~En El Capítulo Anterior~
Sentado con algunas fotos al frente, estaba un hombre, mirándolas atentamente.
—Así que ese niño es tu hijo. — Susurró mirando fijamente una fotografía en la que se retrataba a un chico de cabellos rosas con un nene de cabellos azules. — ¿A dónde te metiste, pequeña perra? — Dijo mirando otras fotos en las que igual se veía al chico con el nene. —El tiempo coincide…
~Evil's Return~
Varias fotografías estaban esparcidas en aquel despacho, todas ellas tenían como "objetivo" a un joven de ojos dispares y cabellos rosas. En otra se veía al mismo joven, pero acompañado de un pequeño de cabellos azules.
Aquellas imágenes eran analizadas con extremo detenimiento por unos ojos cuyo color era inusual -Debian Red-, mismos que brillaban entre la oscuridad de aquel sitio.
—Ese niñito. — Dijo clavando su vista en el pequeño peliazul. —Debe tener entre cuatro o cinco años. — Se recargó en el respaldo y soltó un largo suspiro. —No cabe duda que es él, la perrita del callejón. — En su rostro se esbozó una sonrisa siniestra. —Lograste salvarte aquella vez, pequeña perra. — Agitó suavemente una fotografía. —Te me perdiste, pero ya di contigo, con los dos, y van a estar conmigo. — Dijo paseando la yema de sus dedos sobre la carita impresa del peliazul.
Aquella revelación no había sido del agrado del castaño, creyó que conocería al chico y quizás tendrían una conversación amena, pero muy por el contrario, terminó enterándose de una trágica historia.
No supo qué hacer, más que orar para que aquel joven pudiese descansar, y también, para que el corazón de aquel chico de ojos carmesí tuviera paz, al igual que el de Hasebe.
Habían regresado a la mansión, Ishikirimaru no sabía cómo entablar una conversación con el olivo, todo se había tornado tan… raro, entendía que Hasebe no quisiera hablar, pues más que su segundo matrimonio, era su amigo, de acuerdo con el pequeño relato de Kiyomitsu, Yasusada no era de tener muchos amigos, principalmente por el terrible y agrio carácter de su hermana, la cual no parecía estar contenta con absolutamente nada, todo le parecía mal o mediocre, si Yasusada quería hacerse amigo de alguien, ella tenía que darle el "visto bueno", y como ya se había dicho antes, eso era imposible, la chica era simple y sencillamente odiosa.
Pero quizás, sólo quizás, algo le había vuelto así, Ishikirimaru no lo sabía, pero tampoco podía descartar aquella posibilidad.
— ¿Ishikirimaru? — La voz de Hasebe le sacó de sus pensamientos.
—Perdona.
— ¿Por qué te disculpas?, he sido yo quien te ha llevado allá.
—Bueno, he sido yo quién te pidió que me hablases de tus anteriores matrimonios, y tú… terminaste… reviviendo un mal recuerdo, así que, soy yo quien debe disculparse. — Dijo apenado, había notado el dolor en Hasebe y Kiyomitsu, uno era amigo y el otro pareja del difunto Yasusada.
Hasebe no dijo nada y se sentó al lado del otro, ahí permaneció sin decir nada, pasó su mano por la espalda ajena hasta tomarle en un cálido abrazo, pese a ser más bajo que el castaño, lograba poner nervioso al otro.
—Hasebe…
—Dime.
—Yasusada… bueno… su hermana… — No sabía cómo plantear la pregunta.
— ¿Airi? — Nombró a la chica, a lo que recibió un "sí" por respuesta. —Ya te lo dijo Kiyomitsu, a ella no se le daba gusto con nada, todo le parecía mal y todo mundo era mediocre a sus ojos.
—Pero… Yasusada era su hermano…
—Aun así, ella no estuvo presente en su funeral.
— ¡¿Cómo?!
Hasebe entendió la sorpresa del chico, pues era bien sabido que por muy mal que se llevarán algunos integrantes de la familia, en el funeral de alguno, los demás asistían.
~Mansión Mitsuyo~
Llevaba dos semanas en cama, pues había comenzado a tener dolores tanto en la espalda como en el vientre, motivo por el cual habían acudido al médico, mismo que le había dado la indicación de guardar reposo, pues se trataba de una amenaza de aborto.
— ¿Cómo te sientes? — Preguntó Odenta, sentándose en la cama.
—No más reclamos, por favor. — Pidió el rubio antes de sentarse un poco.
—No me pidas que no diga nada después del susto que nos diste. — Dijo acariciando la mejilla del menor.
—He estado cargando a los niños desde el inicio del embarazo, y no había pasado nada.
—Iba a pasar, tarde o temprano, Higekiri, tu embarazo…
—Es un embarazo normal.
—Sabes que no es así, a diferencia de los otros, este tiene un grado de riesgo, y te lo dijeron el doctor y Hizamaru.
Higekiri hizo un puchero, su marido tenía razón, ese no era un embarazo como los anteriores,pero sentía que estaban sobre exagerando las cosas.
Iba a recriminarle a su esposo, pero la puerta de su habitación fue abierta y entraron cuatro pequeños, tres de ellos corriendo.
— ¡Papi! — Llamaron con cariño al rubio.
—Perdon, fue nuestra culpa. — Dijeron al unísono los castaños.
— ¿De qué hablan? — Preguntó preocupado Higekiri al oír a los nenes decir aquello.
—Es que todo el tiempo te pedimos que nos cargues y eso le hizo daño a nuestro hermanito. — Dijo Maeda, acariciando el ahora abultado vientre de su padre.
—No mis amores. — Dijo acariciando las mejillas de los niños. —No es culpa de ustedes. — Los pequeños se recargaron en la cama. —Nunca vuelvan a decir eso, además, el bebé y yo estamos bien. — Dijo seguro de sus palabras.
Namazuo aprovechó para subirse del otro lado de la cama y abrazar con cuidado el vientre de su padre.
— ¡Ya pronto vamos a jugar! — Dijo contento, a lo que todos rieron.
—Papito… — Llamó Hirano a Odenta.
— ¿Qué pasa? — Preguntó acariciando el cabello del niño.
