ESTE FANFIC NO ES MÍO. ES UNA TRADUCCIÓN.

La historia original en inglés es obra de MurkyMuse y se llama "Eyes of a Dragon". Lo tiene publicado en la página "Archive of Our Own". Cuento con su permiso para hacer esta traducción y publicarla en esta página. El link a la página del fanfic original está en mi perfil, porque no me dejaban escribirlo aquí.

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Capítulo 11: Refugio.

"¡Lady Seiryuu! Hay un mensajero del Clan Yoo que solicita hablar con usted inmediatamente."

La sangre de Abi se convirtió en hielo. Se sentía como si el suelo acabara de desaparecer debajo de sus pies. No había muchas razones que pudiera imaginar por las que el Clan quisiera contactar con ella; y, de entre esas razones, no podía pensar en ninguna buena. Abi respiró profundamente para ordenar sus pensamientos antes de responder.

"Está bien. Llévame con el mensajero."

El criado asintió y emprendió el camino. Abi le siguió mientras pasaban del patio del castillo a dentro del propio castillo. El pasillo parecía extenderse más y más, los giros eran como los de un laberinto a pesar de que estaba familiarizada. Finalmente entraron en una pequeña habitación que era utilizada habitualmente para reuniones informales. Un hombre joven con el traje burdeos de un guardia de Yoo estaba esperando de pie torpemente en el centro de la habitación. En el momento en el que ella entró él se giró y se inclinó. Sus suaves rasgos y sus ojos de color avellana la parecían vagamente familiares; Abi se dio cuenta de que él debía ser uno de los guardias que trabajaba en la finca de la familia principal.

"Lady Abi." Su tono de voz era grave pero formal mientras se enderezaba de la reverencia. "Lamento informaros de que el antiguo líder del Clan, Yoo Min-chul, falleció hace dos semanas."

Con esas palabras fue como si una barrera hubiera desaparecido repentinamente del mundo. O tal vez era el mundo el que se desplazaba mientras ella permanecía igual. Abi atrapó sus pensamientos como si tratara capturar la niebla entre los dedos. Esta noticia no era inesperada. Realmente no lo era. Su padre había tenido mala salud durante años. Incluso su última conversación había tratado sobre su inminente muerte. Aún así, aún así…

"Ya veo… Padre ha fallecido."

El hombre rebuscó en su bolsillo antes de sacar una carta y ofrecérsela. "El nuevo líder del Clan, Yoo Seung, me ordenó que os entregara esto personalmente."

"… Gracias." Le dijo Abi a la vez que cogía la carta, agarrándola fuertemente. "Yo… he tenido un largo viaje así que si me disculpas."

Entonces se giró para marcharse, deseando nada más que privacidad para poder hacerse a la idea de un mundo en el que ya no existía su padre.

"¡Espere!" Su grito repentino hizo que Abi mirara hacia atrás. El mensajero hizo una reverencia, con la frente apoyada en el suelo embaldosado. "Solicitar esto puede ser inadecuado pero no deseo servir a Yoo Seung. Desde aquella noche… ¡La única persona a la que deseo servir es usted, Lady Abi!"

"¿Esa noche?" Sus ojos de dragón se entrecerraron mientras miraba cuidadosamente al guardia. Sus suaves rasgos faciales y sus ojos color avellana de pronto encajaron. Abi no recordaba su nombre, pero ya sabía quién era exactamente. "… ¿Eres ese guardia? El que fue testigo de…"

"Sí." La confirmó, consiguiendo de alguna manera bajar su cabeza aún más.

"Ya veo. ¿Cuál es tu nombre, guardia?"

"Young-Soo."

"Muy bien. Te encontraré un lugar aquí." Le respondió mientras el agotamiento hacía que las comisuras de sus labios bajaran. "Más tarde."

"Por supuesto." Levantó la vista brevemente antes de volver a inclinar la cabeza. "Gracias."

