¡Hola a todos!

Finalmente decidí dividir en dos el último capítulo del fic, ya que lo veía demasiado largo. Así que éste es el penúltimo capi. El siguiente sí será el último. ¡Se acerca el final!

¡Muchas gracias a todos por vuestros reviews! Me hace mucha ilusión leeros, de verdad.

StydiaShippsJily: Bueno, lo siento por dejar el capi anterior justo ahí, pero esa era precisamente la idea, dejarlo en lo mejor. Soy mala, sí, lo sé, jejeje...

Maca: En respuesta a tu review, intento ser lo más fiel posible a la información que nos ha dejado Rowling (la que yo conozco, que algo se me puede escapar, claro). Consulto los libros cuando lo necesito y visito la pagína web eldiccionario . org. Soy muy friki, sí... Me gustaría seguir escribiendo más sobre James y Lily, la verdad es que me encantan y creo que son personajes que pueden dar mucho juego, porque es más lo que no sabemos que lo que sabemos.

Paula: Bueno, dejé el capi anterior justo ahí para darle más emoción. Pero me temo que vas a tener que esperar hasta el próximo cap para ver cómo se resuelve todo... Espero que de momento este no te decepcione.

Princesa Mecánica: Tu review me ha sacado más de una sonrisa. ¡Muchas gracias! ¡Me encantan los reviews largos! Cuanto más largos, mejor. Y me encanta haber conseguido engancharte a la historia y que te la hayas leído de un tirón. En cuanto al shippeo... Así que Sirius con Celestina, ¿eh? Interesante... Y en cuanto a Lily en el capi anterior, yo me la imaginaba atacada de los nervios en la fiesta del Club Slug, al fin y al cabo ella no está acostumbrada a hacer gamberradas igual que los Merodeadores... Espero seguir leyéndote.

En cuanto a este cap... Espero que os guste el romance, porque este capi chorrea romance por todas partes... Y ya no digo más.

Música recomendada:

When you say nothing at all de Ronan Keating

Kiss me de Sixpence None the Richer

Wherever you will go de The Calling

More than words de Extreme


Capítulo 11: J & L

-¿Podemos hablar, James?

Tres simples palabras que provocaron que además de James, el resto de los presentes también parasen sus pasos en seco en el corredor, reaccionando cada cual de un modo diferente: Sirius alternaba la vista de Lily a James sin perder detalle, Marlene y Celestina intercambiaron una mirada de entendimiento, la expresión de sorpresa de Peter era algo ridícula y Remus fue el único que tras unos segundos se puso en marcha discretamente. Laurie, por otra parte, era ajeno a aquel culebrón, por lo que cuando cayó en la cuenta de que se había alejado él solo del despacho de Slughorn y todos se habían quedado atrás, volvió sobre sus pasos e interrogó a Marlene con la mirada, sin entender nada.

-¿No nos íbamos? –inquirió Laurie mirando a Marlene con el ceño fruncido a causa de la confusión.

-Sí, claro –contestó de inmediato Marlene, haciéndole a su vez un gesto con la cabeza a Celestina, y ambas siguieron los pasos de Remus, que ya se había alejado en el corredor.

James, que no prestaba atención a nadie más que a Lily, ya había asentido con la cabeza.

-Bien… ¿Dónde crees que podríamos hablar… a solas? –preguntó Lily, inquieta.

James frunció levemente el ceño, pensativo, y en pocos segundos supo a dónde tenían que ir:

-¿Qué te parece el aula de Historia de la Magia? Siempre está abierta, ya sabes, como Binns es un fantasma no se molesta en cerrar con llave…

-Sí… Está bien… De acuerdo –respondió Lily, que no dejaba de maldecir internamente aquellos nervios que se le habían instalado en el estómago y no se iban.

Mientras tanto, Sirius y Peter seguían allí, como si todo aquello realmente tuviera que ver con ellos, aunque era evidente que Lily y James no les prestaban ninguna atención.

-¡Sirius! ¡Peter! ¿Queréis venir de una puñetera vez o qué? –vociferó Marlene desde el fondo del corredor sin ningún reparo.

