Hola a todas, antes que nada muchas gracias por seguir esta historia, su apoyo es muy importante para mí.
Un saludo muy especial para mi Beta Mel Silva. Gracias a ti también.
Música:
Paradise City - Guns N' Roses
Again - Lenny Kravitz
Capítulo Once
Frenesí
Bella se tuvo que pellizcar dos veces para confirmar que no estaba soñando, Edward estaba en Escape y no la había llamado por el nombre que él la conoció cuando ella cantó en la elegante cena o cuando se besaron en el Pub, no, él la había llamado con el nombre que ella utilizaba en la oficina y ahora no tenía su disfraz, ni sus anteojos, ni si riguroso moño.
A sus ojos Edward no se veía muy feliz. Él enojo que tenía en la oficina ahora estaba multiplicado por mil.
-Está llena de sorpresas Señorita Swan-
-¿C…Cómo llegaste aquí?-
Él ignoro su pregunta y se sentó en la silla vecina a la de Bella. Pidió un Whisky seco antes de volverse y mirar a la morena.
Edward había observado toda su presentación, también había visto como su secretaria se convertía en la hermosa mujer que no se podía sacar de su mente.
Todavía se preguntaba cómo pudo haber sido tan tonto, la tenía todos los días a pocos metros de su oficina y no lo había descubierto. Al día siguiente llamaría al inútil de Ryan, su investigador privado, para decirle que dejara de buscarla.
Él había sido la persona más tonta del mundo, casi nunca se equivocaba y sin embargo tenía una lista de sus errores con respecto a ella. Edward era una persona muy controladora, le gustaba dominar y Bella había hecho que se equivocará tres veces.
-¿Tengo que sentirme ofendido, Isabella?-
Bella parpadeo dos veces como tratando de despertar del sueño -o pesadilla- que eso fuera. Ella paso el día preocupándose de tratar de explicar el casi accidente de tránsito y ahora uno de sus mayores temores se había hecho realidad.
-No entiendo su pregunta Señor Cullen-
Edward bufó.
-¿Señor Cullen?, Creo que nosotros estamos más allá de eso Isabella, por lo general las mujeres a las que beso, me llaman Edward-
Oh mierda, si lo recuerda y me va a hacer pagar por eso.
-Eso no cambia nada. Yo sigo siendo tu secretaria y usted mi jefe-
-Y eso no va impedir retenerte para que esta vez no escapes-
Bella palideció con eso.
Edward por otro lado no pudo dejar de deleitarse con la hermosa figura de Isabella. Ese vestido estaba muy corto para ella, ya muchos hombres la habían visto y eso no le hacía tan feliz, todavía se seguía preguntando cómo era que ella escondía esa torneada figura encima de tantas capas de negro.
Tuvo una extraña emoción por querer quemar todos esos horribles atuendos.
-Yo no escape de nada-
Él se paso una mano por su cabello para después darle una enojada mirada a Bella.
-Claro que lo hiciste, además de trabajar todo este tiempo para mí y no decirme nada-
Bella se contuvo de estampar una mano con su- esculpida y hermosa- mejilla. Ella no tenía la culpa de nada.
-Yo no tenía nada que contarte, si tú de verdad crees eso debiste haberlo descubierto por ti mismo-
La mirada verde quemo en la café de Bella. No se dieron cuenta cuan cerca estaban hasta que Emily llego para recoger el vaso vacío de la bebida de Edward.
El ambiente a su alrededor pareció cambiar. Bella estaba enojada y asombrada con él pero ahora lo único que su mente procesaba era la cercanía de sus firmes y suaves labios, como quería probarlos de nuevo.
Pero tenía que recordar, que aparte de existir miles de obstáculos para estar con él, ella estaba enojada y ese mismo día la había tratado peor que nunca. Además, si él estaba enojado ella también tenía el derecho a estarlo.
-¿Eso es lo único que vas a comer? –Le pregunto Edward señalando el vaso casi vacío de miel caliente.
