Gryffindor y Slytherin
Capítulo 11 – De sangre y de unidad
Draco no había subido a cenar ese domingo y el lunes evitó mirar hacia la mesa de Gryffindor durante las comidas. Potter tuvo la decencia de dejarlo tranquilo durante la sesión del ED. Draco cada tanto le lanzaba furtivas miradas de soslayo, buscaba signos de… oh, bueno de nada en particular… pero Potter no mostró ninguna señal que hiciera referencia indirecta o explícitamente a lo ocurrido en el bosque, de hecho todo indicaba que Potter deliberadamente también evitaba que sus miradas se cruzaran.
Más tarde esa misma noche, en la sala común, Draco se había ubicado en uno de los sillones para redactar un trabajo de Aritmancia, le costaba concentrarse sin embargo. Sus ojos derivaban constantemente en dirección al sillón en el que estaban sentados Nott y Queenie hablando en susurros. En realidad el que hablaba era Nott, Queenie se había limitado a asentir cada tanto con la cabeza. Draco se moría por saber de qué hablaban. Terminó distrayéndose tanto que la tabla que estaba confeccionando terminó hecha un desbarajuste.
Un rato después Nott se levantó y partió hacia su dormitorio, justo en ese momento emergieron Pansy y Millicent que venían de sus habitaciones, Millicent cargaba con varios libros.
Draco le hizo una seña a Pansy para que se le acercara, ella vino a sentársele al lado.
—Necesito que hagas algo por mí. —dijo Draco en voz baja y tono muy serio.
—¿Cuál es el gran secreto? —preguntó ella con el mismo tono.
—No se trata de ningún gran secreto. Necesito que empieces a llevarte mejor con Queenie.
Ella lo miró con reprobación. —Y me lo decís justo ahora que ella está sentada allí… cosa de que no pueda objetar nada en voz alta.
Draco le sonrió contrito.
—Oh, bueno… —capituló ella— Ahora no puedo quedarme a hablar sobre el asunto, Millicent y yo quedamos en reunirnos con Padma y Morag en el invernadero tres por un trabajo de Herbología. Pero más te vale que tengas preparadas muy buenas razones para cuando regrese.
Draco le palmeó el muslo. —Quedate tranquila, las explicaciones serán satisfactorias.
Medio divertida, medio fastidiada ella replicó: —Ya veremos… por el momento no me comprometo a nada.
—Ésa es mi chica.
Las dos salieron un momento después. Draco suspiró. Las chicas a veces eran difíciles de entender. Queenie y Draco habían sido amigos de chicos y Pansy la había considerado una rival de entrada, cuando todavía creía que Draco podía ser un potencial novio. Esa animosidad hacia Daphne no había mermado después de que se había enterado de las preferencias sexuales de Draco.
Sin embargo, Pansy también sabía que Morag y Draco habían sido amigos de chicos, pero eso nunca le había importado. Oh, bueno… cosas de mujeres, pensó y se concentró en el trabajo que tenía entre manos.
oOo
El miércoles en clase de Defensa había muchos rostros de sueño. La noche anterior habían sido varios los que habían dormido poco, habían recibido la noticia de una matanza de muggles en un ataque de mortífagos en Sheffield. Draco no era uno de los que habían perdido el sueño pero estaba aburrido, no era culpa del profesor Eton, pero el tema de la clase, magia de sangre, era un tema que Draco ya había estudiado por su cuenta. Para pasar el rato se dedicó a estudiar al profesor.
Se corrían rumores de que el ex Ravenclaw había aceptado el cargo porque quería investigar directamente en la fuente la cuestión de que pesaba una maldición oscura sobre el puesto. Para Draco, Eton era exactamente como él imaginaba que debía ser un profesor. Ropas elegantes e impecables de tonos oscuros, cabellos muy cortos, dedos largos y tendinosos y una especie de tic, tenía el hábito de golpearse con los dedos el marco de los lentes a cada rato.
Eton lo hacía acordar de uno de sus tutores, antes de empezar en Hogwarts, el profesor Carver. La principal diferencia era que Carver había sido mucho más viejo, según había oído había fallecido dos años antes.
En ese momento, Eton estaba hablando de los principales usos de la sangre de unicornio, fue cuando se abrió la puerta del aula de manera repentina. Entró Snape. Se hizo silencio de inmediato.
—Disculpe Ud., profesor, ¿me permitiría llevarme al señor Malfoy? —solicitó Snape.
—Por supuesto, profesor Snape.
Draco se empezó a inquietar, no podía tratarse de nada bueno.
