Es curioso que leyendo mis e-mails, me haya encontrado con que la mayor parte de éstos eran amenazas de que si no actualizaba pronto me harían brujería, que se me caería el cabello, que mi pc se descompondría y otras cosas así S. Pues aquí está la esperada actualización y líbrenme de sus embrujos y demás ;)

Por cierto, mis exámenes comienzan nuevamente éste miércoles y por eso no volveré a escribir sino hasta dentro de dos semanas o cuando tenga tiempo porque los cursos para el examen de selección de la universidad a la que aspiro me están quitando mucho tiempo.

En cuanto a los reviews¡sip, la prensa les ha causado varios problemas a éstos dos y es probable que siga haciéndolo. Ah! Y Beautiful-night, cuándo escribiste que has s dejado de leer Harry Potter por leer mi historia¿Te referías al libro o a un fic? Porque si ha sido por el libro¡Waw!. Es decir, no es que la serie Harry Potter me guste mucho pero si sé del éxito que tanto el libro como la peli tienen, así que me has dejado emocionada porque has dejado de leer a J.K. Rowling por leer mi historia XP.

Muchísimas gracias por enviarme sus reviews, agradezco no solo a las que me escribían antes sino también a las que lo han comenzado a hacer ahora porque esta vez he recibido reviews de personas que han comenzado a leer mi historia apenas y lo han hecho de un tirón.

Espero que el capítulo les guste, nos vemos en la próxima actualización y espero sus reviews ;)

Cloe.


-Línea Enemiga-

Capítulo 10

Ella ya lo sabía.

Ese hombre le fascinaba desde hace mucho tiempo atrás. Incluso antes de conocerlo en persona, ya estaba como loca por él. Y conocerlo había sido el acabose de su situación, porque había quedado prendada de aquel hombre por completo.

Sakura enredó algunos de sus rizos entre sus dedos. Después de las extraordinarias cosas que él había hecho por ella durante todo el día, reclamarle por algo que ni siquiera había tenido razón; la hacía sentir terriblemente arrepentida. Como había sido el heredero quien estaba cerca; ella se había desquitado con él a causa del peor día que había tenido y ahora que pensaba detenidamente en todas las atrocidades carentes de sentido que le había dicho, se sentía ridícula.

La mujer cerró los ojos, todavía sin cambiar la posición en la que se había colocado desde hace un buen rato. Aún estaba sentada sobre el piso y recargando su espalda en la puerta de su recamara.

Evocar lo que sentía al ver el cuerpo y el rostro increíble de ese hombre; le estaba provocando un condenado estremecimiento que le hacía recordar lo bien que se la pasaba con él. Ese hombre ya la había tocado algunas veces un tiempo atrás y a ella le habían fascinado esos roces suyos; le encantaba besarlo y que él la besara. Lo que había intentado hacer con ella una hora atrás; era lo mismo que hacía cuando estaban juntos, no tenía absolutamente nada que ver con el incidente asqueroso que había ocurrido unas horas atrás.

Que él intentara seducirla, quizás no había sido lo más adecuado después de lo sucedido. Pero no era un crimen ni una agresión y ella se había comportado como si considerara que en efecto, lo fuera. Ahora que lo pensaba bien, su actitud había sido absurda; porque sabía bien que ella misma lo había incitado a seducirla en muchas ocasiones.

Talvez lo peor que hizo fue decirle que parara de buscarla. Sakura sabía muy bien que no deseaba que él lo hiciera, de la misma manera en la que no quería que olvidara el obvio deseo que sentía hacia ella. El príncipe siempre le decía cosas que por la manera de mirarla al confesarle algún pensamiento, algún sentimiento; la hacían sentir maravillosamente bien. Sakura sabía del efecto atrayente y seductor que ella tenía en el príncipe y también sabía demasiado bien que a él, le parecía bonita.

Conocía la opinión que tenía de ella. La tenía en un pedestal, la consideraba importante, la veía como una mujer de clase, inteligente y con una plática fascinante. Y aunque ella misma sabía que tenía un carácter terrible y explosivo; a él le encantaba su personalidad.

«Que cosa tan rara de hacer» Consideró, levantándose del piso en el que estuvo sentada.

Y abrió la puerta del cuarto, sin que fuera lo suficientemente conciente como para saber qué era lo que la estaba obligando a acudir a su reencuentro con el hombre que estaba en sus pensamientos.

Sin saber que Sakura llegaría a encararlo en unos segundos; Syaoran salió del cuarto de baño mientras se ponía la camiseta blanca de algodón. Se había dado un tardado baño con tal de aliviar la exagerada tensión que ese repulsivo día le había hecho sentir.

El hombre miró el reloj de pulsera que había dejado sobre el buró izquierdo de su cama, para notar que eran las tres de la mañana. Alzó las cejas un tanto sorprendido por la hora y después apagó las luces olvidando cerrar la puerta; de modo que en la entrada de su dormitorio, desde donde él se preparaba para dormir un rato; podía observarse el resto de su enorme recámara.

Mientras sacudía sus brillosos y cortos cabellos castaños, ni siquiera se le pegaba la gana de pensar en la inadmisible acusación que esa mujer le había hecho. Él pasó una de sus manos sobre su cabeza, tratando de explicarse porqué no había contenido el deseo de echarla de su habitación. Pero sabía bien que ésta vez se había encolerizado tanto que prefirió pedirle que lo dejara a solas.

Syaoran no decidía la razón de su enojo. No sabía si estar furioso con lo que había ocurrido y con su empleada, o si molestarse consigo mismo por intentar con una dificultad exagerada; de reprimir las ganas de correr tras esa mujer para explicarle que todo lo anterior no había sido más que un malentendido suyo, para decirle que de ninguna manera pensaría en pagarle por tener sexo con él. Exactamente, y de la misma manera en la que no la obligaría a hacerlo si ella no quería.

Por supuesto, él la ansiaba tanto que a veces eso parecía salirse de su propio control. Sin embargo, sabía demasiado bien que no buscaba a esa mujer por las ganas que le hacía sentir; sino porque verdaderamente quería estar con ella. De no ser así, no querría pasar todos los días en su compañía y tampoco hubiera intentado fervientemente de alejarla de ese rubio amigo suyo desde el día en que éste había llegado a Hong Kong. De no desear estar a su lado, no la perseguiría día y noche incluso en su único día libre, no llamaría diario a su teléfono móvil puntualmente a las cuatro de la madrugada y ni siquiera disfrutaría de su compañía tanto como lo hacia.

El príncipe se quedó de pie unos minutos, pensativo a mitad de su dormitorio. "Xiao Lang, si quieres que siga trabajando para ti, vas a tener que dejar de buscarme. Deja de llamarme a las cuatro de la mañana, no me pidas salir contigo y olvida el deseo que sientes por mí."

Él se mordió el labio inferior, sin percatarse de que lo estaba haciendo y sin saber que había adoptado esa manía al ver a Sakura hacer lo mismo en varias ocasiones. Las desagradables palabras de esa mujer todavía tenían un eco molesto dentro de sus recuerdos. Ella había tenido la osadía de exigirle algo que nunca podría hacer, aunque lo intentara con fervor.

