Hola niñ s aquí les traigo un bueno cap que espero y les guste

la historia no es mia ni los personajes


Harry

Me di cuenta de que Ginny no tomaba nada del bar. Creí que se habia alejado de ellos más como un método de protección porque aunque no lo demostrara se estaba sintiendo incomoda, tal vez quería dejar de atormentarse. Esto realmente la estaba lastimando.

Di un paso involuntario hacia ella y vi que me miraba de hito en hito, la miré fijamente pensando en qué era lo que deseaba, mi mirada sobre ella era algo que no me costaba ningún trabajo en realizar. Sus mejillas estaban encendidas y casi creí comprender el por qué, estaba recordando el beso que le di.

Mi yo interno se regodeó con ello y no solté su mano por miedo a que la placentera sensación se desvaneciera. Solo la solté para tomar un par de copas de la bandeja que un mesero ofrecía para el brindis, aunque no supe realmente porque, ninguno de los dos, Ginny y yo, tenía buenos sentimientos hacia esos dos pero como no quería darles sal, preferí brindar con los demás. Entregué una copa a Ginny y escuché a su madre llamando la atención de los presentes.

– Gracias – dijo ella – Quiero agradecerles...– escuchaba sus palabras sin sentido, pero cuando entre sus dientes se coló el adjetivo "distinguido" para referirse a Draco Malfoy, no pude evitar soltar una carcajada que intenté simular como ataque de tos.

La idea de Draco siendo distinguido me provocaba risa, una persona distinguida no hubiera hecho lo que hizo con Ginny, en primera estancia. Seguí tosiendo siguiendo con la parodia hasta que me tranquilicé y vi que todos me miraban.

– Lo siento – dije esperando que mi tono sonara sincero, no lo sentía de ninguna forma.

– Como decía, agradecer por... –

Mi vista viajó de Molly a Draco y de este a Ginny una vez más. Y pensé en como él había perdido la oportunidad de estar con ella. También pensé en mí, en la vida que llevaba. Si esta hubiese sido diferente ¿Algún día habría dado con Ginny? ¿O con alguien medianamente parecido? Eran preguntas que no podría responder ahora. La miré otra vez y dejé viajar mis ojos sobre su piel suave, cremosa y llena de pecas. Sin más, porque mi mano así me lo indicó, toqué lentamente su hombro comprobando una vez más que su piel ofrecía el mismo aspecto tanto al tacto como a la vista. La punta de mis dedos palpó su suavidad sintiendo cada fibra y cada delicado vello que protegía su armonioso brazo, esto me dio algún tipo de consuelo ya que mis manos querían explorar otras partes más intimas de su cuerpo. Vi a lo lejos a Pansy, me miraba y por primera vez me sentí fastidiado de que una mujer me mirara. El brindis se dio.

Después me acerqué a Ginny y con la mano en su estrecha cintura y nos dirigimos hacia una de las dispuestas mesas a tomar la cena, cuando conseguimos una me acerqué y le dije

– ¿Que quieres comer?– su palidez me estaba preocupando más de lo necesario, no tenía que sentir ningún tipo de preocupación por ella.

– Algo ligero...– dijo ella meditabunda – Lo que tú quieras está bien...–

Lo que yo quería...

No... Aun no estaba preparada para oír que era lo que quería de ella, con tan poco tiempo de conocerla.

– No estoy muy seguro de ello – la miré a los ojos y me permití perderme en ellos, en su espesura chocolate, su sinceridad y también su tristeza, a pesar de ellos sonreí ante el suave picor que sentí correr por mi pecho.

Me di la vuelta antes de que mi rebelde cuerpo efectuara una acción más drástica que mirarla. Caminé hacia el bufete y seleccioné la comida para Ginny y para mi, ella debía alimentarse, si seguía así lo mas probarle era que desapareciera. Otra vez esa irritante preocupación, irritante porque, en mi estado, no podía hacer nada por ella y por alguna mejora

¡Ah! ya basta.