— ¿Podemos comer aquí con mi Papi? — Preguntó haciendo los gestos que sólo un pequeño que espera una afirmativa haría.
—Por supuesto, llamaré a Nadine para que traiga las cosas. — Dijo Odenta poniéndose de pie.
—Yo le ayudo. — Dijo Yagen, saliendo de la habitación junto a Odenta.
—Está más callado de lo usual. — Pensó Odenta, desde que se había revelado lo de Sayo, el pelirosa había evadido al pelinegro, de hecho, había evadido a todo el mundo.
Higekiri y él habían entendido que Souza tenía sus razones y ellos no iban a cuestionarle nada, les preocupaba el como su hijo, podía haber tomado aquella información, que por lo visto si le había afectado, Yagen había estado las tres últimas semanas más distante de lo normal, si bien era cierto que con la última visita de Higekiri al médico, Yagen había hablado un poco más, lo cierto era que seguía un poco ido.
—Yagen… — No sabía cómo iniciar el tema.
—Sigo queriendo a Souza… — Odenta miró a su hijo, este no alzaba el rostro. —Sigo queriendo que deje de verme como un niño, sigo deseando que acepte mis sentimientos, sigo… sigo firme con lo que le prometí.
— ¿Lo que le prometiste? — Desconocía formalmente en qué consistía aquella promesa.
Yagen asintió.
~Flashback~
Aquél día se cumplían dos años de haberlo conocido, al principio no sabía de qué hablar con él.
Claro hasta que el joven de cabellos rosados le alejó de una pequeña mata de hierbas.
— ¡No toque eso!
— ¿Por qué?
—Son hiedras venenosas, tocalas y te saldrán ronchas en todo el cuerpo. — Explicó el chico de quince años al pequeño de siete.
El pequeño pelinegro miró a las hierbas. — ¿Cómo puedes estar tan seguro?
—Porque mi madre me enseñó a identificar las hierbas venenosas. — Explicó.
—Debo decírselo ahora… Esto… Souza. — El mencionado miró al de ojos amatista. —Bueno…
— ¿Te duele el estómago?
— ¡Nada de eso!
— ¿Entonces? No entiendo por qué te agarras el estómago sino te duele.
—Son nervios. — Dijo haciendo un leve puchero. — ¡Sólo dilo, Yagen! — Respiró hondo. — ¡Souza tú me gustas! ¡Me gustas muchísimo!
Al oír aquello, las mejillas de Souza se tiñeron de un adorable rosa, sus ojos se abrieron con sorpresa.
Yagen por su parte también tenía las mejillas rosadas a causa de la vergüenza, pero no la vergüenza de saberse enamorado del mayor, sino de el hecho de haber gritado y con ello haber obteniendo la atención de todos ahí -que realmente sólo eran sus hermanos, Kosetsu y Sayo-, sabía que sus hermanos le harían burla, odiaba que lo hicieran, pero Souza lo valía, eso y mil cosas más.
El pelirosa miró a su hermano, quien cargaba al pequeño Sayo, Kosetsu alzó las cejas y sonrió al ver a su hermano nervioso.
— ¡No digas cosas sin sentido! — Dijo recobrando un poco la calma.
— ¡No son tonterías, Souza, de verdad me gustas! Y… — Pasó saliva con dificultad. — ¡Y ME GUSTARÍA QUE TE CASARAS CONMIGO!
Todos abrieron los ojos asombrados, no era por la "propuesta" de matrimonio, sino por la seguridad en las palabras de aquel pelinegro.
Souza sintió su corazón acelerar el bombeo de sangre, y un extraño sentimiento se apoderó de él, no sabía que era, era una mezcla de miedo, ¿alegría?, ¿esperanza?, no lo sabía con exactitud, pero aquel revoltijo le hizo caer en su realidad.
—Soy mayor que él, y tengo un hijo… — Se abofeteó mentalmente, esos no eran los verdaderos motivos por los cuales se empeñaba en rechazar al chico desde la primer vez que se le había declarado. —Ya basta, Yagen…
—Souza…
— ¡Ya es suficiente! — Yagen abrió los ojos, pues Souza había alzado la voz. — ¿Cuántas veces lo has dicho? — Miró a Yagen a los ojos. — ¿Cuántas veces has dicho ese tipo de cosas?
—Cuarenta y siete, en los últimos seis meses. — Respondió el chico.
— ¡¿Eh?! — Souza sabía que habían sido varias veces, incluso las contó, pero jamás creyó que el chico las contase. — ¿Cómo es que... ?
—Siempre… reaccionas de distintas formas, aunque creas que no es así… y yo… yo memorizo cada reacción tuya, cada palabra, gesto, tono, todo… porque eres a quién amo. — Había nerviosismo en su voz, más no rastro de mentiras, estaba siendo honesto y directo, bestialmente directo.
Souza sintió la cara arder por completo y aquello le puso nervioso, se acercó más al Mitsuyo y le tomó la mano derecha, ocasionando así que el rostro del menor se tiñera de rojo.
—Souza… — La mano del pelirosa era delgada, pero era ligeramente más colorida que la de Yagen, era cálida y después de cuarenta y siete declaraciones, esa era la primera vez que el mayor se le acercaba. — ¿Sera posible que Souza por fin haya aceptado mis sentimientos? — No pudo analizar bien la situación, pues sintió como el mayor le llevaba a alguna parte. — ¿Souza? — No estaba prestando atención a su entorno, pues estaba más entretenido mirando la vergüenza en el rostro ajeno, eso hasta que llegaron a una habitación del albergue, misma en la que estaban sus padres y sus tíos.
—Lamento entrar así sin avisar. — Se disculpó con los ahí presentes. —Señor Higekiri, señor Odenta. — Los mencionados miraron al pelirosa, mismo que tenía tomando de la mano a su hijo menor. —Les pido, por favor, que hagan algo con su hijo. — Dijo jalando al menor, dejándolo frente a los padres de este. —No quiero que ustedes crean que estoy perturbando la mente de su niño. Ya le he dicho varias veces que deje de decir cosas que no él entiende, pero sigue de necio. — No era la primera vez que Souza hablaba con los padres del menor, pero si era la primera que lo llevaba hasta ellos.
