Capitulo 11/37: Corazon Esmeralda
Lo lamento mucho.
Les pido disculpas a todos los seguidores de esta historia por mi largo retraso con este capitulo. Estoy conciente de que esta ausencia ha sido la más larga que he tenido desde que soy autora de Fanfiction, y les prometo que no fue mi intención. Mi maldito teclado y ratón se descompusieron, y eso me impidió pasar lo que llevaba escrito en la libreta. Hice todo lo que pude, y de hecho el sábado anterior a empezar las clases después de las vacaciones de verano, me quede en vela, toda la noche, hasta las seis de la mañana. Me "robé" literalmente la laptop de mi papá, y me puse a pasar las ocho páginas que alcancé para tener sólo unas pocas más que pasar para cuando me compraran un nuevo teclado. De antemano me disculpo por si hay errores de ortografía al inicio del capi, ya que la laptop solo estaba en inglés y no tenía ni la "ñ" ni los acentos, y eso me complicaba un poquiiito las cosas. En fin, creo que realmente me esforcé, no sólo en el ámbito de apurarme para subirlo, sino también en el de trabajar en la trama. Y probablemente me quedó un poco largo. Y eso también lo siento XD.
Como sea, espero que lo disfruten.
¡Capitulo 37: Corazón esmeralda!
"Los cuatro elementos" fueron creados por los seis antiguos guerreros con el propósito de ser otorgados a, el o los bakugan capaces de superar determinadas pruebas, aprovechando al máximo sus capacidades y aumentando su poder de una manera inigualable. Nadie estaba seguro de cual era el motivo de esto, pero la verdad era que a la mayoría le tenía sin cuidado.
El único problema era que no solo los bakugan podían obtener esos dotes, cualquier otro ser viviente podía ganar alguno de los elementos, y si cayera en las manos equivocadas, podría ser un gran peligro para todos a su alrededor. Debido a esto, Apollonir, Lars Lion, Clay, Excedra, Frosh y Oberus, aumentaron el nivel de dificultad de las pruebas, lo suficiente como para que los bakugan fueran los únicos capaces de superar los rituales.
Tray había leído aquella leyenda un millón de veces. La había repasado mucho, incluso antes de querer intentar con los rituales y, naturalmente, sabia todo acerca de ella.
- La tercera prueba se realiza en las profundidades del bosque que rodea a Aberdum: el bosque e Oderald, mejor conocido como el bosque blanco. – Explicaba Tray. – Se gano este nombre por la espesa neblina que lo cubre, y que aumenta conforme baja el sol. Pero también se le llama así debido a la belleza que esconden sus árboles y sus criaturas. Sin embargo, no es más que una fachada, ya que, pocos son los que han entrado sin perderse en su interior, y han vivido para contar lo que vivieron allí.
- Lo se – Dijo Aismer. Tray estaba sentado en la mesa de la cocina, y el chico le sirvió algo en una taza, antes de unirse a el. – Recuerdo que cuando era pequeño, muchos niños se perdieron ahí, y nunca pudieron encontrarlos.
- Pero no fueron solo niños. – Dijo el, con cautela. – Los adultos que entraban y volvían a salir, no entendían muy bien que era lo que les pasaba en ese lapso de tiempo. Y lo único que podían sacar a conclusión, era que tenía que ver con una de las aves que habitaban allí. Desde hace muchos años atrás, los habían apodado con el nombre de silbidos, debido a la forma en que emitían tal sonido, melodiosamente y de una manera casi hipnotizante.
- Conozco a los silbidos. Yo también los he visto. – Dijo Aismer. – Pero no entiendo a donde quieres llegar. ¿Porque ellos creerían que todo era culpa de unos simples pájaros?
- Los silbidos son la especie mas numerosa que habita en el bosque, y generalmente, su imagen era lo único que les quedaba en la memoria a esas personas. – Aclaro Tray. – Además, según los antiguos manuscritos, que cuentan la leyenda de los cuatro elementos, la criatura que protege la esmeralda, tiene las mismas cualidades físicas que las aves.
Aismer hizo una mueca, aun sin entender muy bien la situación.
