Thinking about you…and me
Emma conducía calmadamente por las calles aún desiertas de Petersburgo mientras dejaba que el agradable y melodioso sonido de su banda favorita invadiera sus oídos. Tras una larga semana en casa, ensayando con los videos y emails, estaba finalmente dirigiéndose a una clase física a la RADC. Regina había informado a las alumnas que los destrozos causados por la tempestad ya habían sido totalmente reparados, y que de esa manera, ya podrían retomar el ritmo normal de las clases.
Los últimos días habían sido extrañamente buenos en casa de Swan, y eso fue debido a que su padre había salido de viaje para algunos trabajos y traer dinero a casa. Bueno, eso era lo que él decía.
La casa estaba silenciosa, no en el sentido literal, pues al fin y al cabo había una niña de siete años viviendo en ella, así que pequeños gritos y la televisión a volumen alto era algo normal. Pero sin George se podía decir que reinaba la paz. Sin peleas, sin discusiones y sin mucho estrés. Sin embargo, esa noche en que Emma lo había visto dejando la casa no había salido de su cabeza.
Swan estacionó, como de costumbre, al lado del grande y lujoso coche de Regina Mills. O lo que es lo mismo, de Petunia. Recordó, entonces, la maravillosa tarde que había tenido días atrás y lo dócil y educada que Regina se había mostrado. La Emma Swan del primer día de clases nunca habría pensado que la Regina Mills tan rígida y borde de ese primer encuentro se volvería todo lo que ella dudaba que fuera. Alguien que hacía que sus ojos brillaran.
La rubia pasó por la recepción, saludando a Belle con un movimiento de cabeza y siguió camino hacia el aula. Le extrañó ver los pasillos tan silenciosos y vacíos, entonces miró su reloj y vio que quedaban aún veinticinco minutos para el comienzo de las clases. "O me atraso mucho, o me adelanto mucho", pensó en voz alta mientras continuaba hacia el aula. Al entrar, se encontró a Regina que estaba preparando el aula.
La mujer llevaba puesto un body negro de asillas finas, dejando a muestra su cuello delicado y sus hombros poco marcados. En la parte inferior, una fina falda de seda también negra y unas medias de un tono más claro que su piel. Y en los pies, las clásicas zapatillas de punta rosa bebé, por supuesto.
—¡Señorita Swan!— dijo Regina sorprendida al divisar a la joven por el espejo —¿Acaso te has caído de la cama hoy?— preguntó con una sonrisa en la cara comprobando el reloj de pared.
—No sé lo que me ha pasado hoy— respondió tímidamente —¿Te importa que espere aquí? No quisiera quedarme sola en el pasillo. Esto da mucho miedo cuando está demasiado desierto.
—No me importa, no. Y sí, da bastante miedo. ¿Sabes? Hay veces en que tengo que quedarme por la noche, cuando ya no hay nadie, y bueno, ya he escuchado pasos, voces, ruido de cadenas…Ah, ¿ya sabes, no? Esto ha sido construido encima de un cementerio— Regina habló con el tono más serio del mundo, pero no consiguió evitar estallar en carcajadas al encarar los ojos desorbitados y llenos de pavor de Emma —¡Estoy bromeando! ¡Dios mío! Mírate. Estás pálida— rio al acercarse a la joven.
—¡No tiene gracia!— fingió irritación —Muero de miedo con esas cosas. Cuando era pequeña, así como Henry, mi abuelo me contaba historias de fantasmas cuando quería que me estuviera callada y quieta. Y funcionaba.
—¡Qué mona!— dijo bromista —Bueno, tengo algo aquí que te dejará menos irritada— Regina caminó hasta la pequeña estancia que había al final del aula-el vestuario- y regresó con un vestido de color blanco —Iba a esperar a que todas llegaran para que os lo probarais juntas, pero como ya estás aquí, y como sé que estás ansiosa…— la morena le pasó el vestido a Emma que solo sonreía —Ve al vestuario y póntelo. Después vuelve para ver cómo ha quedado.
—¡Dios, cómo querría abrazarte ahora!— dijo la joven entusiasmada, y aunque sabía que no hablaba en serio, a Regina realmente le habría gustado recibir ese abrazo —Ya vuelvo.
Regina observó con una sonrisa en el rostro a la joven dando saltitos de felicidad mientras se encaminaba al vestuario.
Emma estaba como de costumbre. La ropa negra con un pequeño cisne bordado a la altura del pecho, los cabellos dorados recogidos en un moño en lo alto de la cabeza, y sus clásica chaqueta roja y siempre una sonrisa grande y sus brillantes ojos verdes. En opinión de Regina, la joven era prácticamente un monumento.
—¿Estás lista?— Emma pasó la cabeza por la abertura de la puerta, haciendo reír a Regina
—Lo estoy, Swan. Estoy lista— dijo con una sonrisa en los labios.
Emma caminó de puntillas hacia la profesora, que comprobó, con un brillo en su mirada, lo hermoso que le quedaba el vestido a su alumna. Era blanco, un poco escotado y con muchos detalles de brillantes y plumas por toda su extensión. Casi tan hermoso como Emma.
