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El pecado de una diosa
Por Liluel Azul
Capítulo 11
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Hyoga apenas y logra bloquear con sus brazos el golpe que Camus le iba a propinar en la mejilla, sin embargo su fuerza no es suficiente y es lanzado a varios metros a la izquierda del francés.
Rápidamente el joven se levanta, Camus por su parte avanza hacia él con toda tranquilidad.
-Un caballero debe ser seguro de sí mismo, sereno, reservado, justo e imparcial. –Indicaba el maestro.
Hyoga volvía a la carga tratando de asestar un puñetazo, pero Camus sencillamente atrapó su puño y tirando de él con fuerza lo hizo perder el equilibrio, el muchacho rubio se fue de bruces y terminó con el rostro hundido en la nieve.
-Las características esenciales que distinguen a un caballero son su humanidad, inteligencia, rectitud, rigor y valentía.
Hyoga giró rápidamente en la nieve, justo a tiempo para evitar ser pisado por su maestro. Con un pequeño salto marcó distancia para poder recuperarse.
-Cuando te percates de que tu enemigo se está concentrando prepárate para conocer su fuerza y evítalo.
Y dicho eso elevó su cosmos el fuerte viento helado que emanó de su ser lanzó a Hyoga hacia atrás.
-Cuando tus fuerzas sean iguales entonces lucha, pero si tus fuerzas son inferiores entonces aléjate. Cuando tus fuerzas sean insuficientes defenderás y cuando sean suficientes atacarás.
Hyoga se estaba levantando, pero cerró los ojos, un simple parpadeo, pero eso le bastó al dorado para ya estar junto a él, propinándole un puñetazo en el hombro que de nuevo lanzó a varios metros al rubio.
-Si eres inferior huye si te es posible, ya que una fuerza inferior siempre será sometida por una superior.
Tras ese golpe, Hyoga no se pudo levantar inmediatamente. Camus cerró los ojos, meditando, la batalla ya se ha alargado demasiado por lo que su alumno ya está exhausto. Es evidente que ya no da para más, su respiración es agitada y la manera torpe en la que se levanta ya anuncian el fin de esta clase.
-¿Hyoga, cuales son los temperamentos más perjudiciales para un caballero?
-Los imprudentes ya que están dispuestos a morir. Los cobardes ya que pueden ser hechos prisioneros. Los iracundos ya que pueden ser engañados. Los honorables puesto que pueden ser calumniados. Los sentimentales puesto que pueden ser turbados o burlados.
Contestó al tiempo que trataba de recuperar el aliento.
Camus soltó otro golpe y al esquivarlo Hyoga de nuevo terminó en el suelo.
-Los imprudentes mueren por nada. Aunque un caballero no se aferra a la vida, siempre debe buscar sobrevivir. Muerto ya no puedes servir a Atena. Un caballero sacrifica su vida por algo, por alguien, por proteger. Si no hay nada en riesgo mantenerse en el campo de batalla ante un enemigo superior es estúpido.
El cuerpo del rubio tiembla mientras se endereza, físicamente ya no resiste más.
-Un caballero actúa según se presenten los acontecimientos y no se deja llevar por la ira, el ego o por las emociones; por lo mismo no se confunde. Un caballero comprende que actuar o dejar de actuar no está sujeto a un capricho, sino que es fruto de una seria meditación, por lo mismo no deja las cosas al azar.
Camus propina otro golpe y aunque Hyoga se cubre, Camus ya ha decidido que es suficiente por este día así que uso mucha más fuerza que en los ataque anteriores, por lo que Hyoga sale proyectado con violencia.
Camus lo contempla en el suelo, está vez no se levantara.
-Un caballero vive para servir a la diosa Atena, la diosa está por encima de todo, primero esta ella, después esta ella y al último esta ella.
Hyoga ha quedado boca abajo, con toda la despreocupación del mundo con el pie Camus lo voltea para examinarlo. No está inconsciente, pero sencillamente ya no puede más, así que Camus tranquilamente se sienta a su lado.
-Atena es la diosa a la que servimos porque la amamos y cuando se ama a una persona, se ama todo su universo, se ama su justicia, su lealtad, sus ideales, se aman a los compañeros porque son parte de ella. Los caballeros somos la expresión del amor que Atena siente por este mundo y el ser conscientes de eso nos vuelve invencibles.
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Los caballeros somos la expresión del amor que Atena tiene por este mundo. Eso me enseñó mi maestro en aquella ocasión. Pocas veces hablaba de emociones o sentimientos, en general su discurso siempre fue que debía mantener mis emociones en orden, siempre tranquilas, nunca intensas y sin embargo sólo esa vez habló de una emoción que debía permitirme sentir a plenitud, la única que él consideró que jamás me estorbaría en el campo de batalla. La única que se me permitía.
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Tengo amigos a los que les jure dar la vida y siguen sus luchas desesperadas,
no quiero que me dejen dormir tan solo para sobrevivir,
sería inútil revivir dentro de cientos o miles de años,
mi vida vale porque estoy aquí ahora,
es una dicha caminar en el mismo sendero que mis amigos,
no importa que tan difícil sea,
hubo un tiempo en el que maldecía mi desafortunado nacimiento,
pero ahora agradezco a Dios el permitirme vivir,
al mismo tiempo que mis amigos.
Hyoga en la saga de las doce casas (anime clásico)
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Falta poco para el amanecer, por lo que las estrellas todavía brillan con hermosura sobre el santuario de Atena, pero aunque luzcan hermosas, nadie las contempla, pues la tristeza se ha adueñado de los corazones de todos los residentes, que están tan cabizbajos, como aquellos que no tienen esperanzas en el mañana.
