Bueno, este capítulo (eh, cuál es ya

Bueno, este capítulo (eh, cuál es ya? Creo que algo así como el 11... no sé, díganme ustedes XD) es para mi inner (Pablo) y su reciente encuentro con el amor, que a todos nos encuentra algún día, en algún momento. ¡Ay, mi pobre Pablo! ¡No sabes en que lío te has metido! Próximamente, Pablo será un Macabeo.

ADVERTENCIA: LOS CAPÍTULOS 11 Y 12, SON PURA PASIÓN, LIMES Y LEMONS, ASÍ QUE, SI ESPERABAN SABER ALGO DEL CASO... LÁMANME EL ANO XD. (o mejor, esperen hasta el capítulo 13)


Capítulo 11: Manantiales

Eran cerca de las siete de la mañana. Los chicos de la sección Q estaban reunidos en el living room, esperando que hirviera el agua y así tomar té. Los cinco se miraban los unos a los otros, el ambiente estaba algo tenso, ninguno estuvo ni estaba de acuerdo con la decisión de los de arriba. Kinta intentó romper el hielo, señalando con su dedo la puerta que daba hacia el pasillo del hotel, ahí estaba pulcra una maleta.

- Creo que ir a la playa sería estupendo, hace un Sol maravilloso –sonrió armándose la coleta que solía usar, se levantó y fue a correr las cortinas-, nada más vean qué clima hace.

Ni siquiera Kazuma parecía animado, bueno, en realidad él estaba algo cansado; el día anterior había trabajado con tantas muestras que no quería escuchar a nadie ni a nada. Ryu y Megu estaban sentados juntos en un sofá, como siempre parecían fuera de sitio, era casi como si estuviesen en el vacío... solos los dos en un Universo Alterno. Pero la expresión que era insoportable, era la cara de Kyu: ¡Estaba como para un velorio! Con ojeras, pálido y muy triste… lo suficiente como para no tener deseos de oír a un maldito perro optimista mover su colita.

- Kyu, si vuelves pasado mañana tal cuál estás ahora –Kinta puso las manos en su cintura y lo miró fijamente-, no creas que te dejarán trabajar.

- Pero fue mi culpa, necesito compensarlo de alguna forma –por primera vez en el día, estaba hablando, tenía muy ronca la voz, pues todavía estaban apretadas sus cuerdas vocales de dormir.

- La forma de compensarlo, es atrapando al asesino –Ryu se despegó un poco de Megu y pareció poner los pies en Tierra-; y para hacer eso, no creas que lo lograrás estando con esa actitud.

- Mira Kyu, estoy cansado de tantas muestras –Kazuma mostró sus manos (habían varias herramientas que por primera vez había manipulado), estaban completamente heridas-, quieras o no, hoy día, vamos todos a la playa.

- Esperen –interfirió el joven de pelo celeste-, yo y Megu tenemos planes ya.

Megumi volteó la cabeza para observar sus ojos y comprobar que lo que decía era cierto, ella no tenía idea de "lo que tenían planeado"; al parecer, Ryu no había tomado la molestia de contarle. Sin embargo, esto de no saber qué tenía entre manos su pareja, hacía más tentador el ofrecimiento.

- ¿Y adónde van? –Kyu indagó, para ver cuánta información sería capaz de obtener.

- Aguas termales –contestó secante Ryu, sin saber si Megu iría a responder o no.

- Ah, qué lastima –Kinta bajó la cabeza un poco, aunque se le volvió a iluminar el rostro al ver los bolsos que habían preparado para ir a la playa- y nosotros que queríamos ver a Megu en biki...

Ryu le miró a los ojos con una sonrisa un tanto maquiavélica cruzando los brazos, con lo que el sabueso no tuvo ganas de continuar... en realidad le daba mucho miedo la expresión sádica del joven. Así mismo, rodeó el cuerpo de su compañera con el brazo, para mantenerla lo más cerca posible, casi como si fuera su presa. Luego dejó de mirarlo y agarró la oreja de la taza para darle unos sorbos a su té.