- Se llama Anhae. – Dijo el, dispuesto a sacarle de dudas, y pronunciando aquel nombre con la misma suavidad con la que el viento acariciaba las hojas de los árboles. – Y su nombre es aquello que cantan los silbidos, solo que no logra entenderse hasta que ella llama a sus aves, para tomar su verdadera forma.
- ¿Verdadera forma?
- Es muy peligrosa. – Dijo Tray, anticipándose a lo importante. – Podrá verse hermosa, y aparentar ser gentil, pero es todo lo contrario. – Bajo la voz. – La voz que yo intente enfrentarla, estuvo a punto de matarme. No le hice ningún rasguño; me tenía completamente a su merced. Logre reaccionar, y huir lo más rápido que pude de ese lugar, pero de no haber sido por eso, estoy seguro de que no estaría contigo en este momento.
- ¿Porque nunca me lo contaste? – Pregunto Aismer, poniéndose de pie. – Este es mi pueblo, tenia derecho a saber.
- Por lo mismo de que es tu pueblo, no te dije nada. – Contesto el, cruzándose de brazos. – Tienes demasiados remordimientos con este lugar, pero estoy seguro de que si te hubieses enterado de la existencia de Anhae, habrías ido tras ella, con tal de vengar a tus amigos.
Aismer iba abrir la boca, pero se dio cuenta de que Tray, lo conocía demasiado bien.
Tray conocía sobre la historia de Aberdum, igual, y de hecho más que sus propios habitantes. Nadie más que la familia real sabia donde estaban escondidos los elementos, y la verdad es, que era mejor así. De lo contrario, todo el mundo se enfrascaría en esa misión imposible, que después vendría convirtiéndose en una cita con la muerte.
Y, a pesar de todas las desapariciones que habían sucedido en el pueblo, ni siquiera sus habitantes, sabían de la existencia de Anhae.
Era un hecho, si lo hubiese sabido, hubiera ido tras ella.
- ¿Y que te hace pensar que si tu no pudiste, tus amigas si podrán? – Pregunto Halfayer, bajándose de una de las lamparitas del candelabro de la sala. Había escuchado toda la conversación, a pesar de que no tenia que, pero el ya se daba por enterado de aquel enfrentamiento entre Tray y Anhae hace años, y no estaba seguro de querer que se pusiera en riesgo de nuevo. Y esta vez acompañando a las chicas.
- Lo mismo que me hizo confiar en que podrían encontrar el diamante. – Respondió el sin dudarlo, y sin verlo a los ojos. Conocía de antemano los sentimientos de Halfayer hacia las chicas, y puesto que habían discutido por eso muchas veces, ni siquiera le sorprendía el comentario. – Y lo consiguieron mejor de lo que pensé.
- Esa prueba era más de auto control – Insistió Halfayer. – En esta solo dependerán de su fuerza.
- Igual que con las ninfas.
- ¡Pero tu estabas ahí con ellas, Tray!
- ¡Y lo volveré a estar! – Dijo el príncipe con completa convicción. Se calmo un poco, y luego suspiro: - ¿Porque te es tan difícil confiar en ellas?
- Porque aun no entiendo como, tu, confiaste en ellas tan rápido. – Dijo el bakugan poniéndose frente a el.
Halfayer no era malo, simplemente le era difícil adaptarse a nuevas personas; y la sociabilidad obligatoria y por naturaleza que tenia Tray hacia el universo, los hacia unos compañeros – aunque incompatibles – complementarios.
- El solo hecho de que cuatro niñas hayan tenido la suerte de obtener estos poderes, no quiere decir que estén listas para pruebas como estas.
- ¿No lo han demostrado ya? – Contraataco Tray. – Mucho antes de que nosotros las encontráramos, Runo y las demás ya se hacían cargo de Marlene y su sequito de idiotas. Además, han completado todo el entrenamiento que yo les he puesto. Y no estoy contando lo que hicieron por mí al detener aquella boda. – Dijo, recordando lo que había sucedido con Fabia. Bajo el tono de voz, adoptando uno más suave, que le correspondía mucho mejor, y que de hecho, era su tono natural. Le extendió la mano a Halfayer, indicándole que no estaba molesto con el. – No se tu, amigo, pero yo confío mucho en ellas.
El bakugan se tranquilizo, posándose delicadamente sobre la palma del joven. – Mas de lo que deberías – Bromeo.
