Helloes :D ¿Cómo están? Confieso que tenía este capítulo listo ya hace unos días, pero lo quería publicar hoy jueves para seguir con el ritmo que había tomado al empezar la historia.
No tengo mucho tiempo en estos momentos, por lo que, sobre este capítulo, sólo puedo decir que ¡POR FIN! Tendremos tiempo a solas entre Itachi y Sakura. Me preocupa un poco haberme salido un poco de la personalidad de ambos personajes, de modo que si encuentran que lo he hecho, avísenme y déjenme sugerencias para mejorar ese aspecto.
Aquí menciono unos seres llamados "escrales", que no, no son de la mitología japonesa pero, por más que me leí prácticamente todos los artículos de wikipedia de seres mitológicos japoneses, no pude encontrar algo similar a lo que tenía en mente. De paso, acoto que los escrales tampoco son creación mía, son seres que aparecen en el libro "El Nombre del Viento" de Patrick Rothfuss (que si les gusta este fanfic recomiendo muchisísimo leer pues también es de fantasía y es sencillamente increíble).
Antes de dejarlos con el chap, quiero agradecer infinitamente a quienes se tomaron su tiempo para dejarme un review al capítulo anterior y que agregaron el fanfic a sus listas (mención de nick más abajo). Aun no he tenido mucho tiempo de responder a todos los reviews, pero lo haré, no se preocupen.
Disclaimer: Naruto Shippuden y sus personajes no me pertenecen. Esta historia es de mi completa autoría y su publicación en otros sitios no está autorizada.
Ahora sí, sin más blah blah, ¡a leer!
CAPÍTULO XI: COMO UN BÁLSAMO
Por Deirdried
El vagón del tren en el que viajaba estaba casi vacío, excepto por una anciana que dormía con la boca abierta a unos asientos de distancia. Sakura dejó escapar un bostezo, aburrida; pero sobre todo, agotada después de acompañar a su madre de aquí para allá en la ciudad, haciendo compras en las escasas tiendas que abrían los domingos.
Sacudió la cabeza con determinación. No podía quedarse dormida o se pasaría. Ya le había ocurrido un par de veces y no había sido nada divertido. Todavía faltaban dos paradas más para llegar y estaba algo preocupada porque ya era de noche.
Usualmente, no tomaba aquel tren, pues el recorrido era más largo y había uno que la dejaba directamente en su ciudad; pero en aquella ocasión se le había hecho tarde entre pláticas y bolsas de compras, y, cuando llegó a la estación, esa había sido su única opción. Dejó escapar un suspiro cansado y se permitió a sí misma cerrar los ojos, sólo por un minuto.
No sabía cuántos minutos habían pasado cuando los volvió a abrir, pero estaba segura que más de uno. Sobresaltada, se fijó en que las puertas del vagón acababan de cerrarse, que el tren emprendía el movimiento de nuevo lentamente, y que había una figura oscura parada allí, frente a ella, levemente tambaleante. Enfocó la mirada y, sencillamente, creyó que seguía soñando.
Itachi, con sus largos cabellos negros sueltos cayendo sobre su espalda y enmarcando su rostro perlado por el sudor y la camiseta gris oscura de mangas cortas rasgada en varios lugares y manchada de un líquido espeso y rojo que Sakura supo enseguida que se trataba de sangre. No la había mirado, Sakura ni siquiera supo si se había fijado en el hecho de que ella estaba allí.
Sacudió la cabeza y se talló los ojos, confundida. Cuando volvió a abrirlos, él estaba sentado en el asiento que encontró más cercano, sosteniendo su brazo derecho frente a él, la que parecía ser la mayor de sus heridas goteando lentamente en el suelo metálico del vagón.
No se lo pensó dos veces. No tenía por qué hacerlo. Ella estudiaba medicina y era su vocación ayudar a las personas, por lo que saltar a auxiliar a alguien herido era casi un reflejo natural en ella. Pero para él, aquel gesto fue extraño, casi inconcebible, y la observó con sorpresa.
—¿Qué te ha pasado? —Sakura preguntó, preocupada, sus ojos verdes examinando los cortes que tenía en el torso y la espalda.
¿Y cómo iba él a responderle que se había topado con una manada de escrales hambrientos mientras buscaba un pergamino con información sobre una antigua espada de hielo en medio de un bosque desolado, a las afueras de un pueblo demasiado pequeño e insignificante como para siquiera mencionarlo?
