Estos personajes pertenecen al señor M. Kurumada

Vuelcos al corazón

Milo atajó la lagrima que amenazaba con saltar entre las pestañas de Shaina si esta volvía a parpadear. Ella se disculpó, mas él no la culpaba en lo absoluto, luego de haberla oído hasta él se sentía un poco herido, aunque no sabía si se debía a la empatía que evocaba su propio desamor o a la chica en sí misma.

—Debes pensar que soy una cobarde—dijo Shaina tratando de disfrazar el nudo en su garganta con ánimo, pero fue inútil, al final no le quedó más que voltear la cara en dirección al cuadro que había sepultado entre las estatuas, el mismo que había jurado haber cubierto con una manta blanca y que ahora parecía estar mirándola fijamente…tan fijamente como si aquella mirada fuera real. —Yo sólo quería reflejarme en sus ojos para siempre…

Aquella párvula confesión hizo que a Milo se le aflojara el semblante; sus parpados despertaron, sus cejas dieron un ligero salto antes de contraerse y sus labios se despegaron enmudecidos; si… otra vez esa sensación de necesidad de actuar, pero con la incertidumbre del cómo proceder o si debería hacerlo. Una vez más, Milo terminó por obedecer a sus instintos y dejó que su naturaleza ejerciera dominio sobre su conciencia, de modo que levantó los brazos y rodeó con ellos a la joven por la espalda sin venir a cuento, de improvisto y sin espera.

—Nadie puede juzgarte por apartarte de un extraño… Aunque, tampoco puedo culparlo—dijo recargando su barbilla en la cabeza de Shaina—Cualquiera que te tuviera se desviviría por darte lo mejor aún con el riesgo de perderse en el camino.

— ¿De que estas hablando?

Los labios de Milo se curvaron débilmente hacia arriba. Inhaló profundamente y sintió la esencia dulce del cabello de la chica invitándole a cerrar los ojos.

— ¿Has escuchado esa frase que dice: "El que sirve a dos amos, con uno queda mal" ?

—Sigo sin entender…

—No importa—repuso el griego estrujando a la mujer entre sus brazos con un toque de confort—En cualquier caso, no deja de ser un idiota por haberte dejado ir, al menos yo en su lugar habría salido tras de ti.

—Milo…—el joven abrió los ojos al sentir las manos de la italiana en sus brazos— ¿Cómo te desprendiste de ella?

La pregunta de Shaina no lo sorprendió, pero lo que sí lo hizo fue el pensamiento que lo llevó a su respuesta.

—Creo que nunca estuvimos atados, aunque no significa que no lo haya intentado—una risita irónica hizo eco en el salón—Creo que me duelo más yo mismo que ella. Es una mierda cuando sientes que has hecho tanto por nada. Un día te molestas, al otro te decepcionas y cuando menos lo esperas terminas… enamorándote del arte.

Shaina sonrió, ¡y pensar que hacía poco ese hombre había afirmado no poder ver el arte ni en pintura! (literalmente).

— ¿En serio te enamoraste del arte? —inquirió suspicaz.

—Y de todo lo que viene con él…

—Es un amante inesperado, ¿no?

—Dímelo a mí…—ambos rieron y el piloto aprovechó para tomar una de las manos de la chica que ahora lo miraba fijamente— ¿Sabes que más puede ser un buen amante inesperado? — Ella ladeó la cabeza incapaz de adivinar—Un auto a 320Km por hora—respondió el chico con un guiño travieso.

—No estás hablando en serio, ¿verdad?

—Créeme, nada sana más rápido un corazón roto que una buena dosis de adrenalina.

— ¿Ya olvidaste que me mareo en tu auto?

—Yo no dije que fuera a manejar.

ROMA—ITALIA

Aioros apareció corriendo en la entrada del hotel con su cazadora de cuero al hombro y las agujetas de sus botas cafés a medio atar que con la luz anaranjada del día parecían tornarse rojizas.

—Lamento la espera, estaba hablando por teléfono con Aioria.

— ¿El pequeño corredor? —adivinó Shura desde el final de las escalinatas. —y ¿Qué dice? ¿va a venir al concierto?