Tray sonrío. – No quiero que te preocupes por mí. – Dijo el. Y la verdad es que no se como acabara esta prueba, pero… si de algo estoy seguro… Es que yo daría mi vida por cualquiera de ellas.
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- ¡Oh, vamos! ¡No puede ser! – Dijo Julie, intentando como veinteava vez con el arco.
- Eso no estuvo ni cerca del blanco. – Dijo Gorem, posándose en su hombro.
- Ni del suelo. – Dijo Runo recargada en un árbol, viendo como la flecha desaparecía entre las nubes.
Estaban en el pueblo a las orillas del bosque, ellas cuatro en compañía de Drina.
Habían puesto un montón de botellas de vidrio sobre una de las ramas de los árboles, y con ayuda de dos arcos de madera, trataban de darle al objetivo con las flechas; y aunque era el primer intento de la peliplateada, la verdad es que pudo dársele mejor
Drina tomo una de las armas, y jalando del -, hasta su mejilla, le dio a tres botellas en menos tiempo del que Julie se demoro en tomar una flecha.
- ¡Lo haces parecer sencillo! – Dijo Mira, maravillada.
-Gajes del oficio, supongo. – Respondió la princesa sonriendo. – Ya que esta es una de las pocas armas que puedo usar.
- ¿Hm? ¿Porque? – Pregunto Alice
- Todo el mundo dice que el combate a espadas no es algo apropiado para una chica… o bueno… al menos no, para una princesa.
- Eso no tiene sentido. – Dijo Julie
- Ya estoy acostumbrada. – Dijo ella, encogiéndose de hombros. – Pero saben? A pesar de eso, ya estoy harta. Ya no soporto que sigan tratándome de una manera diferente a la que tratan a Tray.
- ¿Como te tratan? – Pregunto Runo, sentándose en un tronco. Alice estaba a su lado, y Julie había caído rendida en el césped.
- Como si fuera de cristal. – Respondió ella. – Por eso vine aquí. No solo para estorbar, sino para… cambiar la opinión que tienen de mí, y que dejen de mirarme como si no fuera capaz de valerme por mi misma.
Mira hizo una mueca. – Se como te sientes.
Intentaba no pensar en eso, pero la verdad era que la ultima pelea que había tenido con Keith, le había calado mucho.
Ella amaba a su hermano de una manera en la que nunca pensó que iba a amarlo. Habían pasado por muchas cosas – tanto juntos, como separados. -, y habían existido obstáculos en el camino. Obstáculos, lo suficientemente fuertes como para distanciarlos, pero ellos habían encontrado la manera de sobre llevarlos. Mira nunca dejo de buscar a su hermano, en aquellos momentos en los que no los tenía cerca de ella; hasta que finalmente Keith, consiguió alejarse de todo aquello que lo había representado como el Spectra malévolo, que todos llegamos a conocer. Y así, al fin poder regresar a donde pertenecía, al lado de su hermana.
Sin embargo, tomar el papel de padre, había vuelto a Keith algo… de acuerdo, muy sobre protector. Tan sobre protector, como para casi impedirle a Mira que siguiera peleando al lado de las chicas. Y lo hubiera logrado si Ace no hubiese metido mano en el asunto.
Pero ahora estaba allí, en un lugar completamente peligroso e inseguro para la hermanita de Spectra Phantom, y aunque el ambiente le tenía sin cuidado, su hermano aun rondaba como un fantasma por su cabeza. – Pero eso no importa. En cuanto regresemos al castillo todo cambiara, ¿cierto?
Drina asintió. – Eso espero.
- Bien, ¿de quien es el turno? – Pregunto Hydronoid, suavizando poco la atmosfera.
- Es mi turno. – Dijo Runo.
Se levanto, y se posiciono.
Cogió el arco con delicadeza entre sus manos, palpando la delgada y lisa superficie de madera, y sintiendo el ligero peso del arma blanca, a comparación del largo que tenia. Lo sujeto con mas firmeza, y tomo con fuerza una de las flechas, estirándola contra la cuerda, espero unos segundos antes de tirar, respiro hondo, y a pesar de que no dio en el blanco, cerca estuvo de haberlo conseguido.
- ¡Increíble! – Dijeron las chicas.
Runo hizo una mueca, como decepcionada con el resultado. – Pudo haber sido mejor.
