Wola! Soy yo, regresé. Lo sé, lo sé, esta vez me pasé más de lo habitual y lo siento mucho, pero tengo 0ganas de escribir últimamente, y eso que hace un par de semanas me vino como finalizaria este fic...pero no había manera. Este capítulo no me ha gustado mucho, pero era necesario. Intentare sacar el siguiente antes,si? Eso si, después de semana santa, q me voy una semana de viaje, siiiiii!!! Bueno, aki os dejo un nuevo cap, espero q no os decepcione muxo después de tanta espera.

CAPITULO 11: LO QUE LLEVA AL DESIERTO

Acomodó la poca ropa que le quedaba en la bolsa y la cerró sin mucho esfuerzo, oía los gritos del salón, pero no le importaba, ella no tenía nadie a quien dar explicaciones.

-Pero, ¿por qué? Nosotros también podríamos ir a ayudar- se quejó la rubia por cuarta vez en la última media hora.

-¡Hinata-chan! ¡No puede ser cierto!- los dos rubios lloraban en su salón, impidiendo a sus compañeros preparar los equipajes. Se tumbó en la cama, seguía estando cansada.

Prefería que la misión hubiese sido individual, todo habría sido más fácil. No tendría que verles todos los días, no tendrían que actuar... porque era triste tener que fingir ante tus propios amigos, pero no encontraba una solución mejor. Era lo suficientemente egoísta como para no alegrarse por ellos, pero no como para hacer que se sintiesen culpables. Nunca deberían darse cuenta de que no estaba bien, nunca. Cerró los ojos, respiró profundamente y se dirigió al salón. Al menos él no estaría. Ahora tenía sus defensas bajas y el estar tan vulnerable la haría recordar... la haría creer... Suna era la mejor opción sin ninguna duda, y el trabajo duro haría que pensase menos y que sus heridas cicatrizasen... una vez más.

-Tranquilos chicos, estoy segura que Tsunade-sama os permitirá venir a visitarnos- dijo apoyando su mochila en la puerta de la entrada. Era mentira. Tsunade no permitiría ese tipo de distracciones, la relación con Suna era demasiado importante para Konoha.

-Pero yo no quiero... -las palabras de Ino volvieron a repetirse una vez más sin ceder un ápice en su abrazo a Shikamaru.

Tocaron a la puerta. Sakura abrió al ser la más cercana a ella.

-Uchiha... -musitó al ver quien se encontraba detrás de la puerta. Debía dejar de pensar cosas, porque últimamente se hacían realidad con demasiada frecuencia.

-¿Es cierto que os vais de misión a Suna?- preguntó el chico sin moverse de la puerta.

-Sí-dijo ella haciéndose a un lado para dejarlo pasar.

-Sasuke-kun, veo que leíste nuestra nota-dijo la rubia.

-Ino, si sigues así vas a ahogar a Nara, lo mismo va por ti, dobe-dijo señalando al rubio.

-Déjalo, no sirve de nada, llevan así un buen rato- ambos se sentaron sin darse cuenta en el mismo sofá, y todas las miradas se fijaron en ellos.

-Vosotros no entendéis nada- argumentó la rubia- sobre todo tú, Sasuke, ni siquiera sé lo que haces aquí.

-Me imagine que estaríais dando problemas, así que vine para llevaros a casa- dijo serio cruzándose de brazos.

-A decir verdad, deberíamos partir ya para Suna-dijo la pelirrosa mirando a sus compañeros.

-¿No deberías despedirte de alguien tú también, Sakura-chan?- dijo Shikamaru con cierta ironía.

-¿Nani?-fue todo lo que pudo decir la pelirrosa. ¿Aquel idiota estaba insinuando lo que ella creía? Juntó toda su fuerza de voluntad para no mirar al chico sentado a su lado, pero ¿Por qué de repente Shikamaru le decía esas cosas? Él, que había declarado al Uchiha como su enemigo universal...