—No me ha pasado nada —respondió, la voz rasposa como un trozo de dura lija.
Sakura alzó por primera vez la vista hacia los ojos de él, el entrecejo fruncido. Las pupilas grises del hombre eran como un par de criptas cerradas. No revelaban nada. Nada en absoluto. Los cálidos irises de ella, en cambio, eran como un libro abierto. Molestia, confusión, preocupación y un ligero deje de incredulidad se leían en ellas como palabras escritas con tinta sobre papel.
—Nada, mis polainas —respondió, sin pensar antes de tomar el brazo sangrante de él y atraerlo hacia su cuerpo, para observarlo con atención.
Itachi se rió internamente a causa de aquella expresión, pero por fuera se mantuvo impasible. Sakura se acercó más a él. Aquel era un corte profundo y a juzgar por la mueca que Itachi compuso cuando lo movió, doloroso. Parecía haber sido hecho por una herramienta delgada y sumamente filosa, pues lucía tan limpio como si hubiese sido realizado con un bisturí. Pero lo que verdaderamente le preocupaba era aquel borde purpúreo que se dibujaba como un ribete sobre la carne roja abierta.
—Esto luce feo —murmuró la joven, más para sí misma—. Tienes que ir al hospital. De inmediato.
Itachi no estaba muy seguro de cómo se había colocado a sí mismo en aquella situación tan penosa. Si Kisame lo hubiese visto de aquel modo, siendo examinado —y ordenado— por una humana cualquiera, se habría partido de risa y no le habría dejado olvidarlo en años. ¡En siglos! Itachi apartó su brazo del agarre de Sakura cuidándose de no ser demasiado brusco.
—He dicho que esto no es nada —repitió cuidadosamente—. Y no voy a ir a un hospital.
Sakura frunció más el ceño, si esto era posible.
—Por favor —dijo, con un deje de sarcasmo—, no sé qué te haya hecho esas heridas, pero tienen pinta de infectarse si unos médicos no las tratan adecuadamente.
Ella estaba casi un 90% segura de que él era un Karasu Tengu. Y no sabía nada acerca de su resistencia o sus habilidades curativas; pero si aquella herida lucía tan mal, aquello sólo indicaba que Itachi necesitaba ayuda. Un ligero vistazo a su brazo la llevó a comprobar que la necesitaba con demasiada urgencia, pues el borde purpúreo se estaba extendiendo y tomando un color muy parecido al negro.
Itachi sabía que ella tenía razón. Necesitaba lavar los cortes para deshacerse de todo el veneno de escral, y luego quizás las heridas sanasen solas; pero si fuera a un hospital, lo único que lograría sería atraer una atención innecesaria a su persona y a la razón por la cual aquel veneno tan potente no lo había liquidado.
No dijo ninguna palabra. Se sentía demasiado avergonzado como para encima tener que lidiar con aquella chica de la que, por cierto, tenía que averiguar cuánto sabía sobre él. Porque era claro que sabía algo. Pero ya encontraría ocasión de hacerlo en algún otro momento, cuando no estuviera sangrando por todos lados y no se sintiera tan humillado y débil.
El tren comenzó a detenerse en la estación en la que ambos debían bajar. Itachi se paró rápidamente, dispuesto a atravesar las puertas rápido y perderla de vista, pero el dolor se hizo presente en uno de sus costados, agudo como una lanza, doblándolo. Cayó al suelo de rodillas, y Sakura lo sostuvo antes de que su cabeza se estrellara contra el suelo. Lo último que percibió fue un aroma penetrante a cerezas y vainilla que le recordó ligeramente a los dangos.
Sakura agradeció que el ascensor de su edificio funcionara. Itachi no era demasiado alto ni robusto, y ella se caracterizaba por tener bastante más fuerza que otras chicas; pero de todos modos, su peso muerto bajo el hombro estaba haciendo que se le entumeciera el brazo y las costillas.
Lo único que esperaba era que el taxista que los había trasladado de la estación al edificio no llamara a la policía. La expresión en el rostro redondo el hombre había sido, sencillamente, un poema.
"Probablemente ha imaginado que drogué a este tipo y ahora lo llevo a mi baticueva para violarlo" pensó con sorna.
Intentó acomodar el cuerpo del hombre inconsciente para poder moverse mejor, y se dedicó a observar las heridas de la espalda. Parecían más oscuras y feas con cada instante que pasaba, y había una especie de mancha amarilla/verdusca en la piel de los alrededores. Estaba bastante preocupada.