Según parecía, Sakura no tenía la menor idea de cuánto le importaba. Si las cosas no fueran de esa manera, no se hubiera movido entre mares de impertinentes reporteros, periodistas y camarógrafos durante todo el día, tarde y parte de la noche; con tal de hacerla sentir mejor. Y seguramente el corazón no le palpitaría tan velozmente; como lo hacía cuando algo sucedía con ella.

Exactamente de la manera en que comenzó a latirle cuando en la oscuridad; se encontró con el par de ojos verdes de la mujer que le estaba provocando pensar tantas cosas.

"Tiempo sin verte." Murmuró ella, con el semblante serio e inexpresivo. La mirada castaña de él, no podía moverse de los ojos de ella. Esos ojos que aún en la oscuridad; brillaban de esa manera tan fascinante. La mujer no estaba a mucha distancia del príncipe, porque mientras estaba parada junto a la puerta de su dormitorio; él estaba apenas a unos cuatro pasos de ella. "Acabas de hacerme sentir como una cría, Xiao Lang."

"Acabas de comportarte como una." Le dijo él, sin que se atreviera a acercarse a esa impredecible mujer. "Para ser alguien que pasa tanto tiempo calificándome de 'niño'; tu comportamiento no ha sido completamente de un adulto."

Sakura se encogió de hombros, todavía sin apartarse de la puerta y sosteniendo la mirada del hombre. "Quizás es que todos tenemos deslices." Aclaró, sin querer reconocer que él tenía razón.

Syaoran aguantó un suspiro. No estaba precisamente de humor para escucharla. "Si has venido a continuar con éste infantil debate, te aconsejaría que regresaras a tu recamara."

"¿Qué sucede, Xiao Lang; me niego a acostarme contigo y ahora decides me quieres lejos?." Preguntó ella, sarcástica y sin esperar una respuesta.

"No tienes idea de lo hay detrás de lo que estás diciendo." Le aseguró y ella lo miró confundida. "Entiende una cosa; puedes gritarme, insultarme, tratarme sin ninguna clase de respeto y hasta escupirme en la cara; pero jamás y grábatelo en la cabeza de una buena vez, jamás 'voy a decidir que te quiero lejos'." Aclaró, provocando que ella bajara un poco la cabeza; mordiéndose el labio inferior de la boca y sintiendo cómo sus preciosos rizos le cubrían el rostro una vez más.

"Creí que estarías dormido." Murmuró, todavía sin levantar la cabeza.

"Por lo que puedes ver, estabas equivocada."

"Desde que salí de éste cuarto, me la he pasado pensando en ti." Confesó Sakura, desviando la mirada hacia cualquier lado donde los ojos castaños no estuvieran. "La humillación que he sentido, quizás no se compara con las cosas horribles que has tenido que enfrentar durante toda tu vida." Continuó, de un modo más suave. "Pero tienes que entender que esto es nuevo para mí. No soy una princesa ni nadie relevante para la sociedad, y por lo tanto no estoy acostumbrada a lidiar con la presión que los medios masivos ejercen. Saber que un país entero y tan grande como lo es éste; piensa que soy una prostituta tuya, ha sido demasiado para mí."

"Deberías olvidar el sentirte mal por lo que piense la gente que no conoces. Ellos sólo se basan en especulaciones. Las personas a las que les importas, son las únicas que pueden conocerte tanto como para hacer un juicio acerca de ti. Y tengo que decirte que estoy completamente seguro de que las personas cercanas a ti, son incapaces de pensar o de tomar enserio las tonterías que la prensa hable acerca de tu persona."

"¿Eres tú una de esas personas a las que les importo?."

"¿Qué crees?." Le preguntó, atrapándole la mirada.

Y la mujer volvió a bajar la cabeza, para evitar verlo. "Quiero agradecerte todo lo que hiciste por mí y…"

"Ya lo has hecho, Sakura." Interrumpió, manteniendo esa conversación con una notoria distancia entre ambos.

"¡Cierra la boca, Xiao Lang!." Le ordenó, molesta de que él supusiera lo que iba a decirle. Y ésta vez, Syaoran no dijo nada. "Estoy aquí porque quiero agradecerte de una manera real lo que has hecho por mí. Y quiero disculparme por haberte reclamado que pensaras que para ti soy como una dama de compañía, cuando realmente sé lo que piensas de mí. El problema contigo es que estas horriblemente acostumbrado a que hagan lo que tú quieres." Aseguró, sin saber que esa manera de hablar suya; había sido suficiente para dejarle en claro al apuesto príncipe que ella no estaba ahí para reñir con él.

Por eso cuando ya estaba junto a la mujer, le quitó los rizos de la cara; para mirar el precioso par que tenía por ojos. "Hasta que te conocí." Aclaró él, con franqueza. "Deberías verme a la cara cuando estas hablándome."

Sakura subió la cabeza para mirarlo también, sabiendo que ni siquiera se había percatado de cuándo fue que él se le acercó. "No." Se rehusó y como resultado de eso; el hombre se confundió un poco. "Si te veo a los ojos mientras te hablo, voy a olvidar todo lo que quiero decirte." Se explicó, evadiendo nuevamente la mirada de él. "Te decía acerca de lo acostumbrado que estás a que las personas hagan lo que quieres porque quiero hacerte entender que ésta vez; muy diferentemente a todas las demás, voy a ser yo quien decida que quiere estar contigo. Tal y como ahora mismo. He vuelto porque yo misma quise hacerlo y no porque me pagaras por eso."

"No te pago por hacerme compañía, Sakura. Puedo rogarte porque pases todo un día entero junto a mí, pero al final siempre eres tú quien toma la decisión de estar conmigo o no."

"Eso es precisamente lo que quiero decirte." El hombre sonrió de manera casi invisible mientras pensaba que le era gracioso saber que ella había ido a hablarle de algo que él mismo sabía ya.

"Es esa la razón por la que nunca te he forzado a que te me entregues completa. Aunque he sido insistente, te aseguro que de no ser por las terribles interrupciones que hemos tenido cada vez que estamos juntos y aunque esté ardiendo por hacértelo; sería yo mismo quien se hubiera detenido hasta escuchar que quieres continuar." Reveló, deslizando una de sus manos sobre el rostro hermoso de la mujer que vestía dos seductoras prendas de color rojo.

"Olvida lo que te dije acerca de no buscarme." Murmuró.

"No pensaba tomarlo en cuenta." Le aseguró.

"Pues que bien." Dijo Sakura, fingiendo desinterés de una manera tan obvia; que fue visible para el príncipe. "Porque verdaderamente no quiero que dejes de hacerlo. Tampoco quiero dejar de trabajar para ti y mucho menos que te consigas a una nueva empleada que sea casi perfecta, para que la seduzcas y le coquetees y luego..."

