¡Hola, personitas! Hace tiempo que no actualizo, y esto es perfecto. El capítulo iba a ser subido antes, pero viendo que ha llegado San Valentín, así que queda mejor :)
¡Qué lo disfruten!
Capítulo #11: Cupidos
Ha pasado una semana desde que le declaró su amor a Hayato y la ha estado evitando. Nadie sabía sobre lo sucedido, ya que él, Kizashi y Mebuki se mantuvieron en silencio. Detestaba la situación y para hacerlo peor, Haruno también la ignoraba y cuando llegaba a hablarle, le contestaba horrible. Sabía lo que había sentido el chico al inicio de su rara amistad. Inner insistió en que se sentía mal porque seguía queriéndola, y era verdad. Las acciones lo decían todo. Mebuki estaba en negación de esto.
Sus amigas estaban conscientes de cómo se sentía, pero ella se resistía a hablar y, comenzaron a ser un poco distantes. Parecía que hablaban a su espalda. Sentía que no tenía a nadie.
¿Debí haberle dado el beso? ¿Tuve que haberme esperado?
—Mebuki, no...
La rubia volteó a los lados, a su derecha se encontraba la Academia y a su izquierda habían casas. Gente caminaba por la calle y uno que otro hablaba con sus conocidos. No identificó a alguno con esa voz. Inner Mebuki tampoco le había hablado.
—¡Escóndete! —dijo Inner—. Hay que escuchar lo que dicen. Creo que están hablando de nosotras.
¿Qué?
—Ya te lo dije, Mebuki no...
La voz provenía del patio delantero de la escuela. Aunque no estuviese segura de quienes eran, avanzó con cautela. Se escondió detrás de un árbol ubicado en el patio delantero de la escuela y con un vistazo supo lo que pasaba. A lo lejos vio a sus tres amigos de pie, formaban un círculo. No alcanzaba a entender de qué hablaban, pero había escuchado su nombre. ¿Qué era lo que decían? ¿Habrán querido discutir con ella y planeaban cómo no ofenderla? Sabían que se ofendía bastante rápido y siempre se lo decían al expresar su opinión. Ella había cambiado esa actitud; más bien, trataba, pero era un buen intento. No era de mente tan cerrada... no tanto.
Tengo que acercarme
Estaba a punto de dirigirse a otro árbol más cercano a ellos. Pisó una rama y su plan desapareció. Trago saliva. Esperaba que la descubrieran o que le hablaran por su nombre y así saliera de su pésimo escondite.
Por el amor del cielo y la tierra, dos de ellos eran ninjas y podían detectar el chakra fácilmente; ¡incluso la otra persona que no tenía experiencia con el chakra desde la Academia! La situación era de vida o muerte.
Nerviosa, tapó su boca para que ni la respiración se escuchara. Podían detectar su chakra, pero valía la pena evitar no producir ruidos.
Los cuchicheos* pararon. Mebuki cerró los ojos repitiendo en su cabeza: "por favor, no", y deseó que algún ruido los distrajera.
—Si estás tan alterada, ¿por qué no haces algo? —dijo Inner. Si fuese una persona, le hubiera dado ligeros golpes en la espalda para animarla y posiblemente empujarla a que saliera del árbol. Así la hubieran descubierto y Mebuki los hubiera enfrentado. Asunto arreglado.
Una roca del tamaño de la mitad de su pulgar estaba en el suelo. La tomó con cuidado y la apretó contra su mano. Debía hacerlo bien. Nadie tenía que darse cuenta de dónde provenía la roca; no, nadie tenía que enterarse de dónde provenía el sonido.
Respiró hondo. Lanzaría aquella roca en parábola, por encima del árbol hasta caer donde fuera. Sin razón alguna del por qué, solo se le ocurrió y estaba desesperada.
Antes de que pudiera hacerlo. Las voces volvieron y fue ese el momento indicado. Ya no era necesario lanzar la roca ahora tenía que correr. ¿A quién le importaba si hacía ruido al huir? Porque a Mebuki no.
—¡Mebuki!
Corrió directo a su casa.
Mebuki, acostada en su cama, se quedó pensando en aquella reunión. Los tres hablaban de ella. Lo peor de todo es que tenía razón de que hablaban a su espalda. El "parecía" se convirtió en "realidad". Pronunciaron su nombre sin que estuviera ahí, clara señal de una amistad falsa. Pero, ¿si solamente discutían sobre su mente cerrada porque se alteraba tanto? Ya había pensado en la aquella posibilidad. ¡Sí, era eso! ¡No querían herir sus sentimientos! ¡Sí!