— ¡¿Me estás acusado con mis padres?! — Preguntó asombrado el chico, pues no se esperaba esa acción.
— ¡¿Y tú qué crees?! — Respondió el mayor.
Higekiri tomó de las manos a su hijo. —Perdona, Souza, creo que no hemos hablado suficiente con él, te prometo que no volverá a ocurrir. — Dijo cargando a su hijo, haciendo que las mejillas de este se pusieran más rojas.
Souza asintió y dio media vuelta.
—Souza… — La voz de Odenta le detuvo, y volteó para verlo. —No hay ninguna necesidad de que nos digas "señor", basta con que nos llames por nuestros nombres. — Souza volvió a asentir y salió.
Pasaron algunos días después de aquello y los Mitsuyo volvieron a visitar el albergue de Mikazuki y Shishio.
Al igual que en otras ocasiones, los pequeños fueron a jugar con los otros niños y con Sayuri y dicho sea de paso, Yagen buscó a Souza, este estaba sentado en una de las bancas del patio, sentado en sus piernas estaba Sayo, mismo que con cuatro añitos, hacía algunos pompones de estambre con ayuda del pelirosa.
Yagen se acercó a ellos con cuidado, mirando el cariño con el que Souza le explicaba a Sayo como hacerlos.
—Souza… — Le llamó.
—Quieres que vuelva a llevarte con tus padres, ¿verdad? — Dijo mirando al chico.
— ¡Claro que no! — Respondió. —Ya me sentenciaron, si vuelven a tener otra queja de mí, me dejaran en casa del tío Hizamaru o sino me mandan a un convento. — Comentó.
Souza miró al chico y se sintió un poco mal por él.
—Aun así… no me voy a dar por vencido contigo.
—Yag-
—Ya no voy a decirte que me gustas. — Aquella frase le generó un nudo en la garganta a Souza. —Ya no voy a decirte nada… pero… — Ese "pero", llamó la atención del mayor. —En un futuro… tú serás mi esposo. — Dijo seguro de sí mismo. —Cuando cumpla trece… ¡cuando tenga trece años haré todo para conquistarte!
—Cuando tú tengas trece, yo tendré veintiuno. — Dijo Souza.
— ¿Y? No me interesa tu edad, no es por ello que te… la edad es sólo un número. — Cortó su frase, pues no quería que el mayor volviese a acusarle. —Tú y yo estaremos casados en el futuro.
— ¿Debo entender que así será sólo porque tú quieres?
Yagen negó con la cabeza. —Nos casaremos, no porque yo lo decrete, lo haremos… porque definitivamente, haré que te enamores de mí… hasta entonces… déjame seguir teniendo charlas contigo.
~Fin Del Flashback~
Yagen sonrió con algo de amargura. —Le prometí… que cuando cumpliese trece, haría todo para que se enamorará de mi.
—Bueno…
—Pero ni siquiera quiso hablar conmigo ese día. — Se mordió el labio inferior.
—Hijo… — Se agachó para quedar a la altura del menor. —No sabemos la historia de Souza, dale tiempo, no lo presiones. — Dijo abrazando al chico.
Este no dijo nada y abrazó a su padre.
~En El Albergue~
Nadie cuestionaba nada, pues si Souza hablaba, sería por voluntad propia.
—Papi. — Llamó Sayo.
— ¿Qué pasa amor?
— ¿Estás enojado?
—No, corazón, ¿por qué lo dices? — Preguntó sentando al nene en sus piernas.
—Yagen ha llamado y pregunta por ti, pero siempre te niegas a hablar.
Souza sintió una punzada en el corazón. Era cierto, se estaba negando a hablar con el menor, pero tenía miedo, no sabía qué decirle, si bien el mismo Yagen estaba rompiendo parte de su promesa, no era para que le evadiera como lo estaba haciendo, pero no quería hablar, no en esos momentos.
—Lo que pasa es que a tu Papi le gusta Yagen. — Comentó el tío del peliazul.
— ¡Kosetsu! — Reprendió a su hermano mayor, sin embargo el regaño no fue tomado en serio debido a su sonrojo.
—Yagen una vez me preguntó si me molestaría que mi Papi y él estuviesen juntos. — Los mayores miraron al pequeño. —Yo le dije que mi Papi se veía feliz con él, y si mi Papi está feliz, yo estoy feliz.
Kosetsu se agachó. —Sayo…
— ¿Mmm?
— ¿Tú le dijiste a Yagen… que Souza es tu Papá? — Sayo asintió apenado. No era malo, sólo algo sorpresivo.
— ¿Hice mal? — Preguntó mirando a su tío.
—Claro que no. — Respondió Souza abrazando al pequeño.
~Mansión Heshikiri~
El día comenzaba a consumirse, y Hasebe le había dado el recorrido por la mansión como era debido.
—Bueno, ya estuviste aquí antes. — Dijo al entrar a la biblioteca.
—Perdona.
—No, está bien, admito que he evitado la biblioteca por mucho tiempo.
— ¿Tantos recuerdos generaste con ellos?
—Muchos, la mayoría fueron con Mitsutada y Yasusada, no tienes idea del revoltijo que solía hacer aquel peliazul. — Sonrió al recordar la voraz curiosidad de su difunto amigo.
—Ya veo… sabes, creo que… por respeto, el cariño así como todo lo que ellos significaron para ti… no deberías omitir nada. — Hasebe volteó a verlo. —Me refiero a las fotografías y cosas así. — Dijo nervioso.
—Tienes razón, pero no quiero incomodarte. — No era pretexto, de verdad no quería incomodar al chico.
~En Algún Lugar~
—Tohitori… buen lugar para comprar reposteria… — Murmulló el mismo hombre que tenía fotografías de Souza.
~En El Albergue~
Sayo había salido de la habitación, pues Sayuri y los demás niños aún tenían energía para jugar.
Apenas habían pasado unos minutos de la partida del pequeño, pero el silencio se había plantado de lleno en el lugar.
—Souza…
— ¡No vuelvas a decir eso delante de Sayo! — Gritó molesto.