Con tal de que Sakura dejara de decir las tonterías de las que estaba hablando, él le puso un dedo sobre sus labios. "No pensaba permitir que dejaras de trabajar para mí. Y no me interesa tener una 'empleada casi perfecta', porque nunca me ha agradado la compañía de ese tipo de mujeres; son aburridas." Explicó. "Con ese comentario que acabas de hacer, tal parece que piensas que desde siempre me he relacionado con las mujeres que laboran para mí. Pero déjame explicarte una cosa. A menos de que mi empleada venga desde Japón, tenga los ojos verdes más encantadores y sea la mujer con la personalidad más imperfecta, horrible y rebelde que conozco; no me interesa seducirla."

La mujer se mantuvo en silencio unos segundos, hasta que él levantó las cejas para incitarla a que dijera algo. "No sé si agradecerte por el cumplido que le has hecho a mis 'encantadores' ojos o darte un puntapié por haber insultado de esa manera a mi 'imperfecta, horrible y rebelde' personalidad."

El príncipe contuvo una sonrisa con dificultad. "Créeme, Sakura; no me interesa la perfección si te tengo a ti."

Y Sakura lo miró con los ojos entrecerrados, como esperando a que él destruyera el comentario que acaba de hacer. "Esa fue una buena salida." Dijo, después de que el silencio del hombre le explicó que no iba a decirle algo más. Así que él ya no sólo tuvo que contener las ganas de sonreír, también tuvo que aguantar la risa. "¿Porqué me deseas tanto, Syaoran?." Preguntó ella, ansiando saber la razón y sintiendo cómo él le acariciaba las sienes. "Hay... miles de mujeres que mueren por estar contigo."

"¿Y por eso eres tan difícil?." Inquirió, de una manera entre dulce y seductiva. Sakura cerró los ojos, mientras casi se comía su propia boca. A él le encantaba que ella hiciera eso, y fue por ello que le fue ya imposible contener que su sonrisa se volviera mucho más visible.

"Te distraigo de tus obligaciones, no deberías de anhelar tanto mi cuerpo."

"No sólo deseo tu cuerpo, Sakura; te deseo a ti."

"Hacerlo conmigo, podría no gustarte tanto." Continuó ella, excusándose.

Y escuchando sus absurdos pretextos, Syaoran la miró fijamente a los ojos. "¿Estás huyendo de algo que no quieres, o estás huyendo de algo que temes querer?."

Sakura parpadeó un par de veces, perdida en la mirada castaña de él. "Ninguna de las dos." Respondió, finalmente después de un rato. "Si estuviera huyendo no abría venido aquí de nuevo; para estar junto a ti." Y diciendo eso, Sakura suspiró mirando el rostro apuesto de él y sintiendo el rico aroma que ese hombre tiene. "Parece que ninguno de los dos quiere ver lo que pasa aquí, Syaoran." Murmuró ella. "Ambos la pasamos bien cuando estamos juntos; a mí me agrada estar contigo y tú disfrutas mi compañía." Continuó Sakura, mirando que el hombre con el que hablaba asentía totalmente de acuerdo. "Nos reímos juntos, un rato estamos bien y cuando en el aire se expone algo que nos amenaza con pintar un mínimo compromiso, algo que nos expone a formalizar el uno con el otro; nos vemos así, peleando como dos adolescentes." El comentario certero de ella, hizo que Syaoran asintiera de nuevo.

"Ninguno de los dos quiere ceder." Interrumpió él. "En cuanto a mí, las ganas de ti me han estado torturando desde algún tiempo atrás, jamás he intentado ocultártelo y por lo contrario; te lo he hecho saber más veces de las que puedo contar. Sin embargo, eso no es lo único que me obliga a estar contigo; me fascinas y eso lo sabes demasiado bien. Me encanta estar contigo y me une a ti un afecto extraño." Sakura no se sorprendió en absoluto, no había nada en sus palabras que ella no supiera ya. "Y pasa lo mismo contigo, porque sientes un visible afecto por mí."

"Y aún así, cuando ninguno de los dos está dispuesto a ofrecer algo más; somos incapaces de separarnos." Ella terminó por quitarle las palabras de los labios a aquel hombre. "Y en el peor de los casos, los dos somos tremendamente posesivos." Syaoran sonrió nuevamente, no podía dejar de hacerlo porque todo lo que ella estaba diciendo era verdad. Él acercó un poco el rostro de la mujer hacia su cara; y esa cercanía hizo suspirar a Sakura, quien ya tenía la mirada entrecerrada. "Debemos de ponerle un límite a esto, Syaoran. Ya no sé si soy tu empleada, tu amiga o tu amante."

El hombre terminó riendo, rodeando la cintura de ella con sus brazos. Ambos estaban todavía junto a la puerta del dormitorio de él. "Llámalo como quieras. Mientras estés junto a mí; el nombre de la relación que tengamos me interesa poco." Confesó, con una voz ronca.

"Hace un rato dijiste que habías planeado hacer algo junto a mí el día de hoy. Si todo esto no hubiera pasado¿Qué es lo que hubiéramos hecho?." Le preguntó, queriendo saber qué era lo que Syaoran tenía planeado para ambos; hasta la intervención del problema que habían enfrentado ese mismo día.

"Le pedí a Xiang Lei que preparara el Carpe diem."

Sakura lo miró un tanto confundida, sin entender de lo que ese hombre estaba hablando. "¿Qué es el Carpe diem?."

"Mi yate." Dijo él, con sencillez y sorprendiendo a Sakura.

"¿Tenías pensado que zarpáramos en tu yate?."

Él asintió con la cabeza. "El navegante arribó a la costa hace tres días y hablé con él para pedirle que zarpáramos ésta mañana." Reveló, provocando que Sakura alzara las cejas; pensando en la terrible manera en que el día se había arruinado.

"Pero mañana sales de viaje…" Recordó.

"De haber salido todo bien, a ésta hora ya estarías en el hotel durmiendo y yo aquí, haciendo lo mismo. Sólo íbamos a navegar por la mañana y la tarde."

Sakura parpadeó algunas veces. "De verdad querías que pasáramos el día juntos¿Cierto?." Y Syaoran asintió, como una respuesta a su pregunta. Con la confesión que él le había hecho, la devoción que ese hombre sentía por ella fue demasiado notoria para Sakura. Por eso tuvo que contener las ganas de rodearle el cuello y de comérselo a besos. "Si llegamos a hacerlo alguna vez¿No me vería casi como tu dama de compañía?."

Él negó con la cabeza. "Por supuesto que no. Deja ya de tener tanto miedo; sabes que no voy a hacerte daño."

"¿Qué es lo que pasaría después entre los dos?."

"Ciertamente no lo sé. Pero dudo que haya algo que me haga dejar de sentir este 'algo' por ti."

Sakura sonrió, escuchando lo que él decía y encantada con el comentario del hombre. "¿Porqué me deseas tanto?." Preguntó por segunda ocasión, haciendo que él riera suavemente.

"Para darte esa respuesta tendrían que pasar días y aún así la lista de cosas que me hacen desear tocarte; no terminaría. Pero lo que puedo decirte es que no puedo resistir más tiempo."