-Bueno, debido a que mi jefe es un fiel seguidor de la explotación, no he tenido tiempo para más nada.
Bella pensó que con eso él iba a estallar pero por el contrario solo hizo que él riera.
¡Oh señor esa sonrisa ladeada!
-¿Es usted bipolar Señor Cullen?-
Él le guiñó el ojo mientras de paraba de la silla y le extendía la mano.
-Vamos a comer Bella-
Su mente proceso dos cosas: la primera fue que le llamo Bella y la segunda fue su proposición.
-No voy a ir contigo a ninguna parte-
-Claro que lo harás, no vas a discutir conmigo y no seas testaruda – Sin decir más le agarro la mano y se dirigió con ella a la salida.
-No Edward, no me puedo ir. Maldición mi bolso con mis cosas las tiene Emily-
-Vuelvo a ser Edward – Dijo él más para sí mismo –Te acompaño querida, no confió en tus métodos de escape-
Bella rodo los ojos ante eso.
-Y ahora me ruedas los ojos Isabella-
-Eres imposible, ¿Podrías por lo menos soltar mi mano?, no quiero que Emily haga preguntas-
-No. Camina Isabella, ya es tarde-
Bella gruño bajo.
Juntos se dirigieron a la barra para que Emily le entregará sus cosas, no sin antes darle una mirada pícara a Bella después de mirarle el trasero a Edward.
Bella gimió internamente, seguro el siguiente viernes la bombardearía con miles de preguntas.
Edward la dirigió al estacionamiento donde había aparcado. Sorprendiendo por cómo le gustaba la sensación de la pequeña mano de Bella enredada con la suya.
Antes de llegar al lujoso Corvette negro, Isabella tropezó, Edward se apresuro a cogerla antes de que diera con el piso.
Qué bien se sentía ella pegada a su cuerpo.
-Es manía tuya esa de tropezarte, ¿verdad? – Dijo él con la voz ronca.
-Ni te lo imaginas – Bella estaba a punto de perderse en su mirada verde jade y probar de nuevo de la adicción de sus labios.
Él estaba a punto de hacer eso cuando ella lo detuvo.
-Estoy enojada contigo, vamos a comer antes de que logre entender la mala idea que es esto-
Edward suspiro suavemente, eso era sumamente frustrante.
Bella entro al auto que seguramente era uno de los más hermosos que había visto. Edward no solo era el imbécil de flamantes Maserati.
-Por lo menos no es el Maserati que casi me quita la vida-
Isabella espero de nuevo su enojo pero esta vez tampoco llego.
-No, el Maserati solo lo utilizo para asustar a Señoras imprudentes-
Bella estrecho los ojos.
-Sigue así y esta señora imprudente no irá a ningún lado-
Más risas por parte de Edward inundaron el auto.
Y yo que pensaba que era un amargado. ¡Qué hombre más chistoso!, pensó Bella aún con rabia.
-Esta noche no irás a ningún lado Isabella-
Demonios.
El móvil de Edward sonó mientras salían de estacionamiento de Escape, Bella vio como él presionó un botón del salpicadero para contestar la llamada.
-Cullen-
-Edward, ¿me puedes explicar por qué le lleve unos documentos a Jenks que se los he podido entregar el lunes?-
Una sonrisa perversa se extendió por la cara de Edward.
-¿No eran importantes? –Preguntó él con fingida inocencia.
-¡No lo eran!, ahora dejé sola a Isabe…. a una amiga de Rose por tu culpa-
Bella jadeo levemente. Había sido una tonta al creer que podía manejar la situación, Edward se iba a terminar dando cuenta de alguna forma.
La boca de Edward se curvo, estaba haciendo todo lo posible para no reír.
-No me interesa eso Emmet, hablamos mañana, voy en el auto, estás en altavoz y no voy solo. Adiós.
Antes de escuchar una respuesta, Edward termino la llamada.