—Será mejor que traigas tus cosas, Draco.
Guardó todo rápidamente. ¿Qué estaba pasando? Cruzó una rápida mirada con Blaise, había una mezcla de curiosidad y miedo en los ojos oscuros.
Siguió a Snape hasta la oficina en los subsuelos.
—Tomá siento, Draco, me temo que tengo malas noticias. —comenzó diciendo Snape.
—¿Qué… qué noticias? —preguntó muy nervioso, las palabras se le atragantaban.
—El director me ha encargado que te informe que tu madre está desaparecida.
Draco experimentó un repentino vacío en el estómago. —¿Desaparecida? —repitió parpadeando en rápida sucesión.
—Los aurores asignados para su… protección… fueron a la Mansión esta mañana y no la encontraron. —dijo Snape. Por el modo en que había pronunciado protección había sonado casi como una obscenidad.
Draco seguía pestañeando anonadado. Su madre desaparecida… seguramente había ido a reunirse con su padre pero… ¿y si no era así? ¿Y si la habían secuestrado? ¿Y si los aurores la habían matado y estaban tratando de tapar todo? Se llamó la atención mentalmente… estaba tan trastornado que se le ocurrían las cosas más inverosímiles. Y su madre disponía de muchos recursos. La hipótesis primera era la más sensata… había ido a reunirse con su padre.
Abrió la boca para decir algo… pero no se le ocurrió nada.
—Comprendo tu desconcierto… es un shock muy fuerte. —dijo Snape.
—¿Usted sabe algo más, señor?
Snape lo contempló un instante con una mirada rara. —Cuento con la misma información que las autoridades, Draco.
—¿Se va a publicar en la prensa, señor?
—No lo sé. Es posible que quieran declararla prófuga. —contestó Snape con expresión cautelosa.
Draco se frotó la frente con los dedos. —Entonces… esto significa…
—El Ministerio ha designado al director como tu custodio hasta que alguno de tus padres sea ubicado… o hasta que alcances la mayoría de edad.
Draco reaccionó con brusquedad. —¡No pueden hacer eso! ¡Yo tengo familia!
Snape alzó una mano para frenar la andanada verbal. —Te puedo asegurar que la situación me causa tan poco placer como a vos. El Departamento para el cumplimiento de la ley cree que existe peligro de que te secuestren, aducen que para mantenerte seguro debés permanecer en el castillo.
Draco se removió inquieto, en la época de Fudge algo así no hubiera pasado, pensaba. —Pero… ¿quién iba a querer…?
—Draco, por favor, no hagas las cosas más difíciles de lo que ya están. Si estuvieras con tus padres y llegara a pasarte algo, les echarían la culpa a ellos.
—Pero… ellos son mis padres… no sería secuestro… ellos tienen derecho…
—Draco…
—¿Y por qué tiene que ser Dumbledore el que esté a cargo de la custodia?
—Es la elección natural… de hecho el director es custodio de todos los alumnos mientras permanecen en la escuela.
Draco bufó fastidiado. —Me están usando como carnada, ¿no es así? Quieren atraer a mis padres a Hogwarts para poder capturarlos.
—Estás razonando neciamente, no subestimes la inteligencia de tus padres.
Era un buen argumento, tenía que admitirlo. —Señor… ¿Ud. cree que mi madre fue a reunirse con mi padre?
La expresión de Snape se mantuvo imperturbable. Eligió muy bien sus siguientes palabras. —Creo que tu madre sabe muy bien lo que hace, Draco.
Draco tenía ganas de romper algo pero hizo un esfuerzo para controlarse. Finalmente suspiró resignado.
—No dispongo de otra alternativa, ¿verdad?
Snape se lo confirmó con un gesto. Draco se puso de pie. —Y toda esta información es…
—Estrictamente confidencial. —se le adelantó Snape antes de que concluyera la idea.
oOo
Ese sábado no asistió al partido Hufflepuff-Ravenclaw. Todavía seguía muy sensible por el incidente de las dos snitches, no quería que nada se lo recordara. Tampoco sentía deseos de ver a Blaise hinchando por Hufflepuff. Vince, Greg y Millicent sí fueron. Draco le había encargado a Millicent que tomara nota de cualquier detalle de estrategia que pudiera resultarles útiles para los futuros enfrentamientos. Como capitán era una de sus responsabilidades pero consideró que bien podía delegarla en uno de sus subalternos.
