Esta nueva actualización llegó más rápido de lo que pensé y déjeme decirles que está recién salida del horno. Ahora profundizaremos un poco más en el personaje de Minato espero lo disfruten, por que después de este capítulo veremos el caos desatado en la terrible Noche Roja.
-11-
Brighella.
—Es necesario que te diga la verdad. Tienes que saber sobre tu ascendencia…
—Lo sé todo.
—¿Lo sabes?
—Sí, por eso… no se preocupe, no guardo ninguna clase de rencor, al contrario, le estoy agradecida.
—Te dejé y desapareció por mucho tiempo.
—Sí… pero tenía otras cosas de las cuales preocuparse, ¿No es así?
—Eres una buena mujer… y yo un hombre terrible.
…
—"Héroes y Traidores, biografía breve de sus personajes: Conocidos por sus cadetes como el General Rayo, Minato Namikaze fue un hombre que marcó una tendencia en las generaciones futuras en los centros de entrenamientos militares de este país. Se desconocen sus orígenes, dado que el mismo nunca tuvo la certeza de admitir, más se estima proviene de una familia humilde sólo integrado por él y su padre, pues en ocasiones se vio a este condecorado militar hablar abiertamente del hombre que lo crío. Ingresado a las filas del ejército real en su tiempo rápidamente se convirtió en un recluta de grandes actitudes. Destacando con sus escasos 15 años de edad, la mínima para aceptación en las filas de reclutamiento, graduándose a los 18 años como el resto de sus compañeros, fue imposible no verlo como un ejemplo a seguir. Ascendiendo con el rango de Cabo al salir de la academia por sus buenas notas y habilidades. Fue participe en múltiples batallas a nombre de la corona, logrando hazañas importantes que darían innumerables victorias al país. Se convierte finalmente a las 20 años en Mayor, aunándosele a esto mismo la tarea del manejo de las fuerzas de infantería en batalla de campo y de especialidades. Tras dos años de un adecuado manejo y comportamiento insuperable, es condecorado por la corona con el puesto de Teniente.
No fue hasta su mayor victoria, contra las fuerzas invasoras del norte, que el Teniente se convertiría en Coronel. Es a este personaje al que se le atribuyen victorias y servicios posteriores, de las cuales las más famosas fueron en la frontera norte contra Kokka, el manejo estratégico de un pelotón que ayudó a salvaguardar a una ciudad entera en la erupción del volcán Soneto, así como la condecoración por parte del mismo rey al participar exitosamente en los ejercicios de reforzamiento y reclutamiento en Belliccia. Finalmente, Minato Namikaze es ascendido a General a la edad de 30 años por sus múltiples valores y servicios.
No obstante, a pesar de tantos trofeos y buenas referencias, no es hasta la Semana Sangrienta, que se revela la verdadera identidad de este prodigioso soldado. Siéndole atribuida como primera instancia el asesinato de la familia real y Uchiha, como un intento de golpe de estado en compañía de un proyecto aparentemente secreto, nuestro gallardo personaje se convierte en el peor traidor a la patria…" –Hinata detuvo su lectura, Neji acababa de entrar a la habitación.
—Hinata-sama…
—Dis-Discúlpeme Neji-nisan, estaba… distraída.
—Sí pude verlo. ¿Qué leía?
—Ah, es una biografía de un viejo general de estado… - se apresuró a ocultar lo que leía, sabía que su primo no se sentía particularmente contento cuando de política se trataba.
—No pensé que le interesaban esas cosas…
Lo cierto era que no, pero ese día se había despertado con un inusual deseo de leer algo referente a la Semana Sangrienta, que simplemente tomó el primer artículo que encontró, siendo éste una premisa sobre los personajes participes de dicha batalla, siendo el más llamativo para ella tras ver una foto del mismo, Minato Namikaze.
No quería admitirlo, pero ese hombre le recordaba mucho al pequeño Bambino.
…
—¿Mi padre? – Naruto alzó una ceja ante el relato de Kakashi. —¿Era tu mejor opción, maestre?
—Aunque no lo creas, Naruto. El General Rayo era temido y respetado en el ejército.
—¿General Rayo? Suena como algo que el viejo Pantaleón se inventaría. – despreció con un mohín.
—Según dicen los rumores, Rayo era un apodo debido a su impresionante velocidad y estrategias. Tenía una mente brillante y podía encontrar soluciones a problemas difíciles en poco tiempo. –explicó Sasuke con voz monótona.
—Vaya, ustedes parecen conocerlo mejor que yo. –gruñó con evidente pesar y molestia. No se equivocaba, Minato había pasado más tiempo en el ejército que siendo su padre. Los otros presentes no insistieron en hacer algún comentario, Kakashi simplemente carraspeó.
—El General Namikaze era un hombre muy hábil. Además, sabía que podía confiar en él… - suspiró, los jóvenes alzaron una ceja. —El día que se hizo pública su ejecución no vi esperanzas para el resurgimiento de un grupo de soldados que pudieran ayudar a detener los planes de los altos mandos.
—Por algo se le conoció a ese evento la semana sangrienta. –dijo Sasuke con seriedad pero al mismo tiempo sarcasmo.
—¿Qué es la Semana Sangrienta? –los militares le miraron con extrañeza. —Oigan, no me miren así, no sé mucho de política como ustedes.
—Ciertamente en el circo de los Hermanos Remolino no se habla muy comúnmente de estos temas. – explicó Kakashi, pues Sasuke continuaba incrédulo. —La Semana Sangrienta, Naruto, fue un evento decisivo en el país. – miró de soslayo a Sasuke. —Durante ese periodo se cometieron los actos más despreciables contra una parte del ejército real, la familia real y personas allegadas. Se cometió el golpe de estado y una purga por parte de los altos mandos.
—¿Un genocidio masivo? ¿Es en serio? – Naruto se veía perturbado.
—Así es. En el transcurso de una semana se originaron los peores asesinatos en masa promovidos por el nuevo gobierno. Según se planteaba, se tomaron varios soldados como chivos expiatorios y otros simpatizantes de mi maestro para condenarlos por supuesta traición.
—Entonces… ¿Es cierto lo que dicen de mi padre? ¿Él realmente traicionó su país?
—No. – Kakashi arrugó en el entrecejo. – La realidad es otra. – recordarlo le dolía. —Fue rápido… ni siquiera teníamos oportunidad, pero aun así creí que sería posible…
…
Minato miró a Kakashi como si acabase de contarle una historia de terror. El hombre de los cabellos plateados reposaba intranquilo en la cama de su viejo profesor. Se le veía pálido, incrédulo y asustado.
—¿Estás seguro? – fue la única pregunta que pudo hacerle, el hombre asintió.
