Capítulo 10: Despedidas

Ciel estaba recostado en su cama en la amplia habitación que tenía en Bascania. Recordaba las palabras de la chtonian, y aquella sensación percibida cuando ésta lo abrazó. Fue tan cálido, tan agradable. Pero también recordó sus palabras, que sintió casi como una acusación. Tenía razón después de todo, era la culpa lo que le impedía seguir, pero en algo se equivocaba la chtonian, o quizás no lo había mencionado, y que la culpa sentida no era solo por los niños asesinados, sino también porque se sentía responsable por la muerte de Abberline.

Lilium tenía razón, como demonio no sentía culpa, pero como humano era muy diferente. Pero al ser abrazado y sentir su aroma, todas aquellas emociones fueron olvidadas y solo existía ella.

Luego estaba el tema de los escuderos. El realmente no se veía a si mismo sirviendo a los dark hunters según estos lo necesitaran. No, realmente. Pero si quería volver a su mansión tenía que encontrar la forma de obtener dinero sin que Lilium se lo diera, ella ya había hecho bastante y su orgullo le impedía deberle algo más. Si tan solo existiera otra posibilidad.

Pasó casi una semana desde el regreso de Lilium a Bascania. Una semana en que Ciel se levantaba cada mañana ojeroso y pálido, como si no hubiese podido dormir bien en las noches. Cuando le preguntaban que ocurría, él manifestaba que el tomar una decisión respecto a lo que haría lo desvelaba en las noches, pero en realidad eran sus pesadillas lo que le impedían dormir. Los sueños llenos de deseo y pasión que había estado teniendo con la chtonian, habían cambiado radicalmente. Al comienzo si, comenzaban románticamente, pero luego se transformaban en sangre, sacrificios, batallas, donde él siempre era la víctima y la chtonian su verdugo. Esto era algo que no quería mencionar, después de todo ella se había comportado tan bien con él, que reconocer que tenía estos sueños, era como reconocer que le tenía miedo.

Un dia antes de visitar a Tanaka, Ciel le comentó a Lilium sus aprensiones de convertirse en un escudero dorean, y ésta prometió que haría algo al respecto. Ella se marchó después del desayuno y regresó alrededor del mediodía trayendo noticias.

Había hablado con Valerius Magnus, el dark hunter que los había contactado con ella. El sería el prestamista de Ciel para recuperar la mansión, y comenzar con al menos una de sus fábricas, nuevamente. Era todo lo que el dark hunter podía hacer sin transformarlo en su escudero. Al menos ya era algo, y evitaba el convertirse en algo que no quería. No quería estar al servicio de alguien nunca más, ni de la reina, ni de los dark-hunters.

Esa noche Lilium y Ciel se aparecieron en una habitación escasamente iluminada, cuyas cortinas negras cubrían completamente las ventanas. Una cama, algunos muebles, y un muy malhumorado dark hunter, con escasas ropas, los observaba.

- Hola Val. Veo que ya te has levantado. – saludó la chtonian.

- ¡Lilium, cuantas veces te he dicho que no te aparezcas en mi habitación de esta manera y mi nombre es Valerius, no Val! – dijo molesto el dark hunter.

- Veo que te has levantado del lado incorrecto de la cama esta noche – declaró Lilium, haciendo un gesto de fastidio, que a Ciel le recordó a Sebastian.

Valerius, quien solo llevaba puesto un pantalón, se puso la camisa rápidamente, y mirando a Ciel, preguntó.

- ¿El es el humano a quien le haré un préstamo?

- Así es, te presentó a Ciel Phantomhive.

- Ciel… como el nombre de uno de los sujetos del mensaje de la otra vez.

- Mmmm… asi es.

- Phantomhive… ¿No es el conde que desapareció hace algunos años?

- Veo que estas muy bien informado, como siempre, Val.

- Valerius.

- Te lo he dicho muchas veces, es de cariño.

Lilium estaba siendo irrazonable, ella lo sabía bien, pero le era tan difícil no molestar a Valerius cuando tenía la oportunidad. Creía que de alguna manera este trato familiar lo haría abrirse un poco más, y dejaría de ser tan desagradable. Y es que ella lo sabía. Valerius era un buen sujeto, con nobles sentimientos y una historia realmente triste. Era uno de sus dark hunter favoritos, aunque nunca lo reconocería.