Y como si eso no fuera suficiente, varios guardias del santuario, sienten como sus ojos se anegan y sus corazones se estrujan al contemplar el correr de lágrimas del caballero femenino de la cobra, y es que su dolor es tan grande, que se ha quitado su máscara para poder llorar libremente, sin importarle los presentes. Para ella sólo existe su dolor. Así que lo que contemplan no es aquella guerrera de carácter firme e indómito que los dirige, cuyo único pensamiento y amor es la Diosa Atena, esa se ha ido cuando se quitó la máscara, la que llora desconsolada es la mujer que ha perdido a su más grande amor. Y es que perder a Seiya le es un dolor más grande y mortal que la partida de la Diosa.
Para los guardias, el verla así de vulnerable, con las rodillas en el suelo, apretando los puños e incapaz de levantar cabeza, con todo su ser temblando de dolor, humedeciendo la tierra con sus lágrimas; los perturba profundamente, pues la mujer, es una faceta que ella jamás les había mostrado.
La mujer, sabían, era algo privado, custodiado como algo sagrado, reservado únicamente para aquel quimérico y fantástico hombre dueño de su amor. Aquel que es tan sublime que ha sido reconocido como el único que tiene derecho de verla sin mascara.
La mujer, es algo que jamás les mostraría por considerarlos indignos de ver.
Y ahora está aquí, frente a ellos, llorando sin consuelo por el amor perdido, presa de un dolor mortal, un dolor tan grande como el infinito.
Quien, al verla así, como herida de muerte, podría acusarla del pecado de amar a un hombre más que a la Diosa. La conocen perfectamente, hoy la cobra llorara, mas mañana, aunque aún tenga el corazón destrozado, se pondrá su máscara y volverá a ser ese caballero femenino que no tiene otro pensamiento y otro amor más que Atena.
Las lágrimas también corren por las mejillas del joven Kiki quien les da la espalda a todos, ya no puede más, su mundo se ha derrumbado. Esta jornada ha sido tan caótica que ya no sabe distinguir entre el bien y el mal. Ser un caballero de Atena siempre ha sido su anhelo, creció en medio del compañerismo de sus hermanos de armas. Como olvidar cuando Hyoga lo protegió de Isaac, llamándolo compañero; o cuando junto a Jabu y los otros defendieron con sus cuerpos a la hermana de Seiya. En esos momentos confiaba plenamente en todos. No importaba el dolor o lo duro de la prueba, sabía que no estaba luchando solo y lo más importante, esas luchas tenían sentido.
Pero esta noche, la diosa por la que se esforzó tanto, aquella sobre la que vertió tanto amor se ha marchado sin ni siquiera despedirse, como si no le importara el sentimiento de abandono y confusión que sembraría en el. Se fue sin un último gesto, como si él no se lo mereciera, como si él no le importara. Se fue incendiando su cosmos lastimando a Hyoga hasta matarlo, claramente percibió la dolorosa muerte del cisne. Ella le hizo daño y eso no tenía ningún sentido. Las órdenes de matar a Seiya que dicto el Patriarca, también le parecieron una locura, pero sobre todo ha percibido la frialdad en el corazón Jabu desde que lo nombraron patriarca, al punto que lo ha considerado un demente y no el guía y líder de la orden. El que Shiryu lo mirara con esos ojos tan amenazantes, le causo un escalofrío que recorrió toda su espina dorsal, jamás había sentido miedo del Dragón. Además la pelea que Shiryu sostuvo contra Shaina, le causo un sentimiento de ruptura. ¿Cómo volver a ser compañeros y tenerse confianza después de algo así? Y por último la muerte de Seiya en manos de Marín. Ella tomó la vida de un indefenso, porque Seiya estaba inconsciente y nada pudo hacer para protegerse. Marín es su maestra, la que lo crio desde niño, Seiya por ella sentía amor, siempre la trató como alguien superior digna de todo respeto y Marín siempre se arriesgó para protegerlo y guiarlo al campo de batalla. Había camaradería entre los dos. Pero ahora sólo hay una mancha de sangre de un golpe dado a traición para cumplir con el encargo del Patriarca.
En esos momentos Kiki sentía desolación por haber sido engañado, porque el mundo que había conocido ahora resultaba ser una mentira. No existía la hermandad entre caballeros, no existía amor entre ellos ni la diosa.
Entonces, ¿por qué ha luchado tanto toda su vida? ¿Qué sentido tenían todas las guerras, las pérdidas y los dolores que surcado en su vida como alguien leal a la diosa?
El joven se sentía perdido, en un mundo ello de traiciones.
Marín por su parte quería evadirse, ya no soportaba escuchar el llanto de Shaina, y si no fuera por la cálida sensación en su regazo, producto de una bebe que ayudó a traer al mundo, le diría la verdad a su compañera. Pero la vida de esa bebe y de su pupilo le son lo más sagrado y jamás los traicionaría.
Ni siquiera esta tortura de ver sufrir a Shaina y a Kiki le hará soltar la lengua. Qué más da que de ahora en adelante la señalen y la insulten, que haya quedado marcada como alguien sin compasión y rastrera, que aprovechó el momento, cuando con eso le ha dado una vida nueva a Seiya.
Lo sabe, Kiki y Shaina no volverán a mirarla a los ojos, no habrá más amistad entre ellos, porque no le perdonaran lo que ha hecho. Esta noche no solo le ha dicho adiós a Atena y a Seiya, también ha perdido a sus amigos más cercanos en el santuario y se ha condenado al silencio y a la soledad. Y sin embargo, no siente miedo.
