Oportunidad.

-debemos irnos pequeña Shampoo, ya es hora de cerrar la parroquia.-un enternecido sacerdote le hablaba con lastima a la amazonas, que estrujaba la falda de su traje Chino de matrimonio. Ya no lloraba porque se le agotaron las lágrimas de los ojos y los sollozos en su boca maquillada para la ocasión. Camino rumbo al café lo más rápido que pudo pero las miradas en la calle no la dejaban en paz, no podía hacer nada, siempre estuvo consiente que jamás seria prioridad para Ranma y que no podría competir con Akane, ni siquiera con alguna de sus hermanas. No había que ser experta para saber dónde se encontraba el muchacho, al llegar al Café del Gato los sentimientos empeoraron… tan solo unas horas antes ambos habían estado adornando el local para cuando llegaran recién casados y comenzaran su humilde luna de miel en casa, nada de eso pasaría. Shampoo entro al baño plantándose frente al espejo sin entender porque el joven la rechazaba una y otra vez de las peores maneras posibles, tenía un cuerpo curvilíneo hermoso, un cabello entre azul con toques de lila hasta la cintura, había aprendido a amar con el ardiente fervor que requería Saotome e incluso se aventuró con la comida japonesa para que su hombre por fin olvidara las cenas de Kasumi, pero jamás las olvido.

Era horroroso pensar en las mil veces que Ranma recorrió su cuerpo con los labios imaginando que era otra piel la que besaba, cerrando los ojos para que su mente se engañara intentando divisar en ese cuerpo desnudo y entregado el rostro de la marimacha de Akane Tendo. La muchacha recorría cada trozo de piel que el traje le dejaba descubierta, intentando recordar y a la vez olvidar el rastro de los besos de quien la tenía perdidamente enamorada… pero tan solo era ella en el espejo, pretendiendo, igual que Ranma. Dio un último suspiro de auto lastima e irguió la cabeza, era Shampoo la amazonas y el orgullo de una guerrera China vale más que mil hombres y todas las estúpidas bodas del mundo. Puso lo indispensable para un viaje largo en su bolso de mano y sin mirar atrás por un segundo cerró la puerta del Café del gato. Sería terrible llegar a la casa de su fallecida abuela y habitarla sola, el espíritu de Cologne incluso podría ofenderse de no verla ya casada, pero sabía de un muchacho cegatón y de larga cabellera oscura que no dudaría en tenderle la mano.

...

-¿crees que este dormido?-Ranma susurraba al lado de la cama del pequeño Ryoga mientras este se dejaba vencer por el cansancio.

-si-contesto Akane aún más bajo-ya pronto comenzara a roncar. Ambos sonrieron en la oscuridad, ya iban alrededor de tres meses desde que Ranma se hizo del Dojo y convivía con el pequeño Ryoga día a día, el muchacho era él más joven y más fiel de sus discípulos pero al acabar la noche era difícil calmarlo para lograr que se durmiera, la adrenalina y la pasión por las artes marciales corría por sus venas después de todo. Ranma vivía ahí desde el día en que su boda no se llevó a cabo, al día siguiente de lo sucedido fue al Café del Gato con incertidumbre, no encontró a su prometida y solo el rastro de su paso fugaz por el local le explico la nota que reposaba encima de la mesa. "se feliz por favor, intentare serlo yo también…" Tomo algunas de sus cosas y regreso al hogar de los Tendo, desde entonces no volvió a irse. Soun le había devuelto su antigua habitación a cambio de que siguiera adelante con el Dojo y llenara un puesto vacío en su mesa. Con las dos hijas mayores ya lejos del hogar Soun se sentía solitario, Nabiki y Kuno se mudaron a la lujosa mansión Tatewaki como siempre debió ser mientras Kasumi y el Dr. Tofu disfrutaban de su pequeña hija con tan solo un mes de vida en la paz de su propio hogar… Akane, el pequeño Ryoga y Ranma eran su única compañía diaria. Saotome entrenaba duro por las mañanas y en la tarde les ensañaba a discípulos pero jamás estaba agotado a la hora de jugar con Ryoga antes de dormir, esa noche no fue la excepción.

Akane y Ranma guardaban silencio en la oscuridad, con la luna entrando por la ventana iluminando al pequeño, que ya roncaba.

-creo que mejor voy a dormir…-Akane volteo y se encamino rumbo a la habitación contigua, pero al intentar cerrar la puerta la mano de Ranma se lo impidió. La peli azul subió la vista desde la mano del joven hasta encontrarse con la profundidad de sus ojos azules en la oscuridad. La muchacha intentaba hablarle lo menos posible cuando Ryoga no los veía, se sabía enamorada de Ranma pero no daría paso atrás, como ella bien había dicho, ya era demasiado tarde. Él en cambio pensaba recuperarla a toda costa y sin importar cuando tardara en el intento, gastaría toda su vida para poder dormir abrazado a su cuerpo una vez más… y esa noche era su oportunidad. El viento soplaba contra las ventanas y las golpeaba fuerte, las gotas de lluvia sonaban en una melodía repetitiva y relajante cubriendo la casa y a todo Furinkan.

-quiero hablarte-dijo él, logrando colarse dentro de la habitación y cerrando la puerta tras de sí.

