Hola a todos, antes de empezar quiero darles un super abrazo virtual y agradecerles por los comentarios, alertas y favoritos. No tienen idea de cuanto me ayudan a seguir trabajando. Su feed back me ayuda mucho, no solo a motivarme sino también a analizar los cabos sueltos en la historia. Espero que les guste este capítulo. Este capítulo es la entrada para capitulo más subidos de tono. Los leeré al final para comentar las escenas y comentarios finales.
Cómo dejar un corazón roto
Capitulo 11
Sirius Black siempre fue el más predecible de todos la sarta de idiotas que andaban a las espaldas de Potter. Acostumbraba a pensar únicamente con el hígado, dejaba que sus deseos lo gobernaran como un mero títere. Esa clase de personas no eran de su agrado, era demasiado parecido a los mortífagos de su juventud: Idiotas que piensan que son únicos. Por eso cuando vio la oportunidad de utilizar al heredero negado de los Black, ni siquiera lo dudo. No era su culpa que los llamado merodeadores sean unos pobres imbéciles, aunque a tenor de todo lo sucedido, él no se alejaba mucho del estereotipo. Chascó la lengua tratando que el sabor del los recuerdos no lo abrumen. Severus estaba echado en su cama mirando con dedicación el techo de su habitación.
Unos días atrás había visto a Sirius Black recibir una lechuza en el vestíbulo de la mansión Granth. Era un vociferador del mismo James Potter, reclamando su presencia y las explicaciones del caso. Era simple, tal y como lo había previsto. Black estaba en algún grado engatusado por Granth, y seguramente no le había comentado todo lo que los dos habían hecho para destruir al señor oscuro. Potter se oía histérico en la carta. Minutos después Lupin le había escrito a Sirius para concretar una reunión urgente para solucionar la tensión en la manada de locos egocéntricos. La idea le vino de relámpago. Era tan simple como sumar dos manzanas. Con cuidado implantó la idea de la reunión en el caldero chorreante, en el cerebro inútil de Black. Y todo estaba saliendo como había querido, Black tenía el sentimiento de culpa que le convertía en la versión más inútil de un perro después de haber sido descubierto robando un hueso, y Potter estaba molesto y por su puesto había tomado la pócima diurética que había dejado en su vaso. Esto gracias a la ayuda desinteresada de la mesera. Todo había salido de acuerdo al plan, Potter los había descubierto en plena sesión amatoria, pero había estado contemplando tanto la reacción de Potter que había sobre estimado la reacción de Lily. Lily no reaccionó como pensó que lo haría.
Severus contempló la luz de la vela luchando por no extinguirse, seguía en su cama pensando cómo todo se volvía nada. —¿Crees que puedo hacer una familia contigo?—fue lo que dijo ella después de ponerse toda su ropa. Gracias a la ayuda imprevista de Black, pudo desmemoriar a varios de los que habían asistido a la tragicomedia. Evidentemente el plan había partido de él de manera inicial. Nunca dejaría que Lily se expusiera de esa manera. Todo estaba contemplado para que la bomba estallara en un campo controlado. Pero… claro, la explosión fue directo hacia él. Black había salido después de des memorizar a la mesera para salir en busca de James. Los había dejado solos a los dos. Solo que ya no eran los mismos. —Tengo un hijo con él. Harry está primero. ¿alguna vez has oído de un matrimonio mágico divorciado? — ella se limpiaba las lágrimas con violencia, estaba temblando quería abrazarla con todas sus fuerzas pero no podía, no cuando estaba escuchando lo que ella decía. — Te amo Severus. Pero Harry es mi hijo, y por él haría cualquier cosa. No me importaría sacrificar mi vida. No puedo… imaginar… que será de él…— Le escuchó decir mientras intentaba subirse el pantalón. Su rostro estaba rojo de ira y una mezcla entre dolor. —¡Y por eso vas hacer una vida con un hombre que no amas! No seas hipócrita Lily, si te hubiera importado…— recordó intentar callarse por su propio bien, hasta ese momento pensaba que todo lo sucedido podía controlarse. Quizás con algo más de persuasión todo se podría apaciguar. — Lily…. Podemos…. Hacer una familia. Podemos enfrentar todo juntos. La guerra está por acabar… juntos…— No llevaba nada que cubriera sus torso, sabía que de alguna manera a ella eso le encantaba. Siempre repasaba sus dedos por su abdomen antes de besarlo, lo olía en unos segundos y después tomaba por asalto su quijada hasta llegar a su boca. Él intentaba no mostrarse demasiado desesperado, pero terminaba en la urgencia de las caricias junto a ella. Sin embargo, en ese momento a ella no pareció importarle, porque lo único que hacía era mirarle fijamente a los ojos, como tratando de hallar en el algo. Ella se alejó unos metros hacía atrás, estaba repasando el escenario. —Los Potter son una familia querida en el mundo mágico. ¿Crees que me darían la custodia a mi? ¿Precisamente a la mujer que cometió el adulterio? ¿A quién crees que elegirían para educar a Harry, a James Potter hijo de una de las familias más ricas de toda la comunidad mágica o una bruja sangre sucia que además es adultera?— ella sujetó sus cabellos desesperada — No quiero estar lejos de Harry— lo dijo más para ella que para él. Caminó en círculos tratando de buscar un poco de aire. —Lo que tengo que hacer ahora es… hablar con James… puede que.. podamos… solucionar…— seguía caminando mientras balbuceaba cosas sin sentido.
