehículos autopropulsados que se movían silenciosamente a ras del suelo, peculiares aparatos de formas y funciones diversas que Jet no acabó de entender, entre otras tantas maravillas semejantes. Por un instante, Jet se preguntó qué pasaría si de repente le daba por liberar una onda de Energía A. ¿Explotaría todo? ¿Se pondrían a zumbar y parpadear como locos? ¿Cuánto se enfadaría la sheriff si se enteraba? Al final, valoró que lo mejor era no hacer nada, y siguió caminando.
Miriana y él se escabulleron pronto por los callejones secundarios de la ciudad, dado que debido a su peculiar aspecto nunca habrían conseguido perderse entre la multitud que en esos momentos deambulaba por las calles de Alto Piltover. Los trajes que esos hombres y mujeres vestían habrían podido, tal vez, servir para pagarle a alguien de los barrios más bajos un plato de comida caliente, o incluso dos o tres. Sus pasos eran decididos pero sin prisa, y caminaban con la cabeza bien alta y sin miedo, muy diferente al estilo de Bajo Piltover. Mientras Miriana destacaba por su peculiar capa de retales, las ropas gastadas de Jet y su postura desinteresada rápidamente lo habrían situado como un buscapleitos o cualquier otra clase de granuja que, al estar en una zona como aquella, lo más seguro fuera que no tramaba nada bueno. Dado que ninguno de los dos deseaba buscarse problemas allí, decidieron ir por los callejones mientras Jet se dejaba guiar por Miriana.
Finalmente, llegaron al lugar al que Miriana había querido ir. Se trataba de una gigantesca mansión con una forma bastante peculiar, ya que en vez de semejarse a una casa como las demás, esta parecía más una alargada torre negra con ventanales blancos que dibujaban extrañas figuras por toda su fachada. Cual flecha que pretendiera atravesar los cielos, parecía una gigantesca púa de cristal que hubiera brotado del suelo, rodeada por una enorme extensión de terreno ajardinado que parecía mentira que hubiera cabido en una ciudad tan repleta de edificios como era aquella. Claro estaba, el que tuviera su propia terraza kilométrica en el borde de la ciudad ayudaba bastante, permitiendo a la singular construcción el extenderse sobre el profundo barranco sin más miedo que la larga caída que sufriría cualquiera que intentara salir de aquel lugar por otro sitio que no fuera el puente que conectaba la plataforma con la puerta principal.
Y claro estaba, Miriana decidió que por ahí no iban a entrar.
Tras una larga y casi mortal escalada por los límites de la finca, Miriana había señalado a Jet un rincón en el muro que rodeaba la propiedad por el que accedieron a su interior, agazapados entre los arbustos y árboles allí plantados mientras vigilaban que nadie les hubiera visto entrar. Parecía que los pocos guardianes que se encargaban de vigilar el perímetro del complejo no habían reparado en su presencia, por lo que Miriana abrió el camino con seguridad y decisión. Jet había decidido guardar sus preguntas hasta estar completamente seguro de que Miriana realmente estuviera "trabajando", y en cuanto la vio entrando por una de las ventanas del edificio (ni siquiera había tenido que forzarla. Simplemente se había limitado a abrirla y saltar dentro), supuso que aquel era un momento tan bueno como cualquier otro.
En realidad, tal vez incluso hubiera esperado demasiado, pero eso ya no tenía remedio.
De esta manera, Jet se encontró a los pies de la singular torre mientras miraba un tanto suspicaz a Miriana, quien se limitó a sonreírle dulcemente desde su ubicación en el interior del edificio, mirándolo con un pequeño brillo de malicia en sus azulados ojos.
-¿Sabes? Me duele que no confíes en mí, Jet-dijo Miriana, apoyada tranquilamente en el alféizar de la ventana como si no acabara de atravesarla furtivamente. Cruzado de brazos, Jet no parecía dispuesto a dar su brazo a torcer-. ¡Pero si te he dicho la verdad! No estamos aquí por trabajo.
-Mm-hmm…-murmuró Jet, no del todo convencido-. Entonces… ¿debo suponer que cuando entremos en la casa no vas a coger nada que no sea tuyo?-Contra todo pronóstico, Miriana le respondió asintiendo con la cabeza. Jet había esperado que le respondiera con evasivas o que titubeara, pero no parecía el caso. ¿Y si decía la verdad?
-Tú confía en mí, ¿vale?-le pidió Miriana, estirando su mano a Jet. Este contempló su tranquilo semblante y la mano que esta le ofrecía durante unos segundos, antes de suspirar y tomar una decisión. Sentía que acabaría arrepintiéndose de su decisión, pero al final tomó la mano de Miriana y la siguió al interior de la casa.
Nada más entrar en los límites del edificio, Jet sintió como si atravesara una especie de velo que le revolvió el estómago en cuanto cruzó el marco de la ventana. Miriana parecía encontrarse bien, y puesto que su malestar apenas duró un instante, optó por ignorarlo y no se lo mencionó a su compañera. En su lugar, se dejó guiar por Miriana, quien aún lo tenía sujeto de la mano, al interior de la mansión que acababan de allanar.
Tal y como había supuesto desde el exterior, la mansión tenía un aspecto cilíndrico semejante al de una torre de vigilancia, si bien dicha torre presentaba un sinfín de habitaciones dispuestas aparentemente al azar por los diferentes pisos del edificio, además de unas kilométricas escaleras de caracol que los conectaban entre sí. Extrañas lámparas cristalinas brotaban de las paredes y arrojaban algo de luz al interior de la torre, el suelo de la cual era un enorme rellano con suelos pulidos de mármol en el que alcanzaron a ver a uno o dos mayordomos trajinando sabanas dobladas y demás telas de un lado para el otro. Por suerte, ningún trabajador se encontraba en esos momentos en las escaleras, por lo que la entrada de Miriana y Jet al edificio pasó totalmente desapercibida.
-Vamos, por aquí-dijo Miriana, agazapada junto a la pared, mientras ascendía velozmente por las escaleras. Jet hubiera preferido que le explicara con un poco más de detalle qué demonios pretendía que hicieran allí, o si sabía a donde se dirigía, pero parecía que alzar la voz quedaba totalmente descartado en aquel lugar. Resignado, Jet se limitó a seguir a Miriana mientras procuraba no hacer demasiado ruido.