Aunque, ¿porque quedarse callados? Habían estado distantes desde hace días. Nunca tardaban más de dos días discutiendo qué decirle a Mebuki. Al final terminaba enojándose un poco y lo sabían. ¡Mejor que le dijeran lo que quisieran en su cara que estar a escondidas! ¿No?
No. Mikoto y Kushina eran sus mejores amigas y nunca le habían ignorado; ¡la aceptaban y ella las aceptaba! Era una amistad extraña, pero mutua y comprensiva. ¡Imposible que la traicionaran! O al menos que fuesen unas excelentes actrices. Y Hayato... estaba con ellas.
¿Qué crees que haya sido?
—No sé y me preocupa —contestó Inner—. Aunque también debería preocuparte que también nos descubrieron.
Mebuki ignoró a Inner. Seguía concentrada en lo que habían dicho ellos. Frunció el ceño y llevó su mano a la frente. Quería un consejo por parte de alguien. Si continuaba con el constante sufrimiento, explotaría su mente y no habría un mañana para ella ni Inner Mebuki.
Pensó en sus padres o un conocido; quedaron descartados. Con solo imaginarse cómo actuaría cada uno, le desanimaba hablar con ellos. Prefería una persona cercana y a la vez no, tenía al sujeto perfecto que sería víctima de sus quejas y decepciones. Sería un suicidio, lo sabía. Pero solo había una oportunidad para cada acción y valía la pena correr el riesgo. No tenía a otra persona. Solamente cuatro amigos y tres de ellos son los malos de la historia.
¿Y si le digo a Kizashi?
—¿Estás loca? —su lado interno dijo sorprendida— Después de ese corazón roto y evitarte, ¿crees que te hará caso?
No hay otra persona que me pueda aconsejar… Y no tiene el corazón roto.
Inner suspiro. O eso hubiera sido si estuviera viva.
Ignoraré el hecho que sigues en negación, así que vamos.
Salió de su hogar y a paso lento fue a la casa de su vecino. Le temblaban las piernas y sus brazos. Una parte de ella dudaba que funcionara una clase de acercamiento a Kizashi. Su otro lado era Inner Mebuki y era difícil estar de acuerdo, pero ahora tenían la misma opinión.
Cerró los ojos, apretó los puños y en voz baja se dio ánimos: —Mebuki, tu puedes. Maldita sea! —.
Tocó la puerta con fuerza para evitar los temblores. Lo que pasaría después era su culpa y de nadie... Y tal vez de su lado interno por no insistirle de nuevo que se retractara. Incluso su interior tenía desesperación por
—Buenos días —dijo un hombre, el padre de Kizashi. Una versión parecida a Kizashi, exceptuando el cabello. ¿De dónde habrá salido su estilo de cabello?—. Eres Mebuki, ¿cierto? ¿Puedo ayudarte?
—Buenos días —respondió la chica con una reverencia—. Soy Mebuki y quisiera ver a Kizashi.
Tranquila, él es su padre. Lo que hará es llamar a Kizashi. Nada que temer...
Irónico que él la ignorara y ella deseara su atención. Los puestos se invirtieran. Lo imposible se volvió posible.
Dio media vuelta y exclamó: —¡Kizashi! ¡Tienes una visita! —.
El señor le indicó que pasara y se sentara para esperar al chico. Llamó a su hijo y se fue del lugar para darles privacidad.
Estaba en un sillón de dos asientos, en la sala de estar. Silencio e incomodidad. El segundero de un reloj a su derecha y a la izquierda los pasos del señor alejándose. Su caso de nervios pasó a otro nivel y comenzó a morderse las uñas.
¿Cuándo llegara?
—Apenas le llamó —dijo Inner.
¡Cállate!
—¿Por qué me callas? —dijo su otro "Yo" indignada—. ¡Escúchame tú...!
Siguió discutiendo con su mente tratando de distraerse. Quería deshacerse de los nervios y que sus fuerzas internas regresaran por el enojo. Era un inusual método para darse ánimos y que se quitaran sus nervios.
