Gracias a Zilion y a kona kana lee por sus continuos rewievs! Os dedico este capítulo maravilloso :) y gracias a todos los fans que siguen esta historia. Cada día que escribo pienso en vosotros y en vosotras... ^^

...

Capítulo 11

Se incorporó en la cama hasta sentarse enredado en las sábanas blancas de algodón. Estaba exhausto. Pero más de pensar que del acto físico realizado hacia unos minutos. Se pasó las manos por la cara para espabilarse y cogió el reloj de la mesilla para mirar la hora. Las 2 de la mañana. Luego observó a la joven que comenzaba a vestirse en la otra orilla de la cama. Suspiró resignado.

-Date prisa por favor. Vete cuanto antes.-le habló serio y casi molesto con que siguiera allí aquella mujer.

-Tranquilo pirata.-se subió la falda.-aun debes pagarme.-la bonita muchacha le tendió la mano. El pecoso la miró resoplando y con desagrado.

-Acércame aquella mochila.-señaló hacia la cómoda. La joven fue, la cogió y se la dio para luego abrocharse el sujetador con una sonrisa. Ace sacó su cartera y algunos billetes, y empezó a contar-40, 45, 47 y 50…-el pecoso le tendió los billetes a la joven que aun permanecía a medio vestir.-y ahora termina de vestirte y márchate de una maldita vez.-desde luego no iba a ser agradable. Ni mucho menos.

-Gracias-sonrió suficiente la joven mientras le daba la vuelta a la camiseta.

Pero de pronto, y sin llamar, la puerta de la habitación se abrió de par en par, y una joven con una enorme sonrisa radiante y unos preciosos ojos verdes hizo acto de presencia en la habitación…

-Neru…-pronunció Ace casi tartamudeando.

Había asaltado la cocina de la taberna en busca de algo de alcohol. No sabía exactamente porque pero le apetecía celebrar lo feliz que estaba y que mejor que hacerlo con el comandante que dormitaba en el cuarto que compartían. Estaba segura de que no se negaría a tomarse un último trago con ella.

Subió los escalones casi de dos en dos con un par de copas entre los dedos y una botella de licor en la otra mano. Su sonrisa reflejaba lo que su alma sentía. Estaba dispuesta a sincerarse con él, aunque este solo le diera una nueva negativa. Desde luego si todo se confirmaba, tal y como ella pensaba, el pecoso sentía exactamente lo mismo que ella. Y después…ya se vería…no le pediría ningún tipo de cuentas, solo quería sacarse esa espina que se le clavaba en el estómago desde hacía tiempo, desde que lo había vuelto a ver…Confiaba en él como confió en su día en Jake, y por primera en su viaje tenía la necesidad de contarle muchísimas cosas de aquellos diez años en los que no se habían visto...Estaba decidida, le quería, y era hora de aceptar la realidad…aquella alucinación no había sido ninguna casualidad…

Caminó por el pasillo airosa y sin pensárselo dos veces nada más llegar, abrió la puerta de la habitación sin siquiera llamar. Pero nada más entrar, un nudo se le cogió en el estómago e inmediatamente el cristal resbaló de entre sus manos y fue a dar al suelo rompiéndose al instante casi en mil pedazos…

La miró horrorizado. ¿Qué hacía ya allí? Pensaba que pasaría toda la maldita noche con aquel tipo de la plaza…sin saber que hacer no pudo más que pronunciar su nombre con la voz más temblorosa del mundo.

