Hola lectores ¿Cómo han estado? Yo bien. Se que me he tardado en actualizar, algunos quizás ya lo saben, otros no, pero he estado de vacaciones y por eso me he retrasado en todas las actualizaciones. Espero que no les haya molestado. Pero he vuelto a sentarme frente a la computadora con una taza de café en mano y me he puesto para que todo ustedes tengan las continuaciones de éste y de los demás fics.

Respecto a los comentarios, me ha decepcionado no recibir ninguno el capitulo anterior. Sobre todo con las dudas que tenía acerca de ese capitulo, pero espero que éste, se animen a dejar un review con sus comentarios, ya sean buenos o malos, para que sepa que les parece la orientación que está teniendo el fic.

Esta vez, esperaré con ansias sus opiniones.

Y aquí se los dejo:


Había estado llorando toda la noche, de hecho todavía no terminaba de escurrir sus chocolatosos ojos de aquellas grandes lagunas que su corazón había obligado a gotear. No podía creerlo, no entendía que había salido mal. Su relación había sido perfecta ¿O no? Había compartido tanto juntos. No solo era su salvador, sino que ambos compartían el pesar de la partida de sus hermanos y además... Habían experimentado lo que era el amor en su más puro elemento. Todo encajaba, todo iba bien y.. de repente... Todo se había desmoronado por una mujer.

Si, aquella mujer había llegado a SU casa. Había llegado a SU casa y había dicho cosas que la habían obligado a dudar de la fidelidad, de las promesas de ese hombre. Y ahora que se encontraba bajo la rama de un bello árbol de mandarinas, dudaba de su reacción. ¿Había sido un poco exagerada? Quizás se había excedido y había actuado por mero instinto. Luffy no era un mal hombre ¿O si?

A lo mejor todo era un gran error. Cegada por su soledad había confiado en aquel hombre, se había hipnotizado de sus encantos, de su rostro, de su cuerpo, y había hecho cosas que no tendría que haber hecho jamás. Se tomó los cabellos entre sus manos y los jaló con fuerza. ¿Por qué era tan difícil entender sus sentimientos? Estaba tan confundida que ni siquiera podía deletrear su nombre sin confundirse, sin detenerse a pensar en aquel hombre. Contempló el cielo con un aire ausente y cuando vio esas nubes supo que se aproximaba una gran tormenta. En ese momento se puso de pie. No iba a dejarlo escapar, no sin antes hablar de lo sucedido. Juntos habían vivido cosas únicas y no estaba dispuesta a abandonar sus sentimientos por una mujer que se hacía llamar su amante.

(...)

Luffy la contempló serio. Sabía cuales eran las expectativas de esa mujer, lo sabía perfectamente. Sabía lo que quería y también sabía cual era su lugar. Necesitaba el trabajo ¿De qué otra manera se sustentaría? Además necesitaba mandarles provisiones a sus hermanos y para eso, necesitaba dinero. Dinero que vendría de un empleo, y así era la rueda en esa sociedad. Cuando la mujer comenzó a desabrocharle la camisa, cerró los ojos.

Lo que más le dolía de todo eso era saber que había traicionado la confianza de Nami. Ahora, ella se encontraba herida. Y todo había sido su culpa. Nunca se iba a perdonar lo que le había hecho esa mañana y para peor... Él había arruinado su pureza, la pureza que toda mujer debía tener antes del matrimonio. Si la vida de aquella pelinaranja quedaba arruinada, él era el responsable, él...

Sentir las cálidas manos de otra mujer no lo reconfortó. Se sentía asqueroso, asqueado. Ni siquiera podía imaginar que se trataba de ella. No. No era justo. Simplemente soltó un resoplido y se dejo ser. Fue guiado hasta una cama donde tuvo que acostarse boca arriba. Pero no abrió los ojos, no quería ver. Necesitaba desconectar su mente de su cuerpo y solo así, lograría pasar aquella prueba.

(...)

Decidida a hacer lo imposible por su corazón, se había subido al primer cuadrúpedo que encontró y salió a toda velocidad en busca de Luffy. No había otra cosa que hacer. Había consultado con Sanji acerca de su necesidad de aclarar las cosas y como siempre, él le había brindado todo su apoyo.

Pero la cabeza le seguía dando vueltas y vueltas. ¿Debía ir y aclararlo todo, o debía resignarse y abandonarlo para siempre? Odiaba que Nojiko no se encontrara allí, esos problemas que había tenido que ir a solucionar y la maldita guerra que las había aislado en dos extremos opuestos del país... Ella hubiese sabido que hacer, ella la hubiese ayudado a decidirse, Nojiko siempre había estado ahí para ella, incluso cuando su madre murió, ella asumió el rol de madre para cuidarla. Y en ese momento... Nami no podía hacer aun lado su egoísmo y culpar al mundo entero porque su hermana mayor, gran consejera y única amiga, no se encontraba con ella para ayudarla.