Sasuke dirigió una de sus típicas miradas a Shikamaru, el de la coleta se rió disimuladamente, crispando los nervios del moreno.

-Oh, vamos, ¿No adivinas quién te echará de menos en nuestra querida aldea?- dijo enarcando una ceja y haciendo aun más visible su sonrisa. La pelirrosa no pudo evitar sonrojarse... ¿le estaba insinuando que el Uchiha tenía algún sentimiento hacia ella? Se cruzó de brazos y cerró los ojos por unos segundos, no le miraría, no le miraría... lamentablemente había alguien cerca que no podía mantener la boca cerrada.

-¿El teme?- se atrevió a decir un inocente Naruto mientras contemplaba a sus compañeros de equipo con expresión de duda.

-¿Qué demonios dices, dobe?- saltó el Uchiha, aquel grupo definitivamente iba contra sus nervios y paciencia, sobre todo aquel que se hacía llamar su mejor amigo y el idiota de dos metros que no paraba de reírse.

-No hace falta ponerse así, Uchiha, yo me refería a Jiraiya-sama y a Kakashi-sensei- dijo burlándose de que el moreno hubiera caído en una trampa tan simple- aunque si estás aquí quizá Naruto tenga...

-Deja de decir tonterías, Shi-ka-kun- pronunció la pelirrosa en forma de amenaza- el dejar de ver a esos dos es lo único bueno que tiene nuestra marcha.

-¿Crees que sabrán ya la noticia?- preguntó Hinata mirando por la ventana.

-No lo creo, si no les tendríamos aquí amotinados en la puerta para no dejar salir a Sakura-dijo Shikamaru todavía riéndose.

-Nunca entenderé qué es lo que te hace gracia de ese par de pervertidos... -dijo la chica con el ceño fruncido.

-Si vieras tu cara lo entenderías, Sakura-chan-dijo el de la coleta.

-Me gustaría ver la tuya si fuesen a por Ino- comentó el moreno aún sentado. Golpe bajo, tocado. Cruzaron esas miradas en las que cada uno le decía al otro que tuviese cuidado.

-Los destrozaría- dijo sin dudarlo- afortunadamente es Sakura, así que no tengo nada de lo que preocuparme.

-Vaya mierda de amigo-dijo la pelirrosa entre dientes lanzándole una gélida mirada.

-Tienes un motón de amigos, que te defienda otro que no tenga nada que hacer, ¿Qué tal tú Sasuke-kun?- dijo poniendo un tono similar al que Ino y Sakura utilizaban de pequeñas. Sasuke chasqueó la lengua. Shikamaru acababa de devolvérsela.

-Deberíamos salir ya, sino Tsunade-sama se enfadará- dijo la peliazul, la única cuerda en aquella conversación de idiotas. Todos se imaginaron una Hokage muy enfadada. Los rubios dejaron ir a sus presas, y estos se encaminaron a hacer su equipaje. El actual equipo siete se quedó sentado en el salón junto a la pelirrosa.

-Será duro... -susurró Ino. Naruto afirmó con la cabeza. Los otros dos no decían nada. El ambiente tomo una atmósfera decadente- ¿Por qué... por qué el destino se empeña en separarnos?

Sakura miró a la rubia y se dio cuenta de que estaba realmente afectada. La entendía. Maldijo su empatía, podía sentir el dolor de Ino, el de Naruto... e incluso el de Sasuke. Por unos segundos miró al moreno, intentando saber si su intuición le fallaba... pero ahí estaba, la misma imagen pétrea de siempre, mirando al frente, sin mirar a nadie. Sin embargo, ella podía notar un cambio en su conducta, aunque no sabía decir muy bien el qué. Y menos aun el porqué.