-Neru…

La joven miró acongojada la situación. Era evidente que aquella chica que Ace tenía delante acababa de terminar su trabajo con el comandante. Sin ningún tipo de escrúpulos, se terminó de colocar la camiseta mientras salía por la puerta mirándola de reojo con una sonrisa burlona en el rostro. Se estaba riendo de ella y más aun cuando antes de salir pronunció en un susurro…

-Te felicito…es maravilloso en la cama…

Aquella frase le destrozó la poca endereza que le quedaba. Incluso tuvo que apoyarse desesperada sobre el marco de la puerta para no caer redonda al suelo y desmayarse. Las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos rebeldes. El corazón se le había partido en mil pedazos…

No sabía qué hacer, más que vestirse e incorporarse. La miró angustiado y con un nudo terrible en la garganta. ¿Qué diantres había hecho? Maldijo a sus celos una y otra vez por hacerle perder la cordura y por haber sacado su lado más salvaje e impulsivo. Se acercó a ella poco a poco. Estaba aterrado. Era la primera vez en su vida que sentía el miedo tan aferrado a su piel y a su mente. El remordimiento y la culpa ya no solo se divertían en su subconsciente, si no que le quemaban el alma. Ni siquiera sus propias llamas eran tan dolorosas. A medida que se acercaba alzaba un poco la mano. Tenía la necesidad de explicar aquella estupidez que había cometido. Sin embargo, cuando la de ojos verdes se percató de su gesto, se echó hacia atrás y lo miró con un terrible miedo en los ojos. Estaba asustada.

-No me toques…-susurró. Apenas podía hablar. Las lágrimas bajaban por sus mejillas como jamás las había visto.

-Nerumi yo…-lo intentó de nuevo. No soportaba verla llorar. Hacía que se sintiera el hombre más despreciable y rastrero del mundo.

-¡Aléjate de mí! ¡No me toques!-le gritó y como pudo, salió de la habitación y cerró la puerta en las narices del pecoso con una fuerza aterradora.

Ace se quedó paralizado. Intentaba encontrar la respuesta al porqué de su maldita idiotez. Y aunque no tenía nada con ella, aunque ni siquiera sabía hasta que punto se había enamorado de ella, estaba totalmente destrozado. Le había hecho daño. Muchísimo a juzgar por su reacción. Y la ira empezó a quemarle por dentro, y la rabia de sentir lo estúpido que era se apoderó de sus actos. Prendió su mano derecha en fuego y asestó contra la cómoda un golpe tan tremendo que la dejó totalmente destrozada en el suelo. A la vez lanzó un grito de impotencia. ¿Qué había hecho? ¿Por qué tenía la maldita virtud de estropearlo todo? Se sentó en el suelo mientras las astillas de la cómoda se quemaban débilmente sobre la moqueta. Se agarró la cabeza con ambas manos y se mordió el labio. Miró al suelo impotente y casi al borde de un ataque ansioso. ¿Y ahora qué? ¿Qué se suponía que tenía que hacer…?

….…

Se sentó en las escaleras de madera. Ni siquiera había podido bajar una maldita planta antes de derrumbarse por completo. Lloró. Lloró como hacía tiempo que no lloraba, con desesperación e impotencia. No dejaba de preguntarse una y otra vez porque se enamoraba siempre de la persona equivocada. Porque solo la hacían sufrir cuando pensaba que era al revés. Que equivocada había estado…ella y todos los que creyeron que él la quería como algo más que a una hermana. Era cierto…todo lo que Ace le había dicho aquella noche en casa de Reiko era cierto. Él no iba a arriesgar su libertad por una mujer. Prefería pasar sus manos por cuantas estuvieran a su disposición unos instantes antes que arriesgarse con una para siempre. Ella no le gustaba a él ni una migaja. Tan solo la veía como le dijo en su momento. Como a una hermana. Nada más…ningún otro lazo le unía a ella.

Suspiró para intentar sosegar su llanto. Y se dio cuenta de que en realidad, no tenía el derecho de actuar de aquella forma. Él no era de ella y ella no era de él. Así que aquel comportamiento por su parte estaba de más. Por mucho que le doliera. No tenía ningún derecho a exigirle una explicación. Él era libre... libre en todos los sentidos…

No se veía con fuerzas para entrar en aquella habitación. Le quería y que hubiese estado con otra mujer, a pesar de que no le debía nada a ella, era una sensación horrorosa. Más aun cuando se había pavoneado delante de ella y reído a su costa. Suspiró de nuevo y se sorbió la nariz para luego cerrar los ojos.