Todo lo que Abi pudo hacer fue huir de la habitación. En su carrera, se chocó contra Hakuryuu en el pasillo. Las manos de él agarraron levemente sus hombros para estabilizarla. Ella parpadeó, aturdida, solo para darse cuenta de que todos ellos la habían seguido. La molestia se extendió en su pecho pero luego se extinguió rápidamente. Sus cuatro expresiones iban desde la preocupación a la simpatía. Los brazos del Rey Hiryuu estaban medio extendidos como si quisiera abrazarla pero se hubiera contenido.

"Disculpadme…"

Abi se abrió paso entre ellos y corrió por los pasillos del castillo hasta que llego a su habitación. Atravesó la puerta a trompicones y se sentó en el suelo a la vez que la puerta se cerraba tras ella. Los piidos de bienvenida de Bora se transformaron en otros de confusión y ansiedad cuando Abi siguió allí sentada, agarrándose a sus rodillas. Las lágrimas brotaron de sus ojos antes de desbordarse y rodar por sus mejillas pintadas de rojo. Sollozos, amortiguados por su posición encorvada, reverberaron levemente contra las paredes.

Afuera el sol avanzó lentamente hacia el oeste. El tiempo siguió pasando. El cielo se volvió naranja brillante y luego paso a un morado oscuro, las estrellas resplandecieron aún más brillantes contra el tono oscuro. La luna se elevó lentamente en el horizonte; y, los rayos de la luna se filtraron pronto por la ventana de su habitación a oscuras.

Finalmente Abi se obligó a ponerse de pie y dejar salir a Bora. El pájaro azul saltó inmediatamente sobre su hombro y comenzó a acicalarla en pelo. Con movimientos lánguidos y hoscos, Abi retomó su rutina habitual cuando volvía de una guerra. Un largo baño en la bañera alejó el dolor muscular y ocultó la hinchazón alrededor de sus ojos. Cuando regresó a su habitación, limpia y con su ropa de noche, una bandeja de comida estaba esperándola: sopa de arroz picante, verduras al vapor, e incluso su postre favorito pasteles de miel de la corte. Cualquier otro día la habría resultado apetitoso. Abi se puso a comer de mala gana pero pronto encontró la comida insípida. Se terminó mecánicamente la mitad de la sopa de arroz, meramente por el hecho de que sabía que debía comer aunque no quisiera. A continuación utilizó pequeños trozos de todo lo demás para alimentar a Bora. Una vez que el pájaro ya no quiso más, dejó de lado la comida sin terminar.

Abi miró a su alrededor, atisbando la carta caída junto a la puerta. Con un suspiro cansado, la cogió y la abrió quizás con más fuerza de la necesaria. Dudaba que su primo segundo la hubiera enviado una carta de condolencia. Mientras sus ojos dorados se deslizaban a toda velocidad a través de su nítida escritura, cerró la mandíbula y apretó fuertemente los dientes. Abi agarró con fuerza el papel mientras luchaba contra el impulso de romperlo por la mitad. Cuando llegó al final, arrojó la carta sobre su escritorio con un resoplido enojado.

"No puedo lidiar con esto ahora."

El agotamiento – físico, mental y emocional – finalmente alcanzaron a Abi a la vez que se desplomaba sobre su cama y se metía debajo de las sábanas de seda. Cerró los ojos y deseo un sueño sin sueños.

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"¡¿Qué ha sido eso?!"

Abi se detuvo a medio paso y se giró para encontrarse con la mirada oscura de Seung mientras él caminaba pisando fuerte hacia ella. Ella le dirigió una leve sonrisa en respuesta. "Estaba expresando la voluntad de mi padre como su representante oficial. Si no está de acuerdo con su decisión, entonces puedo transmitirle vuestras preocupaciones o usted podría encontrarse con él en persona."

La manó de él se extendió hacia delante y agarró el brazo de ella. "¿Crees que no soy consciente del juego al que estás jugando? Se está volviendo fatigante. ¿Por qué no puedes simplemente hacerte cargo de Lord Min-chul y dejarme dirigir al Clan a mi?"

"Déjame ir."

"Ahora crees que puedes darme órdenes." Espetó, apretando su agarre.

"Mientras yo sea la hija y representante del líder del Clan, entonces sí." Ella le fulminó con la mirada, sus ojos que aún no eran dorados estaban llenos de determinación e ira. "Puedo y te ordeno que me dejes ir."