- Tampoco pidas milagros. – Dijo Tigrera. – Está bien para ser tu primer intento.
- Es la primera vez que lo haces, Runo? – Pregunto Drina.
- Sip. – Respondió, apartando el arco, y relajando los músculos.
- Sorprendente. Si entrenas mas te convertirías en una excelente arquera.
- Gracias. – Dijo complacida por lo que decía la princesa.
Julie volteo las palmas de sus manos hacia si, en gesto de indiferencia. – Supongo que no soy muy buena en eso de disparar cosas.
- Si, nos dimos cuenta, Julie. – Dijo Alice.
- ¡Oye! – Dijo, y la chica se rió. – Creo que mi verdadero talento esta en comprar las armas, no en saber como usarlas.
- Y ahora que lo dices. – Dijo Drina, tirándose de rodillas en el suelo. – Ayer no alcance a mostrarles todos los locales que hay en el pueblo.
- Para mí, con lo del elixir de amor, fue más que suficiente. – Dijo Runo, riéndose y recordando el pequeño recorrido que les había dado Drina, el día anterior.
- ¡No entiendo por que no nos dejaste comprarlo! – Dijo la peliplateada cruzándose de brazos.
- Julie, no hables en plural. – Se quejo Mira.
– Eras tu la que lo quería. – Dijo Alice.
- Por favor, no me…
Se detuvo.
En el árbol donde estaban equilibradas las botellas, algo se había movido con tanta brusquedad que termino tirando una de ellas, y provocando que los cristales volaran por todas partes. Las chicas se sobresaltaron, pero aun así, forzaron la vista para ver si ubicaban al causante del movimiento.
Pasaron los segundos, y no se escucho más que el sonido del viento.
- ¿Que fue eso? – Pregunto Gorem, rompiendo el silencio.
- No estoy segura. – Dijo Drina. – Pero…
Se presento otro movimiento, ahora procedente de uno de los árboles que se adentraban, ya mas en el bosque, las chicas se giraron en redondo de puro impulso, aunque tampoco es que hubieran tenido mucho tiempo para asegurarse de lo que estaban viendo, debido a que sucedió lo mismo en un árbol cercano, y en otro, y otro, y otro…
Hasta ese entonces, lo que estuviera moviéndose con tal agilidad entre los árboles, no había dejado que le vieran ni un pelo, y las chicas comenzaron a dudar de si lo que estaba escondido, se trataba solo de uno.
Pero sus dudas se esfumaron cuando, como emergiendo de la nada, una parvada de pájaros, salieron de entre las ramas. Eran color verde claro, y tenían la cola y el copete tan largos como el brazo de un hombre adulto, y las alas, aunque un poco peculiares, considerando que eran casi de papel y transparentes verdosas, tenían una extensión aun mayor a las de un águila.
Estaban escondidos en diferentes partes de ese punto del bosque. Tenían el pico pequeño, y su cabeza era como la de un polluelo que no reflejaba más que ternura.
- ¡Son tan lindos! – Dijo Julie. Las aves se amontonaron, colocándose en los árboles más cercanos a las chicas y encerrándolas en un círculo.
- Son silbidos. – Susurro Drina.
- ¡Chicas! – Dijeron Aismer y Tray, llegando donde ellas.
Los pájaros apenas escucharon sus pasos, emprendieron el vuelo, y se alejaron lo más rápido que pudieron del lugar
- ¿Están bien? – Pregunto Tray, observándolas pero sin dejar de prestar atención a los lugares donde antes estaban los silbidos.
- Si –
- ¿Y tu? – Pregunto Runo. – Parece como si hubieses visto un fantasma
- No, no entiendes. – Dijo el príncipe, pero fue interrumpido por el ahora distante silbido de las aves, volando y adentrándose más en el bosque, pero sin alejarse mucho de ellos.
- Algo me dice que es momento de dar inicio al tercer ritual. – Dijo Halfayer, sin quitar los ojos de encima a los silbidos.
Tray asintió. – ¿Están listas, chicas?
Las cinco se miraron entre si, pero pronto se dieron cuenta de que era inútil seguir posponiendo lo inevitable, y coincidieron con la idea.