Kyu miró la hora en el reloj de la pared, se les iba a hacer tarde y no podrían pasar el día completo en la playa y al Sol, si no se apresuraban. Le dio un golpecito en la espalda a Kinta y a Kazuma, para que le escucharan y dejaran de pavear.

- Kinta, Kazuma –los llamó, ellos voltearon rápidamente- si no nos apuramos, se va a poner helado, salgamos de inmediato, ¿ya?

- ¡Vamos! –exclamaron, agarrando los bolsos y arrancando por la puerta (aprovechando que Kyu parecía haberse animado algo) raudos como ráfagas. De la nada, desaparecieron.

Megu miró a Ryu, quien parecía estar hipnotizado por los ojos de ella, se sonrojó al notar la forma en que estaba siendo mirada, y más aun, al darse cuenta de que él se había movido hacia ella. Él se levantó de la silla, caminando alrededor de Megu; de la nada, dejó que sus manos cayeran sobre los hombros de ella... Megumi casi dio un salto al sentir el contacto, no se oía ruido alguno: estaban solos. En ese instante, Ryu llevó sus manos hasta las orejas de la joven, inclinó su cabeza sobre el hombro izquierdo de Megu y la forzó a girar la cabeza con sus palmas. Estiró sus labios y disminuyó el espacio entre sus rostros, lentamente juntaron sus labios y se besaron una vez, de forma sutil y suave.

- Al fin, solos –Ryu sonrió, era justamente lo que anhelaba: un buen tiempo a solas con ella, sin que nadie pudiera interrumpir.

- Hehe –sonrió nerviosa Megu, no tenía ni la menor idea de lo que tenía en mente Ryu, pero estaba por averiguarlo.

- Pues, entonces… -se rascó la cabeza el joven, mirándola a los ojos sin despegar su vista ni un solo segundo-, ¿nos vamos?

- Contigo, a cualquier lado –sonrió Ryu, tomándole las manos a la chica y levantándola de la silla.

Ya en la ciudad, caminan tomados de la mano, con los dedos tiernamente enlazados. Megu se deja guiar por el joven que la acompaña, le mira desde atrás, pues él va caminando más adelante… ella no sabe dónde van, así que le parece natural ir siguiéndolo. Y no sólo eso, desde atrás, puede ver la marca de Plutón que tiene oculta bajo sus mechones de cabello. Al cabo de unos minutos caminando, Ryu se detiene de golpe y mira hacia una cabina telefónica. En ese momento, le suelta la mano a Megumi que no estaba prestando mucha atención hasta entonces.

- ¿Me esperas? –pregunta, pero más parece alguna clase de orden, e indica una banca- quédate aquí unos minutos.

Megu asiente con la cabeza y se sienta donde se le indicó, gira la cabeza para mirar al joven y lo ve hablando por teléfono. Suspira, también se hallaba algo succionada por el trabajo, por lo que -para sus adentros- agradece que Kyu haya cometido ese error.

Comienza a mirar el reloj y juega con su falda, esperando a Ryu. En unos minutos su voz la hace voltear.

- ¿Te hice esperar mucho? –sonríe, parece estar más aliviado en comparación a la expresión neutra que tenía antes- traje esto para el camino.

- ¡No! ¡No! No me has hecho esperar tanto –comienza a mover las manos con nerviosismo, sin embargo, se calma al ver lo que tiene entre mano Ryu- ¡Ahh! Muchas gracias, ¿cómo supiste que el helado de frutilla es mi favorito?

- Hehe, digamos que lo deduje –le entrega su helado a Megu y luego le ofrece la mano que le quedó libre para que se levante, mantiene tomada la mano de la joven-. Ahora sí, ¿vamos?

Caminan en la misma dirección que iban antes, pero ahora Ryu anda a paso firme y seguro, ya sabía adonde irían. Se detienen frente a una posada, Megu se queda mirando a Ryu, quien está tan callado como siempre. Espera unos momentos para ver la reacción del joven que la acompaña, y lo nota suspirar.