Cuando Ciel oyó las últimas palabras de la chtonian para con Valerius, automáticamente sintió aversión por el dark hunter. A pesar de que iba a ayudarlo, no pudo evitar que no le agradara.

- Bien, entonces ¿Cuáles serán los términos del contrato? – preguntó Valerius, ignorando el último comentario de Lilium, aunque imperceptiblemente una sonrisa había comenzado a dibujarse en su rostro. Ella podía ser molesta a veces, pero debía reconocer que siempre estaba allí si la necesitaba.

- Eso deberán discutirlo ustedes, por el momento los dejaré para que se conozcan y cooperen entre ustedes.

Los tres bajaron al salón, cuando la chtonian los iba a dejar para que hablaran de negocios, Valerius la detuvo.

- Antes de que te marches me gustaría pedirte algo. Mañana en la noche hay un baile al que debo asisitir, estoy investigando un asunto relacionado con daimon, y debo llevar a alguien ¿me acompañarías? No hay nadie más a quien pueda pedírselo.

- ¿Alguna escudera? – preguntó Lilium.

- Sabes que tratan de no relacionarse mucho conmigo.

- Mmmm… bien, no tengo ningún problema en realidad.

- Y por favor, viste apropiadamente.

Ciel miró a Lilium y luego a Valerius. No podía creer que él le hubiese hablado en ese tono. El sujeto cada vez le agradaba menos. Quizás no era tan buena idea hacer tratos con él, después de todo. El conde esperaba que la chtonian lo pusiera en su lugar, pero para su sorpresa, ella se rió.

- Me conoces hace dos mil años, sabes que siempre visto apropiadamente según las circunstancias. ¿Qué color prefieres? ¿Rosa, lila, celeste, azul?

- ¿Color?

- Para el vestido que llevaré mañana.

- Lo dejo a tu criterio.

O si, el sujeto era realmente desagradable, pensó Ciel.

Cuando todo fue tratado en la más absoluta y fría cortesía por parte de ambos, Lilium regresó a buscar a Ciel.

Una vez en Bascania, Ciel informó de los pormenores del trato a Lilium, y a Sebastian, quien, sentado en un sofá del salón, apretaba las almohadillas de las patas delanteras de Phantom.

- Ese sujeto, es de confianza ¿verdad? – preguntó Ciel.

- ¿No es un poco tarde para preguntar eso? – comentó Lilium, dejando de contemplar el juego de Sebastian.

- Yo confío en ti, en tu buen criterio – dijo Ciel, casi sin pensar. Cuando se dio cuenta de lo que había dicho sus mejillas se ruborizaron.

Sebastian había dejado de jugar con el gato, y lo observaba detenidamente, sonriendo. Oh, si, ¿podía ser que su antiguo amo estuviera…?

- Gracias por el voto de confianza, por lo mismo te aseguro que Valerius es absolutamente confiable. Yo se que parece un sujeto huraño, altivo, y orgulloso, pero…

- ¿No les recuerda eso a alguien? – interrumpió Sebastian.

Lilium sonrió, mientras Ciel le dedicaba una mirada asesina.

- Como decía, es un buen tipo, absolutamente confiable, con un alto sentido del honor y del deber. Lamentablemente no todos pueden ver eso cuando lo conocen.

- ¿Y su escudero?

- El no tiene un escudero echo. Siempre le han dificultado un poco las cosas. Pero son solo prejuicios.

- Aun siendo inmortales, ellos siguen pensando como humanos. Y un antiguo general romano compartiendo deberes con griegos, quienes fueron los primeros dark hunter en aparecer, debe ser difícil para él. – intervino Sebastian. – Un representante del antiguo imperio romano, que conquistó a muchos de los pueblos a los que pertenecieron los dark hunter, ellos aun sienten rencor.

- ¿Cómo murió? – preguntó Ciel

- Como todos los dark hunter, traicionado. – contestó Lilium. – Valerius fue traicionado y asesinado por sus hermanos.

- ¿Por qué? – Ciel estaba realmente impresionado.

- El fue educado de una manera que iba en contra de su personalidad, aun así trató de ser lo que se esperaba de él, pero una vez estuvo lejos de la tutela de su padre, no temió seguir sus impulsos. Fue justo con aquellos a quienes conquistó, siendo querido por ellos. Supongo que sus hermanos sintieron celos por lo que había conseguido y porque era querido. Aunque lo acusaron de traición, al imperio y a la familia, entre otras cosas por enamorarse de una esclava. Sufrió el mismo destino de algunos dark hunter griegos asesinados por romanos, fue crucificado.

