Disclaimer: Los personajes pertenecen a SM, la historia es de LyricalKris, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.
Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)
Edward se despertó y se estiró de forma automática por Bella. Sus manos encontraron el espacio. No abrió los ojos, pero dejó que sus manos deambularan por las sábanas de su lado. Estaban frías.
No era raro. Las náuseas mañaneras eran un horrible reloj despertador. De la forma en que Edward lo veía, siempre que Bella se levantara temprano, trabajando duro en el crecimiento de su bebé, él no tenía nada que hacer en la cama.
La encontró en el baño, pero por una vez, ella no se veía tan desgastada. De hecho, se detuvo en seco, ya que la vista de ella lo dejó sin aliento.
Estaba de pie delante del espejo de cuerpo entero en su baño, desnuda. Era una visión, curvas perfectas, piernas largas, un culo respingón. Amaba sus líneas, desde la anchura de los hombros a la curva en la parte baja de la espalda. Conocía cada pulgada de su cuerpo íntimamente. Incluso ahora, mirándola, sabía lo que se sentía recorrer los dedos donde su tatuaje de vid terminaba en su tobillo. ¿Cuántas veces había presionado los labios contra su hombro, sin aliento y con amor y satisfacción mientras trazaba su tatuaje de la llama con la punta de la lengua?
—Hola, pervertido. —Edward atrapó sus ojos en el espejo. Su sonrisa era suave y burlona—. ¿Qué haces, Tom el Curioso*? —Alcanzó su bata.
Moviéndose rápidamente, dio un paso hacia adelante para detenerla, con la mano en la muñeca.
—Estoy buscando a una mujer increíblemente hermosa. —La atrajo hacia atrás contra él, envolviendo sus dedos alrededor de sus hombros—. Y no había terminado. —Él los giró para que ambos estuvieran frente al espejo de nuevo y acarició la parte inferior de sus pechos. Ella contuvo el aliento, y sus pezones se tensaron mientras él pasaba el pulgar sobre ellos—. Así que dime, hermosa. ¿Qué estabas tú haciendo? —La besó en el hombro—. ¿Qué estás mirando?
Ella se apoyó en él, su trasero rozándose contra él a través de la fina tela de su pantalón para dormir. Un estremecimiento le recorrió la espina dorsal, y luego fue él quien aspiró una bocanada de aire. Había pasado un tiempo desde que Bella había estado de humor, no es que la culpara.
Bella tomó sus manos y las movió hacia abajo.
—Se hace más fácil de ver cada semana —dijo ella, presionando sus palmas sobre su panza.
Él resopló y le acarició la mejilla sobre el pelo.
—Nadie puede verlo aún, si eso es lo que te preocupa.
—No me preocupa. —Ella se estiró hacia atrás, pasando sus dedos por el cabello de él—. Sólo observando. —Ella inclinó la cabeza cuando él retiró el pelo de un hombro—. Todavía es difícil a veces creer que este es mi cuerpo.
—Hmm. —Edward dejó sus manos errantes por su cuerpo, provocando su piel con la punta de los dedos—. Amo tu cuerpo. —Dibujó círculos alrededor de su vientre—. Y esas pulgadas adicionales son sexys.
Ella se burló.
—Sexys.
Dejó que sus manos provocaran los rizos por encima de su sexo, probando su receptividad. Ella gimió, apretando los dedos en su cabello.
—Me encanta cómo se siente —murmuró, su voz baja y áspera en su oído—. Estás resplandeciente. No pensé que fuera posible que te vieras mejor, pero me equivoqué. Todos los días, me demuestras lo contrario.
—Mm hmm. —Ella giraba sus caderas, frotando su culo hacia atrás contra él—. ¿De modo que estás insinuando que me voy a volver más atractiva cuando sea más y más grande? ¿Tienes un fetiche por los embarazos que olvidaste contarme?
—Tengo un fetiche por ti, pero he sido muy directo acerca de eso. —La tomó de las caderas y la giró, a continuación guiando sus manos al mostrador—. ¿Está bien?
Ella asintió con la cabeza. Su piel estaba enrojecida, caliente al tacto. Sus pechos estaban llenos y firmes y pesados en sus manos.
—Entonces, ¿después de que dé a luz a este niño, seré más fea a medida que pierda el peso del bebé?
—Nunca.