Al adentrarse en aquel bosque, la luz del sol iba disminuyendo poco a poco, al ser bloqueada por el tupido follaje de los árboles, que variaban desde un normal tono verde oscuro, hasta irse a los extremos de tener las hojas pintadas en azul o magentas, haciendo contraste con los troncos blancos que brillaban como la plata, y tenían agujeros en su superficie. Claro que se hubiera visto más bonito y alegre si el bosque hubiera estado, más iluminado, en vez de aquel ambiente aterrador y misterioso.
A cada paso que daban, los silbidos no los perdían de vista, se adelantaban un poco volando, y se posaban en uno de los árboles, esperaban a que los chicos los alcanzaran y volvían a repetirlo todo, una y otra vez, como si los estuvieran conduciendo a alguna parte, pero no dieran ni pista de a donde.
Los espacios que dejaban las ramas de los árboles, permitían el paso a unos cuantos rayos de sol, que iluminaban la oscuridad, formando cúmulos de luz en la tierra, y creando un paisaje con una belleza tan simple y natural, que muy pocos eran capaces de vivir para recordar.
- Esta esperando el momento para transformarse, pero puede hacerlo en cualquier momento y lugar. – Dijo Tray. – Aismer, será mejor que tú vayas atrás para asegurarte de cualquier cosa.
El chico asintió, y paso de estar a su lado, a por detrás de todos los demás.
- Estamos bien así, no tienes que pedirle eso. – Dijo Alice.
- Si, lo se. – Dijo forzando una pequeña sonrisa. – Pero no lo decía por ustedes.
La indirecta no pudo haber sido mas obvio, y apenas se volteo, su querida hermanita le saco la lengua. Las chicas se rieron a lo bajini, y disimularon exageradamente su seriedad cuando Tray se volvió a verlas.
Todas iban de novedosas, girando el cuello casi como un búho, a lo mucho que volteaban a ver a todos lados.
Si, era cierto.
Los silbidos eran la especie más numerosa que existía en el bosque blanco, pero también había muchas otras criaturas pequeñas andando por ahí, ya que las grandes, apenas oían pasos, huían. Las cuatro quedaron encantadas con un pequeño animalito que paso caminando a cuatro patas. Era como una bola de pelo rosa, que tenia la cola de un lobo y el hocico de un puerco espín. El cuerpo lo tenia rechonchito, y eso solo lo hacia quedar mas tierno ante los ojos de cuatro terrestres. Tray se divertía viéndolas, y Aismer solo hacia caras, dando a entender que sabia de lo predecibles que podían llegar a ser las chicas; además, a lo largo del camino, Julie se espanto al ver como Runo tomaba entre sus manos una especie de lagarto pequeño de color rojo, que tenia un pico de garza, y que a parte tenia alas de dragón. No tardo en irse volando, y la peliplateada no pudo asustarse más al sentir como sus patitas se paraban en su cabeza; también había insectos muy raros, uno en especial que era como una bolita, que solo tenia dos patas alargadas y delgadas como palitos. Estas se adherían a la superficie de los troncos de los árboles, y daban al insecto una forma extraña de caminar, al tener que trazar toodo un circulo con cada pata, rotando sobre el eje de su cuerpo.
Pero a pesar de todo y eso, ya iban varias veces que Mira volteaba hacia atrás, donde estaba Aismer. El iba alerta de todo lo que pasara, por lo que ni siquiera presto atención a que alguna de ellas le estuviera viendo.
- Oye, Mira. – Dijo Runo, pescándola, y acercándose lo suficiente como para que lo que dijera no fuera publico. – Creo que deberías de hacerle compañía a Aismer. Sirve de que así le revientas su burbuja de soledad. (Sariii: Este espécimen es conocido como Forever Alone, o por su nombre científico, Forevius Alonius XD como ustedes prefieran)
Mira se encogió de hombros, antes de encaminarse a acompañarlo.
- No creo que debas alentarla. – Le dijo Alice.
- No se de que hablas. – Contesto Runo, aunque no muy convencida de si misma.
- Claro que lo sabes. – Dijo Julie, asegurándose de que nadie le escuchaba antes de continuar. – Mira ya tiene muchos problemas, no le agregues a Aismer a su lista.
- Solo le dije que fuera a hablar con el. – Dijo la peliazul. – Que tiene eso de malo?
