Aquí estoy de nuevo con un capítulo para vosotras. He cumplido con la promesa de actualizar cada Jueves (aunque aquí en España ya sea Viernes) pero tengo una posible mala noticia que daros. La próxima semana participo en un intercambio y mi correspondiente viene a vivir a mí casa. Estaremos todos los días de excursiones con el colegio y demás cosas; ellos se van el Jueves al mediodía pero no se si me las apañaré para actualizar (aunque espero y lucharé porque sí, si jurara lo juraría) Bueno, os dejo de líos y rollos míos para que podáis disfrutar de la historia de estos dos. Espero que os guste.

Rose estaba intentando estudiar Transformaciones tumbada boca abajo en un amplio diván color rosa viejo. Ella hacía lo que podía teniendo en cuenta que cierto rubio – que se encontraba bastante aburrido puesto que no le quedaban tareas por hacer – se dedicaba a acariciar sus piernas, justo en el punto en el que el elástico de las medias dejaba ver su pecosa piel.

No podía negar que esa caricia la relajaba muchísimo pero necesitaba centrarse en sus apuntes si quería seguir manteniendo su extraordinario expediente.

Cambió de postura intentando quedar en una posición en la que el chico no tuviera pleno acceso a alguna parte de su piel. Se sentó en la esquina del diván, acurrucada contra el reposacabezas.

Transformaciones nunca le había supuesto ningún problema aunque no sobraba un ligero repaso. Repaso que podría estar llevando a cabo en su Sala Común llena de estudiantes ya cenados y dispuestos a irse a sus camas, de no ser porque el chico la había vuelto a citar allí, sin motivo aparente.

-¿Me vas a hacer caso de una vez, Weasley?

El tono nervioso que Scorpius había empleado puso en alerta a Rose, quien nunca le había visto con un gesto tan adusto en la angulosa cara. Pedía a Merlín que de fuera lo que fuese que Scorpius quería hablar fuera el mismo problema que ella se había guardado durante días. Tiró sus apuntes al suelo como si no le importaran – en realidad en este momento le interesaba mucho más saber que tenía que decirle el chico rubio, que se había sentado en el lado contrario del sofá.

-¿Te ocurre algo? ¿Quieres hablar de alguna cosa, Scorpius? – Rose suavizó el tono al final, intentando tranquilizar al chico.

-Tengo la sospecha de que me vigilan, Rose. Siento como si…

-Te siguieran de continuo, incluso en tu habitación.

Rose sentía eso mismo desde hacía unas dos semanas aunque creía que eran paranoias suyas; ver que Scorpius sufría la misma confusión hizo aflorar el nerviosismo que llevaba intentando aplacar.

-Me ha pasado lo mismo a mí, sólo que no quería decírtelo por si pensabas que estaba loca.

-¿Estar loca? ¿Tú? Hubiera pensado que tenías, perdón, tienes, miedo de sea lo que sea esto que hacemos.

Rose miró confusa a Scorpius, quien sin palabras parecía entenderla mejor que ella misma.

-Sí, miedo. Miedo de que nos pillen, de que tu padre sepa lo que haces con ese chico Malfoy, de que por culpa del tiempo que te robo – porque sí, tú lo ves así quieras o no- no llegues a graduarte con méritos pero sobretodo tienes miedo de ti misma, de lo que sientes. Igual que yo.

Scorpius fijó su mirada en Rose, la cual no pudo mantener el contacto visual y bajó la mirada al suelo. No podía creer lo acertado que estaba Scorpius ¿Tan transparente era? Odiaba ser como un libro abierto para los demás, ¿cuántos sabrían ya que ella había caído ante el escorpión? La leoncita de Hogwarts otra más en esa lista. Sintió como una lágrima caía por su mejilla. Que tonta había sido.

La mano de Scorpius le elevó el mentón, mirándola por un segundo para después besarla. Scorpius empezó besándola lentamente, intentando reconfortarla; sus labios se sentían suaves, como una caricia. Rose no pudo evitar corresponderle, en ese momento poco importaba que fuera la pieza fresca con la que los cotilleos de Hogwarts harían carnaza, no, no importaba nada.

Hogwarts podía derrumbarse mientras que la Sala de los Menesteres siguiera allí con Scorpius besándola. Este era un beso nuevo, un beso de apoyo que en verdad necesitaba.

El aire comenzó a faltarles, por lo que se tuvieron que separar. Rose llorando mientras sonreía, Scorpius incómodo. Se relamió los labios saboreando el labial de manzana que llevaba la chica

-No creas que te he hecho algún tipo de análisis, sólo he expuesto en voz alta nuestros sentimientos. Sí, míos también.

Scorpius miró avergonzado a Rose, quien pudo ver un ligero rubor cubriendo sus mejillas.

-¿Quieres saber una cosa? Es mejor que estemos tranquilos, si nos mostramos preocupados, es lo que en verdad quieren. Que les den. ¿Qué te parece?

-A mí me vale, es más, me parece perfecta la idea. ¿Crees que esas Huffies dirían algo?

-Lo más probable aunque no había nada malo en nuestro encuentro. Fue todo muy inocente.

Rose le guiñó un ojo al chico tal y como muchas veces había hecho él con ella. Esta acción sólo provocó que Scorpius sonriera ladinamente.

-En público todo tiene que ser muy inocente, pero estando sólo nosotros dos…no tiene por qué.

Ambos se habían vuelto a acercar, Scorpius besando el cuello de la chica mientras la juntaba más a él por los muslos; Rose trazando las líneas de la túnica con sus dedos.

