¡Holaaaaa!
¿Cómo están, mis lector s? Yo muy feliz porque estoy aquí, con un nuevo capítulo :D sé que he tardado algo, y lo siento mucho de verdad, pero últimamente la escuela me ha tenido muy presionada y los pequeños ratos que tengo libres sólo pienso en dormir xD así que no había escrito el capítulo, y siendo sincera la inspiración se me fue por varios días a causa del estrés D: por suerte ya estoy superando la etapa de exámenes y espero poder subir con más regularidad, o al menos avanzar más en la historia.
Quiero agradecer a todas las personitas que siguen ésta historia y que la han puesto en sus favoritos *w* eso vale muchísimo para mí.
Sin más que decir, los dejo con la historia.
Pd: El review de Darkmoon lo responderé al final del capítulo :D
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Capítulo 11.- No se puede ser tan bueno.
Cuando Steve despertó pasado el medio día, sintió que realmente no había dormido ni un par de horas. El sueño le había pasado una factura bastante alta. Cuando se encontró con Jarvis en la cocina y éste le avisó que Tony ya se había ido al trabajo desde muy temprano, Steve se sintió un poco decepcionado. ¿Qué esperaba? ¿Que Tony lo esperara para desayunar juntos? Además él tenía un trabajo, una empresa que dirigir. Así que con algo de energía renovada le había pedido ayuda al mayordomo para que le enseñara a usar más cosas de la casa, además de ayudarle en la cocina.
Después había ido rumbo a la biblioteca y se había pasado leyendo un par de horas un libro, y después otro, y otro más. La verdad es que a él le gustaba todo ese ámbito de leer, y más si los libros eran de historia. La fascinación de saber cómo había progresado el mundo venía acompañada de una cruel decepción al saber cuántas guerras se habían llevado a cabo, y toda la gente que había muerto. Es cierto que aquello era el precio por la libertad y que los soldados que morían lo hacían defendiendo a su patria, con honor y la cabeza bien en alto. Pero no sólo había soldados muertos en aquellas guerras, también habían personas, mujeres; niños inocentes. Él siempre estuvo en contra de todo eso.
Sentado en el sofá de la biblioteca cerró los ojos y trajo a su mente los recuerdos gratos de ser un soldado. Salvar vidas, encontrar gente en las casas y poder rescatarlas y llevarlas a un lugar seguro; era un gran logro, un regalo para él. Sin embargo, encontrar gente muerta, heridos, sangre y destrucción, era sentirse impotente por no llegar antes. Recordó también las batallas que libró junto a su equipo, su ascenso a Capitán, y un solo rostro lo acompañó a lo largo de ese recuerdo: El sargento James Barnes. Bucky para él y para otros cuantos amigos. Su mejor amigo. Junto con Peggy, la mujer que amaba.
Ella había sido como un Sol, si bien al principio se había portado como todos los generales del ejército, poco a poco se ganó su respeto, y por qué no, su cariño. Ese que creció con arduo esfuerzo y sacrificios de parte de ambos. La quería, en verdad la quería. Y la extrañaba como a nadie más. Con algo de frustración y dando un largo suspiro, llevó su mano derecha hasta alcanzar las placas pequeñas que adornaban su pecho como un collar. Las placas de identificación militar que siempre llevaba, que le regresaban a su mundo y realidad. Que le comunicaban sus logros y su orgullo. Sus ojos cristalizaron al recordar la última vez que pudo estar con ella, sin atreverse a besarla como hubiera querido porque no era correcto. En sus tiempos eso aún no era permitido. Después vino a su cabeza la cita que habían planeado. Y a la cual no había asistido, por culpa de ese viaje en el tiempo.
El Sábado siguiente te espero en el 'Shot of Love' a las ocho en punto. No llegues tarde, Steve. ¿Entendiste?
La imaginaba esperándolo, con un vestido lindo en tonos rojizos y el cabello bien peinado, con una sonrisa vacía y los ojos llenos de decepción. Ni siquiera tenía como avisarle. Ella de seguro lo estaría odiando en esos mismos instantes. Llevó la mano derecha a su cabeza y frotó sus cabellos rubios con algo de frustración al darse cuenta que no le quedaba más que esperar. De todas formas no es como si pudieran estar juntos. Su tío ya había decidido su destino por él.
—Señor, ¿se le ofrece algo? —la voz de Jarvis resonó desde la puerta de la biblioteca, haciendo que Steve girara el cuello con rapidez hacia su dirección, dando un salto por el susto. Llevó una de sus manos a su pecho, para tratar de calmarse, pues esa intromisión lo había tomado totalmente desprevenido.