Pasaron unos minutos para que su valentía alcanzara un nivel alto. Justo en ese momento apareció el chico. Todavía no estaba preparada.
Cabello alborotado, ojos rodeados de color negro, mala postura de espalda y una flojera que se veía a distancia. A Mebuki le daba pereza mirarlo. Después de todo no sería tan malo hablar con él.
Él se tallo la cara, de la frente al mentón.
—¿Mebuki? —dijo ronco.
El enojo que hizo para tomar valentía fue inútil, tampoco la apariencia de Kizashi. Sus nervios volvieron al instante. Los latidos de su corazón eran excesivos. Se quedó sin habla. Quería arrojar algo por la ventana para que esta se rompiera y pudiese salir corriendo de ese lugar. Así de exagerados eran sus pensamientos.
—¿Qué haces aquí? —dijo con rudeza.
—¡Usa tu enojo! ¡Recuerda! ¡La valentía! —exclamó Inner Mebuki.
Se concentró en transformar esa contestación en una ofensa. Apretó los puños e hizo lo que haría en cualquier situación.
—¡Cállate! ¿¡Acaso no sabes que me siento mal por lo que hice!?
Avanzó hacia Kizashi lentamente y conforme se acercaba, aumentaba su enojo. Él comenzó a dar pasos atrás.
—¡Estuve tratando de disculparme y tú solo me contestabas mal o me ignorabas!
—Mebuki...
—¡No, no! ¡No me dirás nada maldito! —interrumpió a Kizashi—. ¡Eres un Idiota! ¿¡Acaso no te preocupas por mis sentimientos!?
A un paso de sus rostros, Mebuki trato de relajarse con las típicas respiraciones profundas.
—¡Respóndeme, idiota! ¿¡Ahora no me quieres responder!?
—Pero si me dijiste que…
—¡Cállate! —exclamó más fuerte.
El chico tenía sus ojos rojos. Los labios del chico temblaban.
—¿¡Cómo me siento no significa nada para ti!?
No pudo resistir y el chico le abrazo hasta levantarla del suelo.
—¡Ya no me hablas como si fuera Hayato! ¡Actúas como tú eres! ¡Gracias! ¡Gracias!
Su enojo desapareció para ser reemplazado por la sorpresa y confusión. Trataba mal a Kizashi y era buena señal para él, ¿qué le pasaba? Cambió su trato porque Kizashi ya no le lanzaba piropos tontos y creyó que no le quería. Si no le quería, la necesidad de contestarle feo para que se alejara era nula.
Definitivamente, Kizashi Haruno, era más difícil de entender que una mujer... y Mebuki era una mujer.
¿Sera masoquista?
—Suéltame, por favor —susurró Mebuki.
La mamá y el papá de Kizashi estaban observando a lo lejos, riéndose en voz baja.
—Papá, mamá —dijo nervioso y apenado—. ¿Pueden irse por un momento?
Sonrieron esforzándose por estar calmados y así no tener un ataque de risa. Decidieron retirarse; tal vez a reanudar sus actividades del día.
Los pubertos se quedaron a solas.
—¿Así que... viniste a disculparte? —se rascaba la nuca nervioso.
—Sí...
Los ojos de Kizashi brillaban con intensidad.
—Y no.
Ese ánimo desapareció.
—Vengo a hablar contigo, sobre... —tomó aire—. Un asunto delicado e importante.
Con curiosidad, el chico la miró. Se sentó en el sofá de dos personas e hizo un gesto hacia Kimura. Ella se sentó a su lado y comenzaron la plática.
Kizashi y Mebuki decidieron ir a caminar hacia ningún lugar. El punto era recorrer las calles de Konoha hasta que Mebuki pudiera calmare y pensara en cómo encarar a sus otros amigos, ahora traidores para ella.
—¿Eso pasó? ¿No crees que exageras?
—Quiero creer que es mentira lo que hicieron —dijo alzando la voz—. ¡Son unos bobos!
—Mebuki-chan…
—¿Cómo pudieron?
—Mebuki-chan...
—Es que..!
—¡Mebuki! —exclamó, llevando sus manos a los hombros de la chica para que se calmara.
—¡Oye!...
—Mebuki-chan, tranquila —respiró hondo—. Estamos en medio de la calle y nos dirigimos a ningún lado en particular, solamente paseamos. No hay que volver esto incómodo. Vine a ayudarte, pero estás gritando. Las personas te miran raro.