Las caricias de la pelirroja siempre enardecían a Scorpius, sin motivo aparente puesto que aunque no eran inocentes tampoco eran algo que cualquier otra chica no le hubiera hecho ya.

La mano de Rose llegó hasta el final de su espalda, ayudándose del cinturón lo arrimó hacia ella, quedando Scorpius entre sus piernas. Scorpius comenzó a acariciar sus largas piernas, esta vez bajando las medias hasta los tobillos.

Como le encantaba la piel de Rose, pecosa, suave y con un ligero olor a melocotón. Scorpius besó la rodilla izquierda, la cual quedaba más expuesta que la otra.

Scorpius miró a Rose, la mirada de leona en caza que salía de los ojos de la chica iempre que estaban en una situación así conseguía terminar de la calentar el fuego.

Rose tomó de la corbata a Scorpius para besarlo, fue acercándolo más a ella mientras que se tumbaba en el respaldo del diván, quedando ambos acostados.

Scorpius comenzó a desabrocharle los botones. Según la piel del vientre de la chica quedaba al aire, él acariciaba toda porción posible. Las pecas que la chica tenía desperdigadas por el ombligo y el escote eran las que más le gustaban junto con las de las rodillas.

La camisa cayó en algún lugar de la sala, probablemente cerca de los apuntes pero ni Rose ni Scorpius podían -ni querían – fijarse en esas tonterías.

Scorpius se descubrió el torso, arrojando su ropa junto con la anterior. Los pequeños pechos de Rose- la cual estaba jugando con las trabillas de su falda- le estaban reclamando atención.

Comenzó descubriéndolos del sujetador azul que llevaba Rose- que ya se había quedado en ropa interior e intentaba contener algún que otro gemido cuando sentía la lengua del chico rodeando su pezón mientras el otro pecho estaba siendo atendido por la otra mano de Scorpius.

Rose arqueó su espalda cuando el rubio mordió ligeramente el pezón, haciendo que ambas entrepiernas se rozasen quedando patente para Rose la excitación del chico.

Mientras Scorpius marcaba con su seña su escote, Rose aprovechó para deshacerse de toda la ropa que llevaba el chico, quedando ambos en ropa interior.

Scorpius fue descendiendo hasta el ombligo de la chica, el cual besó, para seguir más abajo. Scorpius miró a Rose cuando sus dos dedos índice estaban enganchando las tiras de la pequeña braguita que llevaba en ese momento.

Rose se fijó en que no había nada de mercurio en los ojos de Scorpius, ahora estaban completamente negros. Rose sintió los labios del chico posándose en su monte. El ligero aliento de una risa golpeando sus partes más íntimas hizo estremecer a Rose.

-He encontrado una parte de tu cuerpo que no tiene pecas, Rose. Y aún así me encanta.

Y entonces Scorpius comenzó a besarla lentamente, introduciendo su lengua de vez en cuando entre sus pliegues, lo que provocaba que Rose se agitara sobre el diván.

Sintió como Scorpius golpeaba su clítoris con la lengua, lo que causó que Rose colapsara. Sin darle tiempo para recuperarse, Scorpius introdujo dos de sus dedos en el interior de la chica, sintiendo como se contraía.

Scorpius se incorporó- aún con sus dígitos dentro de la chica mientras que con la otra mano se deshizo de sus bóxers que apenas dejaban algo a la imaginación.

Miró a Rose esperando un asentimiento mudo, el cual llegó cuando Rose se mordió su labio inferior mientras su mirada se dirigía al miembro del chico.

Scorpius se introdujo de una estocada en la chica, la cual seguía siendo endiabladamente estrecha haciendo que tuviera que ralentizar su ritmo para aguantar más.

Aumentó el vaivén de las embestidas, colocando una de las piernas de Rose en su hombro, pudiendo acceder más profundamente.

Los gemidos y grititos quedos de la chica retumbaban contra las paredes llegando a Scorpius aumentados, lo que le volvía loco.

Sintió las manos de Rose acariciando sus oblicuos para bajar a sus caderas. Una y otra vez mientras que en su interior sentía la paredes de la chica apretándole cada vez más.

Con cada caricia le resultaba más complicado seguir sin perder los estribos; Rose movió su cadera, de manera que Scorpius no pudo aguantarlo más y se derramó saliendo de ella.

Ambos con las respiraciones agitadas y la piel perlada de sudor, se quedaron tumbados en el diván. Muy cerca el uno del otro. Nunca había estado tan cerca después de hacerlo, siempre se iba cada uno para un lado.

Scorpius sonrió a Rose, que tenía la cara colorada. Él supuso que estaría igual, se echó el pelo para atrás, quedando apoyado en uno de sus codos mirando directo a la chica, quien lo miraba embelesada con los ojos brillantes de la adrenalina soltada.

-Debemos permanecer tranquilos, Rose. Tienes razón. Si mostramos flaqueza, ahí es cuando nos habrán pillado.

Y la volvió a besar, un beso suave y tierno muy similar al que habían compartido a la salida de la biblioteca sólo que este más corto.

Una idea loca se le pasó por la cabeza a Rose, ahora que contaban el uno con la confianza del otro, supuso que la propuesta que tenía no le resultaba muy alocada a Scorpius.

-Scorpius, ¿dormirías esta noche aquí conmigo? Todavía me queda mucho por estudiar y necesito relajarme de vez en cuando.

-No me supone ningún problema, Rose. Ninguno en absoluto.

Y Scorpius comenzó a besar la espalda de la chica, donde estaba seguro que se podría formar alguna que otra constelación con sus pecas.