Todos a una, James, Lily, Sirius y Peter se sobresaltaron y dirigieron la mirada hacia el punto del que venían los gritos de Marlene. Sólo entonces Sirius y Peter se despidieron alzando levemente la barbilla y se perdieron por el corredor con rapidez.

-¿Vamos? –preguntó Lily con voz insegura.

James asintió y ambos se pusieron en marcha, uno junto al otro, en dirección al primer piso, donde estaba ubicada el aula de Historia de la Magia.

-Espero que Binns no tenga por costumbre merodear por su clase a estas horas, porque a oscuras, en un aula vacía y de noche… Si se le ocurre aparecer a través de la pizarra, me puede dar un infarto –comentó James intentando llenar aquel silencio tenso.

Lily sonrió y decidió entonces que tenía que echarle valor, ser directa y no andarse por las ramas.

-Supongo que te estarás preguntando por qué quiero hablar contigo –dijo Lily cuando llegaron al primer piso. Podía divisar la puerta del aula de Historia de la Magia, unos metros más allá.

James asintió y Lily suspiró, sabiendo que había llegado el momento de sincerarse. Pasara lo que pasara, no podía guardarse nada dentro. No más.

-Hay muchas cosas que quiero decirte, James –dijo Lily al llegar frente a la clase de Binns.

James dejó que Lily entrara primero y después de que él atravesara el umbral, cerró la puerta tras de sí. A través de las ventanas se colaban los rayos de la luna, iluminando débilmente la habitación, pero no lo suficiente, por lo que James se aproximó a un estante donde había varias velas. Encendió algunas con la varita, bañando la estancia de una luz dorada y acogedora, y se giró para mirar a Lily de nuevo.

-Lo siento, James –soltó ella antes de darle tiempo de cuestionar por qué de repente sí quería hablar con él con aparente urgencia-. Lo siento mucho.

-No entiendo nada, Lily –respondió James, confundido.

Lily comprendía perfectamente su desconcierto. Hacía unas seis semanas más o menos que no le dirigía la palabra, desde que le dijera unos días antes de las vacaciones de Navidad que si por ella fuera, podía irse al mismísimo infierno. En realidad no era lo único que le había dicho. Aquella conversación no podía calificarse como cordial precisamente. Y después de todas aquellas semanas sin mirarle apenas, ahí estaba ella diciéndole lo mucho que lo sentía. Por supuesto, era normal que estuviese confuso.

Lily suspiró profundamente y dio un paso acortando las distancias con James.

-Me he equivocado tanto contigo… Pienso en todo lo que ha pasado y no puedo creer hasta qué punto he metido la pata. Hasta el fondo. Y lo siento... Lo sé todo, James. Ahora ya lo sé… Debería haberte dado una oportunidad para explicarte… No tendría que haber dado nada por hecho.

Aquellas palabras le dieron a James la respuesta a sus dudas y sintió un vuelco en el estómago. Porque significaba que por fin había recuperado a Lily, por fin podría tenerla de vuelta… como antes de que se armara todo aquel lío. Volverían a pasar tiempo juntos haciendo las rondas por el castillo; se sentaría de nuevo a su lado en uno de los sillones de la sala común, mientras ella leía a Dickens y él se peleaba con sus deberes de Pociones; retomarían aquellas conversaciones profundas, y también absurdas a veces, frente a la chimenea… Serían amigos otra vez. Tan sólo amigos. James ya no aspiraba a nada más. Había perdido la amistad de Lily una vez y no estaba dispuesto a perderla de nuevo por regresar a sus antiguas costumbres.

-Entonces… ¿Me crees? –preguntó James con cierto anhelo. Necesitaba escucharlo una vez más… Necesitaba saber con total certeza que las cosas volverían a la normalidad entre ellos.

Lily asintió con firmeza y se mordió el labio inferior con fuerza, sintiéndose culpable. Mirando a James a los ojos en aquel momento pudo darse cuenta del daño que le había hecho.

-Te creo, James. Sé que tú no difundiste ese rumor sobre nosotros –respondió Lily con seguridad-. Y me gustaría decir que al final me di cuenta yo sola de lo evidente. Pero no ha sido así. He necesitado que me abrieran los ojos para poder ver lo que tenía delante.