—Tiene una carrera este mes, el circuito será en Roma, así que lo más probable es que este aquí para el concierto. —informó el griego uniéndose a su amigo en la caminata lejos del hotel. Todavía no salían de las inmediaciones del hotel cuando Shura se percató del semblante turbado de su amigo.

— ¿Qué pasa?

—Nada, es sólo que… no puedo evitar ponerme un poco ansioso cada vez que hay una competencia. — reveló el heleno rascándose el puente de la nariz.

El bajista se llevó las manos a los bolsillos y se encogió de hombros sin dejar de caminar por aquellas calles empedradas que parecían hacerse cada vez más estrechas.

—Te preocupas demasiado Aioros, relájate un poco, tu hermano es un buen piloto y el único percance que ha tenido es un neumático reventado a media carrera.

El baterista cerró los ojos y dejo salir un pesado suspiro—Lo sé, lo sé… es sólo que… aun no me acostumbro, sigo viéndolo como un niño pequeño, no es mi culpa.

— ¡Por favor, Aioros! Tiene 23 años, conduce arriba de 100km por hora, tiene casa, novia y hasta un mini bar; ese chico vive más que nosotros, deberías preocuparte un poco más por ti. Salir, divertirte, besar a una desconocida ¡yo qué sé! Hacer algo que te haga sentir vivo.

—Ah… Shura, ahora suenas como mi padre—soltó el joven con gracia mientras movía la cabeza de un lado al otro. —Tiene más esperanzas en que Aioria preserve el legado de la familia que en mí.

"Bueno… siendo sinceros… yo también apostaría por él…" pensó Shura.

Ambos hombres continuaron andando sin más preocupación que la de no perderse nada del paisaje conservador que los rodeaba; salir durante la puesta de sol había sido la mejor idea que habían tenido dado que las calles estaban casi vacías y la poca gente que les veía se limitaba a sacarles fotos a distancia.

—Y yo que creía que me veía como una persona normal. —decía Aioros mientras hacia la señal de la paz hacia una fanática que había pillado sacándole fotos desde un restaurante.

—Tan normal como el baterista de una banda de fama internacional.

—Guarda tu sarcasmo para cuando estés ebrio.

—Bueno, tal vez no tengamos que esperar mucho para eso—soltó Shura mientras señalaba la modesta construcción de dos pisos de estilo moderno que pintaba más como un edificio futurista entre tantas casas antiguas, algunas convertidas en pequeños museos de la época de la guerra.

Los colores sobrios de la fachada y la poca concurrencia hicieron que los músicos se sintieran como en casa. Aioros avanzó delante de Shura al momento de ingresar y fueron recibidos por la agradable ambientación que una pequeña banda de cinco chicos generaba en el lugar.

—Me gusta el lugar—afirmó Aioros plenamente convencido, habiendo quedado de acuerdo, los dos hombres procedieron a tomar lugar en una de las mesas del fondo, justo a un lado de la barra y en donde la luz no era tan fuerte.

Justo después de que se sentaron, un par de chicas entró cautamente al local, querían aparentar seguridad, pero la forma en la que se encogían de hombros mientras pisaban el suelo casi de puntillas no les hacía justicia.

—Te lo voy a volver a preguntar—dijo Saori quien iba secándose el sudor imaginario que sentía en las manos en los holanes de su vestido de verano— ¿Estas segura de esto? Podríamos tener problemas, y más tú que si eres mayor de edad.

— ¡Cállate, tonta, te van a oír! —alegó la de cabellos oscuros sobre el oído de su amiga— Dijiste que tenías curiosidad, bueno, ya estamos aquí. Además, no vamos a beber nada fuerte, al menos tú no, nos quedaremos un rato y luego iremos al club, ahí sí que nos vamos a divertir.

Siendo un par de señoritas refinadas, (una más rebelde que la otra) Saori y Geist buscaron un sitio discreto, por no decir "escondido" en la esquina contraria a la barra.

Geist, siendo la mayor y la poseedora de una identificación legitima fue quien se levantó primero para acercarse a la barra; su falda plegada con el doblez arriba de las rodillas y sus zapatillas blancas en punta le daban un aire más fiero del que de por si destilaban sus ojos azules; no fue difícil para Shura el notarla, sus delgadas piernas adornadas con medias negras de red y la blusa de algodón con mangas a tres cuartos atada justo sobre la pretina de la falda color crema hacían que la cerveza que le acababan de traer dejara de parecer interesante.

