Raccoon City High School
Capítulo 11
Descargo de responsabilidad: Ni resident evil ni ninguno de sus personajes me pertenecen.
Nota de autor: Ahora a mis profesores les han dado ganas de hacer proyectos de recerca y exposiciones… ¡Estoy que no paro!
Respuesta de reviews anónimos:
Antonella: ¡Hola chica! Lo de la escena del bosque fue una idea que encontré divertida y la decidí incluir. Estoy super contenta de que te gusta la historia, los reviews de los lectores son una fuente de energía para ponerse a escribir y seguir con la historia. ¡Cuídate!
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Punto de vista de Steve:
Después del numerito del perro, pudimos reemprender el partido. Mi rodilla me daba pinchazos de tanto correr, simplemente lo ignoré. El árbitro tocó el silbato, hora de volver al campo.
La pelota fue al equipo contrario, León corrió a defensar la posición del jugador mientras yo intentaba atacar al capitán del equipo que llevaba la pelota entre los pies. Intenté quitársela, una, dos y tres veces cuando a la cuarta el chico de pelo largo y negro me dio un golpe en la rodilla.
Me caí al suelo y aullé de dolor, el árbitro pitó falta y le sacó tarjeta roja al chico del tatuaje y pelo oscuro como la noche. De fondo oía como Claire gritaba mi nombre.
Mi vista se volvía borrosa y los sonidos resonaban por mi cabeza. El médico corrió con el botiquín hacía mi posición. El chico de pelo oscuro discutía con el árbitro por su expulsión, los chicos de mi equipo estaban rodeándome comprobando como estaba.
-¿Estás bien?- Logré entender las palabras del médico de campo, mi pierna ardía de dolor, no lo aguantaba.
-¡Steve!- Claire, ella había salido de las gradas a toda prisa y ahora estaba en el campo, ella estaba cogiéndome la cara entre sus manos calientes, estaba pálida de preocupación. Lentamente mis ojos se fueron cerrando e iba perdiendo el conocimiento por culpa del dolor.
-¡Al hospital!- Gritó el entrenador Burton. Eso fue lo último que llegué a oír antes de desmayarme, lo último que sentí fueron las manos calientes de mi pelirroja.
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Punto de vista de Steve:
-¡Steve! ¡Steve contéstame!- Grité de desesperación.
Ese tal Billy le había dado una buena patada en su rodilla operada, yo estaba llorando abrazándole, él se había desmayado, no lo podía evitar. No me podía imaginar el dolor que estaba sintiendo en ese momento.
La ambulancia llegó al cabo de 2 minutos, unos enfermeros salieron de con una camilla y pusieron a Steve estirado en ella.
-¿Quién le acompaña?- Preguntó el más joven de los enfermeros.
-Yo.- Dije sin pensármelo dos veces. El joven médico asintió.
Me giré a Deborah mientras llevaban a Steve a la ambulancia. Debía avisar a mi hermano de todo, él estaría preocupado.
-Dile a Chris que he ido al hospital, cuéntaselo todo.- Dije a toda prisa.
-Claro.- Deborah volvió con su hermana y entré en la ambulancia con Steve.
Los enfermeros estaban delante conduciendo, yo me senté en la parte trasera con Steve. Él tenía convulsiones en la mano derecha se la cogí y él paró de temblar. Le aparté unos flecos que le caían en la cara y le di un beso a la mejilla.
-Te prometo que te vas a recuperar pronto.- Le susurré en la oreja.
No sabía si me estaba escuchando pero yo estaba convencida que él estaba sintiendo que yo estaba con él en ese momento. Le apreté la mano con un poco más de fuerza y le observé la rodilla. La tenía hinchada y con un buen moratón que se estaba volviendo amarillo del impacto. La ambulancia paró y unos médicos de dentro del hospital sacaron a Steve de dentro del vehículo, un enfermero me ayudó a bajar a mí.
-Gracias.- Dije en un leve susurro.
Una vez en el hospital llevaron a Steve en una sala de reconocimiento, a mi me dijeron que debía esperar en la sala de espera. Odiaba las salas de espera, la gente estaba nerviosa intentando saber si sus queridos se encontraban bien o estaban en situación crítica. Me acomodé en el asiento que parecía de cartón. Supongo que solo quedaba la paciencia y la esperanza.
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Punto de vista de Rebecca:
No me lo puedo creer. ¡Billy ha golpeado al novio de Claire! Y encima discute con el árbitro sobre sus derechos como jugador. No lo puedo soportar, estaba ardiendo de ira. Caminé hacía el banquillo donde él estaba sentado tomando bebida energética, le iba a dar una buena charla sobre el respeto a los demás y se iba a enterar.