Observó los rostros de sus acompañantes, todos con ojeras, aunque seguramente, por distintos motivos. No sabía que en realidad, las ojeras eran por ella. Ino deslizó la mirada hacia su amiga de la infancia, no la había visto desde que se había enterado de todo... sonrió con amargura, Sakura muerta... así que al final era cierto, ella nunca había querido en realidad a Sasuke, nunca hubiera llegado a sacrificarse a sí misma como había hecho la Haruno... y ahora estaba ahí, como si nada, sin decir nada, sin un reproche. Su actitud era algo más fría, aunque poco a poco se estaba cada vez pareciendo más a aquella Sakura que una vez dejaron atrás. Ahora comprendía tantas cosas... nunca se había preguntado la procedencia de aquellas probetas... no después de que sus compañeros se recuperasen completamente, siempre creyó que había sido un milagro... debió haber pensado que los milagros no existen, solo las acciones de las personas. ¿Cómo se sentirían Naruto y Sasuke después de saberlo? Alivio, gratitud... creía imaginárselo, pero, ¿sólo eso? Si ella debiese la vida a alguien...

-Ya estamos listos-dijo Nara apareciendo en la puerta acompañado de Hinata, ambos con una pesada mochila a sus espaldas. Ino borró su línea de pensamientos ante la presencia del chico. Los observó ahí, fuertes, seguros, como si todo lo que habían pasado hubiese sido un cuento, un cuento de miedo que les contaron después de una larga noche.

Curiosamente se despidieron en silencio, en abrazos, lloros y roces de labios. Sakura notó un nudo en su garganta. Malditas hormonas femeninas, se volvió a quejar. Era mejor echarle la culpa a sus hormonas que pensar que se estaba ablandando al ver aquello.

-Sakura... -su nombre en los labios del Uchiha sonó de una manera ronca, se giró a verle, ni siquiera se había dado cuenta de cuando había llegado a su lado. Él tendió una mano. Sakura lo miró extrañada, sin entender muy bien al moreno, aun así le dio la mano. El moreno dio un pequeño tirón que la dejó pegada a su pecho, pero ninguno de los dos se movió, Sakura por la impresión, él porque no sabía muy bien porqué había hecho eso-vuelve-fue todo lo que pudo decir.

Pasaron unos segundos hasta que la chica reaccionó, y aún sin entender se separó de él.

-Claro-dijo ella. Sasuke volvió a sentir esa punzada que le decía que algo malo iba a pasar, sin saber muy bien el qué, ni la gravedad de ello. Sólo que tenía que ver con ella- ¿Nos vamos?- dijo la chica a sus compañeros. Estos hicieron un gesto afirmativo con la cabeza y se separaron. Tomaron de nuevo las mochilas y se encaminaron a la salida. Habían decidido irse solos, para no hacer escenitas más adelante.

Y aunque no les seguían, Hinata y Shikamaru volvían de vez en cuando la vista hacia atrás, como si el simple hecho de ver esas calles, les dijese que ellos todavía estaban allí. Sakura miraba al frente, intentando comprender algo de lo que había pasado momentos antes, pero no sabía por donde empezar... Suspiró, habían llegado a la puerta.

-Vamos allá- dijo segura, pero se quedó estática, mientras sus compañeros empezaban su marcha, tan solo para echar un último vistazo. Konoha...

"Vuelve..."

Agitó su cabeza y emprendió la marcha. Debería llevar a cabo la misión, el resto en aquel momento... daba igual.

-------------------------------------------------------------

La arena en movimiento no les permitía ver nada, pero sabían que estaban cerca. Llevaban tres días andando, aunque desde hacía unas horas se había levantado una tormenta de arena y estaba siendo casi imposible saber si estaban siguiendo el camino correcto. De todas maneras sabían que no podías detenerse, el viento era demasiado fuerte como para montar las tiendas.

Sakura intentó abrir un poco los ojos al notar una presencia de chakra cercana a ellos, pero no podía hablar, si hablaba no podría mantener la arena ajena a su sistema respiratorio. Acercó su mano hasta el kunai que guardaba en su chaleco. Aquellas personas cada vez estaban más cerca y su chakra era muy potente. Sakura relajó su mano al darse cuenta de que aquel chakra era conocido y que aquella tormenta pararía.