Ella volteó a los lados. Una señora abrazaba a su pequeña hija y le decía algo al oído mientras acariciaba su cabeza; parecía reconfortarla. Un señor la vio y continuó con su camino. Cerca de un hospital, una familia hablaba en voz baja sobre el comportamiento agresivo de Kimura. Y los demás solo la miraban de reojo.
Se avergonzó de su comportamiento. Jaló a Kizashi de la mano para que fueran a otro sitio.
—¡E-espera! —dijo a punto de caerse.
Una vez alejados del lugar, Mebuki se relajó. Llevó sus manos a los ojos, enojada y avergonzada de sus acciones. Siempre se enojaba, siempre se entristecía, siempre esto, siempre lo otro. Y mencionar que siempre lo hacía es una exageración.
—Lo sé, pero debo controlarme.
La miró sorprendido. A veces le costaba creer que Mebuki trataba de cambiar sus malos comportamientos. Era una buena señal de que reconociera sus defectos.
Con cuidado, retiró las manos de Mebuki de su rostro. Lo veía confundida por su acción. Él se limitó a sonreír.
—Has cambiado —sonrió ampliamente—. Me alegra que reconozcas tus defectos y no te desanimes por ellos. En cambio, buscas mejorar como persona.
No necesitaba un espejo para saber que en unos segundos su rostro cambiaría a rojo. Tenía que arruinar el momento para evitar otro momento vergonzoso.
—¡Estás exagerando! —dijo riéndose muy alto.
¿Qué le pasaba? ¿Por qué le daba pena? Pasó lo mismo en su primera cita. Él la había hecho apenarse con un comentario suyo. Maldecía sus frases cursis.
—¿Has vuelto a recapacitar? —dijo Inner.
¡Cállate!
—Vamos a buscar a...
—¡Mebuki! ¡Kizashi!
Alguien interrumpió. Se trataba de una persona a quien buscaba, una de las tres. Mikoto estaba acompañada de Kuro, la mascota de Hayato. Ella saludaba a lo lejos. Kizashi la saludó. Mebuki se cruzó de brazos indignada por la supuesta actuación de Mikoto.
¿Por qué está el perro de Hayato-kun?... digo, ¿por qué está el perro de Hayato con ella?
—Me sorprende que no le llames con cariño a Hayato —comentó Inner.
No te burles. Tú sabes que es porque hablaron mal de mí.
—Por lo menos, saluda a Mikoto. Es tan amable que me da pena que no la saludes —comentó Inner.
La niña de cabello negro y el perro se les unieron.
—Mebuki, hola —dijo la niña sonriendo.
Ella se cruzó de brazos e hizo una mueca. Jamás dejaría que le vieran la cara de tonta.
—Mebuki, ¿qué pasa?
Antes de que Mebuki pudiera responder como una persona horrible, Kizashi le tapó la boca.
—Ignórala, está enojada sin razón —dijo Kizashi riéndose para disimular; así podría parecer insignificante el asunto.
La chica formó puños y comenzó a balbucear tras la mano de Kizashi, mientras trataba de quitársela de encima.
No podía hacer que Kizashi dejara de taparle la boca. Apenas se percató que se había hecho fuerte, y eso le enfurecía más.
—Entiendo —dijo Mikoto sonriendo—, también me pasa.
—¿Si? —dijo el confundido. No sabía de qué estaba hablando.
—Ciertos días del mes —dijo ella riéndose de los nervios.
El rostro de Mebuki estaba rojo, y sentía que ardía.
—¿Ciertos días del mes? ¿A qué te refieres?
Eso lo tomó desprevenido y ella se pudo librar de él. Le dio una bofetada dejando su cachete rojo.
—¡No vuelvas a preguntar eso! ¡Es privado!
Mikoto volvió a reírse y la chica Kimura, con todo el enojo del mundo, iba a preguntarle de qué se burlaba, pero fue interrumpida.
—Vine aquí a decir que Kizashi se muere por ti porque te quiere bastante.
Se quedaron en silencio y pudieron calmarse… casi…
Mebuki no pensaba en la traición de sus amigos, tampoco en el periodo; y Kizashi no pensaba en el problema de la chica, ni tampoco lo que según le pasaba cada mes a Mebuki y Mikoto. Solo pensaban en esas palabras.