-hablemos mañana- le contesto Akane con una sonrisa nerviosa- con estos truenos Ryoga despertara en cualquier momento y vendrá corriendo a dormir conmigo-la muchacha se sentó en la cama, dando un salto por un sonoro relámpago y levantándose de inmediato.

-sabes que no despertara hasta mañana, es a ti a quien le dan miedo las tormentas-Ranma río despacio acercándose a Akane-recuerdas cuando nos quedamos solos por primera vez, también había una tormenta… La muchacha miraba por la ventana para no dejarse vencer por las ganas de abrazar a Ranma y cobijarse en su pecho hasta que cesara de llover. Tocaba con las manos aquellas marcas en el vidrio que había dejado la mortal pelea que comenzó en su habitación, quería recordar para poder alejar a Ranma sin dudar, pero las imágenes se le mezclaban con el recuerdo de la tormenta que el chico de la trenza le narraba y no podía más que empuñar sus manos fuerte para no caer… no caer en sus ojos color océano y darse por perdida, pero ahora si era tarde. Los brazos de Ranma la rodearon de la cintura lentamente y de a poco se acercó más, pegando su cuerpo a la espalda tensa de Akane, escondiendo el rostro en su cuello, acariciando con la nariz el camino entre su hombro y su oreja. La chica contuvo la respiración y fijo la vista en el estanque, casi podía verse sentada ahí, besando al hombre que ahora la abrazaba, riendo con él hace unos años, la imagen de ambos discutiendo por cualquier tontería, lanzándose ropa, mirándose de reojo por todo el jardín. Todos los malos momentos y recuerdos se opacaron con el reflejo de ambos en la ventana, juntos, contra todo pronóstico no podía alejarlo de su lado… se pertenecían. Ranma comenzó a besar donde antes solo rozaba y volteo a la chica dejándola frente a si, bajando la mirada para encontrarse con sus ojos, Akane no aguanto la tensión y aferrando las manos al cuello del joven lo beso, lo beso como nunca antes había besado, dejando que sus lenguas danzaran juntas un ritmo lento y delicioso. Ranma atentaba contra sus labios cada vez que la muchacha se alejaba unos segundos y sin darse cuenta se encaminaron juntos hacia la cama, cayendo juntos sobre la colcha aun sin despegarse. El joven Saotome comenzó a desabotonar el vestido de Akane con rapidez y se deshizo de él lanzándolo por los aires mientras la muchacha hacia lo mismo con la desgastada camisa roja de Ranma, oliéndola para luego lanzarla también y continuar con los pantalones de su compañero. No podía decir cuántas veces busco pasar cerca de su antiguo prometido tan solo para oler esa particular camisa roja con la que llego a casa, impregnada de su aroma y de su esencia, ahora podía respirar cuanto quisiera del muchacho teniéndolo completamente desnudo sobre ella, Ranma marco el camino desde sus pechos hasta su ombligo y más abajo con húmedos besos y le quito el último vestigio de ropa que se interponía entre ambos, Akane atrajo el rostro de Ranma hasta el suyo y lo beso mientras se acoplaba a su cuerpo rodeándole la cadera con sus piernas y sintiéndolo más cerca que nunca. A ambos les pareció infinito el momento en que al fin fueron uno, Ranma se quedó ahí sin más, buscando que cada tramo de su piel vibrante sintiera cada espacio de piel de la mujer, ninguno se movió por unos segundos, guardando en su memoria esa sensación de plenitud absoluta. Los recuerdos de cuando fueron presentados, de aquella primera vez que se divisaron desnudos en el baño o incluso de esa ocasión en que Ranma la beso creyéndose un gato llegaban a su cabeza como apresurados flashback mientras la muchacha se hundía entre los movimientos de pelvis del joven, abriéndose más camino en cada estocada. Akane se abraso a su espalda y con un suave empujón se posiciono sobre Saotome tomando las riendas, balanceándose sobre Ranma mientras acariciaba su pecho, dejando que sus senos saltaran con ella sobre el húmedo cuerpo de su hombre. Si Ranma hubiese podido describir el cielo, sin duda seria esa imagen exacta, Akane sonrojada montándolo con desenfreno, desinhibida, como siempre quiso verla pero jamás se atrevió…no aguanto más el placer al oírla venirse y jalándola más fuerte desde los muslos, acabo, en un solo jadeo profundo. Se rindieron exhaustos uno sobre el otro acariciándose, pero demasiado felices como para dormir, Akane podría jurar que escucho con el susurro del viento una risa juguetona de su mejor amigo, era la señal… Ryoga estaba feliz porque ella lo estaba.

-¿esto era de lo que querías hablarme?-pregunto Akane aun recobrando el aliento.

-la mejor conversación que jamás hemos tenido-respondió Ranma cubriéndola con la cobija y besándola en los labios. Medio adormilados y aun acurrucados, Ranma no pudo contenerse y las palabras salieron como una explosión de su atolondrada boca. -por favor Akane, cásate conmigo… La peli azul aun con los ojos cerrados y apoyada en el pecho desnudo y tibio de Ranma, dejo de respirar un segundo y en un largo suspiro apenas audible murmuro un sí.