—Souza, es la verdad. — Dijo Kosetsu seguro de sus palabras. —No pretendas lo contrario, porque es claro que Yagen te gus-
— ¡¿Y qué si es así?! — Alzó la voz, pero el rostro lo mantenía oculto. — ¿Qué si me gusta?, ¿Qué si albergo esa ilusión? — Lo último lo dijo en un suave susurro entremezclado con un sollozo. —Tengo derecho… pese a no ser digno de ello… — Kotetsu miró a Souza. — ¡Tengo derecho a enamorarme, aunque sólo sea una ilusión! ¡No me lo puedes prohibir!
Kosetsu tomó a Souza de los hombros. —Yo no te lo estoy prohibiendo. — Dijo alzando el rostro de su hermano. —Lo admito, me parece raro que un niño de ocho años despierte ese sentimiento en ti, pero eso te hace feliz, y no hay nada en el mundo que me traiga más paz, que ver a mi hermano y sobrinito felices. — Dijo con honestidad. —Nunca digas que no eres digno, todos tenemos derecho a ser felices, tú te has esforzado en criar a tu hijo, y en dar una sonrisa a todos aun cuando no quieres sonreír, que estes enamorado me parece bien, lo que repruebo es que te limites a sólo guardarlo para ti mismo.
—Es un niño… — Las lágrimas de Souza comenzaron a rodar por sus mejillas. —Es un niño del que me he enamorado. — Se abrazó a su hermano. —Tengo miedo. — Susurró. —Me da miedo este sentimiento.
— ¿Por qué? — No era que no lo supiera, pero tampoco quería hacer un comentario que terminase siendo mal interpretado.
—Yagen tiene la misma edad que yo cuando… — Kosetsu le abrazó más fuerte. —No quiero que deje su infancia de forma apresurada… no quiero ser el motivo que le quite su niñez… — Sollozó nuevamente.
~En Un Hostal~
Sentado en la esquina de la cama y con los ojos un poco rojos, se encontraba Nakigitsune, a su lado llegó Kogitsunemaru, no dijo nada y abrazó al menor por la espalda.
—Perdona. — Dijo tallándose los ojos.
—Te vas a lastimar. — El mayor detuvo la acción del menor.
Entendía el porqué estaba así su amado, pero eso no impedía que le supiera mal aquello.
—Mañana… — La voz de Nakigitsune se había oído a duras penas. —Me gustaría que antes de visitarla… compraramos algunas flores.
—Por su puesto. — Dijo el mayor. —Camelias y hortensias, ¿cierto? — Nakigitsune miró sorprendido al otro. — ¿Qué pasa? — Preguntó al ver la reacción del de orbes dorados. — ¿Tanto te sorprende que lo recuerde? — Preguntó usando un leve tono bromista.
—Un poco, sí. — Confesó.
Kogitsunemaru sonrió y volvió a abrazar al menor, aquella tarde mientras llegaban a aquel pueblo, varios recuerdos habían azotado su mente, y las flores eran las que más presente tenía aquél albino.
Sin pedirle permiso o avisar, se levantó de la cama y cargó al chico en brazos.
— ¡E-e-espera! — Dijo abrazando al mayor.
—Debes descansar. — Dijo recostando y arropando al chico, como si de un niño se tratase.
Nakigitsune sintió las mejillas arder. —Kogitsunemaru… es bastante tierno… — Una sutil sonrisa se dibujó en sus labios y su expresión era más tranquila, misma que cambió a una de sorpresa al sentir un ligero beso en su mejilla derecha.
—Es hora de dormir. — Anunció el mayor, rodeando la cama para acostarse del otro lado de la misma y poder así conciliar el sueño al lado de Nakigitsune. —Buenas noches. — Se acomodó y giró, quedando cara a cara con el menor, esté con algo de pena -la misma que demostraba siempre con Kogistunemaru- se movió hasta acurrucarse en el pecho del mayor, comenzando a cerrar poco a poco los ojos.
~En Otro Lugar~
Un joven de cabellos verdes abrazaba a un peliplata, mismo que trataba de calmar su llanto.
—Sé que lo que te pido es imposible, pero por favor deja de llorar. — Acarició aquellas hebras platas con suma dulzura.
—No estuve con ella… — Alzó su rostro, mostrando sus orbes azules. — ¡Si yo no la hubiera dejado! — El peliverde le abrazó de nuevo.
—Sabes que no fue culpa tuya.
La noche se apoderó de todos y cada uno de los rincones de Japón, el viento corría helado, los animales nocturnos hacían ruido de vez en cuando, se podían oír algunos búhos a la distancia, arrullando así a todo aquel que le escuchase.
Algunos grillos también emitían su característico grillar. Haciendo la noche medianamente amena.
~Mansión Heshikiri~
Sumergidos en un profundo sueño, así se encontraban todos los habitantes de aquella finca.
Uno de ellos estaba completamente sumido en las ilusiones de morfeo.
— ¿Donde estoy? — Había demasiada neblina. — ¿Hola? — Llamó al oír algunos sollozos. — ¿Quien anda ahí? — Preguntó caminando hacia donde provenía aquel ruido. —Parecer ser un niño… — La neblina comenzaba a difuminarse, poco a poco su visión comenzó a ser más clara. — ¡Un niño! — Se acercó al pequeño que yacía hecho ovillo en lo que parecía ser una esquina. —Hola… — Susurró Ishikirimaru, haciendo que el pequeño diera un leve brinco. —No temas, no te haré daño. — Acercó su mano a la cabeza del pequeño y procedió a acariciarla con ternura. — ¿Qué haces aquí? ¿Estás sólo? — Preguntó hincándose delante del niño, este asintió.
— ¡Quiero a mi Mami! — Gritó el pequeño, soltando el llanto.
— ¡Este niño… ! — Las pupilas de sus orbes lilas se contrajeron por la conmoción, frente a él, un pequeño de cabellos castaños, un trajecito de marinero en tonos verdes, zapatitos de color café, ojitos lilas. —Este niño… ¡Soy yo! — Pasó saliva con dificultad.
Miró a su alrededor, la neblina que en un principio le impedía ver se había dispersado por completo, dejándole ver que estaba con su yo del pasado, en una especie de habitación, sólo que está tenía un aspecto un tanto tenebroso, pues las paredes se veían maltratadas e incluso parecían estar manchadas con algo, pero no estaba seguro de qué.