Si flaqueara no sería digna de la diosa, porque ella ha renunciado a las personas que más ama en el mundo para poder darles una vida libre y segura. Atena cargó a su hija unos momentos, lo suficiente para despedirse y nunca más volverá a ver a Seiya, y a pesar del dolor que le produce la separación Atena lo hace con gusto, por el futuro que les ha garantizado.
Atena será una diosa, pero es frágil como una humana, si puede con todo eso, ella cargara con el pedacito que le toca y así será como estar con la diosa. Unidas por un secreto, que tiene cabellos rojos y los ojos de su madre. Y si los días se vuelven insoportables, pensara en esa niña que llenara de dicha a Seiya.
-¿Escuchan eso? –Preguntó Kiki desconcertado por la dulce y calmante melodía que llegaba directamente a su cosmos.
Tras un instante Marín pudo escucharlo, contempló a los guardias y por sus reacciones supo que ellos ya empezaban a escucharlo también.
Shaina se secó las lágrimas, en verdad era reconfortante esa melodía, algo fuera de este mundo.
Kiki analizaba todo, el cosmos de esta melodía es de Atena pero aparte había otro que apenas si podía distinguir.
-…El cisne… está cantando… –Dijo Shaina confusa, siendo ella la primera en reconocer el cosmos del rubio.
Kiki frunció el ceño, no podía ser, Atena se ha ido y Hyoga está muerto. Aunque el mito dice que los cisnes cantan antes de morir. ¿Acaso lo último de su ser se unió Atena? Imposible. Y sin embargo la tonada seguía inundando su ser, llenándolo de una calma desconocida hasta ahora.
Un resplandor iluminó todo por un instante sacando al pelirrojo de sus pensamientos. La melodía desapareció y todos voltearon a la cima de la montaña, sabiendo que algo está pasando allí.
-¿Qué fue todo eso? –Preguntó Shaina al tiempo que se ponía su máscara.
Sin embargo nadie pudo contestarle.
Un nuevo resplandor los cegó, al tiempo que un fuerte viento hizo caer a los guardias.
-¿Qué está pasando en el templo de Atena? –Demandó saber la cobra.
-Hay alguien en el templo… pero, ¿Quién? – Preguntó Kiki. El cosmos que sentía era magnifico pero desconocido, a diferencia de la tonada en el que sentía los cosmos de Atena y el cisne, este cosmos le era totalmente extraño.
De pronto empiezan a sentir calor, y la llamarada del cosmos encendido a toda su potencia del Fénix los pone en estado de alerta.
Un fuerte temblor los arroja al piso, producto de los cosmos en lucha de Ikki y ese otro extraño, es tan violenta y poderosa que esta cimbrando todo el santuario.
-¿¡Qué está pasando!?
Y es que el combate es tal todos pueden contemplar sobre el templo de Atena la efigie del fénix en plena lucha.
De pronto la tranquilidad. Por unos momentos todos piensan que Ikki ha vencido a un enemigo extraño, cuando de nuevo la energía se desborda y todos con asombro ven una columna de luz que se eleva a los cielos.
Y nuevamente las lágrimas, en esa columna saben que ella se ha ido, y que esta vez es definitivo.
Se levantaron desconcertados pero aun así de inmediato salieron corriendo. Atena se ha ido, pero no saben qué pasó con el otro que luchaba con Ikki.
Shaina, Kiki y Marin pronto dejaron a los guardias muy atrás, corrían a toda prisa y con el corazón angustiado pero sobretodo confundidos, así que actuaban por instinto, lo que fuera que estuviera en el templo de Atena parecía una amenaza para el patriarca y es su deber protegerlo. No les importó atravesar las doce casas sin autorización. Pasaron por ellas si problemas a falta de guardianes que las custodiaran, hasta que llegaron a la casa de acuario.
Desde el mismo momento en que pisaron el templo pararon sus frenéticas carreras, la sensación de ser observados los obligó a entrar con precaución a pesar de saber que sin Hyoga, el templo debería estar vacío.
Pero esa sensación de ser observados aumentaba más y más a medida que entraban. Cuando contemplaron la silueta de un hombre supieron que sus sentidos no los engañaban, había alguien.
-¿Hyoga? –Pregunto Kiki confundido, al reconocerlo, pues había percibido morir al rubio en medio de la explosión del cosmos de Atena. Además, Shiryu se lo había confirmado. Shiryu no mintió con respecto a la muerte del rubio, en sus ojos había dolor por haberlo perdido.
Más sin embargo allí se encontraba, en medio del templo de acuario, erguido con todo poder y majestad, contemplándolos fijamente.
-…Estas vivo… -Dijo Kiki con voz llorosa, pues si todos hubieran sabido que estaba vivo, nadie hubiera atentado contra Seiya. El estómago le quemó de pronto al joven, sintió una rabia inmensa, ¿dónde se encontraba ese malnacido Hyoga cuando Seiya murió?
Avanzó dispuesto a partirle el alma a golpes, con los ojos llorosos y lleno de rabia, mas, paró en seco. Hyoga lucia realmente amenazante, a tal punto que Kiki no lo reconocía.
Lo miró con detenimiento, sus rubios cabellos, el tono celeste de sus pupilas, su porte, todo correspondía a Hyoga y sin embargo era totalmente diferente. Proyectaba la agresividad y altanería de quien posee un poder superior a todos, y que además está dispuesto a acabar con quien tenga en frente sin importarle nada, compañero, enemigo lo mismo le daba.