Informaron que dejarían los platos en cuanto hubieran terminado de arreglarlos. Tomé un whisky mientras esperaba. Me di la vuelta y miré hacia el frente esperando para indicarles a los meseros nuestra mesa, miré hacia el lado y vi a Draco Malfoy, estaba seleccionando unas papas de más para su relleno plato. Cuando me vio se puso rígido y me alegraba producir esa sensación en él. Quería que se sintiera incomodo, eso me complacía malvadamente.

Cuando aparté mi mirada de Draco y la enfoqué nuevamente en Ginny, pensando en que estaría tan sola como la dejé. Solo que ya no era así, Pansy estaba ahí, tenía esa mirada en su cara y Ginny le hablaba.

Al parecer discutían cosa que no se me hizo extraña, Ginny la odiaba y ella odiaba a Ginny, era imposible no darse cuenta. A pesar del ruido a mí alrededor escuché unas palabras de Ginny.

– Preferiría pagar por un hombre que robarme el de otra arrastrando mis favores sexuales como una vil perra –

Nunca imaginé a Ginny usando un lenguaje así, lo máximo que había escuchado así era de la señorita Brandon, Hermione. Aunque prefería inocente a Ginny me alegraba que se defendiera

– Me pregunto cuántos días después de casada resistirás antes de lanzarte al cuello de otro ¿Uno? ¿Tal vez dos? –

En ese momento Pansy comenzó a ofenderla pero me contuve de acercarme en la ridícula ironía de que esta era la lucha de Ginny, al menos por el momento. Aun de lejos vi que tenía el mentón levantando como si eso le fuera a dar valor, era admirable, como si se sintiera orgullosa de sí misma y fuerte, lo suficiente para contener a aquel monstruo.

Pero a medida que escuchaba sus palabras me di cuenta, aun desde la distancia, que la voluntad de Ginny estaba empezando a flaquear. Sin medirme porque no lo conseguía, me acerqué a la mesa finalmente cansada de la voz de Pansy sobre Ginny.

– Te equivocas – alcancé a escuchar – Si te conozco, conozco el fétido gusano, rata de alcantarilla que eres.

Mis reflejos adquiridos en tantas experiencias de la vida me avisaron lo que Pansy estaba planeando. La iba a golpear, y yo no lo iba a permitir. No me importó y alargué mi mano en el momento en que Pansy la levantaba, la atrapé en el aire un poco sorprendido por su fuerza, parecía que quería arrancarle cada uno de los dientes. Atrape su huesuda muñeca a pocos centímetros de la mejilla de Ginny y la miré, tenía la cara contraída en una extraña mueca y los ojos cerrados, los parpados arrugados para contener el golpe del que la salvé.

– Señorita Parkinson, lo siento, no pude evitar detenerme ante el brillo de su anillo –

No moví mi mano, ni acerqué la de la señorita Parkinson a mi cara, no me interesaban en lo más mínimo. Mis palabras hicieron mella. Sentí que Pansy retiraba su mano de la mía despaciosamente como tratando de hacer el momento eterno, su piel era un poco más áspera que la de seda de Ginny, su contacto me producía asco, como nunca antes con ninguna mujer.

– Gracias Harry, con permiso – se fue. Mejor. Así me dejaba a solas con Ginny quien no me quitaba ojo de encima.

– Creo que voy a tener que agradecerte toda la vida –

A mí no me importaba su agradecimiento. Curiosa y extrañamente me importaba más que saliera exitosa de esta amarga experiencia.

– Es una arpía... por suerte llegue a tiempo – Y eso si lo agradecía sobremanera. Permitir que la mano de esa zorra alcanzara la mejilla de Ginny... siquiera imaginarlo me enfadaba y eso era tonto.

Los meseros llegaron con la comida, Ginny tenía la tez pálida, su intercambio de palabras con Pansy la había afectado y eso me preocupaba innecesariamente. Ella tenía la mirada lejana y pensativa.

– Debes comer – sugerí en tono cordial pero ella me respondió:

– No quiero comer, esa zorra me revolvió el estomago – hizo un débil gesto con sus hombros delgados, me descubrí intentando leer sus emociones, paradójicamente ella no hubiera sido un objeto difícil si mi habilidad fuera mayor.