Semanas antes, Tracey había comprometido a Pansy a que la acompañara. El metejón que se había agarrado con Blaise no había menguado un ápice, todo lo contrario, se había vuelto mucho más fuerte incluso. Pansy, Draco y hasta el mismo Blaise habían tratado de diferentes formas de disuadirla, pero Tracey no atendía razones una vez que se había lanzado a la caza de una presa. Draco había llegado a sugerir que Blaise se diera por vencido y le diera el gusto para sacársela de una vez por todas de encima; pero Blaise había reaccionado horrorizado ante la sola idea. No era algo nuevo, incluso Pansy estaba al tanto de eso y ella que era muy de abrazar a todos con Blaise se cuidaba, prácticamente nunca lo tocaba. En eso eran diferentes, a Draco las mujeres no lo atraían pero no le provocaban rechazo tampoco.
La sala común estaba vacía. Había un recipiente con gotitas Bertie Botts de todos los sabores sobre la mesita ratona. Estiró una mano y tomó una. Resultó ser de sabor a cactus, la escupió. Lo tomó como un mal augurio y decidió que no le convenía quedarse ahí encerrado. Fue a buscar el abrigo y salió con la intención de ir a dar un paseo. Todo parecía estar mal y hasta sus propios sentimientos lo confundían. Sus padres estaban desaparecidos, el maldito Dumbledore era oficialmente su custodio, no podía hablar del asunto con nadie y tenía una deuda de vida con Potter.
Potter… siempre venía a terminar en el condenado Potter que tenía la mala costumbre de meterse en cosas que no eran de su incumbencia. Había sido culpa de Potter que su padre hubiera ido a parar a la cárcel, y por lo tanto también era culpa de Potter que su madre estuviera desaparecida. Harry Potter era un fisgón imbécil y entrometido… Reparó entonces en que —distraído en su despotricaciones mentales— había tomado mal el camino, no estaba dirigiéndose a la escalera sino en dirección contraria, acababa de pasar por delante de la oficina de Snape. Se detuvo y pateó con bronca la pared.
Cuando ya giraba sobre sus talones para desandar el tramo oyó que se abría la puerta de la oficina del profesor. No otro que Potter fue el que salió al pasillo. Draco se quedó quieto. Potter aparentemente no lo había visto y se había puesto en marcha hacia las escaleras que subían al Gran Hall. ¿Qué había estado haciendo Potter en la oficina de Snape un sábado a la mañana y durante un partido de quidditch nada menos?
—Veo que ya estás necesitando clases recuperatorias de Pociones y eso que todavía no terminó el primer trimestre. —dijo en voz alta sorprendiéndose a sí mismo con su intervención.
Potter se detuvo y se dio vuelta. Lucía alterado.
—¿Y a vos que te importa, Malfoy? —respondió agresivo. Una mano se había cerrado en un puño, con la otra estaba sacando la varita.
Draco también alzó la suya y con ese paso medio balanceado —tan característico de él— fue acercándosele. —Sólo preguntaba por curiosidad.
—La curiosidad mató al kneazle. —dijo Potter al tiempo que adoptaba una posición de duelo.
—¿Ésa te la aprendiste de Blaise? No creo que sea una expresión usual entre los muggles que te educaron.
Potter rió y echó ligeramente la cabeza hacia atrás. —¿Estás celoso, Malfoy? ¿Estás celoso porque tu amigo prefiere pasar el tiempo conmigo y no con vos?
Draco subrayó lo absurdo del comentario con una risita descreída. —Vos realmente creés que de eso se trata, ¿no? Sos más idiota de lo que suponía.
—Para que lo sepas, Malfoy, Blaise y yo y otros amigos salimos a volar juntos todos los domingos… ¿no te gustaría sumártenos? —dijo Potter con una sonrisa triunfante.
Draco le respondió con una sonrisa de suficiencia. —No en realidad… decliné la invitación de Blaise en su momento.
La sonrisa de Potter desapareció al instante. —¿Vos sabías?
—Naturalmente que sabía.
—Ah…
Se midieron varios segundos en silencio y en instancia de ataque. Los labios de Potter estaban muy apretados formando una línea muy fina. Draco había decidido que no sería él el que lanzara el primer hechizo. Le debía a Potter la vida. ¡La vida! Un frío intenso le inundó el pecho al recordarlo, entrecerró los ojos hasta que quedaron como estrechas ranuras. Quería hacerle daño… quería hacerle tanto daño… quería que desapareciera de su vida para siempre… quería…
—¿Malfoy?
