CONFLICTOS:
Los horarios de clases del sexto curso resultaron ser mucho más relajados que los del año anterior. Habían pasado ya los TIMOS, y hasta el curso siguiente no deberían prepararse para los exámenes de los ÉXTASIS.
Hara inició las clases de transformaciones con McGonagall tan sólo dos semanas después de empezar el sexto curso. Aquel año afrontarían una fase especialmente compleja: la de la transformación en ave. Las clases resultaron ser bastante más duras que todas las anteriores, y Hara terminaba agotada.
Severus, por su parte, se inició en la investigación mágica. Su libro de "Pociones Avanzadas" empezó a llenarse de anotaciones al margen, donde mejoraba algunas de las pociones que aparecían en él. Incluso las más complejas.
Lily y Severus resultaron ser los mejores estudiantes de la asignatura de Pociones, y mantenían competiciones sobre quién acababa antes y mejor las pociones que debían realizar en clase. Este hecho no pasó desapercibido para el profesor Slughorn, quien les propuso formar parte de su Club. Así que aquel curso Hara no se aburrió tanto en sus reuniones.
Ella había empezado a salir con Severus desde que se habían besado en el Expreso de Hogwarts al iniciarse aquel curso. Cuando se lo contó a Lily, ésta miró a su amiga entre extrañada y divertida.
Así que sólo había amistad entre vosotros, ¿no? –le preguntó con sarcasmo.
Cuando te lo dije era verdad –se justificó Hara.
Sí... claro, sí, lo que tú digas... sí...
¡Es verdad! –protestó la Slytherin- En aquel momento sólo había amistad entre nosotros.
Vale, pero él ya te gustaba.
No lo sé, Lily. Puede que confundiera la amistad con otra cosa.
Bueno, es igual –la interrumpió la Gryffindor- Cuéntame cómo se te declaró. Me muero de ganas por saber cómo se pudo declarar el rarito de Snape para que te convenciera.
No es rarito, tonta –le recriminó su amiga- Y además, tiene una mirada increíble.
¿Fue así? ¿Te hipnotizó con su mirada "increíble" y te dejó sin voluntad?
Pues no, graciosa, Severus no me hipnotizó para nada. Y si acepté fue por voluntad propia, y en mis plenas facultades mentales, para que lo sepas.
Lo dudo mucho... –se burló Lily.
¿Pero por qué te cae tan mal? –preguntó Hara.
Porque es antipático, tiene mal genio, los chicos con los que va me dan repelús, es un racista, tiene un sentido del humor bastante peculiar, es una persona poco sociable... ¿Sigo?
No lo entiendo –contestó Hara desconcertada- Siempre me dices lo mismo, y es como si me hablaras de otra persona. El Severus que yo conozco no es así.
Pues mejor para ti –le dijo Lily- Pero te aseguro que el Severus que te he descrito es el que conoce todo el mundo. No me gustaría que te hiciera daño, Hara.
Severus nunca me hará daño –contestó su amiga sonriendo.
En aquel momento, James Potter pasó al lado de las dos chicas. Cuando vio a Lily, se echó el cabello hacia atrás con la mano y le guiñó un ojo. Lily se hizo la ofendida, pero a Hara no le pasó desapercibido el brillo de sus ojos.
¿Lo ves? –le dijo Hara- Yo tampoco puedo entender por qué te gusta Potter.
No me gusta Potter.
Sí... claro, sí, lo que tú digas... sí... –contestó su amiga con sarcasmo.
Lily sonrió.
Bueno... Él está cambiando mucho, y además se está haciendo muy guapo.
Buffff... Potter no cambiará jamás. Seguirá siendo el mismo cretino de siempre hasta el final de sus días.
Creo que no hablamos del mismo James Potter –dijo Lily.
Posiblemente –contestó su amiga sonriéndole también.
Hara consultaba a menudo el libro de "Pociones Avanzadas" de Severus para hacer sus trabajos de aquella asignatura. Las anotaciones del chico le eran de gran ayuda, pero no tardó en darse cuenta de que aquellas anotaciones no sólo tenían que ver con las pociones.