Le lanzó a Hyoga una sonrisa torcida cargada de dolor y molestia. Como quien se resigna a su destino, como quien choca contra una verdad que ha querido negar. En estos momentos Kiki está confirmando sus pensamientos de hace rato, no hay compañerismo entre los caballeros de Atena.
A Marín no le importó matar a Seiya estando este indefenso, a Shiryu tampoco le importó luchar con Shaina, Atena ni siquiera se despidió y ahora mismo, Hyoga está frente a él, con esa actitud.
Pasó junto al rubio, solo por pasar y demostrarle que no le tenía miedo y que no necesitaba nada de él. Pero realmente ya no le interesaba llegar a la cámara del patriarca.
Sólo hasta que vio a Shaina pasar y avanzar de nuevo con premura se dignó a seguirla hacia la cámara del patriarca. Marín se quedó atrás y eso le alegró porque realmente no la quería cerca.
Pasaron unos minutos, hasta que se alejaron Marín se atrevió hablar.
-Los fénix, no pueden pasar por cisnes.
Aquel, la miró tan profundamente que Marin supo de inmediato que vio todo lo que había en su memoria, pero el caballero femenino del águila pronto recobro la compostura.
Aunque le fue extraño, tanto que por un momento dudó que se tratara del fénix, pues desconocía que tenía tal habilidad de indagar en la mente de otro, sin embargo la arrogancia de él no dejaba lugar a dudas.
Así que ella le devolvió la mirada con toda la dignidad que posee, pero también con el poder de la complicidad, porque existía un secreto que los hermanaba, aun no entendía como fénix había visto tan profundo en ella, pero él sabía que ella, había sido la partera que ayudó a Atena.
-…Fénix…
Quería preguntar que había sido de aquella niña y que pasó con Hyoga, pero no pudo, la imagen de Hyoga que tenía frente de sí era muro, nada que ver con el auténtico cisne, que aunque no respondiera a sus preguntas no la dejaría avanzar con dudas en su corazón, ni a ella ni a nadie.
-Los fénix no pueden pasar por cisnes. –Volvió a decir, reflexionando más para ella misma que para el otro. -Kiki es un manojo de emociones, Hyoga nunca lo habría dejado avanzar en ese estado sin decirle algo que lo calme. Tienes suerte de que estén alterados por todo lo que está pasando o se habrían dado cuenta de inmediato. A diferencia de ti, Hyoga no tiene capacidad para ser grosero con sus compañeros, a todos les agarra cariño por ser demasiado sentimental.
Y la imagen de Hyoga sonrió un poco. Entonces hizo un gesto con la cabeza para indicarle que avanzara.
Marín se llenó de esperanza, Ikki sonrió por su comentario, si algo estuviera mal el fénix sería totalmente hermético, pero entonces, ¿por qué aún está aquí?
Ladeó el rostro en lo que halló la respuesta.
-Si lo que te retiene es el rosario de Hyoga, Seiya lo trae puesto. –Y entonces partió.
Esas palabras sorprendieron a Ikki, tanto que tuvo que reconocer que la maestra de Seiya tiene mirada de águila, pues efectivamente el rosario de Hyoga era lo que lo detenía para dejar las doce casas.
Subió a las estancias de acuario, en la cama se encuentra Hyoga, sumamente pálido y temblando, profundamente dormido por estar exhausto.
Los cajones del closet están abiertos y su contenido regado por el piso, la verdad es que Ikki no tenía paciencia para estar buscando pero no podía irse dejando algo tan importante para el rubio. Ahora que Marín le rebeló que Seiya la tiene ya puede olvidarse de ese asunto y concentrarse en con que cubrirá al rubio. Y es que en estos momentos su organismo esta tan débil que no es capaz de conservar el calor.
Dejó escapar una sonrisa traviesa, había pensado envolverlo en unos cobertores, pero ahora que estuvo revisando el closet algo más tentador surgió.
-El fuego no va contigo. Eres un cisne, perteneces al hielo. –Le dijo, tras acomodarle la capucha del grueso abrigo que usa en Siberia, y por supuesto completo el look con los guantes y las botas.
Lo levantó en brazos y se lo llevó del Santuario.
Caminó despacio, la salud de Hyoga lo obligaba a tomarlo con calma, además quería que lo vieran salir, aunque claro, no lo veían a él, en su lugar todos veían al rubio abandonar el santuario por su propio pie.
Casi todas las personas residentes en el santuario subían con prisa por los doce templos, era como si algo los llamara. La diosa, por la que han vivido ya no está, pero su corazón se ha quedado aquí y los impulsa a buscar su regalo de amor.
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-¡Alabada sea Atena! –Exclamó Shaina pues ante sus ojos estaba milagro de las estrellas del corazón de la diosa y estas la recibían brindándole su fulgor.
Por toda la cámara del patriarca se están esparciendo las estrellas, brillando con fuerza e ímpetu, avanzando en búsqueda de sus dueños.
-¿Qué es esto?- Preguntó Kiki confundido. Eran majestuosas las estrellas pero le temía un poco por serle estás algo desconocido.
Y es que danzaban con una gracia tan sobrenatural y etérea que de inmediato las identificó como algo ajeno a nuestro mundo.
Fue cuando vio a Shaina caminar entre las estrellas, como presa de un hechizo, pues ignoró completamente sus advertencias y al tomar una, la caballero femenino se derrumbó y se puso a llorar.
-¿Qué pasa, Shaina, Shaina?