La siguió mirando por un buen rato mientras Aioros hablaba de cualquier cosa sin parar, el castaño estaba tan centrado en el monologo en el que él mismo contestaba sus propias preguntas que no se percataba de los asentimientos desinteresados que Shura hacía en automático mientras daba pequeños sorbos al tarro burbujeante que sostenía en la mano para disimular su falta de atención.

La chica con cabellos nocturnos finalmente se retiró de la barra con dos margaritas en las manos, mientras seguía su impecable andar con la mirada sin perder de vista el sutil contonear de sus caderas, el bajista terminó por cruzar miradas con otro hombre que tampoco había podido pasar por alto a la dama. Este otro sujeto, comparado con Shura, era recio y torvo, no hacía falta que se pusiera de pie para destacar su gran altura, aun así, el español no le desvió la mirada, en su lugar le dedicó una mueca astuta y entrecerró sus ojos de manera retadora.

Aioros, quien le daba la espalda a todo, estaba a punto de darle el tercer trago a su cerveza cuando la mano de Shura cubrió la boca de su tarro y lo devolvió cuidadosamente a la mesa.

—Atento a tus siete—indicó el español por lo bajo sin dejar de ver al tipo mal encarado que hacia amago de levantarse en cualquier momento.

El griego, un tanto confundido, dio un vistazo por encima de su hombro antes de girar moderadamente la cabeza para ver lo que su amigo había descubierto, lo primero que vislumbró fue a la joven de mirada extravagante, pero la olvidó inmediatamente al reparar en la criatura de semblante inocente que ocupaba un lugar al otro extremo de la mesa, el chico se mostró intrigado, aquella chica de cabellos lilas parecía demasiado joven para estar en un bar, tenía pómulos pronunciados y las arrugas de sus ojos al reír apenas se marcaban.

Mientras tanto, en el lado opuesto del bar, Geist se inclinaba sobre la mesa para poner sobre aviso a su joven amiga de manera muy picara.

—Saori, no te vayas a asustar, pero hay dos tíos que están mirando hacia acá.

— ¿Qué cosa? — soltó la chica con asombro.

—Sí, mira disimuladamente.

Y así lo hizo, poco a poco, Saori fue asomando la nariz con suma desconfianza, rogaba internamente que no fueran los típicos hombres de barba sucia y barriga prominente que tanto salían en televisión como parte de la clientela típica de un bar, cuán grande sería su sorpresa que apenas cruzó miradas con el griego esta se ocultó rápidamente en el rincón en donde estaba situada su silla.

—Oye, tranquila, con esa cara que has puesto vas a llamar la atención. —Dijo Geist con una sonrisa socarrona.

De vuelta con los muchachos, ahora que la había visto bien, Aioros estaba convencido de una cosa.

—Esas chicas no deberían estar aquí. No aparentan la edad.

—Nosotros tampoco y aquí estamos—debatió Shura ganándose una mirada de desaprobación por pate de su amigo— ¿Qué? ¿Crees que eres el único traga años? Si te intriga tanto, ¿Por qué no vamos hasta allá?

— ¿Por qué haríamos algo así?

Entonces Shura le dio el último trago corto a su bebida, dejó que el cristal chocara contra la mesa y señaló:

—Porque si no vamos nosotros, entonces alguien más lo hará. —puntualizó refiriéndose al hombre que se había puesto de pie en cuanto él lo hizo.

Aioros vio al sujeto aproximándose, y no, de ninguna manera se les iba a adelantar. De modo que, haciendo uso de su más amistosa sonrisa, el heleno fue delante del español hasta donde se encontraban las dos señoritas.

—¡Ay Dios…! Vienen para acá—expresó Saori con ojos saltones y poniéndose tan rígida como un palo, cosa que, hacía reír a su amiga, quien lejos de estar nerviosa encontraba emocionante esa situación.

—Tienes mucho que aprender, cariño…

— ¡Hola! —dijo afable el extraño de cabello castaño con su cerveza en una mano— ¿Les importa si las acompañamos? —continuó señalando a su compañero, el cual levantaba su tarro a modo de saludo.

