Capítulo 11: Sorpresas inesperadas
Los primeros rayos de sol bañaron el rostro de la joven metamorfomaga en un sutil intento por despertarla de su dulce letargo. Tonks entreabrió los ojos aún embelesada por su anterior ensoñación. Todavía tuvo que parpadear un par de veces a causa de la iluminación hasta poder coneiguir situarse en aquel lugar tan poco conocido.
Mientras se incorporaba del lecho, miró con una agradable sonrisa a su acompañante. En esos momentos, el sueño no distaba mucho de la realidad, ya que a su lado, Remus respiraba de manera sosegada.
Entonces supo que nunca había existido tal sueño. Tan solo el reflejo de las vivencias de aquella noche pasada en su memoria.
Como un rayo de luz, la sonrisa volvió a iluminarle el rostro.
'¡Me dijo que me quería! Me dijo: Te quiero, Nymphadora. Mmm..., sin duda lo estropeó un poco al mencionar mi nombre, pero ¡va! ¡Él me quiere!'
Le contempló con infinito amor. El sueño daba a sus rasgos una inefable expresión de ternura, sus labios semiabiertos se estremecían, como si estuviesen dirigiendo palabras mudas a un ser invisible. Tras una larga contemplación, animada por el silencio y la soledad, Tonks, se inclinó sobre el durmiente conteniendo el aliento, oprimiéndose el corazón con la mano, y puso un beso furtivo, alado, en sus labios; luego se levantó toda avergonzada y ruborizada.
Remus había sentido vagamente a través del sueño los labios de Tonks, y lanzó un suspiro…
'Debería irme…' pensó ella con repentina lucidez.
Algo le decía que no debería estar allí cuando él despertara. A pesar de que sus deseos le dijeran lo contrario, era lo más acertado que podía hacer en aquel momento. La situación sería demasiado embarazosa, y Tonks ya había agotado el cupo de ellas.
Con meticuloso cuidado se deslizó entre las sábanas hasta apoyar sus pies descalzos sobre la raída alfombra del suelo. La cama crujió al liberarse del peso de la joven. Con expresión alarmada Tonks se giró hacia el licántropo que se removió un instante hasta volver nuevamente a la calma. Con un suspiro de alivio, cogió algo de ropa de su maleta, su neceser y a continuación, se encaminó poniendo suma atención al breve recorrido que la separaba de la puerta, en dirección al baño porque tampoco consideraba adecuado desvestirse delante de él…
Echó un último vistazo a atrás.
Se veía tan apacible. Nada parecía hacerle intuír que acababa de dormir junto a una mortífaga. Resultaba irónico y a la vez cruel.
Remus era el juguete de aquella historia.
Ella le necesitaba, necesitaba ese juguete, quería a ese juguete, a ninguno otro, lo precisaba de manera irracional para evadirse de la realidad como cualquier otro niño. No obstante, los juguetes acaban por romperse si juegas demasiado con ellos.
¿Qué sentiría un juguete roto...?
Nunca lo sabría; era demasiado egoísta como para pensar demasiado en los daños colaterales que en él produciría el desengaño.
Se odiaba profundamente por eso; por no apartale de su lado a tiempo. Por más cosas también, pero principalmente por aquella.
La joven se restregó una lágrima antes de cerrar la puerta e ir en busca de algún baño decente en la enorme mansión de la familia Black.
Justo cuando dio con el único aseo de la planta en el que su inodoro no intentaba devorarla nada más acercarse, Sirius se dirigía en esos momentos por el pasillo en dirección contraria. Ninguno de los dos coincidió y por tanto dieron por sentado que cada cuál aún permanecía en la cama.
Con gesto grave el animago se encaminó en dirección al cuarto que le había adjudicado a su nueva inquilina. No había pegado ojo en toda la noche. Quería que la hija de su prima se encontrara bien con ellos en casa, y el comienzo no había sido muy bueno que digamos.
Tonks debía recuperar su fe en los hombres y Remus en las mujeres y, en consecuencia, el papel de Sirius en esta historia no era otro que el de ser quien les quitara la venda de los ojos para que pudieran verse el uno al otro. Sin obstáculos de por medio.
Con la metamorfomaga era un poquito más fácil; al menos había aceptado que sentía algo por él. El primer paso era reconocerlo. Lo difícil venía al hablar de Lunático… el pesimista, sentimentalista y terco de Lunático.