Sakura cerró los ojos mientras él la hacía ingresar al dormitorio, cerrando la puerta cuando finalmente ella estuvo dentro. Y la mujer suspiró, porque después de escuchar que él había cerrado esa puerta; ya sabía que no iba poder salir de aquel lugar nuevamente. Por supuesto, no es algo que quisiera hacer y sin embargo; no pudo evitar estremecerse al saber que estando ahí encerrada con él, ese hombre haría con ella lo que se le diera la gana.

Fue hasta ese momento que ella comenzó a caer en cuenta de la manera frenética en que el corazón palpitaba en su pecho y la forma en que sus manos le temblaban.

"Ya no lo soporto, Sakura." Ella volvió a escuchar la voz anhelante y ronca del hombre. "Debería portarme como un caballero y dejarte salir en éste momento en lugar de haber cerrado la puerta para retenerte aquí conmigo. Lo siento, muñeca; desde el fondo de mi corazón, realmente lo siento. Pero no puedo permitir que salgas de aquí hasta que al menos por hoy; haya acabado con la insoportable excitación que causas."

Sakura tenía la mirada entrecerrada, respirando con dificultad al escuchar las palabras del príncipe.

"La piel me arde de sólo verte y quedo sin aliento al besarte." Confesó él, mirándola a los ojos cuando ella, sorprendida por lo que él le decía; terminó abriendo los suyos. "Y seguramente ya habrás notado que cada día que pasa busco un pretexto nuevo que me haga verte, un juego nuevo que te obligue a estar conmigo; no puedo dejarte en paz ni un minuto. Porque me es imposible separarme de ti." Continuó. La mujer lo miraba mientras sentía que iba a caer al piso en cualquier momento, que iba a desfallecer si él continuaba hablándole de esa manera. "No es algo que tenga la voluntad de hacer; así como dejar de pensar que cada vez me gustas más y que cada momento que pasa, tal y como tú dices; te deseo más. Me fascina tu sonrisa, la forma en que me miras, el color de tus ojos, la manera entregada en que me besas; tú completa."

"Syaoran." Murmuró la mujer, débilmente y deseosa seguir escuchando lo que él tenía que decirle; porque a ella le encantaba saber el efecto que tenía en ese hipnotizante hombre.

"Esa condenada personalidad impredecible tuya, me enloquece. Por eso, Sakura; puedo atreverme a decirte que estoy obsesionado contigo." Aseguró él, tan apasionadamente que ella cerró los ojos y luego dio un jadeó sólo por escuchar eso.

"Syaoran," Dijo la mujer, nuevamente y clavando sus entrecerrados ojos verdes en la mirada castaña de él; sintiendo cómo el hombre cogía entre sus manos su cintura y la manera violenta en que la acercaba hacia su cuerpo. "Eres un hombre insufrible." Continuó, mientras comenzaba a morderse ese labio suyo de nuevo. "Me gustas tanto."

Y él cerró la distancia entre ambos mordiendo el labio inferior de la boca de ella. Ése mismo que Sakura tenía la manía de morderse. "Y tú me tienes loco." Esclareció él, sin despegarse de los labios de ella. La mujer tenía una boca deliciosa, suave; pero él la estaba besando maravillosamente bien. En ese momento cuando ella sintió ese beso exquisito; comenzó a mover los labios, besándolo también. Él la tenía cogida de su estrecha cintura hasta aquel momento, cuando cautivado por esa mujer; deslizó ambas manos hasta la parte baja de la espalda de ella. Aprovechando que los shorts que ella estaba vistiendo eran bastante cortos; él metió sus dos manos por debajo de la prenda, tocando los glúteos de ella; los cuales apretó con fuerza. Entonces la mujer separó su boca humedecida de la de él; para dar un gemido que provocó que el hombre sonriera.

Él metió su lengua en la boca de ella y la mujer suspiró cuando la misma lengua que minutos antes había estado dentro de su boca, se deslizó hasta su cuello. Ella jadeaba, cuando al príncipe se le ocurrió mirarla a los ojos; donde se perdió por un segundo hasta que ella lo miró, incitándolo.

"Tócame." Pidió la mujer deseable de ojos verdes; entre un suspiro.

Lo que ella dijo, dejó sin habla a Syaoran porque había hasta jadeado al escucharla. Sakura lo traía loco, porque estaba derrapando de gusto por esa mujer. Así que horrorosamente excitado, él mordió aquella boca nuevamente. Esa plegaria suya había sido la perdición de él, porque fue enseguida cuando las contracciones de placer comenzaron a aparecer en su cuerpo.

Así que el hombre la aventó fuertemente contra la pared, haciendo que Sakura gimiera tras ese arrebato suyo y luego se abalanzó contra ella, presionando aquel cuerpo de mujer contra la pared donde la había arrinconado. Ella lo besaba aún, cuando cogió con las manos la camisa del hombre para atraerlo más hacia su cuerpo, que ya estaba completamente recargado en la pared. Y él sostuvo con sus manos las sienes de ella, acariciándola en el momento en que la anatomía de la mujer, estaba sin ninguna distancia del cuerpo masculino. El hombre bajó nuevamente sus manos sobre los glúteos de ella; quien todavía más insinuante que él, acariciaba con una de sus bellas piernas la entrepierna del hombre, estimulándolo más.

Y a Sakura le encantaba saber, por medio de la agitada respiración de él; que aquel príncipe ya estaba completamente seducido por ella. En ese momento, se le antojó comprobarlo, y la mujer deslizó su mano hasta la entrepierna de él; percatándose de que el heredero, sin rastro de duda, estaba tremendamente encendido.

Cuando él sintió la mano de aquella mujer sobre su entrepierna; hizo un movimiento con sus caderas que provocó que ella colocara su mano por completo sobre su sexo aún cubierto por la ropa y ella lo oprimió suavemente. Él dio un gemido por lo bajo, sin despegar su boca muerta de hambre de la de ella. Incitado, apretó con fuerza en su mano uno de los senos de ella. Sakura jadeó enseguida, encantada con el atrevimiento del hombre mientras él comenzaba a quitarle la ropa de una forma precipitada, mostrando la desesperación que sentía por ver aquel cuerpo suyo; aquel que le causaba tanto delirio, finalmente desnudo enfrente de él, enfrente de sus chispeantes ojos castaños.

Ella también tenía urgencia por verlo, por mirar aquella anatomía masculina perteneciente al hombre que la estaba tocando de una forma violenta.

El príncipe la desnudó rápido, tan rápido; que ella, sintiendo la boca de él sobre su clavícula, todavía estaba arrojando la camisa de él al suelo. Él todavía estaba vistiendo sus pantalones deportivos, cuando ella ya estaba frente a la mirada castaña; en su diminuta ropa interior.

De sólo verla así, él vibró. Por lo que tuvo que detener sus traicioneras manos, que peleaban en su contra; desesperadas por deshacerse de la poca vestimenta que ella llevaba. El corazón le latía muy fuerte; enviando la sangre que corría rápida en su cuerpo. Se estaba muriendo por verla desnuda, por arrancarle la escasa ropa que le quedaba; el cuerpo se lo pedía y la razón también. Sus ojos, no podían moverse hacia otra cosa que no fuera el indescriptible y sugestivo cuerpo de esa mujer.

