Bueeeeno… aquí estoy.
Lo siento de verdad. Prometí una fecha y no la cumplí ni por asomo. Comprendo que estéis molestos. Es lógico y merezco platanazos, melonazos o lo que sea que queráis lanzar. Este tiempo ha sido bastante atareado entre los exámenes, varios incidentes personales y demás. Por otra parte, he sufrido un terrible bloqueo de escritor que ha hecho que obtenga este desastre de capítulo. De verdad que lamento este resultado tan deplorable. Lo borraría pero no quiero caer estancada de nuevo. Remontaré con el siguiente, solo tenía que tomarle el hilo a la trama una vez más.
Dejado esto aparte, ¿recuerdan que inicié un pequeño evento? Seguramente no xD
Era de temática muy simple, vosotros mis lectores solo tenéis que dejarme cualquier idea que tengáis de un fic de Zelda y lo mezclaré todo en un mismo one-shot. En un principio iba a ser un regalo navideño pero se me hizo tarde xD
Agradecería mucho que me diesen más ideas, porque solo un par de lectores echaron una mano. Si todos dan una idea esto se podría hacer más rico y variado.
Por otra parte, me veo obligada a advertir que no escribo nada de categoría M, así que el anónimo que me solicitó un yuri entre Zelda y Fay tendrá que quedarse con las ganas. Lo siento mucho, pero mi campo de escritura alcanza su límite en la T xD
Dicho esto, os dejo con el capítulo.
Este capítulo va dedicado para: Icarian Wings, Shimmy Tsu, arcangel91, Ryuunoko, Angie ZF, Lex, BlazSheikah, Lala, Guest, Badthinker6969 y the-impossible-girl-of-souffle. Muchas gracias por estar ahí leyendo esto. Es importante para mí.
Destinos cruzados.
En el capítulo anterior…
Link no podía describir lo que sintió cuando la punta del arma, y con ella toda la espada, quedaron liberadas. Al mirarla sus deseos anteriores de poseerla quedaron obsoletos comparado con la urgencia que sentía en ese momento, y al agarrarla, una parte de su interior se sintió completa, pero un estallido se produjo en su interior. Primero fue algo tranquilo, una sensación de calma y poder que le tranquilizaba, mas después se tornó violenta y triplicó la molestia que llevaba semanas sintiendo en su mano izquierda.
Al sacar la espada todo su interior quedó nublado por una sensación de lacerante dolor y otra opuesta, de serenidad. Tan pronto hubo estallado aquella explosión dorada, esta desapareció y el cuerpo de Link cayó al suelo, inconsciente por segunda vez en el mismo día.
Danilo y Sheik compartieron una mirada, este último bastante más sorprendido que el primero.
-M-Me parece que lo hemos encontrado –susurró sin aliento, apenas un susurro por encima del silencio mágico que había inundado toda aquella sala.
Y Dan solo asintió.
Era el momento de comenzar la verdadera función.
Capítulo 11. ¿Aliados?
El amplio repertorio de emociones humanas se veía reducido a un mero malestar en aquellos momentos. Lo único que Link podía sentir era una punzada dolorosa en su mano izquierda, que ardía como una condenada, y la molesta sensación de tener la cabeza embotada. Se odiaba a pesar de apenas saber que aún estaba vivo. Se sentía tan débil e indefenso en esa burbuja aislante suya que cuando su cuerpo entumecido empezó a moverse le pareció estar flotando en una nube demasiado dura para resultarle cómoda.
El movimiento que describía una y otra vez era descendente y ascendente. Durante unos segundos su espalda se arqueaba y abandonaba el apoyo de aquella misteriosa nube –que desde hacía unos segundos había empezado a percibir como algo cálido y recio- para después caer de un seco golpe de vuelta al sitio del que se había separado. En muy poco tiempo la moción pasó de molesta a insoportable y sin darse cuenta estaba tratando de abrir los ojos, pues desde hacía unos instantes se había percatado de que la oscuridad que lo rodeaba no era natural. Primero frunció el ceño y después un tímido párpado desveló uno de sus enormes iris azules. Los cerró una milésima de segundo después, los rayos solares atravesando como puñales traicioneros su desacostumbrada pupila, pero cuando lo abrió de nuevo el efecto no fue tan chocante. Mantuvo silencio mientras su nublada visión le ofrecía la imagen distorsionada de una figura que bien podría ser hombre o bestia justo enfrente suya. Esperó a pesar de la instintiva reacción de "golpear, matar, huir" que embargó su interior.