—Hmm. —Ella abrió las piernas, y empujó contra su mano—. Eres un mentiroso, Edward Cullen. —Su voz era entrecortada.
—¿Lo soy? —Deslizó sus dedos en su resbaladizo calor y la besó en el cuello.
—O mis pulgadas adicionales me hacen más atractiva, y por lo tanto, cuando pierda al menos algunas de ellas, voy a ser menos atractiva; o yo era más atractiva sin las pulgadas adicionales. Es una cosa o la otra. Ahhh.
Edward respiró profundamente, tratando de mantener la calma. Se bajó los pantalones y frotó su pene a lo largo de su raja.
—A veces, mi brillante Bella, careces de imaginación. —Llegó entre ellos y se guio dentro de ella—. ¿Esas son las dos únicas opciones que ves?
Ella se arqueó hacia atrás, moviéndose con él.
—La explicación más simple es a menudo la verdad. —Ella estaba tomándole el pelo ahora. Sus ojos estaban fijos en los suyos en el espejo, oscuros con la lujuria y encendidos de amor. Otro escalofrío le bajó por la columna vertebral.
Él acunó su mejilla, sus dedos a lo largo de la parte inferior de la barbilla.
—No hay nada simple en la manera en que te amo, o el millón de maneras en que te veo. —Aceleró el ritmo de sus embestidas. Él inclinó la cabeza de ella hacia arriba y presionó su mejilla contra la suya—. Mírate, Bella. ¿Sabes que me vuelvo a enamorar de ti de nuevo todos los días? —Se inclinó sobre ella, con una mano alrededor de su cintura, sus dedos en su clítoris, mientras embestía en su interior—. Y cada día que te miro, la persona que veo es la mujer más sexy del mundo.
—Oh Dios —gimió ella, agarrando el borde del mostrador para sostenerse mientras se empujaba contra sus embestidas—. Te amo —dijo, su voz sin aliento y estridente.
Se inclinó todo el camino sobre Bella, sus manos sobre las de ella en el mostrador, y se enterró en su interior hasta que ambos gritaron su liberación.
Unos minutos más tarde, estaban compartiendo una ducha, ambos llegarían tarde al trabajo si no lo hacían.
A Bella le gustaba enjabonar el pelo de él, un hecho que siempre le divertía. Pero no lo discutía. A él le gustaba la sensación de sus dedos masajeando su cuero cabelludo. Mientras tanto, él enjabonaba sus manos y dirigía la ducha a lo largo de la línea de la espalda.
—Así que. Hoy es el gran día, ¿verdad?
Sus ojos brillaban con un destello de emoción.
—Eric dijo que tendría los detalles de la historia hoy.
Bella había estado en vilo durante semanas a la espera de que su jefe ordenara todo para que pudiera comenzar la historia. Ella había investigado lo más que había podido, visto los viejos noticiarios y excavado tanto como pudo en los archivos. Pero Eric estaba haciendo su mejor esfuerzo para obtener las cosas fuertes, las cintas policiales y entrevistas que no habían sido compartidas con la prensa antes.
—Es algo loco, porque si yo estuviera haciendo un informe sobre cualquiera de estos imbéciles solo con esa información, sería de gran interés periodístico por sí mismo —dijo—. Pero eso es parte de la garantía entre nosotros y los reclusos. Ellos y la policía permitirían el acceso a dicha información siempre y cuando nos estemos enfocando en los tatuajes.
Edward tarareó para indicar que estaba escuchando. Había estado haciendo una buena cantidad de investigación sobre cada uno de estos asesinos por su parte, y no podía decir que estaba cómodo con la idea de Bella estando en la misma habitación que cualquiera de ellos. Ellos le ponían los pelos de punta, y deseaba como el demonio que ella le hubiera permitido que la acompañara.
Bella le echó la cabeza hacia atrás para que el agua pudiera lavar el acondicionador. Lo besó en la garganta.
—Todavía estás preocupado por mí.
Él sonrió, una sonrisa tensa.
—Soy bueno en eso.
Ella llegó detrás de él para cerrar el grifo del agua y abrió la puerta para conseguir sus toallas. Él sonrió y le acarició la mejilla con ternura mientras ella envolvía la toalla alrededor de su cintura. Ella le dio un beso en el pecho.
—Estaré bien.
Tomó la otra toalla de su brazo y la envolvió alrededor de su cintura, mostrando una sonrisa diabólica. Él se agachó y le dio un beso a cada uno de sus pezones. Ella se rio y despeinó el pelo mojado.