-Querida tienes que aprender que Emmet no es bueno para guardar secretos-
-Me doy cuenta de eso-
Ese tenía que ser la noche más bizarra en la vida de Bella, estaban pasando tantas cosas que no estaba segura si las asimilaba todas correctamente.
Una suave melodía interpretaba a piano sonó en el intimo espacio del auto. Los oídos se Bella se alertaron al instante, antes de darse cuenta se encontró siguiendo las notas con su voz.
Al terminar vio un –muy- paralizado Edward.
-Tienes la voz más hermosa que he escuchado Isabella, acabas de interpretar una de mis piezas musicales favoritas-
Bella pudo jurar que se había sonrojado de la cabeza a los pies. Había escuchado muchas personas decir que tenía una hermosa voz pero ninguna le había afectado como el halago de Edward.
Al menos tenían algo en común. Ella también consideraba la voz de él como la más hermosa que había escuchando. La voz de Edward era su favorita.
-Gracias, ¿Puedo hacerte una pregunta? –dijo ella apresuradamente.
Edward arqueo una ceja intrigado por lo fuera a preguntar.
-Dispara-
-¿Por qué enviaste a Emmet a buscar documentos?-
-Sí, eso. Solo quería que se fuera para poder hablar contigo. Mi hermano tiende a ser muy entrometido-
Bella quedo asombrada con esa respuesta, no espera que él hiciera eso. Ahora se sentía un poco mal por Rose y Emmet. Edward tenía una mente malvada.
-¿Desde cuándo estabas en el bar?-
-Justo después de que tú entraste –Edward le dio una rápida mirada a Bella. Ella tan hermosa y él se sentía muy atraído por ella, nunca en su vida le había paso algo parecido – Esas ya son dos preguntas, cuando comas algo seguimos, además me debes una pregunta-
-No voy a jugar ese juego, yo no prometí nada-
-No estoy jugando Isabella, me debes una pregunta y punto-
Isabella le dio una mirada encolerizada.
-Mandón-
-Testaruda – Respondió él con diversión.
El sonido de la música era lo único que se escuchaba en el interior del auto. Bella ahora estaba molesta con Edward y eso solo hacía que él se divirtiera más por lo que optó por callarse y dirigir su mirada hacía la ventana tintada del Corvette.
Solo unos minutos más y llegaron al restaurante. Edward apago en motor para después dirigirse a la puerta de Bella para abrirla, cosa que ella ya había hecho.
-Sabes, deberías esperar a que abran la puerta –Dijo él con un tono de reproche.
¡Já! Muérdeme Edward.
Para que su pensamiento no se prestará para distintas interpretaciones, Bella se limitó a solo rodar los ojos.
-Otra manía Señorita Swan-
-¿No qué estábamos más allá de las formalidades, Señor?-
-No Isabella, tú lo estás, yo por mi parte puedo llamarte como quiera-
-Eso es totalmente injusto-
-La vida no es justa-
Esas palabras nublaron la mente de Bella. Ella sabía de lo injusta que podía alcanzar a ser la vida.
Edward noto como el rostro de Bella se ensombreció. No quería verla así, hizo nota mental de no mencionar nada sobre la injusticia de la vida.
No espero más y la dirigió al interior del restaurante.
Bella observo cómo lo reconocían en todo el lugar. Ella sabía lo difícil que era entrar ahí y Edward ni siquiera tuvo que detenerse para ingresar. Lo dirigieron a la mesa más privada de todo el restaurante.
Ella aparto la mirada de él para fijarse en el elegante lugar. Para Edward Cullen todo tenía que ser por lo alto. Bella se miro a sí misma y no se pudo abstener de sentirse impropia para el sitio y para él. Aunque estaba agradecida porque por lo menos no lleva uno de sus atuendos negros.
Bella dejo que Edward pidiera por ella, todavía estaba algo abrumada. Cuando el mencionó la palabra "merlot" fue cuando ella protestó.
-No quiero vino, Edward-
-Solo será una copa Isabella, deja de protestar-
Ella comprendió porqué Rosalie no se llevaba bien con él. Los dos eran unos mandones excesivos.