—No, gracias Jarvis. —le sonrió un poco, negando con un gesto. El mayordomo lo contempló desde la puerta, con un deje de curiosidad brillando sobre sus ojos, apretando el pomo de la puerta con la mano izquierda. Al parecer quería decir algo, pues sus labios se movían un poco sin articular ningún sonido— ¿Pasa algo? —se aventuró a preguntar.
—No, señor. Con su permiso. —hizo una leve reverencia, y se retiró del lugar, cerrando tras de sí la puerta de roble. Jarvis sabía que algo pasaba por la mente del militar, pues sus ojos se veían tristes y el aspecto algo decaído. Sin embargo, no es como si pudiera salirse de su papel de mayordomo y preguntar. Debía dejar que fuera otra persona quien se encargara de pulir esas asperezas en el joven militar.
Steve miró por algunos segundos la puerta por la que había desaparecido el hombre mayor, y después se encogió de hombros. Quizá Jarvis no quería preguntar nada y él estaba entrando en crisis por el susto. Así que para espabilar un poco salió de la biblioteca donde se había pasado la mayor parte del día. Subió hasta su alcoba, y de un cajón sacó su cuaderno para dibujar y un par de lápices que le servirían de mucho. Los recuerdos fluían por sus pensamientos, así que comenzó a hacer lentamente y con detalles un bosquejo del campamento militar al que había ido. Al último que había compartido con sus compañeros… y con Bucky.
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Tony bebió un trago más directamente de la botella que una de las tantas chicas que estaban sentadas a su alrededor le ofrecía. Le sonrió con coquetería antes de aceptar el trago, dejando que un hilo de alcohol resbalara por la comisura de sus labios. La música resonaba fuerte por el bar al que había decidido ir a tomar un par de copas. Ella se acercó sensualmente, lamiendo el camino que había dejado, dándole pequeños mordiscos hasta llegar a sus labios, donde paseó su lengua de forma sugerente. Tony le sonrió y la atrajo hacia si con una mueca de complicidad, haciendo que la bella mujer rubia se sentara casi sobre él.
Un sonido lo distrajo de su atención a aquella belleza, viendo en su celular la llamada de su asistente. Bufó con cierto fastidio y decidió ponerlo en modo silencio, dejándolo en la mesa. Lejos de él para que no volviera a interrumpirlo. Justo cuando estaba volviendo con aquella chica su vejiga lo traicionó, y tuvo que disculparse de forma educada con las cinco mujeres que lo rodeaban para ir al baño. Obviamente no sin antes dejarle un beso húmedo bien plantado a la chica rubia.
Caminó tambaleándose un poco, algo mareado entre el ruido, el humo y la gente. No había comido muy bien en todo el día, y eso sumado con ingerir bastante alcohol no ayudaba demasiado. Así que cuando terminó de vaciar su vejiga, enjuagó su rostro con agua fría para despejarse un poco. Se quedó observando su reflejo durante cinco minutos, mientras las gotas de agua se paseaban con libertad por su rostro. No estaba pensando en nada realmente. Escuchó entrar y salir a varios hombres, algunos lo miraban, otros ni siquiera reparaban en su presencia.
Pero entonces llegó él.
Un hombre alto, fornido, de espalda amplia y bíceps de envidia, se acercó por detrás hasta reflejarse en el mismo espejo en que Tony se estaba mirando. Él lo vio por el vidrio, con una sonrisa torcida. Se dio media vuelta encarándolo, y descubrió sus ojos azules y su cabello castaño. Se sintió especialmente atraído, y por qué no, caliente.
—Estaba esperando a que todos salieran. —su voz masculina y fuerte resonó por los baños que ahora se encontraban vacíos. Las grandes manos de aquel extraño se posaron en la repisa del lavabo, a cada lado de Stark, acorralándolo—. Te vi afuera, desde que llegaste.
—¿Por qué no te acercaste? —murmuró con cierto deje de intriga y misterio, mientras sus ojos recorrían los fuertes brazos y la ceñida camisa color negra. Aquel hombre era bastante imponente y guapo. Tony se sentía pequeño a su lado, y los brazos a su alrededor que le impedían un escape, lo hacían sentir en cierta parte vulnerable. No le gustaba sentirse de aquella forma frente a extraños. Él no era un hombre débil.