En unos segundos, la velocidad del viento ceso y la arena se fue posando a su alrededor. La chica abrió un poco los ojos y logró distinguir tres siluetas. Sabaku no Temari. Sabaku no Kankuro. Sabaku no Gaara. El Kazekage se erguía ante ellos, en su abrigo oscuro, con semblante serio y actitud fría.

-Bienvenidos- Temari fue la primera en hablar- agradecemos mucho la colaboración de Konoha.

Shikamaru se adelantó, como jefe de la misión.

-No hay nada que agradecer, era nuestro deber- dijo haciendo una pequeña reverencia.

-Por lo que veo, Nara, eres tú el que está al frente del equipo-se oyó la fría voz de Gaara. Shikamaru levantó la mirada, y se dio cuenta que el kazekage miraba a un punto detrás de él. Sakura abrió los ojos del todo al notar la mirada del chico sobre ella, hizo una reverencia, seguida por Hinata. Los de la arena repitieron la acción a excepción del kage- síganme.

La orden se siguió sin decir una palabra más. A medida que Gaara avanzaba, la arena paraba su movimiento, despejando el camino, volviendo a cerrarse detrás de Kankuro, que cerraba la marcha. Hinata giró su cabeza al notar un escalofrío recorriendo su espalda y al volverse vio al marionetista recorriéndola con la mirada de arriba abajo.

-¿Kankuro-san? ¿Le pasa algo?- preguntó la chica preocupada.

-Ie- dijo el chico, acercándose a ella- continuemos o nos dejaran atrás- dijo cogiéndola por el hombro- ¿Y no queremos eso, verdad?-dijo dedicándole una sonrisa a la chica. La imagen de Jiraiya persiguiendo a Sakura se pasó por la mente de la peliazul sin saber muy bien porqué. Se mordió un labio.

-Hai-dijo intentando separarse un poco de él.

-¿Qué tal el viaje, Shikamaru?-preguntó la rubia retrasándose a su altura. Se acercó a él hasta que sus cuerpos se rozaban al andar.

-Bien, nada en particular- el continuo roce de la rubia le ponía nervioso, y lo que era peor, ella era consciente de ello y parecía divertirse.

-Hace mucho que no voy a Konoha, me gustaría volver... cuando Suna se recuperé haré un viaje, ¿Volverías a ser mi guía?- dijo ella con una sonrisa pícara que el joven no vio pero unos ojos jade no se perdieron.

-Claro, ¿Por qué no?-dijo despreocupadamente. La chica reaccionó tirándose a sus brazos en un acercamiento de agradecimiento. Nara tragó saliva al notar el cuerpo de la chica amoldándose perfectamente al suyo sin ninguna distancia entre ellos. Tsk. Problemático.

-Temari, ¿te importaría venir aquí un momento?- se oyó la voz del pequeño de los tres hermanos. La chica bufó molesta pero se acercó, perdiéndose el suspiro de alivio del de la Hoja. Llegó a la altura de su hermano, intentando mantener su ritmo- ¿En qué hemos quedado?

-Mmm... todos no somos de hielo como tú, Gaara-kun- dijo con sorna.

-Sabes que no soporto que me llames así- dijo mirándola- sólo sé más discreta, ¿de acuerdo? Les necesitamos, y ya tengo suficiente con vigilar a Kankuro para que no haga ninguna tontería.

-Pues creo que deberías vigilarle un poco más, parece que ha fijado su objetivo- dijo la rubia echando un vistazo a su hermano que no se apartaba de la peliazul- créeme, él es más peligroso que yo.