No quería vino, no quería ni una gota de alcohol en su sistema mientras hablaba con Edward. Ella sabía que el alcohol y su sentido común no eran amigos. Así fuera una sola copa de vino.
-¿Me vas a responder mi pregunta?-
-Ya te lo dije, primero vas a comer.
-No soy una niña Edward, tienes que dejar de mandarme-
-¿Te estoy mandando? –Pregunto él viéndose repentinamente confundido.
-Claro que lo estás haciendo. Siempre lo haces y mis horas laborales han terminado por lo que no entiendo porque sigues dándome órdenes-
-Soy consciente de que tu jornada laboral terminó Bella, aunque no creo que sea capaz de dejar de hacer eso por lo visto soy así siempre, en horas laborales o no-
Bella sabía eso, ¿Qué era lo que quería ese hombre de ella?, su mirada vago por él. Un dios heleno con los ojos verdes más hermosos que había visto, dos perfectas esmeraldas.
Todas las mujeres lo habían mirado cuando entro al lugar. Él tenía algo que atraía a las personas, como un imán. Tan alto, tan seguro de sí mismo, y ella todavía se preguntaba que hacía ese ser perfecto con alguien tan sosa como ella.
Ellos se sumergieron en un silencio cómodo. Ninguno podía apartar la mirada del otro, fue el mesero con los platos quien interrumpió su batalla de miradas.
-¿Ahora si te puedo hacer la pregunta?-
-No te rindes, ¿Verdad?, dime la pregunta Isabella-
Bella cogió unos de los champiñones y se lo metió a la boca para luego darse cuenta lo bien que estaba, lo que sea que él le haya pedido era muy delicioso, su estomago se lo agradeció con todo el trabajo no le había dado tiempo de comer.
Edward observo con perversidad el inocente gesto de Isabella. Esa mujer le encantaba y todavía se iba a dar azotes mentales por no darse cuenta antes. Desde el momento que en su rostro le pareció conocido tenía que haber empezado a sospechar.
-Bien, tú dijiste que estabas en Escape desde el momento en que yo entre al bar. Yo recuerdo haber entrado con ropa de oficina, ¿Me habías reconocido antes?-
-No Isabella, no lo había hecho-
-Entonces…-
Él se encogió de hombros despreocupadamente – Te seguí-
-¿Cómo? – Bella estaba segura que casi había chillado.
-Vi cuando ibas saliendo de la oficina y bueno, yo quería respuestas. Te iba a detener pero subiste apresuradamente al taxi, así que te seguí en mi auto para encontrarme que no ibas para tu casa sino que entrabas a un bar – Edward se acercó más a ella mirándola intensamente – No sabes la sorpresa que me lleve cuando vi que salías con ese corto vestido tuyo para cantar-
Ella asintió como si con eso pudiera asimilar todo.
Edward continuó al ver que ella no dijo nada más.
-Ahora es mi turno, querida-
A Bella se le fue repentinamente el apetito.
-Una sola pregunta-
Edward curvó sus labios en una sonrisa, se veía terriblemente hermoso.
-¿Por qué te fuiste corriendo después de besarnos aquella noche?-
Bella sintió como sus mejillas se coloreaban con aquel rojo tan revelador. Edward extendió una mano para tocar su mejilla. Las corrientes eléctricas hicieron su aparición.
-Respóndeme Isabella – Dijo él mientras apartaba su mano del rostro de ella.
-Solo si prometes no burlarte-
-Ahora estoy más que intrigado-
-Recuerdas que Alice vino después, bueno, yo creí que ella era tu novia, de hecho, lo creía hasta hoy-
-¿Alice?, ¿Mi hermana? – Bella noto como un estremecimiento recorrió su expresión- ¡Por dios!, Isabella tienes una imaginación muy grande, ¿Cómo fue que lo descubriste solo hoy?-
Santa mierda.