¿Qué es ésto? –le preguntó un día mientras estudiaban en la biblioteca.
¿El qué?
Esto, "sec-tum-sem-pra" –deletreó Hara.
¡Cállate! –le susurró Severus bastante alterado y mirando a su alrededor- Es un hechizo.
No lo había oído nunca.
Me lo he inventado yo.
¿Tú? –preguntó Hara con admiración- ¿Y para qué sirve?
Todavía estoy investigando eso –contestó Severus.
No sabía que fueras capaz de inventar hechizos –le dijo Hara mirándolo fijamente- Eso sólo lo hacen los grandes magos.
Severus la miró sonriendo de lado.
Entonces, eso quiere decir que yo soy un gran mago.
Hara le sonrió también, con una sonrisa cargada de sensualidad, como sólo las veelas sabían hacerlo.
Por algo eres un Prince –le susurró.
¿Y eso que tiene que ver? –preguntó Severus sin dejar de sonreírle de lado.
Eres el Príncipe de los magos –le contestó Hara muy despacio y acercándose ligeramente hacia él- Mi Príncipe Mestizo.
Severus la miró en silencio durante unos instantes, y después buscó la primera página de su libro de Pociones Avanzadas. Hizo desaparecer su nombre de ella, y en su lugar escribió:
"Este libro es propiedad de El Príncipe Mestizo".
La incorporación al Club de Slughorn, y aquel título nobiliario privado que Hara le había concedido, alimentaron el ego de Severus, tan dañado por su padre y por los Merodeadores. Continuaba siendo el blanco preferido de los Griffyndor, y su odio hacia ellos aumentaba en proporción al tiempo que permanecían juntos en Hogwarts.
No podía soportar la idea de que le debía la vida a James Potter. El chico había salvado a Severus de una muerte segura cuando desbarató una broma que sus amigos habían preparado para él. Snape sospechaba de Remus Lupin, y sabía que el chico escondía un gran secreto. Así que no perdía la ocasión de seguirlos, sobretodo las noches de Luna Llena en las que desaparecían tras el Sauce Boxeador. El día que Potter lo salvó, Severus había descubierto que Lupin era en realidad un hombre-lobo. Pero Potter, haciendo uso de la deuda de vida que Severus había contraído con él, le hizo prometer que no diría ni una palabra de lo que había visto.
No se había atrevido a decirle nada a Hara, pero aquel hechizo, Sectumsempra, lo había inventado especialmente para los Merodeadores. Era un hechizo de Magia Oscura, que encerraba una muerte lenta y dolorosa. La Magia Oscura ofrecía muchas oportunidades a aquellos magos que se atrevían a estudiarla y a utilizarla. Y significaba Poder. Y el Poder imponía Respeto. Y el Poder de la Magia Oscura imponía Respeto a través del Miedo. Y Severus quería conseguir todo eso para vengarse de los Merodeadores, de su padre, y del resto del mundo que siempre lo había ignorado.
El Señor Tenebroso era su oportunidad.
Pero Hara lo despreciaba. Él quería ser un mortífago, y la única manera de conseguirlo era manteniéndolo en secreto para que Hara no lo supiera. Severus se preguntaba si eso sería posible. De todas formas, aún quedaba mucho tiempo antes de que finalizara sus estudios en Hogwarts, y quizá para entonces, el Señor Tenebroso ya habría alcanzado el Poder Absoluto, y a Hara no le quedase más remedio que aceptar las cosas tal como fueran.
"Para los enemigos" –leyó Hara en el libro de Severus- ¿Ya has descubierto para qué sirve el hechizo que te inventaste?
Bueno... no exactamente –balbuceó el chico.
Pero aquí pone que sirve contra los enemigos –insistió ella- ¿Qué es lo que hace este hechizo?
Olvídate de eso, Hara –le contestó Severus quitándole el libro de las manos y cerrándolo- No es importante.
Esta bien –aceptó la chica cogiendo su varita- Entonces tendré que probarlo yo misma para saber de qué se trata.
