— ¿C-c-cómo? — dije balbuceando. No podía creerlo, de verdad. Tenía enfrente de mí a alguien de mi familia, la que ya creía desaparecida por completo. A mis padres los recordaba algo mayores de la última ocasión que los vi, y si yo había muerto hacía tanto tiempo y llevaba tan poco de resucitada, era lógico pensar que yo ya no tuviera familia. Sin embargo, ahí estaba Dustin, aunque…
— E-espere, u-un segundo por f-favor — le dije tratando de asimilar las cosas —. U-usted dice ser m-mi sobrino ta-tataranieto, ¿cierto?
— Así es tía — contestó Dustin sonriendo. También Harry sonreía.
— E-entonces, para que eso fuera verdad, usted tendría que ser descendiente de…
— Una hermana tuya Myrtle — completó Harry —. Dustin es tataranieto de tu hermana Meredith Morseferth. Eso lo hace sobrino tuyo, por línea de sangre.
— P-pero, s- su apellido… — me atreví a objetar.
— Mi segundo apellido es Morseferth, tía — me replicó Dustin hablando cada vez con más familiaridad. No sonaba a que estuviera bromeando, y viéndolo bien, sí estaba encontrando cierto parecido familiar. Pero, ¿mi hermana? ¿Tuve una hermana?
— Sé que es confuso, tía — respondió Dustin sin que le preguntara —. Verás, no sé si recuerdes algo sobre la relación entre tus padres, pero puedo decirte lo que yo sé al respecto. Ellos se separaron mientras estabas estudiando aquí.
Me quedé fría. Eso era algo que no esperaba, y de lo que nunca me enteré quizás por mi "muerte". Dejé que Dustin siguiera sin interrumpirlo.
— Según lo que he investigado, tu hermana (mi tatarabuela) nació durante el primer año que pasaste aquí. También sé que su advenimiento provocó algún tipo de problema entre tus padres, y tu madre tomó la determinación de irse de la casa antes de que la abuela Meredith naciera.
Mientras Dustin hablaba, yo trataba de ir atando cabos, y hasta el momento todo iba concordando. Eso explicaba el por qué no sabía casi nada de noticias de casa, y también por qué papá siempre pedía al colegio que me dejaran quedarme para vacaciones. Supongo que no quería que me enterase de cosas que me hubieran hecho odiarlos, pero ya nunca lo sabré. Lo que me interesaba ahora era saber cómo es que Dustin había aparecido en mi nueva vida, y cómo es que sabía tanto sobre mí.
— D-Dustin, ehm… ¿puedo llamarte así? — me atreví a preguntar. Él asintió contento, y continué — Bueno, quisiera saber algo. ¿Cómo es que estás tan interesado en mí… en nuestra historia familiar? ¿Qué te hizo investigar tanto?
Dustin se levantó y fue hasta la ventana de la oficina del director. Allí echó una mirada afuera, y suspiró antes de contestar.
— Como ya lo dije tía, soy el único que queda de la familia. O casi. Yo nunca me casé, por dedicar mi vida a lo que hago, lo que me apasiona desde que recuerdo. Y gracias a eso me enteré de tu existencia, por lo que me apresuré a indagar muchas cosas, lo cual me fue fácil porque la naturaleza de mi trabajo exige que pueda acceder a muchas fuentes de información.
— ¿Qué trabajo es ése Dustin?
— Deja que yo te lo diga — dijo Harry —. Myrtle, en este momento estás hablando ni más ni menos que con el Jefe y Coordinador General de los Departamentos de Misterios de los Ministerios de Magia de toda Europa. Y mi ex jefe directo, para ser exactos.
— ¡Fiiuuu! — silbó el profesor Longbottom — ¡Y yo sin una cámara! ¡Es rarísimo que alguien de ese departamento se deje ver! Myrtle, debes estar orgullosa de tu sobrino.
— Bueno, creo que sí lo estoy — dije un poco sonrojada —, pero lo estaré más si me cuentas más Dustin.
Mi sobrino, lleno de satisfacción, volvió a sentarse y nos relató con detalle cómo fue que a su departamento llegó la extraña noticia de mi "llegada" a King's Cross, cortesía del señor Bertrand. Contó que el rutinario reporte que le habían enviado a Bertrand, cuando llamó al Ministerio preguntando por mí situación, pasó por él, y así se enteró de mi "nueva" existencia. De inmediato, puso a su gente a trabajar recabando todo lo que pudiera saberse sobre mi familia directa y sobre mí. Ya con los datos, él fue atando cabos y tomó la decisión de encargarse del caso en persona, pero sin que se supiera del todo lo que me había pasado para no hacer un escándalo y que yo fuera vista como fenómeno de circo.
— Wow… — exclamé asombrada — Qué orgullosa me siento de tener un sobrino tan brillante y exitoso. Lamento no haberte conocido en otras circunstancias.
— Bueno tía — dijo él sonriendo —, si te refieres a tu vida "anterior", creo que no hubieras podido. O al menos no como me ves ahora.
— Así es Myrtle — siguió Harry —. Quizás tus mismos padres no te hubieran dicho nada.
Reflexioné un poco sus palabras. Encontré mucho de razón en ellas, y agradecí el estar ahora allí. Pero eso me recordó algo que tenía que preguntar, y ahora tenía enfrente a quienes quizás pudieran contestarme.
— Sí, eso puede ser cierto, pero ya no podré saberlo. Por ahora hay algo que sí quiero saber. ¿Alguno de ustedes, que han investigado tanto, puede decirme el por qué volví?