- Comemos los helados y luego entramos –propone Ryu, mirando a Megu en busca de aprobación-, ¿te parece?

- Ehh… ¡Sí! –exclama, se sentía demasiado nerviosa al mirar la posada, ¿qué estaría planeando Ryu?

Ambos daban lamidas a sus helados, hasta que al cabo de unos minutos, habían terminado. Ahí, Megu notó que Ryu se había ensuciado la mejilla.

- Ryu, tienes sucio ahí –señaló con su dedo y le entregó una servilleta para que le limpiara.

- ¿Ahí? –se pasó la servilleta lentamente por las mejillas, sin lograr limpiar el helado que tenía.

- No hay caso. –suspiró Megu y acercó su rostro al de Ryu, estirando su lengua para lamer los restos de vainilla. Cuando se iba a separar, la mano del joven se lo impidió presionando su cara hacia la de él.

- Qué audaz te has vuelto, Megu –susurró contra los labios de la joven, estampándole un suave beso en la boca y consiguiendo que ella se sonrojara- ¿entremos?

Megu asintió, ambos entraron al lugar, una mujer de edad estaba haciendo el aseo de los pasillos. Ryu se acercó a la caja y empezó a hablar con el encargado, desde lejos, Megu podía -a grandes rasgos- notar que su acompañante estaba pidiendo una habitación. Pronto, el joven volvía a su lado, con unas llaves en la mano y con una amplia sonrisa.

- Ya tenemos un cuarto –se veía contento, casi como si hubiese resuelto el caso… sí, más bien tenía una expresión de satisfacción.

- Joven –la mujer que hacía el aseo, le digirió la palabra a Ryu de forma muy sutil y casi imperceptible- si quieren ir a los baños termales, llegaron en buen momento… no hay nadie quedándose acá, prefieren ir a la playa.

- Entonces, ¿tenemos la posada para nosotros dos? –Megu preguntó, aunque más parecía una aseveración, tenía que ser así.

- Hasta mañana.

Ambos se miraron a los ojos fijamente, bastaba que uno se animara a caminar en dirección de las termas para que fuera una decisión de ambos. La joven de pelo rosado se espabiló antes que él, arrancando hacia los camarines para dejar su ropa en uno de los casilleros. Ryu, al ver tan ansiosa a Megu, no pudo hacer más que reírse y luego hizo lo mismo que había hecho ella: cambiarse de vestimenta.

Ya adecuados al lugar, entraron al baño mixto, poniéndose cómodos en el agua caliente. Ryu puso su espalda contra una roca, haciéndole una seña con la mano a Megu para que se sentara cerca de él. Finalmente, se sentó entre las piernas separadas del joven, quien parecía estar inmerso en el calor sofocante de las aguas.

En ese momento, Ryu estiró los brazos para ponerlos a los costados del cuerpo de Megu y luego abrazarla a su pecho. Inclinó la cabeza hacia adelante, sumergiendo su nariz en la clavícula de ella. Megu comenzaba a aclimatarse al lugar, aunque se sentía algo nerviosa, pues tenía la seguridad de que hoy día algo iba a pasar entre ambos.

- Megu, Megu –Ryu la llamó con una voz ronca y rasposa; casi como si se tratara de súplica.

- Ryu… -de alguna forma, ella terminó contestando el llamado de la misma forma, haciendo que ambos se tensaran.

Todavía estaban abrazados; los brazos de Ryu la rodeaban desde atrás, reposando sus manos sobre el abdomen de la joven, mientras ella dejaba a sus manos agarrarse de los brazos de él.

Él comenzó a subir sus brazos de forma lenta y sutil, casi como si por casualidad hubieran empezado a acercarse a los pechos de ella; como si el vapor de agua obligara sus manos a hacerlo.

Abrió sus manos; Megu bajó su mirada, comprobando que los antes gélidos dedos del joven estaban ahora sobre sus pechos. A pesar de la toalla que le cubría desde la altura del corazón, hasta la mitad del muslo… podía sentir las manos de Ryu.

