† Capítulo XI †

Me separé un poco de él, sin dejar de abrazarlo, y entonces contemplé embelesada sus profundos ojos, mirándome fijamente con una sonrisa en los labios. Me abrazó fuertemente, haciéndome olvidar por completo el frío exterior, y apoyó su cabeza en mi hombro, mientras yo no era capaz de separar ambas manos de su espalda.
-Te amo - me susurró al oído - Este mundo no me importa, renunciaría a todo lo que tengo sólo por respirar el mismo aire que tú hasta el día en el que muera.
Me quedé sin palabras, era demasiado irreal, demasiado perfecto. Lo amaba, quería decírselo, pero las palabras se atragantaban en mi garganta.

-Yo también te amo. No podría afrontar una vida sin ti - dije en un susurro casi inaudible, como si estuviera hablando para mí misma.
Dejó de apoyarse en mi hombro para volver a fundirnos en un cálido beso, haciéndome olvidar todo lo de nuestro alrededor, como si nada más existiera, solos bajo el cielo nevando. Entrelacé mis dedos con los suyos, despertándome de mi ensoñación al rozar mis heladas manos con las suyas, cálidas.
-Será mejor que volvamos, sería algo patético perderme mi propia fiesta - rompí el silencio sin elevar el tono de voz, sin apartar mi mirada de sus ojos. Asintió con la cabeza, aún conservando su sonrisa, y caminamos abrazados luchando contra el frío.

Abriendo la puerta de casa de Anko, volví a ver el violín de Nagato, en el mismo lugar donde él lo había dejado. Lo tomé con sumo cuidado, y se lo ofrecí.
-Es para ti, ya te dije que estaba dispuesto a renunciar a todo.
-No quiero que renuncies a nada por mí, siempre me quedaré contigo.
-Pero yo quiero que te lo quedes, es tu regalo de cumpleaños - sonrió y me besó en la frente, presionando sus labios contra mi flequillo. Tomé su mano y me dispuse a ir hacia el salón, pero él me detuvo - Espera un momento. Abre la funda del violín.
Lo posé en el suelo agachándome ante él, y fui lentamente abriendo la cremallera. Sonreí al ver el precioso violín azabache y, encima de sus cuerdas y haciendo contraste con su oscuro color, una rosa azul. Elevé la mirada para encontrarme con la suya. Me coloqué la flor en el pelo y cerré la funda, antes de volver al salón.

Todos se quedaron mirándonos fijamente en el momento en el que entramos donde estaba toda la multitud. Hinata sonrió, y nos preguntó lo que todos se estaban cuestionando:
-¿Estáis juntos? - Nagato me miró de forma interrogante, haciendo ver que eso estaba en mi mano.
-Sí - dije, sin conseguir evitar sonreír, no podía ocultar mi felicidad; amaba a Nagato, y él me amaba a mí. Sin quererlo, me sonrojé al escuchar los aplausos de todos.
-Por si os interesa, la habitación de invitados está allí... - dijo Anko, con un tono insinuante.
-Bueno, si no os importa... - respondió Nagato tímidamente, pasándome un brazo alrededor de mis caderas - Nos vamos a mi casa, y tal...

Entramos en su casa, sin ni siquiera encender las luces. Pein estaba en el pub, así que teníamos la casa para nosotros solos. Me llevó de la mano hasta su habitación, sin apartar sus ojos de mí, sin perder ni un segundo. Me quitó la sudadera y la colgó en el perchero, entonces yo fui a sentarme encima de las sábanas carmesí que cubrían su cama, haciendo que mi falda se subiera ligeramente al cruzar las piernas. Encendió el compact disc para crear ambiente, y vino hacia mí a la vez que comenzaba a sonar la canción "Snuff", de Slipknot.

Se recostó sobre mí, haciéndome quedar acostada, siendo acariciada por las sábanas de terciopelo, admirando desde esta posición todo lo perfecto que él era, su piel estaba hecha del mismo material que mis sueños. Busqué con mis ojos su mirada, clavándose en mí, recorriendo ansiosamente cada parte de mi cuerpo, y en ese momento deseé que fueran sus manos las que lo hicieran. Pasé una de mis manos por su nuca, acariciando su pelo y luego su cuello, lo que le dio un pequeño escalofrío, y entonces me sonrió para luego juntar sus labios con los míos, sutilmente, sólo un roce, que me dejó hambrienta.

Lo miré levantando una ceja con travesura, a lo que él me sonrió y me guiñó un ojo. Entonces me levantó un poco para poder pasar sus brazos por mi espalda y abrazarme fuertemente.
-Te amo, y te necesito a mi lado como el aire que respiro, tienes todo lo que soy - me susurró dulcemente, podiéndose notar la sinceridad en sus palabras.
Sin poder hacer nada por evitarlo, me puse a sollozar, llevaba demasiado tiempo esperando este momento. Lo besé con todo mi corazón, y noté sus lágrimas juntarse con las mías, entonces se separó y miró mis ojos húmedos.
-No sé si lo que estoy haciendo lo correcto, me estoy atando a ti y si alguna vez te perdiera, no podría soportarlo, me quitaría la vida - cada palabra suya se quedaba grabada en mi mente, como uno de esos recuerdos que duran por toda la vida.
Los susurros se convierten en gritos, los gritos se convierten en lágrimas, tus lágrimas se convirtieron en risas, llevando nuestros temores. Besó mis lágrimas para luego hacerme notar el tacto de sus suaves labios en mi cuello, subiendo de nuevo hasta mi boca, fundiéndonos en un beso cargado de sentimiento, podía saber de primera mano que él sentía por mí lo mismo que yo sentía por él.