No supo si hizo bien en aguardar cuando sus sentidos fueron despertando muy poco a poco y por fin pudo apreciar claramente un cuerpo masculino, joven, que estaba sentado y echado algo para atrás, de forma que uno de sus brazos se hallaba al lado de la cintura de Link, sujetándolo de una caída que el asesino suponía imposible.
En ese momento llegó a sus oídos el sonido seco y rápido de los cascos de unos caballos y las piezas encajaron puntuales en la mente de Link. No sabía bien cómo, pero estaba tumbado bocarriba sobre la grupa de un caballo negro, con el brazo firme de un desconocido impidiendo un golpe contra la hierba que cubría la extensa superficie del campo de Hyrule.
No supo qué vino primero, si las memorias de lo sucedido en el Templo del Tiempo, que parecían ser algo lejano y aletargado, o la mezcla de terror y sorpresa de apercibir que cabalgando a uno de sus costados había otro jinete de brillante cabellera rubia y ojos rojos fijos en el horizonte.
El nombre de Sheik resonó en su perdida mente mientras la mirada opacada de Link se deslizaba despistada y lenta sobre la distancia que separaba a ambos jinetes y se clavaba en el otro chico, este moreno, del que solo podía reconocer su espalda y su brazo, largo y delgado.
Entonces algo le golpeó de lleno: la sensación ardiente de falta, de ausencia. Y con ella vino una nueva pregunta, ¿dónde estaba su espada? Y es que aunque nadie se lo hubiera dicho, si algún ser viviente osaba dudar de su posesión del arma le atravesaría las entrañas sin pararse a pensar. Era suya. No hacían falta dudas, preguntas ni derechos de propiedad.
Sus ojos se clavaron con tanta intensidad en el desconocido que probablemente este ya se hubiera percatado de su despertar. Link evaluó la velocidad a la que avanzaban los caballos. Iban rápidos. Sus patas musculosas se desplazaban con una tenacidad y rapidez que resultaba incluso hechizante. Los cascos se hundían en la tierra, aplastaban hojas y partían rocas sin que la enorme bestia se percatase de ello.
A Link siempre le habían gustado los caballos aunque nunca había tenido la oportunidad de montar en uno; y ahora que la tenía, resultaba que era con un desconocido que lo estaba llevando lejos de la Ciudadela, cuya imponente muralla era poco más que un gusano gris en la distancia. Con su fría mente trató de sopesar si sus posibilidades de morir al golpearse contra el suelo eran menores que el riesgo de permanecer con ese extraño y su antiguo compañero traidor, y los resultados que obtuvo no fueron muy alentadores.
Advirtió para su terror que aquel par lo alejaba de la Ciudadela. Del único hogar que había tenido desde que su pueblo fue arrasado. Sintió el miedo trepándole por la espalda y un sudor frío bañó su sien.
Aun así contempló la mano de piel pálida que se fundía con un contraste impactante en el pelaje negro del caballo, pensando en morderla y escapar una vez liberado del agarre del joven.
-Ni siquiera lo pienses, Link –dijo una voz a su derecha.
Volvió la mirada y se encontró con los apáticos ojos rojos del sheikah que había conformado y roto una amistad con él a una velocidad vertiginosa.
Eso y ver durante unos instantes la vaina de cuero marrón junto a la empuñadura de color azul oscuro de su espada sobre las rodillas de este le hicieron retornar su atención de golpe a la mano aferrada al pelaje negro que se encontraba tan convenientemente cerca de él, pues en caso contrario no habría podido sujetar el cuerpo del rubio de una forma segura. Debía escapar. Sheik no era de fiar y de aquel desconocido mejor ni hablar. Link era solitario; siempre lo había sido y lo seguiría siendo. Sólo tenía que liberarse del agarre, caer vivo e ileso al suelo y lanzarle una daga al sheikah para recuperar su espada. El otro jinete no suponía un problema, pues según los cálculos del asesino, su única arma era un arco de madera de sauce.