-¿A qué te refieres? –inquirió James con una expresión de confusión grabada en el rostro.

-Remus habló con Celestina y se lo contó todo. Y ella habló conmigo. Patético… -comentó Lily moviendo la cabeza con frustración-. Tendría que haberte escuchado yo a ti desde el principio… Supongo que me dejé arrastrar por lo que decían los demás, por la imagen que solía tener de ti antes de este último curso y… No es excusa, lo sé. Me he comportado como una autentica idiota…

-No pasa nada, Lily…

-No, James, sí que pasa –le interrumpió Lily, obstinada-. Me he portado fatal contigo, y tienes derecho a estar enfadado.

-No estoy enfadado...

-¡Pues deberías! –volvió a cortarle Lily con insistencia y el desasosiego marcado en su mirada-. ¡Tendrías que estar más que enfadado! Lo normal sería que…

-Bueno, pero a fin de cuentas yo nunca he sido muy normal, ¿no? –con una sonrisa torcida James frenó la retahíla de Lily a tiempo.

En cierto modo, la situación tenía un toque cómico, pensó James, con Lily empeñándose en que él no aceptara tan fácilmente sus disculpas y la mandara a la porra. O tal vez sus ganas de sonreír se debían sólo a que, después de todo, Lily estaba ahí con él.

James se aproximó a ella y le dio un ligero apretón en el hombro al tiempo que decía enternecido:

-¿Qué te parece si lo olvidamos? ¿O prefieres que te grite un poco?

Lily no pudo evitar que se le escapara una sonrisa por primera vez y el rubor subió a sus mejillas al sentir el cálido contacto de la mano de James sobre su hombro.

-En realidad sí que me merezco que me grites… Un poco al menos… -musitó Lily sintiendo un vacío en la boca del estómago cuando James retiró la mano.

Él negó repetidas veces con la cabeza y una sonrisa torcida pintada en los labios.

-Creo que entiendo lo que ha pasado. Desconfiaste de mí porque en el fondo aún no me había ganado tu confianza del todo. Y eso es culpa mía, no tuya, por haber pasado tantos años comportándome como un idiota a tu alrededor. Supongo que se podría decir que los dos nos hemos equivocado.

Lily respiro hondo sintiéndose aliviada, porque después de todo James no le guardaba ningún rencor.

-Así que olvidemos lo que ha pasado –propuso James-. Y que todo vuelva a ser como solía ser antes. Antes de que Jorkins metiera su narizota, quiero decir –se apresuró a aclarar rápidamente con cierta alarma-. Al decir "como solía ser antes" no me refería a antes de este último curso, ya sabes… Aquella época en la que no me cansaba de pedirte una cita a todas horas… Tengo que admitir que me comportaba como un idiota -James se revolvió el pelo, algo incómodo-. No voy a volver a insistir en eso, en serio… Sólo quiero que seamos amigos de nuevo.

Lily se mordió el labio, acongojada, al escuchar la última frase. Sólo amigos… Celestina y Marlene le habían repetido una y otra vez que James sentía algo por ella, y parecían muy seguras al respecto. Pero entonces llegaba James y le decía que sólo quería su amistad… Lo pensó apenas durante unos segundos y supo que no podía quedarse con la duda, que tenía que arriesgarse. Y si había llegado tarde… bueno, era mejor saberlo cuanto antes.

-James… Pídemelo. Pídeme una cita por última vez… -musitó Lily sintiendo cómo se le erizaba la piel ante la expectación de una respuesta.

A James Potter rara vez le pillaban con la guardia baja, pero desde luego aquella podía contarse entre esas pocas ocasiones. Parpadeó un par de veces, sorprendido, como si pensara que era imposible que hubiese oído bien, porque no habría podido prever aquello ni en un millón de años. Observó a Lily fijamente, deteniéndose en sus ojos verdes, sinceros y ansiosos, y de pronto sintió el corazón desbocado. No tuvo que escucharlo dos veces para saber qué tenía que hacer.