Draco se dio cuenta de que había tenido todo ese tiempo la vista fija en los labios de Potter. Alzó un poco la mirada, al tiempo que se mojaba ligeramente los labios con la lengua… los ojos de Potter siempre se veían inmensos detrás de esos espantosos anteojos. La respiración de Potter se había vuelto irregular. Draco volvió a mojarse los labios pero esa segunda vez con deliberación y mayor lentitud. Notó con satisfacción que era Potter ahora el que tenía la mirada fija en sus labios.
Draco inclinó ligeramente la cabeza hacia un costado. —Querés hacerlo de nuevo, ¿no es cierto?
—¿Cómo? —farfulló Potter que ahora lo miraba a los ojos. Había abierto un poco los labios y su mirada parecía desenfocada. Draco sintió una opresión en el pecho. Dio otro paso aproximándosele, Potter no atinó a moverse, seguía mirándolo fijo, como hipnotizado.
—Admitilo, Potter. —lo instó alzando una comisura.
Los ojos de Potter se abrieron incluso más, si cabe. Tuvo que reconocer que eran hermosos… mal que le pesara. ¡¿Pero qué estaba pensando?! ¿Admirando los ojos de Potter? El asunto no tenía que ver con esas gemas preciosas… se trataba de una cuestión de venganza. Y Draco había conseguido tenerlo como lo quería… vulnerable.
Se le acercó más y le depositó una palma sobre el pecho. Potter se estremeció… Draco pudo sentirle el corazón… aun más desbocado que el suyo.
Se inclinó hasta que su boca casi rozó la oreja de Potter y susurró: —Vos sabés que eso es lo que querés.
La movida se le había antojado excelente… pero al segundo siguiente se encontró aplastado contra el muro, las manos de Potter le estrujaban la pechera de la toga y la boca de Potter estaba sobre la suya. El beso fue crudo, feroz y mojado… y lo llenó de calidez. Draco apretó las uñas contra las rústicas piedras de la pared detrás de él. ¡Tenía que controlarse! ¡A pesar de la tensión que sentía en la entrepierna! Alzó las manos y lo empujó interrumpiendo de ese modo el beso. Potter seguía aforrándole la toga, los lentes se le habían torcido y los ojos sin barrera de cristal que se interpusiera lucían salvajes. Los dos respiraban muy agitados y se quedaron observándose uno al otro durante un largo instante.
—¿Qué es lo que está ocurriendo acá? —intervino una voz que conocía muy bien.
Potter lo soltó de inmediato y retrocedió un paso.
Draco adoptó su mejor lograda expresión de inocencia. —Yo iba de camino al estadio de quidditch para ver el final del partido y Potter me atacó sin que mediara motivo, profesor.
—¿Peleando, señor Potter? ¿Otra vez? Serán veinte puntos menos para Gryffindor y penitencia el lunes.
Potter fusiló a Draco con ojos asesinos y agachó la cabeza murmurando por lo bajo.
—Lo lamento, pero no alcancé a entender su respuesta, señor Potter. —dijo Snape con una sonrisa maliciosa.
—Sí, profesor Snape… señor. —dijo Potter claramente mirándolo con muy mala cara.
Draco alzó una comisura. —¿Ya puedo retirarme, profesor?
—Andá nomás, Draco… ¡No tan rápido, señor Potter! Quédese, necesito intercambiar algunas palabras más en privado con Ud.
Draco se alejó sin volverse a mirarlos en ningún momento. Podía terminar siendo un muy buen día después de todo, pensó.
oOo
Cho Chang había capturado la snitch ese sábado y Ravenclaw había quedado puntero en la tabla de posiciones. Draco estuvo de muy mal humor toda la semana y los que pagaron el pato fueron los de primero y segundo, distribuyó retos y castigos a diestra y siniestra. Con Pansy había tenido otra de sus peleas antológicas, habían discutido duramente en el patio por el asunto de Queenie. Esta vez había sido Draco el que le había dado el tratamiento de silencio, Pansy finalmente cedió dos días más tarde y aceptó hacer lo que le había pedido.
Potter había puesto mucho cuidado en evitarlo ese lunes durante la sesión del ED… Draco se había esperado algún tipo de desquite pero nada de eso tuvo lugar. Potter no lo usó para demostrar los hechizos, de hecho lo había ignorado durante toda la hora y después había partido a cumplir la penitencia que le había impuesto Snape. Draco, por su parte lo había observado de a ratos, Potter tenía ojeras muy pronunciadas y parecía más demacrado que lo habitual.