Cuando vi una lagrima asomar por entre sus largas pestañas, me di cuenta de que la estaba mirando tan fijamente que me había percatado de eso. Ella levantó rápidamente la mano para enjugarla como si se tratara de algo vergonzoso, tal vez en un intento de que no la viera pero era demasiado tarde, tenia los nervios de punta, casi era palpable. No lo soportó mas, acerque mi silla, por algún extraño motivo necesite del olor de Ginny en esos momentos y a la vez necesitaba intentar que aquella cara de desolación desapareciera de su lindo rostro.

– Vamos a comer – dije como excusa de mi acercamiento. Intenté hacer uso de mi mirada de convicción que en el 99.9% de los casos funcionaba a las maravillas, esperaba ansiosamente que Ginny no fuera ese 0.1% que se resistiera.

Ella me miró y el brillo de sus ojos súbitamente me deslumbró. Para agregar otro mar de emociones a mi pecho a ella se le ocurrió preguntar:

– ¿Vas a obligarme? –

Clavé mis ojos más profundamente en los de ella, intentando otra vez identificar sus emociones tan ocultas para mí en ese momento que era exasperarte y me hacía dudar de las capacidades adquiridas con años de práctica. Aun mirándola a los ojos, intentando perturbarla, tomé una uva del plato que había llevado, las frutas solían ser afrodisíacos y en ese momento de apasionada tensión necesitaba toda la ayuda posible. Acerqué la uva a su sonrosada boca mientras aun intentaba retener mi mirada en sus ojos.

– Nunca obligo a nadie a hacer las cosas – Moví la uva sobre sus labios permitiéndome mirar el rastro dulce que dejaba y el cual yo quería borrar con mi lengua – Tengo muchos poderes de convencimiento – estaba tan cerca que casi podía sentir el sabor de su piel en mi lengua, intenté deslizar la uva dentro de su boca pero ella, aun quieta, no la abrió. Yo aun estaba mirando embelesado sus labios.

– Abre la boca Ginny – dije intentando que mi voz no sonara gutural, ella obedeció, abrió sus labios lentamente y sentí el profundo e irracional impulso de poner mi boca salvajemente sobre la de ella, cerrarla con la mía.

Cuando la uva se deslizó dentro de su apetecible boca mi dedo pulgar no pudo evitar acariciar la suave y tentadora curva de esos labios húmedos.

Todo esto se estaba saliendo de control, yo estaba perdiéndolo como me había prohibido hacerlo, ella me estaba haciendo algo y no sabía que era "Maldita sea, ¿Qué me estás haciendo, mujer?".

Me aparté de ella antes de cometer la locura de arrancarle el vestido y dejar de imaginar cómo era sin ropa. Me alejé y aparté la mirada de ella, sentía que me palpitaba todo, estaba alterado, en todo el físico sentido de la palabra y a ella solo se le ocurrió venir con otra de sus preguntas, mi control casi se desploma como un edifico viejo.

– ¿No vas a alimentarme más? – Alimentar no era precisamente el tipo de actividad con la que estaba fantaseando en esos momentos, intenté que en mi cara no se notara lo caliente que me sentía en ese momento.

– Creo que puedes continuar sola – aunque deseaba profundamente seguir alimentándola para perderme en su olor para seguir mirando su húmeda y provocativa boca, aquella que ya había degustado y que en esos momentos mi boca tenía ganas de probar. Aun a distancia mis sentidos captaron el sonido brusco de una inspiración y espiración por parte de Ginny, sentí el calor que desprendía su cuerpo, sonreí de lado, ahora estaba seguro de que el 100% de las mujeres no resistía mis encantos, aunque solo me había interesado en probarlo por Ginny. Eso me hizo sentir agraciadamente poderoso.

Seguimos comiendo en silencio pero no me sentía lo suficientemente voluntarioso para irme de ahí. Cuando terminamos la madre de Ginny llamó nuevamente nuestra atención.

– Y ahora, el baile – anunció como si se tratara de un gran acontecimiento.