—Te vi con muchas mujeres… Pero eres bisexual, ¿cierto? —Tony asintió dos veces con una sonrisa de medio lado. Aquel hombre bajó su rostro hasta estar a la altura del moreno, quien esperaba ansioso porque la distancia fuera cortada de una maldita vez. ¿Por qué no divertirse un poco? Pero entonces tres golpes se escucharon en la puerta de los baños, seguramente alguien quería entrar y ese hombre había cerrado con pestillo. Tony gruñó por lo bajo mientras se apartaba del contacto y de un manotazo le quitaba las manos al otro para poder salir. Le habían cortado el momento, y ahora no estaba de humor. Se dirigió a la puerta y la abrió, siendo asediado por un par de ojos negros desconocidos. El hombre ni siquiera reparó en el otro castaño y se metió de urgencia a uno de los baños. Stark bufó, mientras daba un paso dispuesto a salir, pero la voz de aquel extraño lo detuvo:— ¿Me dejarás así? ¿No me dirás ni tu nombre?
—… —Tony lo analizó durante algunos segundos, para después dedicarle una sonrisa torcida. Ladeó el rostro y una pequeña risa escapó de sus labios, pero de inmediato murió cuando reparó en la figura de aquel hombre y el color de sus ojos. Eran azules. Algo dentro de él pareció activarse, y espabiló de aquella locura. Entonces volvió a enfocar al extraño—. No, cariño. —y sin decir algo más, se dio la vuelta y regresó con las chicas que lo estaban esperando.
Algo apresurado pagó la cuenta de todo lo que habían consumido y se despidió de cada una, sin querer compromisos con nadie de ellas. Asegurándose de haberlas dejado tranquilas, decidió salir del local antes de volver a cruzarse con ese extraño. Solo cuando estuvo dentro de su coche, en la soledad que le brindaba, escuchando música clásica de violín, fue que pudo encontrar el origen de su huida. Bien podría haberse ido a la cama con aquel hombre, pero la razón que lo había detenido había sido su mirada, o mejor dicho, el color de ésta. ¿Ojos azules? Y un maldito carajo. Sólo podía asociar a ese color con alguien en particular. Y no, no era Potts de quien estaba hablando. Era aún más extraño. Y claro que lo era, porque no había podido dejar de comparar ambas miradas, y que el azul que él veía todos los días le parecía más profundo e interesante que ese azul vacío que había visto en el bar.
Así que tratando de deshacerse de sus tontas ideas, encendió el coche y manejó hasta llegar a una cafetería 24/7. Quería que quitar el exceso de alcohol de su cuerpo, y ordenar su mente.
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Steve bostezó, mientras frotaba su mano derecha con la izquierda. Dejó el lápiz a un lado en el sofá, y después se estiró para desentumir los músculos. Llevó una de sus manos a su cuello y frotó con insistencia. Se había pasado el resto del día entre sus dibujos, haciendo bocetos de sus recuerdos, fragmentos como fotografías que guardaba en la memoria. Se removió un poco sobre el sofá, descansando la espalda en el respaldo.
Miró el reloj que se alzaba imponente en una de las paredes. En veinte minutos serían ya las dos de la mañana y Tony no había aparecido aun por ningún lado. Comenzaba a preocuparse, pues en los pocos días que llevaba ahí eso no había sucedido. Así que hizo a un lado su cuaderno de dibujos, junto con los lápices, y se dirigió a la cocina por un vaso de leche para despejar la mente. Cuando entró se encontró con Jarvis acomodando algunas cosas de la despensa que había ido a comprar en la mañana.
Le dirigió una pequeña sonrisa, mientras tomaba un vaso y lo llenaba con leche. Lo tomó tranquilamente, observando al hombre mayor. Después se decidió a ayudarlo para que sus músculos terminaran por destensarse. Así que juntos guardaron todo en un silencio cómodo y natural. Steve miraba continuamente el reloj, y luego sus ojos se desviaban hacia la entrada de la cocina, esperando ver a Tony aparecer por ahí. Tan perdido estaba en ese asunto, que ni se dio cuenta cuando fue que dejó de pasarle la comida enlatada a Jarvis. Sólo estaba ahí de pie, mirando a la nada.
—No se preocupe, señor Rogers. El señor Stark suele llegar a estas altas horas de la noche casi siempre. —la voz neutral, pero hasta cierto punto conciliadora de Jarvis, le hizo al rubio volver a la realidad. Se miraron durante algunos segundos, pero fue Steve quien terminó cediendo en aquel duelo volviendo a pasarle las cosas.