—No, adelante, siempre hay espacio para un par más—dijo Geist con simpatía al tiempo que arrimaba su silla hacia la pared. En seguida, los caballeros (que para alivio de Saori no eran unos ancianos) tomaron dos sillas de la mesa de enseguida y se acomodaron junto a ellas; el más serio se sentó al lado de Saori, dejando a Geist en compañía del de los ojos celestes.

—Y… entonces…—dijo la chica de cabellos garzos entrelazando los dedos y mirando de un chico a otro— ¿Cómo se llaman?

—Yo soy Shura—contestó el de mirada aguda con voz calma. Geist no pudo ignorar el atractivo complementado con su voz, su timbre poseía cierto acento que le costaba identificar, pero que se oía bastante seductor al mismo tiempo. —Y él es Aioros.

El aludido sonrió en automático; la vibra que emanaba era absurdamente reconfortante y amena, tanto que hizo que incluso Saori (que no había dicho una palabra hasta el momento) le devolviera el gesto con el doble de anchura.

Este pequeño, honesto y sutil acto efectuado por la jovencita de casi 17 años, hizo que al baterista se le desconectara la razón por un momento. ¡Vaya que eso era extraño! No llevaba ni un minuto ahí sentado y se sentía repentinamente embobado por una chica de la que no estaba seguro de si hablaba o no.

—Me llamo Geist—dijo la fémina a su lado— Y ella es mi amiga, Saori, estamos aquí de paso, ¿Qué hay de ustedes?

Antes de contestar, los hombres pestañearon expectantes e intercambiaron miradas de extrañeza, ¿se habrían dado cuenta de quienes eran ellos? ¿en donde estaban los gritos y la emoción? O… ¿acaso fingían que no los conocían?

—Ah… nosotros…—Shura se mordió el interior de la mejilla vacilante, era la primera vez en mucho tiempo que podía iniciar una conversación normal con alguien ajeno a la farándula no quería estropearlo.

— También estamos de paso, vinimos con unos amigos a un concierto—terció Aioros un tanto nervioso—Por cierto, ambas tienen muy lindos nombres.

— ¡Pero qué mono! —soltó Geist recargando su fino mentón en una de sus manos—¿No te parece, Saori?

La chica que aún mantenía su margarita virgen intacta se limitó a sonreír y agradecer con humildad.

—Ustedes también tienen lindos nombres. — Se animó a decir haciendo que los hoyuelos del griego se marcaran todavía mas. Ah… ¡Pero que voz tan dulce tenía!

Un ligero golpe en la pierna por debajo de la mesa proferido por el bajista obligó al castaño a salir de su embelesamiento.

"¿Qué pasa?" inquirió con un movimiento de cabeza.

"Mira atrás de ti" respondió el otro estirando el cuello y alzando las cejas.

Sin querer mantener el suspenso, Aioros miró por encima de su hombro y torció la boca molesto al ver al mismo hombre discutir con otros dos sujetos de apariencia menos impresionante. Uno era de complexión esbelta y desaliñada, mientras que el otro parecía ser el término medio entre los que seguían su colorido juego de palabras obscenas.

—Pero qué desagradable…—murmuró Shura tratando de ignorarlos.

—Incomodo, diría yo—secundó Saori con desagrado. El cuarteto intentó seguir hablando a pesar del ruido de fondo, sin embargo, los dos hombres no pudieron permanecer impasibles al detectar que el nuevo tema de conversación del grupo de atrás se centraba en la apariencia de las dos chicas, y pese a que ninguno de los dos se consideraba "de mecha corta" poco les faltó para proferir un improperio hacia aquellos tres extraños.

—Oigan, ustedes—exclamó Shura fastidiado— ¿Podrían cerrar la boca de una vez? Hay damas presentes.

Al principio los hombres simplemente se callaron, luego de mirar a Shura e intercambiar miradas entre ellos, estos finalmente se echaron a reír.

—No le veo la gracia…

— ¿Damas aquí? ¡Ja! Yo no veo más que putas, díganme ¿Cuánto les van a cobrar?