—Potter no te quitará a tu hijo.— recordó decir con determinación — Es un imbécil pero no esa clase de imbécil. Sabe lo que es bueno para él. — dijo detrás de ella.
— Lily yo… no estoy dispuesto a dejarte ir… nunca más— la abrazó con cuidado por la espalda, ella relajó la respiración por unos momentos. Estuvieron así unos cuantos segundos. —Severus..— arrastró su nombre con cariño, por un breve momento pensó que había apaciguado toda la ansiedad que erosionaba de sus labios. Ella volvió a verlo directo. Sus ojos verdes escarlata se abrieron hacía él. Con sus manos acarició su rostro. —Yo… nunca pensé en dejar a James. Lo que pasó entre nosotros pasó demasiado tarde— Sus ojos no mentían, era verdad. Conocía esa mueca de contorsión en los labios y la nariz, el ángulo con que recitaba una verdad envuelta en una displicencia. Mordió sus labios.—¿realmente quieres hacer una familia conmigo? ¿después de todo lo que pasó?— Severus no se alejó de ella. No podía creer lo que estaba pasando. — tu siempre decías que los niños son un problema para tu crecimiento… después de lo que pasó hace tantos años… del insulto… pensé que nunca seríamos una familia. Ahora más que nunca. ¿Crees que soy tonta? ¿Crees que soy la clase de mujer rezagada y víctima que no sabe lo que está pasando?— volvió a acariciarlo. — Crees que por el dolor y la ansiedad no me iba a dar cuenta que este es otro de tus planes…— Ella sujetó su cuello.
—Te conozco Severus— Soltó su cuello con violencia y caminó hasta donde estaba su chaqueta de cuero. —…Justo elegiste el caldero chorreante, justo James llega, justo no pusiste alohomora a la puerta…¿ En serio me crees tan tonta? No tienes idea de quien soy Severus— tomó con violencia el saco de cuero, repaso unos momentos su vista hacia él. Para después desaparecer. Él no supo exactamente que hacer, solo se quedó sentado en la cama. Pensó que ella necesitaba un aliciente para dejar esa vida atrás, pero nunca pensó que él sería quien sería dejado en el camino. ¿Quién podría pensarlo después de tantas noches juntos? Después de tantas promesas a las luz de la chimenea o entre besos desesperados. Todo lo que necesitaba era que Potter saliera de la historia y que por fin los dejara ser lo que eran: una familia. Pero estaba claro que Lily no lo veía así. No lo había perdonado del todo y estaba seguro que él no estaba en su futuro práctico.
Severus miró nuevamente el techo, dos noches habían pasado y el por fin podía sentir que el suelo dejaba de moverse. No sabía exactamente como había llegado a la habitación en Granth Manior pero estaba ahí. El olor a hierbas y sus pociones sellaban el ambiente. Estaba despierto por horas, aún sin mover su cuerpo. No era un cobarde para llorarla, solo estaba agotado. Agotado de sentir todo lo que aglutinaba su cuerpo. — Pensé que a esta hora dejarías de lamentarte— dijo la perfecta voz de Hermione Granth, el sonido entre ronco y mudo, le alertó la piel. Se sentó rápidamente volviendo a la esquina donde estaba ella. La luz de la habitación medio alumbraba su perfecto rostro, haciendo que sus labios sobre salieran de una manera protagónica. La castaña estaba sentada en la esquina con una mueca muy parecida una sonrisa. No podía negar que el calor de las velas pronunciaban mejor sus curvas, al menos desde el ángulo desde donde la miraba.