- Que las cosas siempre empiezan así, y al final sin que te des cuenta tendrás a tu mejor amiga atrapada en un triangulo amoroso con Ace y Aismer.
- ¿Todo bien chicas? – Pregunto Drina apartándose de su hermano para hablar con ellas.
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- Aismer, hay algo que me he estado preguntando. – Dijo Mira caminando con los brazos detrás de la espalda.
- ¿Que cosa? – Dijo el, viéndola, aunque aun algo absorto en la tarea que Tray le había dejado.
- Bueno… no me respondas si no quieres. – Dijo ella. – Pero estaba pensando en que, si tu naciste aquí en Aberdum, como fue que terminaste como en aprendiz de Tray? Después de todo, el vive en la ciudad real, muy lejos de aquí, y me resulta… no se, complicado.
El chico la miro. – Es la primera vez que me preguntan eso. Bueno… Pues como el dijo, no tengo muy bonitos recuerdos de este lugar, así que cuando tuve la edad suficiente como para valerme por mi mismo, me fui de mi casa y me dirigí a Adholid.
- ¿Así nada mas? – Dijo ella con incredulidad. – Tan siquiera tenias donde vivir.
- En realidad, eso me tenía muy sin cuidado. –Dijo Aismer sin una partícula de ironía. – Lo único que quería, era alejarme de este lugar, y supongo que no pensé con claridad lo que haría después.
Mira se quedo callada un momento, tratando de imaginar que haría ella en una situación similar.
Había huido de su casa por razones de importancia, pero siempre había tenido la seguridad, o al menos la esperanza, de que iba a regresar. Sin embargo a Aismer no le había importado y dejo sin mas, su hogar y su familia.
Pensó que si ella tuviera que llegar a tal extremo, probablemente haría lo que estaba haciendo en ese momento: huir a la casa de Runo. – Como conociste a Tray?
Aismer torció los labios como dudando si responderle o no. – Porque la pregunta?
- Porque supongo que el te ayudo cuando llegaste aquí, o no?
- ¿No crees que pude habérmelas arreglado yo solo?
- ¿Porque no simplemente respondes a la pregunta?
- ¿Porque te importa tanto?
- ¡Porque…! – Estaba a punto de ponerse a gritarle como si nada, pero luego se dio cuenta de que no era con Ace con quien estaba hablando; y aunque le agrado saber que pudo hallarse en confianza en tan poco tiempo, también le resulto un poco extraño.
- Porque me recuerdas a un viejo amigo. – Respondió ella, al fin. – Y solo quiero entender su forma de pensar.
- ¿Es tu novio o algo por el estilo? –
Por más terca que llegara a ser Mira, siempre le resultaba imposible ocultar su sonrojo, y con Aismer, no había sido la excepción. – T… ¡Te estoy diciendo que no los entiendo! ¿Porque habría de…?
- Porque lo estas intentando. – La interrumpió el, y la chica lo miro. – Estas tratando de comprenderlo.
Mira le desvío la mirada, antes de ponerse más en vergüenza. De no ser porque el lo dijo, seguramente no se habría dado cuenta de lo mucho en que Aismer le recordaba a Ace.
Mira ya no dijo nada mas sobre el tema, y Aismer se quedo muy serio al ver que no respondía.
- Tray me salvó la vida. – Dijo él, retomando el tema anterior. Mira despertó de su trance, y puso su atención en él.
- Cuando llegue a Adholid, los primeros días, los pasé acampando en el bosque. Para mi estaba bien; pero un día, hubo una horrible tormenta, y uno de los rayos cayó muy cerca de dónde yo estaba. – Continuó el chico. - No me hizo daño, pero el caso es que a partir de ahí, todo comenzó a incendiarse, y quedé atrapado en medio de varios árboles... De no ser por que Tray pasaba por ahí en ese momento, seguramente no hubiera logrado liberarme de esa situación.
- Él... nunca ha dicho nada sobre eso.
- No sé si sea porque su pose de príncipe lo hace carecer de vanidad o porque la ridícula inocencia que tiene, provoca que no le importe, pero... Tray nunca presume de sus actos heroicos.
- Sí, me he dado cuenta de eso. – Dijo Mira. – Pero si te creo que no le importe presumir.