- Aun asi lo odian.

- Es que no ven en él a Valerius, sino que ven al antiguo general romano, al nieto de uno de los más crueles generales, que además fue el asesino de uno de los dark hunter más queridos, ven al hermano del asesino de una de las dark huntress mas respetada. Eso es lo que ven. Por lo tanto los griegos, vikingos, celtas y otros que murieron mientras eran conquistados por los romanos no le tienen mucho aprecio.

- Si yo hubiese tenido la edad suficiente, no habría ido Sebastian a mi llamado, sino que habría sido la diosa Artemisa quien hubiera aparecido para hacer un pacto por mi alma. Me habría convertido en un dark hunter. – comentó Ciel.

- Es probable. – dijo Lilium.

- Y tú habrías aparecido para educarme en mis labores.

- Y Acheron.

- Y yo sería un guerrero inmortal, solitario y amargado… … eternamente.

- Habría tratado de que no fuera así. Aunque hay una forma de dejar de ser dark hunter, recuperar tu alma y volver a ser humano.

- ¿Y esa forma es?

- Morir de nuevo a manos de alguien a quien amas y en quien confías, y que además te ame. Y que sea esta persona quien pase una prueba para recuperar tu alma.

Ciel sonrió con amargura y dijo:

- Entonces yo habría estado condenado por la eternidad.

- Lady Elizabeth habría estado dispuesta a pasar la prueba, sin duda – intervino Sebastian, sonriendo.

Ciel miró de forma no muy amigable a su antiguo demonio, pero no dijo nada. Después de todo él tenía razón, ella habría estado dispuesta a pasar la prueba, pero, ¿él lo habría aceptado?

Al día siguiente Ciel visitó al anciano Tanaka en la mansión Phantomhive. Llevaba nuevamente el parche en el ojo derecho. La visita le permitió al conde darle una alegría al anciano mayordomo, quien dijo que ahora podría morir en paz sabiendo que su joven amo estaba vivo y bien.

Ciel le prometió recuperar la mansión e instalarse nuevamente en ella, para lo cual no debía decirle a nadie que él estaba de regreso. Antes de marcharse le prometió volver a visitarlo.

Esa noche, de vuelta en Bascania, Lilium se preparaba para salir con Valerius al dichoso baile. Pudo haberse transportado desde su habitación hasta la mansión del dark hunter, pero antes prefirió mostrarles el conjunto que llevaría a Sebastian y Ciel.

Al verla Ciel se quedó sin palabras, Sebastian también estaba gratamente sorprendido, pero era capaz de simular su sorpresa, no así sus pensamientos.

- Era justo el efecto que quería conseguir – dijo Lilium al verlos.

Ella llevaba puesto un vestido color violeta, como sus ojos, recogido en algunos sectores de la falda. Era sin mangas, varias cintas sujetaban el vestido de los hombros, algunas de las cuales caían de ellos. Se había recogido el cabello, lo que le daba un aire más distinguido, y podían apreciarse ciertos reflejos violetas entre su cabello negro azabache.

Ciel no creía que ella podría verse más bella, pero se había equivocado, y aquí estaba la prueba.

Luego que la chtonian se marchó, Ciel subió a su habitación, pero le fue imposible conciliar el sueño. No podía sacar de su cabeza la imagen de la chtonian, y tampoco podía olvidar las palabras que le había dicho a Valerius "es de cariño".

Varias horas más tarde Ciel decidió ir a la habitación de Lilium para saber si había regresado. Era una tontería, lo sabía, ella era perfectamente capaz de cuidarse sola, pero no podía evitarlo.

Frente a la puerta de la habitación estuvo tentado a tocar, pero finalmente decidió regresar. Cuando se daba la vuelta para ir de regreso a su cuarto, la puerta, frente a la cual estaba, se abrió. La chtonian ya no estaba tan compuesta como cuando había salido horas antes. Su cabello estaba suelto otra vez, las cintas de los hombros de su vestido estaban rotas, y había una gran mancha de sangre en su vestido, en un costado, a la altura de la cintura.

- ¡¿Qué te ocurrió? – preguntó un alarmado Ciel.