Las puertas del ascensor se abrieron y ella caminó con esfuerzo, prácticamente arrastrándolo. Por lo menos la sangre parecía haber coagulado ya y no dejó rastros en el suelo del pasillo. Le temblaron las rodillas para cuando llegó a la puerta de su departamento, y sintió que colapsaría mientras buscaba la llave en el bolsillo trasero de su pantalón.
Cuando finalmente entró y logró depositarlo sobre el sofá, se permitió suspirar de cansancio. Se puso a buscar su botiquín de urgencias. Estaba bastante más lleno que el de una persona normal, pero a Sakura le obsesionaba sentirse siempre preparada, siempre lista, y lo agradeció en aquel momento.
Mientras extraía los instrumentos que utilizaría, resolvió que la decisión que había tomado —precipitadamente, mientras el taxista esperaba que le dijera a dónde ir— había sido la correcta. De seguro había alguna buena razón por la que Itachi no deseaba ir al hospital.
Con cuidado, cortó los jirones de tela gris de su remera hasta descubrir su torso pálido y trabajado. Se sonrojó ligeramente, y sacudió la cabeza, obligándose a centrar su atención en los tajos que cruzaban el torso del muchacho: sangre seca pegándose a los bordes que se oscurecían más y más conforme pasaban los segundos.
—Esto solamente puede ser veneno —murmuró para sí misma, desesperanzada. Si así era, no podía hacer nada a menos que supiera exactamente de qué tipo de veneno se trataba y contara con el antídoto correcto. Y, por más completa que fuera su caja de urgencias, no contaba con ninguna clase de antídoto.
Decidió hacer lo que podía, que era limpiar las heridas, de momento. Y luego, si seguían luciendo tan terribles, llamaría a una ambulancia. Al carajo lo que aquel —casi— perfecto extraño desease.
Sumergió la gasa en alcohol y la acercó a la herida del brazo, que siseó y humeó levemente, como si algo allí se estuviera quemando. Los párpados de Itachi temblaron, incontrolables, y de sus labios entreabiertos escapó un leve quejido. Sakura apartó la gasa y observó cómo, en aquella zona, la piel comenzaba a recuperar una tonalidad normal.
—¡Sí! —exclamó, sintiéndose aliviada y llena de orgullo, y continuó con el proceso de limpiarle las heridas.
*shushushushus*
Los párpados parecían pesarle toneladas, al igual que el resto del cuerpo. Se encontraba en una posición incómoda, y en un lugar que, decididamente, no era su cama.
Itachi analizó la situación antes de abrir los ojos. Detrás del sueño agitado y horrible que había tenido, lo último que recordaba era el rostro de Sasuke, una máscara desfigurada por la ira.
El cuerpo de Nagato le había partido el labio. Karin había montado una escena de histeria, exigiéndole saber qué había pasado y él la había echado de una forma para nada cortés. Itachi no intervino porque, al fin y al cabo, la chica no le importaba en absoluto y no pensaba meterse en los asuntos amorosos de su hermano menor.
Sasuke sí le importaba, desde luego; pero sabía que, en aquellos momentos, su hermano se sentía demasiado enojado, resentido y humillado como para entablar una conversación. Decidió darle espacio y tiempo, y salió del edificio.
Había reunido nuevas pistas que guiaban a una zona boscosa en un pueblo cercano. Consideró la idea de decírselo a Sasuke, pero de seguro aquello habría terminado en una discusión desagradable. Su hermano pequeño estaba demasiado enojado con Nagato como para plegarse a las órdenes de nuevo tan pronto. De modo que decidió ir solo. Echaba de menos la soledad —y paz— de su antigua vida, de todas maneras.
Todo aquel revoltijo con los escrales había estado fuera de sus planes, en definitiva. No se suponía que hubiese criaturas semejantes en un lugar tan cercano a un poblado. Había conseguido un pergamino enterrado en una tumba bastante antigua y derruida sin más problemas, pero al salir del bosque, una docena de aquellas criaturas grandes como ruedas de antiguos carros y con una forma semejante a la de las arañas, duras como el acero lo habían rodeado, atacándolo casi con furia.