—No lo sabía. Creo que me preocupé de más. —murmuró. Sin esperarlo, un suave toque en su hombro le hizo comprender que Jarvis había posado una mano en su hombro, dándole un suave apretón. Él lo miró interrogante, pero el mayordomo solamente soltó un suspiro resignado, cerrando las puertas donde habían colocado todo. La despensa estaba totalmente en su lugar.
—Creo que debería ir a la cama, señor. —le recomendó, mientras apagaba las luces de la cocina, y juntos salían hacia la sala. Steve le regaló una pequeña sonrisa, con un brillo de preocupación en los ojos. Negó con un gesto suave.
—Gracias, Jarvis. Pero prefiero esperar un poco más. —y sin esperar otro consejo, volvió a su asiento en el sofá. Tomó su cuaderno de dibujos y abrió la hoja en donde se había quedado.
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La puerta principal se abrió cuando Stark introdujo la contraseña en la pantalla holográfica. Miró hacia la oscuridad que era su departamento, pues la hora rebasaba de las cuatro de la madrugada. Había sido mucho el tiempo que se había quedado en esa cafetería de porvenir sospechoso, pero necesitaba pensar. Bueno, más bien, no pensar. Olvidarse de todo un rato, incluido el trabajo, la empresa, la llamada indeseable de Nick Fury, la de Loki, su encuentro con el hombre en el bar… sí, había sido una buena terapia de olvido.
Así que se encaminó hacia las escaleras, sin prender las luces. Sólo quería arrojarse entre sus sábanas con un brinco y dormir durante mil años si era posible. Pero ni siquiera había llegado al pie de las escaleras cuando una tenue luz llamó su atención. Se asomó en la sala, y miró que era la luz de una pequeña lamparita en un mueble lo que alumbraba. Quizá Jarvis se hubiera olvidado de apagarla.
Se detuvo abruptamente en la entrada de la sala, sin poder apartar los ojos de la vista en el sofá. Allí, profundamente dormido, su gran cuerpo voluminoso apenas doblado por los cojines en su cabeza, estaba Steve. Uno de sus brazos colgaba por el borde, mientras una manta acolchada estaba arrojada sobre su regazo y parte de las piernas. Identificó su cuaderno de dibujos abierto boca abajo sobre su pecho, mientras que en la otra mano mantenía un lápiz bien sujeto. Se quedó analizándolo, pues nunca lo había visto dormido. Su respiración lenta y calmada, junto con la tenue luz que alumbraba la mitad de su rostro, lo hacía parecer más joven e inocente de lo que era. Tenía los labios entreabiertos y sus pestañas parecían ser tan largas como la sombra que las acompañaba.
—Traté de convencerlo para se fuera a dormir, señor. —la voz lenta de Jarvis lo asaltó por la espalda, y Tony dio un brinco involuntario en su lugar. Su mayordomo tenía pies de gato, pues nunca lo escuchaba llegar. Debía recriminarle ese hecho pues parecía que el otro disfrutaba espantando a la gente. Sin embargo trató de disimular la sorpresa—. Pero el señor Rogers insistió en quedarse aquí. Creo que quería esperar por usted.
—¿Cuánto tiempo ha estado aquí? —cuestionó, mientras pasaba una mano por sus ojos. Quizá aún tuviera un poco de alcohol en el organismo, pues las palabras de Jarvis no podían ser más que una ilusión. Sobó con insistencia el puente de su nariz.
—Durante toda la noche, señor. —respondió sin apartar tampoco la vista del sujeto que, ajeno a la plática, dormía plácidamente sobre el sofá estirado cuan largo era. Tony estudió la forma de su cuerpo y la manera en que su pecho subía y bajaba, con un movimiento acompasado. Observó cómo Steve suspiró entre sueños, enterrando su mejilla un poco más en los cojines—. ¿Debo preparar su cama y la del señor Rogers?
—Sí. —fue su escueta respuesta, que salió en un murmullo suave. No sabía por qué había empleado ese tono soñador, y se sintió estúpida por eso. Agradeció mentalmente que Jarvis se hubiera retirado de su presencia sin comentar nada al respecto. Se acercó a paso sigiloso hacia el sofá, donde sin poder evitarlo, contempló más de cerca el sueño del otro hombre, y su rostro sereno y perfecto. Quería despertarlo para que se fuera a dormir, pero no encontraba la forma de hacerlo. Le parecía un pecado quitar esa mueca tan angelical de un rostro como el de Steve. Entonces espabilo por sus pensamientos, y quitó la libreta de encima del pecho contrario para poder despertarle, pero en cuanto lo hizo un dibujo llamó su atención.