-Kiki, -Habló el patriarca entrando a la habitación. – Aun eres demasiado joven e inexperto… ¿de qué tienes miedo o desconfianza? La diosa ha escuchado nuestras plegarias, ha sanado nuestro dolor al dejarnos su corazón, todas estas estrellas son el corazón de Atena. Mira aquella te está llamando.
Kiki escuchó con recelo a Jabu y si no hubiese sido porque aquella estrella lo llamaba poderosamente no la hubiera tomado, más cuando lo hizo, sintió la calidez en su corazón, y también se puso a llorar.
Todo lo que sintió antes de tomarla desapareció, todo el dolor por lo que había pasado, por lo que había presenciado, se esfumo en un instante y se sintió amado como nunca antes. Confundido con lágrimas en los ojos sólo atinó a mirar a Jabu preguntando sin palabras que milagro era este.
Jabu se sentó en el trono del patriarca y contemplando su propia estrella le contestó.
-Atena no puede desobedecer a su padre Zeus, por eso nos abandonaba siempre, más hoy, nos ha dado la prueba más grande de su amor, ella se habrá ido pero su corazón se quedó con nosotros y esa estrella que sostienes es el amor que ella siente por ti.
Marín entró justo a tiempo para escuchar la explicación de Jabu, sabía que sucedería un milagro, pero no tenía idea de que magnitud. Y así contemplaba las estrellas que seguían avanzando, saliendo algunas de la cámara del patriarca como si buscaran a alguien.
Fue cuando observó una que se acercaba a ella y de inmediato supo que era la suya. Y cuando la tomó se sintió reconfortada. Sonrió, este amor que Atena siente por ella era algo que ya sabía y de lo que estaba segura.
Sin embargo no quería que este sentimiento se viera ensombrecido, así que camino rodeada por las estrellas para alejarse de allí.
No importa que tan reconfortados se sientan todos, no olvidaran que ella ha matado a traición a Seiya. No estaba de humor para las miradas o la exigencia de explicaciones, quería disfrutar de este sentimiento de dicha por completo.
Se detuvo a la entrada del templo, extasiada por el amanecer y es que el sol salía y lentamente iluminaba todo el santuario, sacándolo de las penumbras de una muy larga y agotadora noche.
-Marín…
El águila se sintió decepcionada al escuchar a Shaina, no quiere esta plática ahora que es tan feliz.
-Marín, siempre supe, que el día que Atena se marchara al Olimpo, Seiya dejaría de existir…
Marín la contempló sorprendida por estas palabras, Shaina se había quitado la máscara de nuevo por lo que podía contemplar la sinceridad en sus preciosos ojos esmeralda.
-Sin Saori, su vida no tiene sentido, Seiya sólo puede existir estando a su lado. Lo que quiero decir Marín es que yo se la verdad, tú lo mataste porque era necesario para que se fuera con ella.
Marín bajó la mirada y apretó con fuerza su estrella buscando en ella la fortaleza que necesita para mantenerse callada.
-El mundo de Seiya es Atena, si ella abandona este mundo Seiya la seguirá por siempre, hoy murió pero sé que aún está caminando tras ella porque ese es su deseo, lo que hiciste, lo hiciste por su bien y yo no te tengo ningún rencor.
-…Shaina…
Y ahora fue el turno de Marín de soltar sus lágrimas, pensó que se quedaría sola y en silencio en este santuario, que sería juzgada y señalada de ahora en adelante, pensaba que había perdido a sus amigos pues no la perdonarían y ahora descubre que la entienden más que nunca.
Kiki que llegó buscando a Shaina, se quedó escondido tras un pilar, contemplando su propia estrella.
-Aún sigo siendo un niño. –Dijo por lo que acababa de escuchar. –Aun no entiendo el mundo fuera de mí.
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Seiya contempla al niño rubio que se ha quedado profundamente dormido sobre el pasto, se ha hecho ovillo y se ha desconectado del mundo. Seiya ladea la cabeza, no entiende porque este niño tiene tanto sueño si lo único que hace es dormir.
Ha pasado una semana desde aquella noche en que esos niños le dieron una golpiza, durante esa semana, todas las mañanas llevan a Hyoga a la enfermería para después encerrarlo en la bodega, aunque ya no es como antes, pues le han puesto un foco, por lo que ya no se está encerrado en la oscuridad, también le pusieron una colchoneta y mantas, además, le llevan de comer. Hasta la noche lo dejan salir y lo reúnen con los demás niños, pero sólo para que durmiera en su cama pues de inmediato les ordenaban que se fueran a dormir y apagaban las luces.
Aun así, en cuanto los dejaban solos, el pequeño castaño se escabullía a la cama del rubio, Hyoga le sonreía, pero no lograba hablar con él, eso que el chiquillo rubio no sepa nada de japonés está siendo un verdadero problema.
Y hoy, después del paso por la enfermería, lo encerraron un rato, mientras todos estaban en los entrenamientos de la mañana, después lo incorporaron a las clases y ahora que es el recreo, Hyoga se ha quedado dormido.
-Todavía está muy débil. –Dijo Shiryu que se ha sentado en el pasto uniéndose a Seiya en la contemplación del rubio.
Poco fue lo que Seiya entendió del doctor aquella noche, mientras este hablaba con Mitsumasa Kido.
Hyoga no había crecido nada desde que pisó suelo japonés, además había perdido cerca de 8 kilos, y en un niño de su tamaño eso era muy grave. Las continuas golpizas habían mermado mucho su salud, pues recibía más daño de lo que su cuerpo era capaz de sanar.
