"Estoy en mi casa. Todo sigue normal, todo está como antes. O al menos eso parece.
Es de día y me acabo de levantar ya que la luz me estaba molestando -como ya no tenemos el privilegio de tener persianas, pues nos pasa eso-. No hay ni un ruido en el ambiente, todo está en calma.
Me visto con la única ropa que me queda después de mi desastrosa caída a la miseria y bajo hacia la parte donde está la pequeña tienda de mi madre, para desayunar lo poco que ella me puede conseguir. Cuando llego, todo está del revés. Los estantes y el mostrador están colgando del techo y muestran un color mugriento en su madera.
Busco la salida para huir de esta pesadilla pero la puerta también esta del revés e inaccesible. Doy la vuelta, pero las escaleras han desaparecido y choco contra un enorme muro que no debería estar ahí.
-¡Mamá!-grito con toda mi fuerza, aunque parece que esto no funciona. Solo un leve gruñido es el que consigue salir de mi garganta-¡Mamá! ¿Dónde estás?-lo intento de nuevo, pero nada. Es como si hubiera olvidado como se habla-Ayúdame.
Grrrrr
Mis ojos se mueven desesperadamente hacia el ruido que acabo de interceptar y, a los pocos segundos, consigo ver de dónde proviene. Una monstruosa figura, colgada del techo, me mira con cara de pocos amigos. Poco a poco va cogiendo forma y aumentando su tamaño. De cierta manera, está engullendo las ropas que están "tiradas" por el techo. Tiene la cara deformada y toda su piel tiene un color azulado verdoso oscuro, casi negro. Es como si hubiera podrido la ropa.
Doy un paso hacia atrás y para qué lo habré hecho, pues justo cuando la punta de mi pie toca el suelo, aquella criatura -aun más grande que hace unos pocos segundos- abre su gran boca llena de puntiagudos dientes y se lanza hacia mi.
-¡AHHHH!-y esta vez si que consigo gritar.
Me tira hacia el suelo, solo que éste ha desaparecido. Ahora estamos rodeados de oscuridad. Siento su aliento en mi cuello, noto como algunos de sus dientes lo raspan, al igual que con mi espalda. Es como si me quisiera comer poco a poco, saboreando cada trozo de mi carne. Ya no le veo y lo agradezco.
Luego, por si fuera poco ya, desliza sus manos sobre mi congelado cuerpo y me clava sus uñas por toda mi espalda. Mas la sensación que me produce no es la que debería ser. Supuestamente sus cortes son profundos -pues lo noto en mis entrañas- pero mi sangre no sale hacia afuera. Solo el dolor se hace evidente en mi.
Grito de nuevo, aunque esta vez más desgarradoramente. Si sigue así no voy a poder aguantar el dolor. Se me está haciendo eterno, al igual que la caída. Su pegajosa piel me empapa por completo y, sin poder ver ya nada, me ahogo. Ahora si que empiezo a moverme, a patalear, pero es como si estuviera rodeado de nada pero a la vez de todo.
Ayuda, que alguien me ayude...
Mi cuerpo brinca porque tiene la sensación de estar cayendo hacia algún lado. Menos mal que estoy sobre un a cama. Toco todo mi cuerpo asustado para asegurarme de que no tengo ningún monstruo pegado a mi. Luego, después de ver que no tengo nada, cojo una enorme bocanada de aire y no empiezo a soltarlo hasta que hago memoria de dónde estoy: en la casa de un amigo de Nadir.
Realmente no se más información que esa, ser nuevo en un mundo que antes ni creías existente tiene sus desventajas, como la localización. No sé qué es lo que me ha pasado ni por qué estoy durmiendo en una cama que no es mía -aunque bueno, eso ya lo he hecho cuando me he estado hospedando en la casa de Nadir-.
Me llevo una de mis manos al pelo para echármelo hacia atrás y, cuando lo toco, el sudor que hay pegado en mis cabellos pasa a mis manos y las llena de grasa. Debo estar cubierto de este repulsivo líquido. Sería una grandiosa idea la de ducharme. Además, así me puedo desahogar un poco y llorar porque, seguramente, no poder volver a ver a mi querida madre y este sueño me ha recordado a ella. Maldita sea, quiero saber si está bien.
Estoy completamente solo en una habitación mugrienta y con muy poca iluminación. Cuando pongo mis fríos pies sobe el suelo noto como toda la podredumbre se adhiere a mis plantas y me provoca un respingo. Medio a ciegas, voy hacia la puerta. Solo puedo ver como una leve luz se cuela por debajo de ella. No tardo mucho en llegar, la abro y miro hacia afuera. No hay nadie. Ni una sola voz ni ruido. Solo veo una escalera que lleva hacia quien sabe dónde.
