Capítulo 11: !Primera misión: captura al jinchuriki de Rokubi!
En ese momento entró Yugito y vió a la abuela, en su rostro pude apreciar que había un deje de tristeza. Al rato llegaron Yami e Hidan, me acerqué a ellos y me llevé a Hidan a lo que fue mi habitación.
- Todavía no puedo volver – le dije – Tengo que ir a un sitio para encontrar las respuestas que necesito.
- Lo siento pero el líder dijo que cuando terminaras de hablar con ella te llevara a la guarida – me respondió con una sonrisa de medio lado.
- Demo… - Hidan me puso entre la pared y él, nuestros cuerpos estaban muy pegados y nuestros rostros muy cercanos – Así que sabes lo del olor, ¿no?
- Hai – sonrió y, acerándose peligrosamente a mis labios para después girarse hasta mi oreja, me susurró sensualmente – Así que yo que tú me iba por las buenas, ¿o quieres por la fuerza?
- A… le… ja… t-te de mi – pude decir ya que no podía casi ni hablar por el fuerte olor de Hidan. Pero ahora lo entendía, ese olor era de la muerte… y no me extraña que oliese así ya que ha matado a mucha gente.
- ¿Y si no quiero? ¿Qué me vas a hacer? – me sonrió juguetonamente para después echarme sobre lo que fue mi cama y se puso encima mía. Se acercó a mi cuello y empezó a besarlo – Di las palabras mágicas.
- Por… favor. Iré por las buenas – le dije, temblando.
- Lo siento – me miró horrorizado consigo mismo al ver que estaba temblando – Lo siento, no sé como… no he podido controlarme… yo… no sé que ha pasado…
- Lo hecho, hecho está – le sonreí – Vamos, no queremos hacer esperar al lider, ¿verdad?
- H-Hai…
Fuimos con mi hermana para despedirnos, pero antes de eso le dije a Hidan que nos dejara a solas ya que tenía algo importante que decirle.
- Yugito-nechan… He visto a Deidara-kun – su rostro pasó de ser seria a una de sorpresa, alegría y tristeza a la vez – pero lo mejor de todo es que todavía te quiere, no fue su culpa… le obligaron a unirse a esa organización…
- Tú también te vas a unir o ya te has unido, ¿verdad? – ví un deje de tristeza en su mirada, la conocía bastante como para saber lo que estaba pensando: "todos a los que aprecio me dejan y se van a esa organización…" – De todos modos ve, no te preocupes por mí. Así estarás más cerca del asesino, además ese chico ya me dijo lo de Deidara.
- (Me lo cargo, a este me lo cargo… ¿Cómo se atreve a decirle algo tan importante sin conocerla de nada) – me giré hacia la puerta cerrada, donde al otro lado estaba él y pude escuchar su risa por lo bajo - ¡Será…!
- No te cabrees con él
- ¡Nechan! ¿Cómo puedes…? A ya sé… el olor – ella solo me sonrió – bueno, me tengo que ir. Espero verte pronto.
Dicho eso nos despedimos de mi hermana y pusimos rumbo a la guarida de nuevo. Al poco llegamos y al parecer todos nos estaban esperando.
- Al fin llegáis – se quejó el líder, un poco malhumorado - ¿Qué has averiguado?
- Sólo lo del olor (¿Es que a este tío solo le importa la historia de mi clan o qué?) – el me miró, intrigado e incitándome a continuar – Lo que huelo es una flor y olerla significa que la muerte está cerca. En vuestro caso significa que habéis matado a mucha gente, por lo tanto, que sois unos asesinos y unos sádicos. Después mi abuela antes de morir me dio la localización de nuestra guarida. Allí descubriré más cosas…
- Mitsuko… - murmuró Deidara, apenado por la muerte de mi abuela al ver mi rostro de dolor.
- Le he dicho a Yugito-nechan que todavía le amas, Deidara – le dije con una sonrisa de felicidad fingida.
- Lo siento pero por ahora no podrás ir a la guarida – me informó el líder, serio – Ahora tenéis, Hidan y tú, una misión que cumplir.
- ¿Cuál? – contestamos al unísono, Hidan y yo, serios.
- Como ya sabréis, nosotros capturamos a los bijuus – intenté fingir indiferencia, ante la palabra que me causaba un gran dolor, con resultado satisfactorio – Pues bien, vosotros tenéis que capturar a uno, el de 6 colas, Raijuu.
- Demo, líder-sama, ¿no es un poco precipitado teniendo en cuenta que son nuevos? – le respondió el que tiene una planta en la cabeza.
- Tienes razón en una cosa, son nuevos, pero muy fuertes – justificó el líder y ante mi sorpresa, me guiñó un ojo, haciéndome enojar.
- Bueno, ya nos vamos – dijo Hidan antes de que matara al líder.