Contra luz lo contempló. Era el boceto a lápiz de un campo de concentración militar, al parecer en medio de la selva, por lo que parecía. Había varias siluetas, todas solamente eran sombras alargadas. Dibujados a más detalle y en un panorama más cercano, se encontraban en el suelo botas militares y cascos. Ahí terminaba el dibujo. Era bastante gris y melancólico. Aquella visión le revolvió el estómago. Steve era un militar. Uno de ellos… Pero movido por la curiosidad, se aventuró a cambiar de hoja. Encontró entonces un par de rostros masculinos: dos hombres abrazados con un tarro de cerveza en sus manos. El fondo parecía ser una taberna. Los detalles de los rostros estaban bien hechos, con líneas firmes pero suaves, las sombras bien dibujadas. Eran tan iguales, autorretratos perfectos a simple vista. Estaba plasmada la alegría, las sonrisas lo demostraban, pero lo hacía más la mirada de aquel par de desconocidos. Por lo visto Steve sabia plasmar también los sentimientos. Le dirigió una mirada cautelosa al hombre dormido, esperando a que no despertara. No sabía por qué, pero sentía que estaba violando su privacidad. Como si estuviera leyendo su diario o algo parecido. Sus ojos viajaron a las escaleras, y tampoco vio señales de Jarvis, así que se aventuró a cambiar la página. Entonces la vio.
Era un boceto a medias, al parecer el último dibujo que había estado haciendo. No le había dado sombras ni matices todavía, pero Tony pudo identificar claramente que era el rostro de una mujer dibujada hasta la zona de los hombros. Y era bastante hermosa, al parecer. Tenía el cabello ondulado, cayendo detrás de unos hombros firmes y femeninos. Sus labios eran un tanto gruesos y la nariz pequeña, pero los ojos grandes y expresivos. Tenía un rostro serio, pero extrañamente lucía feliz, como si estuviera contemplando a su dibujante en persona. Tony paseó sin poder evitarlo las yemas de sus dedos sobre la textura, acariciando la forma delineada de sus labios y subiendo hasta sus ojos redondos. ¿Quién era ella? ¿Por qué Steve la había dibujado? No parecía ser su madre, pues a pesar de que no había colores en el dibujo, Tony no pudo identificar rasgos familiares entre ellos. ¿Acaso sería…? Pero antes de que pudiese formular una pregunta nueva en su mente, tuvo la imperiosa necesidad de pasar a la siguiente página. Justo estaba tomando el extremo para darle vuelta, cuando sintió que Steve se removía en su lugar.
Tony, totalmente espantado, cerró el cuaderno y lo puso rápidamente sobre una mesilla de vidrio, mientras se alejaba unos cuantos pasos tratando de disimular lo que había estado haciendo. La figura imponente de Steve se revolvió sobre el sofá, mientras una especie de ruidos salían de su boca. Rogers parpadeó adormilado, enfocando su vista en la oscuridad hacia Tony. Lo miró durante algunos segundos mientras se incorporaba para quedar sentado, frotando con sus puños los ojos para despertar por completo.
—¿Cuándo volviste? —preguntó suavemente, pero con el tono de voz un poco más ronco de lo normal. Tony paseó nerviosamente la vista por toda la sala, todavía con la adrenalina corriendo por sus venas al sentirse casi descubierto husmeando los bocetos de Steve.
—Hace no mucho. —le restó importancia con un gesto de la mano, mientras veía como el rubio se ponía de pie dejando caer la manta con la que había estado cubierto. La levantó entre sus fuertes manos y la depositó de nueva cuenta en el sofá— ¿Qué estabas haciendo aquí a estas horas?
—Quería esperarte. Me preocupé porque era tarde y no volvías. —le sonrió un poco, mientras buscaba algo con la mirada—. Estaba dibujando también, supongo que el tiempo se me pasó volando y me quedé dormido aquí. —se excusó de cierta forma, mientras encontraba su cuaderno de bocetos en una mesilla. No recordaba haberlo dejado ahí. Seguramente Jarvis lo había hecho por él.
—No soy un crío. Y no hay razones para preocuparte. —le informó con un tono frío cruzándose de brazos, intentando parecer indiferente. El alcohol restante que aun fluía por su cuerpo no hizo nada para detener los golpes repentinos de su corazón. Esperaba que no fueran lo suficientemente fuertes como para que Rogers lo escuchara.