—No empieces de nuevo. Ya estamos llegando tarde.
~ 0 ~
Dos días después Eric oficialmente puso a Bella en la historia, Edward fue a la boda vespertina de un amigo. Era uno de esos asuntos elegantes, celebrado en la sala de banquetes de un hotel en el centro. Edward planeó estar allí el tiempo suficiente para hacer una aparición y ofrecer sus buenos deseos.
En la recepción, antes de que pudiera llegar a la novia y el novio para una rápida felicitación, quedó atrapado en el molino de amigos que no se habían visto durante meses o incluso años. Como estas cosas iban por lo general, se encontró pasando de un grupo a otro. Entonces, de repente, se dio cuenta que estaba de pie frente a su ex esposa y el jefe de Bella. Hizo una excusa rápida al resto del grupo y se dirigió en dirección de la barra.
Tanya apareció a su lado.
—¿No vas a decir hola?
—Hola —dijo de manera cortante, sin mirarla.
—¿Bella no está aquí contigo?
Edward se congeló. Contó hasta diez mentalmente antes de volver a mirar a su ex mujer. Ella estaba de pie allí con una expresión abierta e inocente en su cara que él sabía que no debía creer.
—Está en el trabajo, pero ya que te estás cogiendo a su jefe, estoy seguro de que ya lo sabías. —Él ladeó la cabeza, mirándola fijamente con una fingida expresión inocente también—. Y tú estás aquí. Dime. ¿Cuántos de nuestros amigos te reconocieron?
Su sonrisa fácil cayó una fracción.
—¿Vamos a empezar de nuevo? Vine a uno de estos de vez en cuando incluso cuando estaba contigo.
—Y Bella viene a este tipo de cosas más a menudo que no, solamente optando trabajar de vez en cuando. —Golpeó la barra con los nudillos—. Creo que he decidido que no tengo sed.
Tanya lo siguió mientras se alejaba de la barra.
—¿Por qué estás actuando así? ¿No eras tú el que quería ser civilizado? ¿Quien quería que fuéramos amigos?
Edward se giró hacia ella.
—Lo hacía. Hasta que decidiste que no podías estar en la misma habitación con Bella sin arremeter contra ella. Después de tu impresionante despliegue de madurez hace un par de semanas... Bueno. Mis padres me enseñaron que si no puedo decir nada agradable...
En ese momento, Tanya frunció el ceño.
—Está bien. Me lo merezco.
Algo sorprendido, Edward la miró con una ceja levantada. Ella gruñó y cruzó los brazos sobre su pecho.
—Es confuso. Toda esta situación entre los tres no es fácil. Soy la ex mujer, Edward. Es mi trabajo odiar a la mujer con la que me reemplazaste.
—Tanya…
Ella agitó una mano.
—Soy humana. Entiendo por qué no estamos juntos, pero eso no hace que sea fácil verte con ella. —Su ceño se profundizó y ella se volvió ligeramente para mirar lejos de él, por la ventana—. Ella te hace feliz. Más feliz de lo que yo nunca pude, y no es como si mi objetivo hubiera sido hacerte miserable, ¿sabes?
—Pero quieres hacerla miserable.
—No. —Se dio la vuelta para mirarlo y rio—. ¿No lo entiendes? Yo la quería. De hecho, la quise primero. La tuve primero. Mis pasantes, ellos son mis hijos. Yo los elijo, los cuido, y los nutro. Me encanta esa parte de mi trabajo, Edward. ¿No te preguntaste alguna vez por qué no terminé persiguiendo esa línea de trabajo? Pude haberlo hecho. Tú y yo lo sabemos.
»En lugar de ello, construí un imperio, y una de las razones por las que lo hice fue para poder levantar a gente como Bella. Para poder verlos crecer. ¿Tienes alguna idea de lo confuso que es esto? Bella es probablemente mi protegida más prometedora. Estoy muy orgullosa de ella. Invertí en su éxito. No puedo evitarlo, pero también es tu novia. La mujer a la que dejaste embarazada unos tres segundos después de que terminamos un matrimonio de diecisiete años. —Ella agitó una mano frustrada.