Cuando se encontró en la casa del morocho, ya no había nada que hacer. No quedaba otra cosa que bajarse y tocar la puerta para luego, clarificar los hechos. Todas las dudas que había tenido durante el trayecto, tenían que desaparecer, sin lugar a dudas. Bajó de su caballo y subió los imperfectos escalones que la llevarían a aquella casa. Había estado allí, lo recordaba. Sabía perfectamente las condiciones en las que esos tres hermanos vivían y por alguna razón los envidiaba. Su dispocisión ante el mundo a pesar de todas las cosas, era envidiable y admirable.

Golpeteó la puerta de madera con frenesí. Estaba nerviosa. Nadie abrió. Maldición. ¿Qué acaso no se encontraba? ¿A dónde había ido? Bajó los escalones y dio una vuelta entera a la casa en busca de señales de vida. Hizo puntitas de pie y espió por la ventana más cercana. Al parecer nadie se encontraba en su casa. Era una lástima. La pelinaranja posó la mirada en el suelo, decepcionada.

Fue entonces cuando distinguió unas pisadas de animal en el suelo. Levantó la mirada y distinguió una hilera de herraduras marcadas en el barro. Asombrada, volvió hacía su animal y le indicó que caminar hacía el norte. Las pisadas la conducirían hacía Luffy, de eso estaba segura.

Así fue como llegó a un gran terreno. Las rejas separaban el espacio público del privado y cuando encontró la entrada, supo que había llegado al lugar de trabajo del morocho. Volvió a bajarse del caballo, ya le dolían las piernas de tanto cabalgar. Se acercó a la entrada y habló con una mujer que custodiaba la puerta. Al preguntar por la jefa de los cultivos, la mujer se ofreció a llevarla hasta sus aposentos. Caminaron entre los cultivos, esquivando a trabajadores y plantaciones. Nami contempló con una mirada a los rostros cansados por los esfuerzos, no era un lugar muy agradable de ver.

Cuando las filas de verde acabaron, un descampado apareció. Erguido allí, imponente, se encontraba la gran casona en la que se hospedaba la dueña de todas aquellas tierras. Era increíble, era incluso más grande que sus terrenos en el sur del país. La mujer la observó fijamente y luego avanzó. Ingresaron en la casa y cuando se situaron en el vestíbulo, la extraña le hizo señas para que se detenga, le explicó que buscaría a la encargada de ese sector para que la escoltara. Por supuesto que no emitió palabra. Le parecía bien, solo quería hablar con la jefa y luego si Luffy se encontraba trabajando allí, hablar con él. Aunque sea por unos segundos.

Cuando la mujer que la había atendido apareció junto a la rubia que se había presentado en su casa, ambas se sorprendieron. Sus miradas se cruzaron y se sintió cierta chispa entre elllas, nada bueno. La pelirroja la contempló seria.

- Por aquí -

Nami la siguió por aquellos finos pasillos. El papel que decoraba las paredes de madera era costoso, lo sabía. La calidad de los muebles, todos extranjeros le daba indicios del poder adquisitivo que tendría aquella mujer con la que enfrentaría su mirada. Pero no tenía miedo, claro que no. La guió hasta una gran entrada de dos puertas y se detuvo en ese momento. Dos mujeres, una de largos cabellos verdes y otra de largos cabellos anaranjados, la contemplaron sin inmutarse.

- En este momento se encuentra ocupada - Dijo la rubia, que si mal no recordaba se llamaba Margareth

- ¡¿Qué!? - ¿Era un chiste? ¿Para que la había llevado hasta allí si no iba a poder hablarle?

- Solo te traje hasta aquí para que veas algo -

La mujer le hizo señas para espiara la habitación desde la cerradura de la puerta. Dudo por unos segundos, pero finalmente se animó a hacerlo. Se agachó levemente y apoyó su ojo en aquel gélido metal.

Se le heló la sangre, tuvo que alejarse a los pocos segundos. Era demasiado. Una cosa era escuchar, o imaginar, otra cosa era ver. Ver con los propios ojos. Tragó saliva y su rostro se tornó pálido. Cuando volteó se encontró con la mirada de la mujer quien, sin expresión alguna, agregó:

- Él es así, no hay nada que lo haga cambiar - Dio un paso adelante y apoyó su mano en el hombro - Yo también lo estoy sufriendo, pero sé más inteligente y olvídalo antes de que sea tarde -

Esas palabras fueron suficientes. No pudo resistir más, salió disparada por el suelo de madera. No quería ver más, no quería saber más nada. Solo quería desaparecer. Mientras corría por los largos pasillos de plantaciones de manzana, pensó que lo mejor sería tomar el primer carruaje al sur, era peligroso pero quizás era lo mejor. Era menos doloroso enfrentar el sufrimiento de la guerra, que enfrentar el sufrimiento del amor. Subió a su cuadrúpedo y sin siquiera decir nada, salió disparada por el camino de tierra seca.