El miércoles cuando entró al Gran Salón acompañado por Blaise, Greg, Vince y Millicent para el desayuno, de inmediato se dio cuenta de que algo estaba mal. Pudo sentirlo en el estómago como un nudo al ver los grupitos que se habían formado y el modo en que cuchicheaban… y los miraban. ¿Sería por algo que había publicado El Profeta? ¿Sería algo relacionado con sus padres?
Comprendió lo que pasaba cuando se acercó a la mesa de Slytherin. Había varias copias de una misma fotografía mágica. Mostraba a dos chicos, uno rubio, el otro de cabellos oscuros… besándose apasionadamente. Draco levantó una copia para observarla con atención. Contuvo un suspiro de alivio, no eran Potter y él. Sin embargo, el nudo en el estómago se le intensificó: eran Blaise y Zacarías Smith. En la parte inferior de la fotografía habían escrito con grandes e hirientes letras rojas: ¡Maricones de mierda!
Draco giró hacia Blaise que había agachado la cabeza y parecía aturdido. Dirigió la vista hacia la mesa de Hufflepuff, Smith estaba rodeado por algunos de sus compañeros que al parecer estaban tratando de confortarlo, también tenía la cabeza gacha y oculta en las manos. Los cuchicheos parecieron multiplicarse en ese instante.
Draco miró a Liam quien lo autorizó a proceder con un gesto; se trataba de un problema que concernía a un alumno de sexto.
—¡Pásenme toda esta… basura! —demandó perentorio— Y más vale que ninguno se guarde una copia… porque si llegara a descubrirlo se va a arrepentir.
—¿Por qué, Draco? —preguntó uno de quinto, Roth, con tono desafiante— ¿Que tiene de malo burlarse de los maricones? Es lo que se merecen.
Draco giró para enfrentarlo. —Roth… penitencias todos los días, desde hoy hasta el receso de navidad. Con Filch. ¿Alguien más quiere plantear alguna objeción?
Ni Roth, ni ningún otro Slytherin abrió la boca.
Draco le pasó a Blaise una mano sobre los hombros y lo acompañó a sentarse. Luego agarró todas las copias que los demás habían juntado y que le habían pasado.
—Cualquiera que participe en murmuraciones o que incomode a Blaise con el comentario que sea tendrá que vérselas conmigo.
Hizo una pausa y prosiguió: —Tendremos una reunión de Casa… —dijo y miró a Liam que volvió a aprobar con un gesto—…esta noche, después de la sesión del ED, en la sala común. ¿Alguna pregunta?
Nadie dijo nada.
Y muy poco fue lo que se habló durante el desayuno. Pansy lo instó a Blaise un par de veces para que comiera algo pero Blaise no probó bocado. Estaba tenso y con la mirada perdida.
Draco volvió a pasarle una mano sobre los hombros. Blaise se estremeció.
—Blaise… mirame…
Con renuencia, Blaise se volvió a mirarlo, había angustia y rabia en su expresión.
—No voy a permitir que nadie… que nadie te haga sentir mal.
Blaise asintió apenas, Draco le apretó el hombro como una forma de darle ánimo.
Liam fue a hablar con los profesores. Cuando regresó le informó a Draco que habían decidido dejar que los alumnos manejaran la situación. Pero que le habían advertido además que si los culpables eran identificados, ningún tipo de acción debía tomarse contra ellos. El director y el cuerpo de profesores se encargarían de aplicar las medidas disciplinarias pertinentes.
Draco se limitó a asentir brevemente.
La primera clase del día de los Slytherin de sexto era Defensa. Blaise no quiso levantarse de la mesa hasta que la mayoría de los alumnos hubieron abandonado el Gran Salón. Recién entonces se pusieron de pie y enfilaron hacia la salida.
—Blaise… —sonó una voz que les llegó desde atrás. Potter se les acercó corriendo.
Blaise se detuvo rígido y se volvió para mirarlo. —¿Qué es lo que querés, Harry? —preguntó con el tono más neutro que pudo conseguir.
Potter vaciló un instante pero de inmediato se recompuso y expresó con determinación: —Quiero ayudarte a identificar al culpable de esto.
—No te metas en los asuntos de Slytherin. Potter. —intervino Draco con desdén— No necesitamos tu ayuda.
—Lo siento, Harry. —dijo Blaise— Pero Draco tiene razón, es a nosotros a quienes toca manejarlo.
Los ojos de Potter saltaron en rápida sucesión de Blaise a Draco y de Draco a Blaise un par de veces. —Colin Creevey sabe mucho de cámaras. Dice que es posible identificar la cámara a través de las fotos.