-¡¿Pero qué te crees que eres?!- Dije cruzando mis brazos con indignación.
-Anda… Pero si eres tú.- Billy se levantó y se acercó a mí, mi instinto decía que debía retroceder pero por puro orgullo no lo hice.
-Tú no puedes ir por ahí golpeando a quien te da la gana ¿Sabes?- Se paró delante de mí. Estábamos cara a cara, me sentí tentada a darle una cachetada pero recordé el último día que le di una. Mal asunto…
-Ese jugador era un dolor de cabeza. Era mejor quitárselo de en medio.- Contesto Billy apretándome el brazo.
Gruñí de dolor y Billy rió, me estaba lastimando el brazo y por si no fuera poco todos estaban mirando a Steve así que nadie podía defenderme. Él me miraba con ojos penetrantes, yo le aguanté la mirad hasta que se me hizo imposible por culpa de la presión del brazo.
-¿Ahora me vas a quitar de en medio a mí?- Dije intentando resistir el dolor.
Billy me dio la vuelta y mi espalda quedó contra su pecho. Me sacudí contra él pero era imposible soltarme, me tenía bien agarrada.
-¡Suéltame! ¡Ayud…!- Billy me tapó la boca para evitar que pidiera ayuda.
-Te dije que pagarías por la cachetada.- Susurró Billy en mi oreja. Él me apretó el cuello, el aire me faltaba y no podía respirar. –Vamos, di que lo sientes.- Dijo Billy susurrando.
-Jamás.- Contesté como pude.
-¿Enserio? Bien… Tú decides, o pides perdón o voy a… ¡AAAAAA!- Billy gritó dejándome sorda. Me liberó enseguida, al momento descubrí la razón.
El perro blanco le estaba mordiendo la pierna dejándole una herida profunda en su tobillo. Él gritaba cada vez más fuerte, tarde o temprano la gente se daría cuenta y a lo mejor me quitaban al perro, así que le ordené que parase.
-Perrito, basta.- Grité en un tono imponente, el lindo cachorro paró y se subió en mis brazos. El perro tenía una leve taca de sangre en su pelaje blanco como la nieve, necesitaría una ducha. Billy suspiro de alivio.
-Maldita.- Dijo Billy mientras me alejaba con el perro.
-¿Qué dices?- El perro gruño a Billy amenazándole a volverle a morder.
-Nada.- Contestó Billy al ver la reacción del perro.
Volví hacía el grupo, se habían llevado a Steve a la ambulancia hacía al hospital, supongo que Claire también.
-Los partidos de hoy se suspenden.- Gritaron por megafonía.
La lesión de Steve había causado un gran contratiempo y por otra parte el suave perrito blanco también había hecho de las suyas…
-Hola Becky.- Dijo Ada saludándome. –Parece que este pequeñín solo busca problemas…
-Creo que es lo único que sabe hacer, aparte de ser adorable.
-Te lo podrías quedar…. Si quieres, claro.- Dijo León que sorprendió a Ada.
¡No me lo podía creer! Me estaban regalando al pequeñín, necesitaba un nombre. Salté emocionada y di vueltas de alegría. Ni siquiera contesté a Ada y a León. Tenía un perro guardián que me protegía de los malos, en el jardín de la enorme mansión construiría una casita para el perro, cada día lo sacaría a pasear por el bosque, incluso haríamos footing juntos... Seguro que papá no pondría ningún inconveniente en ver la cucada de perro.
-Lo tomaremos como un sí.-Dijo Ada riendo.
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Punto de vista de Helena:
Claire partió hacía al hospital, yo me quedé con las otras chicas en el campo. Los partidos de ese día se suspendieron por culpa del incidente.
-Bien, yo iré a casa de los Redfields a avisar a Chris de todo.- Dijo Deborah.- ¿Jill te vienes?- Preguntó ella.
-Me encuentro mal, me voy a mi casa a descansar.- Jill puso esa excusa para no ir, debía estar triste por la discusión de ayer.
-Producto de la resaca, yo ahora me iré a dormir.- Dije intentando animar el ambiente.
-Lo que sea nos vemos.-Mis ánimos fracasaron, Jill se fue hacía su casa.
León se acercó a mí aprovechando de que Ada estaba hablando con Rebecca, él me tocó el trasero con discreción y me susurró en la oreja sensualmente.