A Itachi no le había dado demasiados problemas acabar con ellas, pero sus filosas patas consiguieron hacerle unas cuantas cortadas. Una de ellas, la última, era particularmente profunda. Se trasladó hasta la estación de tren procurando no llamar la atención, y suspiró de alivio al ver que había llegado justo a tiempo.
Habría tenido que esperar hasta bien entrada la noche para transformarse en aquel pueblo tan pequeño y con gente tan curiosa que nunca se sabía cuándo te observaba silenciosamente. Además estaba el hecho de que su cuerpo de cuervo era mucho más pequeño y las heridas serían mucho más dañinas en él. Ni siquiera estaba seguro de poder volar los kilómetros que hacía falta hasta llegar a su ciudad sin desplomarse en el aire.
Había subido al tren, en parte aliviado y en parte molesto por el agobiante dolor que el veneno de escral infundía en su cuerpo. Y luego había visto a aquella chica otra vez. Sakura.
Abrió los ojos rápido, pesadamente, mientras se preguntaba si ella finalmente lo había llevado a un hospital. Sus tensos músculos se relajaron al notar que no era así, y le agradeció mentalmente. Se sentó en el sofá donde había estado acostado, y la manta que lo había estado cubriendo del frío de comienzos de invierno resbaló por uno de sus costados, hasta parar en el suelo.
Las luces estaban apagadas, pero el resplandor de una farola de la calle entrando por la ventana le permitía bastante visibilidad. Aquél definitivamente no era su departamento. Imaginó que se trataba del de ella.
Se paró, y se examinó ante la tenue luz amarillenta. Alguien —ella— había limpiado y cosido sus heridas mientras estaba inconsciente. La piel ya había comenzado a unirse, e Itachi sabía que en unas 24 horas, de aquellas heridas no quedaría ni la cicatriz. Las meticulosas puntadas eran del todo innecesarias, pero la sensación de gratitud se extendió en él una vez más.
Caminó por la pequeña sala, y examinó el librero lleno de textos de diversas variedades. Había novelas clásicas en la repisa superior. Textos más nuevos de los que francamente no había oído hablar en el del medio, y un montón de libros de medicina en el inferior.
Llevó su atención a una de las paredes, que estaba prácticamente tapizada con fotografías enmarcadas. En todas se retrataba a Sakura acompañada de diversas personas, las más repetitivas una mujer mayor que debía ser su madre, un muchacho de su edad, rubio y de marcas zorrunas en las mejillas y una muchacha igualmente rubia de ojos azules que lucía bastante atractiva.
Siguió explorando, metiéndose a la cocina. Primero, se sirvió un vaso de agua y lo bebió hasta el fondo, y luego se volvió al refrigerador. Notó que había muchas frutas y verduras, ninguna botella de cerveza como las que plagaban el suyo desde que Sasuke se había mudado con él, y varios tipos de aderezos y salsas, conservas y tuppers bien cerrados y amontonados uno sobre el otro. Tomó una manzana roja y cerró la nevera.
Mientras devoraba con rapidez la fruta, hambriento, sus ojos se topetaron con un reloj que marcaba poco más de las 4 de la madrugada. En la mesa del comedor, que se hallaba cerca de la ventana, había un pesado libro abierto, un cuaderno de notas y un papel con garabatos que contenían diagramas con los que seguramente se ayudaba para estudiar.
Itachi dio un par de pasos hacia la puerta entreabierta que se encontraba más allá. Sabía que se trataba de su habitación. No pudo evitar recordar el sonido de los pasos de ella, y la claridad de su piel húmeda. Apartó aquel pensamiento rápidamente.
Entró despacio, cuidándose de que sus pies no hicieran ruido alguno. Las cortinas de la ventana estaban descorridas y proyectaban sobre ella una mortecina luz plateada. Estaba dormida. Profundamente dormida como aquella vez que la había visto desde la ventana. Sus cabellos se encontraban desparramados sobre la almohada. Sus ojos cerrados. Su rostro se veía en completa calma, totalmente ajena a cualquier cosa que pudiera suceder a su alrededor.
Itachi sintió una sensación cálida abrirse paso en algún lugar de su alma entumecida. Como orugas doradas, relucientes y tibias. En ese momento, terminó de decidir que no permitiría que nada le pasase, y comenzó a acercarse con el fin de colocar en su mente un sello que borraría cualquier recuerdo de él, de su hermano y, en resumidas cuentas, de cualquier sucesos sobrenatural con el que la joven pudiera haber tenido contacto.