Entonces tomó su decisión. Abrió la mandíbula, retirando los labios y dejando ver sus encías y dientes como una bestia salvaje, y clavó toda su dentadura en la piel desprotegida del otro joven.
La sangre inundó su cavidad bucal con su sabor escalofriantemente familiar, Link cerró los ojos, embargado por los recuerdos desagradables que ese férreo sabor le traía, y enterró los dientes todavía más, a la espera de que el desconocido apartase la mano entre gritos de dolor.
Pero para su sorpresa no obtuvo otra reacción más allá de un gemido profundo y prolongado, humano. Los dedos de la mano herida se crisparon y cerraron sobre la piel estirada del caballo con tanta fuerza que el derrame de sangre se volvió más profuso y empezó a deslizarse en rápidos arroyos por la piel impermeable del animal, cubriendo el negro pelaje de estrías rojas.
Una suave risa fue lo siguiente que Link escuchó. Era baja, tanto que apenas la notó por encima del golpeteo de los cascos contra el suelo, y bastante forzada, casi tirante.
-Si de verdad tenías tantas ganas de morir solo debías habérmelo dicho –su voz queda llegó temblorosa y quebrada a oídos de Link-. Maldita sea… es la derecha… -gruñó por lo bajo, su mirada tornándose fulminante por unos instantes antes de volverse hacia Sheik. En lo que Link decidió definir como una conversación no hablada, pareció que el desconocido trataba de disculparse por algo que iba a hacer mientras el sheikah lucía a punto de tirársele al pescuezo para evitarlo.
Fue en ese momento cuando el jinete moreno apartó su brazo y Link sintió por primera vez arrepentimiento por haberle mordido. Cuando la fuerza gravitatoria, acompañada por el movimiento del cuerpo del caballo, le hizo perder el equilibrio y comenzar a resbalarse trató de aferrarse con todas sus fuerzas a la montura. Mas no hay puntos a los que sujetarse en un caballo que no sean la silla o las crines de la propia bestia y pronto sintió que muy despacio su cuerpo se deslizaba hacia abajo.
Notó que el desconocido se movía y también que la velocidad del caballo disminuyó a consecuencia de lo que fuera que el joven hubiera hecho, pero a ojos de Link todavía iban demasiado rápido. Escuchó el grito de Sheik y la risa sonora del otro chico. No tuvo tiempo de captar nada más porque un instante después su cuerpo dolido había caído definitivamente.
Los cascos de la montura pasaron cerca, aunque no lo suficiente para golpearle, y Link fue a dar contra el suelo de brusca manera. La larga cola chasqueó junto al rostro del asesino y un par de pelos azotaron su rostro, que ardió al instante allá donde fue tocado.
Link cayó en la hierba con toda la fuerza de su peso, la caída amortiguada por el blando y mullido pasto, y rodó unos cuantos metros, ileso gracias a la disminución de velocidad que el desconocido había tenido la precaución de hacer.
Quiso ponerse en pie pero el mundo giraba a su alrededor, si no era su cabeza la que daba vueltas sobre su cuello. Soltó un gemido frustrado que fue ahogado por las hojas secas, apartó la cabeza del suelo unos centímetros, encontrándose de frente con una silueta que impedía a los rayos de sol llegar a sus ojos entornados.
El sheikah se alzaba ante él como un gigante de ojos ardientes y tras él, sonriente y aún sobre su caballo, asoció aquel desconocido con el chico de mirada verde que había tratado de arrancar la Espada Maestra de su pedestal.
Hablando de su espada, ¿qué demonios hacía entre los dedos de otro que no fuera él?
Una rabia que se confundía con un instinto de posesión vestigial inundó sus venas. Sheik dejó de ser un conocido en esos momentos. Tal vez si soltaba su arma le perdonaría la vida.