No eran capaces de verse a los ojos, pero podían adivinar cómo se vería la expresión del otro: Ardiente, lujurioso y con un dejo de salvaje deseo.

Por efecto de la humedad, el cabello de Ryu se mojaba, dándole a su claro color azul un matiz oscuro. Así mismo, el libre cabello de Megu, caía sobre sus hombros y espalda, completamente empapado por las cálidas aguas.

Los labios de Ryu, se contrajeron para besar la cabeza de Megu, buceando con la nariz dentro del mar rosado. Con fuerza y vehemencia, presionó el cuerpo de la joven lo más cerca posible, para que el pecho suyo tocara la espalda de ella.

En ese momento, el chapoteo del agua, advirtió el movimiento de sus cuerpos dentro del manantial: Una mano de Ryu, se mantuvo en su lugar y la otra, tomó la toalla de Megu desde el borde. Raudo, con un solo movimiento, hizo caer la tela blanca, ella abrió los ojos con sorpresa.

- Voltea –no estaba pidiéndolo. Con voz firme y precisa, Ryu le había ordenado hacerlo, no iba a hablar más de lo debido.

Megu suspiró, pero obedeció casi al instante, viendo como la toalla flotaba sobre la superficie del agua. Se pudieron ver a los ojos, y se concentraron en ello durante un rato. La joven sintió como el calor empezaba a írsele hasta las extremidades, al toparse con es mirada que Ryu le reservaba sólo a ella. No aguantaba el deseo de atacarlo, por lo que rodeó el cuello del hombre para reducir el espacio entre ambos rostros. Ryu respondió rápidamente, inclinándose sobre ella para que sus bocas tuvieran un ángulo más cómodo.

Los torsos empezaban a rozarse el uno con el otro, con lo que los pezones de Megu no pudieron sino endurecerse. Gimió levemente, y aunque el ruido fue sofocado por los labios de Ryu, sabía que estaba empezando a excitarse más de la cuenta.

El Sol se estaba escondiendo, y el cielo adquiría tintes rojos y naranjos; Ryu dobló la pierna y la llevó hacia Megu, para separar sus piernas un poco. Es en ese instante, que ella interfiere.

- ¿Por qué no vamos a la habitación? –la invitación es tentadora y ella, mojada de pie a cabeza y hablando suave… era demasiado para Ryu.

- Vamos.

Recogen las cosas que habían quedado en el agua; Ryu sale primero, ofreciéndole la mano a Megu, quien gustosa se la toma. Caminan por el pasillo en yukata, buscando el cuarto, mientras los dedos comienzan a temblar y las palmas, a sudar.

Finalmente entran. Encienden la luz más tenue que tienen, Ryu toma el futón y lo estira sobre el piso, se miran a los ojos. Vuelve Megu a tomar el control de la situación, sentándose sobre el futón e invitando a su acompañante a hacer lo mismo; dudoso, se arrodilla y lleva sus manos a las mejillas de ella.

Separa los labios, inclinando la cabeza hacia el lado derecho y se acerca el rostro de Megu usando las manos. Captura sus labios rápidamente, pero siente la urgencia de más, por lo que acaba por invadir la boca de ella con su lengua. Se entregan el uno al otro con desesperación y la respiración se sincroniza; de repente, Ryu carga su cuerpo hacia adelante, haciendo que la joven caiga sobre la colcha. Los mechones celestes empiezan a gotear, pero no se detiene, deja sus manos caer sobre las rodillas de Megu. La mira a los ojos fijamente, buscando aprobación, y luego separa las piernas de la joven. Estando arrodillado, toma la iniciativa de posicionar su cuerpo entre ambos muslos; ahora ya se puede relajar, así que se deja caer.

Separan sus bocas y jadean en busca de aire, estaban sofocados. Con la palma izquierda, Ryu comienza a acariciarle la pierna a Megu, llevando la caricia cada vez más cerca de sus bragas. Al sentir el encaje, se detiene súbitamente, sonríe y continúa. Desliza su mano dentro de la pequeña prenda, dejando uno de sus dedos rozar con su entrada.