Se inclinó sobre la muchacha, y se tomó un segundo para aspirar el aroma que la envolvía como un manto. Cerezos y vainilla. Le recordaba tanto a los dangos.
Sakura abrió los ojos, sobresaltada. Se medio-incorporó y retrocedió en la cama, asustadísima de ver al oscuro extraño inclinado sobre su rostro, tan cerca. Dejó escapar un pequeño grito, y se golpeó la cabeza contra la cabecera.
—¿Qué rayos…? —preguntó, confundida.
Itachi levantó una ceja. No pensaba demostrarlo, pero aquello le había parecido graciosísimo. Se le habían arruinado los planes; sin embargo.
—Me parece que soy yo quien debería pronunciar esa frase —dijo, y se sentó en la cama. Suficientemente cerca como para atraparla por el cuello y plantar el sello en su frente. Suficientemente lejos como para no asustarla, de momento.
Sakura frunció el ceño en lo que la realidad la pateaba con fuerza en las costillas.
—¿Qué dices? —preguntó, indignada—, te he limpiado las heridas, las he suturado y he velado tu nada apacible sueño hasta que me sentí suficientemente cansada como para venir a la cama porque, ¿sabes? —tomó aire para continuar—, no todas las personas nos podemos pegar el lujo de pelear con no sé qué cosa envenenada. Muchas personas trabajamos los lunes por la mañana y no podemos entretenernos cuidando a casi-perfectos-extraños que se desmayan en los trenes y tú… —él parpadeaba lentamente y parecía prestarle toda su atención, lo cual la desconcentraba y le impedía hilar sus oraciones de un modo coherente.
Suspiró, esperando que dijera alguna cosa. Pero no lo hizo. Él seguía esperando que ella terminara lo que estaba diciendo. Y eso la hizo sentir importante y escuchada. Pero también la puso nerviosa y la mosqueó porque, diablos, acababa de despertar; no sabía bien qué estaba diciendo, y él simplemente estaba ahí, en su habitación, con el torso desnudo, y la luz que se colaba por la ventana hacía maravillas sobre su piel pálida, y sus cabellos estaban sueltos y lucían tan suaves que era todo un suplicio luchar contra su mano que deseaba extenderse y tocarlo. Sólo para comprobar si era real.
—¡Lo que quiero decir es que tú deberías estar agradeciéndome! —soltó por fin, obligándose a sí misma a terminar de una buena vez con todos los pensamientos ilógicos que asaltaban su mente.
—Gracias.
Así. Sin más. Sakura se sintió sorprendida. Y molesta.
—¡Que lo digas así no tiene sentido! —exclamó, exasperada—. Sólo lo hiciste porque te lo pedí.
—No lo hice porque lo pidieras —él ladeó la cabeza, aguantando seriamente las ganas de sonreír.
—No es verd…
—Gracias, Sakura —la interrumpió, y ella guardó silencio inmediatamente porque la mirada de sus ojos que ahora lucían tan oscuros como la noche la intimidó. Pero sólo un poquito—. Aprecio mucho que te hayas tomado la molestia de traerme a un lugar seguro y cuidar de mí. Nadie ha hecho algo parecido por mí en mucho tiempo y me parece muy significativo. Así que, por última vez; y de verdad no esperes que vuelva a repetirlo jamás: Gracias.
Ella se quedó muy quieta. Como una estatua. Se sentía muy conmovida. Dudaba haber recibido un agradecimiento tan sincero alguna vez. Itachi la observó con los ojos entornados, sus pesadas pestañas oscuras velándole las pupilas. Aquél era el momento perfecto, y no tendría que sujetarla del cuello como había temido. Levantó su mano lentamente, y la deslizó por el aire, hacia su frente. Pudo oír con claridad la forma en que el corazón de ella comenzó a latir más rápido.
—No hay de qué —Sakura susurró, muy bajito, porque tenía la sensación de que él se esfumaría de un momento al otro y no quería. Por Dios que no.
Él esbozó un atisbo de sonrisa que le iluminó el rostro por completo, como si le hubiese quitado años de encima. Por un segundo, el egoísmo lo capturó entre sus garras y no estuvo seguro de querer que ella lo olvidara. Pero tomó determinación pronto, y sus dedos rozaron la frente de ella. Justo entonces sonó la alarma.