¡Ni se te ocurra hacer eso! –le espetó Severus alarmado.
Ya veo –dijo Hara mirándolo con seriedad y bajando su varita- ¿Es Magia Oscura, no?
Severus no contestó y guardó el libro en su mochila.
No me hagas esto, por favor –le suplicó Hara.
El chico se acercó a ella y le acarició la mejilla.
No te estoy haciendo nada –le dijo- Créeme.
No puedo creerte. Todos los chicos Slytherin estáis deseando convertiros en mortífagos, y no puedo entender por qué. Os queréis convertir en asesinos, y esa idea os llena de orgullo. Es algo que se escapa a mi comprensión. Pero tú... Tú no, por favor.
No se trata de eso –contestó Severus- Se trata del Poder, Hara. El Poder que hará que me respeten.
¿Qué te respeten? –preguntó ella sorprendida- Yo te respeto, y te admiro por tu inteligencia y por las cosas que eres capaz de hacer. Serás un gran mago, ya eres un gran mago. La gente te respetará por eso. No necesitas de la Magia Oscura para conseguir respeto.
Sí la necesito, Hara –la interrumpió él- ¿Te parece que esa panda de Griffyndor me respeta? ¿Qué mi padre me respeta cuando me castiga sin motivo, sólo porque está borracho? La única forma de que la gente te respete es cuando te tienen miedo. ¿Por qué crees que los niños de los primeros cursos se apartan de los Merodeadores cuando se cruzan con ellos? Porque temen sus bromas pesadas. Porque les tienen miedo, en definitiva. Así funciona el mundo ahí fuera, Hara.
Si tanto te importa el Poder, podrías entrar a trabajar en el Ministerio, y con tu inteligencia no te sería difícil llegar a ser Ministro de Magia con el tiempo. Entonces tendrías Poder y respeto, pero desde la legalidad y sin necesidad de recurrir a la Magia Oscura.
¡No seas inocente, Hara! –le espetó Severus- En el mundo real que hay ahí fuera, sólo los hijos de los magos más ricos e influyentes consiguen altos cargos en el Ministerio. Y yo soy un mestizo, ¿recuerdas? No hay sitio para mí en el Ministerio. Sólo el Señor Tenebroso puede ofrecerme una oportunidad de ser alguien.
Hara no sabía cómo convencer a Severus de su equivocación, e intentó utilizar otros argumentos.
Está bien, está bien... –empezó a decir- Supongamos que lo que dices es cierto. Pero quien-tú-sabes no regala nada por nada. Tendrás que hacer cosas terribles para él. Imagínate que un día te ordena que me mates porque lucho contra él, o porque tengo sangre muggle. ¿Qué harías?
Eso no ocurrirá nunca –le contestó él con seguridad- El Señor Tenebroso jamás ordenaría la ejecución de una descendiente de Salazar Slytherin.
Bueno, pues imagina que te ordena matar a alguien que conoces. Un compañero de Hogwarts, por ejemplo.
Hara, el Señor Tenebroso sólo ordena matar a los que se oponen a él. Y eso lo hacen los dos bandos en una guerra.
Estamos hablando de matar, de quitarle la vida a un ser humano –Hara estaba desesperada- ¿Es que no tienes ningún respeto por la vida humana?
Claro que la tengo –contestó Severus empezando a enfadarse- Pero estamos hablando del enemigo en una guerra, no de cualquier ser humano.
¿Qué enemigo? –preguntó ella- ¿Los muggles? ¿Los "sangre sucia"? ¿Es que no ves que quien-tú-sabes pretende hacer un genocidio con todos ellos, sólo porque no son sangre pura? Tú mismo podrías ser un elemento a eliminar.
No, si tú guardas mi secreto.
Por favor, Severus –le suplicó Hara- ¿Es que no te das cuenta de que quien-tú-sabes pretende imponer una dictadura mágica, eliminando a todos aquellos que no sean magos de sangre pura? Os utilizará para conseguir sus objetivos, y se deshará de vosotros cuando ya no os necesite. Jamás volveréis a ser libres.