-No te olvides que esta tarde vienes a mi casa.- Reí bajo para que nadie me escuchara.
-Como olvidarlo.- Le separé de mí para no levantar sospechas.
Desvié mi vista hacía la puerta de la entrada del campo, Chris estaba allí vestido con el uniforme de jugador, listo para el partido.
-Llego a tiempo.- Chris se secó el sudor de su frente, seguramente había venido corriendo por la calle. Su parido empezaría dentro de media hora, lo justo para hacer el calentamiento.
-Han suspendido los partidos Chris.
-¿Por qué? ¿Qué ha pasado?- Preguntó preocupado más por los partidos que por cualquier otra cosa.
-Steve se ha lesionado y ha ido al hospital con Claire.- Chris cambió la cara de inmediato al oír Claire y hospital en la misma frase.
-Dios, voy para allá corriendo.- Chris volvió a salir tan rápido como entró y desde el campo pudimos oír como llamaba a un taxi para llevarlo al hospital.
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Punto de vista de Jill:
Justo cuando salía del campo me encontré con Chris que corría desesperadamente para legr puntual. Lástima que los partidos se habían suspendido.
-"¿Lástima? Él te rompió el corazón, Jill. ¿Es que no lo recuerdas?"- Dijo una voz dentro de mi cabeza.
Me escondí detrás de unas plantas para no encontrármelo, realmente no quería ni tenía ganas de estar con él. Chris pasó rápido como un rayo por delante de mí. Parecía que no se había percatado de que yo estaba allí. Cuando desapareció por completo suspiré de alivio, salí de mi escondite temporal y me apresuré para llegar a casa, donde estaría más sola…
-"Es mejor estar sola que en mala compañía"- Otra vez mi voz interior intervino, la ignoré pero tenía toda la razón. Sin los Redfields estaría sola.
Caminé hacía la calle principal, pensaba despejar mi mente haciendo un paseo por el parque, ese era uno de los lugares favoritos de Chris…
-"¿Por qué no puedo dejar de pensar en él?"- Me pregunté dentro de mis pensamientos.
Me senté en un banco y descansé mis ojos por un momento, oír el agua del pequeño lago y el cantar de los pájaros me hacía desconectar.
-Jill…- Una voz familiar me llamó.
Abrí mis ojos de golpe, miré hacía mi derecha y luego a la izquierda, debían ser imaginaciones mías porque no había nadie.
-Jill…- Volví a mirar, nadie estaba presente, solo los patos en el lago y los pájaros en los árboles.
Alguien me tocó el hombro, me levanté del banco del parque y me giré, tampoco había nadie.
-"Estoy demasiado sola."- Pensé.
Volví a andar dispuesta a llegar a casa, prepararía un poco de comida para Claire y se la traería al hospital, la pobre debe estar hambrienta…
-"¿Y si me encuentro con Chris?"
Seguramente sí, me lo podría encontrar pero estaríamos en el hospital con mucha gente, él no montaría un numerito allí. Decidí arriesgarme así que cuando llegué a casa prendí fuego en los fogones y abrí la nevera.
¡A cocinar se ha dicho!
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Punto de vista de Claire:
-Despierta pelirroja…- Alguien me sacudía el hombro con suavidad, abrí mis ojos y me encontré a Steve caminando delante de mí en la sala de espera. Cuando me levanté la sala de espera se convirtió en mi habitación, yo estaba vestida en un vestido precioso y Steve no tenía ni rastro de su herida.
-Estoy tan contenta de que estés bien.- Le besé y él me tumbó con suavidad en la cama. Empezó a besarme el cuello, suspiré de placer. –Te quiero.-Le susurré mientras él me besaba la clavícula y mi escote del vestido.
-Yo también te quiero Claire.- Contestó Steve tomando mis rostro y besando mis labios suavemente.
La visión se oscureció y volví a mi realidad.
-Señorita, hora de despertar.- Un doctor con la bata blanca estaba delante de mí intentándome despertar, me había quedado dormida en la sala de espera.
-Solo fue un sueño…- Susurré ignorando al doctor.
-El señor Burnside está en su habitación. Mañana por la mañana le operaremos la rodilla. Acompáñeme.- La parte de operar la rodilla me alarmó, pero si estaba en una habitación era buena señal.
-¿Ha despertado?- Miré mi reloj, eran las 2 y media del mediodía, había estado durmiendo una eternidad.
-No, aún no, no es nada grave no se preocupe… Hemos llegado.- El doctor me abrió la puerta de la habitación 0267 y se despidió con un buen apretón de manos.