Itachi sólo atinó a acariciarle la frente levemente con un par de dedos y empujársela hacia atrás, justo como lo hacía con Sasuke cuando él era tan sólo un pequeño. Ella se sobresaltó y él no supo si se trataba del sonido agudo o del leve contacto, y, ¿quién demonios ponía una alarma tan temprano? Imaginó que sólo una estudiante de medicina que además trabajaba medio tiempo.
Se alejó de ella tanto como pudo, dando un salto que lo depositó en el medio de la habitación. Algo que había estado entumecido en el cerebro de Sakura se puso a andar.
—¡No deberías hacer movimientos tan bruscos! —gruñó-gritó—, tus puntadas se van a…
Itachi retrocedió hacia la oscuridad con firmeza, para evitar que ella lo viera en la claridad de la luz, aunque sabía que era inútil. Sakura se levantó de la cama, acercándosele. Pero no hacía falta. A todas luces, aquellas heridas rojas y feas se hallaban limitadas a delgadas rayas rosadas. Pasó a estar 100% segura.
Esta vez fue ella quien retrocedió un par de pasos.
Itachi sintió el impulso de sostenerla, de impedir que se alejara. Pero se quedó parado, muy erguido. Se sorprendió al descubrir que su propio corazón ahora latía a gran velocidad. Sakura salió de su habitación con pasos rápidos. Cuando él estaba a punto de seguirla porque no sabía qué otra cosa hacer, ella regresó, acarreando la caja de urgencias que había dejado en la sala después de atenderlo.
Se sentó en la cama y palmeó el asiento a su lado un par de veces, indicándole que se sentara. Itachi dudó, pero decidió hacerle caso, llevado por la curiosidad. Avanzó con suavidad y se sentó a su lado. Ella extrajo un instrumento que lucía como unas tijeras y tomó su brazo con total confianza.
—Ya no necesitarás estas puntadas —explicó, como si no fuese la gran cosa.
El moreno no respondió, y la miró atentamente mientras cortaba los hilos con los que había unido cada una de sus heridas, ocasionando un cosquilleo leve en la superficie de su piel. Terminó rápidamente con el brazo y pasó a su espalda, casi como si quisiera evitar su rostro.
—¿En qué estás pensando, Sakura? —preguntó, su voz suave y al mismo tiempo severa.
Ella se tensó y se detuvo, mirándole la nuca con el ceño fruncido. Continuó con lo que estaba haciendo. Se hizo la misma pregunta. ¿Qué diablos estaba pensando? ¿Qué diablos estaba haciendo? Dejó escapar un suspiro un poco brusco.
—No estoy pensando en nada —contestó.
—¿Y no te parece que es raro?
Tardó varios instantes en responder.
—Todo esto es lo más raro que me haya sucedido en la vida.
Fue él quien prolongó el silencio luego de aquella respuesta.
—Espero que no te moleste que haya explorado un poco tu apartamento. Me di cuenta de que estudias medicina.
Sakura levantó los ojos y se detuvo por unos momentos, sin saber si estaba molesta o si ya lo suponía.
—Has acertado —respondió, volviendo a ponerse manos a la obra.
—Entonces con más razón habrás notado que me he curado demasiado rápido —su voz sonó áspera y cansada, y Sakura notó que su espalda se había ido tensando lentamente.
¿Qué podía decirle?
—Ya lo sé —murmuró con suavidad—, ya sé que hay algo en ti que no es normal.
El moreno no estaba del todo sorprendido, pero sentía la tensión apoderarse de su cuerpo.
—Relaja la espalda, por favor —Sakura pidió—, y no te preocupes. Ya tenía una idea bastante clara de esto antes de comprobar que sanas a una velocidad imposible.
Aquello tampoco lo sorprendió del todo: lo había notado en sus ojos desde el primer momento en que la vio.
—No creo que tú lo recuerdes —la joven prosiguió, mientras terminaba de sacarle los últimos puntos de la espalda—, pero yo sí lo hago. Me llevaste a casa aquella noche. Yo estaba perdida.
Itachi se sintió como un completo inepto por segunda vez en menos de un día, pero no lo demostró. Entonces era verdad que había olvidado una maniobra tan rutinaria como sellar los recuerdos de una niña después de rescatarla.