—Maestro, necesito apoyo.
—¿Cuál es tu plan? ¿Qué es lo que pretendes exactamente?
—Voy a matar a los inventores. – se le veía muy convencido, casi como un demente. —La investigación está a salvo en un lugar que nadie encontrará, pero con Akasuna Sasori vivo, es cuestión de tiempo para que pueda crear un arma igual o más potente.
—¿Cómo puedes estar tan seguro que se hará el golpe de estado? – suspiró Minato. —Dios, no te veo en años y lo primero que dices es que toda la estructura política de la nación caerá en manos de unos perros hambrientos de poder.
—Es algo muy bien resguardado, pero puedo apostar que incluso usted ha escuchado los rumores sobre el proyecto Scaramuccia.
—Scaramuccia. –Minato casi saboreó la palabra. —Sí, he escuchado esa palabra, pero no es más que eso, simples tonterías inventadas… ¿O no?
—Soy la prueba viviente, general. Posiblemente de los últimos de la brigada CDA 92.
—¿Por qué no mejor descansas? – se sentó en un silla a su lado. —Hablaremos de esto mañana.
—Maestro. – lo tomó del brazo antes de que se levantara de la silla para ir a algún otro lado. —Por favor, tiene que confiar en mí. Es el único a quien podría confiarle este secreto… - vio el estrés en sus ojos.
—Descuida, Kakashi. – se zafó de su agarre. —Descansa, todo estará bien. – caminó hacia la salida.
—¿A dónde va, maestro?
—Necesito tomar aire. –excusó y finalmente salió por la puerta.
La mañana vino más rápido de lo que le hubiese gustado. Consiguió dormir en el suelo y se levantó al alba como era su costumbre. Kakashi estaba profundamente dormido en su cama, después de su charla y salir para tomar aire fresco, Minato lo encontró postrado y en un sueño profundo.
No comentó a nadie sobre su encuentro con su viejo alumno, incluso si cuando los otros oficiales le preguntaron sobre el asunto, él simplemente negó todo. No obstante, lo que prometía ser un día normal cambió radicalmente la perspectiva del General.
Llegó, con sorpresa, el General Shimura, veía junto a un escuadrón de soldados, aparentemente para supervisión del campus de entrenamiento. Al verlo llegar y sin previo aviso, Minato insistió a los cadetes que se formaran para recibir al veterano.
—¡Atención y firmes! – pidió Minato y a su voz un sonido uniforme se extendió cuando todos se pudieron rectos. Shimura caminó junto a sus acompañantes inspeccionando la postura y receptividad de los jóvenes.
—¿Cuál es su nombre, cadete? – preguntó a un muchacho de tez blanca, cabello negro y grandes ojeras que se mantenía a la cabeza de la formación, a su lado, otro chico similar pero con el cabello más recortado le empujó levemente para que respondiera.
—Uchiha Itachi, señor. – contestó con monotonía, ni muy fuerte ni muy bajo.
—¿Uchiha? – Danzo miró al que estaba a su lado. —¿Y tú, cadete?
—Uchiha Shisui, señor. – él contestó con más solemnidad.
—¿Ambos son hermanos?
—No señor, somos primos. – respondió de nuevo el joven. Minato observó con especial atención el cómo los miraba el veterano. Kakashi le había dado nombres y Shimura Danzo perfilaba entre ellos. Se sentía ansioso… ¿Por qué sospechaba que su visita no era más que una excusa para buscar a Kakashi o reclutar a otros soldados?
—La familia Uchiha se ha destacado con los años como una excelente proveedora de soldados. – dijo deliberadamente y Minato se tensó más. Eso pareció molestar a Itachi, quien frunció el ceño. —¿Acaso dije algo que le molesto, cadete? – el hombre notó la actitud de Itachi.
—No, señor. –respondió éste.
—Hmp. – dio media vuelta para acercarse a Minato. —General Namikaze, tengo entendido que usted es el líder de todo el regimiento. Ha hecho un buen trabajo con éstos jóvenes. ¿Ellos en qué grado de adiestramiento están?
—En el tercero, señor. Están por terminar.
—Hmm, parecen disciplinados, aunque… ese muchacho, Uchiha Itachi, ¿No le causa problemas?
—De ninguna manera, señor. Es un joven aplicado.
—Ah, General. – suspiró mientras palmaba su hombro. —Es un hombre muy benévolo, ¿No es así? – Minato sonrió ligeramente y se encogió de hombros.
—Hay que ser paciente con los muchachos, es todo señor.
—Sí, claro. – carraspeó. —¿Podemos hablar en privado, General? Hay algo de absoluta discreción que tengo que comentarle.
—Por supuesto, pasemos a mi oficina. Cadetes, pueden regresar a sus actividades. – todos dieron un paso al frente mientras respondían al unísono a la orden.
Llegaron a su habitación y antes de entrar Danzo les susurró algo a sus acompañantes, sólo uno se quedó con él. Minato les pidió su asistente, uno de los sargentos a su servicio que les diera espacio. Uno vez ahí tomó asiento, estaba tenso, no podía disimularlo bien, las palabras de Kakashi lo carcomían por dentro.
—¿Se encuentra bien, General?
—Sí, señor. – fue a un dispensador de agua para tomar con avidez. —Disculpe, hoy no me siento muy bien… del estómago.
—No se angustie, no será una charla larga. – carraspeó de nuevo para aclarar su voz. —Lo cierto es… que estamos teniendo un problema en la capital.
—¿Le sucedió algo al rey?
—Oh, no, su majestad se encuentra bien.
—Ya veo. –Minato se recargó hacia atrás en su silla.
—Hiruzen, eh, quiero decir el General Sarutobi me dijo que usted es una persona razonable y confiable.
—¿Sarutobi-san dijo eso? – sonrió complacido. —Tengo mucho que no lo veo, ¿Se encuentra bien?
—Sí, él está bien. – Danzo se sintió una especie de mensajero. —El asunto es, general, que necesito discutir con usted una cuestión de seguridad nacional.
—Puede decírmelo, señor. Guardaré discreción.
—Me complace escuchar eso. Se trata de un traidor.
—¿Un traidor?
—Sí, no sé si usted pueda conocer el nombre de Hatake Kakashi.
—Por supuesto, ¿Qué pasó? – una punzada vino a su mente, Kakashi estaba en su regimiento y los acompañantes de Danzo se habían ido a quien sabe dónde, lo más probable es que estuvieran buscándolo. Las dudas de Minato comenzaron a aclararse para su mala suerte.
—El Coronel Hatake Kakashi estuvo desaparecido por tres años. Haciendo acto de presencia en la capital en contadas ocasiones, cuestiones que le valieron su ascenso. Sospechamos que él podría estar implicado en una especia de… traición en conjunto con Borseis.