El primer pensamiento de Shura fue levantarse para romperle la cara al sujeto, no le importaba si era una montaña hecha hombre o no, no obstante, este impulso fue refrenado por Aioros, quien sujetó por el antebrazo a su amigo en cuanto pasó por su lado.

—Aguarda un momento, Shura—ordenó el heleno sin alterar la voz.

—Pero, Aioros…

—Si quieres enseñarle modales a un hombre…—prosiguió irguiéndose calmadamente —Entonces debes darle el ejemplo. —Finalizó enfrentando al sujeto, el mismo que no dejaba de tomarse las cosas como un chiste.

— ¡Ja! Pero qué gracioso… Hablar de damas, enseñar modales, dar el ejemplo. ¿Tienes idea de en qué siglo estas, muchacho? ¿Qué se supone que harás? ¿Golpearme con un guante blanco?

Otra tanda de risas estalló intensificando la tensión de lado de las chicas que veían como el joven moreno se tronaba los dedos de las manos como si aquello fuese cosa de nada.

— ¿Qué pasa, chico? ¿Ahora me vas a decir que los caballeros no pelean?

Y acaeció que intentando tomar desprevenido al castaño, el hombre corpulento abalanzó su puño contra él.

—Oh, por supuesto que lo hacen—atajó Aioros al interceptar su puño con una mano—…pero yo no en lugares públicos. — sentenció guiñándole un ojo.

Mientras tanto, en el Hotel…

Camus vagaba por los pasillos sumido en sus pensamientos, Saga le había pedido que preparara un par de canciones para abrir el concierto, de modo que decidió ir a dar un paseo para buscar inspiración (y también algo de ropa nueva).

Presionó el botón del elevador y mientras esperaba que este bajara se dio el tiempo para cerciorarse de que esta vez no le faltaba la billetera. No importaba cuanto intentara sacarse esa manía de traer todo en bolsillos distintos, simplemente no podía. En el pantalón estaba su teléfono y en la chaqueta su pasaporte con su identificación adentro.

—Otra vez no…—gruñó pasando sus manos a la otra cara interna de su cazadora—Aquí estas. — Dijo con alivió al sentir el bulto con el efectivo.

Justo en ese momento las puertas del ascensor se abrieron dejando a la vista algo que hizo que al músico se le levantaran las cejas…

—¿Hilda?

—¡Camus!

De regreso al bar…

Hacía rato que los clientes habían dejado de prestar atención a la música y se habían concentrado en los ruidos estridentes que provenían de afuera. Cuando por fin los sonidos de golpes cesaron y ya nadie podía oír nada... una masa de músculos aporreados entró tambaleante al establecimiento seguida de un joven moreno que no tenía más que raspones en los nudillos, un poco de sangre en el labio inferior, y un corte sobre la ceja.

—Muy bien… ahora, ¿Cómo se dice? —instó Aioros sacudiéndose el polvo de las manos.

El sujeto que había vuelto con la cara hinchada y un dolor muy fuerte en el costado se paró en medio del lugar y mirando hacia donde las chicas lo observaban con las manos sobre sus bocas balbuceó:

—Lo… lo… lam… lamento, se… señoritas…— una vez dichas estas palabras, el mastodonte se desmayó y nadie se molestó en recogerlo del suelo.

—¿Alguien más tiene dudas sobre cómo comportarse correctamente? —Nadie, respondió. —Eso creí.

Grecia—Atenas

La noche era preciosa y fresca, el viento soplaba dócilmente y no había ni una sola nube gris en el cielo; Shaina y Milo estaban sentados en la parte más enarbolada de la cima de una alta colina, uno al lado del otro, contemplaban la inmensidad de la mítica ciudad.

—¿Te gusta?—preguntó Milo admirando el horizonte.

—La luna se ve impresionante—dijo Shaina con admiración—Es precioso… ¿Cada cuanto vienes aquí?

—Siempre que lo necesito. Si necesito pensar o incluso cuando no quiero hacerlo, voy a la pista, doy un par de vueltas y entonces vengo aquí. ¿Ves que de un lado se alcanzan a ver las ruinas y del otro las luces de la ciudad? —ella asintió repetidamente—No hay otro punto en toda la ciudad desde donde puedas ver ambas partes con tanta claridad… Es un buen lugar para dejar las cosas atrás sin perder de vista su lugar mientras…

—Mientras miras al futuro.