En ese momento, Sakura también contemplaba hipnotizada el torso de aquel príncipe. Verlo, le provocaba el jadeo constante que mantenía en su boca. Ella se sintió un poco mareada cuando se encontró con que él ya la estaba viendo a los ojos. El hombre tenía aquel rostro derretidor; olía delicioso, daba unos besos como ningún otro y además resultaba que tenía un cuerpo exageradamente deseable.

Ella comenzó a despojarse del resto de su ropa antes de que él le rogara porque no lo hiciera. El tiempo y la rapidez que ella puso en eso, fueron los enemigos del hombre; porque las palabras no habían logrado salir de sus labios al mirar lo que esa mujer estaba haciendo. Ella ya tenía el torso desnudo cuando por fin el habla regresó a él, ya inútil.

La mujer lo atrajo hacia ella, hacia su cuerpo; con un beso provocador, eliminando la corta distancia que había entre ambos hasta ese momento y también impidiendo que él tuviera tiempo para mirarla. Syaoran correspondió mecánicamente a los pasionales besos de ella, sintiendo el roce que ese cuerpo de mujer cada vez más desnudo, tenía sobre la piel también desnuda de su torso masculino. La fricción que el acorralado cuerpo femenino tenía con la anatomía de él, hacía que su ardiente piel sintiera la firme y caliente piel de ella, así como sus senos desnudos; pegados al torso de él.

Sakura movió su delgada figura contra el cuerpo del príncipe y él, ardiente; recordó que ni siquiera había tenido tiempo de contemplar bien el casi desnudo cuerpo de ella. Pero los besos de la mujer, los irrechazables besos que esa rica boca suya le daba; no cesaban. Y por lo tanto, él no podía verla. La mujer volvió a insinuarse ante él, acariciándole el torso, tocándole la espalda y luego besándole el cuello.

Logrando controlarse con demasiada dificultad, él se separó bruscamente de sus labios, después de que ella casi le devoraba la boca con desesperación. Luego de despegar sus labios de los de ella; el hombre cogió las manos de la mujer entre las suyas. Con la misma velocidad, él puso los brazos de ella sobre la pared.

Las manos de la mujer, cogidas por las de él; quedaron sobrepuestas a la altura de los hombros de ella.

Todo eso había sido tan rápido que Sakura aún estaba sintiendo el efecto de lo que él había hecho. La había aprisionado totalmente entre él, y esa pared que le servía de respaldo. Ella deseaba tanto a aquel hombre, que terminó por soltarse en un descuido de él cuando recién comenzaba a contemplarla con una mirada lujuriosa; y comenzó a besarlo nuevamente.

Syaoran sabía que no podía de ninguna manera resistirse a sus besos, así que con un arranque de impotencia; volvió a coger las manos de ella entre las suyas, colocándolas en la misma posición en la que estaban antes de que esa mujer escapista se soltara. Ella se sorprendió por la vehemencia que él puso en ese acto, el hombre la miró a los ojos cuando las manos de ella estaban nuevamente lejos de él, prisioneras entre las manos peligrosas del príncipe.

"Mierda, mujer. ¡Quédate quieta!." Le dijo él, reuniendo un poco de aliento para hablarle. Y antes de que ella pudiera decirle algo, él nuevamente carcomía su cuello.

Prisionera del hombre, lo único que aquella mujer pudo hacer fue jadear. Jadear cuando la boca de él, y sus deliciosos besos habían comenzado a comerse uno de sus pechos.

Ella sintió que él la estaba mordiendo con ímpetu y un poco de fuerza, así que bajó la mirada para ver lo que el hombre hacía. Sakura suspiró, mirando la escena que él le ofrecía. Porque el apuesto príncipe tenía el entrecejo fruncido y los párpados cerrados, mientras vehemente; se la comía con esa boca suya. La mujer se estremeció como resultado de sentir las mordidas del hombre y cómo con sus labios, él le besaba los pezones o la manera en que su lengua lamía la piel caliente de sus senos. A causa de lo que Syaoran hacía, su cuerpo quedaba cada vez más sensible a sus caricias; y el calor que sentía desde antes dentro de su intimidad, le estaba recorriendo la espalda; provocándole una serie de espasmos que eran exageradamente ricos.

Y él estaba absorto. Los pensamientos de su cabeza desaparecieron por completo y ahora únicamente quería sentir a esa mujer. Le estaba lamiendo la piel de sus pechos y la de sus pezones, los cuales le encantaba sentir dentro de su boca.

Como el aliento comenzó a faltarle, él tuvo que despegarse del cuerpo de ella por un minuto. Y cuando jadeando, Syaoran volvió a mirarla; ella tenía un rubor en la cara que la hacía ver exquisita. Así que él sonrió como pudo, porque de sólo verla de aquella manera, sintió un profundo estremecimiento que le provocó sentir placer. Finalmente, después de contemplar todas las facetas de aquella mujer, por fin estaba mirando la que desde hacía tanto tiempo deseaba conocer. Su empleada furiosa, su empleada irritable; su empleada increíblemente rebelde. Así que; esa era la manera en la que se veía a la Sakura apasionada, entregada. Por fin contemplaba a esa condenada mujer de una manera sumisa.

El príncipe sonrió, le fascinó verla así.

Ella abrió la mirada, encontrándose con que él también la veía a los ojos. Syaoran la liberó finalmente, soltando sus manos. Pero enseguida le cogió el rostro y luego de morderle la oreja, le habló al oído. "No te conozco." Bromeó él, seductor; modulando su respiración con una dificultad visible. Ella no pudo decir nada porque la falta de aire no la dejaba hablar. Por si fuera poco; Sakura no encontraba nada que decir.

Ver a aquella mujer dominada por él; era un tremendo espectáculo. Tal y como lo sería el admirar su delicioso cuerpo desnudo.

Así que el hombre se inclinó un poco y despojó a la mujer de la única prenda que la vestía; las bragas. Y el príncipe ni siquiera se dio tiempo de verla, porque se estaba muriendo por probarla, por conocer el sabor de esa preciosa mujer. Por eso se hincó y probó su sabor enseguida, sintiendo cómo ella estaba húmeda en esa parte de su cuerpo.

Ella, la hermosa mujer que estaba siendo devorada por el príncipe; acarició su desnudo abdomen con una de sus manos mientras con la otra, revolvía el cabello rizado que había caído sobre su rostro. Él exploró con su lengua, esa que al igual que sus besos y sus manos parecían un arma letal; el sexo de ella, quien le permitió conocer más esa parte de su perfecto cuerpo cuando puso una de sus piernas sobre uno de los hombros de él. La mujer tuvo que recargarse un poco más en la pared para no caerse; sintiéndose cada vez más húmeda, más excitada.

Y ella gimió de placer, sintiendo esa lengua en su piel y un gozo exagerado.