Una mitad, Inner Mebuki, sabía que él estaba enamorado de ella, pero Mebuki lo negaba. Ahora su "amiga-traidora" se lo afirmaba. Y que él estuviera a punto de correr del lugar, con manos temblorosas y sudando de los nervios, no ayudaba a que creyera lo contrario. Sin importar que la chica "traicionera" se lo dijera, los mensajes corporales estaban presentes. Podía verlo por fin. Lo sabía.
—Y tú Mebuki deberías aceptar que te gusta él y no Hayato.
Era sorprendente decir que alguien estaba enamorado de una persona y más cuando estaba justo a tu lado escuchando; pero decir que esa persona le corresponde los sentimientos es peor. Eso había detonado la siguiente guerra shinobi sin necesidad de invasores. Se ocupó la mente inestable de Mebuki y las palabras más directas que jamás se habían pronunciado. Ni siquiera fue presenciado, solamente ocurrió en la mente de una niña.
Kuro, el compañero de Hayato, se acercó a los pubertos paralizados y empujó a Kizashi causando que se acercara más a ella.
—Adiós —dijo yéndose con Kuro y desapareciendo de los pensamientos de sus amigos.
La escena era típica de una película o serie de romance. Los enamorados se miran directamente, apenados ante la declaración, sus corazones acelerados y la chica a punto de gritar... Esperen, eso...
—¡No es cierto!
Kizashi confundido y sorprendido por la afirmación de Mikoto, continuó paralizado hasta el grito exagerado de Mebuki. Y sin previo aviso, ella se fue corriendo.
—¡Espera! —gritó Kizashi—. Mebuki.
No sabía cuánto tiempo había pasado, pero el cielo estaba oscuro. Parecía que estuvo horas rondando por el Bosque de Konoha, las afueras de la villa... Mejor dicho, había estado horas rondando por el bosque y por eso, ahora se encontraba arriba de una rama grande y recostada en ella.
Este día ha sido horrible. Primero mis amigos me traicionan y segundo, una traidora me dijo que supuestamente me gusta Kizashi.
—Olvidas que también dijo que Kizashi está enamorado—. Recalcó Inner la palabra "está" —. ¿Ves? Tenía razón.
Porque lo diga ella, no significa que sea verdad.
—Entonces tampoco significa que tú lo estés —si Inner Mebuki existiera, tuviera sus brazos cruzados—. ¿Por qué estamos aquí pensando sobre eso? ¡Tienes más problemas con eso que con la supuesta traición!
¡Déjame ser!
Unas pisadas se presentaron y Mebuki se alteró. Se asomó, era Kushina y Hayato.
—Escóndete y trata de ocultar tu chakra! —le exigía su subconsciente—. ¡No como la primera vez!
La rama en la que estaba era una cerca del camino del bosque, así que simplemente se cambió de rama; una donde el tronco la tapara. Hizo lo posible por ocultar su chakra. Lo único que le fue útil en el momento, la cual aprendió en la Academia. Se sintió tonta por no haberlo hecho cuando miró a sus amigos en la mañana.
Las pisadas cesaron.
—Hayato-kun... —dijo Kushina.
¿Desde cuándo le habla así?
—No sé, pero tú le hablas así —comentó Inner.
¡Ya no!
—Quiero decirte que... ¡Te quiero!
Hubo un momento de silencio hasta que reaccionó el chico; algo que no había hecho cuando Mebuki se lo dijo. Ella estaba enfurecida.
—¿Cómo?
—Más que a un amigo —dijo ella—. Te quiero muchísimo, de verdad.
Otro momento de silencio en donde Mebuki trataba de no gritar o golpear el árbol. ¿Cómo pudo hacerle esto? ¡Se le declaró a su amor!
—Vamos, dattebane —dijo desesperada—. ¡Respóndeme! ¡¿Quieres estar con...?!
—¡No quiero estar contigo!
Kushina sorprendida ante esas palabras, dijo: —¿Has dicho que...? —.
—Sí —tomó un gran respiro de alivio.
Ya no puedo más con esto…
Sin mirar atrás se fue en dirección contraria a donde estaban ellos.
Palabras con *
1. Cuchicheos: Hablar en voz baja o al oído a alguien, de modo que otros no se enteren ~RAE.
Espero que les haya gustado. Dejen reviews si fue de su agrado. ¡Qué tengan un lindo día, tarde, noche o lo que sea!