Ella no podía decirle que fue porque vio a Jasper meterle la lengua hasta la garganta a su hermana. No podía creer su estupidez, ella diciéndole a Rose que no le mencionara nada a Emmet y ahora ella casi le soltaba todo a Edward.
Tenía que mentir bien para no meter en problemas a Jasper o Alice.
-Rose dijo algo sobre Alice, la hermana de Emmet, y el resto solo fue hacer una simple regla de tres-
-Pero, tú has hablado con Alice cada vez que ella llama a mi oficina y solo la viste esa vez, ¿Cómo sabías de quien hablaba Rose?, si pensaste que ella era mi pareja pudiste haber pensado que mi hermana no era otra persona-
Como Bella no podía decirle que era porqué la había visto ese día de nuevo, tenía que explicarse con la otra opción.
-Puedo recordar muy fácilmente las voces, por eso sabía que tú eres el idiota dueño del Maserati que casi me atropella, cuando ella llamo a la oficina recordé su voz de aquella vez, además Rose me mostro una foto de ella en su teléfono.
-¿El idiota dueño del Maserati?-
Bella se puso alerta al escuchar su pregunta, no había pensado antes de hablar. Tanto le había llamado así en su mente que no había reparado en decirlo en voz alta.
-Casi me atropellas, no puedes sorprenderte con que te llame así-
-Imbécil e idiota –Dijo Edward con algo de enojo en su voz – me sorprende que siga hablando contigo. Eres la única persona que me ha llamado así-
-Siento eso Edward, pero por lo menos cuando estoy enojada no humillo a mi secretaria delante de personas desconocidas-
Él rápidamente ahuecó el rostro de Isabella en una de sus manos para obligarla a que lo mirara.
-Perdóname por eso nena, no volverá a suceder-
Bella casi se derrite con la sincera mirada que él le dio.
-Nada de nena y tampoco te voy a perdonar eso, fuiste muy malo-
-Siempre puedo ser persistente Señorita Swan. Vámonos de aquí, te llevaré a tu casa-
Edward volvió a tomarle la mano de Bella para salir del restaurante.
-Tenemos que pagar Edward-
-Querida me insultas con ese "tenemos". El restaurante es mío no tenemos que pagar nada-
Por supuesto que el restaurante tenía que ser de él. Tonta de ella.
Esta vez el viaje en el auto fue más silencioso. La tensión entre ellos era evidente. El aire parecía cargado de electricidad.
El suave ronroneo del carro y sus respiraciones era lo único que se escuchaba. Y ella estaba loca pero ver manejar a Edward era una cosa supremamente sexy. Fue cuando desvió la vista que se dio cuenta de la excesiva velocidad.
-¡Edward! – Gritó ella alarmada.
-¿Qué sucede?-
-No desvías la mirada de la vía-
Él confundido hizo que ella le pidió.
-¿Quieres morir?, ¡No puedes manejar con esa velocidad!-
-No te alarmes Bella. No está tan alta-
-¡Claro que sí!, vas a 120-
Edward gruño y bajó la velocidad a 100.
-Siempre conduzco así. No veo el problema.
-El problema Edward es morir.
-Nunca he tenido un accidente – él gimió cuando vio su indicador de velocidad – Detesto conducir lento.
Y ella creyendo que Emmet conducía como un demente. Conducir a 100 kilómetros por hora no era lento ni en ese ni en un universo paralelo.
-¿Como sabes que vivo por aquí?- Pregunto ella sorprendida porque él conducía directo a su dirección.
-Eres mi secretaria Bella. Tengo toda la información respecto a ti, excepto lo de hoy por supuesto.
-No puedes saber de memoria las direcciones de tus empleados. No es que tengas memoria fotográfica – le dijo Bella incrédula.
-De hecho sí querida. Sé todo lo referente a las personas que trabajan cerca de mí. Solo tuve que echar un vistazo a tu currículo.
Bella se dio cuenta del porqué él siempre recordaba todas sus órdenes y los documentos o contratos respectivos, luego de eso una repentina tristeza la invadió.