-Lily, sal conmigo.

Su voz no sonó tan segura como a él le hubiese gustado, pero aquello careció de importancia cuando vio la tímida sonrisa en los labios de Lily antes de darle un sí rotundo.

James dio un paso al frente al mismo tiempo que ella, y luego otro y entonces… Apenas los separaba un palmo de distancia. Debido a la considerable diferencia de estatura, Lily se vio obligada a echar la cabeza hacia atrás para poder seguir mirando sus ojos castaños. Las manos de James volaron hacia el cuello expuesto de Lily, y con los pulgares dibujó tiernos trazos sobre el contorno de su mandíbula. La piel de Lily era tan suave… Aquellas ligeras caricias y el deseo en la mirada de James provocaron en ella tal sensación de debilidad y rendición, que aferró con fuerza sus manos a la pechera de la túnica de él al sentir las rodillas flojas.

Sin más esperas, sus labios se encontraron en un beso intenso, anhelado desde hacía demasiado tiempo. Lento al principio. Tierno. Dulce. Más profundo y desenfrenado después. Lenguas que jugaban en una danza apasionada a la que ninguno de los dos quería poner fin. Bocas que comenzaban a conocerse, a cada roce, a cada fricción, a cada aliento…

Las manos de James pasaron del cuello de Lily a su espalda, casi totalmente desnuda debido al sugerente escote de la túnica, y al instante, bajo aquellas caricias, ella sintió un hormigueo a lo largo de su columna. Los dedos de Lily se hundían en el cabello oscuro y despeinado de James, mientras él recorría con manos diligentes su espalda, hasta detenerlas en su cintura y abrazarla con fuerza, como si quisiera fundirse con ella, convirtiéndose en uno sólo. Una deliciosa sensación de plenitud se instaló en el pecho de Lily al sentir aquel estrecho abrazo.

Los inexpertos dedos de Lily acariciaban la nuca de James y se colaban por debajo de la túnica, provocando que algo similar al fuego líquido diera vueltas en el estómago de él.

Cuando se separaron lentamente, James contempló los impresionantes ojos verdes de Lily brillando más que nunca, sus mejillas sonrosadas y sus labios entreabiertos, rojos y húmedos… Y entonces sintió una oleada abrasadora recorriendo sus venas. Jamás había visto a Lily más hermosa que en aquel momento…

-Wow… -musitó ella, apenas un susurró audible que James fue capaz de escuchar, porque sus bocas estaban tan próximas que ambos sentían el aliento del otro en el rostro.

-Una buena manera de resumirlo –dijo James con una sonrisa descarada bailando en sus labios.

Lily río suavemente y volvió a besar a James, pensando que nunca podría llegar a cansarse de aquella sensación: del toque de esos labios sobre los suyos, de sus grandes manos acariciando su piel, del estrecho contacto de su torso contra su propio pecho…

Los labios de James abandonaron la boca de Lily y dejaron un rastro de tiernos besos a lo largo de su mejilla, su mandíbula, el lóbulo de su oreja, hasta llegar a la zona más sensible de su cuello, donde se concentró a fondo en su objetivo de llevarla hasta el límite. Apenas sin ser consciente de ello y totalmente ajena a cualquier cosa que no fueran las sensaciones que James provocaba en ella con su lengua y sus dientes, Lily entreabrió los labios y dejó escapar un leve gemido. Un sutil jadeo que James pudo escuchar perfectamente. Y aquello fue todo lo que bastó para desatar por completo el hambre y el deseo que James había albergado durante tantísimo tiempo por aquella pelirroja. Enterró su lengua en la boca de Lily con ansia y a continuación la asió con fuerza y determinación por la cintura y la sentó sobre el pupitre que tenía justo al lado, acomodándose después entre sus piernas. Por encima de la tela de la túnica, las manos de James viajaban de la cintura de Lily a sus caderas, luego a sus muslos y vuelta a empezar, en un baile frenético en el que ella también tomaba parte.