Al hombre se le antojó mirarla, por eso se levantó al cabo de un rato y con una sonrisa completamente tentadora, miró a la mujer a los ojos. Y luego echó un vistazo al cuerpo de ella, quien estaba completamente desnuda frente a él. Sakura tenía la respiración entrecortada, no sólo por el placer que Syaoran le había hecho sentir con su lengua, sino también porque notaba que los ojos de él parecían incapaces de separarse de su cuerpo desnudo.

Los ojos castaños estaban fijos en el cuerpo femenino. Le gustaba lo que estaba viendo de una manera exagerada. Porque el cuerpo de ella, para él; era increíble. Si Sakura supiera lo que pasaba en ese momento exacto por la mente de él, se le hubiera acabado el aire. Viendo la curva de la cintura de esa mujer, sus estrechas caderas, su abdomen liso y desnudo y los espectaculares senos que ella tenía; a Syaoran se le despertaba ese instinto masculino demasiado propio del hombre que está ardiendo de deseo. Un instinto conocido como lujuria se apoderaba de su piel y de sus pensamientos ya inexistentes. Él sentía ahora una calentura tan lasciva, tan lúbrica; que le hizo olvidarse incluso de quien era. Le provocó olvidarse de que era un príncipe que se estaba muriendo de deseo por una extranjera empleada suya.

Syaoran pensaba que de no ser por los excitantes gemidos de Sakura, seguramente él no terminaría de creerse que esa mujer estaba enfrente de sus ojos; entregándose a él. El hombre quedó encantado con aquella maravillosa anatomía femenina. Le provocaba tocarla, acariciarla; comérsela.

Él quería acabársela.

Y como si Syaoran lo hubiera leído en los verdes ojos de ella, se quitó los pantalones; dejando que ella lo mirara únicamente con la ropa interior. Sakura lo acercó a ella, hacia su cuerpo; de una forma vehemente después de mirar el extraordinario cuerpo del hombre que ya la había vuelto loca.

Él cogió una de sus manos, sonriéndole. Ella apenas y lo miraba. "Ven aquí." Le dijo, en un tono que hizo que ella permaneciera hipnotizada con él. Sakura asintió todavía turbada, y con suavidad; el hombre colocó sus manos sobre la delgada cintura de ella.

Empujándola con fuerza, él la sacó de aquel rincón; llevándola hacia la cama de su dormitorio. Ella sin poder mirar para atrás cuando él devoraba sus labios mientras la jalaba de la cintura; terminó chocando con un mueble de madera pegado a la pared, que estaba cerca de la meta que el príncipe tenía en mente. Pero ninguno de los dos tuvo la voluntad de moverse un paso más hacia atrás. Así que él, arrojó con fuerza todos los costosos objetos que estaban sobre el mueble; dejando que cayeran sobre el piso y haciendo un fuerte ruido que a ninguno le importó. Él la empujó, y ella terminó sentada sobre el mueble, situándose de espaldas a la pared del dormitorio y frente a él por segunda ocasión. El hombre se quedó parado enfrente de ella quien sentada en el mueble; había quedado a la misma altura que él.

Syaoran se quitó el resto de su ropa, quedándose completamente desnudo; exactamente como ella lo estaba. Y Sakura lo miró estremecida, porque el hombre tenía un cuerpo ejercitado y sumamente tentador. Ella gimió inevitablemente al contemplar; en el momento en que sus ojos verdes se encontraron con el miembro viril de su cuerpo, lo excitado que él estaba. El conocimiento de eso, provocó que Sakura se perturbara todavía más y que murmurara algo en el silencio del cuarto, un silencio; que era roto por los quejidos de placer de la pareja que estaba jugando en la oscuridad.

"Syaoran" Dijo ella, con una voz suplicante, entre jadeos y gemidos. Él no pudo dejar de escucharla. No pudo dejar de escuchar que ella estaba clamando por él. Provocado por eso, la mordió en el cuello, mientras con un jadeo seguido del espasmo que la seductora voz de Sakura le había provocado; llevó su mano hasta el clítoris de ella, el cual acarició fervientemente. Él sabía que a ésta mujer le encantaba esa caricia, puesto que al haberla tocado de esa misma manera algunas veces antes; ella siempre gemía y con eso mostraba cuánto disfrutaba que la tocara así.

Sakura alzó la cabeza instintivamente y luego casi gritó. El perfecto príncipe, que era exageradamente atractivo y deseable; demostraba una vez más que sus manos eran extremadamente peligrosas. Él sabía sin siquiera tener que buscar una sola vez, dónde tenía que tocarla. Y tocaba demasiado bien. La mujer no podía dejar de gemir con el ardiente toqueteo que él, le daba en esa parte de su cuerpo.

Y no dejó de gemir hasta que se vio obligada cuando él, con una sonrisa seductiva y muriendo de deseo por entrar en ella, capturó sus labios entre los suyos mientras que con su mano derecha, aún tocaba fieramente la intimidad de ella. Con la mano libre; él atrapó uno de sus senos, acariciándolo.

Sakura mordió los labios del hombre que la empujaba hacia la pared mientras estaba sentada. Y él escapó de su boca mientras aún la acariciaba, para terminar mordiéndole la oreja. Él le sopló en esa parte, un aire tan caliente que ella tuvo que estremecerse. Y con aquel estremecimiento, esa caricia tan deliciosa sobre la piel de su sexo y a sabiendas de que el hombre más arrebatadoramente apuesto que había visto, la deseaba tanto; la mujer tembló.

Él finalmente quitó su mano de aquel lugar tan sensible para ella y tomó su bonito rostro por los costados, con sus dos manos. Y completamente seducido, él la miró a los ojos mientras ella apenas y podía verlo. La mujer todavía estaba jadeando, la firme piel de todo su delgado cuerpo estaba tan sensible que él sólo tenía que poner un dedo sobre su piel y ella ya estaría gimiendo como loca. Syaoran aún tenía su rostro entre sus manos, admirando lo bonita que ella era de la cabeza a los pies; puesto que tenía un cuerpo de embeleso y una cara preciosa. Ambos estaban ardiendo, el sudor de su cuerpo se mezclaba en ocasiones a consecuencia de la cercanía de ambos.

Él le sonrió, traviesamente. "Hubiera podido continuar acariciándote, porque quiero sentirte tanto como tú a mí," Le susurró una vez que sus labios estuvieron a la altura del oído de ella, en un tono de voz suave y hechicero. "Pero quiero que ambos acabemos al mismo tiempo, señorita Sakura." La mujer tembló, escuchando las frases sensuales de él. "Y luego me encantaría volver a comenzar; y jugar junto contigo hasta que acabe muerto del cansancio."

"Entonces tómame." Le dijo ella, reuniendo un aliento que le permitiera decirle cuánto quería estar con él. Syaoran tuvo que verla inmediatamente a los ojos. Y exageradamente excitado y encendido, junto con un dejo de incredulidad en su mirada castaña; él notó que ella abría sus piernas mientras lo miraba a la cara.

La entrega de la mujer, le provocó sentir un arranque de enardecimiento que sólo pudo calmar de una forma; introduciendo su cuerpo dentro del de ella.