—¿Borseis? Pensé que habíamos hecho tratados con ellos.
—Nunca los han respetado, hasta hace poco tuvimos una infiltración en Gallade.
—Eso fue… hace tres años. – reclamó Minato.
—Ah, sí, pero sus soldados continúan invadiendo en pequeños números el país.
—¿No se trataban de simples inmigrantes? – alzó una ceja y con ello Danzo pareció verlo con cierta precaución.
—Ha estado mucho tiempo metido aquí, General. Permítame informarle con mayor claridad. – Minato pudo reconocer la mirada hostil que le profería Shimura.
—Lo siento, tiene razón. – aclaró su garganta. —Regresemos al tema de Hatake Kakashi si no es molestia, ¿En qué le puedo ayudar?
—Sí, bueno… - el hombre miró un momento a su acompañante, el soldado asintió y salió por la puerta para posarse detrás y vigilar. —General, sospechamos que el joven Hatake ha dado información valiosa al enemigo. Hace apenas unos días lo encontramos en la capital con suficiente material incriminatorio, el rey pidió su encarcelación y éste ha escapado de prisión. Tengo entendido que él fue uno de sus cadetes.
—Conocí a Kakashi cuando era un adolescente, no puedo creer que él sea haya convertido en un espía enemigo.
—Todos estamos conmocionados, General. Por tal motivo, tenemos creencia de que puede estar oculto en los alrededores.
—No he visto nada anormal últimamente, pero sí llegara a verlo levantaré un informe.
—Me agrada escuchar eso, sé que usted es confiable y hará lo correcto, pero dado que ha sido una orden real no me queda más remedio que colocar vigilancia en los alrededores.
—¿A qué se refiere?
—Los oficiales que me acompañan se harán cargo de cuidar las entradas y salidas de toda la academia, espero no sea una molestia para usted y sus cadetes.
—No, claro que no. – entrelazó sus manos frente a su rostro. —Kakashi era un buen chico, me resulta muy difícil creer lo que dice…
—Lo sé. Tenía muy buenas recomendaciones y según me han informado era un alumno brillante.
—Sakumo-san fue mi superior y me enseñó muchas cosas… esto es… desconcertante. – cerró los ojos con tensión, estaba sudando. —Lo siento, General. Me ha tomado por sorpresa.
—Descuide. – se levantó. —Tengo que dirigirme al próximo regimiento, se quedará a supervisar su búsqueda y vigilancia el Teniente Coronel Bozu, espero lo traten con amabilidad.
—Por supuesto. – le dio la mano. —Le agradezco su tiempo, General.
—Lo mismo digo. – caminó directo a la salida. Al irse Minato cayó nuevamente en su silla, soltó todo el aire y después miró por la ventana.
—Itachi, Shisui, salgan, sé que han escuchado la conversación. – a su voz los dos muchachos se irguieron, ambos bajaron la cabeza apenados.
—Me disculpa, General. – dijo primero Shisui —Ha sido mi idea.
—Lo sospeché. – suspiró. —¿Qué tanto han escuchado?
—Todo, señor. Lo lamentamos. – ahora dijo Itachi.
—Entiendo… - Minato se acercó a ellos. —Los dos son excelentes soldados y juró que tienen más valores que todos los altos mandos juntos. Entren, tenemos que hablar. – los dos muchachos hicieron lo que les pidió. Una vez adentro se encargó de verificar que el soldado de antes no estuviera cerca. Después suspiró. —¿Y bien? – los jóvenes se miraron entre ellos. —¿Qué piensan de todo esto? – si había algo que caracterizaba a Minato era su consideración, el sujeto era querido por todos debido a esta cualidad.
—Si me permite, General. – habló primero Shisui. —Me parece sospechoso el hecho de que necesiten soldados experimentados para vigilar el lugar. Es decir, ¿Qué tan peligroso puede ser un solo hombre? Además, según parece estamos en guerra con Borseis sin si quiera saberlo. – Shisui era brillante y su capacidad de discrepar igual. Minato asintió.
—Comprendo sus dudas. Itachi, ¿Tienes algo qué decir?
—No me dan buena espina. – admitió el muchacho.
—Ni a mí. – Minato suspiró. —Chicos, ustedes son de mis mejores soldados. Les puedo asegurar que harán orgullosas a su familia debido a su desempeño, por ello les encargaré una misión exclusiva. – los dos chicos se miraron entre ellos.
—Cómo usted ordene, General.- alabó Shisui e Itachi asintió, no le quedaba más opción que cooperar.
—Mantengan vigilados a esos hombres. Si pueden averiguar sus verdaderas intenciones o algo extra, eso me serviría para dar un veredicto ante todo esto.
—Sí, señor. – los jóvenes le saludaron con una pose militar.
—Sean discretos. –dio por terminada la sesión.
Para cuando Minato volvió a encontrarse con Kakashi éste estaba de pie y revisaba sus heridas en absoluto silencio.
—Kakashi. – Minato se sentó a su lado, había pasado las cortinas a su habitación para que nadie lo viera. —Empiezo a creer que lo que me has contado no es una simple paranoia. – el joven alzó una ceja. —Shimura estuvo aquí. – a la mención de su nombre el hombre se puso muy tenso.
—¿Qué le dijo?
—Que eres un espía de Borseis y te busca debido a tu alta peligrosidad.
—Pudieron haber dicho cualquier otro país, Borseis no ha tenido problemas con nosotros desde hace tres años. – lo sabía, Kakashi había interceptado a algunos soldados durante ese periodo, antes de su reclutamiento.
—Hmm, la verdad es que a mí también me pareció extraño. – hablaban en voz sumamente baja. —Se encargó de establecer un perímetro, no puedes por nada del mundo salir de esta habitación. Trajo consigo oficiales de alto rango.
—Ya veo.- por un momento se sintió poderoso. Danzo estaba siendo precavido y no había por qué decir que era exagerado, Kakashi había sido entrenado en varias técnicas de asesinato y defensa personal, era obvio que en un estado de salud optimo el tipo sería lo suficientemente capaz de acabar con un escuadrón entero si se le daba la oportunidad.
—Le he pedido a dos de mis mejores estudiantes que mantengan un perfil bajo y los vigilen.
—¿Estudiantes? – Kakashi le miró desconcertado. —¿No sería mejor que fuesen oficiales aliados, maestro?
—Créeme, Kakashi, estos chicos son tan buenos como un oficial. Confío en ellos.
—Deben ser en verdad buenos, para que los halagues de esa forma.
—Son Uchiha.
—Como Obito.