—Sí, así es… —repuso Milo volteándola a ver.

— ¿Cuántas personas saben de este lugar?

—Por ahora sólo tú y yo.

Ella le devolvió la mirada intrigada— ¿Y qué hay de esa exnovia tuya de la que tanto has estado hablando?

Él soltó un largo silbido antes de contestar—Fue ella la que me hizo volver tantas veces a este lugar… La hubiera traído si en su momento ella hubiera querido hablar conmigo.

—Lo siento.

—Está bien, de hecho, me alegra no haberla traído.

— ¿Por qué?

—Porque entonces el lugar sería suyo y mío.

Shaina se reacomodó y miró curiosa directo a los ojos de Milo.

— ¿Y por qué me trajiste a mí?

Él se encogió de hombros—No lo sé, fue algo que sentí, no me molesta compartirlo contigo. Además… este lugar es más para un artista que para un mecánico adicto a las carreras.

De pronto, Milo sintió como el cuerpo de Shaina se recargaba en su lado izquierdo, el muchacho bajó la mirada y se encontró con la cabellera verde de la chica que había acomodado su cabeza sobre su pecho.

—Eso no es cierto…—refutó la italiana cerrando los ojos mientras escuchaba el latido del corazón del muchacho—Este lugar nos hace sentir cosas a ambos… tal vez no sea lo mismo, pero sentimos igual.

—¿Cómo esta tarde en el auto? —soltaba el griego con tono de burla al tiempo que aspiraba el delicioso aroma de los cabellos de la pintora.

—Ni me lo recuerdes. Aun no creo que me hayas obligado a conducir en una pista.

—Oh… vamos, ni siquiera era un auto de carreras, era completamente normal e ibas a paso de abuela.

—Si te sigues burlando de mi te obligare a hacer un retrato mío.

—Okay. Me callaré.

Roma—Italia

Ya casi eran las nueve, Shura y Aioros seguían fuera en compañía de Geist y Saori, sólo que esta vez caminaban por el antiguo puente peatonal que se ubicaba justo encima de una plaza semivacía.

Y mientras Geist intentaba hacer que Shura aceptara su dinero de vuelta, Aioros y Saori caminaban a varios metros delante de ellos sonriéndose y riendo de las ocurrencias que salían de la boca del castaño.

—Míralos, parecen dos niños jugando—dijo Shura divertido tratando de distraer a Geist mientras intentaba regresar el dinero de vuelta, el mismo que ella tanto se había negado en conservar.

—Saori es muy inocente y se ríe de casi todo—dijo complacida la chica mientras interceptaba por segunda vez la mano de Shura—Buen intento, pero es en serio, no voy a dejar que me pagues nada.

—Vamos… es una cortesía. —Insistió el hombre en un último intento por devolverle a Geist el dinero.

—Si sigues deslizando tu mano sin ver, en algún momento te vas a equivocar de sitio. —gesticuló ella en un tono bajo, atrapando la mano del español sin sacarle los ojos de encima.

—Si no te impresiono con mi lado galante ¿Cómo lo haré entonces? —susurró él sugerente.

Entonces Geist supo que estaban en la misma sintonía, sin embargo, no iba a lanzarse así nada más, por muy rebelde que ella fuera y por muy tentador que ese hombre pareciera… Ella no era tonta, tenía que probarlo un poco más. De modo que se plantó delante de él con su mirada más artera y luego de hacerlo retroceder hasta dejarlo entre la barda y su cuerpo le dijo:

—Ingéniatelas…

A Geist le encantaba hacer eso, se divertía poniendo en aprietos a los hombres que la querían cortejar ya que siempre se ponían nerviosos ante su guisa agresiva de proceder, mas no contaba con la pronta reacción del otro extranjero que esbozando una sonrisa maliciosa se inclinó sobre ella hasta el punto en el que su aliento rosaba los bordes rosados de sus labios.

—Ten cuidado, yo también sé jugar…

Sin tener idea de lo que ocurría a sus espaldas, el otro par de jóvenes siguió caminando hasta llegar a las escaleras que bajaban a la plaza.