- ¿Esto? No es nada – contestó Lilium, quitándole importancia a su estado, regresando al interior de la habitación, y dejando la puerta abierta para que él la siguiera.

- ¡Pero…!

La chtonian entró a su vestidor y regresó casi en seguida vistiendo un pantalón negro y una bata cubriendo el resto de su cuerpo.

- No te preocupes Ciel, solo fue un rasguño. Era verdad, en esa fiesta se tramaba algo grande, pero como quien lo planeaba era cierto personaje que siempre urde trampas para cazar a Acheron, no pude preverlo.

La cara de preocupación de Ciel no desaparecía, y menos aun cuando vio que la bata se estaba empapando de sangre.

- Bueno, ya que estas aquí, podrías ayudarme. – dijo ella.

La chtonian hizo aparecer unas pinzas, vendas y algunos utensilios de primeros auxilios, y se abrió un poco la bata para mostrar su herida.

- Quedó un pequeño fragmento de la espada con la que me hirieron dentro de la herida, y si no la saco, ésta no cerrará. Se prepararon lo suficiente como para tener armas que pudieran lastimar dioses. No me matará, pero realmente es molesto sangrar tanto.

El Conde Phantomhive no podía entender como ella parecía tan tranquila. Ahora que podía ver la herida se daba cuenta que debía ser dolorosa, ya que era bastante grande, pero ella no daba muestras de dolor ni preocupación, solo fastidio.

- ¿La sacarás? – preguntó Lilium entregándole las pinzas.

- Sí, claro – dijo Ciel después de titubear unos segundos, recibiendo las pinzas.

Con mucho cuidado, sin querer lastimarla, limpió la herida con una venda, para poder meter las pinzas, pero ella seguía sangrando sin parar.

- Es inútil – dijo ella – solo abre la herida y mete las pinzas para sacar el trozo de metal.

Un poco nervioso, Ciel hizo lo que le pedían. Con una pinza abrió levemente la herida y metió la otra para quitar lo que parecía ser el trozo de metal que ella tenía incrustado. Ella se estremeció levemente, provocando que el joven conde desviara su vista desde la herida al rostro de ella, donde claramente se dibujaba una mueca de dolor.

- Creí que no te dolía – dijo él.

- Oh, claro que duele, pero luego de pasar media hora con ese metal en mi costado me había acostumbrado. Cuando abriste y sacaste eso, el dolor se intensificó.

- ¿Qué ocurrió? – preguntó Ciel, mientras ayudaba a limpiar, curar y vendar la herida de la chtonian.

- Ya te lo dije, pero yo estoy bien en comparación al pobre Valerius. Acheron se quedó curándolo. Con un día de sueño quedara como nuevo.

- ¿No puedes sanar tus heridas como lo hiciste conmigo cuando era un demonio?

- En circunstancias normales, podría, pero el arma con que me hirieron fue hecha para cierta clase de seres. Un dios habría muerto, yo sangro hasta que…

Pero fueron interrumpidos por la aparición de Sebastian en el lugar

- Me pareció oler tu sangre, gran cantidad de ella, akra.

El demonio se acercó a ambos, evaluó el estado de la herida y las vendas manchadas de sangre.

- Que desperdicio – fue el comentario – ¿Quien te hirió?

- Strykerius, el líder de los daimon – contestó ella.

- Lo mataste, me imagino.

- En realidad no, por un pequeño tecnicismo, no puedo matarlo. Su vida está atada a una persona muy importante para Acheron, asi que no puedo simplemente matarlo, aunque quisiera.

- ¿A quién?

- A mi madre – contestó el atlante apareciendo en al habitación, causando el sobresalto del demonio y el conde. – Vine a ver como estabas.

- Sangrando. – dijo la chtonian.

- Te descuidaste.

- Bueno, que quieres, Stryker aun me sorprende cuando se transforma en un dragón negro, gigante. Y como tiene prohibido atacarte a ti, generalmente la toma conmigo.

Acheron solo sonrió por respuesta.

XCXCXCX

A la mañana siguiente Lilium no bajó a desayunar, por lo tanto Ciel decidió visitarla en su habitación. No hablaron mucho esa mañana, ya que Lilium parecía somnolienta. Ella decía que era porque necesitaba recuperarse, y la mejor manera era durmiendo.