Una vez tuve una amante, una mujer maravillosa a la que le gustaba bailar como preludio al sexo, para ser sincero era agradable, y me buscaba más que todo para hablar, había aprendido muchas cosas con ella.

En ese momento Ginny se puso de pie. Al hacer eso una ráfaga de su perfume pegó en mi cara y subió por mi nariz para mezclarse con todos mis sentidos, alterándolos aun más de lo que ya los tenia. No la miré, hacerlo constituiría mi perdición, permaneció de pie unos segundos pero no posé mis ojos sobre ella, no debía, pero quería hacerlo.Finalmente se rindió y caminó con lentitud por entre la gente hacia el recibidor, donde estaba las escaleras para subir al segundo piso.

Cuando pude respirar con normalidad pedí a uno de los meseros que me diera un whisky doble, lo necesitaba seriamente. Caía en mi esófago y me daba la oportunidad de, tal vez, enfriar otros puntos de mi cuerpo. No me dio la satisfacción deseada a pesar de que había funcionado antes y eso me sacó de quicio. La verdad me sentía fuera de tono ahí.

Cuando miré hacia el frente casi me caigo de la silla. Cuando vi a Ginny bailando en brazos de Draco Malfoy, la mano de él estaba en su cintura y se movía lentamente, pueril, como un perro marcando territorio, un territorio que inconscientemente quería para mí. Sentí que el alcohol que me había tomado se me estaba devolviendo del estomago, era eso lo que me estaba calentando el pecho con esa sensación tan incendiaria. Tragué en seco para que lo que fuera que me atenazaba se devolviera por donde venia, y dejara de amenazarme las entrañas, que siguiera en su sitio. Cuando percibí la mano de Draco bajar más por la espalda hasta tocarla...

Definitivamente salté de la silla, se la iba a arrancar como fuera de los brazos incluso si tenía que partirle la mandíbula. Me enfadé más conmigo mismo que con ella, pero no me importaba, me importaba que su inocente cuerpo estuviera lejos de las manos de ese maldito. Cuando llegué allí tomé de la cintura a Ginny y la besé en la mejilla y sentí que estaba fría.

– Ya es hora de que bailes conmigo, mi amor – ella no era mi amor, pero al menos la sentía de mi propiedad, lo era ¿No?

Vi que Draco sonrió y el impulso de reventarlo a puños me comprimió, me obligué a alejarme de ese envite asesino que surgió cuando vi su sonrisa, otra vez tragué en seco, seguí tragando bilis, sentía que la vesícula se me iba a explotar.

Cuando estuvimos lo bastante lejos de ellos la cogí de la cintura más fuerte, mis manos casi se encontraban una con la otra por su estrechez.

– Abrázame como a él – ella era una tonta, ¿Como podía seguir estando siquiera cerca de ese malnacido? – No puedo creer lo que hiciste – La estaba riñendo cual novio celoso, este no era yo, pero no era su culpa, las mujeres solían entregar sus corazones a personas que no lo merecían, pero aun así la furia desconocida afloró en ese momento – Si tu intención era hacer de nuestra relación algo creíble acabas de fallar estrepitosamente –

Ella pareció encenderse como un bombillo como si de repente algo fuera claro en su conciencia, vi que su ceño se fruncía y sus labios temblaban. Iba a quebrarse, lo veía venir, dio un paso hacia atrás e intentó apartarse, fue ahí cuando me sentí más mal. La sensibilidad de Ginny me desarmó en esos momentos, no quiera dejarla llorar, no iba a hacerlo, no esta noche, ni ninguna otra, su brillo debía permanecer.

– Vamos a bailar, no vayas a quedar en ridículo aun mas,– eso fue duro y tuve la odiosa necesidad de tragarme mis palabras. Cuando menos lo pensé sentí sus frágiles brazos en torno a mi cuello, mis manos, por instituto, la acercaron más a mí. Tenía cada espacio y cada curva de su parte frontal contra la mía, mala idea, pero era agradable, más que eso era mágico, maravilloso, sensacional.