Pero la realidad era otra bien distinta, y Link se percató de su penoso estado cuando al tratar de alcanzar la espada, un brazo tembloroso, repleto de rasguños superficiales, entró en su campo de visión. Con sorpresa descubrió que era el suyo. Evaporada la adrenalina del momento, el rubio experimentó que lenta y perezosa la realidad se posaba sobre él con todo su peso y lo hundía ofreciéndole la imagen de un chico tirado en el suelo, débil, cansado y desesperado que se veía tan pequeño frente al otro coloso de melena también amarilla. Aquel joven frágil no podía ser él y sin embargo lo era.
Escuchó unos pasos a su espalda pero la cabeza le pesaba demasiado para moverla. Solo esperó a que fuera lo que fuera se acercase.
Una cabeza morena apareció junto a la otra. El rostro afilado surcado por una sonrisa resultaba tranquilizante, mas Link en aquellos momentos no atendía a palabras. Era un animal acorralado, o por lo menos así se sentía.
El chico de ojos verdes el tendió la mano sana, de la otra aún caía sangre, e hizo el amago de acercarse. Sheik le detuvo presto. Él, que sí conocía a Link más de lo que el asesino jamás admitiría, sabía lo que hacer o no en ese momento, pero sus palabras murieron en sus labios cuando la voz del asesino rompió el hilo de sus pensamientos con su voz gélida y cortante a pesar de su inferioridad de condiciones:
-Déjame ir, Sheik, y devuélveme la espada si deseas seguir con vida.
Las palabras siguieron en el aire durante casi un minuto, resonando en las cabezas de los presentes con intensidad. El enfado y la frustración de Link tan palpables en ellas que casi estaban dotadas de una propia y furibunda vida.
Fue entonces cuando para sorpresa de todos y cada uno de los presentes, el chico moreno se echó a reír. Sus carcajadas largas y sus ojos centelleantes desviaron la atención de ambos a su figura, que temblaba. Doblado sobre sí mismo y aún sacudido por la risa, se pasó los dedos por los ojos para apartar las lágrimas que se habían escapado.
Ante la mirada atónita de sus compañeros, se enderezó, apartó los mechones morenos descolocados y encajó una mirada sorprendentemente firme en el rostro de Link, sus labios tensados en un gesto escalofriante, muy lejano a aquella sonrisa anterior.
-Está visto que hacer el idiota funciona –alta y sonora, su voz rasgó los restos de las palabras del asesino rubio. Su mirada pasó de uno a otro de los boquiabiertos chicos y viceversa. Ni siquiera Sheik acostumbraba a verlo tan cortante-. Tú, deja de morder, ni que fueras un perro –ordenó, ojos verdes atravesando la arrogante confianza que bañaba los azules. Después se volvió hacia el sheikah y habló de nuevo-. Y tú, convéncelo de una maldita vez –dejó a posta unos segundos más para que sus palabras calaran en la mente de sus compañeros antes de añadir, la sonrisa de vuelta en su rostro:- Y acabad rapidito. Tengo hambre.
Un rugido sonoro sentenció musicalmente sus palabras y el jinete de la mano sangrante, satisfecho, regresó con su montura negra dejando atrás a dos sorprendidos muchachos.
Link no salió de su ensimismamiento hasta que Sheik, quien estaba ligeramente más acostumbrado a los prontos anímicos del moreno, lo interrumpió:
-Hay varias cosas que he de explicarte, Link, pero tienes que estar dispuesto a escuchar. Si me dejas terminar te devolveré la espada y podrás decidir su vienes o no con nosotros.
El aludido hizo una mueca de disgusto mas calló. Lo cierto es que no perdía nada permaneciendo unos minutos más tumbado en la hierba. Así recargaba algo de su perdida energía. Asintió en silencio y Sheik, tras suspirar aliviado, se sentó con las piernas cruzadas a unos metros de él. Tomó aire antes de proceder, para recalcar la importancia de sus palabras:
-Hace mucho, mucho tiempo, las diosas crearon este mundo. Entre Din, Nayru y Farore surgieron la tierra, el orden y los habitantes de dicho nuevo mundo. Después dejaron una representación física de su omnipotencia, la Trifuerza, que según la leyenda concede un deseo a –justo entonces el receptor le interrumpió, descarado.
-Abrevia –espetó Link, que ya conocía bastante esas historias infantiles. Su madre le había contado la historia de la Creación una y otra vez antes de dormir y ahora escucharlo por parte de otros labios que no fueran los suyos le encogía el corazón. Estúpidas cicatrices emocionales que parecen no curar nunca.