Adiós a la confianza…

Así se mantuvo casi media hora. Sentada en las escaleras de aquella taberna con la cabeza entre las piernas, llorando está vez de forma más pausada y en silencio como había hecho todos los días durante los últimos meses. Minutos después de intentar calmarse, se incorporó y miró hacia la puerta de la habitación del fondo con tristeza. Y poco a poco fue avanzando hacia ella con miedo. Estaba asustada, pero afrontaría la situación. Y no solo eso…tenía que pedirle disculpas por su comportamiento, muy a su pesar…

Al llegar a la puerta, llamó, sin embargo, no obtuvo respuesta. Entonces lanzó un enorme suspiro y tras esperar a sosegarse de nuevo varios minutos, alzó la mano y tocó el picaporte. Pero, en aquel instante, y sin que ella lo girase, esté lo hizo por sí mismo y la puerta se abrió dando paso a un Ace terriblemente afectado y casi al borde de un ataque de nervios. Al verla a ella, retrocedió. Se sentía terriblemente culpable. Se lo notaba en la cara.

Allí estaba ella, había decidido volver aun a pesar de lo que había hecho. Por un instante le pareció la mujer más maravillosa del mundo. Y una mujer que no se merecía aquello que le acababa de hacer. Tenía sus hermosos ojos verdes hinchados y enrojecidos al igual que sus mejillas, aun con huellas de sus lágrimas. Y su expresión…la más triste y dolida que había visto en toda su vida en una mujer. Aquello aumentó la culpa, el maldito remordimiento. Era un hombre sin escrúpulos, totalmente egoísta y celoso. Sin embargo, y a pesar de que esperaba cualquier tipo de réplica por haberse acostado con aquella mujer, ella no chistó. Se mantuvo en silencio y pasó por su lado entrando en la habitación. Ace cerró la puerta y la miró dolido. Iba a hablar. Tenía que explicarse. Le debía esa explicación. Ella no se merecía que él precisamente le hiciese aquello. Y mucho menos cuando la quería tanto…

-Ace…-la joven susurró. De pronto el pecoso salió de sus pensamientos y la miró angustiado. Ella estaba sentada en la cama con el rostro agachado.-lo siento…

Aquella disculpa fue la gota que colmó el vaso. No solo le había hecho aquello tan horrible, sino que incluso, se atrevía a disculparse. Y entonces, se sentó rendido sobre su cama, justo enfrente de ella…y se llevó las manos a la cara para ocultar aquello que siempre temió que el mundo viera…y que solo lo dejó ver la luz cuando Sabo murió…La angustia y la culpabilidad se había transformado, por primera vez en muchísimos años, en una terrible impotencia que lo hacía estar al borde del llanto…

Nerumi no alzó el rostro. Simplemente lo oía. Escuchaba su impotencia y su culpabilidad tras aquellos sollozos que intentaba reprimir, tras aquellas lágrimas que él mismo impedía que vieran finalmente la luz. Estaba arrepentido sin duda, ¿pero hasta el punto de llorar por ella? ¿Ace? No…él jamás había sido así…era un tipo duro, un pirata que tenía la obligación de imponer y de asustar. No en vano era el comandante de una división de Shirohige. Él no era el hombre que tenía delante. Aquel que no podía ni levantar el rostro de la vergüenza era otro Ace…un Ace que había sido derrotado por primera vez en mucho tiempo, en un campo que no era el suyo…el de los sentimientos…Y él sentía. Nerumi lo sabía bien…Ace no reaccionaría así por nadie…y sin embargo, por ella…Y entonces cayó en la cuenta de lo equivocada que había estado…

Poco a poco y con un nudo en el corazón aun, se incorporó y se aproximó a él para mirarlo apenada. Intentaba ocultar su rostro de cualquier manera posible, pero ella se agachó enfrente de él y lo miró mientras las lágrimas se le saltaban en los ojos y un par recorrían de forma inconsciente sus ya conocidas mejillas. Y entonces, alzó una mano, una mano que poco a poco fue avanzando hasta llegar al fuerte brazo del otro.