Para entonces Granger y Weasley también se les habían aproximado.
—Hola, Blaise. —saludó ella. Weasley hizo lo propio pero dirigiéndole a continuación una mirada de soslayo llena de suspicacia a Draco.
—Hermione, Ron… —saludó Blaise a su vez con un breve gesto y luego se volvió hacia Draco— ¿Qué te parece?
—¿Por qué venís a decirnos esto, Potter? —preguntó Draco.
Potter dejó oír un sonido como si apretara los dientes. Draco se imaginaba lo que estaría pensando… él quería hablar con su buen amigo Blaise y el pérfido Malfoy no se lo permitía. Lo que Potter parecía haber olvidado era que Blaise era un Slytherin y que en Slytherin tenía sus verdaderos amigos.
Potter respiró hondo como juntando paciencia y se volvió hacia Draco. —Colin dice que va a ser preciso que Blaise esté presente para algunas partes de… er… el…
—El procedimiento implica encantamientos reveladores pero también tecnología muggle. —intervino Granger. Draco la miró con mala cara… Potter también.
Granger ignoró las mudas recriminaciones y prosiguió con tono seguro y decidido: —Colin sólo va a poder hacer la parte muggle después de navidad, necesita equipamiento que no tiene acá en la escuela.
Draco revoleó los ojos. No tenía tiempo ni ganas de ponerse a escuchar los discursos profesorales de Granger y la presencia tan próxima de Potter empezaba a hacerlo sentir incómodo. —Está bien. Hagan todo lo que puedan… pero yo voy a ser el que se encargue del culpable si el procedimiento diera resultado.
Los tres Gryffindors lo miraron con asombro.
Draco entrecerró los ojos. —Tal como lo oyeron. Yo me voy a ocupar de darle su merecido al muy hijo de puta.
Rodeó a Blaise por los hombros y se lo llevó consigo.
oOo
Estaban esperando sentados en la sala común. La reunión iba a empezar poco después. Blaise estaba hojeando una revista. Parecía calmo y tranquilo pero cierta rigidez de sus movimientos, cierta tensión en los rasgos y la vena que le latía en la sien delataban su nerviosismo. Blaise estaba en una situación seria y grave… y lo sabía. Y los Slytherin eran sólo una parte del problema.
El mundo mágico en su conjunto era relativamente tolerante respecto de la homosexualidad, en la mayor parte de los círculos no se lo consideraba algo de gran importancia, la mayoría prefería no enterarse de esas cosas. Pero para las familias sangrepura el asunto era completamente diferente. Los antiguos clanes que valoraban la pureza de sangre, justamente por eso, tenían en la más alta estima la generación de descendencia. La falta de voluntad para producir prole se consideraba algo despreciable puesto que ponía en peligro la continuidad del linaje.
Un mago o bruja homosexual pasaba a revistar en una categoría incluso más baja que la de los traidores a la sangre. En algunos casos se los obligaba a casarse, en otros se los repudiaba y pasaban a ser marginados. La tolerancia de la homosexualidad era prácticamente nula en casi todas las familias sangrepura. La comedia que habían montado Pansy y Draco sólo serviría para posponer lo inevitable. A Draco las mujeres no le provocaban repulsión —el caso de Blaise era distinto— pero del punto de vista sexual no lo atraían.
Draco sabía que de alguna forma u otra se las iba a ingeniar para generar un heredero cuando llegara el momento, eso no le quitaba el sueño. Pero la idea de que su familia se enterara de que era homosexual no lo seducía precisamente. Su padre llegaría incluso a sopesar la posibilidad de repudiarlo, su madre viviría reprochándole la vergüenza en la que la había hundido. Draco era hijo único… su caso era realmente serio. Blaise, en cambio, tenía dos hermanos mayores, casados, y dos sobrinos varones. Pero incluso en su caso, no la iba a pasar bien cuando su familia se enterara. Y las familias, a la corta o a la larga, siempre terminaban enterándose.
Ya era la hora y todos estaban presentes. Miró a Liam y alzó una ceja interrogativa, el prefecto mayor lo autorizó con un breve asentimiento. Draco carraspeó y todos hicieron silencio.
—No les voy a dar un sermón ordenándoles lo que cada uno debe pensar. Pero sí voy a refrescarles algunos principios básicos que tienen que ver con la condición de ser Slytherin… porque me da la impresión de que hay algunos que parecen haberlos olvidado.
La introducción había captado la atención de todos.