La gigantesca escalera circular daba vueltas por el interior de la torre, extendiéndose cuan largo era el edificio y retrasando el avance de la pareja de furtivos intrusos. Pasaron frente a varias puertas y pasadizos que daban acceso a otras salas de la casa, pero Miriana parecía saber con certeza a donde iban, ya que en ningún momento dirigió su mirada a estos sitios más que para comprobar que nadie viniera por ellos y los descubriera. En un momento, una de las puertas que acababan de atravesar se abrió, y de ella surgió una criada cargada con una escoba que de haberse dado la vuelta los habría visto fácilmente. En su lugar, empezó a bajar por las escaleras sin prestarles la menos atención, por lo que Jet y Miriana decidieron aprovechar su descuido para seguir subiendo.
Mientras avanzaban, Jet no pudo evitar fijarse en la suntuosidad de aquel lugar. La escalera parecía adoquinada con exquisito mármol, y solo la alfombra que cubría sus peldaños evitaba que sus pasos hicieran el menor ruido al pisarlos. La barandilla brillaba como si estuviera hecha de cristal y acabaran de pulirla, destellante a la luz de las luces que ocupaban las paredes de la torre. Aún tenía que encontrar cuadro alguno que retratara el rostro del ocupante de aquella mansión, aunque sí que era cierto que había tenido ocasión de fijarse en varias de las costosas piezas expuestas en algunos de los pasillos frente a los cuales pasaron inadvertidos. Elegantes estatuas que parecían más vivas que el propio Jet, armaduras de todas las épocas y naciones, libros y textos expuestos por sus páginas más importantes, estandartes y escudos de armas… Había muchas obras expuestas por doquier, pero ni un solo cuadro, lo cual era bastante raro porque se imaginaba que alguien que poseyera un lugar como aquel debía de tener el dinero suficiente como para permitirse una obra o dos de las que presumir. Aun así, Jet tampoco intentó indagar más sobre el tema, más que nada porque tampoco tenía tiempo o interés en hacerlo. En lugar de ello, optó por seguir avanzando sigilosamente tras los pasos de Miriana.
La audaz ladrona y el aguerrido Campeón acabaron llegando al último piso de la torre, al final de las escaleras. Numerosos pasillos formaban una cuadrícula de barandillas y andamios sobre el hueco de la torre, con solo un modesto pasamanos de piedra evitando que sus ocupantes se precipitaran desde los casi 100 metros que debían de haber hasta el lejano suelo, dejando una generosa mancha de sangre que seguramente que el servicio no apreciara demasiado.
-Vamos, no te quedes atrás-le apremió Miriana, echando a andar por uno de esos caminos y adentrándose finalmente en la torre. Sin muchas ganas de ponerse a discutir, Jet la siguió en silencio.
Aquella zona de la torre parecía menos cuidada que las demás. No era que estuviera más sucia, sino que no parecía que estuviera pensada para que alguien importante pasara por allí. El aspecto era más sobrio y modesto, con sus suelos de piedra y sin obras decorativas que no fueran los cristales que aportaban luz al lugar, repartidos por las paredes del pasillo como si de antorchas en una mazmorra se trataran. A juzgar por la tranquilidad con la que Miriana avanzaban por el pasillo, estaba claro que no esperaba encontrarse a nadie por allí que pudiera descubrirlos. Otro detalle más que escamó a Jet.
Al final del pasillo solo encontraron una robusta puerta de madera, sencilla de aspecto aunque bastante bien cuidada.
-Muy bien… Jet, yo abriré la puerta. Tú vigila que no venga nadie, ¿vale?-dijo Miriana, arrodillándose junto a la cerradura.
Obediente, Jet se dio la vuelta y vigiló que nadie les hubiera estado siguiendo por el pasillo, cosa poco probable por dos razones: nadie les había visto subir por la escalera (y de haberlo hecho, lo último que habrían hecho hubiera sido seguirles. Antes habrían dado la alarma), y allí no había sitio alguno en el que pudieran esconderse sus inexistentes perseguidores. Así pues, Jet sospechó que Miriana simplemente no quería que le viera abrir la puerta, aunque seguía sin entender por qué. Tampoco pudo preguntárselo ni espiar, ya que pronto escuchó el característico sonido de una cerradura desbloqueándose, y al girarse vio a Miriana abriendo la puerta. No alcanzó a ver cómo lo había hecho, aunque debía reconocerle que había sido muy rápida.
Otra escalera, de piedra como todo en aquella parte de la torre, les salió al encuentro. Esta también giraba sobre sí misma, salvo que lo hacía en un ángulo mucho más cerrado, por lo que ascendieron rápidamente hasta el final.
Se encontraban en lo que solo podía describirse como un altillo, lo cual provocó que Jet tuviera un momento de lucidez en el cual realizó la más inteligente observación que jamás había hecho en su vida.
-… vaya, que altillo tan grande-dijo en voz alta, y casi pudo oír cómo Miriana hacía rodar sus ojos por su comentario.
Decir que aquello era un altillo tal vez fuera un tanto inexacto. Sí, se encontraban en la parte más alta de la mansión, y sí, allí había innumerables objetos tapados con blancas sábanas como si realmente estuvieran usando aquella sala como almacén. Sin embargo, era lo bastante grande como para que una vivienda familiar normal cupiera dentro, o por lo menos tan grande como todo el orfanato donde vivía Jet. Las paredes parecían inexistentes, como si fueran enormes ventanales sin nada que los separara del exterior, pero al tocar con la mano Jet descubrió que sí que había un cristal separándolos del mundo de fuera, tan pulido y delgado que a simple vista no había podido verlo. Los rayos de sol que cubrían la ciudad atravesaban esos huecos e iluminaban la gigantesca sala, revelando las montañas cubiertas por blancas sábanas como si de nieve se tratara que, a causa de las inmensas dimensiones del lugar, parecían pequeñas a pesar de su considerable tamaño. Cuales fueran los tesoros que ocultaran era algo que Jet desconocía, aunque se imaginaba que algo tendrían que ver con su presencia en aquel lugar.
Sin mediar palabra, Miriana había echado a andar por entre los altos montículos de objetos, sin destapar ninguno y sin detenerse un solo instante. Caminaba con seguridad, aunque sin prisa, como si se estuviera tomando su tiempo para apreciar alguna especie de belleza en todo aquello que Jet no alcanzaba a apreciar del mismo modo. Sin entender bien qué ocurría todavía, optó por seguirla en silencio, unos pasos por detrás.