— ¿Cómo te llamas? — Se sentía tonto preguntando aquello, le era claro que ese pequeño era él, pero si ese niño era él, ¿él quién era?, aquello le estaba aturdiendo de sobremanera.
—Ishikirimaru… Sa-Sanjo… — Respondió temeroso.
—Bueno… Ishikirimaru, no tengas miedo, ya no estás solo. — Dijo sonriéndole al pequeño. —Ven, vamos a buscar a tus padres. — Cargó al pequeño y se puso de pie.
Sin embargo, ambos castaños se quedaron estáticos al oír un silbido, uno que el mayor reconocía, más no recordaba con exactitud.
**Silbido**
Ishikirimaru miró al pequeño, este había palideció, comenzó a temblar, incluso su presión sanguínea había cesado, y el terror se reflejaba en sus ojos.
— ¿En dónde estás? — Preguntaba la voz de un hombre, pero el mayor no lograba ubicarla. —Ven, voy a tratarte bien. — A penas aquellas palabras terminaron de ser pronunciadas, una risa bastante irritante se escuchó y nuevamente aquel silbido se hizo presente.
La puerta de aquella habitación comenzó a temblar y el picaporte comenzó a moverse con insistencia.
— ¡Sea quien sea, no debe vernos! — El miedo se apoderó del mayor.
—Te- — Cubrió la boca del menor, para que este no hiciera ruido alguno.
—Escucha, Ishikirimaru, no hagas ruido, te prometo que te llevaré con tus padres. — Susurró, ocultando el miedo que sentía en ese momento.
El pequeño asintió y se abrazó al mayor, este comenzó a mirar todo a su alrededor, encontrando un viejo armario, cuya apariencia era igual o más cutre que las paredes, escuchó la puerta rechinar, quien estuviese del otro lado, definitivamente iba a entrar, con cuidado se dirigió a aquel armario y abrió la puerta de este, cuidando que esta no emitiera sonido alguno, evitó abrirla del todo y se introdujo en aquél sitio, cerrando con cuidado aquella puerta.
Incluso a sus veintiséis años, la idea de estas encerrado a oscuras le seguía aterrando.
—Vamos a jugar. — Nuevamente las carcajadas de aquel hombre resonaban. —Sé que estás aquí. — Dijo caminando por toda la habitación.
Ishikirimaru sintió un escalofrío recorrerle la espina dorsal, abrazó al pequeño como si de aquello dependiera la vida de ambos. Notó cómo un hombre caminaba en dirección a ellos.
—Sé que estás ahí, mi gorrioncillo. — Dijo en tono burlón, aquello le crispó los nervios a ambos castaños.
— Ese apodo… "Ven, mi gorrioncillo, Papá quiere vernos"... era como Mamá me llamaba… — Nadie más le llamaba así, sólo su madre, su padre raramente lo hacía.
— ¡Te encontré! — Aquella voz le puso en alerta, dirigió su mirada y frente a él, justo enfrente de la pequeña ranura que tenía la puerta, estaba un hombre al cual no conocía de nada.
Era más bajo que él, tenía el cabello corto y de color negro, ojos cafés, bigote y barba de chivo. Aquel sujeto que Ishikirimaru no recordaba de nada y que encima de eso, le generaba tanto miedo, comenzó a dirigir su mano hacia la puerta de aquel escondite.
—Oh, Lord Yasuhira…
— ¡Yasuhira! — Los ojos de Ishikirimaru se abrieron de par en par al oír aquel nombre.
—Los niños han llegado.
Quién había dicho aquello con tanta calma parecía ser una mujer, pero dado a la posición del armario en aquél lúgubre cuarto, le era imposible saberlo con claridad.
—Oh, _ estaba buscando al pequeño de Munechika, ese precioso niño. — Aquel comentario había sido dicho con todo el morbo y la malicia del mundo.
— ¿El pequeño de Munechika?... ¿Se refiere al niño Ishikirimaru?
— ¡¿A quién más?! — Preguntó, volteando hacia donde estaba la puerta. —Ese pequeño tiene un porcentaje de embarazo del 95%, nada me haría más feliz que preñarlo. — La lujuria era palpable en sus palabras.
— ¡Maldito enfermo! — Pensó Ishikirimaru asqueado de oír a aquel sujeto, una presión en su hombro le hizo voltear, el pequeño que yacía en sus brazos, había comenzado a temblar de miedo.
Ishikirimaru pasó su mano por la cabellera del menor, dándole un poco de confianza y tranquilidad.
—Pero… el niño Ishikirimaru se escapó hace cuatro días…
— ¡¿Qué?!
—Y de hecho justo ayer… Lord Munechika había estado buscándolo...
— ¡¿Pero de qué diablos están hablando?!
—Oh, es una lástima, me hubiese encantado engullir mi pene en esa adorable boca. — Soltó una carcajada al decir aquello.
Un fétido olor comenzó a invadir las fosas nasales del castaño y comenzó a sentir el cuerpo de aquel niño más ligero y delgado, volteó a verlo, sólo para asegurarse de que el pequeño estuviera bien, pero grande fue su sorpresa al ver que entre sus brazos yacía un cadáver en plena descomposición, los ojos no eran más que cuencas vacías de las cuales se asomaban un puñado de gusanos, las manitas sólo eran huesos con un poco de carne pegada a ellos, lo que se supone era sangre, no tenía tonalidad rojiza, estaba completamente cuajada.
— ¡AAAAAHHH! — Soltó el cuerpo y salió del armario, aún con el miedo encima.
—Te en-con-tre.
Sintió unas manos alrededor de su cuello, oprimiendo y dificultando la respiración, la desesperación comenzó a acumularse.
—Bagh...s..gh… tagh… baghs…
—Ishikirimaru… — El castaño estaba bañado en sudor. —Ishikirimaru, despierta. — Hasebe seguía removiendo al otro, pero este no reaccionaba, decía cosas intangibles, pero era claro que estaba teniendo una pesadilla. —Ishikirimaru… Ishikirimaru… — Sin más opción, Hasebe tomó al castaño de los hombros y le sacudió con un poco de fuerza. — ¡Despierta!