-Lo…siento…-pronunció al sentir el contacto.

-Mírame…-le suplicó. El pecoso negó. No estaba dispuesto a mostrar aquella debilidad por ella. Y mucho menos después de lo que había hecho. No se merecía ni tan siquiera que le dirigiera la palabra.-por favor, Ace…-la joven le acarició el brazo.-mírame…-lo buscaba de forma urgente. Buscaba con ansias su mirada. Tenía la sensación de que con solo mirarlo aquella vez, sabría que sentía y como se sentía.-te lo ruego…mírame…

El joven se sorbió la nariz y poco a poco, con la mano de Nerumi agarrándole la barbilla, fue levantando el rostro hasta que le diera la poca luz que había en la habitación. Y entonces sus miradas se volvieron a encontrar, y Nerumi…lo vio más claro que nunca…le gustaba a Ace de una forma casi aterradora, tanto que incluso ella misma tuvo que apartar la mirada. El moreno tras contar hasta diez, pareció calmarse un poco más. Y entonces encontró el valor para mencionar palabra, que nunca había sido hombre cobarde.

-Nerumi…yo…lo siento…no quería herirte, yo…

-Tranquilo…-ella lo observó con una sonrisa en los labios, después de negar con la cabeza.-perdóname a mí por reaccionar de esa forma…no debería de haberlo hecho…-iba a continuar cuando él la interrumpió.

-Estaba celoso…-confesó sin mirarla a la cara. Nerumi lo observaba sorprendida por la confesión y sin entender.-te vi besar al tipo de esta mañana y…

-¿Fuiste a la fiesta?-lo miró incrédula.

-¿Querías que fuera no?-Nerumi se mordió el labio con culpabilidad.-Lo siento…mi maldita cabeza hace que se me vaya la cordura…si…si lo hice con ella fue por…-pero antes de terminar la de ojos verdes le selló los labios con los dedos.

-Yo no soy tuya Ace…y tú no eres mío…-que dijera aquello con tanta rotundez provocó en el pecoso una expresión de tristeza y dolor.-no debes, no debemos…

-Reaccionar así…lo sé…-terminó su frase volviendo a agachar el rostro.

-Eres libre en todos los sentidos de hacer lo que te plazca y con quién quieras. No tienes que darme ninguna explicación. Yo he reaccionado de forma exagerada. Si necesitabas…-se mordió el labio de nuevo y miró el suelo con tristeza. Le costaba decir aquello que debía decir.-si necesitabas…acostarte con ella…yo no soy nadie para prohibírtelo…Es igual por tu parte ¿no? Por lo del beso…-suspiró para continuar sin que se echase a llorar como una niña pequeña.-Dejamos clara la situación en casa de Reiko hace días…todo lo que a veces pueda pasar por nuestras mentes es una simple confusión…-la joven se levantó y giró sobre sus pies para ir de nuevo a su cama.-no te culpes por lo que has hecho…-lo miró de reojo, entristecida. El moreno aun mantenía la cabeza agachada.-no me debes nada,..-la joven iba a echar a andar sin embargo, un agarrase sobre su mano le impidió cualquier movimiento de huida.

-Nerumi…-susurró el moreno.-no es ninguna confusión…

-Ace…para…por favor…-susurró intentando no derrumbarse. Él no la dejaría huir, así que afianzó el agarre pasándole una mano por la cintura y atrayéndola hacia él. Estaba decidido…era en aquel momento o nunca…

-Nerumi yo…

-No lo digas…-le suplicó la joven casi entre sollozos.-déjame ir por favor…-pero él no la obedeció, todo lo contrario. Apoyó la cabeza sobre su espalda y miró el suelo nervioso. Suspiró. Sabía que estaba siendo un inconsciente y un impulsivo, pero tenía que hacerlo…tenía que decírselo o el remordimiento lo mataría en cualquier momento. De nuevo alzó la cabeza, y con mucho cuidado hizo girar a Nerumi hacia él. Le agarró las manos con fuerza, mientras ella lo miraba aterrada ante la inminente confesión. Se lo diría si…pero mirándola a los ojos. Para que ella supiera de su sinceridad. Para que supiera que no le daba miedo reconocérselo, a pesar de lo que el mundo pensase de él luego…de pronto sus labios se abrieron y pronunciaron unas palabras que jamás había escuchado de su propia voz…