De mala gana, Seung aflojó el agarre y dejó que su mano callera a su costado. Abi trató que el dolor persistente no se reflejara en su rostro.

"Una advertencia, mi querida prima. Cuando sea el líder del Clan, no voy a tolerar esta descarada actitud tuya."

Mientras las últimas palabras del recuerdo de su sueño hacían eco en su cabeza, sus ojos dorados se abrieron. A pesar de su gran alcance, su visión estaba empañada por la bruma de la somnolencia. Abi gimió y se movió bajo las suaves mantas, tratando de enterrase profundamente en su calor. El frio de la noche del otoño entrante se había filtrado en el castillo.

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Abi pasó su peso de un pie a otro mientras los rayos del sol entraban por las ventanas cercanas. Había estado fuera de la sala del trono desde media mañana. Por su puesto, podía entrar en cualquier momento. Sin embargo, sus hombros estaban tensos y la renuencia estaba gravada en todos sus músculos. La carta que tenía en el bolsillo se sentía como un peso pesado tirando de ella hacia abajo haciéndola más difícil moverse. Eventualmente el Rey Hiryuu terminó sus deberes de la mañana y pasó a través de la entrada. Él se detuvo cuando la vio medio oculta por una columna, la preocupación llenó sus ojos amatista rápidamente.

"¿Abi?"

La dragona salió de entre las sombras. Sus ojos dorados se clavaron en los asesores y lores que salieron al pasillo desde la sala del trono.

"Hay algo que necesito hablar con usted." El tono de ella implicaba que era necesario un cierto grado de secretismo.

El Rey Hiryuu asintió con una ligera sonrisa. "Por supuesto."

Ellos comenzaron a caminar lejos de los potenciales intrusos, en dirección a la oficina privada del Rey. El olor de pergaminos, tinta y té pululaba en el aire mientras ellos entraban en la habitación. El Rey cerró la puerta detrás de él y se giró hacia ella con una expresión seria, sus largos mechones de color escarlata llamearon levemente con el movimiento. Abi sacó la carta y se la entregó antes de comenzar su explicación.

"Yoo Seung me ha declarado una fugitiva." Abi hizo una mueca. "De acuerdo a las leyes tradicionales, lo soy."

"Esas leyes no tienen ningún significado aquí." La respondió él al instante.

Abi hizo una mueca de desagrado. "Esa es la actitud que provocó que los nobles os traicionaran y casi consiguieran mataros."

"Así que me lo recuerdas…"

Hiryuu abrió el papel arrugado, su expresión cambió mientras leía las palabras. Recordando el mensaje, los hombros de Abi se tensaron:

"Al comienzo de la primavera de este año, Lady Abi del estimado Clan Yoo desapareció de los terrenos de la finca Yoo en extrañas circunstancias. Han llegado rumores a nuestros oídos de que Lady Abi esta actualmente viviendo en el castillo real del Reino de Kouka. Yo, Seung, el actual líder del clan, reclamo el regreso de Lady Abi con su familia inmediatamente. En el caso de que Lady Abi no sea devuelta o se alíe al reino de Kouka por su propia voluntad, nosotros el Clan Yoo exigimos nuestro derecho legítimo sobre ella según nuestras leyes.

Líder del Clan Yoo, Yoo Seung."

Cuando llegó al final los ojos del Rey Hiryuu ardieron. Su mirada mantenía el calor de su furia corriendo a través de su alma. A pesar de que su cólera era en su nombre, Abi casi dio un paso hacia atrás inconscientemente. El fuego similar a la luz del sol era casi demasiado incluso para la poseedora de los ojos de dragón. Momentos como estos eran un recordatorio de que su Rey realmente era un antiguo dios dragón.

Abi se dio cuenta con repentina precisión de que, por el bien de sus Guerreros Dragones, el Rey Hiryuu haría casi cualquier cosa. Esa fue una revelación tanto reconfortante como preocupante.

"Este hombre." Habló finalmente Hiryuu. "¿Qué opinas de él?"