—Cada quien es dueño de pensar lo que quiera en privado. —dijo desviando la mirada hacia Roth— Pero en ningún caso es admisible ofender el honor de Slytherin, los Slytherin nos mostramos siempre unidos, cualesquiera sean las circunstancias.
Notó con satisfacción por las expresiones de los rostros que la reacción mayoritaria era positiva.
—No se trata de una cuestión de pureza de sangre, son varios los mediasangre que fueron asignados en nuestra Casa; no tenemos ningún nacido de muggles en este momento en nuestra Casa pero si alguna vez a ese estúpido sombrero se le ocurriera asignar a alguno en Slytherin, tampoco importaría… Los Slytherin somos una familia, pero una familia que no tiene que ver con la sangre.
Hizo una pausa para recorrer con los ojos a la audiencia. El resultado lo dejó conforme.
—Es posible que algunos de ustedes se hayan dejado llevar con toda esa cháchara de Dumbledore sobre "la unidad de Casas"… no estoy diciendo que esté mal… Pero sepan esto, Slytherin inventó la unidad… Slytherin personifica la unidad… la unidad empieza en Slytherin y la unidad termina en Slytherin. Tradición y unidad son intrínsecos a Slytherin, quienquiera oponerse a eso no merece estar en nuestra Casa. Y cuando todos los demás se nos oponen es cuando mejor actuamos.
Hizo otra pausa para aclarase la garganta.
—Las fotos de esta mañana fueron un ataque contra uno de los nuestros. Un ataque contra uno es un ataque contra todos y juntos, todos como uno, contraatacaremos. Vamos a descubrir quién ha sido el responsable de esta infamia. Las otras Casas se han ofrecido para ayudar, pero debemos ser nosotros los que lo descubramos. El otro implicado, —hizo una mueca de desdén— es un Hufflepuff, y sabemos muy bien que son unos inútiles. Cuanto mucho podrán planear una fiesta para después de que el culpable haya caído.
Se oyeron unas cuantas risas.
—Entonces, ¿por dónde empezamos? —intervino Liam. Todas las cabezas se volvieron hacia él.
Draco apretó los labios. —Yo creo que el que dejó las fotos es el mismo que soltó la segunda snitch en el partido de hace unas semanas.
—¿Cómo podés estar seguro? —preguntó Queenie.
—No estoy seguro… creo que es altamente probable.
Una chica de tercero levantó la mano y Draco la autorizó con un breve asentimiento. —Debe de ser alguien de Ravenclaw, se supone que son inteligentes… y Ravenclaw no sufrió perjuicio en ninguno de los dos casos.
—Es posible, pero no necesariamente cierto. —dijo Sheridan Roper que se había ubicado en uno de los rincones más alejados— Yo, por mi parte, considero que en las dos oportunidades el causante fue un Gryffindor… hace falta mucha temeridad para hacer algo así… audacia y temeridad son las cualidades de Gryffindor.
—Disiento. —dijo el prefecto de quinto, Brian Owen— Yo no descartaría a un Hufflepuff… y no, no pongan esas caras de incredulidad. No creo que se pueda reducir a todas las personas de una Casa a un par de cualidades… La snitch no los perjudicó y en cuanto a Smith… le están brindando su apoyo, no lo marginaron.
—¿Y por qué no un Slytherin? —preguntó como quien deja caer una bomba Quinn Franco, un chico corpulento de quinto. El comentario suscitó muchos susurros. Esperó a que se acallaran y prosiguió: —Piénsenlo, lo de la snitch fue hace casi un mes y el culpable no ha sido identificado… al parecer se ha salido con la suya… con solapada astucia…
—¡Pero eso no tiene ningún sentido! —objetó Pansy— ¡Los Slytherin no traicionan a los suyos!
Una vez más habló Liam. —Hasta ahora no he oído sino hipótesis poco fundadas, deberíamos encarar el asunto con más racionalidad.
—Estoy de acuerdo. —lo secundó Draco, se inclinó y sacó una de las fotos de la mochila. Zigzagueó por encima la varita al tiempo que murmuraba: —Ostende scriptorem.
Una nube rosada brotó de la foto y fue aglutinándose pero sólo llegó a mostrar una imagen poco definida. Draco suspiró frustrado, realmente iba a tener que practicar mucho más el encantamiento porque seguía sin salirle bien.
Laurel Iven se adelantó, tomó la foto y realizó otro intento: —Ostende scriptorem. —repitió en voz alta. La imagen que obtuvo fue mucho más definida pero la persona tenía la cabeza oculta en un pasamontañas. Se oyeron muchas exclamaciones contenidas.