-Te quiero…-y de pronto una enorme espina desapareció de su corazón.-maldita sea Nerumi…te quiero…

Lo miró horrorizada. Estaba totalmente perpleja. ¿Y ahora qué? ¿Qué debía contestar a aquello? Se había equivocado por completo. No solo le gustaba a Ace, sino que era mucho más…la quería. La quería con locura. Se le notaba en cada mirada y en cada gesto. Sin saber porque, quiso irse de aquella habitación. Quiso salir corriendo y pensar que nada de aquella noche estaba realmente pasando. Ace…su hermano mayor protector… enamorado de ella…no podía ser…

-Te dije que no te enamorarás de mí…-le susurró aun con las mejillas mojadas.

-Me ha resultado totalmente imposible no hacerlo…perdóname…

-Me quieres y te acuestas con otra…-le echó en cara sin saber por qué. Estaba dolida. Demasiado.

-Quería dejar de pensar en ti por ese mismo motivo…-Nerumi lo observó sorprendida.-llevaba días que no dejaba de pensar en ti y en todo lo que te rodea. Al principió pensé que era una obsesión…pero luego…-de pronto se incorporó, levantándose de la cama, sin soltar el agarre sobre su cintura. La de ojos verdes agachó el rostro dolido.-Te prometo que lo he intentado todo este tiempo. Intentar…no enamorarme de ti…pero me ha sido imposible…Una y otra vez quise convencerme de que era un hombre libre y de que era totalmente incompatible conmigo el hecho de quererte, pero…me…equivocaba…cada vez que me mirabas…cada vez que te miraba…era como si el corazón se fuese a salir del pecho…intenté controlarlo, te lo juro, pero no puedo…te quiero…

-Es una locura Ace…-la joven levantó el rostro y lo encaró. Lo miró a los ojos, suplicándole porque entendiera sus estúpidos motivos.-yo no puedo enamorarme de ti… ¿Qué pasaría luego dime? Te marcharás…está es tu vida…tu mundo. Yo solo soy una intrusa que ha entrado en él de forma temporal. Es un simple capricho…Cuando nos separemos ya no será nada. Me lo dijiste…no puedo acompañarte en esa búsqueda…no puedo ir contigo…por lo tanto no puedes enamorarte de mí…nuestros caminos se separaran en cuanto encontremos a Luffy… ¿Y luego qué? ¿Sufrir por la ausencia del otro hasta vete a saber cuándo? Lo siento Ace, pero no quiero hacerte daño…

-El daño me lo estoy haciendo yo solo…-suspiró.-pero no es como piensas. No eres algo temporal, estoy seguro.

-¿Y después?-volvía a preguntar.-Por Dios Ace…date cuenta…es una locura…además que me gustes no significa que te quiera. Y menos que esté enamorada de ti…-Ace suspiró y por un momento trató de sonreír.

-Al menos reconoces que te gusto…eso ya es un paso…-intentó quitarle hierro al asunto. Y por un instante Nerumi sonrió igual.

-Te arrepentirás…No soy para ti…-susurró mirando aquel rostro lleno de pecas.

-Eso es algo que decidiré yo…-de repente, las manos que mantenía sobre su cintura, cambiaron de posición al colocarse en sus mejillas sonrosadas. Con ambos pulgares apartó todo rastro de lágrimas, y por un momento, la miró extasiado.-te quiero…-susurró en aquella intimidad.