El Señor Tenebroso recompensa a quienes le sirven –contestó el chico con seguridad.
¿Y cómo lo sabes? ¿Cómo sabes que eso es verdad? ¿Qué pruebas tienes? Por favor, Severus, tú eres inteligente, no puedo entender que no seas capaz de ver cómo es en realidad tu Señor Tenebroso.
Sólo los mortífagos pueden saber cómo es el Señor Tenebroso en realidad, porque son los que están a su lado. Y todos los temen y los respetan.
Dime una cosa –Hara se puso muy seria- ¿Crees que yo estoy contigo porque te temo?
Espero que no –contestó Severus sonriendo.
¿Y por qué no quieres que yo esté contigo por miedo, pero pretendes que los demás sí te teman?
Porque a ti te amo.
Y yo a ti. Pero no has conseguido que yo te ame y te respete mediante el miedo, sino a través del amor –le dijo Hara- ¿Ves la diferencia?
Tú eres una excepción en mi vida, Hara –susurró Severus- Una maravillosa excepción. Pero nadie en toda mi vida, me ha respetado y me ha amado como tú lo haces. Nadie. Y no me puedo engañar a mí mismo pensando que voy a encontrar más excepciones por ahí. Para todos los demás no soy nada, y yo quiero ser alguien, Hara, quiero ser alguien. Y quiero que me respeten y que dejen de humillarme.
Quizá yo soy una excepción, porque tú te has comportado de forma excepcional conmigo –contestó Hara- Quizá si te comportaras con los demás como siempre lo has hecho conmigo, encontrarías más excepciones de las que crees.
El mundo no funciona así conmigo –dijo Severus- Pero si me amas, me aceptarás como soy y como pienso, y no me pondrás entre la espada y la pared. Ahora mismo haces que me sienta acorralado.
Yo no te voy a obligar a elegir, Severus –contestó ella- Eso sería como imponerte algo de lo que no estás convencido, y yo no quiero eso. Quiero que cambies de opinión porque estés seguro de que haces lo correcto. Quiero que te des cuenta de tu error por ti mismo.
Severus la cogió por la cintura y la acercó hacia él.
Estas cosas son las que hacen que te quiera tanto –le susurró- Te prometo que pensaré en lo que me has dicho.
Bien... Eso me basta... de momento... –le susurró ella también, a escasos milímetros de sus labios.
Lo besó con extrema suavidad.
Pero Hara estaba empezando a preocuparse seriamente por Severus. Él se estaba iniciando en un camino realmente peligroso, que no tenía vuelta atrás. Se estaba introduciendo en el estudio de las Artes Oscuras a unos niveles que empezaban a ser alarmantes, y su gran capacidad como mago le estaba permitiendo inventar hechizos de Magia Oscura con apenas 16 años de edad. Hara no quería ni pensar lo que podría llegar a ser capaz de hacer cuando fuese adulto y hubiese finalizado su formación mágica. De hecho, sus conocimientos superaban ya los de la mayoría de estudiantes de Hogwarts.
Hara tenía miedo, y no sabía cómo hacerle entender a Severus el error que estaba cometiendo. Pero también sabía que no iba a abandonarlo, y que haría todo lo posible y lo imposible por abrirle los ojos. Quizá no podía convencerlo con razonamientos, pero sí con amor. Quizá él acabase rectificando sólo por ella. A Hara ya no le importaban los motivos que lo recondujeran al camino correcto. Sólo le importaba que aquel cambio se produjera, y que fuese él mismo quien lo hiciese.
La noche de la Fiesta del Solsticio de Verano de 1977, ella tembló entre sus brazos mientras Severus la penetraba por primera vez. Lo amaba, pero se sentía como una araña que tiende una trampa para atrapar a su presa. La única diferencia era que ella no pretendía hacerle ningún daño, sino salvarlo de sí mismo. Los medios que utilizase para conseguirlo no importaban. Tan sólo importaba el objetivo final.
Hara había hecho su apuesta y esperaba ganar.
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