—Así es. Ellos confían en mí, son talentosos, creo que podrán con esto. Además no podemos saber que tan grande sea la red de ese hombre, probablemente tenga más aliados que sólo los de la brigada Scaramuccia.
—Tiene razón. – Kakashi apreció su herida, él mismo se había encargado de sacarse la bala y cerrar con hilo y aguda. Lo verdaderamente sorprendente de todo esto era la capacidad de resistir el dolor, otro dote dado por su entrenamiento físico y psicológico.
—Permanece aquí, Kakashi, ya veremos que traman.
—Maestro. – lo llamó con serenidad pero a la vez intriga. —Me da pena admitirlo, pero quisiera solucionar esto lo más en solitario que pueda. No quiero arriesgarlo.
—No bromees conmigo, Kakashi. Si viniste a buscarme es porque sabes que esto no será fácil. – sonrió y colocó una mano en su cabeza, acariciándole como cuando era tan sólo un cadete en entrenamiento. —Déjame analizar la situación y trazar un plan. Eres mi amigo, no te dejaré solo. – aquello lo conmovió enormemente.
—No tiene por qué. – bajó la cabeza. No iba a llorar, porque después de tanto no se sentía con el coraje para hacerlo, pero sin duda le hubiese gustado.
—Ya te lo dije… - sonrió aún más. —Eres mi amigo y mi estudiante. No quiero cometer más errores con ustedes…
—¿Lo dice… por lo que pasó con Rin? – pudo apreciar la tristeza en la expresión del General.
—Pude haberlo evitado. – cerró los ojos de tan solo recordarlo. —Tsunade-san nunca me lo echó en cara pero… sé que no me ha perdonado.
—Lamento hacerlo recordar eso maestro. Yo también estuve ahí, pude haber hecho más por ella.
—Esa batalla me dio el puesto de coronel, pero para mí fue un título vacío… - apartó la mano de Kakashi. —Descansa, Kakashi. – salió de la habitación.
Rin Nohara había sido una jovencita muy talentosa. Habiéndose adiestrado como enfermera militar, la chica era bastante fuerte como un soldado, sabía mucho de médica convencional y era una buena peleadora. Ingresó a la academia militar por recomendaciones y fue personalmente Minato quien se encargó de su educación táctica. Era la única mujer en graduarse en toda la historia del regimiento desde que se graduó, por eso que era tan especial para sus compañeros.
Cuando entraron en servicio los tres: Kakashi, Rin y él, se vieron implicados en una batalla que le valdría un ascenso a Minato pero al mismo tiempo una gran pérdida. Rin se había sacrificado por sus compañeros cuando el enemigo se encargó de acorralarlos, decidida a darles una segunda oportunidad, la mujer impidió que mataran a su maestro usando su cuerpo como escudo. El resultado de esto fue lo que había previsto, Minato se alzó para pelear y Rin Nohara murió en los brazos de Kakashi mientras les pedía que se cuidaran mucho, ya que ella no podría hacerlo. Fue una terrible tragedia para ellos, puesto que de todos sus compañeros tanto Obito como Kakashi y Minato, por supuesto, habían sido bastiones durante sus años de entrenamiento. Minato nunca superó por completo su muerte y era por tal motivo que siempre ponía especial atención en el cuidado de sus estudiantes, se sentía responsable de protegerlos a toda costa debido a la desgracia que había sufrido.
Las cosas pasaron como debieron de ser. Kakashi comenzó a recuperarse, cada día estaba más fuerte y era capaz el soportar el encierro. Se dijo en varias ocasiones que era irónico el escapar de una prisión para entrar a otra, mas no se pudo quejar. Todas las noches Minato hablaba con él y le llevaba la cena. Salvo la vigilancia estrecha no había surgido nada que lamentar hasta que finalmente fueron los dos Uchiha quienes dieron el primer paso.
Ya habían pasado dos semanas desde la inclusión de lo oficiales de la capital. Los otros comandantes los cuales se encontraban bajo el mandato de Minato se cuestionaban en contadas ocasiones sobre la presencia de aquellos hombres, a lo que el General implemente le aseguraba debían tener paciencia, pues era un operativo por parte de la corona.
El día en el que Minato terminó por convencerse fue después de un incidente.
Itachi y Shisui había provocado una pelea a propósito. Lo que parecía ser una falta de respeto en realidad era una forma segura de explayar sus sospechas. Itachi fue el incitador, se había parado un rato frente al Teniente Coronel Bozu, el emisario de Danzo y tras desobedecer órdenes directas de que se retirara su labios deletrearon casi con placer una palabra.
—Scaramuccia. – dijo Itachi y lo que vino a continuación fue una reacción violenta. El hombre miró a todo lado y lo tomó del cuello de la camisa.
—¿Qué has dicho? – musitó iracundo.
—¿Qué no escuchó bien? – pasó su lengua por sus labios.
—¿De dónde escuchaste esa palabra? ¿Quién te la dijo? – presionó contra una pared de madera de una barraca.
—¿Entonces es real? –Itachi sonrió. —¿Por qué un hombre tan bien entrenado reaccionaría de esa forma al escuchar esa palabra? –no hubo control, el oficial lanzó a Itachi al suelo y dio media vuelta, pero entonces lo escuchó reír, el Uchiha sabía que con esa reacción acababa de confirmarle lo que él quería.
—Ustedes lo tienen escondido. –dijo Bozu y lo alzó de nuevo, pero esta vez Itachi le arrebató la mano con un golpe.
—No me toque, Teniente. – bufó, ya estaba harto de verlo actuar tan altanero.
—Teniente Coronel para ti, estúpido. – y una cosa llevó a la otra, Itachi se defendió y a la prontitud Shisui se unió a la lucha, quien no estaba muy lejos. Era un hombre fuerte, no había duda, seguramente entrenado por los métodos de Danzo, pero contra dos genios era simplemente difícil. Finalmente y como era previsto los dos muchachos ganaron ventaja y sometieron al oficial, dejándole en el suelo repleto de tierra y humillado. Se habían ganado algunos golpes, pero verle la cara inflamada y el labio roto al hombre de traje era mejor.
Entonces se alzó y les apuntó con su arma individual, los jóvenes se pusieron alerta, estaban desarmados y por más fuertes que fuesen una bala bien podría matarles en el acto.
—Ahora no son tan rudos, ¿Eh? Ustedes los Uchiha se creen que están por encima de todos… - apretó la empuñadura con evidente furor. —Debería ahórrame tiempo y matarlos de una vez. – Itachi alzó una ceja, sentía que esas palabras querían significar algo oculto.
—Baje esa arma. – Minato sostuvo con fuerza la muñeca del oficial, quien le miró indignado.