Si no hubiera sido porque Saori armó un escándalo a cada empleado de la fundación, su abuelo nunca se habría enterado de la situación de Hyoga. Ahora, todas las mañanas, pesaban y median al niño rubio, le inyectaban vitaminas y le sacaban sangre para análisis, porque todos los días Mitsumasa Kido pide reportes de su salud. Solo así a los adultos les intereso este niño.
Shiryu señaló al horizonte, a varios metros de ellos se encontraba la pequeña Saori observándolos. Cuando Seiya volteó a verla ella le hizo una mueca y siguió su camino alejándose.
-¿Qué fue eso? –Preguntó el castaño.
-Creo que sólo quería cerciorarse que Hyoga está aquí.
A Seiya le parece increíble que la niña más egoísta del planeta, tenga más conciencia que los adultos de este lugar, pues si no hubiera sido por ella, Hyoga habría muerto por lo insoportable de su situación.
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Shiryu, está sentado en un sillón contemplando el fuego de la chimenea, pero Seiya sabe que realmente el dragón no está viendo nada, su mente está muy lejos de este lugar, lo conoce lo suficiente para saber que en este estado reflexivo, Shiryu repasa y analiza cada uno de los hechos, buscándole algún sentido a lo que sucedió.
Hay dolor en su mirada, no es sólo el que Atena se marchó para siempre, sin avisarles antes, sin tiempo para procesarlo y sobretodo sin despedirse, no es eso, aunque todo lo anterior es doloroso; es lo que pasó con Hyoga, lo que lo tiene en ese estado con la vista clavada en el fuego.
De alguna manera, todos sabían que Saori partiría, y quien más tenía presente esa realidad es él, después de todo, el ser educado por el anciano maestro de libra, le valió el estar siempre consiente de esto. Quizás Shiryu sea el único al que se le educó para dejarla ir.
Pero, una cosa es resignarse a su partida y otra lo que pasó esta noche tan obscura. Lo que presenció lo tiene ensimismado.
Por eso el fuego lo tiene como hipnotizado, recordando lo que sufrió Hyoga, el propio Seiya lo tiene muy presente, ni siquiera el sueño en el que lo tuvo entretenido Saori, fue capaz de mantener lejos de su mente el dolor por el que estaba atravesando el rubio. Y para Shiryu es una certeza pues no sólo por medio del cosmos sintió el martirio de Hyoga, sino que además tuvo en sus brazos lo que quedó del rubio.
Por eso no hay forma de que lo convenza de que Hyoga volverá sano y salvo, no, cuando el mismo no sabe cómo será, sólo tiene fe en las palabras de Saori y su petición de cuidarlo mucho.
-Shiryu, recuerdas cuando luchaste contra Mascara de la muerte y viste a Hyoga en la colina del Yomotsu.
Por fin Shiryu dejó de ver el fuego.
-Tuviste que abandonarlo allí y regresar a seguir luchando. Atena te dijo que no te preocuparas por él, que ella lo cuidaría y así fue. Su cosmos lo envolvió de tal manera que no sólo no sufrió daño, sino que además Hyoga sintió lo mucho que lo queríamos y eso fue lo que lo hizo volver del yomotsu. El cosmos de Hyoga cambió mucho ese día y no me refiero al poder que desarrolló, sino que se volvió muy cálido. Su fuerza no radica en que abandonó los sentimientos como pretendía Camus, sino que aceptó lo que sentíamos por él y correspondernos le da un cosmos infinito.
Seiya dejó de hablar, para revisar a Shun quien se encontraba durmiendo en el sofá, y es que este se quejó un poco, además de que no para de llorar.
-Calma… calma…- Le susurró Seiya con ternura mientras le acariciaba los cabellos. –Hyoga ya sabía lo que iba a enfrentar. –Dijo sin despegar la mirada de Shun. -Estoy seguro que ya sabía lo del fuego, no sé qué planearon Saori y él, pero tuvieron varios meses para afinar todos los detalles, además, ella no se iría dejándonos en medio de tanto dolor. Porque ella nos ama mucho.
Seiya levanto la mirada y le sonrió a Shiryu, está tan lleno de confianza en que Hyoga volverá con bien que en su interior el dragón se estremeció con una sensación rara, quería creer pero no podía.
-Perdónenme… -Dijo el peliverde en un susurro apenas audible.
-¿Perdónenme? –Cuestionó Seiya, qué podía haber hecho el siempre puro Shun para estar tan arrepentido. Pues lo ha estado repitiendo varias veces en su sueño, además de que algunas lágrimas se le escapan.
-Deberíamos llevarlo a la cama. –Dijo Shiryu cuando Seiya acomodó la manta que cubre al peliverde.
-Ni hablar, ahora mismo no podemos regresarlo a la habitación, sin el ruido de la niña y del personal de Tatsumi, Shun insistirá en levantarse. Está muy ansioso, no soportara quedarse solo y se levantara de nuevo; y no está en condiciones de hacer esfuerzos.
-Perdió mucha sangre debimos haberle hecho una transfusión, pero esto no es Japón y Tatsumi no tiene los contactos necesarios, además, cuando quisieron llevarlo al hospital también se resistió. Tatsumi dice que si tiene fuerzas para hacer su voluntad se recuperará sólo aunque le tome tiempo y estoy de acuerdo.
-…perdónenme…
Seiya se inclinó hacia Shun, y le acomodo con delicadeza un mechón de cabello. –Estás perdonado. - dijo con dulzura Esperando que con eso se calmara.
Pero en su lugar, Shun se movió inquieto y se esforzó por abrir los ojos.