Suspiró para sus adentros nada más pensar en la cantidad de horas que debía emplear en convencerle de la verdad. Cuando terminara de llevarle el desayuno a Nimphy, iría a verle…, pero sin desayuno. ¡Qué se lo hiciese él!
Haciendo malabares con la bandeja, consiguió al fin abrir la puerta del dormitorio.
-¡Buenos días, Nimphy! Te traigo el desayuno. Venga, no te tapes tanto con la sabana y levántate que ya es hora… ¿Nimphy?
Sirius dejó a un lado su elaborado desayuno y se encaminó hacia el tembloroso bulto de la cama. Vale que se hiciera un poco la remolona, pero hasta él tenía un límite.
Se acercó hacia la cama. Un atisbo de consciencia le decía que algo no iba bien del todo en aquella habitación. Con cautela alzó su mano y con un golpe rápido, pero a la vez efectivo, apartó las sabanas…
-¡AHHH!
Un grito desgarrador escapó de los labios del animago. Había dos opciones: o Tonks era tan buena metamorfomaga que había conseguido reproducir la imagen de Remus al detalle, o el que estaba metido en la cama de Tonks era el mismísimo Remus en persona.
Tapándose un poco su pudor, el licántropo procedió a tomar la palabra, pero su amigo se le adelantó con un dedo acusador alzado en su dirección.
-¡Qué sepas que la escenita esta de Caperucita y el lobo disfrazado de su abuelita, NO TIENE NI PIZCA DE GRACIA!- exclamó ahora fuera de sí ante el primer impacto- ¡¿Dónde está ella?! ¿También te la has comido, lobo feroz?
-Sirius, por favor, no saques conclusiones precipitadas…
-No. Lo que voy a sacar va a ser la varita y después si quieres sacamos conclusiones.
-Te estas equivocando, Canuto…, yo ¡Por el amor de Merlín! ¡Baja ahora mismo la varita!
-¡Te has aprovechado de ella, sinvergüenza! Jamás te creí capaz, ¡a ti! Precisamente a ti, Don Moralidad- el sarcasmo brotó de sus labios con gran fluidez.
Remus ya se esperaba las chispas verdes salir del extremo de la varita de su amigo, cuando…
-¡Ey! ¿Se puede saber que pasa aquí?
Tonks irrumpió en la habitación visualizando atónita la escena que se sucedía ante sus ojos. Cual delincuente, Remus mantenía las manos a la vista de su mejor amigo que en esos momentos le apuntaba a la altura del pecho con su varita. Ambos se volvieron sorprendidos por la intromisión.
-¡Tonks…!- consiguió decir el licántropo-. Dile a este desequilibrado que deje de apuntarme- suplicó estando como estaba de rodillas sobre la cama.
La joven se volvió entonces hacia su primo
-Sirius en vez de darle su última lección de duelo, deberías darle las gracias. Remus ha sido muy amable al escucharme toda la noche. Necesitaba un hombro en el que llorar y él se ha portado muy bien conmigo, como buen caballero que es. Ahora…, ¿te importaría bajar la varita, por favor?
-¿E-en serio fue eso lo que ocurrió anoche?- preguntó Sirius un tanto trastocado.
Ella asintió con una sincera sonrisa.
Al instante, la mágica arma bajo junto a su brazo y, por fin, Remus pudo volver a respirar.
-Vaya, lo siento. Creí que…- carraspeó-. Bueno, no importa. ¡¿Por qué no me lo dijiste antes de que hiciera el ridículo?!- espetó al licántropo.
-¡Es lo que intentaba!
Por un segundo dio la sensación de que Sirius estaba en verdad arrepentido. Pero sólo por un segundo…
-Bueno, y que esperabas que pensase, ¿eh?- inquirió-. Con esas pintas que llevas y en camas ajenas… Digo yo que tenía derecho a sacar las cosas de quicio, ¿no? ¡Y quieres ponerte algo! Personalmente no me agrada mucho verte en paños menores.
-Uy, lo siento.
Remus se apresuró a ponerse la ropa del día anterior al no tener en ese momento algo mejor a mano. La joven ahogó una risita mientras Sirius ponía los ojos en blanco. Al cabo de un rato, Tonks percibió algo en el ambiente…
-Mmm. ¿Qué es eso que huele también?- preguntó la joven con intención hacia Sirius-. ¿Es posible que sea mi desayuno?
-¡Premio a la señorita! Ración doble para nuestra encantadora invitada.
La joven se hecho a los brazos de su primo propinándole un sonoro beso.