—Estás…— Regina alternaba la mirada entre el vestido y los ojos de la joven, que ansiaba por más palabras —Hermosa. Estás muy hermosa— dijo con el ceño fruncido y una tímida sonrisa.
—Gracias— se sonrojó —¿Puedes abrochármelo? Solo alcancé al primer botón— dijo la joven girándose de espaldas hacia la profesora.
—Claro— dijo con suavidad. Comprimió con fuerza los labios al comprobar que estaba teniendo una visión tan privilegiada de la espalda desnuda de Emma. Abrochó el vestido con calma botón a botón al mismo tiempo que intentaba contener el deseo de unir, con la punta de sus uñas, todas las pecas que la joven poseía —Listo— dijo al terminar. Pasó suavemente la mano por la nuca de su alumna, que sintió un extraño escalofrío ante aquel toque.
—Gracias— dijo tímidamente al girarse hacia Regina, que la encaraba con intensidad —¿Qué ocurre? ¿Hay algo mal?— preguntó mirando el vestido y pasándose la mano por la cara.
—Algo malo, no— dijo conteniendo una enorme sonrisa, haciendo que Emma frunciera el ceño y buscara tener más contacto con los ojos penetrantes de la morena.
La distancia entre las dos era corta, pero no lo suficiente como para que sintieran la respiración de la otra. Regina llevó sus manos hasta la delicada asilla del vestido de Emma, que acompañó con la mirada cada movimiento que la mujer hacía. La morena ajustó las asillas que estaban un poco torcidas y sonrió a la joven, que no decía ni palabra.
Emma sintió todo su cuerpo calentarse y su corazón palpitar mil veces más rápido al notar las suaves manos de Regina tocando levemente su cuello. La profesora acarició la zona y esbozó una sonrisa pequeña para Emma, que frunció la nariz y sonrió débilmente como respuesta. Regina sintió que todo su interior hervía, y no imaginaba el motivo, pero le habría gustado congelar aquel momento para recordar siempre lo hermosa que era su alumna.
La puerta fue abierta, provocando un estruendoso sonido, haciendo que las dos mujeres se apartaran bruscamente. Los veinticinco minutos habían pasado.
—¡Emma, estás preciosa!— Chelsea exclamó al entrar en el aula junto con otras chicas.
La joven se sonrojó y sonrió al ser rodeada por todas sus compañeras de clase que la llenaban de elogios. Regina se apartó y decidió darles un momento a las chicas, a fin de cuentas, había un motivo real para elogiar tanto a Emma.
—¡Todo bien, chicas!— dijo Regina con voz suave acercándose de nuevo —Las ropas de todas han llegado. En los vestuarios encontrareis las perchas con vuestros nombres. Vestíos y venid aquí para ver si necesitáis algunos ajustes. Rápido, ¿ok? Aún tenemos mucho que ensayar hoy.
En aquel final de tarde Regina ayudaba a Henry con sus deberes. Tenía que montar un sistema solar, cosa que dejó algo irritada a la mujer, pues pensaba que el niño aún era muy pequeño para ese tipo de trabajo.
La mujer llevaba puesto un delantal para protegerse de la pintura y sus gafas de vista. Henry se metía con ella y le decía que estaba muy graciosa, y siempre que decía eso, Regina le pintaba la punta de la nariz con un color diferente.
—Ve pintando Neptuno, que yo ya vengo, ¿ok?— dijo al escuchar el timbre de la puerta.
Al abrir la puerta se encontró a Zelena, que se echó a reír al ver las pintas de la hermana.
—¡Estás horrible!— dijo la pelirroja
—¿Llamas a la puerta de mi casa y encima esperas que te invite a entrar después de decirme eso?
—No seas boba, sabes que siempre estás linda— forzó un tono seductor y le dio una palmada en las nalgas a Regina, que se echó a reír.
Zelena entró y saludó a Henry con un beso en la cabeza.
—Hey, querido, ¿por qué no te lavas las manos y dejas eso que mañana lo terminamos, hum?— sugirió Regina
—¡Está bien! Entonces, ¿puedo jugar con mis juegos?— pidió juntando las manitas, en forma de súplica
—Sí, puedes— dijo suavemente y sonrió al ver al hijo saltar de alegría.
Las dos hermanas caminaron hasta el baño de Regina, donde esta se limpió y se cambió, echándose después en la cama al lado de Zelena.
—Hoy vi a tus alumnas a la hora de la salida. Estaban todas charlando sobre las ropas del espectáculo, pero toda la atención estaba puesta en Emma. Hablaban de lo hermoso que era su vestido— dijo Zelena
Al recordar a Emma, Regina sonrió de oreja a oreja sin darse cuenta.
—En realidad ella es hermosa
—¿Qué?— Zelena frunció el ceño y le tiró a la cara la almohada.
—¡Eh! ¡Eso duele!— se quejó
—He dicho que estaban hablando de lo hermoso que era el vestido, no ella— dijo con una sonrisa maliciosa, haciendo que Regina se encogiera en un canto de la cama —¿Qué te está pasando, Gina?