El tiempo en aquella aula voló entre besos y caricias. Entre los susurros de sus propios nombres y palabras inconexas. Ninguno de los dos sabía qué hora era, y ni siquiera se habían parado a pensar en las consecuencias si Filch los atrapaba a las tantas de la madrugada besándose y tocándose como si no hubiese un mañana. De pronto, el ulular agudo de una lechuza en el exterior rompió el silencio de la noche y sobresaltó de tal manera a Lily, que apartó a James sin ninguna delicadeza y de un saltó bajó del pupitre. Con la vista fija innecesariamente en la puerta (era evidente que nadie iba a irrumpir en la clase), Lily cayó en la cuenta de que se trataba de una falsa alarma y, aliviada, se llevó una mano al pecho. James, por otra parte, había comenzado a reírse con ganas por su exagerada reacción.

-Oh, vamos, no tiene tanta gracia –dijo Lily dándole un manotazo a James en el brazo, pero incluso ella tenía una sonrisa torcida en la cara.

-Si hubieses podido verte, tú también te habrías reído, créeme –respondió James, colocando ambas manos sobre los hombros de Lily y depositando un beso dulce y corto en sus labios.

-¿Tú eres consciente del lio en el que estaríamos metidos si nos pillan aquí? –preguntó Lily, posando sus manos sobre el torso de James.

-Sirius te diría que sin un poco de peligro, no hay diversión.

-Sirius no es ningún ejemplo a seguir –contestó Lily, risueña. Acto seguido, le vinieron a la cabeza todas las cosas que había averiguado acerca de Sirius durante los últimos días y frunció el ceño, pensativa-. O tal vez sí, después de todo…

-¿A qué te refieres?

-Pensaba en lo que hizo Sirius por ti. El pobre tuvo que salir con Bertha… Si te soy sincera, me siento culpable…

James negó con la cabeza y colocó detrás de la oreja de Lily un mechón pelirrojo que había escapado de su moño. Después entrelazó sus manos con las de ella y contestó:

-Somos como hermanos. Nos cubrimos las espaldas el uno al otro.

A Lily le conmovió aquella declaración.

-Pídele que no me odie demasiado –dijo ella con una sonrisa forzada y un deje de culpa en la voz.

James soltó las manos de Lily y rodeó sus hombros abrazándola con fuerza. Ella hundió la nariz en su pecho y aspiró hondo su perfume, dejando que turbara sus sentidos.

-No te preocupes por eso. Sirius te ha dado el aprobado –dijo James y entonces besó la coronilla de Lily.

Ella esbozó una sonrisa contra el pecho de James y suspiró profundamente. Decidió que a partir de ese día aquel pasaba a ser su lugar favorito en el mundo: un hueco entre los brazos de James. Acto seguido pensó, un tanto avergonzada de sí misma, que se estaba convirtiendo en una cursi y una empalagosa a pasos agigantados…

-De verdad, siento todas las molestias que os he ocasionado…

-Lily…

-James, todo se podría haber aclarado desde un principio si yo te hubiese escuchado –le interrumpió ella aflojando un poco el abrazo y mirando a James a los ojos-. Pero en su lugar, decidí creer las idioteces que decían los demás y fíjate cómo se ha enredado todo: Jorkins ha ido echando pestes de ti por todo Hogwarts, tienes que cumplir tropecientos castigos con Filch, y por si fuera poco McGonagall te ha prohibido jugar el partido de quidditch de mañana. Es que…

-Lily –James pronunció su nombre con firmeza para cortar su incesante parloteo-. Mi castigo con Filch y mi suspensión del partido no son culpa tuya. Yo decidí asumir la responsabilidad. Lo hice por ti, sí, y lo volvería a hacer. Pero eso no tiene nada que ver con todo lo que ha pasado entre nosotros.

-Yo creo que sí –respondió Lily bajo la atenta mirada de James-. Si no hubiese estado tan enfadada contigo, no habría ido a Hogsmeade con Tristan, no habría tenido aquella desastrosa doble cita con Marlene y Laurie, y seguramente no habría acabado cruzándome con Rosier, Mulciber… y los demás. Y no habría terminado embrujándoles, claro.