Con una sonrisa traviesa, volvió a recostarme en su cama, y se puso a mis pies, quitándome las Converse y los calcetines altos a rayas moradas y negras. Pasó ambas manos por mis muslos para bajarme y quitarme los calcetines, quedándose durante unos segundos mirando mis piernas, y luego subiendo su mirada hasta mis labios, a los que volvió para estar vez morderme suavemente, haciendo chocar sus piercings con el mío, haciéndome notar una extraña pero agradable sensación. Se separó un poco de mis labios para sonreírme con travesura, con una mirada hambrienta, al igual que la mía. Pasó una de sus manos por mi escote, acariciándome, sin dejar de mirarme fijamente para no perderse ni una expresión en mi cara.

Aún con sus ojos clavados en mí, se levantó para quitarse su sudadera de Slipknot [MizzMassacre: sí, voy a acabar por quemar esa sudadera, Alex, tenías razón] y dejarla tirada en el suelo, al igual que sus Vans a cuadros, y luego volvió a colocarse sobre mí, que pasé los brazos por su espalda y lo despojé de su camiseta, dejando al descubierto su pecho perfecto. Me besó con deseo, rozando mi lengua con la suya, mientras sus dos manos me iban quitando la camiseta, y colándose por dentro de mi sujetador, acariciándome con pasión. Bajé ambas manos hasta su trasero, para bajarle los pantalones, dejándolo tan sólo en ropa interior. Miré hacia abajo, pudiendo ver el bulto marcándose en sus boxers. Quería atarlo a la cama, violarlo, y luego comérmelo, sí, ansiaba comerle la boca, y lo que no era la boca también.

Colé ambas manos por dentro de sus boxers, acariciándole su trasero perfecto, agarrándolo con fuerza y arañándolo, a la vez que en cada momento que pasaba, más anhelaba pasar las manos a la parte de delante. Cuando me di cuenta, noté sus dientes clavándose con fuerza en uno de mis pechos, hasta hacerme gritar, de dolor y de placer. Me miró a los ojos y yo le sonreí, y entonces lamió la sangre que me había hecho al morderme. Desabrochó mi sujetador y entonces comenzó a lamerme los pechos, no podía más, así que metí una de mis manos por dentro de mi ropa interior. Al percatarse él de lo que yo estaba haciendo, se levantó un poco y me bajó la falda y el tanga a la vez, dejándome completamente desnuda a su merced.

Volvió una de sus manos hacia mi sexo mientras con la otra se tocaba a sí mismo por dentro de los boxers. Acariciaba mi clítoris alternando velocidad, intensidad y dirección, me estaba volviendo loca. Lo abrazaba con fuerza, clavaba mis uñas en sus hombros intentando no gemir fuertemente. Le agarré la mano con la que me estaba masturbando para que me metiera el dedo, y entonces noté su otra mano siguiendo acariciando mi clítoris, a cada roce de sus dedos, me sentía arder, me mordía el labio para no gritar. Entonces, empecé a sentirme arder, una oleada de calor inundó todo mi cuerpo, quemaba, y poco después noté el orgasmo, momento en el que no pude evitar gemir, por mucho que me tapase la boca con una mano. Sacó el dedo de dentro de mí y se lo llevó a la boca, lujuriosamente, dejándome hambrienta.

Tomé el control colocándome sobre él, y entonces me deshice de la cinta que tenía en el pelo para atar sus muñecas al cabecero de la cama; era todo mío. Lo besé en la boca apasionadamente mientras mis manos acariciaban su pecho, y entonces fui hasta su cuello para succionar y dejarle una marca morada, que lo hizo gemir. Tras una mirada traviesa, bajé mis labios hasta su miembro, y besé la punta, oyendo a Nagato suspirar. Comencé a lamer toda su longitud, al mismo tiempo que lo acariciaba, y luego me lo metí hasta la garganta, aumentando el ritmo hasta que llegó a su máximo.

Me limpié el labio y me senté en sus piernas, y él volvió a besarme, haciéndome sentir esas mariposas en el estómago que me molestaban cuando estaba cerca de él. Cada roce con su piel me excitaba más, cada visión de su cuerpo era lo más lujurioso que alguna vez me podría haber imaginado. Lo desaté del cabecero y lo recosté en la cama, posicionándome sobre él, haciendo notar la presión de su sexo contra el mío.
-Nooooo, nononono - me sostuvo por las caderas para apartarme, ¿qué estaba haciendo mal? - Aún es pronto, vamos demasiado rápido, quiero que esto dure, y no hacerlo ya la primera vez que pasemos una noche juntos...
-Okidoki - dije, levantándome tras haberle besado la mejilla - No pasa nada.

-Lo siento...
-No importa, tienes razón - no dejé de sonreírle, y me acosté de lado en su cama.
-Yo voy un momento al baño y ya vengo, puedes dormir ya si quieres - su mirada cariñosa me derretía, era tan mono...
-Noo, espero a que vuelvas - me besó ligeramente y entró en el cuarto de baño.
Cerré los ojos por un momento y supongo que me quedé dormida al instante, lo siguiente que recuerdo es abrir los ojos y encontrarme tapada con su sudadera de Slipknot [MizzMassacre: ¡la voy a quemar!], y con él durmiendo a mi lado. Lo abracé, apoyando la cabeza en su pecho, y volví a quedarme dormida.