Llevaba ya un buen rato preguntándose qué demonios habían ido a hacer allí, y la verdad era que las últimas acciones de su compañera no habían ayudado a disipar las dudas e inquietudes que su presencia en aquella mansión le suscitaban. Miriana le había asegurado que no habían ido a robar, ni se trataba de ningún trabajo. Así pues… ¿qué hacían allí? ¿A qué habían ido? ¿Cómo era que Miriana actuaba tan calmadamente en un lugar como aquel? Parecía conocerlo muy bien, o por lo menos lo había estudiado lo bastante como para caminar por sus pasillos con la absoluta certeza de que nadie les iba a sorprender con las manos en la masa. Tanta preparación solo podía significar que su presencia en aquella mansión no era un simple capricho que hubiera tenido Miriana, ni algo de última hora que le hubiera surgido sin previo aviso. Fuera lo que fuera lo que la ladrona pretendía hacer allí arriba, era lo bastante importante como para que ambos se hubieran colado en un lugar como aquel, donde seguramente no les haría mucha gracia que los pillaran entrando sin permiso. En Piltover, si la policía te pillaba entrando donde no debías, te metían en chirona hasta que la barba te llegaba hasta las rodillas, pero la cosa cambiaba radicalmente si encima te pillaban entrando en las casas de Alto Piltover. A ningún ricachón le hace mucha gracia que alguien entre furtivamente en sus mansiones, y si eras especialmente desafortunado y se pillaba un sádico a quien le importara más su vajilla de platino que la vida de un ser humano, podía llegar a pasar un muy mal rato. Con las conexiones suficientes, uno podía hacer que prácticamente le dieran carta blanca para dispensar su propia justicia según creyera, y había gente que tenía una imaginación terrible para esas cosas.
Por suerte, Jet había tenido siempre suerte en ese sentido. Las pocas veces que lo habían pillado, había podido salir del apuro con algunos moratones y un hueso roto. Conocía a gente (o más bien los había conocido) que no había tenido tanta suerte.
De todas formas, pensó al final Jet, tampoco era de los que gustaban de meterse en la vida de los demás e incomodarlos con preguntas que sabía que no estarían contentos de responderle. Entendía por las caras que ponía Miriana cuando esta creía que Jet no la veía que algo le rondaba la mente, algo muy diferente a la posibilidad de acabar metidos en un buen lio. Hubiera podido presionarla para que se lo contara, pero ya se había dejado arrastrar hasta allí, y sería una estupidez ponerse a hacer según qué preguntas dada su situación. Así pues, como ya estaba metido en la boca del lobo, decidió hacer caso a Miriana y confiar en ella. Tampoco era como si esta le fuera a traicionar, y si lo peor pasaba, siempre podía agarrarla y salir pitando de allí en lo que los guardias tardaran en parpadear. Cuando uno podía moverse a su velocidad, las preocupaciones adquirían nuevas e interesantes perspectivas que con sumo interés contemplaría si llegaba la ocasión.
Pero, por el momento, se dejaría llevar.
Así pues, en vez de seguir a Miriana como un perro seguiría a su amo, Jet optó por inspeccionar otras secciones del extraño altillo, dejando a su misteriosa compañera que siguiera su caminar tranquilamente.
Primero, Jet caminó hacia uno de los gigantescos ventanales y se tomó su tiempo para admirar las vistas de la ciudad. La localización de la mansión la hacía perfecta como torre de vigilancia, ya que desde donde estaban se podía ver todo a kilómetros a la redonda de la ciudad. La lejana urbe en la que se crio Jet se extendía como un mar de edificios bajos y sombríos que semejaban a las raíces retorcidas del enorme árbol que era Alto Piltover. Numerosas mansiones, talleres y centros de investigación se veían como las ramas que brotaban del núcleo central, expandiéndose y desafiando a la gravedad mientras sus brillantes cúpulas reflejaban la luz del sol y adquirían tonalidades semejantes a las del oro y la plata. El humo de las factorías subía por las altas chimeneas, uniéndose y formando una nube que pronto se disimulaba con las otras que plácidamente discurrían por el vasto cielo, casi como si de un puente entre el ilimitado horizonte celestial y el misterioso mundo de los hombres se tratara. Si forzaba la vista, Jet casi podía apreciar las formas y figuras de los miles de ciudadanos que ocupaban la ciudad, moviéndose por sus calles y puentes como organizadas hormigas que buscaran servir a su colonia, expandiéndola y manteniéndola con vida sin orden aparente.
Luego, aburrido de solo mirar la ciudad, comenzó a caminar por entre los grandes montículos de ordenados objetos, que con sus blancas sábanas cubriendo lo que había debajo, semejaban a largas y diversas sierras montañosas cubiertas de nieve recién caída. Este y aquel montículo llamó la atención del joven, que echó furtivos vistazos a ver qué secretos se escondían debajo cuando su curiosidad necesitaba ser saciada. Viejos juegos de cubertería y vajillas, muebles de elegante manufactura, piezas decorativas como armaduras de tiempos remotos y criaturas disecadas de las que solo había oído hablar en historias, montones de libros polvorientos cuyas cubiertas presentaban palabras que Jet no supo leer (ni reconocer en qué idioma podían estar escritos para empezar), baúles y armarios, cajas y más cajas… Parecía curioso que tantos objetos de lujo y tantas riquezas pudieran ser aparcados en un distante altillo como si no valieran nada. Uno solo de aquellos montículos valía más que todo el barrio en el que se crio Jet, y si vendía todo lo que había en el altillo, a Jet no le hubiera extrañado que le hubiera llegado para comprarse toda Bajo Piltover, y todavía le sobraría para chicles durante una buena temporada.
Sin embargo, había hecho una promesa, y pensaba cumplirla. No más líos, no si podía evitarlo. Robar a quien fuera el dueño de aquella torre tan solo podía causarle problemas en un futuro, y ni todo el dinero que pudiera sacar valdría nada si Hazel o Heimerdinger descubrían que había faltado a su palabra. Su bolsillo tendría que contentarse con el conocimiento y su curiosidad saciados como únicas recompensas que sacaría de allí ese día.
Curioseando, curioseando, Jet acabó por dar con la otra ocupante del altillo a parte de él. Arrodillada frente a uno de los montículos, Miriana había retirado la tela y expuesto la totalidad de los objetos que allí se encontraba, hurgando entre ellos como si buscara algo allí con urgencia. Al acercarse, Jet notó que la gran mayoría de cosas allí presentes eran principalmente cuadros y dibujos, imágenes enmarcadas de vivos colores que representaban diferentes lugares y personas. Vio escenas de batallas, hermosos paisajes, poderosas criaturas, e incluso uno o dos retratos que parecían haber sido dibujado cuidando al máximo los detalles, ya que a Jet no le hubiera sorprendido que alguien hubiera tomado aquellos cuadros por gastadas fotografías, tal era su nivel.
-No te tenía por una amante del arte-comentó Jet, apoyándose en una columna cercana. Si Miriana le oyó o no, eso él no lo pudo saber a simple vista, ya que la joven ladrona siguió rebuscando en el montón de cuadros sin alzar la mirada. En vez de repetir su comentario, Jet la dejó hacer mientras examinaba sus facciones, tratando de adivinar qué le podía estar rondando por la cabeza en esos momentos.