—¿Acaso no puedo hacerlo? —se encogió de hombros. No sabía qué diablos lo había impulsado a hacerlo realmente, aunque muy en el fondo algo dentro de él se sintió ofendido por tales palabras. Le mostró una sonrisa pequeña, pero Stark le regresó el gesto con una mueca de fastidio que le dolió de forma inesperada. Pero no pensaba discutir por algo como eso. Steve había recibido peores miradas y actitudes que las de Tony.
—No, no puedes. No vuelvas a hacerlo jamás, ¿entendiste? —le ordenó con voz neutral, mientras caminaba con pose indiferente hacia las escaleras, dejando a Steve sorprendido y sin nada que decir. Tony no había querido sonar grosero, pero habían sido muchas emociones para un solo día, estaba exhausto. Le dio una última mirada al cuaderno de dibujos tratando de ignorar lo que había visto. No necesitaba más por hoy. Así que salió de la sala y subió las escaleras a paso rápido, mientras el rostro de Steve se deformaba hasta convertirse en una sonrisa triste, y los ojos apagados. ¿Qué esperaba? ¿Un amable recibimiento de alguien como Tony? ¿Un agradecimiento por preocuparse? Vaya tonto.
Pero Tony Stark se había marchado con una triste casualidad que no se dio. Se marchó sin saber que detrás del boceto de aquella mujer, estaba su propio retrato.
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Loki bostezó, tapándose educadamente la boca con la mano derecha. Se había levantado muy temprano. Thor, a su lado, le sonrió de forma sincera y se acercó para darle un beso en la mejilla. Sentados en el sofá, ambos habían estado viendo la televisión, obviamente el rubio más interesado que el pelinegro. Loki tenía entre sus manos un libro en el que había puesto su total interés, junto a su taza de café matutina. Todo lo contrario a la cerveza que reposaba en una de las grandes y masculinas manos del de barba.
Era cierto que ellos no tenían muchas cosas en común. En realidad, eran casi nulas las veces que coincidían. Pero Loki sabía que no podía estar sin Thor por mucho tiempo. No es que él sufriera una dependencia por el otro, pues había estado solo la mayor parte de su vida. Sin embargo su hermano formaba la parte más esencial de su existencia.
Una mano ajena a su cuerpo se movió hasta posarse sobre su rodilla, apretando un poco la zona, con delicadeza. Sus ojos verdes buscaron el motivo de esto, encontrándose con una sonrisa brillante.
—¿En qué piensas, hermano? Estás distraído. —el rubio se acomodó mejor sobre el sofá, dejando en la mesilla su cerveza para concentrar su vista en el pelinegro. Loki amaba cuando Thor hacía eso, pues a pesar que el futbol acababa de dar comienzo al otro no parecía importarle. Se sentía bastante bien estar por encima de sus gustos y aficiones. Ser el número uno en la lista de intereses personales de Thor.
—En nada realmente. Creo que me levanté bastante temprano. —le restó importancia, posando su mano derecha sobre la mano de Thor. Éste apresó su delgada mano entre las suyas, y se movió hasta estar más cerca. Entonces con lentitud, posó sus labios sobre los de Loki, arrancándole un jadeo de gusto. Sus labios acompasados se movieron de forma lenta y pausada, dejando pasar el tiempo lentamente. Es cierto que el rubio podía ser un atrabancado, pero en ocasiones solía tener esos gestos delicados y elegantes que Loki tanto amaba. Para él significaban mucho.
—Podemos arreglar eso. —murmuró, separando sus labios. Acarició con éstos la mejilla del otro, haciendo que su barba rozara en el rostro de Loki, mandándole sensaciones nerviosas por la columna vertebral. Justo cuando el pelinegro estaba por proponer apagar la televisión y concentrarse en otro tipo de actividades más productivas, el celular del rubio comenzó a sonar. Con un gruñido se separó, atendiendo la llamada.
Al parecer era algo importante, pues la mueca de fastidio que tenía Thor cambió al pasar unos cuantos segundos por un rostro serio y una mirada de preocupación. Loki prefirió darle su espacio, pues a veces las llamadas de la oficina eran personales y tediosas. Así que se puso de pie y fue hasta su cuarto, buscando entre su ropa algo cómodo para ir al trabajo. Tenía tiempo de sobra, pues el café abría un poco tarde.