»Así que, sí. Nada de esa noche resultó como yo quería. Yo sabía que Eric iba a entregarle esa historia, y estaba feliz por ella. La parte de mí que la eligió para estar donde está ahora, está en la maldita luna por lo bien que lo ha hecho. Esa parte de mí sabe lo difícil que es para cualquier mujer en su posición estar embarazada en este momento de su carrera; sobre todo con una tan estresante, pero prometedora, asignación frente a ella. Así que sí, mi decepción por ella y mi enojo hacia ti es todo sobre ella.
—Pero entonces la delataste ante su jefe cuando no tenías por qué —dijo Edward, no tratando de liberarla de su responsabilidad.
Ella se rio de nuevo, y sin humor.
—Sí, lo hice, y lo siento. Como su ex jefa, estaba desolada y asustada por lo que esto significa para su carrera. Pero también soy tu ex mujer... —Ella suspiró y sacudió la cabeza—. Dime lo que crees que esto fue para mí. De entre las dos, ella era la estrella del espectáculo. Eric, mi novio, estaba hablando con todos nuestros colegas acerca de lo brillante que ella es. Y tenías que haber visto la forma en que me miraban, Edward. Te vieron y supieron que te había perdido por ella. Así que cuando abrí la boca, todas las palabras equivocadas salieron.
Edward no dijo nada de eso, pero cuando repitió las palabras en su cabeza, su cólera se atenuó. Un poco.
—No es todo acerca de Bella, sabes —dijo después de un minuto.
Ella lo miró inquisitivamente, y él resopló.
—Me conoces más que casi todos los demás en mi vida. ¿Cómo puedes acusarme de dejarla embarazada a propósito? Dices que te preocupas por su carrera, y te creo. Te he visto con tus hijos. —Sus labios se torcieron por el término—. Pero ¿cómo es posible que pienses que no me preocupo por ella en igual medida, si no más?
Sus hombros se hundieron un poco.
—He tenido mucho tiempo para pensar en nuestra vida. Lo que te di, y lo que no. Me puse a pensar en las cosas que querías. Al principio, te resentí por hacerme sentir como si estuviera equivocada, no merecedora de un marido que la quiere simplemente porque trabajo duro. Entonces me di cuenta, que deseas una familia como yo quiero mi trabajo. —Se detuvo un instante—. Yo habría hecho cualquier cosa para tener lo que tengo ahora. De hecho, sacrifiqué mucho de tu vida para conseguir lo que tengo.
—Pensaste que yo haría lo mismo —concluyó por ella.
—Pude ver cómo iba a suceder. —Ella se miró las manos—. No creí que fuera una mala persona.
—No lo eras. No lo eres.
Ambos permanecieron en silencio durante mucho tiempo.
—Lo siento, ya sabes —dijo ella, con voz tan baja que casi no podía oírla por encima del ruido de la multitud—. Nunca tuve la intención de hacerte perder el tiempo.
Edward respiró profundo, y cuando exhaló, su ira y molestia hacia Tanya se había atenuado aún más.
—Sé que no, y no lo pienso de esa manera. Nos funcionó, en cualquier caso. Soy feliz. —Miró por encima del hombro y asintió con la cabeza en la dirección de Eric, consciente de que el hombre estaba observándolos—. ¿Lo eres tú?
Los labios de Tanya se movieron.
—Estoy satisfecha —dijo después de un minuto—. No tenemos cuarenta todavía, Edward. Tenemos mucho que demostrar. Ambos.
Edward sonrió ante eso. Al cabo de un momento, sin embargo, su sonrisa desapareció.
—¿Puedo hacerte una pregunta?
—Por supuesto.
—Si crees tanto en Bella, ¿por qué estabas tan segura de que no podría manejar esta asignación durante el embarazo? —Esta pregunta lo había estado molestando mientras se preocupaba. Conocía a Tanya. Él sabía que era verdad lo que decía, incluso en su cólera—. Tú entrevistaste a un asesino en serie antes. Lo hiciste bien.
Tanya se quedó inusualmente callada ante eso. Había una expresión lejana y torcida en su rostro.
—Yo... —Tragó saliva—. Esa entrevista de la que estás hablando es probablemente la más difícil que he hecho en mi vida. —Se le quedó mirando.
—¿Qué?
—Me afectó. Muy mal. —Otro trago, y ella no lo estaba mirando—. Cristo, no sé lo que mi jefe estaba pensando al darme esa historia. Quiero decir... supongo que sí sé. Fue una de las historias que me dio a conocer, pero mi talento no era la única razón por la que me puso en eso.