Fuera lo que fuera que estuviera buscando, estaba claro que no era una obra de arte cualquiera. Sus ojos repasaban con apenas un vistazo la pintura antes de que sus dedos la apartaran y revelaran el siguiente lienzo, más rápido de lo que lo haría alguien que simplemente se hubiera decidido a rebuscar allí para ver qué había. Su semblante serio parecía muy centrado, como si hubiera algo más en aquella simple tarea que Jet no alcanzaba a comprender. No era que simplemente estuviera apartando cuadros de su vista. Algo en su cara parecía cambiar cada vez que una nueva imagen aparecía, casi como si la mera visión de aquellas telas pintadas la hicieran sentir algo que a duras penas conseguía disimular al pasar rápidamente a la siguiente, escamando más si cabía a Jet, quien se decidió a preguntarle una vez todo se hubiera solucionado.
Por el momento, pero, no presionaría a Miriana. No estaba seguro, pero algo le decía que aquello era más importante para ella de lo que parecía. Por respeto, esperó a que fuera ella quien le hablara.
No tuvo que esperar demasiado.
-Dime…-dijo Miriana, sin despegar su mirada del montón de cuadros. Luego, con una mano, apartó uno y se lo tendió a Jet-…¿qué opinas de esto?
-Hmmm…-murmuro Jet, sin acabar de entender qué esperaba de él. Tomando el cuadro, se dispuso a examinarlo para así tratar de comprender qué sucedía. Se trataba de un singular dibujo de lo que supuso debía de ser Piltover al anochecer, con su figura oscura recortada contra un fondo azul nocturno en el que destacaban solo la Luna, las estrellas, y las infinitas luces de la urbe. Sus formas eran un poco difusas, al tratarse (supuso Jet) de una acuarela, pero no estaban del todo mal-. Bueno, yo no soy un entendido, pero debo decir que no está mal. No es algo que colgaría de mi cuarto, pero me gusta, supongo.
-Ya… ¿Y este?-preguntó, tendiéndole otro. Jet, dejando a un lado la acuarela, tomó el segundo cuadro y repitió su examen. Se trataba de un pequeño retrato, una simple representación de una persona que llegaba hasta su pecho, brevemente coloreada y pincelada. La persona, un hombre barbudo de rasgos ensombrecidos, había sido dibujada con bastante detalle, si bien a la hora de repasar parecía que el artista lo había dejado, ya que las pocas capas de pintura que había no habían podido ocultar del todo los trazos de lápiz de debajo-. Hmmm… No lo sé. Está un poco a medias, ¿no crees? Aunque debo reconocer que me gusta la expresión que tiene este tipo en el dibujo. Realmente parece que te esté…
-Ahora este-le interrumpió Miriana, tendiéndole un tercer cuadro. Sin llegar a soltar el retrato, Jet tomó el lienzo y lo examinó. Cual fuera su opinión al respecto murió en su garganta al examinar la tela. Una escena harto cuotidiana, de un grupo de jóvenes tomando el té y charlando bajo un porche, con todos sus detalles y en vivo color. Sería una escena muy típica, de no ser porque las cabezas de las personas presentes parecían haber sido sustituidas por poros, graciosas criaturas de grueso pelaje blanco que con sus relucientes sonrisas y brillantes ojillos negros descolocaron a Jet al no esperar semejante visión-. ¿Qué te parece?
-…¿con sinceridad?
-Eso siempre.
-…no creo ser la persona más indicada para valorar esta…pieza-determino Jet, dejando ambos cuadros junto al primero. Miriana, siguiendo con su tarea, siguió rebuscando entre el montón de cuadros-. ¿Todo esto tiene algún sentido?
-Mm-hm.
-¿En serio? ¿Cuál?
-Darte algo con lo que distraerte mientras yo termino por aquí-dijo como si tal cosa, apartando un par más de cuadros. La cara impasible de Jet casi habría resultado cómica, de no haber sido ignorada por la única persona presente en la sala aparte de él.
Quiso replicarle, quejarse, decirle cualquier cosa, pero se vio interrumpido una vez más. Alzando un pequeño cuadro en el que casi ni había reparado hasta que Miriana lo sacó del montón, esta lo metió en el interior de su capa y se puso de pie.
-Vale, ya estamos-declaró-. Ahora, salgamos de aquí antes de que nos…
-Un momento-la detuvo Jet, tomándola por el brazo-. Antes de nada, creo que me debes una explicación. Me dices que no venimos a robar, y ahora te marchas con un cuadro… ¿Exactamente qué está pasando?
-Jet, por favor…-dijo Miriana, mirándole a los ojos-. ¿Qué te dije antes de entrar aquí?
-…"confía en mí".
-Exacto-dijo la joven, posando su mano libre sobre la de Jet. El contacto de sus dedos sobre los suyos ayudó a que Jet se relajara, liberando a Miriana-. Mira… Ahora no porque en serio tenemos que irnos, pero cuando estemos a salvo, te prometo que te diré por qué hemos venido aquí hoy, ¿vale?
Jet tenía razones para sospechar. Le había arrastrado hasta aquella torre, obligándolo a avanzar sin darle la menor explicación, solo para toparse con que tal vez lo hubiera engañado para que la ayudara a robar. Sin embargo, al fijar sus ojos en los suyos, la voluntad de Jet flaqueó un instante bajo el peso de su mirada. Los ojos de Miriana siempre habían reflejado muchas cosas: suspicacia, inteligencia, pasión, interés… En esos momentos, Jet pudo ver claramente en sus ojos un ferviente deseo, un deseo de que él confiara en ella, que se fiara de su palabra y que confiara en que le decía la verdad. Si antes había supuesto que aquello era importante para ella, entonces claramente había subestimado cuanto lo era.
-…vale, está bien-dijo Jet, entrelazando sus dedos con los de Miriana en señal de acuerdo-. Pero espero que sepas lo que haces, porque no sé si a quien viva aquí le va a hacer muchas gracia el que trasteemos con sus cosas.
-No te preocupes por eso-le aseguró Miriana, guiando a Jet de vuelta a la entrada. Luego, tras vigilar que nadie se encontrara cerca, la abrió y empezó a bajar las escaleras-. Ni siquiera sabrá que le falta un cuadro.