—¿Qué demonios haces acá?— preguntó con voz cansada, sin ánimos de dar mucha pelea. Ella se acercó más hacia la luz, dejando ver un perfecto vestido azul enmarcar su perfecta figura. Podía notar como su clavícula daba las luces ideales a su pecho. Sus senos parecían estar atentos a su voz, podía distinguir la curvatura de sus pezones sobre la tela, algo al sur de su pelvis se despertó como si tuviera quince años nuevamente. Desvió su mirada hasta fijarse en el fondo de la habitación donde estaban todos sus implementos de laboratorio. Había pasado mucho tiempo desde su última reunión, supuestamente para ese momento debería haber terminado las pociones que la castaña le había encargado, pero por su circunstancia no lo había atendido.
—Quizá no pueda entrar a tu mente, pero si a tu habitación.— Pasó sus dedos por encima de la mesita de noche. —No te puedes dar el lujo de desaparecer. Tienes una promesa que cumplir. Ya es momento que dejes el luto.— Ella lo taladraba con la mirada, no era necesario verla directamente a los ojos para saberlo. Simplemente era la extraña sensación sobre su piel. —Sirius me contó lo que pasó en el Caldero Chorreante. ¿Debo añadir que fue muy oportuno que Potter los encontrara ahí o no lo vas a negar?— ella meneó la cabeza a los lados, dejando que sus rizos bailaran contra el viento. Era un poco ridículo ponerlo en esos términos, pero la sensación debajo de sus pantalones demostraba estar en desacuerdo. En términos vulgares estaba más duro que una piedra, pero darle el placer de verlo vulnerable estaba fuera de consideraciones. —¿Cómo se puede ser tan estúpido con algo tan elemental?— preguntó ella moviendo las manos, por el tono de voz podía apostar que ella estaba pasándolo bien, burlándose descaradamente de él. Hermione Granth estaba disfrutando ese momento, al menos eso parecía. De la nada soltó unos pergaminos sobre él. Severus reprimió un ladrido, lejos de disuadir su visible erección la acentuaba. Por unos breves segundos pensó en el rostro de Minerva, Umbrige y la voz de Bella para atenuar a su amigo.
—Voldemort no está muerto.— dijo ella con el mismo tono de voz. Eso capturó su atención.— dividió su alma en varias partes. Mientras estabas en todo tu drama. Él ha movido sus fichas.— Ella se sentó en la silla de madera delante de él. Le señalo uno de los papeles. Severus tardó uno segundos en tomar el pergamino leerlo con cuidado. El papel de mantequilla era casi traslucido, podía ver una caligrafía descuidada. —"«El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso se acerca..., Nacido de los que lo han desafiado tres veces, vendrá al mundo al concluir el séptimo mes... Y el Señor Tenebroso lo señalará como su igual, pero él tendrá un poder que el Señor Tenebroso no conoce... Y uno de los dos deberá morir a manos del otro, pues ninguno de los dos podrá vivir mientras siga el otro con vida... El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso nacerá al concluir el séptimo mes...» — Severus la miró por unos breves segundos sin poder entender lo que estaba leyendo. El entendía que las profecías solo podían ser visualizadas por las personas que están implicadas en la profecía, eso claro en las esferas del ministerio. Pero las palabras apretadas en el pergamino mantenían algo de verdad, algo le había dicho Lily respecto al tema, había corrido el rumor que el señor oscuro estaba detrás de los bebes nacidos después de Entre Junio y Julio. —¿Qué es esto? ¿cómo lo tienes?— dijo por fin. Recién se pudo dar cuenta que no llevaba una camiseta puesta, pero la castaña no parecía estar afectada por su estado. — Esto no puede ser verdad…— dijo él, no guardaba mucho sentido que Granth tenga esa información y lo comparta con él. Ella suspiró de lado, mientras arrastraba su mirada por toda la habitación. — esta "profecía"— dijo haciendo hincapié en lo ultimo. — fue visible para los aurores en ministerio, como si hubiera perdido su valor. Eso pasa cuando no pierden su valor, porque no se cumplirán o por que ya se cumplieron. — ella acomodó su cabello de lado rompiendo el contacto visual. — Tienes que salir de esta habitación, el mundo no deja de girar porque tus planes no salieron como quisiste. Todavía estamos en guerra. Y tengo tu palabra para proteger a Cissy y Draco. No veo que cumplas nada de lo que dijiste que harías.— ella mordió su propio labio superior en un intento de borrar su mueca burlona.