El castaño abrió los ojos y tomó una gran bocanada de aire, Hasebe le soltó y este se sentó, su respiración era profunda, como si no hubiese tenido oxígeno durante un buen rato.
~Mansión Mitsuyo~
Era muy temprano aún para las visitas, pero aquellos cuatro, eran más que bienvenidos, las puertas de aquella mansión, así como los brazos de sus habitantes, siempre estaban abiertos para ellos.
—Perdona que llegásemos sin avisar. — Se disculpó un chico de cabellos verdes blanquecinos.
—No hay necesidad de avisar, sabes que son bienvenidos. — Respondió Odenta, mirando al pequeño que jugaba con la cobijita color melon. —Es muy inquieto, ¿verdad? — Preguntó sonriendo.
—No se queda ni un rato quieto. — Le respondió el contrario.
— ¡Hizamaru! ¡Tomoe! — Aquella voz llamó la atención de todos.
— ¡Higekiri, ¿qué haces levantado?, ve a acostarte! — "Ordenó" su hermano.
— ¿Es en serio? — Preguntó incrédulo. —Durante dos semanas, Odenta no me ha dejado moverme de la cama, ya hasta me duele la espalda de estar sentado y acostado. — Reprochó colocando su mano derecha en su cintura y sobando su abultado vientre con la mano izquierda.
—Ven aquí. — Dijo Odenta, alcanzandolo y tomándolo de la mano, Higekiri caminó hasta quedarse al lado de Odenta y sentarse junto a él.
—No pidas que estén en paz, no, tomando en cuenta tu reciente amenaza de aborto. — Comentó Tomoe.
Higekiri suspiro. —Debe ser difícil, ¿verdad, Tomoe? — El mencionado no entendió el trasfondo de aquella pregunta. —Estar casado con alguien que se la vive angustiado, hace drama por todo y que de seguro cuando lo hace, siempre permanece bajo la sábanas porque su pudor no le deja disfrutar de aquello. — Miró a su hermano, este estaba completamente rojo de la vergüenza.
— ¡Anija! — Reclamó avergonzado. — ¡¿Cómo se te ocurre decir eso?! — Higekiri soltó la risa al ver las reacciones de su hermano.
—No realmente. — Comentó Tomoe en un suave murmullo, mismo que fue audible para los ahí presentes.
Higekiri aun así siguió riendo, el bebé que estaba sentado en las piernas de Hizamaru al oír las risas de su tío también comenzó a reír.
— ¿Si, mi amor? — Preguntó Higekiri al bebé. — ¿Tus Papás te hicieron con muchas ganas? — El nene se calló por unos instantes, pero después comenzó a reír.
El hijo mayor de Hizamaru sólo oía la conversación, sintiéndose un poco fuera de lugar, eso y con sueño, se habían levantado temprano para ir a visitar a sus tíos y durante todo el trayecto el chico había permanecido despierto, pero ni toda su determinación le ayudaba a que se mantuviera despierto en esos momentos.
— ¿Honebami? — Le llamó su Papi, el chico sonrió y se recargo en el hombre de ojos magenta. — ¿Tienes sueño?
—No, estoy bien. — Respondió, pero era claro que sí lo tenía.
—Anda corazón. — Habló Higekiri. —Se te nota la carita de cansancio. — Se puso de pie y le extendió la mano al pequeño. —Ven, ya sabes que en el cuarto de los chicos hay una cama para ti.
Honebami se sonrojó, era cierto lo que su tío le decía, pero aún así sentía que él era completamente ajeno a ellos, incluso a su propia familia. Miró a sus padres, ambos le sonrieron, miró también al esposo de su tío, este también sonrió.
—Vamos. — Volvió a llamarle Higekiri, respiró hondo y tomó la mano de su tío, se levantó del sofá y acompañó a Higekiri hasta la habitación de sus primos, misma en la que dormían los cuatro plácidamente.
En la sala de estar los otros tres habían observado al par salir.
—Sigue afectado, ¿verdad? — Odenta sabía por lo que estaba pasando Honebami, después de todo aquello también había involucrado a dos de sus hijos.
—Ya han pasado tres años, pero Honebami parece no tener mejora alguna. — Comentó con preocupación Hizamaru.
Tomoe bajo la mirada. —Hone… siempre había sido tímido, pero ahora… no pareciera ser él. — Hizamaru paso su brazo por la espalda de su marido, tratando así de darle un poco de ánimo.
—Entiendo eso. — Dijo Odenta. —Namazuo se volvió más hiperactivo y Yagen por su parte… dejó de comportarse como un niño, toma decisiones de forma más madura, aunque… — El matrimonio volteó a ver con algo de curiosidad al Mitsuyo. —Quizás Honebami necesita algo que le haga reaccionar como el niño que es. — Dijo con una sonrisa.
— ¿A qué te refieres? — Preguntó Hizamaru.
—Bueno… últimamente Yagen ha estado teniendo acciones de un infante, pequeños berrinches, y decisiones sin meditar, claro que mantiene un margen de error bajo, pero… ya es algo, ¿no? — Los otros dos parpadearon un par de veces.
Dentro de la habitación, el pequeño Honebami, miraba avergonzado a uno de los hijos de su tío.
—Namazuo… — Sentía vergüenza al ver al pelinegro, mismo que parecía haber sentido la presencia de alguien en su habitación, lo cual le hizo abrir los ojos.
— ¿Papi! — Llamó el pelinegro tallandose uno de sus ojos a la vez que bostezaba.
— ¿Qué pasa? — Preguntó Higekiri, caminando hasta donde estaba su hijo, acariciando la cabellera de este.
—Yo soy quien debería preguntar. — Dijo adormilado.
—Llegaron tus tíos. — Susurró, procurando no despertar a los demás.
— ¿Honebami vino? — Preguntó, cosa que hizo a su padre reír, su hijo estaba tan dormido que no notaba al otro.
—Cariño, ya sabes en dónde están las pijamas, ¿verdad? — Le preguntó al peliplata, este asintió apenado.
—Iré al servicio, a cambiarme. — Avisó, logrando que Namazuo saliera un poco de su ensoñación, no tardó mucho, para cuando salió, Namazuo le tomó de la mano y sin dejarle decir algo le llevó hasta su cama. — ¡E-espera!