Gaara siguió su marcha. Como si no tuviese suficiente con controlarse él mismo tenía que estar haciendo de niñera... Suna era en esos momentos la prioridad, eso debían recordar, sin embargo, sus instintos empezaron a fallarle desde el momento en que ella apareció, su olfato, más desarrollado que el de cualquier ser humano gracias a shukaku, le hacía tenerla presente en cada momento... aquel aroma era inconfundible. Estiró su mano y la volvió a apretar, sus ojos, sus oídos... su tacto... su cuerpo la reclamaba, como si fuese un animal, aunque el mapache le hubiese abandonado le había dejado ese regalo... maldito biju.

Pasaron las murallas de roca de Suna y llegaron al pueblo que se encontraba en calma, sin apenas gente, pero claramente deteriorado. Se dirigieron a la casa oficial de los hermanos de la arena, aunque modesta, era de la mejor conservadas.

-Ésta será vuestra habitación, Nara dormirá con Kankuro, ¿de acuerdo?- dijo el kage. Sakura frunció el ceño, no era maleducado, pero sí distante. Aún así afirmó con la cabeza- nos veremos en mi despacho en una hora, allí os explicare la situación y estableceremos un plan de acción.

Se giró y desapareció en una habitación del final del pasillo. Hinata y Sakura se adentraron en la amplia estancia exenta de lujos, eligiendo una cama cada una.

-Nos vemos luego- dijo Shikamaru cerrando la puerta y siguiendo a Kankuro.

-Mmm... ¿Quieres ser la primera en ducharte?- preguntó la pelirrosa mientras sacaba sus cosas.

-Hai-dijo la peliazul con gesto cansado.

Una hora no era mucho tiempo, debían darse prisa. Seguro que al kazekage no le gustaba esperar.

-----------------------------------------------

Sakura se desplomó sobre su cama, envuelta aún en la toalla y con el pelo aún mojado se sentía cansada, demasiado cansada. Llevaban un mes en Suna, y sólo paraban para comer y dormir, era duro, realmente duro. Pero ver todos aquellos rostros agradecidos merecía la pena. Giró su cabeza para observar la cama de al lado, donde Hinata llevaba durmiendo un par de horas. Habían terminado en el hospital hacía un par de horas y le había ordenado a la Hyuga irse a descansar, mientras ella se había quedado haciendo algunas pruebas de plantas medicinales.

Masajeó su nuca, intentando buscar algo de alivio al dolor que invadía su cuerpo. Seguía en tensión, pero era lógico, a todo el estrés del trabajo que desempeñaban tenía que sumarse la continua supervisión del kazekage. Desde que llegaron no se había separado de ellas ni un segundo, y no podía evitar ponerse tensa en su presencia, por lo cual su cansancio se incrementaba. No entendía su presencia. Siempre había supuesto que un kage tenía mejores cosas que hacer que andar detrás de dos ninjas médico. ¿Tendría miedo de espionaje? ¿No confiaba en ellos? ¿O es que estaba demasiado preocupado por su pueblo? Era difícil decirlo mirando su pétreo rostro inexpresivo.

Se secó el cabello con la toalla del pelo y se puso algo para dormir. Era su pueblo, su deber, no podía cuestionarle. Pero esos ojos aguamarina la inquietaban, era como si siguiesen cada uno de sus movimientos, analizando cada gesto, cada comentario... ¿Tendría intención de aprender jutsus médicos? Con la muerte de la abuela Chiyo el nivel médico de Suna había bajado a un nivel básico y se veían obligados a pedir ayuda. Dio por seguro que tenía que ser eso y cerró los ojos para dormirse. Pero por más vueltas que daba algo en su interior no la dejaba dormir. "Maldita sea" pensó. El cuerpo dolía y ella no podía dormir. Notó como Hinata se movía en su cama. Al de unos minutos notó como la chica andaba por la habitación y salía por la puerta. "Habrá ido a beber agua". Volvió a dar media vuelta, esta vez quedando boca abajo... tras unos minutos se incorporó. Quizá un vaso le vendría también bien a ella.