Odiaba el mundo, odiaba la vida, odiaba el amor, odiaba todo.

(...)

Fue más rápido de lo que pensó. Se había desconectado todo ese tiempo, había vagado por su pasado, por su feliz pasado. La mejor etapa de su vida, cuando era un niño inocente que solía jugar con sus hermanos y vivir miles de aventuras. Ya había quedado atrás, el trance lo había transportado a ese momento, pero estaba claro que jamás volvería. Luego de poder vestirse salió de la habitación en donde Margareth lo esperaba con la mirada clavada en el suelo. Las hermanas de Hancock ya se habían marchado de allí y eso le resultó un poco extraño.

Terminó de acomodarse la remera cuando la puerta se cerró a sus espaldas. Soltó un suspiro, estaba cansado de todo eso.

- Al menos recuperé mi trabajo -

No hubo respuesta alguna. Eso le llamó su atención, sabía que estaba enojada pero... ¿No hablarle? Eso ya pasaba a otro límite.

- Oi ¿Qué sucede? ¿En verdad no vas a hablarme? -

- Ha venido a verte - Dijo inesperadamente

- ¡¿Qué?! ¡¿Nami?! - Le expresión del morocho cambie radicalmente

- Si... Ella se ha ido hace un rato - Posó sus ojos negros en los de él

- ¿Pero, por qué? - ¿Qué sentido tenía?

- Sabe lo que pasó del otro lado de esta puerta - Sonó muy dura

- ¡¿Qué?! ¿Le dijiste? -

- Lo vio -

- ¡¿De qué mierda me estas hablando?! ¡¿Por qué le mostraste...?! - Su tono comenzó a elevarse

- Para que se de cuenta de una vez por todas lo que eres - Lo interrumpió - Parece ser una buena persona, no quiero que lastimes su corazón como lo has hecho con el mío -

Un silencio inundó el pasillo. Ambos se quedaron mirando por unos momentos mientras Luffy procesaba lo que acababa de escuchar. Apretó sus puños con fuerza y con la voz baja y firme, acotó:

- No lo entiendes ¿Verdad? Yo amo a esa mujer y si lastime su corazón, fue por culpa tuya -

Acto seguido abandonó la habitación, sumiendo a la rubia en un silencio abrumador.

(...)

Cuando Nami llegó a su casa lo primero que hizo fue correr a abrazar a Sanji. Necesitaba contención, necesitaba que alguien la escuchara llorar y le diera palabras de animo para poder superar aquel dolor. Se agarró de su camisa y comenzó a sollozar con fuerza.

- ¿Qué sucedió? -

Atónito, el rubio la sostuvo para que no se derrumbe. Se sentó en un sillón y acarició sus cabellos mientras le preguntaba que era lo que había pasado. Escuchó todas y cada una de sus palabras con atención y cuando la mujer finalizó su relato, se ofreció a calentarle el agua para un baño caliente. La obligó a aceptar. Le preparó un té y una rebanada de su tarta favorita para que pudiera disfrutar y calmar sus nervios.

En el momento que el esbelto cuerpo de la pelinaranja tocó el agua caliente, se derrumbó. Se dejó caer en la tina y relajó sus músculos. Lavó sus hinchados ojos con apuro, quería dejar de sufrir, dejar de llorar, dejar de recordar. Necesitaba paz. Y no había nada mejor que eso, disfrutar de aquellas atenciones que Sanji le preparaba con tal de que dejara de sufrir.

Más tranquila, volvió a su gran habitación. Su pijama decoraba su suave piel y sus mojados cabellos caían cual cascada sobre su espalda. Ingresó con cuidado y cuando apagó la vela, no se limitó a recostarse. Caminó hasta la ventana más cercana y la abrió de par en par. Contempló el cielo por unos segundos.

Las estrellas eran únicas, la luna fascinante. Todo era tan perfecto, excepto su vida. Su existencia no tenía nada de perfección. Soltó un gran y sonoro suspiro y contempló el horizonte. El viento había cambiado y las nubes comenzaban a preparar su ofensiva desde el oeste. Cuando Nami distinguió que la tormenta que se avecinaba no era una simple sumatoria de rayos, vientos y agua, temió por todos aquellos que llamaba hogar al aire libre. La tormenta que se avecinaba no era una cualquiera.

(...)