-Si tú lo dices…
Del mismo modo que entraron, Miriana y Jet iniciaron su descenso por la torre, regresando por el mismo camino que habían venido al tiempo que vigilaban que el servicio no los pillara. Cerca estuvieron de ser descubiertos en uno de los pisos, cuando de una puerta lateral apareció una criada que portaba en sus brazos una considerable torre de sábanas. Por suerte, estas y el deseo de no caerse rodando por las escaleras parecían reclamar toda la atención de la diligente trabajadora, que ni siquiera reparó en el par de calladas figuras que arrambladas contra la pared habían seguido sus movimientos con la mirada y que no cesaron en contener la respiración hasta que se hubo alejado lo suficiente. Una vez fuera de peligro, el par de intrusos continuó su camino.
Abriéndose paso furtivamente por la mansión, no tardaron en abocarse a la misma ventana por la que entraron, hallando los jardines lo bastante desocupados como para emprender su huida a paso ligero. Sin embargo, al llegar al puente que los llevaría a la ciudad, se toparon con un inesperado obstáculo que les hizo replantearse su acercamiento.
-Ah, mierda…-murmuró Jet, viendo el tropel de carrozas autopropulsadas que en esos momentos avanzaban en fila india hacia la entrada de la finca. Numerosos soldados y guardias que antes no estaban ahí vigilaban estrechamente el avance de los vehículos, velando por los hombres y mujeres que salían de cada carroza antes de adentrarse en los límites de la propiedad. A juzgar por su lujosa apariencia, la flor y nata de la ciudad se interponía entre ellos y la salida, limitando un tanto sus opciones y echando por tierra su plan de escabullirse por donde habían entrado. Si intentaban acercarse, lo más seguro era que los pillaran, antes incluso de llegar al puente.
-Joder… No contaba con esto-musitó Miriana, para sí.
-Oh, no me digas…-El tono sardónico de Jet no debió de llegar a oídos de Miriana, ya que la ladrona no dijo comentario alguno al respecto, más centrada en pensar cómo iban a pasar aquel bache-. Imagino que descolgarse hasta una terraza inferior queda descartado, ¿no?
-Sí, salvo que de algún modo tengas una cuerda de un kilómetro de longitud.
-Más bien no.
-En tal caso, calla y sigue pensando-le urgió Miriana.
Resoplando, Jet estudió con renovado interés la zona, buscando algún resquicio por el que colarse. Esa se suponía que era la parte que mejor se le daba, encontrar huecos en las medidas de seguridad de la gente para pasar delante de sus narices sin que le vieran. ¿Un puente repleto de carrozas y guardias? Ningún problema, nada a lo que no pudiera enfrentarse.
Lo primero, observar la situación y localizar el objetivo. Las lejanas calles de la ciudad, a un puente de distancia de ellos. Alcanzar el límite del mismo les permitiría esconderse entre la población, de manera que llegar allí equivalía a escapar.
Paso dos, reconocer las amenazas. En esta situación, había dos posibles elementos a tener en cuenta: los que descendían de las carrozas y atravesaban el jardín, y los guardias que los protegían. De todos estos, Jet no sabría decir cuales le interesaba menos que los pillaran, ya que sabía por experiencia propia lo malo que era que un noble se quedara con tu cara (más incluso que el que lo hiciera un matón).
Finalmente, era importante hallar un camino seguro que permitiera alcanzar el primer objetivo al tiempo que evitaba al segundo. Esta era la parte más compleja, ya que nunca la ruta se mantenía el tiempo suficiente como para ir y volver por el mismo camino, de manera que tendrían que estar preparados y atentos para reconocer a tiempo las amenazas y responder en consecuencia. Ya podía ser la aparición de nuevos guardias, o que los sorprendiera un sirviente, cualquier elemento sorpresivo podía hacer que saltaran las alarmas, y dado que ninguno de los dos tenía una excusa que justificara su presencia en tan selecto lugar, lo mejor sería que dicho desenlace no sucediera.
-Hmmm… Es el escape más chungo al que me he enfrentado-comentó Jet, valorando sus opciones. Por desgracia, no eran muchas-. Los guardias vigilan demasiado bien el puente, y no contamos con equipo para intentar escabullirnos por debajo. La ruta que usamos para entrar… no, no llegaríamos a acercarnos tanto como para usarla…-Una bombilla se iluminó en la cabeza de Jet-. ¡Ya se! Podemos noquear a dos invitados, les quitamos la ropa, volvemos a su carroza, y…
-Tengo una idea mejor-le cortó Miriana, dando media vuelta y dirigiéndose al otro lado del jardín. Jet la siguió con la mirada por si se abría a compartir con él los detalles de su plan, uno que ya daba por hecho que iban a seguir, pero no parecía el caso. Jet resopló. Otra vez a seguirla sin saber dónde se metía…
La joven ladrona, moviéndose con sigilo y seguridad por el recinto, llevó a Jet a la parte de atrás del muro, donde una pequeña construcción podía atisbarse entre los altos y cuidados árboles que crecían junto al límite de la propiedad. Para cuando Jet la alcanzó, Miriana ya había forzado la puerta, de aspecto bastante rudimentario, y se había adentrado en su interior. Tras comprobar unos instantes que nadie les hubiera visto meterse allí, Jet la siguió y cerró la puerta tras de sí.
Parecía una especie de almacén de jardinería, con la excepción de que, en vez de almacenar herramientas y ropa, numerosos gólems aguardaban inactivos a que alguien les diera instrucciones. Los inertes constructos parecían ser más altos y delgados que cualquier otro autómata que Jet hubiera visto antes, con brazos tan largos que seguramente podrían alcanzar la copa de un árbol incluso estando sentados en el suelo. En vez de manos, garras semejantes a guadañas tintineaban las unas contra las otras ante la breve brisa que se alzó al abrir la puerta, provocando que Jet no pudiera resistirse a pensar en qué serían capaz de hacerle a una persona si decidían intentar podarla como a un seto. Por lo demás, no parecían más que monstruosos jardineros, vestidos de verde y con enormes sombreros de paja ocultando sus facciones.
En la parte de atrás, detrás de las numerosas filas de inactivos sirvientes, Jet atisbó a Miriana laborando con algo, una especie de trampilla circular que permanecía cerrada por el momento. Tratando de no pensar en gólems asesinos que se activaban por si solos y los trituraban, Jet se apresuró a reunirse con ella.
-¿Y eso es…?-preguntó.
-Nuestra vía de escape.
-¿En serio?-Como ya era costumbre, Jet se preguntó solo un instante cómo era que Miriana conocía ese conducto, antes de aparcar esa pregunta junto al resto-. ¿Y por qué no hemos ido por aquí desde el principio?
-Porque…-masculló Miriana, empujando para abrir la compuerta. Al verla batallar con la pesada losa de hierro, Jet se agazapó y le echó una mano. Entre los dos, consiguieron abrir de par en par la pesada compuerta, revelando un oscuro pozo del que salía un siniestro viento ululante-…esperaba poder evitarlo.