Sheik frunció el ceño, visiblemente molesto por la interrupción del otro. Pero suspiró y resumió el discurso que le había supuesto de un mínimo de tres horas de duración, algo aliviado:
-Link, que hayas podido arrancar la Espada Maestra de su pedestal te convierte en su legítimo portador y, por lo tanto, en el Héroe del Tiempo, aquel que posee la Trifuerza del Valor.
Los ojos del rubio fueron abriéndose más y más conforme el sheikah hablaba, y cuando hubo acabado la expresión "ojos como platos" se habría quedado corta para definirle. Después, rompió a reír, como buen enfermo mental.
Sheik soportó las carcajadas incrédulas y la perforante mirada escéptica que clavó en él Link una vez se hubo tranquilizado. Tras ellos, Danilo, el joven moreno, les daba la espalda y acariciaba con sosiego la testa de su portentosa yegua.
-No puedes negarlo, Link. ¿Qué pruebas tienes de que miento cuando tú mismo comprobaste lo especial que es esta espada? –dijo Sheik, gesticulando hacia el arma.
Los ojos de Link volaron raudos hacia la susodicha, se posaron en ella unos instantes y en sus apagados irises azules se prendió una chispa de desconfianza.
-Suponiendo que todo sea cierto, cosa que dudo, ¿a dónde me lleváis? Ganondorf os busca y no pienso marcharme con vosotros, prófugos.
Sheik se tensó ante la mención del gerudo y se rascó la nuca, inquieto por algo que el otro desconocía. Tuvo que tomar aire profundamente antes de envalentonarse y proseguir:
-Ahí es justamente donde quería llegar –el hilo tenue que era su voz se fue apagando hasta casi extinguirse, momento en el que volvió a inhalar, llenando sus pulmones por completo, inflándose a coraje a la par que a aire:-. Ganondorf es un traidor al reino –tuvo que hacer un gesto violento para detener la protesta instantánea de Link y terminar de hablar-. Asesinó a la familia real para apoderarse del trono, y ahora está buscando las otras dos partes de la Trifuerza y así convertirse en el hombre más poderoso del reino. Me persigue porque cree que tengo en mi poder aquello que le dejaría libre un camino más fácil para alcanzar su objetivo –las palmas de las manos le sudaban y se las restregó contra la capa oscura, desviando su mirada de los labios y ojos entreabiertos de Link-. Link, tú posees la Trifuerza del Valor y Ganondorf no dudará en matarte para hacerse con ella. Eres el único capaz de acabar con él, pues también posee un pedazo de la Trifuerza, porque sólo tú puedes empuñar la Espada Maestra. Por eso te pedimos que nos acompañes. Nosotros estamos buscando la fuerza de los seis Sabios para poder superar el poder de Ganondorf y destruirlo, pero para eso necesitamos tu ayuda.
Cuando terminó de soltar todo aquello, y aunque nadie se percató, Dan se había dado la vuelta y estudiaba en silencio el lenguaje corporal de Link, que permanecía congelado, tumbado bocabajo sobre la hierba, con la boca abierta.
-Si nos acompañas te devolveré la Espada y será tuya –añadió presto, en vista de que el otro no daba señales de seguir vivo.
Salió de su trance cuando una flecha pasó silbando junto a su oído y se clavó en la tierra a pocos centímetros de su rostro, llevándose consigo varias hebras rubias.
Parpadeó, procesó la información y, una vez lo hubo hecho, volvió a procesarla, porque todo le parecía demasiado irreal.
-No pienso irme de la Ciudadela –musitó por fin, su voz temblorosa. No lo sabía, pero recordaba a un niño caprichoso que se aferra al brazo de su madre.
-Entonces despídete de la espada –sentenció, incorporándose. Apartó las hojas adheridas a su capa con pequeñas sacudidas de sus manos y se dispuso a marcharse. Pero por suerte o desgracia, cometió el error de volver la mirada, y se encontró con dos ojos grandes, azules, perdidos y desesperados a la vez. Dispuestos a nada y, a su vez, a todo. Entonces Sheik comprendió que mientras tuviera el arma Link estaba en sus manos. Aun así, lo habían educado para ser una persona justa y decidió ofrecerle un trato.