Sakura se reposicionó para tener acceso a las heridas de su pecho, los nervios haciéndole temblar apenas ligeramente las manos. ¿Qué diría él? ¿Le confesaría la verdad? ¿Tendría que matarla para resguardar su secreto? Aquel pensamiento la sacudió en su interior, pero se deshizo de él rápidamente. No tenía idea de cuál era la razón, pero sentía que podía confiar en Itachi. Estaba un 90% segura de que él no iba a lastimarla.
—Es peligroso que sepas todo esto, Sakura —ella sintió el cálido aliento de él en la nuca.
—No es para tanto —respondió, sonriendo levemente—. No se lo diré a nadie. No es como si alguien fuera a creerme de todos modos.
Itachi le colocó una mano sobre el hombro, sobresaltándola levemente. Sakura se sentó muy recta frente a él.
—No me refería a eso —explicó—. Es peligroso para ti.
Un escalofrío reptó por la espalda de ella ante su voz firme y su mirada que parecía desear perforarle el cráneo. Pero al menos había tenido razón. Él no iba a matarla o a hacerle daño. Lo vio levantar un par de dedos y llevarlos hacia su frente, tal y como había hecho hacía un rato. La primera vez, Sakura había pensado que se trataba de un extraño gesto que pretendía demostrar su agradecimiento; pero el hecho de que lo repitiera le dejó en claro que se trataba de algo más.
Saltó, alejándose con agilidad.
—¿Qué pretendes hacer? —preguntó, frunciendo el entrecejo.
Itachi endureció la mirada de sus ojos de acero.
—Tengo que borrarte los recuerdos.
Sakura por poco y se echó a reír, más con histeria que con verdadero humor.
—¿Ahora resulta que tienes un láser, como los hombres de negro?
A él no pareció causarle gracia. En medio latido estaba frente a ella otra vez. Sakura viró hacia la derecha, prácticamente escurriéndose entre sus dedos. Él notó que, a pesar de estar casi recuperado, el veneno que había ingresado en su torrente sanguíneo seguía entorpeciéndole los movimientos.
—¡No voy a dejar que juegues con mi mente! —ella gritó, y se dispuso a correr hacia la cocina, donde había más espacio y quizás algún instrumento con el que pudiera defenderse.
Sintió un golpe moderadamente fuerte en la cabeza y, atónita; notó que él la había empujado contra la pared de su cuarto. En menos tiempo del que le habría tomado parpadear. Su mano había formado un grillete alrededor de su cuello, aunque no le impedía respirar.
Sakura dejó escapar un sonido que se parecía mucho a un gruñido, y comenzó a patalear y se aferró con sus uñas a la mano de Itachi. Intentó patearle en la entrepierna, pero él se había colocado en un ángulo en el que aquello no le era posible.
—¡Suéltame! —exclamó, una película lacrimosa cubriendo sus ojos verdes; la impotencia, la frustración y la furia fundiéndose en su interior.
—Es por tu bien —él dijo, y sus dedos se posaron justo en el centro de su frente.
Sakura los sintió tan calientes que pensó que aquel contacto le iba a dejar una quemadura notoria en la piel. En medio de aquel tumulto de emociones, su mente aún le dejó espacio para notar los cabellos largos de él acariciarle la mejilla cuando se acercó. Aún para que la piel se le estremeciera al sentir su aliento en su oído.
—Y lo recuerdo —pronunció Itachi antes de esfumarse, su voz calmante como un bálsamo.
¡Tararán! Eso ha sido todo. Porrr si las dudas no ha quedado claro, en su frase final, Itachi se refiere a aquel suceso de la infancia de Sakura. Pero la verdad es que ¡me muero por saber qué les ha parecido!
Por favor, dejen sus reviews con sus impresiones, sentimientos, críticas, comentarios, sugerencias, ideas y cualquier cosa que deseen, siempre en el marco del respeto.
Ahora sí, menciones a mis maravillosos reviewers: Griffith - Berserk, Sakura Hatsu, Hiyoko-sama, Oscar Hierro, Aidil, Crimela y Sasu Love For Ever. Muchísimas gracias a todos. Como ya he dicho, todavía no pude responderles a todos (los exámenes de segunda oportunidad me traen de los pelos), pero lo haré ni bien pueda.
Agradecimientos especiales también a quienes agregaron el fanfic a sus listas: Hitomi Miko y Kuro-Neko-Arisco, espero leer de ustedes en algún momento.
Y bueno, me voy retirando. Hasta el jueves si Dios y los exámenes lo permiten. ¡Abrazos! Gracias por leer
Cambio y fuera~
Deirdre-