—Ellos comenzaron, no tiene por qué defender a dos cadetes desalineados. – estaba fúrico y hambriento de sangre.
—Le he dado una orden, soldado, baje el arma ahora.
—General Namikaze, es usted un cobarde.
—¿Qué ha dicho? – Shisui se molestó ante esto, su temperamento tranquilo tenía baches a veces. Minato le miró un segundo y él retrocedió.
—Le he dicho… ¡Que baje esa maldita arma! – Minato no sólo era famoso por su intelecto, era un luchador nato y sólo le bastaron dos golpes para arrebatarle la pistola y tirarlo al suelo. Ni siquiera pudo preverlo, fue muy rápido. Entonces lanzó el fusil al suelo.
—Su comportamiento es inaceptable, General. – reclamó con un deje de superioridad el oficial y Minato frunció el ceño molesto.
—Quiero que usted y sus hombres salgan de mi regimiento, ¡Ahora! – la voz del general retumbó en todas las barracas.
—¡No está autorizado para hacernos esto! – reclamó el otro. —Recibimos nuestras órdenes directo de la capital, su autoridad no es…
—¡Silencio! –su voz fue opacaba por la de Namikaze. —Me importa un bledo sus prioridades, soldado. Usted es Teniente Coronel y yo General, mi jerarquía es superior, está desobedeciendo a un oficial de alto rango, usted mismo es insubordinado. No soporto la imprudencia y a los idiotas que no conocen su lugar. Saldrán de mi regimiento de inmediato, es una orden directa.
—El General Shimura se molestará por esto.
—Si el General Shimura tiene algo que decir que venga ante mí. – sus palabras dejaron sorprendidos a los otros soldados, quienes se acercaban por el escándalo.
—Le advierto, General Namikaze, mis órdenes provienen… -calló inmediatamente cuando Minato desenfundó su propia arma y le apuntó a la cara.
—Si su escuadrón no sale por las buenas tendré que sacarlos a tiros… y le advierto, tengo muy buena puntería. – lo último sonó a una parodia de lo que él tanto profesaba.
—No lo haría. – desafió deliberadamente y sintió una onda caliente que zumbaba cuan enjambre de abejas. No tardó en percatarse de que le hacía falta vello en su patilla derecha y el pequeño agujero causado por la bala.
—El próximo irá entre los ojos si no se largan de aquí. – ante su rigidez no le quedó más opción que levantarse y llamar a sus compañeros. Cuando los oficiales salieron por la puerta principal los cadetes corearon el nombre de Minato. Pero el militar permaneció en silencio, se giró a sus estudiantes y les tendió la mano.
—General, nosotros…
—Vengan a mi habitación. – interrumpió a Itachi y caminó pesadamente allá, ignorando las preguntas de los ojos oficiales. Los chicos le siguieron, para cuando llegaron a la habitación prometida y Minato la abrió esta estaba perfectamente ordenada. Tomaron asiento y con ellos Minato, soltando un gran suspiro. —Puedes salir, es seguro. – habló en voz alta, entonces emergió desde el baño y con un ligero cojeo el hombre que tanto buscaban los altos mandos.
—¿Quién es él? – apuntó sin ninguna clase de respeto Shisui, más sorprendido que atento a los protocolos.
—Más respeto, cadete. – espetó Kakashi con una voz firme. —Soy el Coronel Hatake Kakashi.
—¿Coronel? – los muchachos se vieron entre ellos y después asintieron, saludaron en pose educada.
—Tranquilos todos, Kakashi, no seas tan rudo, usualmente eres muy relajado. – Minato sonrió tras el periodo de tensión.
—Está bien maestro. ¿Ellos son de fiar?
—Te presento a Uchiha Itachi y Uchiha Shisui, mis mejores estudiantes de esta generación. – los jóvenes asintieron ante la voz de su general. —Sin embargo creo que confié demasiado en unos niños. – Minato les miró acusador.
—Lo sentimos mucho, General. – estaban golpeados y maltratados, pero eso no arruinaba su porte.
—He sacado a los oficiales que te buscaban, Kakashi. Itachi tuvo un altercado con ellos. Lo vi todo. – dijo cuando les vio confundidos. —Te creo ahora. – los ojos de ambos militares se entrecruzaron. —Shimura Danzo está tras algo y tal y como lo dijiste, Scaramuccia es la palabra que menos desean escuchar. Sólo será cuestión de tiempo para que más oficiales lleguen al regimiento y lo registren de pies a cabeza.
—Comprendo. – Kakashi miró a los jóvenes y después a Minato. —Creo que debo irme entonces, maestro.
—Yo no me aventuraría tan rápido, necesito respuestas y sé con quién conseguirlas.
—¿Señor?
—Como te dije es sólo cuestión de tiempo para que me manden llamar de la capital, si el asunto es tan grande como lo señalas, es un hecho. Lo más probable es que en este momento ya estén enviando el telegrama para reportarme. Sin embargo, yo también conozco gente… y hay un hombre que puede aclarar todo de una vez por todas.
—¿A quién se refiere, maestro?
—Sarutobi Hiruzen. – Kakashi sintió que el estómago se le revolvía, el nombre de Hiruzen iban muy de la mano con todo el asunto del proyecto Scaramuccia, de sólo recordarlo le causaba malestar.
—No he hablado con el General Sarutobi desde hace mucho, ¿Cree que él sería lo suficientemente honesto con usted? – Kakashi se veía asustado.
—No se me ocurre otra cosa.
—Entonces lo acompañaré.
—No, eso implicaría que regresaras a la capital, sería muy riesgoso.
—No lo dejaré solo con esto, maestro.
—¿Podemos ayudar en algo? – interceptó Shisui, los dos Uchiha se sentían fuera de lugar. Los adultos voltearon a ver a los dos pelinegros.
—Deberán mantenerse aquí. No hagan nada tonto, es una orden. – la voz de Minato sonó aterciopelada, estaba tranquilo a pesar de todo.
—General. – llamó Itachi. —Ese hombre dijo algo raro. – los dos adultos le miraron con intriga. —Dijo… sobre matarnos para ahorrarse tiempo.
—Esto no es bueno. – Kakashi lucía terriblemente preocupado. —Están planeando…
—Entonces deberé darme prisa.
—Maestro. – Kakashi lo tomó del hombro al ver que se dirigía al cajón de su ropa. —Tengo que ser honesto con usted, si ellos están listo para declarar un ataque en contra de sus opositores… serán capaces de hacer lo que sea. – miró a los más jóvenes. —Hasta destruir a una generación.
—¿Lo dice en serio, Coronel? – Interrumpió Itachi.