Se dio una ducha tranquilamente, y entre el vapor y el agua caliente, sonrió. Thor en verdad era una parte importante para él. Aunque se arrepentía mucho por todas aquellas cosas que le había hecho pasar: los tragos amargos, los enfrentamientos con su padre… el cruel adiós. Las palabras. Loki jamás podría perdonarse todas aquellas palabras que habían herido a su hermano por mucho tiempo, y que él había dicho con el más profundo deseo de venganza. Por suerte ahora era un hombre nuevo.
Salió de la ducha, amarrando en sus caderas una sencilla toalla. Secó con otra su pecho y el cabello, y salió rumbo a su habitación. Cuando llegó, encontró a su pareja guardando algunas cosas en su maleta de trabajo. Thor era el comandante de su sección.
—¿Ya te vas? —preguntó de forma casual, mientras se quitaba la toalla y enseñaba su desnudez a otro sin un propósito secundario que el de vestirse. Thor le dio una larga mirada de arriba hacia abajo, con un hambre interna que no se preocupó en disimular. Loki sintió que un pequeño hormigueo recorría su cuerpo ante aquella mirada, mientras el rubio carraspeaba para seguir en lo suyo. El pelinegro tomó su ropa interior y comenzó a vestirse. No quería distracciones.
—Ha surgido un problema en S.H.I.E.L.D. Al parecer hay indicios de movimientos terroristas en el país. —respondió en breve con su masculina voz, mientras recogía su largo cabello rubio en una coleta baja. Dos mechones cayeron rebeldes por su rostro, dándole un aspecto por demás sensual y fiero.
—¿Es muy peligroso? —preguntó, tratando de sonar indiferente, pero visiblemente preocupado. Sabía que era el trabajo de Thor, y no podía negarle ayudar a la gente, pero no le gustaba el hecho de que pusiera en peligro su integridad y salud. Sobre todo en una organización de locos como lo era S.H.I.E.L.D. Se acomodó los pantalones negros y comenzó a abrocharse la camisa blanca.
—Quizá. —fue su simple respuesta. Se acercó hasta Loki y tomó entre sus grandes manos el rostro del más delgado. Lo analizó durante algunos segundos, donde sus miradas chocaron, transmitiéndose tantas cosas que no podían decirse. Acarició con sus pulgares ambas mejillas y depositó un beso en su frente. Loki gruño por el gesto tan cursi al que estaba acostumbrado, pero aun así correspondió la sonrisa del otro—. Estaré bien, hermano. Lo prometo. —y entonces tomó su maleta del trabajo y salió de la habitación cerrando la puerta.
Loki suspiró, mientras caminaba hacia el balcón. Esperó durante un par de minutos, viendo después aparecer a Thor en la calle, subiéndose a su coche y partiendo a toda velocidad sin reparar en su presencia. Él confiaba en el rubio totalmente, pero no pudo evitar sentir que un peso caía sobre su corazón.
Tenía un mal presentimiento.
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—Realmente no entiendo por qué Steve iba a esperar por ti. —Pepper, sentada del otro lado del escritorio de Tony, había dejado de lado su libreta de notas, la agenda personal donde llevaba cada uno de los movimientos de Stark. El castaño había llegado muy alterado a la oficina, sin querer hablar con nadie y teniendo los nervios y el mal humor a flote. Por suerte Pepper Potts había podido hacer que el otro sacara sus frustraciones, revelándole los hechos acontecidos con el rubio la noche anterior.
—No había ninguna razón para hacerlo. —respondió el millonario, moviendo entre sus dedos un bolígrafo, dándole vueltas de forma distraída mientras él se balanceaba en su silla. Por la mañana ni siquiera había visto al militar, es más, hasta había salido muy temprano para no encontrarlo. No sabía por qué se sentía tan molesto. Era tan… tan buena persona que lo enfermaba.
—Quizá se sienta solo. —murmuró, mirándolo de forma fija. Tony le regresó la mirada con una ceja alzada—. Me refiero a que él no está haciendo nada con su tiempo. Tú vienes aquí y trabajas, sales a la calle y te distraes. Él no lo hace. —retiró sus mechones rubios que habían cedido de la coleta alta que llevaba, intentando acomodarlos de nueva cuenta en su sitio—. Se pasa los días encerrado y ya. No tiene una distracción, y no creo que leer durante todo el día sea bueno para él. Supongo que se sentía aburrido y quería conversar contigo. A fin de cuentas pasaron todo el fin de semana juntos, incluido el Lunes, y él pudo pensar que seguiría siendo así. —Pepper en verdad estaba sorprendida porque en todo ese rato, Tony no la había interrumpido ni una sola vez, hasta parecía estar reflexionando.