—¿Se puede saber por qué tienes esa cara? Hasta ahora no me has respondido ¿cómo sabes todo esto?— dijo él levantándose de la cama. Estaba cabreado. No estaba entendiendo nada y para colmo Granth estaba con esa actitud insufrible. Ella pareció estudiarlo por unos segundos, su respiración era larga y la mueca no desaparecía de su rostro. Severus estaba molesto. Nada estaba saliendo como estaba planeando y ahora tenía a Granth. — Ayer vino Lupin, quizás si hubieras salido de esta habitación y aunque sea visto a Draco te hubieras dado cuenta.— Ella rascó un poco su cuello dando perfecta visión a algunas pecas que se se hacían camino hasta su rostro. —No tenemos tiempo para eso Severus, necesitaba tus informes para hoy. Solo estás interfiriendo en mi camino. Así que… o cumples tu palabra o me veré en la necesidad de romper todo compromiso contigo.— él la miraba sonreír como si fuera navidad. Algo dentro de él quemaba, quizás eran sus pantalones. No podía negar que esas facciones, la curvatura de su sonrisa despertaba algo de ansiedad en él.
—cometiste el error más tonto de todos. Creer en tus propias mentiras. ¿Realmente crees que ibas a salir limpio de todo ese drama? Bueno realmente no me importa.— Ella se paro dejando de verlo camino hacia la puerta de madera, pero el la detuvo. Él le llevaba más de una cabeza, a pesar sobrepasarla en altura y en masa corporal, ella se imponía por sobre él con solo esa mueca sardónica. Con una de sus manos acomodó sus rizos hacia atrás. Su perfume aterciopelado invadía cada espacio de la extensa habitación reduciéndolo solo al espacio que los dos ocupaban. Nunca había conocido a alguien más cínico que él, pero tampoco se estaba quejando. —¿Por qué realmente has venido, Granth? ¿Qué es lo que quieres?— preguntó apreciando que su voz se le escapaba de él. Quizás era su imaginación pero sentía la mirada curiosa de ella sobre su pecho desnudo. Pero ella no dijo nada, solo entre arrugó la mirada como estudiando cada una de sus acciones. — eres un tonto, Snape.— ella se libró de su mano y dándole la espalda le gritó. — Mañana en la mañana necesito lo que te encargué, de lo contrarió pondré en conocimiento a los guardianes del secreto tu falta de compromiso. Ya sabrás lo que les pasa a los que no cumplen lo que prometen. — dicho eso salió de la habitación dejando su perfume en el ambiente. "Maldita seas, Granth" pensó mientras imaginaba como sería tocarla debajo del vestido. Sacudió su cabeza tratando de borrar todo rastro de lascivia en sus pensamientos. Pero ver a Hermione Granth en ese vestido de seda apretado a su cintura no ayudaba a su causa.
Hermione miraba atentamente la respiración de Draco. El bebé estaba cansado después de un día ajetreado persiguiendo a los elfos y preguntando por su mamá y papá. Quienes creen que los bebés no se percatan de la separación, no sabe de lo que está hablando. No había hora en que el pequeño rubio preguntara por su mamá. Y si bien su padre se encontraba en el misma mansión no estaba cooperando con sus investigaciones. Lucius Malfoy estaba encerrado en la celda más oscura de su mazmorra. Con el pasar de los días se había mostrado más cooperación en las sesiones del interrogatorio, aunque todavía espacios en su mente a los cuales no tenía acceso. Era como si Voldemort hubiera sellado esos recuerdos con mágia que ni el mismo Malfoy pudiera romper. Hermione miró a Draco nuevamente y sujetó su plano vientre.