Echo una mirada hacia atrás por si acaso me dejo o se me ha pasado algo, aunque verdaderamente no se el qué. Pero mis ojos, durante el trayecto, se quedan embobados con una silueta que se mueve al lado mía. Si no tuviera el pelo blanco, la piel menos pálida, las cuencas de los ojos menos marcadas y una mancha roja que se extiende por toda su espalda, diría que ese soy yo. Si, definitivamente ese sería yo.
"¿Es un espejo que refleja otros colores?" pienso, aunque sé de sobra que eso no puede ser posible. La humanidad no está por la labor de hacer descubrimientos no útiles. Por curiosidad, toco la imagen con una de mis manos y la otra persona, la que se parece a mi, hace lo mismo pero a la inversa. ¿Soy yo? ¿Esa persona soy yo de verdad? Llevo ahora la otra mano, desesperadamente ya, e igual. Me responde de la misma forma. Aquí hay algo que no encaja.
-¿Es esto una broma?-susurro para nadie.
¿Cómo puedo ser yo eso? Ahora me llevo las manos a mi cara y la empiezo a espachurrar entre ellas. Incluso me llego a pellizcar una mejilla para saber si sigo soñando o algo. Pero no, es tan real como la paliza que me pegaron antes de que Nadir me salvara.
La "otra persona" hace completamente lo mismo que yo. Un leve gemido sale de mi boca. Intento ahogarlo pero de qué va a servir. ¿Qué le ha pasado a mi apariencia? ¿Por qué tengo el maldito pelo blanco? Mi puño se estampa contra el espejo y se hace añicos. La mano, casi instantáneamente, me empieza a sangrar. Me estoy perdiendo. Este no puedo ser yo.
-¡NO!
Aun puedo seguir viéndome en el espejo, aunque solo por unos pequeños trozos que han logrado no caerse. Miro la marca que tengo en la espalda y, al parecer, no solo mancha ésta. La sigo con los dedos temblorosos hasta que veo que se pierde por mi trasero -me envuelve los muslos enteros, como un arnés-. Me quito la camiseta casi arrancándomela -no llevo pantalones- y la miro atentamente. Quiero saber cuanto ha cambiado mi cuerpo.
Gruño histérico. Esto es tan surrealista que de seguro estoy en un sueño. No puede ser real. Una persona no puede cambiar de la noche a la mañana tan drásticamente. Con las uñas me raspo en la espalda por donde está "manchada" y lo único que consigo es dolor, pues no se marcha. Está como tatuada en mi piel. Mis manos empiezan a temblar aun más y yo a hiperventilar.
"Despierta, despierta" me digo una y otra vez. Los calzones no me duran más de dos segundos puestos. Ahí sigue, se me enrosca por una pierna y termina en uno de mis pies. Siento la misma repulsión y miedo que cuando una serpiente de mar o una morena se enrosca en una de mis piernas, solo que ahora no llevo traje que me proteja.
-¡Gabriel!-grita Nadir desde lejos. Escucho sus sonoras pisotadas que se dirigen hacia donde yo estoy. Esto solo consigue ponerme aun más nervioso, si es que eso se puede llegar a conseguir.
Mis piernas flaquean y yo caigo al suelo de bruces. Siento el dolor del golpe, mas se ve mitigado por mis continuos garrazos sobre mi pierna afectada. No puedo controlarme, siento que si no me intento quitar esta marca, aunque sea arrancándomela piel, me voy a volver loco. Los pasos cada vez se hacen más fuertes y cercanos, incluso ya puedo sentir la vibración que produce. De mis ojos empiezan a caer lágrimas y empiezo a tener dificultades para respirar entre mis gritos de dolor. Huelo a hierro.
-No puedo, no puedo-grito cuando puedo- Quítamelo, quítamelo- pido a Nadir cuando éste consigue entrar en la habitación. Mis ojos le miran con histeria y angustia.
Se abalanza sobre mi sin pensárselo dos veces y sin apenas haberme visto un segundo. Evidentemente, quedo inmovilizado en menos de un segundo. No es la primera vez que lo consigue y no creo que sea la última. Yo grito, grito con todas mis ansias para intentar calmar lo que está creciendo en mi interior, siento como me quema y me golpea. Creo que me está ganando. Soy tan débil, siempre lo he tenido en mente. Yo no soy...