--------------------------------------------------

Hinata se aproximó con paso lento y torpe a la cocina. La cena había sido pesada y tenía sed, pero el agua de grifo no era potable en Suna. Tenía calor. Había soñado de nuevo con Naruto-kun, otra vez aquellas escenas de lo que vivieron juntos... se sonrojó esbozando una tímida sonrisa.

-¿Puedo ayudarte en algo, Hinata-chan?- se giró ante la voz que provenía detrás de ella. Allí estaba el marionetista, pero a Hinata le costó reconocerle: sin pintura, sin su traje, sin camiseta, sin pantalones...

-¡Oh! No sabía que estaba por aquí, Kankuro-kun- dijo girándose para evitar observar ver al muchacho en ropa interior. Éste esbozó una sonrisa mientras la contemplaba sin pudores ante la vergüenza de ella, cubierta con sólo un corto camisón y su largo cabello azulado cayendo por su espalda, tan inocente, tan pura... se acercó sin pensarlo, pegando su cuerpo al de ella, mientras acariciaba su pelo ante la sorpresa de la chica.

-No me has contestado... -dijo bajando su boca hasta la oreja de ella, haciendo que su aliento estremeciese a la chica- quizá te pueda ayudar en algo... - dijo deslizando sus manos a sus hombros- hace calor aquí, ¿no crees?- apartó uno de los tirantes del camisón de la chica, mientras sus labios empezaban a recorrer la pálida piel que se deslizaba de su cuello a su hombro.

- Kankuro-k... -Hinata no podía moverse, ni siquiera pudo terminar de nombrarle, porque el chico la giró con rapidez y se apoderó de sus labios, empujándola contra la mesa.

-No pensé que estarías tan ansiosa- dijo deslizando sus manos hasta los muslos de ella, elevándolos hasta sentarla sobre la mesa y tirándose sobre ella.

-Por favor, por favor suéltame... -murmuraba la chica bajo sus labios, intentando separarse de él, que sus manos no la tocasen, que sus labios no la rozasen... pero el chico era fuerte.

-Llevas provocándome todo el mes- dijo descargando su peso sobre ella. La chica notó como algo se apretaba contra su cadera y el miedo empezó a recorrerla, él no sería capaz, no podía pretender que...

-Lo siento, yo no... -no podía, por más que luchaba el no cedía un centímetro de distancia.

-Haberlo pensado antes...

-¿Qué es lo que debía haber pensado antes?- la luz se hizo de golpe revelando a una enojada Sakura en la puerta. Al ver la escena corrió hacia la mesa sin pensar, concentró todo el chakra que pudo y lo descargó en la cara del muchacho, haciendo que éste se estampase contra la pared.

-Sakura-chan... -murmuró Hinata. Una lágrima salió de sus pálidos ojos mientras miraba agradecida a la pelirrosa. Esta la miró preocupada, el pelo revuelto, la ropa descolocada, y la mirada de temor de sus ojos. Maldito bastardo.

-No se te ocurra volver a tocarla- dijo acercándose al chico en el suelo.

-Ella me buscó- argumentó el chico mientras intentaba ponerse en pie aunque sus primeros intentos fuesen en vano. La pelirrosa apoyó la mano en el hombro del chico oprimiéndolo con fuerza, haciéndole soltar un gemido.

-Espero no tener que volver a advertírtelo- acercó su cara a la de él, se asustó ante la severidad de su mirada, casi tan fría como la de su hermano-porque la próxima vez no será una advertencia.

-¿Tú me vas a dar mi merecido?-dijo con una sonrisa socarrona. Sakura apretó los dientes y se separó de él.

-No, pero quizá Naruto no se ponga muy contento cuando se entere lo que has intentado hacer con su novia- dijo ella sin girarse, ayudando a Hinata a bajarse de la mesa.

-¿No... novia?-balbuceó asustado. Él era un gran ninja, pero el poder de Naruto... mierda. Tragó duro. Si el jinchuriki se enteraba...