—No lo sé, pero ella no sale de mi cabeza. Y lo más frustrante de todo es que no sé por qué. Solo tengo ganas de estar con ella, de hablar con ella, de mirarla…De tocarla. Es como si solo quisiera estar con ella. Todo el tiempo— Regina hundió la cara en la almohada —No sé por qué me está pasando esto, Zelena
—Bueno, yo lo sé. Estás perdidita por Emma Swan. ¡Oh, Dios! ¡Y nuestras tías siempre creyeron que era yo a la que le gustaría la carne y el pescado!
—¡Zelena! ¡No!— gritó —¡Lo primero, estás hablando como una adolescente! ¡Carne y pescado! ¿De verdad?— reviró los ojos —En fin…No sé, Zel. La admiro mucho, ya lo sabes. Es una gran bailarina, es inteligente, se lleva bien como mi hijo…
—Es hermosa, puebla tus pensamientos, hace que tu corazón se acelere y todo a tu alrededor deje de existir…Sí, lo sé. Síntomas de la pasión, lo llaman.
—Cierra la boca
—Hermanita, ¿sabes qué es peor que te guste alguien y no ser correspondido?— preguntó, sin obtener respuesta —Que te guste alguien y que no lo admitas para ti misma
—No es cuestión de no admitir, Zelena. Es de aún no haberlo descubierto. De no saber.
—Bueno, ya lo sabrás— dijo atrayendo a su hermana hacia su regazo y acariciando su cabello —Ahora, ¿por qué no resolvemos algunas cosas del espectáculo y pasamos el resto de la tarde viendo reality shows?
—Está bien— esbozó una sonrisa débil y cogió su portátil para comenzar con el trabajo.
En casa de Swan, la joven tomaba un baño mientras sus pensamientos estaban centrados en Regina. La forma en que la había tocado, tan suavemente. La chispa que notó desprenderse de su cuerpo cuando sus pieles se tocaron, causando un temblor en sus piernas y rápidas palpitaciones en su corazón.
Salió del baño enrollada en una toalla y caminó hacia su cuarto, donde observó la bolsa de la papelería por la que había pasado después de las clases. Había ido solo a comprar unos bolígrafos para Mina, pero acabó comprando un diario para ella misma.
Aún con gotas de agua sobre los hombros, Emma se sentó en su escritorio y abrió el pequeño cuaderno, dejando que su mano, que sujetaba el bolígrafo negro, respondiera y se desahogara por ella.
"Querido diario…¿Acaso debo de verdad escribir esto? ¿Igual que en las películas? Ah, que sea lo que tenga que ser. En fin, te compré hoy cuando estaba de regreso de las clases de ballet. Los girasoles de tu portada me atrajeron. Adoro el amarillo. Es un color feliz.
Nunca en toda mi vida pensé en anotar lo que me pasaba en un pequeño cuaderno, pero me veo sin opciones. ¿Puedo contar contigo? ¡Dios, me siento como si tuviera doce años!
Amo el ballet. Siempre lo amé. Es una de las pocas cosas en esta vida que me hace feliz de verdad. Me gusta estar de zapatillas, me gusta dejar que mi cuerpo se balancee al ritmo de la música…Me gusta lo que el ballet me da. Absolutamente todo. Y, bueno, actualmente diría que también me está gustando la relación con la nueva profesora que el ballet me ha traído. Para ser sincera, el primer día de clase, pensé que no ella no me caería bien ni un poquito, al final, se comportó un poco…grosera. Pero los días fueron pasando y acabé conociendo a alguien que se convirtió en un enorme lazo de amistad entre las dos: Henry. Él nos acercó. Me hizo conocer un lado de Regina Mills que nunca imaginé que existía. Un lado cariñoso. Puedo recordar con facilidad todas las sonrisas sinceras que ya he recibido de ella. Y también de algunos toques. El problema de todo esto es…¡que no sé qué Diablos me está pasando! ¿Por qué mi corazón se acelera ante su presencia? O mejor dicho, ¿por qué siento la necesidad de su presencia? ¿Dios, qué mierda hay de equivocado? Joder, sé que no debería haber escrito "Dios" y "mierda" tan cerca. ¿Por qué no he escrito con lápiz en vez de con bolígrafo? ¡Así podría borrar! Ok, volviendo al tema…Regina Mills no sale de mi cabeza. ¿Es todo esto muy loco? Ella está proporcionándome sentimientos y emociones que en veinte años no he sentido. ¿Admiración? Quizás. Pero no sería eso lo que mi amiga Rose diría. Ni Killian. Y es por eso precisamente que no quiero contárselo a ellos. Estoy huyendo de lo que puede ser verdad para poder descubrirlo por mí misma.
MIERDA. No tengo nada más que decir. O que escribir. ¿Cómo hago para experimentar de nuevo esa sensación maravillosa de ella tocándome el cuello y la nuca? ¡ .Mío!
Ya basta por hoy. Creo, por hoy, que ya he sacado para afuera y volcado en ti mis turbados pensamientos.
Y tu nombre será…Bee"