-No merezco perdón. –Dijo en un quejido.
-…Shunny…
-La hice llorar. No quería que se fuera y la hice llorar.
Seiya se quedó en silencio unos momentos asimilando las palabras del peliverde.
-Todos la hemos hecho llorar alguna vez, no tendrías por qué ser la excepción. Estoy seguro que estos últimos días, la hice llorar mucho. –Seiya suspiró con tristeza.- Era lo último que quería, pero soy tan bruto que sólo pensaba en mi dolor y no note lo que ella sufría hasta que fue tarde. Así que estoy igual que tú, pero, afortunadamente, ella es la diosa de la sabiduría, si alguien puede entendernos es ella que sabe lo que hay en nuestros corazones antes de que nosotros lo notemos. Ella sabe que si la hiciste llorar era porque sufrías y estabas confundido, por eso no puede enojarse contigo.
-…No…
-Vamos Shunny, como si no la conocieras, si estuviera aquí escuchándote, te estaría diciendo que peores cosas tuviste que aguantar con sus insolencias de niña. Te secaría las lágrimas recordándote todo lo mala que fue con nosotros. Te preguntaría si ya la perdonaste por aquellos días. ¿Ya la perdonaste?
-…no hay nada que perdonar… era solo una niña.
- ¿y qué diría ella después?
-que no tiene nada que perdonarme, yo estaba muy dolido.
-No querías que se fuera, eso fue todo.
-Pero yo no merezco que me perdone, no pude ayudarla, le hice más difícil la partida, además le dije cosas horribles a Hyoga.
-Shun, Hyoga… -Seiya no terminó de hablar, sintió algo extraño que no podía descifrar.
-Hyoga te perdona todo. –Continúo Shiryu preguntándose que confundió a Seiya.
De pronto Seiya cargó en brazos a Shun. –Ya vienen en camino.
-¿De qué hablas? –Preguntó viendo que Seiya con Shun en brazos se encaminaba hacia la puerta.
-De Hyoga e Ikki. Anda ayúdame, necesito que me abras la puerta.
Shiryu iba a cuestionar a Seiya cuando de pronto sintió un cosmos débil, por estar apenas encendido.
-…Ikki… -dijo al reconocerlo.
De inmediato abrió la puerta.
Los tres salieron, no caminaron mucho cuando vieron a Ikki. Este trae a alguien en sus brazos pero por estar completamente cubierto por el abrigo no pueden ver de quien se trata. El cosmos del fénix está apenas encendido pues está concentrándolo en la persona que lleva.
Por su parte Ikki contempla a Shun en brazos de Seiya, la palidez de su piel le hace notar lo mal de su condición, debió perder mucha sangre porque está cubierto de vendajes, y el de la cabeza le preocupa, además las ojeras y los ojos rojos le indican que ha estado llorando, pero sobretodo no hay brillo en su mirada, el dolor por todo lo que pasó está matándolo. Así que Ikki viendo la mirada de Shun fija en él, sonríe con ternura.
Su Shun está expectante, porque conoce perfectamente bien este abrigo.
Así que feliz, Ikki baja las piernas de quien está cargando, para liberar su mano y así quitarle la capucha que oculta los dorados cabellos.
-…No puede ser… -susurra con asombro Shiryu antes de correr hacia el fénix.
-¡Te lo dije! –Grita Seiya risueño, que corre también llevando a Shun en brazos.
Ikki depositó a Hyoga en el suelo. Mientras Shiryu llegó a su lado como relámpago. No podía creerlo, instintivamente paso la mano por los rubios cabellos, recordando su aspecto cuando lo encontraron todo desfigurado por el fuego, ahora, sintiendo la suavidad de sus cabellos aquel recuerdo parece mentira.
Así que miró a Ikki pidiendo una explicación.
-Créeme, aunque estuve allí aun no entiendo que pasó.
Seiya llego a su lado, como la salud de Shun es precaria no quiso correr con la misma velocidad del Dragón, pero en cuando llegó junto a ellos bajó al peliverde.
Shiryu comenzó desesperado a quitarle la chamarra, Ikki iba a decirle que con calma pero al ver a Shun que aprisa luchaba por quitarle los guantes suspiró resignado. Hyoga bien podría aguantar un poco de incomodidad después del susto que les metió.
Además, Ikki sonrió como el gato que se ha comido al canario, cuando Shiryu le lanzo una mirada asesina por traer tan abrigado al cisne y es que necesita comprobar que no tiene quemaduras en su cuerpo y quitarle la chamarra ha sido un trabajo engorroso.
Seiya suspiró resignado mientras recogía los guantes que Shun, literalmente los había arrancado en su desesperación de comprobar que está bien, a decir verdad, si no fuera por lo que habló con Saori, ahora estaría igual que ellos luchando por quitarle la ropa.
Cuando le quitaron la playera se detuvieron. Pues con preocupación descubrieron un gran moretón en medio del pecho.
Un par de lagrimones escurrieron por los ojos de Shun cuando su mente entendió el porqué del golpe. Viéndolo como lo contemplaba Ikki se llevó al regazo a su hermano.
Shun no fue el único al que ese moretón lo paralizo, Seiya y Shiryu lo observaban como si no quisieran entender. Por lo que Shun fue el primero que reaccionó.
-Hyoga murió… -Dijo con una voz completamente ausente.
-Su corazón se detuvo y no respiraba, luego lo golpee y volvió a latir y a respirar, incluso recuperó la conciencia por un momento.