-¿Oh~? ¿Es que a alguien le da miedo la oscuridad?-preguntó Jet, picando a Miriana. Esta, pero, se limitó a hacer rodar sus ojos.
-Lo que me preocupa es la caída libre.
Por alguna razón, eso de "caída libre" no acababa de sentar del todo bien a Jet.
-…¿Qué?
-Este conducto conecta con las afueras-explicó Miriana-. Los jardineros lo usan para deshacerse de los restos de la poda y demás, como hojas y ramas. Creo que conecta con un almacén de compostaje o algo así. Si saltamos por aquí, deberíamos de poder salir fuera sin que nos vean.
-…ya. ¿Y los cuatro kilómetros que hay hasta el suelo, que? ¿Hacemos ver como que esa parte no es importante?
-De ahí que dijera que me preocupaba la caída libre. El conducto no es muy amplio, así que deberíamos de poder frenar nuestra caída pegando los pies contra las paredes, pero…
-Sí, creo que entiendo por qué hubieras preferido no salir por aquí-reconoció Jet.
Ambos jóvenes se quedaron unos instantes contemplando el oscuro pozo, silenciosos mientras el eco del exterior y el susurrante viento del interior formaban la incómoda sinfonía que en sus oídos murmullaba, casi como una molesta melodía que les impedía pensar en nada más que en la situación en la que estaban. Daba igual cómo lo miraran, aquello no les gustaba un pelo a ninguno de los dos. ¿Tirarse por un tubo a toda velocidad, completamente a oscuras y sin saber si sobrevivirían a la experiencia? Ambos sabían que debía de haber mejores maneras de irse de ese triste mundo.
-…por lo menos aterrizaremos en algo mullido, ¿no?-comentó Jet, tratando de arrojar algo de optimismo a la situación. Fue el primero en reconocer que aquello no tenía vuelta de hoja.
-Oh, sí. Hojas mustias, ramas afiladas, compostaje de vete tú a saber cuándo… Un colchón de plumas, básicamente.
-…
-…
-…nuestra vida está llena de glamour.
-Y que lo digas.
Ambos suspiraron.
-La próxima vez…-dijo Jet, sentándose al borde del agujero. Sus pies colgaban de la nada, a tanta distancia del suelo que sabía que podría desgañitarse gritando, y aún le sobraría para parar y recuperar el aliento antes de que tocara el suelo-…, elijo yo dónde será la cita.
-¿Oh~?-preguntó Miriana, apoyada con aire casual en la pared. A pesar de todo, sonreía de un modo tan burlesco a Jet que no pudo evitar considerar hasta sexy-. ¿Esto es una cita, entonces?
Jet quiso responder con algo mordaz que la hiciera callar. Quiso replicar algo ingenioso, tal vez incluso provocador, algo que le permitiera devolver el golpe simbólico que había sido el condescendiente comentario de Miriana, en un intento de equilibrar la balanza. Sin embargo, a escasos segundos de lanzarse hacia lo desconocido, arriesgando su vida sin tener ni idea todavía de por qué o para qué, solo pudo decir una cosa:
-…cállate.
Lo último que Jet escuchó al saltar, antes de que el viento y el fregar de sus pies contra el metal del conducto lo ensordecieran, fueron las carcajadas de Miriana. Luego, la oscuridad se lo tragó.
Sí, definitivamente era uno de "esos" días.
...
Contrariamente a lo que había supuesto Jet, consiguieron alcanzar Bajo Piltover sin romperse el cuello. Eso era algo bueno.
Por desgracia, contrariamente a lo que Miriana había supuesto, el conducto no conectaba con ningún almacén de compostaje, sino con el basurero de la ciudad. Eso apestaba.
Literalmente.
Cubiertos de desperdicios tras un viaje más que trepidante, la pareja de jóvenes asaltadores había emprendido el camino de regreso, ambos en silencio por acuerdo tácito. Jet se guardó sus quejas y comentarios porque, francamente, estaba demasiado cansado mentalmente como para expresarlos, y Miriana directamente no quería ni oírlos. En su lugar, se quitaron de encima cuanta basura y desperdicios se pegaron a sus cuerpos, y trataron de andar por donde fuera menos probable que les olieran, ya que incluso para la zona de la ciudad en la que se encontraban, iban mugrientos como ratas.
La tarde hacía rato que había avanzado, y la noche amenazaba con caer pronto. Las farolas de la ciudad, las pocas que seguían cumpliendo su función en las calles más conservadas de la zona, habían comenzado a iluminarse tímidamente a medida que el atardecer llegaba a su fin, habiendo cumplido su tarea de repintar la ciudad con el rojizo color del sol en descenso. Era la hora en que las calles comenzaban a llenarse de gente, trabajadores cansados que veían terminados sus turnos más tempranos, aprovechando la ocasión para llegar a sus destinos antes que el resto de sus compañeros salieran y ocuparan la zona. Jet y Miriana también optaron por aprovechar la ocasión, pero por razones diferentes. No les preocupaba especialmente la muchedumbre, más allá de la atención que llamarían por oler lo equivalente a un cubo de basura dejado al sol durante días.
Tras mucho andar, llegaron a la parte de atrás de la posada en la que Miriana se quedaba. Estaba claro que, con las pintas que llevaban, no les haría ningún bien aparecerse por la parte de delante, de manera que optaron por un acercamiento más discreto. Jet parecía dispuesto a irse una vez acompañó a Miriana a la fonda, pero esta le detuvo con un gesto.
-Espera-le dijo, en el umbral-. No pensarás volver oliendo como si acabaras de escaparte de las alcantarillas, ¿no?
Frunciendo el ceño, Jet se contempló unos instantes. Tampoco tenía tan mal aspecto, ¿no? Es decir, estaba claro que no engañaría a nadie si decía ser un príncipe, pero…
-Ey, que tampoco voy tan…-comenzó a decir Jet, cuando de repente le dio por olerse la ropa. La cara que puso debía de ser bastante interesante, ya que Miriana tuvo que cubrir su sonrisa rápidamente-…vale, sí, voy tan mal como aparento.
La risa de la joven, si bien agradable al oído, consiguió molestar a Jet.
-Anda, pasa, pordiosero. Como Hazel te vea aparecer así, fijo que le pega fuego a tu ropa contigo dentro y todo.
Sin muchas ganas de poner a prueba ese comentario, Jet siguió a Miriana al interior de la posada. Los oscuros pasillos, brevemente iluminados por algunas luces instaladas en las paredes, ocultaban parcialmente sus cuerpos a medida que avanzaban por el edificio, detalle que Jet imaginó que era una de las razones por las que Miriana se había instalado en ese lugar.