-¡Gabri! Reacciona- grita Nadir en toda mi oreja. Frunzo el ceño porque casi me deja sordo pero consigue calmar mis gritos-Tranquílizate.
Ahora, sin sentido ninguno, me entran unas enormes ganas de reír. Aunque sigo llorando, mi boca se abre y empieza a emitir una lunática risa. Es gracioso que alguien que está encima tuya, inmovilizándote, mientras tu estás completamente desnudo y llorando, te pida que te tranquilices.
Él, con una mirada fría, me levanta hasta dejarme sentado en el suelo y me coge del hombro con mucha fuerza. Intento calmar mis lágrimas y la risa, mas mis esfuerzos son completamente en vano. Ahora si que me he perdido. No puedo parar.
-No seas duro con él, ¿cómo reaccionarías tu al verte tan cambiado?-escucho una voz de fondo, pero para mi no son más que murmullos. Ahora solo me puedo concentrar en el enorme dolor que estoy sintiendo en mi espalda y que estoy embadurnado de una fina capa de sangre.
Zas
La mano de Nadir se estampa contra mi cachete izquierdo y me gira la cara. Después del sonido del golpe, solo se escucha silencio, afortunadamente. No se cómo él sabía que así iba a parar, pero lo ha conseguido. Ahora no se si mirarle agradecido, y con la cara roja, o enfadado por el tortazo que me ha pegado. La cara me empieza a palpitar mientras me pienso cómo responder.
-Lo siento, Gabriel-dice y se nota que lo dice desde el corazón-Yo... no...
-Qué me ha pasado-corto secamente. Él y su amigo se miran con los ojos muy abiertos, cómplices de mi secreto.
-No creo que te...-y le empujo. Nadir cae al suelo sin esperarse el empujón. Quiero evitar el tema del guantazo y saber lo antes posible por qué estoy así. Siento como mi cara se endurece y mis ojos se achinan. Vaya, hoy no soy partidario de controlar las emociones.
-Te envenenaron-declara la persona cuyo nombre aun no sé-Pero realmente no es el veneno lo que te ha hecho cambiar de esta forma. Si no que...-traga saliva-¡Aun no estoy muy seguro! ¿Vale? Pero creo que te inyectaron alguna sustancia mutagénica.
-¿Te estás quedando conmigo? ¿Esto es una broma verdad?-pregunto. ¿Aun puede haber posibilidades de que esté soñando? ¿Una persona mutando en tan poco tiempo? Está ido de la cabeza-Es imposible que una persona pueda mutar así de rápido.
-Al parecer han averiguado cómo hacerlo-susurra Nadir. Éste está...¿llorando? Que alguien me despierte de esta pesadilla, por favor.
-¿Y qué me va a pasar?- y mi voz se rompe por culpa de su llanto.
-Quien sabe, no todos pueden soportar estos cambios de la misma forma. A lo mejor te quedan días o una larga vida. A lo mejor tu cuerpo sigue cambiando hasta quién sabe como...¡Yo soy veterinario, no médico! Joder.
-Entonces... voy a morir-digo mirando hacia el horizonte de la habitación. Nunca me había replanteado cómo era vivir con las horas contadas pero, ahora que lo hago, es bastante claustrofóbico. ¿Por qué me está pasando esto a mi?
-Es...posible...Yo... No pude salvarte-susurra más levemente Nadir. Pega con su puño en el suelo y hace que se me encoja el corazón. Verlo de esta manera lo hace tan humano, tan delicado. Siempre lo que visto como una máquina perfecta que lo sabe hacer todo. Pero ahora que lo veo en todo su esplendor, es una persona que siente, sufre y puede hacer las cosas mal.
Miro hacia el amigo de Nadir en un intento de decirle que se vaya y que nos deje solo. Afortunadamente éste pilla mi mensaje y se va, dejando la puerta abierta. Necesito hacer algo, no puedo seguir escuchando su gimoteo. Antes de acercarme a éste, cojo mis calzones y pantalones y me los pongo. Resultaba un poco incómodo estar desnudo delante de personas.
Toda esta situación es tan surrealista que ya no se ni como encajar las cosas. Me levanto con una pesadilla muy extraña sobre mi antigua casa. Luego, veo como ha cambiado mi apariencia por completo y una inmensa locura me atrapa provocándome daños en mi cuerpo. Y ahora Nadir llorando. ¿Es que he ido a otra dimensión? ¿Qué puedo hacer? Me siento un inútil que pierde los tornillos a la nada.
-Lo...siento-dice y se sorve los mocos ruidosamente.