Sentada sobre el mueble de madera, Sakura se sintió acorralada una vez más entre la pared y el cuerpo de aquel hombre. Ella subió la cabeza de forma instintiva, cuando sintió tan repentinamente, la entrada del miembro viril del perfecto príncipe; en su sexo. Y gimoteó enseguida, sintiendo tan sólo un poco de dolor natural, que fue calmado inmediatamente cuando él le sonrió, y luego la besó cariñosamente en los labios.

Un beso, que a medida que el movimiento de ambos aumentaba poco a poco, se volvía violento e intenso. Como Sakura lo hizo, él también gimió al entrar al cuerpo de aquella mujer, pero contrariamente al significado del gemido de ella, el de él fue puro placer.

Sakura rodeó la cintura del hombre con sus piernas, atrayendo el cuerpo masculino hacia el suyo todavía más. Y cuando él comenzó a moverse con más rapidez, ella se aporreaba repentinamente contra la pared y contra el torso de él, subseguidamente. La mujer también comenzó a mover sus caderas, al mismo ritmo que el hombre marcaba y cuando él comenzó a moverse más rápido, ella gimió repetidamente. El hombre soltó los labios de ella, sacando su lengua de la suculenta boca y llevándola a uno de sus senos. Con sus manos, él la cogía de la cintura, para moverla a la velocidad que se le antojara. Sakura tenía sus manos entre los castaños cabellos del príncipe, revolviéndolos.

Y cuando ella cerró los ojos, él quiso verla; para comprobar que aquella mujer sentía tanto gusto por aquel movimiento mutuo, como lo hacía él. Moviéndose cada vez más rápido, ella se retorció de placer mientras sentía la rijosa y deleitable fricción que el cuerpo de él, dentro del suyo; tenía en la piel de su sexo. El hombre estaba sintiendo el fuerte roce de su propio cuerpo con el de ella con un regodeo increíble. Todo ese movimiento, mantenía en ambos un vivo espasmo; uno que a él le hacía jadear y ella le provocaba casi gritar. Fue en el momento preciso en el que el estallido delicioso del orgasmo amenazó el cuerpo de los dos; que Sakura volvió a gemir, ésta vez lo hizo fuertemente. Pegó un gemido de placer tan claro, que escuchado por el hombre, junto con la sensación placentera que ambos sentían; él al entrar y salir del cuerpo de la mujer, y ella por el movimiento vaivén del hombre, hizo acabar a Sakura y terminar al príncipe exactamente al mismo tiempo.

Ella estaba agitada al igual que el hombre cuando a él se le antojó besarla en la frente. Syaoran la miró a los ojos, jadeando y con una sonrisa. Ella también lo miró; conmovida por la maravillosa sonrisa del hombre.

Aunque él quiso contenerse, le fue imposible; Syaoran tuvo que reírse por necesidad y Sakura se vio obligada a sonreír ante la visión de esa preciosa risa. A ella le gustaba sentir la cercanía de él, por eso abrazó el cuello del hombre con sus dos brazos, y él quitó los cabellos rizados de la mujer; que no le permitían ver su rostro por completo. Luego él colocó su frente sobre la de ella, aún sintiendo el calor y el sudor de su cuerpo junto con el de la mujer; al mismo tiempo que cerraba los ojos. Sakura también cerró los ojos mientras escuchaba la respiración agitada de ambos. Había algo en esa situación que para Syaoran era tremendamente gracioso porque ahora él; no podía parar de reír.

Sakura pasó su lengua sobre los labios de él. "¿Qué es tan divertido?." Le preguntó con dificultad.

Syaoran le sonrió. "Que esto no me lo creo."

La mujer se aferró al cuerpo de él. "Sí, es un poco increíble." Murmuró ella, y Syaoran negó con la cabeza.

"Es todo menos 'poco' increíble." Aseguró, embriagado con ella. Y luego él volvió a cerrar los ojos, colocando su frente nuevamente sobre la de ella. "Señorita Sakura," Le dijo él, aún en esa posición, rodeando el cuerpo de ella con sus brazos y acariciándole tierna y suavemente la espalda. "Cómo te deseo."

Sakura se despegó de su frente mientras abría los ojos, para mirarlo incrédula. "¿Me deseas?." Dijo ella, ingenua.

Syaoran le dio una sonrisa juguetona. "Te dije que quería jugar junto contigo hasta acabar muerto del cansancio." Le recordó.

La bella mujer contempló el derretidor rostro de él, el hombre desnudo que estaba frente a ella; apenas a unos pocos centímetros de distancia. "¿No estás cansado ya?." Preguntó, mirándolo.

"Contigo, Sakura; quiero terminar exhausto." Confesó, completamente seducido por la mirada de ella.

Sakura sonrió. "A veces, sólo a veces; Su alteza, eres irresistible."

El príncipe se rió, acomodando la cabeza sobre uno de los hombros de la mujer. "Dame un minuto para hacerte comprobar tu propia teoría." Advirtió él, escuchando la encantadora risa de esa mujer; con la que deseaba locamente perderse un tiempo más. "Es curioso que siempre me la pase escapando de los periodistas y que ahora, en el presente tiempo; sea una reportera la que tiene que escapar de mí, porque no puedo parar de acosarla." Y como resultado del comentario de Syaoran, la mujer se mordió uno de sus labios.

"Oh, Syaoran." Murmuró ella. "Si lo que tú haces al buscarme es el significado de 'acoso'; no entiendo porqué insistes en escaparte de los periodistas."

Encantado con lo que Sakura le dijo, Syaoran le robó un beso; haciendo que ella sonriera al sentir los labios de él sobre los suyos. Y luego el hombre hizo que se levantara del mueble donde había permanecido sentada para llevarla hacia su cama; empujándola suavemente mientras le besaba la boca.

Sakura suspiró cuando estuvo recostada sobre la cama, sintiendo cómo él recargaba su peso con los codos y las rodillas al colocarse encima del cuerpo de ella. Cuando Sakura sintió la lengua del hombre dentro de su boca se sorprendió un poco porque los besos de él, los cuales no habían parado incluso cuando la empujó sobre la cama; ya eran tan salvajes como en el momento en que habían comenzado a hacerlo por primera vez. Syaoran se separó para tomar aire, un largo rato después. Y ella suspiró una vez más, reuniendo el aliento. "Te has repuesto rápido."

El hombre le sonrió seductivamente y luego le guiñó un ojo, algo que lo hizo ver irresistible; en el preciso momento en el que comenzó a acariciar nuevamente el cuerpo de la mujer.

Sin duda alguna, el resto de aquella madrugada había sido una locura que terminó por dejarlos exhaustos y desfallecidos. Porque cuando las manecillas del reloj marcaron las nueve de la mañana, ella todavía no podía abrir los ojos. Syaoran sonrió mirándola así, tranquila y dormida sobre la cama de su dormitorio. Él le besó la mejilla y luego le susurró su nombre al oído; algo que hizo que ella abriera los ojos de una manera sumamente difícil. Los preciosos ojos verdes, estaban apenas entreabiertos y su dueña era incapaz de moverse ni siquiera un poco, porque estaba tremendamente trasnochada.