—He visto cómo trabajan y cómo educan a sus soldados, su filosofía es completar la misión o morir. Así fuimos entrenados en la Brigada Scaramuccia.
—Estos sujetos están locos. – Shisui frunció el ceño.
—El poder tiene la facultad de cambiar a las personas. – recitó Itachi. Minato miró a sus estudiantes y meditó unos segundos.
—Tengo que enviar un telegrama. – salió de la habitación con prisa y montó, Kakashi tenía razón, tal vez no estaba seguro de qué pasaba pero tenía que prevenir en lugar de lamentar. Mandó un telegrama a una dirección que sólo él conocía y sabía no le fallaría, ya estaban en esa época del año y lo mejor sería hacérselos saber.
La respuesta llegó rápidamente al cabo de tres días tenía sus maletas listas.
—Haré una parada primero en… cierto lugar, ¿Te adelantarás?
—Sí, maestro. – Kakashi montó en un caballo que él le había prestado.
—General. – Itachi lo llamó, lucía angustiado. —Si se dirige a Belliccia, ¿Puedo pedirle un favor?
—¿Qué pasa?
—Vaya donde mi padre, vea si están bien.
—¿Has pensado en que podría pasarles algo? – nunca lograría ocultarle la verdad, así que el muchacho asintió. —Está bien, cuando llegue a Belliccia te mandaré un telegrama, envía a ese número para comunicarte conmigo, prometo estar al pendiente.
—Se lo agradezco, General. También, ¿Podría entregarle esta carta? – Minato asintió y montó.
…
—Entonces… ¿No vas a decirme qué pasa? – Kushina había hecho una maleta con equipaje ligero tanto para ella como para Naruto. El niño tenía ocho años y corría de aquí para allá en el vagón en donde viajaban. Minato miró a su esposa con pasividad y después tomó su mano para entrelazarla.
—No puedo. – vio como Naruto regresaba a su asiento y bostezaba.
—Tengo sueño, Oka-san, ¿Cuándo llegaremos?
—En una hora más, ven. – le dio un espacio a su lado, Minato estaba fijo en la ventana. —Recuérdate un rato, ya deja de correr o te caerás.
—Pero si no hay nadie y además es divertido por qué se siente como…
—Naruto. – la voz de su padre era tranquila y al mismo tiempo firme. —Disfrita el viaje, relájate al lado de tu madre. ¿Recuerdas lo que siempre te digo, no?
—Sí, debo hacerles caso y no portarme mal, porque si no el viejo del costal me llevará. – se cruzó de brazos mientras hacía un mohín de disgusto, el rubio mayor sonrió y le acarició la cabeza para después deshacerle el peinado que Kushina tanto se había esforzado por hacer. Naruto rio, Kushina lo miró acusadora. —Oh, se ve mejor así. – se excusó él.
Cuando finalmente el niño se durmió Minato dejó escapar un pesado suspiro que Uzumaki no dejó pasar por alto.
—¿Tan grave es… que tengas de escondernos? – los zafiros claros de Minato la observaron con temor.
—Te seré sincero, Kushina… No sé qué proporciones pueda tener el problema, pero de ser lo que estoy temiendo, sería catastrófico.
—Me asustas, Minato. – ella arrugó el entrecejo.
—No tengas miedo, querida. – le dio un beso en la frente. —Con suerte lo solucionaremos.
—No quiero que tengas suerte, Minato. Quiero que tengas éxito y regreses a mi lado, promételo.
—Lo prometo. –ambos se recargaron para descansar, lo último que vio el general antes de cerrar los ojos fue un hermoso pastizal.
…
—Buenos días, soy el General Minato Namikaze. – saludó respetuoso mientras estrechaba su mano.
—Mucho gusto, General. – el hombre frente a él también hizo una pequeña reverencia. —Uchiha Fugaku. ¿A qué debo… este honor? – se le veía confundido.
—Soy el dirigente del regimiento en donde está su hijo, Uchiha Itachi.
—¿Está todo bien? – su postura cambió a una preocupada. Por muy frío que se mostrara el patriarca Uchiha siempre encontraba una forma de velar por su familia.
—Oh, sí, todo está bien. – su rostro se tranquilizó al escuchar eso.
—Es bueno escucharlo. Pase, imagino que lo que sea que quiera preguntarme será más cómodo dentro.
—Es usted muy amable pero no me quedaré mucho tiempo.
—Insisto. – endureció el gesto, Minato reconoció la terquedad genética al instante.
—Está bien, sólo un vaso de agua. –se adentró a la casa y rápidamente lo saludó Mikoto, la esposa del patriarca.
—Es un gusto conocerlo, General. ¿Cómo está nuestro hijo?
—Está muy bien…
—¿Mi hermano está aquí? – casi trotando un niño, aparentemente de la misma edad de Naruto bajó las escaleras de la lujosa mansión. Los Uchiha eran personas de una gran estirpe, siendo descendientes directos de la familia real pero que actualmente se encontraba inactiva de sus actividades nobiliarias.
—Oh, no, Sasuke. – Mikoto le hizo una señal con la mano para que se acercara. —Ven a saludar al General Namikaze, es un superior de tu hermano en la academia.
—Mucho gusto. – saludó de mano y con mucha educación, Minato sonrió recordando espontáneamente a su propio hijo.
—El gusto es mío, Sasuke. – el niño asintió y después se dirigió a su madre.
—¿Puedo ir a mi habitación, madre?
—Adelante. – el chico se fue.
—¿Tiene un mensaje para mí, General? – el líder del clan le miró impaciente al momento que las criadas se encargaban de servir té.
—Itachi me ha pedido que les pregunte sobre cómo están.
—¿Es todo? –el hombre se mostró desconcertado. —¿Me está diciendo que un oficial de su porte ha venido en persona sólo para mandar un saludo por parte de mi hijo?
—Me pidió que le diese esto además. – les extendió el sobre perfectamente doblado y rotulado.
—Es muy gentil de su parte. – Mikoto sonrió complacida mientras la tomaba.
—Estoy intrigado, General.
—Itachi es un buen amigo. – confesó para aumentar más su sorpresa. —Les agradezco por el refrigerio pero tengo que irme.
—Oh, ¿Pero no gusta quedarse al almuerzo? – invitó la matriarca.
—Muchas gracias, señora Uchiha, pero por ahora tengo asuntos que atender. Será en otra ocasión, estaré honrado de aceptar su invitación.
—Está bien, vuelva pronto.
—Lo acompañaré a la puerta, muchas gracias por su tiempo.
—No hay de qué. – Minato se colocó un pequeño sombrero que hasta el momento había traído en las manos. —Que pasen una buena mañana. –sin más subió a su caballo. Se dirigió específicamente a otro lugar en el cual, tal y como había dicho tenía un compromiso.