-Nadir, por favor, no llores-mi voz, a cada palabra que suelto, se vuelve más tambaleante-No puedo verte así.
Me acerco a él lentamente. Debo tener cuidado porque quién sabe si me va a volver a inmovilizar o algo peor. Apoyo una de mis manos sobre uno de sus hombros y lo aprieto. Ninguna reacción. Me acerco un poco más a él y pego mi cuerpo en su costado, cerrando los ojos por si me llevo otro golpe. Mas nada, sigue con su lacrimosa tarea. Creo que se me está rompiendo el corazón.
-Por qué lloras-y le abrazo. Hay veces que las personas necesitan un abrazo y, a mi parecer, este es el mejor momento para dar uno a Nadir. Sus hombros se tensan y yo trago saliva.
-No vuelvas a hacerte eso-susurra y me toca la espalda llena de arañazos y pequeños riachuelos de sangre. Su tacto sobre mi desnuda piel hace que me estremezca. No sé por qué estoy reaccionando así. Puede que sea porque es la primera vez que alguien que no es mi madre me toque desvestido. Luego, roza mi puño derecho lleno de cortes. Ahora que lo veo, me he pasado.
-Claro... no volverá a pasar.
Después de un tiempo en la habitación solo, intentando meterme en la cabeza las nuevas novedades sobre mi, consigo armarme de valor y bajar. Tengo medio cuerpo lleno de vendas y me cuesta un poco andar sin sentirme incómodo con ellas. No tengo problemas en saber hacia dónde dirigirme pues escucho murmullos provenientes de una sala.
Cuando entro, veo como Nadir y su amigo hablan de algo que no entiendo -a lo mejor es porque he llegado a mitad de conversación-. Les miro intrigado y me siento en uno de los sofás libres que está al lado de ellos. Apenas me devuelven la mirada y siguen con la conversación, muy metidos en ella.
-Sabes perfectamente qué es lo que les pasa a la gente con este problema-dice el amigo algo enfadado-¡Incluso lo pudiste comprobar con tus propios padres! Sabes que lo lamento mucho pero nadie ha logrado salvarse nunca de ésta cruel realidad.
-Lo se Paul pero, ¿y si al ser inducido no provoca los mismos resultados letales?-hace una pausa para llevarse una mano a la cara y soltar un bufido-No podemos darnos por vencidos. ¡Ellos no pueden salirse siempre con la suya!
-Espero con todas mis ganas que no sea así Nadir, es evidente, pero quien sabe. Lo único que podemos hacer es esperar a ver que pasa. Además, mira lo que ha pasado en solo una noche- dice Paul y ahora me mira a mi con ojos llorosos. Sus labios empiezan a temblar-Por si acaso, vive estos días como si fueran los últimos chico.
-¿Qué?-vuelvo mis ojos rápidamente hacia Nadir, ansiosos de que me diga que todo esto es una broma. Que se están quedando conmigo.
-¡Te dije que no se lo dijeras!-grita ahora éste y se levanta velozmente. Tiene un pequeño cuchillo en la mano, cogido oblicuamente. Se muerde el labio para, lo que supongo, retener sus ganas de hacer daño y se abalanza de nuevo sobre mi. Solo que esta vez me coge de la mano y me lleva hacia la salid.-No le hagas caso, esto se puede arreglar.
Cuando salimos y vemos que casi está anocheciendo, Nadir bufa. Supongo que es porque otra vez vamos a tener que andar por este sitio de noche y puede que volvamos a tener problemas. A mi, realmente, me da igual. Hoy a sido un día muy extraño y ya no sé cómo tomarme las cosas. Solo me dedico a mirar la puesta de sol que, en mi vida, habré visto en total unas 2 veces y una ha sido en un vídeo.
Nadir nunca me ha dejado salir a verlo porque decía que era muy peligroso y que era mejor quedarse encerrado en casa. Qué le vamos a hacer, de momento estoy vivo y es gracias a él, por lo que tengo que hacerle caso. Él es mi protector.
El viaje de vuelta es un tanto incómodo. Ninguno de los dos dice ninguna palabra y Nadir aun no me ha soltado. Al revés, su agarre se ha vuelto mucho más firme y fuerte. Cuando la luz cae, aumentamos de ritmo nuestros pasos. No sé cuanto tardamos en llegar pero si que hemos andado bastantes kilómetros y que a partir de la mitad del camino, mi barriga ha estado rugiendo como una condenada, pidiendo de comer.