-Eso no puedes saberlo con certeza. Pero me alegra oír que te arrepientes de haber ido a Hogsmeade con Tristan –respondió James con una sonrisa torcida que contagió a Lily, intentando aligerar el rumbo que había tomado la conversación.

-En realidad no me pareció una buena idea desde el principio, pero… Sólo quería dejar de pensar en ti –se sinceró Lily, acariciando la mejilla de James, que tomó su mano y le beso la palma con dulzura-. Y Marlene insistió tanto que supongo que yo…

-Vale, oficialmente odio a Marlene.

Lily se echó a reír y miró la expresión de fastidio de James, divertida.

-Aquella cita no significó nada. Nada en absoluto… No conseguí sacarte de mi cabeza por mucho que lo intenté.

-Y me alegro por eso –sentenció James, satisfecho-. Escúchame. No le des más vueltas a cómo han sucedido las cosas. Si todo lo que ha ocurrido nos ha traído hasta aquí, hasta este momento juntos, entonces ha valido la pena. Ha merecido la pena esperar, Lily, ¿no crees?

Lily se enterneció y asintió. ¿Cómo le había costado tanto trabajo ver al James que tenía delante? No era ni de lejos una alumna tan brillante, como muchos decían…

-He tardado años en llamar tu atención, pero ahora que lo he conseguido no voy a dejar que te me escapes, Lily.

-¿Años? –inquirió ella titubeante.

Por toda respuesta, James miró a su alrededor como si estuviera buscando algo. Tomó a Lily de la mano y la condujo hacia un pupitre situado al fondo de la clase.

-Aquí solía sentarme yo en clase de Historia de la Magia, hasta quinto curso. Después de los TIMOS no volví a las clases de Binns –explicó James. Entonces señaló la esquina del pupitre-. ¿Qué ves aquí?

A causa de la penumbra en la que estaba sumida la sala, Lily tuvo que agacharse para poder leer unas letras que alguien había grabado en la pequeña mesa de madera: J & L. Alzó la cabeza con rapidez para observar a James y formuló una pregunta cuya respuesta ya sabía de antemano:

-¿J & L? ¿Somos… nosotros?

James asintió y Lily recordó que no era la primera vez que veía aquellas iniciales juntas:

-Un momento… Hace unas dos semanas más o menos, vi estas mismas iniciales grabadas en una mesa al fondo de la biblioteca. Pero aquellas estaban dentro de una snitch. ¿Eso también…?

-Sí, es obra mía –respondió James encogiéndose de hombros-. Qué puedo decir, es un hábito tonto que adquirí. Escribir nuestras iniciales juntas… -se revolvió el pelo, y a Lily le sorprendió ver que parecía avergonzado-. Te confieso que todavía lo hago a veces… Tal vez te parezca ridículo o…

Lily negó varias veces con la cabeza y James se relajó.

-No creo que sea ridículo –sentenció ella con una mirada cariñosa que a James le encantó.

-Bien, porque debe de haber como decenas de garabatos igual que este por todo el castillo…

Lily compuso una amplia sonrisa en sus labios, divertida, al imaginarse aquellas iniciales grabadas en los sitios más insospechados del colegio. James dirigió la vista hacia el pupitre de nuevo, pensativo esta vez.

-Supongo que cuando grabé esto hace dos años aún no lo sabía…

-¿Qué es lo que no sabías? –preguntó Lily, confundida.

-Lo mucho que acabaría queriéndote –soltó James con gravedad y sus ojos castaños clavados en los verdes de ella.

Escuchar aquella declaración tan directa y sincera hizo que a Lily se le encogiera el corazón. De repente, sentía sus propios latidos resonando con fuerza en sus oídos y una sensación cálida en el pecho que no podría haber explicado con palabras.

-Te quiero, Lily. Te he querido desde… -James hizo una brevísima pausa mirándola con una emoción que rayaba la adoración y se encogió de hombros-. Ya ni lo recuerdo –continuó con una voz aterciopelada que provocó que a ella se le erizara el vello.

Lily no tuvo que pensar demasiado qué hacer a continuación. Se dejó arrastrar por lo que sentía, como llevaba haciendo toda la noche. Rodeó el cuello de James con ambos brazos y lo besó de manera que él entendiera todo lo que significaba para ella.