-Y aún así no me reconociste.
La expresión de Edward se endureció al instante.
Bella aparto la mirada de él. Aunque no quisiera aceptarlo eso le dolía.
En menos de cinco minutos el Corvette estaba aparcado al frente de su edificio. Ella bajo del auto antes de que Edward abriera la puerta de ella, tal como había pasado en el restaurante.
Edward siseó en respuesta a eso.
Bella espero que todo llegara hasta la puerta de entrada en de su edificio pero se sorprendió cuando Edward la siguió hasta su apartamento.
Claro Edward, estás invitado las veces que tú quieras sin ni siquiera preguntarme – pensó ella con sarcasmo.
Cuando ella abrió la puerta para pasar, paso lo que pasaba casi todas las veces, su pequeño gato se acerco para enredarse en sus piernas, solo que esta vez casi cae, si no fuera porque Edward la sostuvo –de nuevo- ella y Apolo hubieran salido lastimados.
-Gracias – murmuro ella atontada por la cercanía de Edward.
Él le regalo una sonrisa taimada. Bella sintió cuando dejo de respirar. Él era más que hermoso. ¿Qué hacía una persona como él en su apartamento y con ella? Ellos no tenían rumbos paralelos. Eran tan diferentes.
Los labios de él cubrieron los de Bella para depositar un casto beso para después separarse de ella y cerrar la puerta del apartamento.
-Tienes un gato suicida cariño – comentó él como si no la hubiera besado.
Bella todavía podía sentir cosquillas en sus labios.
-Apolo no es suicida. Él es un chico obediente – dijo ella mientras se agachaba para coger su mascota del piso y acariciarlo con su mano.
-¿Apolo?, ya entiendo porqué es suicida-
Bella fulminó con la mirada a Edward. Nadie iba a decir nada malo de su pequeño gato.
-¿Quieres té o café? – no iba a seguir discutiendo con él.
-No.
-Bueno, yo si quiero uno. Puedes sentarte mientras lo preparo – Ella dejo a su gato en el piso y sacó su iPod del bolso y lo colocó en los parlantes. Necesitaba su mejor remedio para estar relajada, Edward la intimidaba tanto. Su presencia en su casa la sacaba de los límites de su cordura.
Las primeras notas acompañadas de la voz de Ella Fiztgerald resonaron en las paredes de su apartamento. Se sentía raro estar compartiendo ese momento íntimo con Edward a pocos metros suyos.
-Me gusta esa canción- dijo él despreocupadamente mientras se quitaba su abrigo y lo dejaba a su lado en el sofá.
Su mirada vagó por todo el lugar. No era grande pero era extrañamente familiar. Pinturas y fotografías de todas clases adornaban las paredes. Ese tenía que ser el apartamento más colorido que había visto jamás, muy parecido a un arcoíris.
Quien iba a pensar que la oscura Señorita Swan en realidad viviera con tantos tonos de colores. Cada tonalidad era como si fuera un matiz de ella misma. Y eso sorprendía e intrigaba a Edward por igual.
La quería para él. Quería que fuera suya.
-¿Quién pinto todo esto?-
Isabella desvió su mirada hacía Edward.
-¿Qué específicamente?-
-Bueno, empecemos con los cuadros-
-Algunos yo, otros los compre en un mercado de pulgas-
-¿Cuáles hiciste tú?-
Bella se dirigió hacia él con la taza de té entre sus manos.
-Estos tres – respondió ella señalando los tres de la pared posterior.
-Son extraños pero me gustan-
-No puedes estar hablando en serio-
-Siempre hablo en serio-
Ella tomó algo de su bebida mientras lo miraba. Sabía que no debía, que ahora Edward era su jefe pero ella a pesar de estar enojada con él quería sentir sus labios sobre los suyos de nuevo.
Estaba ansiando su toque y las miles de corrientes eléctricas que recorrían su cuerpo cada vez que lo hacía.