—¿Qué encantamiento es ése? —quiso saber un chico de cuarto.
—Lo aprenderán más adelante. —contestó Laurel sonriéndole— Detecta trazas de la magia del que escribió algo y muestra una imagen de la persona en el momento en que lo estaba escribiendo.
—Y todo parece indicar que en este caso se trata de alguien de sexto o de séptimo… —dijo Draco y agregó— Se enseña en sexto. Y si se cubrió la cabeza seguramente conocía el encantamiento.
—Eso limita bastante el círculo de sospechosos, ¿no es así? —dijo Roper acomodándose los anteojos sobre el puente de la nariz.
Las especulaciones se multiplicaron y se empezaron a barajar propuestas sobre cómo encarar la investigación, que pasó a ser el foco principal en el que todos se concentraron. La asamblea duró media hora más hasta que se declaró concluida.
Liam se acercó a Draco y le palmeó un hombro. —El año que viene vas a ser un excelente prefecto mayor.
Draco reconoció el elogio con un corto gesto.
Poco a poco todos fueron retirándose. Finalmente sólo Blaise, Pansy, Tracey y Draco quedaron en la sala común.
Tracey fue la primera que habló. —Blaise, tendrías que habérmelo dicho… yo no hubiese… bueno, vos sabés…
Blaise alzó una ceja. —No se trata de algo simple… no es un tema que uno aborde despreocupadamente durante una de las comidas.
Tracey se ruborizó. —Perdón. —murmuró incómoda, se puso de pie y escapó hacia los dormitorios. Pansy revoleo los ojos, se levantó también y fue tras ella.
Se quedaron solos en silencio… no era necesario decir nada. Blaise apreciaba todo el apoyo de Draco y Draco lo sabía. Para algo positivo al menos había servido el incidente: la amistad entre ellos se había fortificado.
Luego de un rato Draco se puso de pie. —Será mejor que nos vayamos a dormir, mañana es día de clases. Vamos… —dijo tendiéndole una mano.
El dormitorio estaba en penumbras, Vince y Greg ya roncaban. Draco se desvistió, se puso el piyama y fue al armario para colgar la ropa. Cuando se dio vuelta sufrió un sobresalto, Blaise estaba delante de él, muy cerca, tenía puesto el pantalón del piyama pero el pecho descubierto. Y un instante después abrazó a Draco y lo besó con vehemencia.
Draco ya casi se había olvidado de lo confortable que era estar en los brazos de Blaise, de lo bien que se conocían sus cuerpos y de lo bien que se complementaban. Sintió una intensa calidez que lo invadía y lo recorría y que poco a poco iba concentrándosele en el bajo vientre. Respondió al beso con ansias y con caricias. Gimoteó de placer cuando las manos de Blaise le sobaban el trasero y las caderas de ambos se sacudían y frotaban una contra la otra.
Minutos después estaban desnudos en la cama de Draco con las cortinas cerradas a su alrededor reeditando los encuentros ardientes que habían compartido en otra época… que parecía tan lejana. Blaise lo necesitaba y era lo mejor que Draco podía darle. Echó la cabeza hacia atrás y gimió complacido cuando la lengua de Blaise le recorrió el cuello, la mandíbula, el lóbulo de la oreja… También era lo mejor que Blaise podía ofrecerle.
Los juegos continuaron apasionados durante un largo rato. Cuando Blaise le tomó la verga con la boca, Draco ahogó un grito mordiéndose el antebrazo y apretó los párpados. Pero incluso con los ojos cerrados lo asaltó la imagen muy próxima de dos esferas violentamente verdes y de un brillo cegador… de iris que mostraban como un diseño de hojas alrededor de las pupilas, con algunos puntos dorados aquí y allá.
Cuando Blaise lo penetró, Draco se contorsionó violentamente pero no hubiese sabido decir si las sacudidas eran de dolor o de gozo… y nuevas imágenes y sensaciones inundaron su cuerpo y su mente de éxtasis… no eran imágenes de Blaise sin embargo… eran las de un Gryffindor de cabellos negros eternamente despeinados, de gloriosos ojos verdes rodeados de ojeras, con el corazón palpitándole desbocado en el pecho.
Diario de Draco Malfoy, 4 de diciembre.
Me he vuelto irremediablemente loco. Esto tiene que tratarse de una pesadilla. Es inconcebible que esté pensando en el maldito Potter… ¡de esa forma! Creo que me voy a poner a llorar.
oOo