Todavía recordaba los días en los cuales planeaba cómo sería su vida con su bebé. Habían días en que imaginaba el color de su mirada, quizás y con suerte su bebé pudiera adoptar el color ojos purpuras de su mamá, de quien apenas sabía su nombre o como el de su padre, castaños con toques dorados. Estaba más que segura que el color de sus cabellos sería como el de James, negro azabache. El día en que su bebé nació una vez más su mundo se vino abajo. —"nació muerto"—le había dicho su abuela después de que ella despertara de la fiebre que le había aquejado en el parto. Recordó no decir nada, pero algo en ella gritaba que estaba mal. Exigió ver el cuerpo de su hijo, pero debido a que ella había recuperado la consciencia dos semanas después no pudo. —"Lo incineramos, nadie sabía de su existencia."— le había dicho Magnolia, destrozando una vez más su corazón. Pero la incredulidad estaba una vez más presente, porque entre sus recuerdos de aquella noche, recordaba ver a una niña, no un niño. Sacudió su cabeza recuperando la ilación de sus pensamientos.
—Lucius dijo "tu niña está con vida."— dijo para sí en su susurro. Pero lo que decía no guardaba sentido. No podía ser cierto. Además ni el mismo sabía donde estaba. Hermione repaso cada uno des sus recuerdos, algo que pudiera darle señales si la información que pudiera confirmar aún más el testimonio del traidor de Lucius, pero nada más haya del sexo del bebe le sorprendió.
Hermione caminó hacía su habitación, al llegar dejó sus joyas en la pequeña cómoda de madera. Y con un suave movimiento de varita se desvistió. Entre la pequeña cómoda de madera estaba un pequeño cofre. En uno de los extremos tenía un código, con cuidado de puso los número en los casilleros correspondientes, cuando el sonido de la confirmación estaba listo, abrió la caja con cuidado. Removió el doble fondo de la caja y sacó la pieza de madera hasta llegar a dónde quería. Era un espejo, lo limpió con cuidado tratando de ver lo que había detrás. Estaba oscuro como siempre. Limpió el espejo con cuidado, esperando que apareciera algo. Quizás Harry o Charlus, no le importaba. Pero al parecer James tenía el medallón guardado en su bóveda como años atrás. Mordió sus labios con furia, momentos como esos eran en los que más se odiaba. Estaba por cerrar el espejo cuando pudo escuchar algo que salía del espejo encantado. —"James, es aquí"—dijo la voz muy parecida a la de Charlus. De pronto en la imagen del espejo apareció el rostro de James. Lucía cansado y al parecer no se había afeitado en días. Hermione con rapidez, guardó el espejo en el cofre, poniendo todo en su lugar. Su corazón estaba a mil por hora. —¡Estúpida!— dijo en voz alta. Aún inconsciente de su desnudes caminó en círculos en su habitación. No entendía porque aún se comportaba como una mocosa. Respiró hondo y caminó hasta su ropero en busca de su bata.
Estaba loca esa era la única explicación. No se entendía después de tanto tiempo, tantas heridas, ella siga conservando el espejo. Mordió sus labios. James siempre fue su debilidad, lo era hasta ahora. Aunque quiera negarlo, lo era. Era esa clase de masoquista que no puede dejar de saber del mal amado. Rascó su cabellera. No podía con todo ella sola. Necesitaba de alguien a quien aferrarse. Tanto tiempo proyectando una imagen implacable la enfermaba. ¿Estaba mal admitirlo? ¿Pero quién? Tocó su rostro, estaba llorando nuevamente. Contra su voluntad estaba llorando. Se limpió el rostro y se metió a la cama. Pasó despierta toda la noche, pensando cómo podría dormir tranquilamente, pensando en quien confiar sin el temor de la traición. Nadie apareció. Quizás lo que necesitaba no era únicamente la confianza, quizás todo se resuma a sus hormonas. Sí… atendiendo sus pedidos hormonales pueda sentirse un poco mejor, no tan hueca, no tan podrida. Después de todo el sexo nubla por unos momentos la razón. Consciente de sus pensamientos menos de su alrededor, Hermione no se dio cuenta de una mirada fijada en ella.
Hola a todos,
Antes de comentar este capitulo debo contarles que he cambiado de trabajo, aunque me es muy gratificante laborar como lo hago voy a tener menos tiempo para escribir. Aun así el sistema que he ideado hasta ahora me ha funcionado.
Este capitulo ha sido interesante porque estamos viendo el inicio de otra etapa en la historia. Creo que poco a poco voy a ir develando los pequeños secretos que envuelven a Hermione. Por otra parte Severus está en peligro en la masión Granth, peligro hormonal.
Espero poder leerlos en los comentarios.
Un abrazo, nos leemos.
DLila