Los tres caballeros se miraron entre ellos. Me pareció que en silencio se ponían de acuerdo entre ellos, y tras el asentimiento de Dustin y del director, Harry fue quien tomó la palabra.
— Myrtle — dijo con gravedad —, créeme que nada nos gustaría más que poder responderte, pero eso es algo que se escapa a nuestro entender.
— Sí tía — siguió Dustin, con el mismo tono —. Casos como el tuyo son raros, casi nunca nos enteramos de alguno, aunque estamos seguros de que hay más de los pocos de los que tenemos noticia. De hecho, el tuyo es el primero entre magos o brujas del que ternemos conocimiento, los pocos más que tenemos registrados han sido casos de muggles, y uno fue hace algunos años en…
— Londres — intervine de pronto. Las caras de los tres me hicieron la misma pregunta, que me apresuré a contestar —. Lo sé porque yo fui a visitar a esa persona hace poco, y resultó que… yo la conocí en otra vida.
Les conté cómo había sido que la había encontrado, al acompañar a mi amiga Marcia a su casa para su consulta, y de cómo me había reconocido y yo a ella. Les dije también lo que pude sobre cómo y cuándo la conocí, y pasajes de las aventuras que pasamos juntas. Cuando terminé mi historia, vi que los tres estaban asombrados.
— ¡Wow, Myrtle! — exclamó el director Longbottom — ¡Pero qué historia! Oigan amigos, si esa dama Sinclair posee esas habilidades tan peculiares, bien podría orientar a Myrtle con su…
— L-lo siento director — dije entrecortadamente —. L-la verdad, no s-sé si ella m-me quiera ver de nuevo… E-esa visita no terminó m-muy bien.
— Despreocúpate tía — dijo Dustin resueltamente —. Yo mismo iré contigo a visitar a la señora Sinclair, y juntos podemos…
— No, no sobrino — dije reflexivamente —. Acabo de comprender algo que ella mencionó al respecto, pero sobre sí misma. Me dijo que había encontrado por sus medios la razón de su regreso, y que era el que podía seguir ayudando al prójimo. Quizás ése habría sido su destino desde el principio, sólo que se vio interrumpido por… su suicidio…
De repente, todo se aclaró en mi cabeza. Ya sabía cuál era la razón de mi resurrección, y ahora me sentí lista para llevarla a cabo. En eso estaba, cuando un gran ruido de alboroto sacudió la puerta del despacho del director. Tomados por sorpresa, nuestra reacción unánime fue salir a averiguar lo que pasaba. Salimos casi en tropel, yo me les había adelantado a los tres hombres y fui la primera en gritar por la sorpresa.
— ¡Marcia, Candy! — exclamé, viéndolas en posición de duelo. Luego miré más delante de ellas, y volví a gritar — ¡Dixie!
Las tres me vieron solo a mí, sin reparar en el director o en Harry y mi sobrino, quienes estaban listos para sacar las varitas. Sin saber cómo me rehice de la sorpresa, y con aplomo les hice la seña de que no intervinieran.
— Ah vaya — dijo Dixie, adelantándose un poco a sus compinches. Se notaba la furia en su mirada —. Pues resulta que la ladronzuela de ropa es muy amiga del director. ¡Pues no me importa, delante de él también puedo retarte a…!
— ¡Basta Dixie! — dije imponiéndome, pero sin sacar mi varita. Los demás se quedaron congelados — Basta, por favor ya basta de eso.
— ¡¿Qué dijiste?! — dijo Dixie, entre enojada y sorprendida — ¡¿C-cómo te atreves a gritarme así?! ¡¿Quién te crees que…?!
— Una ladrona Dixie — contesté con tranquilidad —. Ya lo has dicho, soy una ladrona mentirosa, una "rarita" fuera de lugar. Pero algo de eso tiene remedio aún, si me permites.
Aprovechando su estupefacción, me volví y le dije a Marcia que me prestara su túnica. Me quedaba algo grande y la arrastraba al andar, lo cual ya esperaba y era lo que quería. Luego saqué mi varita y me apunté a mí misma, sosteniendo la túnica de mi amiga con la otra mano para mantenerla cerrada. Murmuré un encantamiento que había aprendido leyendo en la biblioteca, y de pronto un hato de ropa limpia y bien doblada apareció entre las manos de Dixie, quien no daba crédito a lo que veía. Me acerqué cuidando de que la túnica no se abriera, y le dije unas palabras.
— Dixie, tú tenías razón. Ésta es tu ropa, la cual tomé porque la mía… Bueno, digamos que tuvo un "accidente". Te pido perdón por robártela, y prometo, delante del señor Potter, del director Longbottom y de… mi tío Dustin, quienes me han reprendido como debe ser, que no lo haré más.
Ella no dijo nada, y solo me miraba con la boca abierta, igual que sus amigas. Me di la vuelta y caminé hacia mis amigas, para decirles algo también.
— Candy, aunque algo tarde, entendí por tu ejemplo que todos podemos cambiar para bien, y aún ganar algo, en tu caso has ganado mi confianza y la de Marcia. En cuanto a ti amiga Marcia, lo único que puedo decirte, de todo corazón, es gracias por ser mi amiga.
Sin poder contenerme abrí los brazos y las abracé, con lo que casi se me caía la túnica revelando mi desnudez. Pero Harry actuó rápido, e hizo aparecer un biombo que nos ocultó a mis amigas y a mí de la vista de los curiosos.
— Ehm, sobrina… — dijo Dustin, algo confuso — Creo que sería bueno que tus amigas te acompañen a tu dormitorio, mientras encuentro algo para… eh… de tu talla.