'Apúntate esa, Lunático'
-¿A mí también me has preparado el desayuno?- preguntó Remus una vez vestido.
-No. ¡Tú no te lo mereces! Nimphy tiene que tomar fuerzas para la oficina. Apuesto lo que sea que tener que lidiar con esos picapleitos todo el día te tiene que chupar toda la vitalidad del cuerpo.
-Yo nunca lo hubiera expresado mejor, aunque…- se hincho de orgullo antes de continuar-: Ahora estoy en una misión de suma importancia para el mundo mágico… Estoy buscando al gran Sirius Black, el prisionero de Azkaban.
Los ojos se le hicieron chiribitas al animago.
-Me encanta ese epíteto…- babeó.
-Pero, ¡Ssshh! Si le ves me avisas, ¿eh? Aunque creo que por mis averiguaciones ahora mismo debe de estar en el Tibet.
-No, no lo creo. Seguramente ahora estará en una playa paradisíaca con un cóctel con sombrillita en la mano y un puñado de chicas en bikini a su alrededor. Yo me inclinaría más por esa teoría. Sigue investigando por ahí, pequeña.
Con un guiño de ojos abandonó la habitación no sin antes entrecerrar los ojos en dirección al licántropo.
-Me la tiene jurada- se lamentó.
-Solo un poquito. Pero, bueno, para olvidarlo te dejo compartir mi desayuno. Es lo menos que puedo hacer por ti- sonrió.
-Sabes que lo hago sin animo de lucro.
-Aún así, gracias.
Volvió a ruborizarse recordando la noche anterior. A Remus le encantaba verla así, era tan tierna cuando se le coloreaban las mejillas y las puntas de su cabello de ese color rojizo aunque, era obvio, que la chica no lo veía de ese modo.
-Siempre estaré aquí para lo que necesites- dijo mientras le devolvía la sonrisa-. Si quieres utilizarme como un osito de peluche todas las noches que quieras, no dudes en decírmelo y te complaceré encantado. Hacia mucho tiempo que no dormía tan bien como hoy… Soy yo quien te tiene que dar las gracias, Tonks.
La joven se quedó embelesada. Tanto por sus palabras como por su sonrisa. En ese momento habría jurado que levitaba perdida en el dorado de sus ojos… De nuevo aquel te quiero, volvió a su cabeza y terminó por perder la noción del tiempo.
El licántropo la miró de forma extraña. Parecía como si se hubiera quedado en la lunas de saturno...
'Que chica tan rara… ¿Por qué me mira así? ¿Ha pasado un ángel y yo no me he enterado? En fin, será mejor que haga algo'
En un último intento por captar su atención, carraspeó. Ella al menos volvió a enfocarle.
-Bueno, será mejor que me vaya.- Cogió una de las manzanas de la bandeja-. Tengo una entrevista de trabajo que he retrasado demasiado estos últimos días.
-Oh, ¿tienes que irte ya?- preguntó con desesperación-. Porque no te esperas un poco y salimos juntos, puedo acompañarte a donde tengas que ir…
Los ojos se le dilataron y no precisamente a causa de la sorpresa.
-No- negó con demasiada rapidez-. No hace falta- concretó más relajado-. Además es justo dentro de diez minutos. No te daría tiempo a desayunar y eso heriría los sentimientos de Sirius. Mejor me voy yo solo. Adiós. ¡Hasta esta noche!
-Remus es… ¡Espera!
Todos sus intentos por retenerle resultaron en vano. Él ya había desaparecido del lugar y no de una forma literal. Suspiró frustrada mientras daba un largo sorbo a su zumo de calabaza.
Más tarde, en la oficina de aurores, Tonks miraba con impaciencia el reloj de su mesa de trabajo. Las manecillas del dichoso reloj acababan de dar la vuelta a su esfera. Ese había sido su justo castigo por todas las horas que se había escaqueado del trabajo…
¡Todo el santo día redactando informes que no llevaban a nada, notas para el pernicioso periódico del Profeta sobre encubrimientos de desaparecidos y un informe detallado de mínimo 100 páginas sobre el desaparecido Sirius Black.!
Era para volverse loca. El informe sin duda sería todo un best-seller, al menos imaginación no le faltaba.
'¡Vamos, Tonks!' la animó su conciencia. '¡Qué sólo te faltan 50 páginas más!'
-Quiero morir- se lamentó mientras apoyaba su cabeza encima del escritorio y cerraba los ojos.