"Puedes estar segura que lo que menos quisiera es despertarte." Le dijo él, suavemente y al oído. "Pero no puedo irme tranquilo sin despedirme de ti, Sakura." Ella suspiró, sin siquiera saber en dónde estaba y reencontrándose repentinamente con los ojos castaños del hombre que le estaba hablando. "Ni se te ocurra pensar en nadie que no sea yo, durante el tiempo que no esté aquí." Le advirtió, provocando que ella sonriera un poco mientras aún sus ojos no terminaban de abrirse.

"¿Estás hablando de Kero?." Preguntó Sakura, con una voz adormilada que hizo sonreír al hombre nuevamente. Y él asintió con su natural franqueza. Como resultado de lo que el millonario había hecho, Sakura le sonrió dulcemente. "Pierde cuidado, eso no va a pasar. Voy a estar ocupada pensando en ti." Murmuró y él le acarició el rostro unos segundos, encantado con su respuesta y mirándola; todavía recostada sobre su cama. Esa mujer se veía preciosa de la forma que fuera y curiosamente, ésta mañana no era la excepción.

"No tengo ni un poco de ganas de irme." Confesó. "No cuando sé que estarás aquí."

"De seguir flirteando con tu empleada; se te hará tarde, Syaoran." Dijo Sakura.

Y él rió un poco, recordando que ella ya había empleado esa frase en él un tiempo atrás. Syaoran le revolvió el cabello y la besó cariñosamente en la frente. Finalmente él se levantó de la cama donde estaba sentado, junto a ella; quien a diferencia de él estaba todavía recostada. El hombre estaba dispuesto a irse hasta que ella le cogió la mano; con fuerza para que él la mirara. "Si vas a manejar estando ahí, hazlo con cuidado." Le recordó, aún sin moverse ni un poco sobre la cama.

El hombre alzó las cejas. "¿Alguna otra petición?."

Sakura suspiró, pensando en que realmente no debería de decir lo que estaba apunto de pedirle; sin embargo no pudo evitar hacerlo en el momento en que los ojos castaños chocaron con los suyos verdes. "Si entre tus amistades hay alguna mujer que yo no conozca y que se parezca a Ying Hua, aunque sea en el largo del cabello; no te le acerques."

Syaoran sonrió divertido por el comentario de ella, que más bien parecía una orden. "Pierde cuidado, Sakura. Voy a estar ocupado pensando en ti." Aseguró él, repitiendo lo que la bonita mujer que estaba sobre su cama le había dicho antes.

Sakura asintió y después de darle una encantadora sonrisa, que fue devuelta por una de él; el hombre salió del dormitorio dejando a Sakura completamente sola en ese enorme recinto.

Ella cerró los ojos de nuevo, mientras dentro de su mente; rondaba la imagen de que Syaoran estaba todavía sentado junto a ella, bañado y vestido con la camisa blanca con la que lo había visto hace unos segundos y sus pantalones negros. Sakura suspiró, pensando en lo apuesto que el príncipe era.

Y ese pensamiento la hizo sentarse de golpe sobre la cama, mientras abría los ojos por completo. "¡No!" Se dijo a sí misma, estremecida. No como una negación, sino como una expresión de exagerada incredulidad. Y ella miró a su alrededor, sintiéndose completamente sorprendida. En efecto, ella todavía estaba en el dormitorio de Syaoran. En el recinto de aquel hombre, con el que había hecho el amor de una manera salvaje y adictiva hasta que ambos terminaron tan agotados que cayeron sobre la cama, rendidos. Y lo que acababa de ver, era al mismísimo Xiao Lang Li salir de su habitación para asistir a un viaje del cual no regresaría sino hasta el viernes. «No, no, no» pensó todavía incrédula, mientras llevaba una de sus manos sobre su precioso rostro. «¡Oh por Dios!; Te has acostado con un príncipe»Y ella volteó la cabeza para mirar a su costado derecho, donde había un buró con un reloj de pulsera asentado; uno que por cierto, era propiedad del príncipe de China; tal y como todo lo que rodeaba esa habitación. Ella cogió el reloj para mira la hora.

Estaba pensando en que la última vez que ella miró el reloj, éste había marcado las siete cincuenta de la mañana. Así que haciendo unos cálculos, Syaoran seguramente no habría dormido ni un poco; porque acababan de dar las nueve de la mañana. Consiente de que no estaba vistiendo nada, y de que lo único que le cubría el cuerpo eran las sábanas de la cama; ella le dio un repaso a la habitación, pensando en dónde habría ido a parar su ropa.

A ella le llamó la atención un sobre blanco que había sobre una de las almohadas, sobre la cama. Así que Sakura lo cogió, contemplando que tenía su nombre. Seguramente Syaoran le había dejado alguna nota o algo parecido. Así que sus manos abrieron el sobre, delicadamente.

Y efectivamente, esa era una nota suya. Por eso los ojos verdes se fijaron detenidamente en las palabras escritas en el papel.

'Señorita Reportera: Quizás no fue una velada romántica en el Pont des Arts, pero sin duda alguna; ha sido inolvidable.'

Tu ferviente admirador y amante;

Xiao Lang.

Sakura dobló el papel. «Hasta la última nota, sólo era 'ferviente admirador'» Pensó ella, apretando la carta contra su pecho y suspirando; recordando también la carta que él le había enviado minutos antes del excitante encuentro interrumpido, cierta mañana en el hotel donde ella residía. «¡Mierda, Syaoran, eres adorable» Agregó mentalmente mientras sonreía e intentaba guardar la compostura.


N/E: Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaawwww, que a mí un chico mi diga esto: "Me fascina tu sonrisa, la forma en que me miras, el color de tus ojos, la manera entregada en que me besas; tú completa", me mataría :P

Vale pues, finalmente hemos logrado ver algo más que 'calentones' XD. ¡Y Cloe, enhorabuena te ha quedado genial!. Me ha encantado el capítulo, la forma en cómo esos dos arreglaron sus problemas con una plática y lo que sucedió también después XP. Ah! Y Syaoran me encanta ¿No es adorable, aunque no me pareció que él se fuera solito a Paris, pero supongo que todo tiene un porqué.

Por cierto, Cloe me ha pasado un adelanto del capítulo en donde Syao se le declara a Sakura y aunque todavía faltan unos cuantos para eso¡Está divino, se le declara preciosamente y las cosas que le dice a la afortunada Sakurita O.o

De verdad que hay cosas que sólo pasan en las historias¡Ya quisiera yo que un príncipe se me declarara!

Bueno, ésta vez no hay adelanto porque a Cloe se le ha pasado enviármelo. Les mando un saludo a todos y:

¡Manden muchisisisisisisisisisisisisisisisimos rewievs! XP. (Si te preguntas porque insisto tanto si esta historia no es mía, es porque si hay rewievs, Cloe me envía más rápido el siguiente capítulo y así me puedo leerlo y actualizar más prontito).

See ya! HayLey.