Ella tomó una respiración profunda, y para sorpresa de Edward, ella se abrazó a sí misma en una postura protectora, como si quisiera hacerse más pequeña.
—Encajo en el perfil de las víctimas. —Un latido—. Y también mis hermanas.
El corazón de Edward había empezado a latir rápido, y sus ojos se agrandaron.
—¿Qué? ¿Por qué…?
—No sé por qué no te dije estas cosas. Creo que no quería admitir lo mal que me afectó. Incluso la investigación fue difícil. Las escenas del crimen... —Ella sacudió la cabeza—. Eran tan espantosas, y al ver los cuerpos retorcidos de las víctimas, no podía dejar de imaginar a Katie e Irina tendidas allí. —Ella se estremeció—. Me afectó mucho, y lo peor de todo fue cuando finalmente hablé con el tipo.
Ella estaba tan pálida, que Edward tuvo que resistir el impulso de poner su brazo alrededor de ella. Sus ojos estaban muy lejos y llenos de un terror que nunca había visto en ella antes.
—Él sabía —dijo ella, su voz apenas más que un susurro—. No sé cómo. Era como si pudiera oír mis pensamientos. Él sabía que lo había imaginado haciéndole esas cosas horribles a mis hermanas. —Ella tomó una respiración inestable—. Y yo sabía que si no fuera por todas las esposas en las muñecas y los tobillos y el hecho de que estábamos siendo vigilados por un grupo de hombres con armas de fuego, me habría hecho todo tipo de cosas horribles a mí. Estaba pensando en ello, exactamente en lo que quería hacer conmigo.
—Oye.
Enervado por las palabras de Tanya y la expresión de su cara, Edward saltó cuando la voz de Eric interrumpió el momento. Tenía la garganta apretada, con el corazón palpitante, y tuvo que apartar la mirada del otro hombre para recomponerse.
—¿Qué está pasando? ¿Está todo bien? —preguntó Eric.
Cuando Edward volvió a mirar, Tanya había puesto la mano en el brazo de Eric y le sonreía. No era una sonrisa de todo corazón, pero al menos era tranquilizadora.
—No te preocupes. Edward no me alteró. Yo me alteré. —Se secó una lágrima perdida en la esquina de su ojo—. Mierda. Tengo que refrescarme.
Antes de que ella se excusara, vio a Edward otra vez.
—Mira, veo un montón de mí en Bella. Mucho. Pero al mismo tiempo, ella no es como yo. Ella sabe mejor que yo lo que puede manejar. —Rodó los ojos—. Y por lo que he oído, ella es mejor en apoyarse en ti de lo que yo lo era en aquel entonces. Si ella dice que va a estar bien, lo estará.
Se dirigió al baño entonces, dejando a Edward y Eric mirándola. Edward tuvo que tomar varias respiraciones antes de mirar al jefe de Bella.
—Probablemente no hay mucho que pueda decir en este momento que no esté excediendo mis límites y dando a entender que Bella no puede cuidar de sí misma o de tomar sus propias decisiones. —Hizo una mueca—. Así que antes de que suelte las palabras que están en mi cabeza sobre el tipo de persona que pensó en esta maldita asignación, en primer lugar, creo que es hora de que me vaya.
Eric parecía divertido. Él asintió.
—¿Sería útil si te dijera que estamos tomando todas las precauciones?
—¿A menos que una de esas precauciones le impida estar en la misma habitación que no uno, sino tres asesinos en serie? No.
—Muy bien —dijo Eric con una inclinación de cabeza.
*En el original dice Peeping Tom: Tom el Mirón, personaje de la leyenda de Lady Godiva, quien no pudo resistir la tentación de mirar a su señora por un agujero.
Muchas gracias por sus alertas y favoritos, por sus rr: Yanina de mi corazón, Laura Katherine, jupy, Aislinn Massi, Cullen-21-gladys, AriiPattinson, Jocelyn907, patymdn, Deathxrevenge, kaja0507, Wawis Cullen, Hanna DL, Jane Bells, solecitopucheta, tulgarita, Rosy Canul, freedom2604, bbluelilas, lkdv, aide nuno y los anónimos.
Las espero en el grupo de Facebook "la traductora malvada" (el link está en mi perfil) donde comparto adelantos y todo lo relacionado a mis traducciones.
Nos leemos en la siguiente actualización.
Sarai.