Ante esas palabras, asustado, Shiryu se llevó al cisne a su regazo, como temiendo que alguien se lo arrebatara.
Seiya posó su mano en el hombro del dragón para confortarlo.
-Va a estar bien porque lo vamos a cuidar mucho.
Shiryu se concentró en sentir a Hyoga respirar, dándole la razón a Seiya, lo peor ya pasó, ahora es cuestión de cuidarlo. Así que contempló de nuevo al cisne comparándolo con su recuerdo, había quedado totalmente destrozado por el fuego, a tal punto que apenas y pudo reconocer el cadáver, ahora en cambio, Hyoga está en sus brazos, sin ninguna marca de quemadura, está vivo, y aunque respira débilmente lo hace con un ritmo bastante acompasado.
Shun tomó la mano de Hyoga entre las suyas. No vio a Hyoga quemado, pero lo sintió por medio del cosmos, además estaba lo revelado por Ikki, así que sonrió feliz al sentirla tan cálida y tan viva.
Un quejido los alertó, Hyoga se revolvió un poco entre los brazos de Shiryu por lo que sorprendidos lo vieron abrir los ojos.
Sin embargo, no fue su iris color cielo con lo que se encontraron, fueron unas extrañas y enigmáticas orbes doradas que les resultaron completamente desconocidas.
-¿Hyoga? –atinó a preguntar Shun.
Este lo miro fijamente y un escalofrío recorrió a Shun pues no sólo no reconoció a su amigo, sino que además se sintió intimidado por esos ojos dorados.
Shun aun sostenía su mano por lo que Hyoga se soltó y para sorpresa de todos se mordió el pulgar con tal fuerza que brotó sangre y pasó el dedo ensangrentado por la frente de Shun.
De inmediato sintieron una corriente cálida surgir del peliverde, corriente que sólo duro un instante efímero.
Ikki sorprendido examinó a su hermano ya no estaba pálido al contrario sus mejillas lucían saludablemente sonrojadas. A toda velocidad le retiró la venda de la cabeza, ya no había herida en ella.
Todos sorprendidos voltearon a ver a Hyoga, pero este solo respiro profundo se llevó ambas manos al pecho y tres estrellitas surgieron. Dejándolos sin palabras por el asombro, a todos menos a Ikki.
-El corazón de Atena. –Dijo el peliazul al reconocerlas. –Así que traías las nuestras.
-¿Qué? –Lo interrogó Shiryu, pero no esperó la respuesta ya que nuevamente Hyoga se revolvió entre sus brazos y contempló como a sus ojos volvía el tono azul celeste.
-Hyoga.
Ikki sonrió con ternura cuando vio en los ojos de Hyoga cierto miedo y confusión mientras observaba a su alrededor. Por su parte Hyoga los miró a todos un instante, pero en cuanto entendió que estaba en brazos de Shiryu y que todos estaban bien, dejó escapar un gran bostezo, se acurrucó y volvió a dormirse.
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Notas de la autora
Liluel Azul: ¡Santa Manía Caballeresca! ¿Notas? ¿Qué notas? No se me ocurre ninguna.
Hyoga: Pues no pongas nada.
Liluel Azul: Si no pongo notas gigantes no me siento yo. A ver qué puedo poner.
1.- Las enseñanzas de Camus están basadas en el libro "El arte de la guerra".
2.- Ando viendo los videos en You tube del "Geek-u" son muy informativos sobre el universo de Saint Seiya y me encantan (XD). Y tiene razón, el termino amazona es incorrecto, son santos femeninos o caballeros femeninos. En ningún lugar del manga o anime las llaman amazonas, pues no son un grupo diferente para tener otro nombre. Ahora tengo que corregir todas las veces que use el termino amazona (y me da flojera así que quizás no lo haga (9_9) jo).
3.- Me da risa cuando decían que un caballero femenino al ponerse la máscara renuncia a su femineidad. Siempre digo, Kurumada-sensei mejor cuénteme una de vaqueros que eso no es cierto, más objetos sexuales totalmente fanservice no las pudiste dibujar porque la mano no te daba para más, con esos leotarditos, mallas pegaditas, con Marín enseñando media pompa y Shaina luciendo sus femeninos stilettos y uñas, no puedo tragarme ese cuento, que mujer guerrera en la vida real usa semejantes zapatillas. Pero a Saint Seiya le perdono todo, digo, también hubo harto fanservice para nosotras, si para muchas es legendaria esa escena de Shun bañándose y ni hablar de las del patriarca.
A mí en lo particular me gusta que usen mascara, siento que les da cierto misticismo y que les da más libertad, siento que ellas pueden dejar de ser cuando quieran las guerreras de Atena y convertirse en lo que necesiten, hermana, amiga, novia, musa inspiradora (diría Casios) y que sólo a ellas Atena les concede el entregarse totalmente a su amor, cosa que no me pasa con los caballeros, como que su vida de guerreros de Atena no tiene termino y nunca serán libres de entregarse al 100% a otra persona.
Por eso me siento frustrada cuando les quitan su máscara. Esa libertad que ellas tienen se va.
4.- Son sólo tres estrellitas porque son las de Shun, Ikki y Shiryu.
Seiya: Para mí no hay.
Liluel Azul: No… a ti Atena ya te dio una hija.
Hyoga: ¿Y yo que? Tanto que hice en este fic y no me va a tocar nada.
Liluel Azul: Pues si quieres cambiar el poder y el dinero por una estrellita reescribo el fic.
Hyoga: Nooooooo, digo aceptare la responsabilidad que Atena me ha encomendado.
Liluel Azul: Eso pensé.
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