Cuando por fin sintieron que les faltaba el aire, se separaron lentamente con las respiraciones agitadas y el pulso acelerado. Aún enredados en un abrazo íntimo, James rozó su nariz contra la de Lily con ternura y un segundo después pudo escuchar el susurro cargado de amor que salió de los labios de ella:

-Yo también te quiero.

James estaba (mal) acostumbrado a ser un ganador muy a menudo: era Premio Anual, uno de los alumnos con más talento del colegio, una estrella del quidditch, muy popular entre sus compañeros, un gamberro con un encanto natural que conseguía hacer que la gente a su alrededor se sintiera atraída por esa chispa que desprendía… Y sin embargo, James nunca jamás en toda su vida se había sentido más victorioso que en el mismo instante en el que escuchó la voz de Lily pronunciando aquellas cuatro palabras.

Los besos y las caricias se sucedieron sin cesar, con un significado más profundo entonces. Se querían. Estaban enamorados y finalmente ambos lo sabían.

Cuando los primeros rayos tímidos del sol empezaron a despuntar en el horizonte creando unas manchas anaranjadas y borrosas, ambos supieron que pronto amanecería y se separaron a regañadientes. Salieron al corredor en completo silencio con las manos entrelazadas y rezándole a Merlín para que Filch no estuviese patrullando los pasillos. Con pasos apresurados y sin detenerse, pudieron respirar aliviados por fin al cruzar el retrato de la Señora Gorda minutos después.

La sala común aún estaba caldeada debido al fuego que había ardido en la chimenea hasta hacia unas cuantas horas. Aunque se jugaba un partido de quidditch temprano después del desayuno, era muy improbable que algún alumno fuese tan madrugador como para sorprenderlos allí; al fin y al cabo, era sábado.

-Deberíamos ir a dormir –sugirió Lily colgada del cuello de James, de pie cerca de la repisa de la chimenea.

-¿Deberíamos? –repitió James rozando apenas los labios de Lily, que asintió sin mucho convencimiento-. Es sábado. Y yo no tengo que jugar el partido de quidditch. Así que…

El partido de quidditch… se repitió Lily mentalmente. Precisamente, esa era la razón principal para que James descansara al menos unas pocas horas antes del encuentro. Porque aunque él todavía no lo sabía, Lily pensaba asegurarse de que él jugara ese partido.

-Sí, deberíamos –dijo Lily con más convicción-. Aunque no puedas jugar, no creo que quieras perderte el partido…

-Entonces… ¿Nos vemos aquí por la mañana? Y bajamos juntos a desayunar.

Por toda respuesta Lily asintió sonriente y James la siguió hasta las escaleras que conducían a los dormitorios femeninos. Al pie de los escalones, él enmarcó el rostro de Lily con sus manos y la besó largamente una vez más, tomándose su tiempo para saborear cada recoveco de su boca.

Tras romper el contacto y después de una última sucesión de besos cortos, Lily al fin comenzó a subir las escaleras hacia su dormitorio, con una irremediable y tonta sonrisa en los labios. La misma sonrisa de idiota rematado que tenía James Potter abajo en la sala común.

-0o0o0o0o0o0o0-

Apenas había dormido tres horas, cuando Lily sintió que un par de manos la zarandeaban con delicadeza. Medio dormida aún, pudo oír las voces de sus compañeras de habitación muy cerca.

-Está en plena fase REM todavía. ¿No la oíste llegar anoche?

-Ya te he dicho que no, Tina… ¿Cómo quieres despertarla así, si apenas la has movido? Vamos, apártate…

-Vale, pero no seas bruta.

Entonces Lily notó como alguien le agarraba por los hombros y la sacudía con muy poca sutileza al tiempo que decía bien alto:

-¡Lily! ¡Eh, Lily! ¡Vamos, despierta!

-¡Marlene, qué te he dicho!

Los ojos de Lily eran apenas dos rendijas mientras se incorporaba lentamente en la cama. Se frotó los parpados con somnolencia y cuando pudo enfocar la vista, allí estaban Marlene y Celestina, sentadas en su cama con sendas sonrisas.

