Pasaron un par de meses hasta que Emil supo otra vez de su hermano. Había vuelto a su aislamiento, los medios Europeos evitaban cualquier mención sobre el pequeño país rebelde. Aun así, parecía que poco a poco las cosas se calmaban, incluso, el índice de turismo subió unos cuantos puntos; era gratificante saber que mucha gente los visitaba no sólo por la Laguna Azul, sino también por su movimiento revolucionario. Terminaba el invierno cuando recibió un E-mail del danés, recordándole asistir a la fiesta de Noruega el 17 de mayo. Era un evento anual, y pocas veces había faltado, pero al parecer sus hermanos notaban que por su depresión, era muy posible que siguiera la fiesta desde casa, en su computadora. Cerró su portátil y fue a la cocina por una cerveza, con el aumento de temperatura le daba más sed. Buscó inútilmente entre sus pendientes algo que le permitiera distraerse, algo que lo hiciera pensar que no tenía tiempo libre para salir y celebrar; pero todo se lo recordaba y le hacía sentir más y más culpable conforme la fecha se acercaba.
La cereza del pastel fue el hecho de que pocas semanas antes, el mismo noruego tocó a su puerta.
No lo espera, pero lo recibió con gusto, con el gusto innegable cuando miras a los ojos aquello que hace correr la sangre en tus venas.
-De nuevo te has aislado, entendí que las cosas comenzaban a calmarse en tu casa, pero te has negado a comunicarnos cualquier cosa personalmente… así que no sabemos que creer -se refería, por supuesto, a todos los nórdicos, que conformaban una hermandad desde hacía ya muchos siglos.
-No puedo hablar en un momento en que cada una de mis palabras se pondrán en duda…
Se sentaron en la mesa del comedor. Incomodidad. Sentía tan frías las palabras que le quemaban la garganta. Sirvió un té para su hermano; el hecho de no haberle pedido una cerveza le dejaba notar la seriedad de aquella charla.
-No es excusa suficiente. Si quieres nuestro apoyo, debes estar en comunicación con nosotros.
-¿Quién ha dicho que necesito su apoyo? -sin mirarlo a los ojos, supo que la mirada de Lucas cambió a una que rayaba en la confusión. Ha llegado el tiempo en que soy capaz de valerme por mi mismo, y a pesar de todo lo que he hecho, no les queda claro -su voz se elevó sutilmente- he logrado mantenerme de pie, a pesar de que todos me dieron la espalda. Les agradezco su preocupación, pero tanto tu como los otros se mantuvieron alejados cuando más los necesité porque, por supuesto… -una sonrisa dolida asomó en sus labios- arruinaría sus relaciones con la Unión Europea el apoyarme al 100 por ciento.
-Eso no es… del todo cierto -le respondió el noruego con su usual pasividad. Estuvimos ahí, a tu alcance, pero jamás nos pediste ayuda. Intervenir sin tu petición habría sido casi un abuso de confianza.
-Bien, un abuso de confianza, cosa que ninguno de ustedes suele cometer, a menos de que haya un beneficio de por medio… tengo que mencionar alguno? -mantuvo esa sonrisa odiosa- no es que te hayas metido en problemas por nada, en ningún momento de tu historia.
-Emil…
-Es cosa del pasado ahora. Como tu dices, no los necesito y su ayuda habría sido una ofensa -a pesar de que sus palabras y su interior ardían, y se removían dolorosamente varios motivos (entre otros, su rechazo y los continuos abandonos de parte del mayor) en su rostro lo único que denotaba su inconformidad era esa sonrisa completamente antinatural en el, que ahora iba perdiendo fuerza y desvaneciéndose.
-Emil… -pronunció el nombre del menor por segunda vez, esta última con algo de dolor. Tu nos pediste no intervenir.
-Todo está bien ahora -una obvia mentira, que le daba el porte de un niño inseguro, tratando de cubrir una herida para sentirse menos vulnerable- Si te preocupa mi asistencia a tu fiesta, dejado ir… estaré ahí, y para entonces posiblemente todas las cosas en mi casa estén tranquilas.
Hubo un silencio aun más incomodo que toda la charla anterior. El no quería escuchar, no estaba dispuesto a hacerlo. Estaba construyendo una pared a su alrededor y el mayor lo había notado. No tenía sentido hablar si Emil no estaba dispuesto a arreglar las cosas. El menor de los nórdicos se puso de pie y caminó alrededor de la mesa hasta quedar de pie al lado de su hermano.
-¿Porqué venir a mi casa hoy? No es un viaje corto.
-Ya lo sabes, estábamos preocupados por saber de tí.
-Tu y los otros. Claro. Cada uno de ellos me ha expresado personalmente lo que piensan, pero ninguno ha sentido la necesidad de estar aquí…
Su voz contenía algo de suplica, algo de ira. La tensión aumentaba. En el momento en que Lucas no le devolvió la mirada, sino que opto por fijar su vista en las vibraciones sobre la superficie de su té, el menor supo que había algo de culpa en la postura de su hermano. Un dolor pronunciado en su pecho le indicó el cambio en su ritmo cardiaco al concebir aquella idea.
-Te sientes culpable.
La respiración del noruego cambió por un segundo. Eso era un sí para el menor.
-Ya veo… recuerdas lo que hiciste en casa de Fin… -le temblaba la voz.
-Nunca he querido herirte.
A pesar de que la voz del mayor no contenía ningún acento especial, ni el volumen, ni la velocidad con la que hablaba, ni la profundidad habían cambiado, a pesar de todo eso el corazón del menor volvió a sentir la presión de la vulnerabilidad. Sintió el impulso de correr, y si hubiera sido unos años más joven, lo habría seguido. Pero simplemente se quedó de pié, mirando al noruego, anhelando que el mayor siguiera sin poder mirarlo a los ojos. Quién sabe que le habría pasado a su estado mental si sus miradas se hubieran cruzado en ese instante.
-Nor… no es tu culpa que yo me haya aislado. Nada es tu culpa.
-En verdad… eso me tranquiliza. -Desde la posición en la que se encontraba, pudo notar que el noruego esbozaba una sonrisa de paz.
El menor suspiró.
-Eres insoportable…
-¿Perdona?. El mayor elevó el rostro, y en ese momento Emil se abalanzó sobre el. Puso sus manos sobre el rostro de Lucas, comenzando una afectiva caricia que comenzó en sus mejillas, deslizándose hasta poder sostenerlo con una mano en su nuca, otra a la altura de su mandíbula, y poder así evitarle huir del beso.
disculpen. Tarde muchisimo en actualizar (literalmente, años) pero no había sentido el cómo podría continuar. Lo que me inspiró a escribirlo en primer lugar cambió, pero a veces sentía la necesidad de venir y darle un cierre al pobre Emil. SIn embargo, no pude escribir nada hasta el día de hoy y posiblemente tenga mil errores, lo escribí a las 3 am. Espero saber pronto qué opinan de el.