Días después. Ella estaba bien nuevamente, y ayudó a Ciel a hacerle una segunda visita a Tanaka. El anciano parecía estar mejor, pero la chtonian no le quiso dar falsas esperanzas al conde, y le aclaró que solo era un pequeño momento de lucidez antes del final.

Esta vez los sirvientes de la mansión lo vieron, después de todo estaba decidido que él regresaría. Los tres lloraron, se emocionaron, contaron las nuevas noticias a su joven amo, y por supuesto preguntaron por Sebastian.

- Sebastian no regresará, ahora tiene un nuevo amo. – declaró Ciel.

- Pero… - comenzó a decir Mey Rin.

- El señor Sebastian jamás abandonaría al joven amo – dijo Finny, con lágrimas en sus ojos.

Dos días después de esta visita, Tanaka dejó de existir. Se llevaron a cabo los funerales, a los cuales asistieron los sirvientes de la mansión Phantomhive, Soma, Agni, Undertaker, y Ciel.

Fue una ceremonia sencilla que terminó en el cementerio.

El legendario shinigami no pareció sorprenderse por la reaparición de Ciel Phantomhive, y no hizo preguntas. Pero las lágrimas y abrazos de Soma no se hicieron esperar, tampoco las recriminaciones, mientras Agni daba gracias a Cali por permitirle ver al joven Ciel nuevamente.

A una distancia prudente, y haciéndose invisibles para los mortales, Lilium y Sebastian observaban la situación. Aunque sin duda quien más disfrutaba de los apuros por los que pasaba el conde era Sebastian.

Luego de muchas insistencias para que Ciel regresara a la mansión, los sirvientes y Soma se marcharon, dejándolo solo frente a la tumba del fiel Tanaka.

Undertaker se acercó a Ciel, mientras Lilium y Sebastian hacían lo mismo, haciéndose visibles.

- Me preguntaba quien habría prestado ayuda al joven conde para que él se encontrara aquí nuevamente. Pero ya veo que se trata de una chtonian, y no cualquier chtonian, sino la ejecutora, je, je, je – dijo Undertaker.

- Hace mucho que no te veía Undertaker – dijo Lilium, a modo de saludo.

- Sabía que te encontraría por aquí, Sebas-chaaaaan – dijo una voz chillona, y evidentemente muy alegre.

- ¡Grell! – exclamó Ciel.

El pelirrojo shinigami le hacía ojitos a su Sebas-chan, y se pegaba a él insistentemente, mientras el demonio intentaba, infructuosamente, alejarse de él.

- Es realmente molesto que te pegues de esa manera a mí, aléjate, por favor – dijo el demonio.

- Oh, tan estoico como siempre, Sebas-chan.

Pero la mirada de Grell se desvió hacia Ciel, mientras sus ojos brillaban, peligrosamente, según la apreciación del conde, ya que lo estaba mirando de la misma manera en que observaba a Sebastian.

- Pero si el mocoso ha crecido y se ha convertido en hombre – dijo Grell, acercándose a Ciel – Cuando tomé el alma del viejo mayordomo, te vi, sabía que tenías que ser tú, y por supuesto que encontraría a mi Sebas-chan. No te pongas celoso Sebas-chan, siempre serás el primero en mi corazón.

- Créeme, no estoy para nada celoso – dijo Sebastian, con un brillo especial en los ojos, que demostraba diversión, al ver la molestia e incomodidad que presentaba el joven conde por los intentos de Sutcliff de pegarse a él.

- ¡Alejate shinigami pervertido! – le dijo Ciel, molesto.

- Ah, pero que cruel eres, al rechazar a una inocente dama. – se quejó el dios de la muerte.

Una carcajada, algo ahogada, atrajo la atención de todos hacia la chtonian.

- Pero que hace una mujer tan vulgar, con estos hombres tan atractivos – dijo Grell, pero entonces se fijó en los ojos, violeta, de Lilium, y ocultándose tras Ciel, agregó: - ¡Ah! ¡Una chtonian!

Lilium lo observaba con una ceja levantada, y una cruel sonrisa en sus labios.

- ¡Qué hace una asesina de dioses aquí! ¡Este es el territorio de Zero! Si he de morir a manos de un chtonian, prefiero que sea alguien guapo, como Zero. – se quejó Grell.

- Si has estado molestando a Zero, me sorprende que aun sigas con vida – declaró Lilium.