—Entonces mi hermano me dijo: "Te apuesto a que no puedes poner esa flecha en el centro de la diana"

—¿Y lo hiciste? —preguntó Saori emocionada.

—Sí y lo hice de una forma muy original—fanfarroneó el griego con gracia.

—¿Cómo lo hiciste?

—Literalmente fui y puse la flecha en el centro de la diana.

La naturalidad con la que hablaba y la elocuencia que usaba para darle un giro simpático a las cosas hacían que la joven se sintiera en confianza, como si lo conociera de toda la vida o de muchas más atrás…

El intercambio de anécdotas continuó hasta que llegaron un poco más allá del centro de la plaza, desde abajo el puente se veía enorme, tan enorme que el arco que se formaba en la parte inferior se asemejaba a un túnel en el que la luz de las lámparas no podía entrar.

Mientras hablaban, Saori notó que el corte en la ceja del griego aun sangraba, tal vez porque no dejaba de ver sus ojos, esa tonalidad tan brillante, aun en la oscuridad…era radiante, era templada y hermosa como un fuego azul, y estaba segura de haber visto unos ojos así antes, pero no podía recordar cuándo ni dónde. Tal vez en otra vida… ¿Quién sabe?

—Oye… ¿aun te duele? —se aventuró a preguntar mientras extraía un pequeño pañuelo del bolso de mano que traía cruzado sobre el pecho. —Déjame ver. —Y con sumo cuidado, ella procedió a dar toques delicados en la herida del heleno hasta que la sangre dejó de brotar… —Sé que ya lo dije antes, pero… muchas gracias por lo que hiciste en el bar, aunque no tenías que…

—Hey… está bien, sólo es un rasguño—dijo él de buena gana, cerrando sus dedos alrededor de la muñeca de la chica.

—Tus nudillos dicen otra cosa.

—Mis nudillos están bien.

Para cuando se dieron cuenta ya se estaban mirando a los ojos, para Saori fue especial sentir como esa mirada que parecía tan ligera como una pluma ahora parecía pesar una tonelada. La pelilila tragó grueso al realizar lo que estaba pasando, esas eran cosas de Geist, no de ella, pero aun así… no podía evitarlo, quería besarlo.

—Ojalá trajera un ungüento conmigo… —repuso luego de pasar el paño cerca de los labios de Aioros, en donde había quedado una mancha de sangre seca.

"Conmigo"

Qué bonita palabra y qué manera de mover los labios. Aioros no se explicaba cómo había llegado a eso. Una parte de él quería robarle un beso a la chiquilla, uno pequeño, uno casto, tan solo un toque en la punta de los labios; pero había otra parte que le tenía bien sujeto y qué le decía que no debía hacerlo. Por más que lo deseara… no quitaba el hecho de que la acababa de conocer, aún era una desconocida… una desconocida.

"Deberías preocuparte un poco más por ti. Salir, divertirte, besar a una desconocida ¡yo qué sé! Hacer algo que te haga sentir vivo."

¡Malditas palabras inoportunas! Aioros nunca había besado a nadie sin una razón sentimental, de hecho, ni siquiera sabía coquetear descaradamente como lo hacía Kanon o embrollarse por mero placer sin importarle lo que pudiera pasar el día siguiente como Saga. Pero hasta Camus, que parecía salido de los locos años 20 había profanado labios sin pedir permiso, entonces ¿Por qué no podía él hacer lo mismo?

—…Saori…—tal vez porque no era ninguno de ellos, era Aioros y todo lo que hacía, era a su manera. El joven de 27 años aflojó el agarre que sus dedos ejercían alrededor de la muñeca de la chica de 16 años y medio y sin titubear preguntó:

— ¿Podría darte un beso?

La muchacha se quedó helada, no esperaba que lo preguntara; quería decirle que sí, pero ¿Cómo? Si era toda una novata. Viendo que la chica no le contestaba, el castaño temió haber metido la pata hasta el fondo.

—S-si no lo quieres está bien—se apuró a decir a tropezones con la sangre tórrida corriendo bajo su tez bronceada.

—No, no eso…es…que…—Saori bajó la cabeza abochornada—Nunca he besado a nadie y la verdad… a mí también me gustaría besarte, pero temo ser muy torpe—se enderezó de nueva cuenta y le sonrió dulcemente—Lo siento, me he puesto nerviosa.