No caminaron mucho hasta llegar a la habitación de la joven. Localizada en una esquina del edificio, parecía lo bastante alejada como para que el ruido de sus vecinos no les alcanzara, por lo que lo mismo debía de poder decirse de ellos. Antes de abrir la puerta, Jet se imaginó que lo primero que vería serían sacos y sacos de dinero y joyas, seguramente el botín oculto de la joven ladrona, o incluso herramientas de trabajo y puede que planos sobre futuros robos.
En su lugar, lo que Jet vio fue… cuadros. Es decir, no solo vio los típicos dibujos colgados en la pared, sino que allá donde Jet alcanzaba a ver, estaba todo cubierto por dibujos, retratos y cuadros. Apilados en montones, recostados contra la pared, expuestos en pequeños caballetes o cubiertos con telas y sus lienzos ocultos a la vista del joven invitado… Estaba claro que Miriana parecía tener una fijación con un tipo de botín en concreto, aunque a Jet seguía escamándole todo aquel asunto. Si realmente fuera así, y Miriana tuviera una obsesión, no entendía por qué tan solo se había llevado un cuadro de la torre, en vez de intentar coger el resto.
Mientras Jet pasaba la vista desinteresadamente por algunas de las pinturas expuestas, Miriana se despojó de su capa y la dejó reposando sobre una butaca. La mirada de Jet se vio rápidamente atraída hacia el antes oculto cuerpo de la ladrona, de espaldas a él mientras retiraba de sus brazos y cintura las bolsas en las que Jet sabía que solía guardar su equipo de trabajo. Como siempre, seguía vistiendo aquella tela tan ceñida que dejaba bien poco a la imaginación del joven, mostrando su cuerpo curtido por un estilo de vida como el suyo y que a menudo solía cubrir con su siempre singular capa. Ni siquiera los restos de basura o las manchas de desperdicios podían ensombrecer aquella imagen, casi hipnótica, mientras seguía sus movimientos por la sala a medida que se despojaba del resto de su equipo.
-El baño está por ahí-le indicó Miriana, sacándolo de sus ensoñaciones. Decidió apartar la mirada y centrarse en uno de los cuadros antes de que ella se diera cuenta de que se la había quedado mirando casi boquiabierto. Sabía a ciencia cierta que nunca dejaría de recordárselo-. Puedes ir primero. Antes tengo que…
-Mis respuestas van primero-la cortó Jet. No había ido hasta allí para que le dieran largas.
-¿Realmente quieres hacer esto mientras olemos como algo que se nos hubiera olvidado al fondo de la nevera?
-El olor es lo de menos. Me prometiste que no se trataba de trabajo, y a pesar de que sigo dudándolo, tú aseguras que no es así. He hecho todo lo que me has pedido, y te he dejado hacer sin hacer muchas preguntas. Ahora, pero, quiero saber la verdad-dijo Jet, caminando hacia ella. Girándose, Miriana lo observó acercarse, sin temor alguno en su mirada a pesar de ir quedándose sin espacio por el que escapar a cada paso del joven.
Deteniéndose, Jet miró a Miriana a los ojos. Parecía algo tensa, tal vez, aunque por lo que sabía de ella, lo más seguro era que tuviera que ver con su presencia en lo que debía de ser el santuario de la ladrona. Por mucha confianza que le tuviera, Jet seguía siendo un extraño en aquel lugar, donde debía de sentirse a salvo de miradas indiscretas y donde podía sentirse segura. Era un regalo que le había hecho, permitiéndole estar allí con ella, a pesar del poco tiempo que habían compartido juntos, y Jet lo apreciaba enormemente. De todas formas, y a pesar de ello, no vio pesar o temor en ellos, ni la clara señal de arrepentimiento que indicaría que todo había sido una mentira. Su mirada seguía siendo tan clara y firme como siempre, lo cual en el fondo lo tranquilizó bastante. Mucho llevaba él siendo utilizado por la gente para sus propios fines como para aceptar que Miriana pudiera haber hecho lo mismo, que se hubiera aprovechado de sus sentimientos por ella para jugársela y llevárselo a robar con ella. Por eso, y solo por eso, Jet se mantuvo a un brazo de distancia y le permitió explicarse. Después de todo, ella lo había prometido.
Y Jet, a pesar de sus dudas, en el fondo confiaba en ella.
Suspirando, Miriana sacó a la luz el pequeño cuadro que habían obtenido en la torre y se lo tendió sin decir nada a Jet. Este lo tomó, y lo examinó sin hacer muchas preguntas. Se trataba de un dibujo simple, una representación sencilla de Piltover vista desde la distancia. A diferencia de los demás cuadros que habían visto en la torre, aquel parecía ser más burdo e inexperto, con algunas proporciones y perspectivas mal plasmadas, pero que en conjunto no quedaba demasiado feo a la vista. Los colores utilizados eran cálidos allá donde el sol debía de tocar, y más fríos donde la sombra cubría la ciudad, creando un claro contraste que a Jet gustó bastante. La parte que más le gustó, tal vez, fuera el hecho de que Bajo Piltover también quedaba representado en la obra, a diferencia de muchas otras imágenes y fotografías que él había visto, en las que su pequeña localidad quedaba relegada a un segundo plano o directamente ignorada en pos de mostrar la grandiosidad y la luminosidad de Alto Piltover.
En definitiva…
-…me gusta este-comentó Jet, repasando una vez más los detalles. Era la clase de cuadro que a él le gustaba: sencillo, sincero, y fácil de entender. ¿Quién necesitaba poros tomando el té, cuando podía tener un paisaje como aquel?
-Es un primer trabajo de un artista desconocido-explicó Miriana, situándose junto a Jet para apreciar la obra. A juzgar por su mirada, a ella también le gustaba-. Se puede ver que su trazo aún era inestable e inseguro, pero que poco a poco fue ganando confianza a medida que terminaba de pintar los detalles. Llevaba tiempo buscando la oportunidad de recuperar este pequeñín, y hoy por fin se me ofreció la oportunidad. Entiende que tuviera que aprovechar la ocasión…
-¿Recuperar?-preguntó Jet.
-Digamos que… como dijiste, soy una filántropa de las artes. Simplemente, me gusta demasiado la pintura como para permitir que cojan polvo en cualquier desván o sean expuestas en la mansión de gente que no tiene ni idea de su auténtico valor. Siempre que entro a robar y veo una obra que necesita mi ayuda, voy y la cojo. Tan sencillo como eso.