—Duerme conmigo. — Pidió sonriente.
—P-pero… — Apenado, miró a su tío.
—Mi Papi sabe que me gustas. — Comentó Namazuo, creyendo que ese era el motivo por e cual el otro se detenía, pero en lugar de convencer a Honebami, sólo logró que se sonrojara.
Higekiri rió nuevamente, duerman, que hoy iremos a ver al tío Shishio. Se levantó de la cama de Namazuo y salió, dejando así que Namazuo y Honebami durmieran juntos.
~Tohitori~
Más tarde, en aquella pequeña población iba llegando en una carreta de color negro y algunos detalles dorados, apenas llegó al umbral que daba la bienvenida a los visitantes se bajó de aquel transporte.
Portaba un pulcro traje negro, sus ojos se cerraron al sentir los rayos del sol, le era incomodo, pero ni de broma usaría algo que opacara sus brillantes ojos.
—Bien, hora de buscar. — Susurró para sí mismo.
En esos mismos instantes en otra carreta iban los Mitsuyo, junto a los Minamoto, tres de los niños iban emocionados, pues verían a su tío abuelo así como a sus amiguitos, otro de ellos, Yagen, estaba más centrado en cómo entablar una conversación con el de cabellos rosados, mientras que Honebami apenas y les podía seguir la platica a sus primos.
—Sayuri convenció al tío Shishio de poner un columpio en el árbol. — Mencionó emocionado Hirano.
— ¿Un columpio? — Preguntó Honebami. — ¿Qué no el tío Mikazuki había dicho que era peligroso?
—Sí, pero ya sabes como es Sayuri de insistente. — Agregó Yagen.
— ¡Y vimos a Kogitsunemaru! — Gritó contento Maeda.
Higekiri se crispó un poco, era cierto que habian conversado con el albino, pero aquello se había sentido un poco incómodo, tenía siete años que no se veían, y parecía que el tiempo les había entorpecido un poco la lengua.
Apenas la carreta se detuvo, los pequeños salieron disparados, claro a excepción de Yagen y Honebami.
— ¡Nocorran! — Llamó Odenta, ayudando a su esposo a bajar, Hizamaru tomó al pequeño Mouri, y ayudó a Tomoe.
Mikazuki salió junto a Sayuri para recibirlos, los gemelos, Maeda y Hirano, corrieron hasta él.
— ¡Tío Mika! — Dijeron saltandole encima.
Mikazuki rió ante la acción de los niños, así como por el hecho de que casi le tiraban. —Cuidado, cuidado. — Dijo agachándose para abrazar a los pequeños.
— ¿Dondé está Kogitsunemaru? — Preguntó Maeda. —Quiero jugar con él. — Dijo dando saltitos.
— ¡¿Kogitsunemaru está aquí?! — Preguntaron al unísono, Tomoe y Hizamaru.
—Mis tíos no están. — Dijo Sayuri.
— ¿Tíos? — Repitió Hizamaru.
Sayuri asintió. —Mi tío Kogi y mi tío Naki se fueron.
— ¿Cómo que se fueron? — Preguntó Higekiri un poco alarmado.
—Anija… ¿qué no se habían arreglado? — Hizamaru preguntó, ignorado un poco del trasfondo de la pregunta de su hermano.
— ¿Arreglado? — Preguntaron los hijos de Odenta.
—Papi, ¿te peleaste con Kogi? — Preguntó Hirano.
Mikazuki volvió a reír. —Oh, es es historia vieja. — El pequeño volteó a verlo. —Verás, nos criamos juntos, yo me fui a vivir a la casa de tu Papá, mientras que Kogitsunemaru se quedo en casa de tu Papi, así que se criaron como hermanos, y cuando tu Papi dio la noticia de que se iba a casar con tu Papá, Kogitsunemaru armó todo un drama. — Explicó la situación, según Imanotsurugi se la había relatado a él.
— ¿Siguen enojados? — Maeda miró a sus padres.
—Oh, no, hicieron las paces, así que no te preocupes. — Dijo Mikazuki. —Kogitsunemaru y Nakigitsune, probablemente regresen hoy en la noche o mañana.
—Perdón por la ignorancia, pero... ¿Quién es Nakigistune? — A Tomoe ese nombre no le sonaba de nada.
—Pues mi tío. — Dijo Sayuri con un gesto de lo más infantil, a lo que todos rieron.
—Es el novio de Kogitsunemaru. — Comentó Odenta.
Pasaron al interior del albergue y como era de esperar los chicos fueron a jugar con los pequeños que ahí habitaban, Honebami había visitado pocas veces el albergue, por lo que le era difícil socializar con los demás pequeños.
Mientras jugaban con los niños, Yagen logró ver a Souza, el chico de cabellos rosas estaba sentado en una de las banquitas que había en el patio, estaba tejiendo algo, aunque Yagen no sabía con exactitud, qué era. —Souza…
Parecía que le había llamado con la mente, pues el mayor alzó la vista y vio al Mitsuyo, las mejillas de ambos se tornaron rojas.
— ¿Por qué se sonroja? — Aquella reacción del pelirosa se le había hecho rara, no lo medito y comenzó a caminar hacia el otro.
Souza por su parte, comenzó a recoger las madejas de estambre que tenía a su lado, sí, ya había reconocido que Yagen le gustaba, incluso aceptó estar enamorado del otro, pero aún así, no quería estar ante la presencia del Mitsuyo.
—No te vayas, por favor. — La voz de Yagen le detuvo.
—Yagen, por favor…
—Te prometí que hasta los trece, volvería a cortejarte… y no quito el dedo del renglón. — Dijo seguro de sus palabras.
—Escucha…
—Te amo y eso no va a cambiar… — Las mejillas de ambos se encendieron aún más. —Te lo digo ahora, sólo para que lo tengas bien presente. — Souza respiró hondo, aunque no se lo dijese a Yagen, aquellas palabras le hacían sentir feliz, y a la vez asustado. —Esto… ¿qué estás tejiendo? — Preguntó, tratando de tener una conversación sencilla como las que solían tener de vez en cuando.