Después de éste, no muy agradable, encuentro, según Ciel y Sebastian, ellos y la chtonian regresaron a Bascania, apareciendo en el salón. Sebastian los dejó solos en seguida, argumentando que iría a buscar a Phantom, mientras el conde y Lilium comentaban los últimos sucesos del día.

- Me sorprende que Grell se haya puesto así al verte – dijo Ciel, sentándose en el sofá.

- La mayoría de los dioses nos teme, algunos lo demuestran, otros no. Cuando los dioses son pequeños, sus padres generalmente los asustan con nosotros. Somos como el hombre del saco para los dioses.

- Espero que ahora no se nos acerque. Es realmente molesto tenerlo alrededor, especialmente ahora que no solo demuestra interés por Sebastian. – al decir esto Ciel se estremeció visiblemente.

La chtonian se quedó mirando a Ciel fijamente, se sentó a su lado, muy cerca de él, y le dijo:

- Dime ciel, ¿qué tienes que atraes a humanos, demonios, dioses y otras criaturas por igual?

Al sentirla tan cerca, Ciel recordó su ultimo sueño, en el que era la chtonian quien lo apuñalaba en el altar del sacrificio, cuando tenía diez años, no pudo evitar sentir temor, después de todo ella podía hacer lo que quisiera con él, y nadie la detendría. Los sueños cada vez eran más frecuentes, y más sangrientos. El rostro de Lilium estaba en todos aquellos que lo habían lastimado alguna vez.

Ella le acarició el rostro, cerró los ojos, y sintió el temor de Ciel. Se preguntó si acaso le temería a ella, pero ella jamás le había dado motivos para que le temiera, ¿por qué lo hacía?

Lentamente Ciel fue sintiéndose en paz. En una paz que alejaron el remordimiento, la tristeza y el temor, por las pesadillas que llenaban sus noches, y también temor de enamorarse de ella. De que ella supiera lo que él sentía. Ella percibió esa tranquilidad, y no pudo evitar acercarse más a Ciel.

Los labios de ella estaban tan cerca que ambos podían sentir el aliento del otro. Cuando Ciel creyó que la distancia entre ellos terminaría, la chtonian se alejó dejándolo confuso, y un poco decepcionado. Pero entonces la puerta del salón se abrió, dando paso a Sebastian, con una expresión de absoluta dicha, y con Phantom en sus brazos.

- ¿Habías conocido a otro demonio que se pusiera así por tener un gato? – preguntó Ciel a Lilium.

- Simi se pone así cuando la dejo comer todo lo que quiera, y cuando sale de compras, también – dijo Lilium, sonriendo.

- Si un demonio pudiera aspirar al paraíso, este sería el mío. – Dijo Sebastian – Un gato como mascota, con el que puedo jugar cuando quiera, y sangre de chtonian para alimentarme, sin la necesidad de estar satisfaciendo cada capricho de algún amo egoísta. Solo falta poder infligir sufrimiento a alguien, pero me conformo con molestar al conde.

Las últimas palabras de Sebastian molestaron a Ciel. Sin duda él había sido un amo egoísta, pero ese maldito demonio siempre se encargaba de idear una forma de molestarlo.

- Y así también le evitarás a un nuevo contratista tener a un demonio incompetente – contraatacó Ciel.

Como Lilium no tenía ganas de discusiones, dejó a esos dos individuos a solas, quienes ya se habían enfrascado en un duelo verbal. Ahora que Sebastian no era el sirviente de Ciel no se medía en sus palabras, y era evidente quien ganaría la discusión.

XCXCXCXC

Otras dos semanas pasaron. Ciel había recuperado su mansión y era el momento de regresar a ella.

Por todo Londres se había esparcido la noticia que el conde continuaba con vida, y que había recuperado la mansión, además de pretender levantar nuevamente la fábrica de Londres.

Una noche antes de marcharse, Ciel estaba a solas en su habitación, algo melancólico. En realidad no quería irse, extrañaría a Lilium, y también debía reconocer que a pesar de lo molesto que era Sebastian, también lo extrañaría. Había pasado tantos años con él, como única compañía, que sentía que estaba perdiendo a parte de su familia.

Unos golpes en la puerta lo sacaron de sus pensamientos. A la voz de "adelante", Lilium entró en la habitación.

- Quería comentarte algo, Elizabeth se ha comprometido en matrimonio. En realidad sus padres han arreglado el compromiso. Si hubieses decidido regresar una semana antes quizás lo hubieses impedido. No entiendo por qué esperaste hasta el último momento – dijo la chtonian.