A pesar de su tono casual, Jet no podía evitar sospechar que había algo más detrás de toda aquella historia que él no estaba oyendo. Parecía bastante plausible, aunque seguía escamándole que una ladrona tan ambiciosa como Miriana pudiera dejar pasar la oportunidad de revender aquellas obras solo porque "le gustaba el arte". ¿Los coleccionaba? ¿Los acaparaba? ¿Los protegía? En vista de su pequeña colección, podía ser cualquiera de esas opciones.
-¿Pero por qué este cuadro en concreto?-preguntó Jet-. ¿Qué lo diferencia del resto que había en el ático?
-Bueno, no es como si hubiéramos podido salir de la torre cargando con todos los cuadros, ¿no?-comentó divertida Miriana, y Jet se tuvo que contener con tal de no darse con la mano en la cara. Visto así, sonaba bastante obvio-. Además, es como he dicho. De todos sus cuadros, este fue el primero que el artista pintó. Y siempre he pensado que, de toda la carrera de un pintor, es su primera obra la que mejor refleja al artista interior: sin prejuicios, sin presiones, tan solo el deseo de plasmar algo de la mente en el mundo, a través de la pintura y el pincel.
La mirada de Miriana parecía ensoñadora, tomando el cuadro de manos de Jet mientras pasaba sus dígitos a rozar la pequeña tela que lo formaba. Se notaba que creía en lo que decía, y en ese momento, Jet vio un aspecto de Miriana que no había visto hasta el momento: la apasionada. Decidió en ese momento que le gustaba mucho aquella nueva cara de la joven.
-A medida que un artista aprende y crea más obras, su trazo cambia. Adopta nuevas técnicas, coge nuevos vicios, se deja influir por tendencias y estilos… Por eso el primer cuadro es siempre el más puro, el más sincero. Refleja de verdad lo que uno lleva en su interior, lo que de verdad hace especial a esa persona, y por eso considero que es tan especial. Este cuadro… es mucho más que simple tela y pintura, Jet. Es el alma misma de la persona que lo pintó, es todos sus sueños e inquietudes, toda su pasión y alegría, contenida en el pequeño confín de esta obra.
-Y dime, tú que sabes tanto…-comentó Jet, posando su mano en la cintura de Miriana y acercándola más a él. Puede que la mirada de ambos estuviera puesta en la tela, pero a pesar de ello, ambos sentían una conexión en esos instantes que iba mucho más allá del simple contacto físico. Miriana había abierto una parte de su ser a Jet, y este la había aceptado como a todas las demás, amándola de la misma manera que amaba cada aspecto de la joven-… ¿Qué te sugiere el alma de este artista?
Miriana apoyó su cabeza en el hombro de Jet. Parecía más relajada y contenta, mucho menos inquieta que cuando invitó a Jet a pasar a su habitación. De algún modo, su aceptación hizo que a Jet la sala se le antojara más cálida, recordándole vagamente a su propio hogar en el orfanato donde creció. En ese momento supo que, independientemente de dónde hubiera nacido Miriana, aquella habitación repleta de cuadros era el hogar de la joven, hogar que había compartido con él, y que por fin supo apreciar.
Con ella a su lado, realmente se le antojaba como tal.
-…me sugiera que…que…-empezó a decir Miriana, pero sus palabras le fallaron en el último momento. Desviando la mirada, Jet creyó ver en la expresión de Miriana un cambio respecto a su seguridad anterior, como si los pensamientos que su pregunta suscitaron la hubieran hecho reconsiderar toda su situación actual. Tan pronto como la duda cruzó el rostro de Miriana, esta se vio rápidamente sustituida por una apremiante sonrisa-…sugiere que…no le gustaría que siguiéramos tocando su cuadro con nuestros pringosos dedos.
Tomando el cuadro, Miriana lo apartó y dejó sobre una mesa, convenientemente lejos de los demás, como si fuera diferente al resto. Por lo que Jet sabía, así era, aunque sabía que tampoco hallaría respuestas a sus demás preguntas ese día. Por el momento, se contentaría con lo que tenía. Sin embargo, en cuanto pudiera, seguiría insistiéndole e intentaría averiguar qué era esa duda que había visto en su expresión ante su última pregunta.
-Bueno…-dijo Miriana, dándose la vuelta. Luego, con paso tranquilo, se dirigió hacia la puerta del baño-…creo que ya me he hartado de seguir cubierta de roña mucho más tiempo. Me muero de ganas de darme un buen baño y relajarme un rato en la tinaja.
-¿Hmm? Creí que ibas a dejarme ir primero-se quejó Jet, cruzándose de brazos. Girando su rostro hacia él, la sugerente mirada de la joven hizo callar cual fuera el comentario mordaz o burlesco que Jet hubiera tenido preparado, su mirada y sonrisa consiguiendo erizar cada pelo de su cuerpo en un instante.
-Iba a hacerlo, pero luego he recordado que los baños de agua caliente no son baratos precisamente, así que he pensado que…-Miriana dio un paso hacia el interior del baño, sus manos pasando lentamente por sus brazos hasta alcanzar los tirantes que mantenían alzada su camisa-…tal vez…podríamos compartir el agua, si no ves inconveniente en ello…
Jet, inmóvil en su sitio, permaneció con expresión neutra mientras seguía los movimientos de la joven, que se adentró en el baño a través de la entreabierta puerta. Pronto, el sonido del agua corriendo llegó a oídos de Jet.
Una camiseta, amarilla y sucia como la que Miriana había estado llevando momentos antes, salió volando a través de la puerta y cayó a los pies de Jet.
-…¿vienes?
Y con esa simple pregunta, cualquier duda o pregunta que Jet hubiera podido albergar en su interior quedó relegada a un segundo plano. Su incursión en la torre, sus tareas en la Liga, los misterios de su vida… Seguramente podían esperar una hora o dos.
-…ah, ¿qué demonios…?-musitó Jet para sí, quitándose la chaqueta con decisión y siguiendo a Miriana al interior del baño.
Sí… Tal vez tener uno de "esos días" de vez en cuando no fuera tan mal.
Y hasta aquí por el momento.
Diox… Cuanto hacía que no actualizaba este fic. ¡Anda que no ha llovido desde entonces!
Pido perdón a quienes esperaban la actualización antes. Como siempre, yo me muevo por la motivación y a través de los bloqueos como puedo, escribiendo a veces poco y a veces más, pero siempre según me venga.
Espero que os haya gustado este capítulo, tal vez un tanto más de relleno, pero con el que pretendía introducir ciertos aspectos que tendrán algo más de relevancia más adelante (y sí, sé que todos sabemos quién es la chica de las coletas, pero por razones literarias he preferido hacer ver como que no).
Nos vemos en la próxima actualización.
Chao, chao.