Hidan me empujó hasta que perdimos de vista a los demás miembros y, como hacía ademán de irme otra vez a la sala para matar al líder, me cogió en brazos. Me sonroje ante lo sucedido e intenté evitarlo pero él se dio cuenta, y sonrió pero no dijo nada. Quise gritarle pero estaba muy cansada para siquiera hablar, asi que permanecí callada. No habíamos descansado en ningún momento desde que salimos de mi casa así que, como era lógico, con el vaivén de su caminar me quedé dormida.
Cuando desperté estábamos en medio de un bosque, junto a un lago. Él estaba recogiendo agua y preparando lo que supuse que sería el desayuno. Cuando se dio cuenta de que me había despertado se acercó a mí y se agachó para quedar a la misma altura.
- Por fin despiertas, mi bella durmiente ^^ - por tenerle tan cerca y por lo que me dijo me sonrojé sin poder evitarlo, así que evité mirarlo a los ojos.
- Baka, ¿dónde estamos? – le pregunté para cambiar de tema pero el se dio cuenta de mi sonrojo y volvió a sonreír – ¿De qué te ríes?
- De ti, me estoy dando cuenta de que eres muy orgullosa – se separó y se fue para ver como estaba el pescado.
- ¿Y qué si lo soy? ¿Tienes algún problema? – le respondí, enojada.
- Yo no tengo ningún problema con eso, eso lo tendrás tú – le miré confundida, no entendía a qué se refería – Si no dices lo que quieres y eres así de orgullosa siempre vas a tener muchos problemas.
- Ya sé lo que quiero – le contesté, poniéndome de pie y dirigiéndome a paso lento hacia la orilla, mirando a la nada – Quiero salvar a Yugito-nechan, eso es lo único que deseo. Lo único que me importa es poderla salvar de esta vida…
- Y cuando lo consigas, ¿qué? ¿Eh? – me reprochó.
- No lo sé, ni me importa – seguía mirando la nada, sumida en mis pensamientos – (La verdad no lo sé… nunca he pensado en ello, sólo he tenido en mente la salvación de mi hermana)
- Tener orgullo no es malo, demo sólo tienes que usarlo cuando luchas contra tu enemigo, no siempre – él seguía preparando el pescado y para no escucharle más me metí en el agua - ¿Pero qué haces? O.o
- (A veces quiero alejarme de todo y de todos… Pero mi misión en la vida es salvarla, no puedo negarme… ¿Pero qué haré después? Sé que tengo que seguir mi vida y supongo que también mi legado…) – pensaba mientras yacía en el fondo del lago y de repente me vino la imagen de Hidan encima mía, lo que hizo que abriera desmesuradamente los ojos y un poco la boca, dejando paso al agua. Así que me dirigí a la superficie – (No me lo puedo quitar de la cabeza…)
- ¡La comida ya está lista, gatita! – odiaba que me dijera gatita pero me aguanté y nadé hasta la orilla. Tenía la ropa pegada al cuerpo, denotando mis curvas femeninas y atrayendo la atenta mirada del peliblanco – Que cuerpo tienes…
- ¬//¬ Baka… vamos a comer – me senté en el tronco más cercano al fuego, para poder así secarme más rápido, y cogí un pescado - ¿Vas a comer o a estar ahí parado como un idiota mirándome?
- (Prefiero estar aquí…) Si, ya voy – contestó, acercándose al fuego y sentándose a mi lado – Itadakimasu.
- Itadakimasu – y empezamos a comer, cuando ya hubimos terminado, le pregunté - ¿Quién es el jinchuruki?
-Es un chico llamado Hikaru, de la villa de la nube, ¿le conoces? – preguntó, desinteresado, pasándome una foto.
- Iie, no me suena – dije mientras miraba la foto – Vamos, ahora descansaremos aquí y luego comenzaremos con la búsqueda.
- Hai, "jefa" ¬¬…. – murmuró, malhumorado, Hidan.
Y nos recostamos, espalda contra espalda. Nadie decía nada, yo me encontraba demasiado enfadada con él como para romper aquel silencio de ultratumba. Yami permanecía siempre a mi lado, dándome calor pero no conversación. Hacía ya tiempo que de su boca no salía palabra alguna, cosa rara en ella, seguro que ha estado pensando sobre todo lo descubierto de nuestro clan…
- Eres una ilusa… - murmuró creyendo que no lo oiría pero se equivocó.
- Qué quieres decir – pregunté, sin muchas ganas de comenzar una discusión.
- Al intentar salvar a tu hermana te estás acercando más a ella – me explicó – Y eso será peor para ti ya que cuando muera será más doloroso.
- ¡Ella no va a morir! – me levanté de golpe y le miré furiosa. Él tan sólo me miró.