Aioros la miró enternecido y le devolvió el gesto con atisbo de gracia.

—Descuida— y le besó la comisura de los labios—Así está bien…—dijo todavía sin apartarse, pero la sorpresa de unas voces los hizo separarse.

—¡Eh! Ustedes dos ¿Qué están haciendo ahí? —soltó Shura desde las escaleras con Geist a su lado. Ambos se veían jadeantes, despeinados y traían la ropa hecha girones.

—¿Se estaban dando el lote o qué? — insinuó Geist, quien para variar ya no traía pintura en los labios.

—¡No, no, para nada!

—¡Claro que no!

Respondieron simultáneamente mientras negaban de todas las maneras físicas posibles. La pareja que les veía desde las alturas simplemente se reía ante aquello y es que ellos si habían hecho algo…

GRECIA—ATENAS

Milo dejó a Shaina en la puerta de su casa en punto de las diez, lo habían pasado de maravilla, y pensar que todo había iniciado de la peor forma. El chico se apeó del auto junto a la chica y la acompañó hasta el portal.

—¿No crees que estas exagerando?

—Sólo quiero hacer las cosas bien esta vez. Todavía siento que te lo debo—se excusó con sinceridad antes de morderse el labio.

—Hiciste de mi terapeuta casi todo el día, me prestaste tu auto, me llevaste a tu lugar privado y me trajiste girasoles—Shaina movió los cuatro dedos con los que había enumerado aquellas acciones en el aire—No me debes nada Milo.

—Vale…—dijo dándole un beso rápido en la mejilla—Te veo luego.

Y con esto se despidió de ella, volvió sobre sus mismos pasos hasta su auto y no arrancó hasta no verla cerrar la puerta.

—Ay Milo, Milo… ¿Quién diría que tendrías una amiga? — se preguntó a si mismo con tono irónico— Una amiga… una amiga… hasta tú sabes que no la ves así.

Mientras Milo conducía rumbo a casa, Shaina ya había puesto el cerrojo a la puerta de la entrada de la suya, le pareció extraño el hecho de que la perilla se sintiera tan floja, pero no le dio importancia, al menos no hasta que encendió la luz…

—¿Camus sabe que sales hasta tarde con otro sujeto, Shaina?

Aquella voz le crispó tanto que las llaves se le cayeron al suelo y el dedo se le quedó pegado al interruptor. Shaina no podía moverse, no podía y no quería, estaba consciente de que en cuanto moviera un musculo él notaría su nerviosismo.

De pronto escuchó como si un mueble se arrastrara, tal vez se trataban de las patas de madera del sillón viejo que estaba en la estancia. Fuera lo que fuera no era un ruido agradable.

Había tanto eco en la casa que los pasos del invasor sonaban como golpes en lugar de pisadas.

—¿Qué quieres y cómo entraste aquí?

El avance se detuvo.

—¿Nunca escuchaste que el diablo no necesita puertas para entrar?—respondió Écarlate con su característico tono satírico. Shaina intentó darse vuelta, pero él la inmovilizó desde atrás con un solo brazo mientras conducía uno de sus dedos enguantados hasta el interruptor—Si no te importa voy a apagar la luz…

Continuara…

N/A: ¡Hola a todos! Como siempre, muchas gracias por su apoyo :3 lamento si me tardé, pero la escuela es… insaciable… no sé si ya lo notaron, pero cambié el fic a "M" esto porque no sé cómo se vayan a dar exactamente ciertas escenas, no soy una persona muy explícita en ese sentido, creeeeeoooo, y si escribo algo de eso tampoco me quiero pasar de la raya estando en el K+ o en la T, así que me fui por lo más alto, igual no sé si a ustedes les guste la idea, así que si quieren o no que le subamos unas rayitas de tono, pues, pueden decirme con confianza xp.

En fin, espero que les guste, la verdad que le puse mucho amor a ese capítulo, me di el tiempo del mundo, hay veces que escribo a las prisas y no me siento conforme del todo, pero ahora he quedado más que contenta.

Les dejo un beso, un abrazo y mi sincera gratitud :3 ¡hasta la próxima!

PD: Recen por Shaina (¿?)