Sentado en un restaurante en la vía pública, con su traje de oficial esperaba pacientemente el General Sarutobi Hiruzen. Minato sonrió en anticipación y se acercó mientras se quitaba el sombrero.
—General Sarutobi. – Hiruzen elevó la vista al reconocer su voz.
—¡Oh, Minato! – se levantaron para darse un abrazo. —Ha pasado mucho tiempo, hombre. ¿Cómo estás? ¿Qué tal la familia?
—Muy bien, señor. –la camarera les pidió ordenaran y ambos pidieron una cerveza, era más bien una charla casual.
—Cuéntame, ¿A qué debo este placer? – el rostro de Minato enserió. —¿Pasó algo malo?
—Hiruzen-san, ¿Reconoce el nombre de Hatake Kakashi? – por la expresión de mortificación en su rostro la afirmación se contó por si sola.
—Era un buen soldado… pero actualmente desconozco su paradero.
—Él vino a mí… -confesó y pareció que el mismo espació se había roto. Hiruzen le miró con una intensidad inaudita que preocupó a Namikaze. —Estaba herido, maltratado… delgado, casi muerto.
—¿En dónde está? – dijo con rotundidad.
—No lo sé.
—Minato… Hatake Kakashi es una persona buscada… él… bueno, él desapareció y sospechamos de pudo haber sido secuestrado o algo.
—Le agradecería que no me mintiera, General. – la cerveza se derramó cuando éste soltó la botella, el cristal se hizo añicos.
—¿Por qué mentiría?
—¿Le suena de algo… el proyecto Scaramuccia? – esa parecía ser la palabra clave del momento, pues al mencionarla Sarutobi sacó su pañuelo favorito para limpiarla, después miró a todos lados con prisa.
—No digas más, Minato. – revisó que nadie más los viera a excepción de un mesero que se acercaba a limpiar los cristales. —No es el lugar adecuado para que hablemos… - se levantó presuroso. —Te veo al atardecer, en el parque central, al lado del lago. No dejes que te vean llegar. – sin más dejó unas monedas y desapareció entre la multitud, Minato miró desconsolado la partida de su viejo camarada, esto era mucho peor de lo que creyó.
Para cuando cayó la noche, Minato había esperado pacientemente al veterano en una banca de área a los pies del lago. Estaba vacío y casi no había ni un alma salvo la de los patos de nadaban tranquilamente. Miró a muchas direcciones sin encontrarse con su amigo, hasta que finalmente lo vislumbró acercándose cubierto con una gabardina y sombrero, sin su uniforme. Sarutobi se sentó a su lado y dejó escapar un pesado suspiro.
—¿Nadie te ha visto venir?
—No, Hiruzen-san.
—De acuerdo. – dio una última mirada al ambiente y se dedicó a resoplar, estaba tan estresado que su fiel pipa hubiese sido más que bienvenida. —¿Quién te lo dijo?
—Kakashi.
—Umm… - pasó sus dedos por su frente y después acarició su barba. —El proyecto Scaramuccia se trata de algo revolucionario… Una inversión de muchos años que finalmente está consiguiendo dar frutos. – sus ojos se entrelazaron. —Es absoluto secreto, Minato.
—Kakashi me dijo que era un arma.
—Sí, así es. – enfocó su vista al lago. —He estado en este proyecto por más de cinco años y tras tanto trabajo, finalmente se ha completado.
—¿Cuál es su objetivo, señor? ¿Por qué tanto misticismo?
—Oh, Minato… -le dedicó una sonrisa triste. —Hablar del proyecto Scaramuccia es como revelar un punto débil y fuerte al mismo tiempo. Es una máquina de guerra, eso sí… la visión del rey es utilizarla con sabiduría y formar una nación fuerte. Por mucho tiempo me he dedicado a proteger este ideal.
—Si me permite opinar Hiruzen-san, es muy peligroso. Un arma de esa envergadura podría atraer a los buitres.
—¿Qué quieres decir, muchacho?
—Tengo que hablar con su majestad. Es necesario que las personas conozcan sobre esto, que se detengan las conspiraciones. Puede ser incluso un motivo para un golpe de estado…
—¿Qué? – Sarutobi se escandalizó. —¿Qué tanto balbuceas?
—He dedicado mi vida a servir a la corona, General. Tuve de los mejores entrenamientos y desempeños en el campo, sé ver las señales. Algo malo le pasará a este país… - Minato se alzó. —Han muerto muchos para encubrir esto, han destruido ideologías enteras, reprimido al pueblo. Alguien tiene que hacerle ver al rey que con muerte no conseguirá la paz.
—No. – Hiruzen se alzó entonces. —Minato, no lo entiendes. – lo sacudió de los hombros. —Tú no deberías saber nada de esto.
—Hiruzen-san, es sólo cuestión de tiempo para que todos lo sepan y las opiniones sean diferentes… Ahora no estamos en guerra, ¿Por qué…?
—¡No, no lo entiendes! – su voz reprimió su valentía, la vehemencia con la que Sarutobi hablaba le preocupó. —No puedes estar diciéndome esto, ¿No entiendes lo que sucede? Todo aquel que sepa sobre el proyecto Scaramuccia… debe ser asesinado. – Minato sintió temor, por primera vez en toda su estancia en Belliccia.
—Tienes que detenerlo, Hiruzen-san… el rey está enfermo, pero sólo él puede detenerlo. Antes de que sea tarde.
—¿Tarde? ¿Tarde para qué?
—Tengo una corazonada… algo terrible va a pasar.
—No, Minato. – lo soltó. —No quiero escucharte decir tonterías.
—¿Hiruzen-san? – entristeció cuando lo vio apuntar un arma hacia él.
—Lo siento mucho, Minato, en verdad.
—¿Por qué? – retrocedió un paso.
—"Morir en una riña rápida, matar para no prolongar el sufrimiento, actuar bajo consentimiento, servir con disciplina". – enunció y las esperanzas de Namikaze se desmoronaron como un castillo de naipes. —No puedo romper mi compromiso, en verdad no puedo. – lágrimas descendieron por los ojos del anciano. —Eres mi amigo, ¡No quiero hacerlo!
—Entonces no lo haga. – suplicó pero tan sólo obtuvo una respuesta negativa.
—Scaramuccia existe para darle poder al país.
—Es un arma de doble filo. – aseveró Minato.
—Lo siento. – dijo finalmente y disparó. Minato cerró los ojos para esperar la fría muerte… pero nada sucedió. En lugar a eso observó un pequeño humo emergiendo de la pistola de su amigo y sus ojos repletos de lágrimas. La bala había sido desviada a propósito.