- A veces me desespera que sea así. – Dijo haciéndose el enojado. – Pero de no ser por él, no sé que habría hecho. Él me acogió en el castillo, y me entrenó cuando yo se lo pedí. Pero, a pesar de eso, más que mi maestro... es mi mejor amigo.
Mira le mostró una pequeña sonrisa, sin poder ocultar el leve rubor ante sus palabras, y de igual forma, Aismer se sonrojó al ver su reacción.
- ¡Chicos, cuidado! – Gritó Drina, viendo por detrás de dónde ellos estaban.
De inmediato, Aismer empujó a Mira de los hombros, obligándola a agacharse. Todos hicieron lo mismo, y Tray se aproximó a dónde estaban las chicas.
A su espalda, había salido volando una parvada de silbidos, y de no haberse agachado, seguramente se los hubiesen llevado de encuentro. A los segundos, quisieron levantarse, pero el conjunto de aves volvió a aparecer por dónde salió, y con una velocidad aún mayor, obligándolos a arrodillarse de nuevo.
- ¿Qué demonios pasó? – Preguntó Runo, poniéndose de pie.
Antes de que cualquiera de los dos chicos se dispusiera a explicarle la situación, un sólo susurro sacó a todos de dudas: - Anhae
Se giraron en la dirección de la que se escuchó la suave y delicada voz. – Anhae.
Pero volvió a escucharse de otra dirección. – Anhae.
Y otra más. –Anhae.
- Anhae – Anhae – Anhae –
- Viene de todos lados. – Susurró Alice.
Aismer y Drina, prepararon sus arcos, mientras Tray y las chicas desenvainaban sus espadas. Los cinco no llevaban aquellas armas por necesidad, sino más bien, por si acaso, ya que ellos podían usar sus poderes para defenderse de cualquier cosa que se les atravesara, pero nadie podía estar seguro de que eso siempre sería así. Por lo que, por un motivo o por otro, siempre tenían la espada en la mano para defenderse, que de hecho, era la única arma que Tray les había enseñado a usar.
- ¡Anhae! ¡Anhae! ¡Anhae! –
Las voces que seguían pronunciando aquel nombre, se volvieron más chillonas, y todo rastro de melodía en ellas, desapareció por completo. Las aves se dirigieron a ellos, con una agresividad y agilidad sorprendentes, y dentro de sus picos parecían verse filosos colmillos, acercándose velozmente hacia ellos.
Drina y Aismer no paraban de disparar en todas las direcciones, y no dejaban que ninguno de esos pajarracos se les acercara lo suficiente, cómo para no permitirles tomar la siguiente flecha. Caso contrario al de Runo, Tray, Mira, Alice y Julie, quienes tenían que moverse ágilmente hacia todos lados, esquivando los ataques de los silbidos y dejándolos acercarse tanto cómo para rebanarles el pescuezo.
Sin embargo, apenas causaban una herida en el cuerpo de aquellas aves, estas en ves de sangrar, o desplomarse en el suelo agonizando de dolor, desaparecían, dejando sólo tras de sí unas míseras plumas verdes, y eso podía comprobarse, teniendo en cuenta, cuántas flechas habían atravesado a su objetivo, quedándose clavadas en los troncos de los árboles.
- ¡Esto no está funcionando! – Dijo Julie.
- ¿Tú crees? – Dijo Runo, viéndola cómo si fuera idiota.
Pero en algo poco menor a un pestañeo, el paisaje en el que estaban se desvaneció, para a continuación, verse los siete, parados en medio de un claro del bosque por el que habían pasado antes, y donde la atmósfera era más brillante y prolija. - ¿Dónde estamos? – Preguntó Drina.
Retrocedieron hacia el mismo punto, formando un círculo entre todos, cómo protegiéndose las espaldas, y estando en alerta máxima a cualquier cosa que pudiese pasar entre los árboles que les rodeaban.
En medio del silencio, y sin previo aviso, la niebla antes inexistente, ahora era tan densa que no te permitía ver.
- Chicos... – Dijo Aismer, con el arco y flecha en mano, apuntando hacia afuera, listo por si aparecía cualquier cosa. – Creo que éste sería un buen momento para transformarse.
- Sí... – Tray asintió, para después sacar la carta. - ¡Carta portal, abierta!
- ¡Bakugan, surge!