Apreté su cintura hasta que sentí que sus huesos se me clavaban en las manos, ella no se quejó, haciéndome caer en cuenta de su debilidad, de su fragilidad. Intentó huir nuevamente cuando la música cambió, pero en ese momento no iba a hacer nada para ocultar lo que mi cuerpo sentía.

Ella expresó su descontento cuando no la solté, estaba sintiendo sus pechos apretados contra el mío, los huesos de sus costillas pegados a mi abdomen, sus piernas entre mis piernas y su rostro tan cerca del mío, casi podía contar los cabellos dorados que crecían de raíz opacados por el castaño oscuro del resto de su cabello, sus ojos, su boca...

– No sé bailar Harry, será mejor que me sueltes si no quieres ponerte más en ridículo conmigo – Mis palabras habían sido los suficientemente hirientes como para que las recordara ahora. Sentí deseos de pasar mis labios sobre su frente y con ello hacerle olvidar lo que había dicho. Inspiré el aroma de su cabello y reí sobre su precioso oído cuando intentó apartarse nuevamente, sin siquiera permitírselo bailé con ella, el roce fue estremecedor. La fricción de su cuerpo contra el mío fue hasta ese momento y, sin saber cómo, la experiencia erótica más intensa que había sentido jamás "¿Que es lo que me estás haciendo Ginevra Weasley?" volvió a repetir mi conciencia mientras mis ojos buscaban los suyos inexorablemente.

– Muy apropiado – le dije, la cercanía me hizo sentir tal emoción de posesividad que de mi boca brotaron estas palabras – Pero vamos a demostrar que no sientes nada por Draco y si mucho por mi – Quería que me deseara, que quisiera sentirme alrededor y dentro suyo, que me recibiera con los brazos abiertos en la cama para terminar de una vez con las súbita tortura de la que estaba siendo parte. No conocía a esta mujer de nada y sin embargo ahí estaba a su lado, pegado a ella sintiendo como su calor traspasaba la tela de su vestido y de mi camisa, con mis ojos fijos en los suyos – Para cerrar la boca de los habladores – ellos eran los que menos me importaban en esos momentos, porque mi horizonte se hallaba ahora con la frágil mujercilla que tenia entre mis brazos, con la que estaba bailando un tipo de danza pasional pero excitante y apasionante.

Ceñí a Ginny contra mí una vez más sin dejar un solo centímetro entre nuestros cuerpos. Para mí no debería haber distancia, debería unirme con ella en ese momento. Y lo mejor de todo era que me seguía, no se quejó cuando sintió su pecho tan pegado al mío casi hasta cortar la respiración, ni cuando sus caderas rozaron mi entrepierna al acercarla a mí, al no haber ningún tipo de distancia entre nosotros tuve la cabeza de Ginny bajo mi mentón el aroma de sus cabellos escogió esos momentos para enloquecerme "¿Que es lo que me estás haciendo, Ginevra Weasley?" Gritó mi conciencia una vez más.

Mis manos tocaron, salvaje y lentamente a la vez, su espalda intentando no ceder al impulso de destrozar ese vestido y poseerla en mitad del salón. La canción iba llegando a su fin y me parecieron segundos, mis manos tomaron posesión de sus caderas. La derecha descendió por su curvilínea figura hasta tomar una de sus piernas, era perfecta, lista para enredarse en mi cintura y nunca dejarme ir. Contuve un gruñido ante la satisfacción que sentí en ese momento cuando sentí su calor aun más cerca de mí, sentí sus manos agudas y curiosas por mi pelo y deseé tenerlas por todo mi cuerpo en las partes en que necesitaba su contacto, lo cual abarcaba toda mi anatomía.

La canción terminó, no sé que me impulsó a olerle el cuello, a morderla, devorarla, la incline hacia atrás y ella no puso objeción cuando el roce de nuestros cuerpos se hizo más atrevido, si es que eso era posible ya. Cuando tuve su hermoso cuello y pecho a mi disposición enterré mi nariz en su calor, aspirando su olor, perdiéndome en él y teniendo plena conciencia de la desnudez bajo la tela. Su olor de mujer descalabró mis sentidos "¿Que es lo que me has hecho Ginevra Weasley?" Preguntó mi ahora fatigada conciencia...