-No te vuelvas a acercar a ella- dijo Sakura saliendo de la habitación. Estaba enfadada, muy enfadada, porque notaba a Hinata temblar en sus manos mientras subían las escaleras-tranquila, no ha pasado nada... -dijo en un susurro.

-Pero... pero... - la chica no sabía qué decir, quizá el chico le decía la verdad y ella le había estado provocando.

-Tú no tienes la culpa de nada, él no tenía ningún derecho a hacer lo que hizo- dijo abrazándola a un más fuerte, arrastrándola hasta la puerta de la habitación- ahora nos iremos a dormir, ¿de acuerdo? Te prometo que no te volverá a hacer nada.

La peliazul levantó sus ojos perlados y observó la tranquilizadora sonrisa de su amiga, haciéndola sentirse mucho mejor, más tranquila, más segura.

-Gracias, Sakura-chan- dijo avergonzada, ella siempre la apoyaba, era tan fuerte, tan segura de sí misma... ojalá fuese como ella, eso no hubiera pasado...

-No me las des tontina- dijo besando sus cabellos- cuando volvamos a Konoha tendrás de nuevo a Naruto para protegerte, pero de momento déjamelo a mí, no permitiré que te pase nada, Naruto no me lo perdonaría- la acostó en su cama y la arropó como una niña pequeña- duérmete tranquila.

La observó en silencio, mientras su respiración se regulaba y le indicaba que la chica se había dormido. Se metió en su cama y contempló el techo, ¿Cómo no se había dado cuenta de eso? Si ella no hubiese bajado, ¿Qué habría pasado? Imágenes escabrosas pasaron por su mente, agitó la cabeza para apartarlas. ¿Qué demonios le pasaba al mundo últimamente? No entendía nada, parecía que todo el mundo se había vuelto loco, con la aldea como estaba y uno de los más importantes ambu... se giró mosqueada, sería una larga noche.

--------------------------------------------------

-Kankuro- la voz de su hermano le sobresaltó al entrar en su cuarto, ni siquiera se dio cuenta de que estaba ante él hasta que sintió el golpe en su rostro, en el mismo sitio que le había golpeado la de Konoha.

-¿Qué demonios te pasa?-gritó el chico colérico, frustrado y golpeado, olvidando por unos segundos el temperamento de su hermano.

-Eso mismo debería preguntarte yo a ti-dijo el pelirrojo sin apartar su mirada. Estaba enfadado, muy enfadado, Kankuro podía sentirlo.

-Gaara, sabes que no ha sido culpa mía, tarde o temprano iba a pasar- dijo el chico sentándose en su cama.

- Has puesto en peligro la misión, no podemos enemistarnos con Konoha.

- De eso ya te ocupas tú, ¿no?-preguntó de manera irónica. Gaara, cruzado de brazos le dirigió una mirada que dejó congelado al chico.

-Tú no te metas-dijo de manera casi inaudible- si pensases un poco más te darías cuenta que hay cosas mucho más importantes que tu lívido.

-Eso ya lo sé- se quejó. Estaba cansado, ahora se quería dormir. Miró a su hermano de reojo, de pie, orgulloso, observando por la ventana... y sintió curiosidad.

-Gaara, ¿Cuándo... ?

-Aún no es el momento-dijo el chico sin moverse un milímetro, su hermano suspiró.

-Hinata está con Uzumaki, ¿Has pensado que quizá... ?

-No, eso no importa- Kankuro enarcó una ceja, ¿tan seguro estaba?

-Gaara...

-Ha llegado una carta de Konoha, vendrán en dos semanas, para la fiesta por la rehabilitación de la ciudad... ten cuidado, Uzumaki vendrá en ese grupo- dijo tomando su camino a la puerta.

-A veces las cosas no son tan simples, Gaara- su hermano no se volvió, salió por la puerta y la cerró tras él. Los ojos aguamarina buscaron la puerta al fondo del corredor, en dirección contraria a la suya.

-Lo sé.