-No puedes mirarme así y pretender que no haré nada-
Antes de darse cuenta él le quito su té para dejarlo en la mesa. Lo que Bella no esperaba es que Edward tomará de nuevo sus labios. Sus brazos se cerraron alrededor de ella aprisionándola. ¡Qué prisión más placentera!, él succionaba sus labios con una sensualidad mortificante.
Edward aplanó una mano en la espalda de Bella y la recostó suavemente en el mueble para luego posicionarse encima de ella, pudo sentir cada deliciosa curva del cuerpo de ella. Tenía la piel más hermosa y suave que alguna vez había tocado, y sus labios eran el dulce más sublime de todos, mil veces mejor que en su sueño. Él quería deslizar su lengua por cada parte de su cuerpo, saborear cada centímetro y bañarse en su magnífico olor.
Su manos viajaron por todo su cuerpo para agarrar firmemente su trasero, cuando ella jadeó de placer el sumergió su lengua para tomarla con hambre.
Bella sabía que eso no estaba bien pero no podía hacer nada para evitarlo, menos cuando él la estaba haciendo estremecer de la cabeza a los pies. Cada parte de su ser gemía y eso que Edward hacía con la lengua debería ser ilegal, reducía cada pensamiento racional a la misma nada.
Ella nunca había permitido a un hombre llegar tan lejos pero aquí estaba ella deleitándose con la sensación de las manos de Edward en su trasero. Podía sentir la deliciosa fricción. Notó la creciente erección de él en su vientre y se asombro cuando por primera vez quería experimentar como se sentiría él dentro de ella.
Sus manos se enredaron en el pelo de él, cosa que encendió mucho más a Edward. Bella se sentía como si fuera a morir, ese hombre le estaba castigando en una manera muy erótica, todos sus sentidos estaban despiertos recibiendo cada caricia y multiplicándola por mil.
-Oh cariño, ¿Qué tienes?, ¿Qué me estás haciendo Isabella Swan?-
Sin esperar más la volvió a besar. Era como un depredador. Una mano de él tomo su pierna para enredarla en su cintura mientras la otra se deslizaba por su espalda para apretarla más a él.
Eso era la cosa más deliciosa que los dos habían sentido.
Edward creyó que estaba muerto hasta ese momento. Ninguna mujer en el pasado lo había encendido como ella lo hacía. ¡Dulce Jesús! Y ella respondía también a sus caricias. Totalmente receptiva y sensible a él.
El pitido del teléfono llego a los oídos de ambos. Edward maldijo mentalmente.
-¿Qué tienen los teléfonos contra nosotros? –Dijo él con la voz ronca por la excitación. Bella empezó a adorar ese estado de su voz, desde ese día sería su favorito –No contestes – rogó él mientras la volvía a besar.
-Tengo que hacerlo Edward. No sé si es importante – Ella se incorporo para dirigirse al incesante teléfono. No tuvo que mirar a atrás para saber que Edward estaba a sus espaldas.
Él agarró su cintura por detrás mientras ella contestaba el teléfono. Su –nada decente- protuberancia quedo justo en su trasero. Eso era tan salvaje y sexy para ella. Estaba anonadada por como ella estaba reaccionando a él.
-Isabella Swan- saludó ella con una voz que no reconoció. Si Edward seguía haciendo eso iba a gemir.
Él por su parte deslizo su nariz por el cuello de ella para oler su perfume. Ella era una maravillosa delicia.
-Señorita Swan, le hablamos desde el Hospital Presbiteriano. Tengo que comunicarle que Andrew Scott ha sufrido una recaída y está en la unidad de cuidados intensivos ahora-
Cada palabra arranco pedazos de su alma.
Su amigo se estaba debatiendo entre la vida y la muerte, eso no podía ser verdad, Andrew tenía que vivir…
¿Qué tal? Nuestro Edward es un cachondo jajajaja!
Muchas gracias por todos los Fav, Alertas y a todas las que amablemente dejan un comentario, muchas, muchas gracias chicas :D
Nos leemos.
Jade0709