—Hiruzen-san…
—No puedo hacerlo… – susurró. —Sabes demasiado… No sabes cuánto lo lamento. Ahora te verán como un fugitivo… - se lamentó con profunda tristeza.
—Es una pena, General. – un hombre caminaba hacia ellos apuntándoles con un arma, había salido de pronto, por las estimaciones de Minato lo más seguro es que lo estaría vigilando.
—Huye… - musitó Hiruzen. —Él no me hará daño. – Minato asintió pero cuando retrocedió el soldado ya estaba lo suficientemente cerca.
—Un juramento es un juramento, General… y usted lo ha roto. – disparó. La bala acertó en su pecho matándolo al instante. Minato observó aterrorizado la escena.
—¡Hiruzen-san! – quiso ir donde él pero el tiroteó lo hizo espabilar. Minato saltó detrás de la banca la cual recibió dos disparos dirigidos a él y con la agilidad de un gato desenfundó su propia arma. El tiró fue certero, le dio directamente en el cuello, el atacante cayó indefenso mientras moría lentamente.
Minato corrió hacia el cuerpo de su amigo y lo sostuvo sobre su pecho. Entonces se escuchó un grito resonante de una mujer la cual lo había visto todo. Ella corrió buscando ayuda y Minato sintió que todo se venía abajo. Alguien le tocó el hombro y sus instintos afloraron, tomó al presente y le dobló dolorosamente el brazo para después apuntarle con el arma.
—¡Maestro, soy yo, no dispare! – era Kakashi.
—Kakashi… - Minato lo miró aterrado. —Hiruzen-san… él ha…
—Tenemos que irnos. – lo tomó de un brazo, las sirenas de la policía y el sonido de una turba se escuchaba.
—¿Por qué… por qué pasó esto?
—¡Arriba, maestro! – Kakashi lo sacudió, estaba conmocionado. No era la primera vez que veía la muerte de cerca, pero todo esto lo había tomado por sorpresa. —Tenemos que correr antes de que…
—¡Ustedes! – gritó un hombre y a Kakashi no le quedó más remedio que alzar a Minato con fuerza y arrastrarlo. Tras esto recuperó la noción y corrió a su lado. Los policías habían llegado y sin tocarse el corazón dispararon hacia la espesura de los árboles del parque mientras ellos huían desaforados.
…
—El asesinato del General Hiruzen Sarutobi fue la gota que colmó el vaso y la excusa perfecta para inculpar a Minato-sensei. Varias personas habían visto los cuerpos y cómo huíamos de la escena. De un momento para otro todo se había venido abajo…
—¿Y entonces? – Naruto se venía más interesado que Sasuke.
—La noche roja. – dijo Sasuke por Kakashi.
—¿La noche roja? – repitió Naruto mortificado.
—Se trata de la primera y más desastrosa noche de la Semana Sangrienta. – explicó Sasuke.
—¿Por qué? – insistió Naruto y esta vez fue Kakashi quien le respondió.
—Ese día se le conoció así por la sangre derramada y además… por que el cielo se coloreó de rojo un instante.
—¿Cómo es eso posible?
—Por una explosión. – sórdida era la voz de Kakashi y ante esto el fuego de aquella hoguera revoloteó como mariposas embravecidas. —La monarquía cayó en el instante en el que el Palacio Amatista explotó.
—¿Explotar? ¿Pero no decías que era el lugar más importante de la capital?
—Y no sólo eso… - Kakashi miró a Sasuke, como si quisiera ver su reacción al decir aquello. —Esa misma noche… toda la familia Uchiha junto a otros altos mandos fueron asesinados. – Naruto miró por inercia a Sasuke. —Nada escapó a esa noche. Minato Namikaze era un buen hombre pero desafortunadamente le tocó estar en medio de una situación y tiempo equivocado. – concluyó para después dejarse llevar por un profundo silencio.
…
Naruto corría sin mirar atrás, Jiraiya lo perseguía pero definitivamente le tenía más ventaja, además era un niño muy ligero para el cansado Pantaleón. Sin embargo, a pesar de estar corriendo lleno de ira, la tristeza arrebató varias lágrimas a su pueril rostro, perdiendo eventualmente la velocidad y frenando cuando llegó a él una voz peculiar y nada familiar.
—¿Es enserio?
—Sí, lo juro… ha salido en todos los periódicos. Lo encontraron y mataron con la ayuda de todo un pelotón.
—¿Tan despiadado era?
—No quisieron escatimar en nada…
—Estoy anonadado, Minato Namikaze, el traidor ha muerto.
—Naruto. – Jiraiya se posó a su lado, el niño miraba una hoja de papel que yacía a sus pies mientras las voces desaparecían a la distancia. —Vamos a casa. – lo tomó de la mano, estaba perplejo y no respondía verbalmente. —Naruto. – Jiraiya insistió.
—Papá se fue… - dijo de repente. —Nos dejó para siempre… mamá murió por su culpa.
—No digas eso. - ¿Pero cómo negárselo si acababa de comprobarlo con sus propios ojos?
—Él nunca volverá… - finalmente sus ojitos azules miraron los cenizos de Jiraiya en una muda condolencia. —Es un sujeto malo.
—¡No, no Naruto!
—¿Entonces por qué estás llorando? – Jiraiya lo comprendió cuando él se lo dijo. A pesar de continuar creyendo en su hijo una parte de él se retorcía convencida de todas las tonterías que oía decir.
Sin más remedió Jiraiya se arrodilló y abrazó a su nieto.
—Yo cuidaré de ti… y Minato te cuidará desde allá. – apuntó al cielo, entonces sacó de un pequeño saco amarrado a su cintura una singular máscara de pierrot. —Siempre estará con nosotros. – y de la misma forma que el pasado, Naruto se convirtió en parte del circo.
…
—¿Saldrías conmigo?
—¡Ja, claro que no!
—Vamos, si logro hacerte reír iremos a dar una vuelta…
—No creo que puedas hacerlo.
—¡No apostaría si fuera tú! Después de todo… soy un pierrot.
…
Brighella acompaña a Arlequín, es su mano derecha, su mejor amigo. Brighella es fuerte, capaz, inteligente… y yo, sólo soy un soñador. Es cierto, Colombina, él jamás me abandonó…
Continuará…
¿Que piensan de Minato? Si me lo preguntan creo que era muy listo, pero al mismo tiempo cometió el error de querer parar el mundo con tenacidad. En fin, el proximo capitulo veremos la aparición de otro personaje que sé les fascina, Itachi protagonizará el siguiente capítulo y su historia nos llevará finalmente a la actualidad. :D Gracias por leer.
¿Merece un comentario?
Yume no Kaze.