Ella iba a replicar, pero antes de que aquello sucediera, sintió un enorme cosquilleo en el estómago y unos labios ajenos apoyados en los propios cortándole la respiración, acabando con su aliento. Unos labios tiernos y suaves pero firmes al mismo tiempo. Unos labios que la obligaron a profundizar aquel beso húmedo y delicado. Unos labios que dejaron paso a una lengua traviesa y juguetona, que se dedicó a recorrer cada resquicio de su boca. Había cerrado los ojos y simplemente se había dejado llevar y embriagar por el contacto. Un contacto que se fue pronunciando cada vez más y que poco a poco empezó a tener más viveza. Sin pensárselo dos veces, se alzó de puntillas y enredó sus dedos en aquel pelo negro como el carbón.

La agarró con fuerza de la cintura con una mano, mientras que la otra se perdía en su cuello y se escondía entre sus rizos castaños. No quería que aquel instante terminara nunca. Ella parecía haberse dejado llevar por la situación y aquello lo hacía sentirse "extrañamente" feliz. Sabía lo testaruda que era. Sabía que no admitiría lo evidente de una forma tan sencilla. Así que le costaría. Un nuevo reto, sonrió con suficiencia para sí mismo. Le costaría alcanzarla y llegar a clavarse en su corazón como ella lo había hecho en el suyo, pero le gustaban aquel tipo de conquistas, que él tampoco fue pieza fácil nunca, al menos de enamorar hasta aquel punto. Apartó sus pensamientos por un instante era el momento de pensar en ella, No quería pensar en el después, ni tan siquiera en el mañana. Solo quería vivir el momento. Sentir como sus manos se enredaban en su pelo, como días atrás se imaginó, o sentir el aroma a azahar más cerca que nunca, o poder tocar la suavidad de su piel sin ningún tipo de barrera. Le encantaba. Aquella sensación totalmente nueva le fascinaba. Y quería más de ella…mucho más…Sin embargo, y muy a su pesar, la muchacha necesitaba respirar y los empujoncitos de sus manos sobre su pecho se lo decían. Así que poco a poco y con una suavidad casi idílica en él, se fue apartando de sus labios, y poco a poco fue abriendo los ojos para encontrarse con una Nerumi de mejillas sonrosadas y unos ojos verdes aun cerrados…

¿Ya? ¿Ya había terminado el contacto? Se preguntó esperando algo más con los ojos cerrados. Sin embargo, él pareció darle a entender que no había más. Y entonces sintió un impulso en su pecho, y sin saber exactamente por qué, se abalanzó sobre el pecoso para robarle otro maravilloso beso…

Ante el impulso de la joven y el sentir de nuevo sus labios sobre los de él, se quedó prácticamente anonadado. ¿Enserio había sido ella la que se había lanzado así? Tan grande fue el impulso que incluso lo dejó caer sobre la cama, haciendo que se sentara. Demandante la muchacha le obligó a profundizar de nuevo el beso mientras se sentaba sobre él a horcajadas. Él siguiendo con el contacto la atrajo hacia su cuerpo con suavidad agarrándola de la cintura. Y ella le recorrió el tatuaje de la espalda con las yemas de los dedos. Sin embargo, de repente y sin previo aviso, la joven se separó de él y lo miró totalmente abochornada.

-Dios mío…-le susurró mientras se levantaba de encima suya.-se me ha ido totalmente la cabeza…lo…lo siento…-Ace la miró con un atisbo de picardía y una sonrisa enorme en los labios.

-Tranquila, yo tengo la culpa.-se señaló.-empecé primero.

-Se…será mejor que me vaya a dormir…-le desviaba la mirada e ignoró por completo aquellas últimas palabras. ¿Y aquellos impulsos? ¿Acaso estaba aprendiendo de él? Avergonzada se dio la vuelta, abrió la cama y sin siquiera cambiarse de ropa, se metió en ella. Estaba excesivamente nerviosa.

-Jajaja Neru, ¿qué demonios haces? Cámbiate…-el moreno se metió entre sus sábanas y la miró de reojo divertido.

-No…así estoy cómoda…tengo sueño, así que déjame dormir…-terminó diciendo con un pequeño atisbo de tristeza que Ace notó. Sin embargo, por aquella noche, lo dejaría estar…

...

Un beso enorme! Nos vemos en el siguiente!