Aún en aquella postura podría dejarse dormir plácidamente hasta la mañana siguiente.
Sí. Eso la haría feliz. Muy feliz.
Todo a su alrededor fue desapareciendo quedando la metamorfomaga en ese agradable estado de duermevela, notando como su mente desconectaba del ajetreo del día, dejando que los músculos se relajaran…
Todo iba de maravilla hasta que su sueño se vio interrumpido de una manera un tanto violenta...
-¡TONKS!
La joven se incorporó en un espasmo del asiento.
-¡Sí, señor! ¡A sus ordenes, señor!
Su jefe la miraba con una de sus típicas cejas levantadas de forma reprobatoria. Su joven auror puesta en posición militar, pero a la vez tambaleante, tenía el rostro marcado por tinta y justo en la mejilla derecha se podía leer:
" Sirius Black se encuentra en Haití"
Scrimgeours se apretó con fuerza las sienes mientras cerraba con fuerza los ojos en un intento por controlar su creciente furia.
-¿Se puede saber que demonios hacía perdiendo el tiempo? Espero al menos que lo haya terminado. ¡Hace dos semanas que debería estar sobre mi mesa!
-Eh…, bueno… aún faltan algunos detalles, pero…-Intentó apilar las hojas del preciado informe. Pero con los nervios y viendo la última página toda emborronada se le derramó el tintero encima de todo el escritorio empapándolo todo a su alrededor…- ¡Oh, no!
La vena terminó por hincharse…
-¡TONKS!- prorrumpió- ¿¡Cómo se puede ser tan TORPE!? ¡Arregle este estropicio inmediatamente! ¡No quiero ver que se levanta de la silla en toda la noche! ¿Me he explicado bien?
La joven asintió toda avergonzada. Después, su jefe se marchó del lugar farfullando todo tipo de sanciones y maldiciones que se le fueron ocurriendo por el trayecto.
La calma volvió a la solitaria oficina de aurores. Tonks se dejó caer sobre el asiento sin saber si llorar o reír. Sin duda el informe se arreglaría con un golpe de varita, pero su torpeza no se la quitaba ni toda la magia del mundo…
-¿Un mal día?- preguntó una particular voz a su lado.
La joven levantó la cabeza sorprendida…
-¡Remus!- exclamó al verle-. ¿Qué haces aquí?
Él le sonrió con timidez desde su posición. Parecía cansado, al menos más de lo habitual.
-Bueno, Tonks… Ahora trabajo aquí…
-¿¡En serio!?
La joven no pudo ahogar su entusiasmo. La alegría que le causaba tenerle tan cerca en aquel deprimente lugar era lo mejor que le podía haber pasado. Ahora pasaría más tiempo con él y nada podía hacerla más feliz pese a los peligros que ello entrañaba…
Remus se sintió incomodo ante tanto entusiasmo. Volvió a sonreír, pero de manera forzada. Aunque eso era algo que escapaba a la percepción de la metamorfomaga en aquel momento.
-No sabes cuanto me alegro- añadió ella. Perfectamente sabía los problemas que había tenido para encontrar trabajo y por eso no quería desprestigiarle-. ¡Es maravilloso!- volvió a exclamar- ¡Ahora también seremos compañeros de trabajo! Sabía que lograrías un puesto en el Ministerio. Eres un gran mago, ¡el mejor según cuentan por ahí! Sin duda no podían dejarte escapar.
-Ya…, eso dicen- repuso de manera ausente.
Qué engañada estaba. Si fuera un buen mago no tendría que encontrar trabajo en ningún lado, el trabajo le encontraría a él.
¿Acaso estaba burlándose de él?
Un nudo se hizo en su garganta.
Ya si siquiera era capaz de diferenciar cuando una persona era amable con él.
La miró.
Tonks permaneció con una sonrisa esplendorosa y sincera en el rostro. ¿Cómo podía dudar de su sonrisa? Al momento se avergonzó por haber pensado mal de ella, pero era una parte de él muy arraigada en su interior: un mecanismo de autodefensa interior que se había intensificado en las últimas horas.
La joven metamorfomaga se fijó en su abatimiento. A lo mejor su entusiasmo no encajaba del todo en sus expectativas. ¿Quién querría trabajar en aquella cárcel corrupta como empleado...?
De pronto se le ocurrió una brillante idea para animarle.
-Te invito a cenar. Y no admito un no por respuesta- le advirtió con fingido enojo.