- Megu… -susurra, respirando fuerte.

- Espera… -a milésimas de que Ryu comenzara a tocarla, Megu abre su boca- estoy nerviosa, mejor ahora no.

Él la queda mirando a los ojos y se detiene, farfulla algo entre dientes y se acuesta al lado de ella; dándole la espalda a propósito.

- ¿Te enojaste? –pregunta, tocándole los brazos. A lo que él responde moviendo la cabeza hacia los lados.

- Tengo sueño. –contesta secante.

Ahora cada uno está a su lado de la colcha, sin hablarse. Al poco tiempo, se quedan plácidamente dormidos.

Horas después…

- Aah… sí –la voz de la mujer se entrecorta-, no te detengas.

El hombre posicionado sobre ella, acelera el ritmo de penetración, las voces de ambos están distorsionadas, cada gemido se va haciendo más y más gutural. Para evitar que él se fuera a mover de la posición actual, la mujer rodea la cintura del hombre con sus piernas. Repentinamente, él se detiene, a pesar de las súplicas de ella. El hombre agacha la cabeza y la acomoda entre las piernas de la mujer, en ese momento, estira su lengua para lamer los labios menores de ella.

Con el primer roce, ya la mujer rebosa de placer, aferrando sus manos al cabello del hombre; quien ya empezó hábilmente a sacarle partido a la lengua. Parte lamiendo encima, suave, con lo que ya a ella se le ve algo inestable. Luego deja de lamer y comienza casi a acariciar con la punta de la lengua, dibujando círculos de forma muy precisa.

La señora en ese momento exclama, llegando al séptimo cielo.

- Ahora tú a mí –dice él, con mucha confianza.

Ella se baja de la cama y se arrodilla en frente de ésta; él, en cambio, se sienta a la orilla. Con sus gruesos labios, la mujer besa el miembro del hombre suavemente; luego saca su lengua para mojarle el glande, succiona un poco. Él parece empezar a gemir en voz baja, poniendo su mano sobre la cabeza de la mujer. Al oír la voz del hombre, ella parece excitarse y de inmediato, se mete el miembro completo en la boca. El movimiento es periódico, subiendo y bajando de forma violenta, tanto que parece que fuera a tragárselo.

Al cabo de un rato así, él clava sus dedos en el cabello de la mujer y expulsa el blancuzco líquido dentro de la boca de la mujer.

Megu despierta envuelta en sudor, aferrándose a las sábanas. Su cuerpo entero tiembla, era la primera vez que soñaba algo así, no tenía miedo… era algo normal; pero se sentía inquieta y exageradamente ardiente.

Giró su cuerpo para acostarse de lado, viendo la espalda cubierta de Ryu; y en ese momento, siente el deseo desesperante y casi urgente de poseerlo.

Se para y se sienta sobre el cuerpo de Ryu, él despierta con esto y sube su espalda para quedar recto. Mira a Megu con sorpresa y se convence de que está pasando.

- Ryu… -gimió recargándose sobre el torso de él.


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¿Qué m13rd4 hago escribiendo? Me siento demasiado mal como para ponerme a escribir cosas de amor (tuve que mamarme cuatro horas de música romántica para inspirarme)… pff… no quiero tener que volver a hacerlo xD. Por suerte, cuando escribí el 12, no tenía la mente tan envenenada como ahora la tengo, así que será más llevadero para todos.

Ejem, si tiene muuuuuuuuuuchos errores, es porq no tengo tiempo de arreglarlo. Sorry, tuve que hacerlo a contra reloj.

¡¡PRÓXIMAMENTE!! (Esperen hasta el 11 de Octubre):

- ¿Qué haces, Megu? -Ryu sintió las palmas sobre su pecho, mientras su espalda cayó de forma completa sobre la colcha. Al sentir el impacto, frunció el ceño y se quejó levemente por la violencia de la joven.

Etto… sí, es lo que creen…

Hasta la próxima.