"Nunca nos hemos visto cara a cara. Él siempre ha sido…" Abi hizo una pausa, buscando la palabra correcta. "… desdeñoso conmigo. Yo me molestaba con él por ello, y él estaba resentido conmigo por entrometerme en asuntos que él consideraba que no tenían nada que ver conmigo."

"Cuando nos encontramos por primera vez, parecías… un pájaro que había sido enjaulado." Declaró su Rey a la vez que el fuego de su mirada se enfriaba para mostrar simpatía y preocupación. "Así que esta es la razón."

"Solo me estáis comparando con un pájaro por Bora. Sea más creativo, mi Rey." Le respondió Abi mientras trataba de ignorar el rubor que calentaba sus mejillas. Su padre la había dado responsabilidades que normalmente se concedían a un hijo y la había dado vía libre para elegir un marido. Eso no era enjaular. Mientras su padre estuvo vivo, ella pudo hacer lo que quisiera.

De repente las lágrimas picaron en sus ojos. Su padre ya no estaba vivo.

"Abi."

El Rey Hiryuu la envolvió en un abrazo, Abi dejó que lo hiciera esta vez. Sus brazos eran cálidos y reconfortantes. Durante solo unos pocos minutos, Abi quiso ocultarse en ese confort. Eventualmente ella se echo hacia atrás y se secó el agua de los ojos con la larga manga de su camisa, no se preocupó por humedecer la tela.

"Ahora estoy bien."

"Extrañas a tu padre." Murmuró el Rey Hiryuu.

"… No le he visto o oído nada sobre él desde la noche que acepté la sangre del dragón. Así que me parece extraño echarle de menos ahora." Abi asintió y continuó limpiándose la cara.

"No creo que lo sea."

Una vez que sus lágrimas se hubieron secado, ella respiró hondo y volvió a hablar en su tono de negocios. "El Clan Yoo nunca creyó en vuestra legitimidad. Yoo Seung no está de acuerdo con vuestros objetivos y preferiría que fuerais derrocado. Sin embargo, el Clan Yoo simplemente no tiene suficientes recursos o influencias como para poder hacer nada directamente. Incluso si él también lo desea, es imposible para el Clan Yoo entrar en guerra con Kouka. Aún así claramente está tratando de provocar agitación política utilizando mi desaparición."

Era frustrante, irritante y humillante ser utilizada contra el Rey de esta forma. Solo pensar en el mensaje hacía que su sangre de dragón hirviera. Abi apretó los puños, sus uñas dejaron marcas blancas en sus palmas, y temblaba de rabia.

"No te preocupes. Me encargaré de esto." El Rey Hiryuu extendió una mano tranquilizadora y la apretó el hombro, dirigiéndola una sonrisa deslumbrante como si esto fuera así de simple. "No voy a dejar que él te haga daño."

"¡No estoy preocupada por eso!" Ella apartó su mano, con su rostro colorado de forma tan brillante que casi ocultaba las marcas rojas de sus mejillas. "Y no es como si usted pudiera proteger a nadie, usted es inútil sin nosotros los Guerreros Dragones."

El Rey Hiryuu hizo un puchero. "Siempre eres tan mala, Abi."

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Los rayos del sol entraban por la ventana abierta y calentaban a Abi mientras ella se apoyaba contra el marco. Ella hojeó un informe de inteligencia, mientras Bora acicalaba mechones de sus cabellos. La información de alianzas entre clanes era aburrida y la bajaba el ánimo, pero era necesario que continuara con ello. Por el rabillo del ojo pudo ver a Young-Soo, que ahora llevaba un uniforme de su Tribu, acercándose a su oficina con otra pequeña pila de papales en los brazos. Él llamó a la puerta antes de entrar.

"Lady Ab-" Sus ojos avellana se ampliaron a la vez que corregía su error. "Lady Seiryuu, os he traído los informes que solicitasteis."

"Ponlos al lado de los demás." Le respondió, señalando hacia su escritorio.

Young-Soo puso los nuevos informes sobre el escritorio, al lado de la otra pila. Luego se quedó allí de pie durante un momento, mirando el perfil de ella y moviéndose nerviosamente.

"¿Qué pasa?" Le preguntó Abi sin molestarse en alzar la mirada.