El tormentón que azotó el noreste de los Estados Unidos fue devastador. Duró casi tres días seguidos y ni el ganado, ni las plantaciones pudieron recuperarse de aquel huracán. Cuando la lluvia cesó, la pelinaranja aprovechó para salir a verificar sus pequeñas mandarinas. Un desastre, eso era lo que eran. Un lindo y gran desastre.

Eso la hacía enojar. Las mandarinas de su querida madre habían quedado destruidas por una masa de tormenta que había arrasado el estado. ¡Maldición! Eso si que molestaba. Recolectó las frutas que encontró sanas en un canasto y volvió a su hogar con el fin de preparar muchas comidas con ellas. Debían consumirlas antes de que se echaran a perder.

- Oi, Nami -

La mirada de Sanji en cuanto ingresó en la cocina la sorprendió.

- Hay alguien esperándote en el vestíbulo -

Por el tono de voz y su mirada, sabía que no se trataba de nada bueno. La canasta resvaló de sus mano y salió disparada hacía el vestíbulo principal de la casa. Y por más de que hubiese preferido simular que estaba enferma, fue inevitable. Aquellos cortos cabellos rubios y ese arrugado vestido de sirvienta, la obligaron a ponerse seria. ¿Qué era lo que quería ahora?

La mujer la contempló con la mirada avergonzada. Casi que le daba miedo contemplarla a los ojos.

- Perdona por venir de esta manera -

- ¿Qué es lo que quieres ahora? - Tendría que hablar seriamente con Sanji acerca de quien podía ingresar a su casa y quien no.

- Quería hablarte acerca de Luffy - ¿Qué? ¿Quería venir a decirle lo que ya sabía?

- Escucha, ya no me interesa nada que lo incumba ¿Entiendes? Ahora sal de aquí -

Estuvo a punto de voltear y alejarse de ella, pero la tomó de la mano y la jaló para quedar frente a ella, nuevamente.

- Fue toda mi culpa -

Nami la contempló sorprendida, aun así, escondió su rostro bajó una mirada gélida y fría.

- Yo... Yo pensé que era importante para él y lo era... Pero... No de la manera que creí - Desvió su mirada - Me daba envidia la manera en que hablaba de ti y esas cosas, porque yo pensé que me lo estabas quitando - Soltó un tímido suspiro - Me equivoque y me costó darme cuenta de que en realidad, lo que él siente por ti es genuino y... -

- No vengas a decirme estupideces que se cruzaron por tu cabeza -

Sonó muy maleducada, no hacía falta que se lo marcaran. Pero ya estaba harta de escuchar cosas que solo servían para lastimarla más. Había visto, oído y vivido mucho, demasiado para ella... Y ya no quería pensar más en Luffy y mucho menos oír de él.

- Te pido de buena manera que salgas de MI casa y me dejes completamente sola - Forcejeó y se liberó de las manos de aquella mujer - Sé perfectamente lo que he visto y tu misma me lo mostraste, ahora vete -

Cuando Sanji apareció para verificar que se trataban todos esos gritos, Nami aprovechó para marcharse. Él sabría echarla de manera más discreta. Ella no estaba para ser cordial, no tenía el humor para hacerlo y menos luego de aquella desagradable presencia. Subió las escaleras a toda prisa y se encerró en su habitación dando un último portazo. ¿De qué venía a hablarle? ¿Qué Luffy si la amaba? ¡Por Dios! Ella lo había visto todo y ahora quería venderle la idea de que él si la quería. No era tan estúpida. Estaba segura que Luffy la había convencido para que fuera a decirle eso, tampoco le sorprendía.

Se sentó en el borde de su cama y sostuvo su cabeza con sus manos, haciendo presión. Su cabello cayó a sus lados, generando una cortina anaranjada. Estaba cansada, cansada de todo eso. ¿Cómo tenía que tomarse el comentario de esa mujer? ¿Él si la amaba? ¿Por qué estaba dudando? Hacía segundos estaba tan segura de que no había nada que lo atara a los recuerdos de ese hombre y ahora... La duda la estaba invadiendo.

La puerta se abrió de golpe, lo que la obligó a levantar la mirada. Sanji apareció en el umbral, algo preocupado. Caminó hasta ella y se sentó a su lado.

- He escuchado todo -

- Lo sé -

- ¿Vas a ir a hablar con él? - Preguntó

- ¿Para qué? La última vez que intenté hacerlo fue para peor... -

- ¿Lo amas? -

Hubo unos segundos de silencio.

- Si... -

- Entonces... - El rubio se puso de pie y la contempló a los ojos - ¿Vas a renunciar tan fácilmente? -


Bueno, hasta aquí hemos llegado. Espero que les haya gustado el capitulo, creo que ha sido más largo que el anterior, aunque no hubo mucho dialogo en la primera parte. Estaré esperando sus comentarios con ansias.

¡Nos leemos pronto!