Souza, dejó las cosas y siguió con el tejido. —Pronto… será el cumpleaños de Nakigitsune… ¡Calmate, Souza! — Se reprendió, pues había titubeado al hablar.
—Oh, no sabía, ¿es de Noviembre? — Se acercó más al pelirosa, este recorrió más las madejas, dejando espacio para que el menor se sentara.
—No, Nakigitsune es del tres de Diciembre. — Dijo, para después soltar un suspiro. —Debo tocar el tema, total, ya lo sabe…
—Ya veo, en ese caso, ¿estás haciendo una bufanda? — Preguntó mientras jugaba con sus dedos.
Souza volvió a negar. —Es un gorro… Hazlo… — Respiró hondo, le daba miedo, pero tenía que afrontarlo, igual y aquello hacía que Yagen cambiase de opinión con respecto al amor que le profesaba. — ¿Desde cuándo lo sabes? — Preguntó sin apartar la vista del tejido.
—Acabas de decírmelo. — Respondió.
—Sabes que no habló de esto. — Dijo alzando un poco el tejido.
—Entonces, no entiendo… igual y sólo está haciendo la pregunta de forma aleatoria…
—Yagen. — Volteó a ver al menor. — Sabés de lo que hablo.
El chico trató de hacerse el loco, pero Souza alzó las cejas, dejándole ver que no se creía su actuación, finalmente suspiro. — ¿Cómo fue que… ?
—Osayo me lo dijo ayer.
—Ya veo…
— ¿Y bien?
—Fue hace cuatro meses.
— ¿Por qué no me dijiste nada?
—No me correspondía hacerlo… quiero decir, al principio creí que Sayosuke se había referido a ti como "Papi" porque habían quedado huérfanos a temprana edad… pero note que lo decía enserio.
—Ya veo… bueno, lo dije hace tres semanas, Osayo es mi hijo. Yagen yo no quie-
—Lo sé desde hace cuatro meses, y sigo enamorado de ti, por eso cuando Sayosuke dijo que te veía feliz conmigo, yo… me puse muy contento. — Su cara estaba roja, pero sus palabras eran firmes.
— ¿Sabes porque te he estado rechazando todo este tiempo?
— ¿La edad?
—Aparte.
—Mmm… ¿porque tienes un hijo?
—Aparte.
—Ninguna de ellas me afecta.
—Te rechazo, porque no quiero que pierdas tu infancia. — Dejó el tejido y miró al chico. —No quiero que te apresures y tomes acciones y actitudes que no corresponden a tu edad, Yagen… no quiero que pierdas tu inocencia. — Los ojos de Souza se volvieron cristalinos.
—Souza… no me estoy apresurando en nada, admito que no soy como mis hermanos, pero hasta donde yo sé, siempre he sido así, además, el amor no es algo con lo que uno pierda la inocencia.
Souza acarició con ternura la mejilla del oro, ocasionándole cierto nerviosismo al menor. —No quiero que hagas tonterías…
—Sou- — El mayor le calló.
—Cuando tenía tu edad… — Se mordió el labio, le era horrible recordar aquello. —Abusaron de mi... — Yagen abrió los ojos con sorpresa.
—Me imaginaba que lo de Sayo había sido algo así, pero… Souza… — No dejó que el otro hablara y le abrazó. —Sé que con esto no remedia aquello, pero… — El abrazo se hizo ligeramente más fuerte.
—Por ello… no puedo… no quiero que dejes de verte como un niño, por eso… crece a tu tiempo. — Pidió separándose un poco del Mitsuyo, pero notó una sutil sonrisa en los labios de Yagen. — ¿Me escuchaste?
—Lo hice.
—Entonces… ¿por qué estás sonriendo?
—Por lo que dijiste. — Dijo contento.
—No es para que te rias. — Dijo un poco molesto.
—Me estás malinterpretando, aprecio que te preocupes por mi, pero me acabas de hacer muy feliz con lo que dijiste… — Souza no entendió al chico. — Dijiste, que no puedes aceptarme, más no que no quisieras, es quiere decir… que… también te gusto. — Souza abrió los ojos con sorpresa, era cierto, había cometido una pequeña imprudencia y sus palabras le habían delatado. Comenzó a tartamudear, tratando de arreglar lo que había dicho, cosa que le causó gracia a Yagen. —Tranquilo, prometí que te enamoraría hasta que cumpliese los trece, y así lo haré, por el momento sé que te gusto.
—Te prohíbo que vuelvas a decir algo así… — Las mejillas de Souza estaban completamente rojas. —Hasta que tengas los trece… — Susurró y volteo a otro lado, para ocultar su rostro.
—Entendido. — La sonrisa de Yagen era completamente notoria.
— ¡Yagen! — Le gritó a la distancia Sayuri. — ¡Ven a saltar la cuerda con nosotros!
La felicidad de Yagen era tanta que no se hizo del rogar. — ¡Voy! — Regresó la vista al pelirosa. —Nos vemos. — Se despidió, y corrió a donde estaban sus hermanos y primos.
Dentro del albergue, en la que parecía ser la pequeña sala de estar, estaban los mayores, a excepción de Kosetsu, pues él estaba cuidando junto con Souza a los chiquitines en el patio.
— ¿A dónde fueron? — Preguntaron Higekiri y Hizamaru.
—Fueron a ver a la madre de Nakigitsune. — Respondió Mikazuki.
~Tohitori~
—Disculpe. — Llamó un fino y distinguido caballero a una señora. — ¿Ha visto a esta persona? — Preguntó, mostrando una foto algo maltratada.
La señora la miró por un instante. — ¡Oh, si! — Dijo sonriente. —Es un chico bastante amable, disculpe, ¿para qué le busca?
—Verá, un familiar de él, le ha estado buscando todo este tiempo, tengo un mensaje muy importante.
—Oh, ya veo, bueno, esporádicamente viene al pueblo.
—Ya veo.
—Tendrá que esperar un poco, bueno, si no es que tiene prisa.
—Oh, no mucha realmente. — Agradeció la ayuda de la mujer y comenzó a buscar un hostal para hospedarse. —Me harás esperar, ¿eh?, bueno, pequeña perra, esta vez, no te me vas a escapar, y te daré un escarmiento. — Su sonrisa maliciosa pasó desapercibida por todos.