—Entonces, ¿qué sugieres que haga? —preguntó, mientras veía el bolígrafo con atención total, como si fuera la cosa más maravillosa del mundo. Quizá Pepper tuviera razón, pues ese hombre no tenía con nadie más que platicar que Jarvis y él. Estaba solo en un mundo diferente para él. Era comprensible, viéndolo desde otro punto de vista. Como un pez fuera del agua.
—No lo sé. Quizá necesita algo para mantenerse ocupado. —ella pareció pensarlo durante algunos segundos. Ambos estaban en silencio, oyendo como el reloj de la pared marcaba los segundos, uno tras otro—. ¿Qué tal un perro? —sugirió, pero Tony negó con un gruñido.
—Eso no. Sabes que no me gustan los animales, Pepper… Y no me mires así. —añadió cuando esa mirada azul se clavó en él con reproche—. ¿No se te ocurre otra cosa? Busca en internet, algo se te ocurrirá.
—¿Yo? —se apuntó con el dedo pulgar hacia su persona. Alzó una ceja rubia perfectamente depilada—. Quien debería estar pensando eres tú, y no yo. Por si no lo sabes tengo mucho trabajo por hacer… el que por cierto es tu responsabilidad y has dejado botado. —y con una mirada seria, tomó su agenda y se levantó con un gesto elegante de la silla. Caminó hasta la puerta y se volvió a mirarlo, mientras tomaba el pomo para abrir—. Y será mejor que lo arregles, fuiste muy grosero con Steve.
Tony suspiró y cerró los ojos cuando escuchó el portazo, sobando con sus dedos el puente de su nariz. Era cierto. Había sido muy grosero con el rubio, lo admitía. Pero es que él jamás había lidiado con ese tipo de cosas. Porque nunca nadie había sido tan generoso y buena persona con él. Cuando Stark se comportaba grosero, toda la gente se alejaba, le reprochaban, lo regañaban. Se ofendían y dejaban de hablarle. Ese hombre solamente lo había mirado, sin decirle nada. ¿Qué clase de hombre era Steve Rogers? Porque al parecer era inmune a sus bromas de mal gusto y sus desplantes. Y eso le ponía de mal humor.
Gruñó con frustración, cuando después de pensar durante un par de hora, no había encontrado un buen regalo de disculpas. Sin embargo, las palabras de Pepper habían rondado por su cabeza durante todo ese lapso de tiempo. Pero Tony Stark no era un buen hombre. Después de todo, no se podía ser tan bueno… Aunque tan poco tan malo, ¿cierto? Así que tomó su abrigo sin pensarlo dos veces y le escribió una nota a su secretaria personal, encargándole los asuntos e informándole que se tomaría el resto del día libre.
¿Qué clase de perro le gustaría a Steve?
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¿Qué les pareció? ¿Les ha gustado el capítulo? Cualquier opinión, queja, sugerencia, cualquier cosa que quieran comunicarme, ya saben que pueden hacerlo dejando un Rw que con gusto contestaré :D
Espero regresar pronto con la actualización. Que tengan una linda noche :33
Un beso enorme.
Darkmoon:
Primero que nada, muchísimas gracias por tus halagos, pues para mi valen demasiado :D tampoco me gusta que los personajes se enamoren solamente por el físico, por eso estoy tratando de hacerlo más interno, no sé si me explico. Claro que las causas de la negación a sus sentimientos vendrán ligadas a todo lo que dices. Siento mucho si no puedo darte pistas sobre tu teoría con lo de Fury, pero eso sería dar spilers antes de tiempo, así que seré un poco malvada y dejaré que te hagas algunas ideas y luego soltaré la bomba xD lo siento pero esto es así jajaja. Lo de Clint y Bruce también lo dejaré en las tinieblas, pero todo saldrá (: tampoco me gusta eso de Peter homosexual, pues el que viva con una pareja gay no quiere decir que influirá en su orientación sexual, creo que eso es un estereotipo. De todas formas lo voy a considerar C: Y pues no, los personajes no tendrán ninguna fobia, pero sí algunos problemillas mentales xD
De nuevo muchas gracias, pues me encanta saber lo que piensas sobre el desarrollo de la historia (aunque no te pueda dar muchas pistas). ¡Un beso enorme!