- Es mejor asi, yo quiero mucho a Elizabeth, pero jamás habría sido capaz de hacerla feliz.

Interiormente la chtonian se sintió feliz. Era una locura, lo sabía, pero no podía evitarlo.

- Te extrañaré – dijo ella, acercándose a él, y acariciándole el rostro.

El corazón de Ciel comenzó a latir descontroladamente. Tenía las palabras "yo también" atravesadas en la garganta y eran incapaces de salir.

"Solo una vez", pensó Lilium acercándose a los labios de Ciel. "Solo será esta vez".

Ciel no podía creer lo que estaba sucediendo. Esto lo había soñado tantas veces, y era aun mejor que en sus sueños, los labios de Lilium tan suaves, tan perfectos, sobre los suyos. El conde no era un experto en estas cosas, de hecho, este era su primer beso, pero trató de corresponder de la mejor manera posible. Sus labios se separaron para recibir los de ella, era tan cálido y dulce, que no quería que terminara. Pero eso era imposible, él era humano y necesitaba respirar, así que ella se separó de sus labios. Se miraron unos segundos sin decir nada. Ella solo sonrió.

Esta vez fue Ciel quien tomó la iniciativa, y atrapó los labios de ella en un beso, que poco a poco se fue haciendo más apasionado. No podía evitarlo, era adictivo. El la abrazó esta vez, y la apegó contra sí. Ella respondió de igual manera al beso, y ya a ninguno le preocupó si uno era inmortal y el otro no, o si el otro pudiese darse cuenta de los sentimientos que el beso declaraba.

Cuando un gemido escapó de los labios de Ciel, se separaron. El la miro algo avergonzado, pero ella no pareció darle importancia a eso, después de todo sus ojos también brillaban de deseo.

Una de las manos de Lilium acarició el rostro de Ciel, nuevamente, luego sus dedos se detuvieron en sus labios. El cerró los ojos y suspiró. Ella besó la mejilla del conde y luego le dibujó un camino de besos hasta el lóbulo de la oreja, para finalmente morderlo suavemente. La chtonian se separó un poco para verle el rostro. El conde continuaba con los ojos cerrados, y no parecía molestarle lo que ella acababa de hacer.

"Será solo esta vez", se dijo Lilium, mentalmente, "Sólo una noche".

Ella le quitó la corbata, mientras él solo se dejaba hacer. Entre caricias y besos Lilium poco a poco fue despojando a Ciel de sus ropas, hasta dejarlo desnudo de la cintura para arriba. Los corazones de ambos latían fuertemente. La chtonian tenía miles de años, pero su experiencia en estos temas era algo limitada. Estaba nerviosa y sentía mariposas en el estómago. Además él solo le acariciaba la espalda, como si temiera ir más lejos.

- Si no quieres, me detengo aquí – dijo ella, con la duda y el temor a ser rechazada reflejado en sus ojos, para sorpresa de Ciel, quien estaba demasiado excitado para querer detenerse, pero tampoco quería parecer muy ansioso.

Como única respuesta él trató de desatar las cintas del corsé que ella llevaba puesto sobre su blusa de cuello ancho, pero le fue imposible. Siempre había sido tan malo con las cintas y cordones. Al ver la frustración de Ciel, Lilium decidió ayudarlo e hizo desaparecer el corsé. Luego su blusa empezó a desabotonarse sin siquiera ser tocada, pero fue él quien terminó quitándola.

Las caricias y besos se reanudaron, cayendo ambos sobre la cama. Lo poco que quedaba de sus ropas les molestaban, y rápidamente desaparecieron. Ciel no pudo evitar detenerse un momento para contemplar la desnudez de la mujer que estaba bajo él.

"Pideme que me quede", pensó Ciel observándola, para luego besarla otra vez.

A la mañana siguiente Lilium despertó primero, al mirar a su derecha contempló el rostro de Ciel aun dormido. Ella sonrió, se veía tan lindo, que no pudo evitar acercarse para besarlo. Estaba a un par de centímetros de sus labios, cuando los ojos azules del conde se abrieron, ella esperaba ver reflejada la misma alegría que ella sentía, pero en vez de eso, solo vio terror en los ojos de Ciel.

- ¡Aléjate de mí! – exclamó Ciel, rechazándola.