El licántropo se animó ante la idea. Sin duda cualquier plan que implicara estar junto a ella resultaría más que maravilloso…, pero…
Se maldijo a sí mismo por lo que estaba a punto de decir.
-Lo siento, Tonks- le dijo desanimado-. Tengo que… H-hacer unos últimos trabajillos aquí. Tendremos que posponerlo para otro día.
-¡De eso nada! Ya los terminaras mañana. No ibas a ser el primero ni el último que lo hiciera.
Remus suspiró. Su terquería contrastaba demasiado con la suya.
-No puedo, de verdad. Quiero causar una buena impresión. No me gustaría nada que me despidieran en mi primer día.- Agachó la cabeza.- Necesito el empleo… Lo entiendes, ¿verdad?
Él miró entonces de manera insistente sus zapatos hasta que la joven levantó su barbilla.
-Eres demasiado bueno, Remus Lupin- le miró con ternura-. Tanto que a veces pareces tonto- añadió divertida.
-Oye…
Ella rió.
-Bueno, por hoy dejaré que me dejes plantada. ¡Yo que estaba dispuesta a hacer novillos por ti! Ahora tendré que quedarme a terminar este maldito informe…
La joven bostezó. Sólo de pensar en ese montón de papeles sin redactar le entraba sueño. Remus se obligó a intervenir. No podía permitir que se quedara de nuevo dormida sobre esa incómoda silla.
-¿Por qué no te vas a casa?- sugirió-. Estás agotada. No creo que avances mucho más por hoy.
Tonks bufó. Oír lo que deseaba no le hacía bien. Mañana tendría que aguantar otra bronca de Scrimgeour… Bah, total…, una más.
-Creo que tienes razón. Pero antes…-. La joven cogió uno de los papeles de su escritorio y lo rompió por la mitad, luego escribió uno de ellos con su pluma favorita-. Aquí tienes- se lo entregó mientras se mordía el labio inferior con expectación.
Remus leyó con curiosidad:
'Vale por una cena con N. Tonks'
-Ya sabes… Cuando quieras, úsala.
El licántropo esbozó una sonrisa para luego guardarse la nota cuidadosamente en el bolsillo interior de su chaqueta.
-Sería un placer para mí, señorita Tonks-. Le tendió la mano de forma dramática, ella se la estrechó con diversión-. No sé porqué, pero imagino que pronto haré uso de ella.
-Esperaré ese momento con impaciencia.
Dudó un instante, pero luego terminó por ponerse de puntillas y darle un cariñoso beso en la mejilla. Luego alborozada se despidió de él con la mano y por poco se tropiezó con un escritorio al ir caminando hacia atrás. Después aún mirándole de vez en cuando por encima de su hombro se perdió de vista.
Mientras tanto, Remus la vio desaparecer en el viejo y estridente ascensor con una sonrisa en los labios. Aún no entendía cómo podía conseguir aquella personita, dulce y amable sacarle color al día más negro.
Al tiempo que negaba con la cabeza, el licántropo cogió los papeles de encima de su escritorio y se puso a ojearlos.
Poco después, un ruido sordo se escuchó a su espalda. Inmediatamente, con los sentidos agudizados del lobo se dio la vuelta, pero allí no había nada ni nadie; ni un alma…
Estuvo tentado de coger su varita e inspeccionar de manera más minuciosa el lugar, no obstante optó por echarle la culpa a su imaginación y sentarse en el asiento de Tonks para terminar su informe.
Unas horas más tarde, en el número 12 de Grimmauld Place, la voz alarmada de Sirius terminó por despertar a la metamorfomaga. Esa noche se había acostado tarde esperando la llegada del licántropo.
Miró unos instantes hacia la ventana: Aún era de noche.
-¿Qué demonios quieres, Sirius?- inquirió una molesta Tonks.
-Tienes que levantarte. Han atacado a Remus en el Ministerio.
N/A: ¡Hola a todos! Aquí os dejo un nuevo capítulo. Espero lo hayáis disfrutado. Dejen reviews, ¿va? . De momento pienso continuar la historia en este tono de ligera transición centrándome en la relación entre Remus y Tonks, luego las cosas se irán tornando más oscuras y peligrosas. Al menos esa es mi intención.
Nuevamente tengo que agradecer su apoyo a todos los lectores/as de mi FF, en especial a: maring, Nataa, Galy, lobitablack, Dorita Tonks, MAGGIEHP, Lunaa Black y NatuBlack
Un abrazo:
Sisa Lupin