-¿Y bien? –inquirió Marlene.

Lily se apartó el pelo de la cara y bostezó. Por Merlín, qué cansada estaba…

-Anoche te estuvimos esperando –explicó Celestina, dándole algo de tiempo a Lily para que se despertara por completo-. Pero tardabas tanto en venir que al final nos fuimos a la cama…

-Bueno, ¿vas a contarnos que pasó o qué? –preguntó Marlene muy impaciente-. Damos por hecho que la cosa fue bien, si no, no habrías pasado casi toda la noche con él… ¿A qué hora llegaste, por cierto?

-Al amanecer –respondió Lily con una sonrisa radiante.

Marlene emitió un silbido largo y descarado y a continuación soltó una expresión obscena que Celestina censuró con una mirada de disgusto.

-Y… -insistió Marlene con las cejas alzadas, ávida de más información.

-Y… James y yo estamos juntos –acabó Lily sin poder borrar de sus labios aquella sonrisa.

Celestina dio unos grititos ridículos mientras brincaba en la cama y en aquella ocasión fue Marlene la que le dirigió una mirada de desdén. Después volvió a observar a Lily y preguntó con curiosidad:

-¿No vas a darnos los detalles más jugosos?

Lily puso los ojos en blanco y los siguientes quince minutos los pasó contestando absolutamente todas las preguntas indiscretas, atrevidas y de lo más cotillas de sus dos amigas. Cuando llegó a la parte en la que James le confesaba que la quería, tanto Marlene como Celestina adoptaron una expresión sensiblera en sus caras y emitieron la misma exclamación soñadora (¡Ohhhhhh…!). Obviamente, Lily no pudo evitar reírse de ellas.

Mientras Celestina se daba una ducha, Marlene y Lily continuaban hablando sobre la noche anterior sentadas cómodamente en la cama de la pelirroja:

-… y nos quedamos charlando un rato abajo en la sala común. ¡No veas qué risas a costa de Sirius! Te juro que no me voy a cansar nunca de tomarle el pelo por lo de su cita con Jorkins… -dijo Marlene con una expresión maliciosa.

-Pobre Sirius… No te pases con él. Lo hizo para ayudar a James. Y hablando de Sirius… -Lily saltó de la cama y sacó la navaja del bolsillo de su túnica de gala, para dársela después a Marlene-. Devuélvele esto cuando puedas.

-¿Cómo vas a hacerlo? –preguntó Marlene jugueteando con la navaja entre sus dedos.

Lily no tuvo que preguntar a qué se refería su amiga. Ahora que tenía el veritaserum en sus manos, la siguiente cuestión era cómo finiquitar el plan. Lily resopló con fuerza y se pasó una mano por la frente, un tanto preocupada.

-Los profesores van siempre directamente al Gran Comedor desde sus habitaciones… Así que es seguro que McGonagall va a estar allí cuando bajemos a desayunar.

-Y después del desayuno se juega el partido de quidditch. A las once en punto –comentó Marlene.

En ese momento, Celestina salió del baño envuelta en una toalla blanca y al ver las caras serias de sus dos amigas, preguntó:

-¿Qué os pasa?

-Estábamos hablando sobre cómo va a enfocar Lily la última fase de su plan –explicó Marlene-. McGonagall estará en el Gran Comedor durante el desayuno y después seguramente irá directa al campo de quidditch.

-Pues vas a tener que hacerlo antes… -comentó Celestina mirando a Lily mientras se cepillaba su larga melena.

-En el Gran Comedor –anunció Lily con cara de circunstancias.

-¿En medio del Gran Comedor? –repitió Celestina con cara de susto y dejando repentinamente de peinar su cabello castaño.

Marlene resopló con fuerza y miró a la pelirroja con una expresión a medio camino entre el asombro y la lástima antes de decir:

-Lily, vas a hacer historia.


Y por ahora hasta aquí. ¿Qué os ha parecido? Si me dejáis un review, la vida os recompensará con un James como el de este capi.

Os recuerdo que el próximo capítulo es el último. ¡Un beso a todos!