La habitación tenía una enorme ventana donde se podía ver el paisaje y la gente entrando y saliendo del hospital. Estábamos en un piso alto, supongo que en la planta más elevada del hospital, en traumatología… Pensar en traumatología me hizo pensar en mamá, mañana le debía operar ella.
Pensé en llamar a mi madre pero antes me acerqué a la cama donde Steve tenía conectado un monitor que controlaba su pulso. En un brazo le estaban inyectando suero para no deshidratarse. Al lado de su cama había un sillón, me senté y le di la mano. Con mi otra mano libre cogí mi teléfono y llamé a mi madre.
-Aquí la doctora Redfield.-Contestó mamá con tono serio y profesional.
-Mamá, soy Claire.
-Hola cariño. ¿Qué tal van las cosas?- Su voz pasó de tono serio a tono cariñoso.
-Mal. Steve se ha lesionado y estamos en el hospital.
-Vaya… ¿Es grave?- Preguntó preocupada.
-Sí, mañana le operan.
-Me ha llegado una notificación diciendo que tendré que operar un paciente por la mañana… Un tal Burnside… ¿Es él?- Dijo mamá.
-Sí.- Vaya coincidencia, mi madre tenía muy buena mano en las cirugías.
-Por eso no te preocupes cariño, estará en buenas manos.
-Eso no lo dudo.- Su talento por la medicina era grande.
-Bueno ¿Y Chris?
-No lo sé, le he dicho a Deborah que le diga que estamos en el hospital.
-En ese caso supongo que bien. Recuerda que hoy llegaré a casa a las seis… A las siete tengo turno, es rutina pasar a ver los pacientes, si estas allí nos vemos.
-Sí, me quedaré con él. Nos vemos, te quiero.- Mamá se despidió.
-Adiós. He de coger el avión.- Mamá colgó y guardé mi teléfono.
El ambiente estaba tranquilo, acaricié la mano de Steve con mi pulgar y cerré los ojos, aún estaba somnolienta de la siesta en la sala de espera. Respiré profundamente, estaba a punto de caer en un sueño otra vez, pero un apretón en mi mano hizo volver a activar mis sentidos.
-Claire.
Steve había despertado, sonreí de felicidad y me levanté.
-¿Cómo estás?
-Bueno, he estado mejor. ¿Qué hora es?
-Son las 2 menos cuarto.- Había pasado un cuarto de hora desde que entré en la habitación, el tiempo vuela.
-Vaya… Cuanto tiempo.
-Mañana mi madre te operará.
-¿Tu madre?- Preguntó confuso.
-Sí.- Asentí.
-Bueno, al menos mejor ella que nadie más, aunque es un mal lugar para conocer a una suegra.- Reí con sarcasmo, Steve nunca perdía el sentido del humor.
-Descansa, yo me quedaré contigo en el hospital hasta que te recuperes.- Le acaricié la frente quitándole una capa fina de sudor.
-Vale. Pero tienes que comer.
En ese momento alguien llamó a la puerta, me levanté, quité el seguro de la puerta y la abrí.
-¡Chris!- Me abracé a él.
-He venido a ver a mi cuñado.- Steve rió al verle allí.
-Pues ya ves.- Steve se incorporó y bebió un poco de agua que estaba en la mesa de noche al lado contrario del sillón.
-Oye Chris… ¿A que no adivinas quien operará a Chris?
-¿Quién?
-Piensa un poco.
-No lo sé.- Suspiré.
-Nuestra madre.
-Eso sí que es tener suerte.- Exclamó Chris.
¡TOC TOC!
Alguien llamó a la puerta, Chris cogió una silla que estaba delante del ventanal y se sentó con Steve. Quité el seguro por segunda vez y abrí la puerta nuevamente.
-Hola Claire. Pensé que tendrías hambre.- Jill llevaba un paquete con arroz y fideos, el plato favorito que hace Jill.
-Gracias Jill, pasa.- Cerré la puerta y eché el seguro.
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Se acabó lo que se daba, creo que ya tengo nombre para el perro, se va llamar Junior. Si alguien tiene alguna propuesta más que la dejé por review, Becky y el perro se van a meter en líos con Wesky… Ahí lo dejo ;)
Jill y Chris… Esos dos la van a liar. Por otra parte estoy escribiendo un one-shot con esta fantástica pareja, cuando lo termine ya avisaré.
Espero que os haya gustado.
¡ALLÁ VOY PROYECTOS DE RECERCA! Que la fuerza de dios me acompañe… - -
Besos y abrazos de oso.
Frozenheart7