En cuanto estamos dentro de la casa, Nadir se pone a cocinar algo y yo me siento en el sofá. Tengo las piernas doloridas y apenas puedo mover ninguna de mis articulaciones. A esto, como si no fuera poco, se le suma el hecho de que tengo otra marca en mi muñeca, solo que esta si tengo la certeza que se irá con el tiempo.
Comemos y lo hacemos con casi el mismo silencio que en la vuelta. Solo se ve cortado por alguna de mis preguntas sobre cosas que aun desconozco. Por ejemplo, ahora mismo estoy comiendo un guiso de carne con guisantes. He preguntado también de qué animal es la carne, pero no me ha querido responder a esa pregunta. Los guisantes están mucho más ricos que los que había comido en Luna y la carne... bueno, creo que nunca he probado algo con un sabor similar. Es rara y está un poco dura, pero el sabor es bastante bueno y peculiar. Apenas tardo en comer todo lo que Nadir me ha echado y me quedo llenísimo.
-Creo que lo mejor será que nos acostemos ya-dice él en cuanto termina de comerse la última cucharada de su plato. Yo asiento con la cabeza. No puedo negar que estoy cansado, aun me cuesta mover las piernas-Yo dormiré en el sofá, como siempre. Buenas noches.
Sé que suena un poco borde y frío, pero es lo que ha hecho durante todas las noches que he pasado aquí. Si fuera otra persona, sabría que le molesta, pero supongo que Nadir es así. Ha cambiado tanto desde la primera vez que nos conocimos. Ahí no tuvo dudas en dormir conmigo. Creo que incluso le gustó más que haberlo hecho solo. Pero ya no somos esos niños nunca más. Aunque bueno, a parecer, yo ni si quiera llegaré a ser adulto.
-Buenas noches-me despido de él con una enorme sonrisa y dejo el plato en una especie de pila llena de unos cuantos más de otros días.
Cuando consigo llegar a la cama, desconecto mis piernas y me tiro de lleno en ella. Mis ojos no tardan en volverse pesados y yo no lucho contra el sueño. Sin embargo, deseo que esta noche no tenga ninguna pesadilla, como casi siempre.
-¿Estás despierto?-susurra alguien al lado mía.
Siento como algo se mueve por mi cama y se tiende justo a mi lado. Yo intento darme la vuelta para ver qué es lo que pasa, pero mi cuerpo no responde. Demasiado cansado para mover alguna articulación diría yo. Con mucho esfuerzo muevo la cabeza de arriba hacia abajo.
-¿Crees que soy una buena persona?-me pregunta, esta vez subiendo algo más el tono de voz. Ahora si que mi cuerpo se activa y logro girarme para poder ver a Nadir a apenas un palmo de mi. ¿A qué viene esa pregunta?
-Si, claro. ¿Por qué?
-Porque yo creo que no-declara y me empieza a tocar con las yemas de sus dedos mi moflete. Debo estar soñando porque nunca le había visto con una cara tan serena y neutral.
-Pues quítate eso de la cabeza. Creo que, para mi, eres la persona más buena de todo el mundo- y es verdad. Él siempre me ha dado mucho más de lo que ha recibido. Yo, en cambio, debo ser el que se pregunte eso.
-Ya pero...
-Ni un pero. ¿Es que no recuerdas todo lo que has hecho por mi?-le pregunto con el ceño un tanto fruncido. Algo que odio de Nadir es que es un poco tozudo, hasta cuando coge el cuchillo del revés para cortar el pan y se da cuenta, lo sigue queriendo cortar por el lado que no es- Eso es ser de todo menos mala persona.
-¿Y si quiero hacer cosas contigo que a lo mejor no consideras buenas?- Esto me deja en shock. ¿De qué está hablando?
Pero antes de que pueda preguntarle el por qué de su última pregunta, éste agarra mi barbilla con la mano que anteriormente estaba ocupada rozándome la mejilla y me atrae hacia él. Mi corazón se detiene, al igual que todos mis pensamientos. Tengo la mente completamente en blanco y lo único que puedo hacer es desear que la distancia que nos separa sea cada vez más corta. No sé porque pienso eso, pero lo necesito. Poco a poco, en un viaje muy lento y tentador, llego hasta sus labios. Sus deseables y dulces labios.
Que le zurzan al mundo, quiero revivir este segundo una y otra vez para el resto de mi vida. Sentir como todo el aliento que expulsa Nadir sobre mi cara es como cuando, por primera vez, sentí la brisa de la superficie terrestre. Y sus labios... creo que no tengo nada con qué compararlo.
-¿Sigo siendo buena persona?-pregunta de nuevo. Yo no puedo evitar sonreír como un tonto.
-Demasiado.