-Ven con nosotros. Ayúdanos a conseguir a dos de los seis sabios y podrás marcharte con la espada. Sin compromisos ni reproches. Es una promesa –lo último lo dijo con ojos brillantes, tendiéndole una de sus manos vendadas al otro.
Link ponderó sus opciones y antes de darse cuenta ya estaba tendiendo una mano temblorosa hacia el otro.
El apretón fue dado sin palabras.
Sheik ayudó a ponerse en pie al otro y le tendió la espada envainada con una pequeña sonrisa.
-Él es el mejor arquero de todo el reino, así que no te aconsejaría escapar –dejó caer, aparente indiferencia tiñendo sus palabras. Danilo saludó infantilmente con la mano cuando escuchó que lo mencionaban, dedicando una risita divertida al ceñudo de Link.
Este bufó, tan aferrado al arma que sus nudillos estaban blancos y las uñas se clavaban en sus palmas, se dio la vuelta pero fue pronto detenido cuando Sheik posó una mano sobre su hombro derecho.
-Somos tres y tenemos dos caballos –las comisuras de Danilo se elevaron algo más. El sheikah lo señaló, justo como el arquero ya sabía que sucedería y justo como Link rogaba porque no sucediese-. Irás con él por ahora. En unos días llegaremos al Rancho Lon Lon y te buscaremos un caballo.
Danilo observó divertido el andar autómata de su nuevo compañero, la forma de todo menos estilosa que tuvo de plantar el pie en el estribo (subiéndose justo por el costado equivocado), tomar impulso y su estruendosa caída cuando la yegua, burlona, trotó unos pasos hacia delante. Tuvo que contener las carcajadas mientras veía a Link ponerse en pie y maldecir con sorprendente creatividad a todos y cada uno de los descendientes y antecesores de su pobre montura.
Sujetó las riendas, palmeando el cuello de su animal y susurrándole a la picuda y alzada oreja una supuesta regañina que no pasó de un murmullo cariñoso. Después gesticuló hacia la yegua y Link, esta vez más acertado, gruñó entre dientes unas palabras de falso cariño para evitar que la bestia volviera a jugar con él y se encaramó sobre la silla.
Dan montó tras indicar a su compañero que le tocaría ir sentado sobre la grupa, una posición francamente incómoda, pero que podía abrazar su cintura si lo veía necesario.
Esto le ganó una fulminante mirada y unas risitas disimuladas por parte de Sheik, que ya estaba sobre su corcel tordo y los esperaba.
Con el armo bien ajustado a su espalda, el carcaj cargado de flechas que bailaban en su interior, y los brazos reticentes pero férreamente abrazados de Link alrededor de su cintura, Danilo recordó los buenos tiempos con una sonrisa melancólica.
Al menos tenía el consuelo de que las cosas ya no podían ponerse mucho peor.
Continuará…
Ya está, listo Calisto xD
Por cierto, hablando de Calistos… ¡Maldita Celestina!... Ok eso no tiene nada que ver xD Solo quería descargar mi rabia xD
Bueno no tengo mucho que decir en los comentarios de aquí, porque todo lo digo arriba, así que una vez más solo puedo pediros disculpas por mi tardanza.
Ah, sí, quería avisar de lo siguiente: a partir de ahora, la duración de los capítulos se multiplicará. Si alguien tiene algún problema que me avise, pero es que la historia es muy larga y compleja y si me paso el tiempo con capítulos de 7 folios estaré por el cap 200 antes de acabar el fic xD Tengo pensados unas 18 páginas por capítulo aproximadamente para que pueda contar lo que quiero sin necesidad de cortarme ni un pelo.
Eso significa que las actualizaciones se volverán más dispersas (no como en este caso, cuyas causas ya expliqué), más o menos habrá una al mes. Lamento las molestias pero creo que 18 páginas de un tirón es más cómodo para todos que pequeñas dosis de 7.
Ahora sí, muchísimas gracias a todos los que comentan y siguen leyendo esto, si es que aún queda alguien xD
Un cordial saludo y sean felices
Atte, Magua.