- Por eso eres una ilusa, piensas que puedes eludir a la muerte pero no es así, sólo causarás más sufrimiento a los demás dándoles esperanzas falsas – me contradijo. Yo intentaba no descuartizarlo allí mismo, apretando tan fuerte los puños hasta el punto de hacerlos sangrar.
- Te equivocas… - murmuré, intentado que de mis ojos no salieran lágrimas, pero él no me oyó.
- Tu abuela te dijo que la gente moría por un motivo…
- ¡¿Nos espiaste?! - no daba crédito a lo que oía… cada vez que habría su boca lo odia más.
- Era mi misión conseguir información, quéjate al líder – me contestó – Además, le estás dando falsas esperanzas a Deidara, ¿acaso has pensado cómo se siente él al saber que por culpa de la organización en la que está va a morir el amor de su vida?
- ¡Cállate! – me tapé las orejas para no volver a escuchar su voz y mis piernas me fallaban, haciéndome caer de bruces al suelo de rodillas. Las lágrimas me traicionaban, escapándose por mis mejillas hasta llegar al suelo – Cállate…
- Como quieras… - se levantó y me miró con desprecio, como si lo que estaba haciendo era lo peor del mundo, como si yo era la peor escoria del mundo… - Vámonos…
- Hai… - asentí y me levanté. Mi cuerpo me sostenía a duras penas pero lo suficiente como para poder caminar. Yami me seguía, mirándome con preocupación. Entonces ella se transformó en un tigre blanco - ¡Yami! ¡Has aprendido la técnica de transformación!
- Hai ^^, la aprendí por ti – me quedé desconcertada, no nos llevabamos tan bien como para eso o al menos es lo que pensaba hasta ese momento. No perdí más tiempo me subí encima suya y Yami empezó a ir más deprisa hasta que al fin alcanzamos a Hidan.
- O.O ¿Pero qué coño…?
- Es Yami ¬¬
- Bueno… Como sea, ya hemos llegado
- Lo sé, es mi villa ¬¬ - le recordé.
- ¿Quieres dejar de interrumpirme? Bueno, como a ti te conocen pero todavía no saben que te has unido ve tú – me dijo – Yo esperaré aquí mientras tanto.
- ¿Ahora tú eres el jefe?
- Alguien tiene que serlo, además, como yo soy aquí el que tiene más cabeza… - no pudo terminar la frase ya que, cansada de escucharle, le corté la cabeza con mi katana - ¡Serás…!
Para evitar que siguiera hablando le puse un montón de hierba en la boca y, sin decir nada, me dispuse a entrar a la villa. Todo estaba demasiado silencioso, no había ningún alma por las calles. Seguí caminando hasta que una niña se nos cruzó por delante, parecía asustada y casi se había quedado sin aliento. Nos miró como si nosotras fueramos su salvación y con ojos llorosos, dijo:
- Onegai, ayúden a mi aniki – nos rogó – Está a las afueras, nadie quiere acercársele porque piensan que es un demonio pero no es así.
- ¿Qué te ha pasado, pequeña? – hasta ahora no me había percatado pero la niña tenía graves heridas en todo su cuerpo.
- No ha sido culpa suya – pudo decir ya que no paraba de llorar – Él no quería hacerlo, sé que me quiere…
- Ya pasó todo – me bajé de Yami y la abracé para consolarla – Dime, ¿cómo se llama tu hermano?
- Hikaru – me respondió. Ya había parado de llorar – Ven.
La seguí hasta un bosque, a las
afueras de la villa (por ese lado no estaba Hidan). No pude dar
crédito a lo que veían mis ojos: un chico, de unos 13 años, rubio
y de ojos rojos estaba a cuatro patas. Encima de él se podía ver la
figura de una comadreja gigante y amarilla. Los ojos de la bestia se
posaron en mí, sus ojos transmitian un deseo de sangre. El chico iba
a la velocidad de la luz, por lo que no tuve tiempo de esquivarle
cuando, de un rápido movimiento, se puso detrás de mí y me propinó
un zarpazo en el brazo. Cogí a la niña y me alejé unos metros del
chico. Sentí como la herida me ardía y como algo dentro de mí se
revolvía, intentando salir. Me empezó a envolver todo el cuerpo un
chacra negro, sentía como me ardía todo el cuerpo… Hasta que
desapareció y quedé inconciente.
Cuando ya había despertado,
me encontré con varios ojos mirándome intensamente. Al adaptarse
mis ojos a la luz pude comprobar que eran los Akatsukis, los cuáles
me miraban muy interesados pero no preocupados.
- ¿Qué ha pasado? – pude decir, mientras me sentaba en mi cama.
- Enhorabuena, has realizado con éxito tu primara misión – me felicitó el líder.
- ¿Cómo? Si yo lo único que hice fue desmayarme – no sabía qué había pasado, pero sí una persona… Bueno más bien una gata. Mis ojos se posaron en Yami, interrogantes.
- Bueno, después de desmayarte, tú…