Lilium lo observó sorprendida, sin duda no esperaba esa reacción después de todo lo ocurrido la noche anterior.

- Como quieras – dijo ella, luego de un par de segundos, lo que le costó recuperar la sangre fría.

- No… - dijo Ciel, al darse cuenta de lo que había hecho, pero era tarde. Ella ya había desaparecido.

Ciel trató de hacer memoria, él estaba soñando con ella, pero no con la gentil, cálida o apasionada chtonian con quien había compartido su cama, sino con la cruel y sedienta de sangre asesina de dioses que noche a noche lo sacrificaba en un altar frente al dios Acheron, o al demonio Sebastian. Pero solo eran sueños, no era la realidad, y el se había dejado confundir.

Recordó el rostro de Lilium al ser rechazada, sin duda estaba dolida, tenía que disculparse, ¿pero qué le diría? ¿Qué todas las noches soñaba que ella lo asesinaba o torturaba?

Mientras tanto, Lilium se había aparecido en el salón, donde encontró a Sebastian. Ella trataba de no recordar el rostro de Ciel, que era una mezcla entre odio y miedo. Todo esto debía tener una explicación, pero prefería no saberla, era más fácil dejarlo ir de esa manera.

- ¿Tan temprano levantada? – preguntó el demonio.

- Tengo que pedirte algo – dijo ella.

Al demonio no le agradó la forma en que ella se lo dijo, pues tenía cara de culpa. Pero ella era su akra, así que levantó su ceja izquierda y preguntó qué era lo que quería pedirle.

- Quiero que regreses con Ciel a su mansión y que trabajes para él como mayordomo. – Al ver la expresión de sorpresa y un poco de desagrado de Sebastian, ella se apresuró a agregar – Será solo por un tiempo.

- ¿El motivo? – preguntó él.

- Ksiel podría intentar algo si lo descubre solo, nunca se sabe, prefiero asegurarme. Además, no finjas que te desagrada, se que lo extrañarás.

- ¿A un humano? Su alma quizás… Además no quiero separarme de Phantom.

- LLévalo, no creo que Ciel se oponga, y en último caso lo ocultas en tu habitación. No sería la primera vez que escondes gatos en ella.

Sebastian estaba molesto, estaba perdiendo su paraíso personal, se sentía un poco engañado, pero la chtonian tenía razón, separarse del conde sería como perder algo, algo molesto, tal vez, pero algo a lo que te habías acostumbrado y sin lo cual era difícil vivir.

- Está bien, pero ¿Cómo me alimentaré?

- Puedes llamarme cuando sientas necesidad de alimentarte, y gentilmente ofreceré mi cuello para tu satisfacción personal dijo ella en tono irónico.

- Debo alimentarme antes de marcharme, es necesario – Sebastian quería parecer respetuoso, pero para ambos era divertido hablarse así.

- Como gustes.

El demonio se acercó a la chtonian, puso una de sus manos en la cintura de ella, y con la otra tomó su nuca. Ella inclinó la cabeza para permitirle libre y cómodo acceso a su cuello. Sebastian no tardó ni dos segundos en clavar sus colmillos en la blanca piel. Fue ahí cuando lo percibió, el olor de su antiguo amo en la piel de la chtonian. Si no hubiese estado tan ocupado alimentándose, se habría reído de lo gracioso que le resultaba la situación. Una chtonian enamorada de un humano, porque ella debía estar enamorada de él para que hubiese sucedido tal cosa entre ellos.

- No le veo la gracia – le dijo Lilium en un tono nada amigable, al leer los pensamientos del demonio.

Cuando Ciel entró al salón vió la extraña escena, y sintió una punzada de celos, que de inmediato trató de desterrar de si, después de todo, sabía que la sangre de la chtonian era el alimento del demonio.

Al terminar de alimentarse Sebastian se separó de su ama, y se dio la vuelta para encarar a Ciel, con una amplia sonrisa en el rostro, y una mirada burlona que sobrepasaba todas las que le había dado antes.

- ¿Está listo para marcharnos, joven amo? – dijo el demonio.

N. A.: No estaba inspirada para el lemon, así que dejo a la imaginación de cada uno lo que sucedió entre esta pareja durante la noche.

Estoy un poco deprimida, así que comenten por favor, eso me alegraría. Nos leemos. Un abrazo, ¡ahhhh, alguien que me abrace!