"En realidad no es nada." La respondió con su cara palideciendo como si acabara de darse cuenta de que la había estado mirando. "Um, simplemente Lord Hakuryuu es un poco intimidante."

Abi dejó escapar una pequeña risa. Realmente Hakuryuu se estaba tomando su papel de autoproclamado hermano mayor demasiado en serio.

"No dejes que su disciplina militar te engañe." Abi no pudo evitar que una leve sonrisa se formara en la comisura de sus labios. "Hakuryuu es un blando."

"Eso… no es lo que quería decir." Young-Soo suspiró, cambiando de postura y pareciendo un poco incómodo. "Yo- Me voy ya."

Mientras él salía de su habitación, Abi sacudió la cabeza. Si Hakuryuu continuaba asustando a su nuevo y estúpido asistente, ella tendría que hablar con él. Sin embargo, por ahora, esto era más divertido que irritante. Devolvió su atención a los documentos. La luz del sol se desplazó mientras Abi movía un documento detrás de otro de una pila a otra. Eventualmente Bora se aburrió, bajando volando desde su hombro para golpear una de las pilas. Luego el pájaro azul saltó sobre el alfeizar de la ventana y pió. Era una clara indicación de que el ave quería salir a la calle.

"Supongo que puedo tomarme un descanso." Declaró Abi a la vez que se levantaba.

Ella reorganizó los informes, con Bora volando impacientemente a su alrededor, y luego se dirigió hacia el jardín del castillo. Los cálidos rayos del sol y una suave brisa con un toque del frío inminente rozaron su piel. Abi respiró profundamente, disfrutando del aroma de las últimas flores del verano que flotaba en el aire. Rascó la cabeza de Bora en un agradecimiento sin palabras por haberla convencido para tomar un descanso.

Un gemido de frustración seguido de una risita divertida que hicieron eco a través del jardín llegó pronto a sus oídos. Abi se dirigió hacia el sonido, caminando a través de las filas de hibiscos que estaban cuajados de flores de color rosa y morado. Ocultos detrás de una fila de arbustos estaban el Rey y Ouryuu. Aparentemente Ouryuu estaba tratando y fallando en atraer a un pequeño pájaro cantor hacia él utilizando pan rallado. El ave estaba cansada de su atención y, aunque estaba tentada por el obsequio, no se acercaría lo suficiente.

"¿Cómo lo hace Seiryuu?" Ouryuu suspiró.

"Con paciencia."

La cabeza de él se giró hacia ella, su melena rubia ondeó. El movimiento repentino sobresaltó al ave; que voló con un efusivo agitar de alas. Ouryuu la miró con un puchero ofendido formándose en sus labios.

"Puedo ser paciente." Murmuró.

Por una fracción de segundo, la expresión de Hiryuu se contrajo por la culpa y la desesperación. Sin embargo, se desvaneció transformándose de nuevo en una sonrisa de satisfacción con tanta rapidez que Abi se quedó con la pregunta de si se lo habría imaginado. Ella dejó esos pensamientos a un lado a la vez que se sentaba en la hierba al lado de ellos.

"Trae. Te lo mostraré."

Ella cogió el pan de él y comenzó a demostrarle cómo ganarse la confianza de un pájaro. No la tomó mucho tiempo ya que la mayoría de los pájaros que anidaban en los terrenos del castillo ya estaban acostumbrados a ella. Justo cuando había engatusado a uno de los pájaros cantores para que comiera el pan rallado de su mano, la voz de Ryokuryuu rechinó por el aire y espantó al pájaro cantor.

"¡¿Por qué tengo que buscarle yo también?! ¡Tengo mejores cosas que hacer con mi tiempo, Hakuryuu!"

Hakuryuu y Ryokuryuu, con su brazo todavía en un cabestrillo, doblaron la esquina. Una sonrisa triunfante apareció en la cara de Hakuryuu. "¡Rey Hiryuu, aquí estáis! Los ancianos os están buscando."

El Rey hizo un puchero, pareciendo un niño que había sido descubierto perdiendo el tiempo en vez de haciendo sus tareas. Al mismo tiempo, Ouryuu dejó escapar una risa culpable.

Abi dirigió sus ojos entrecerrados hacia ellos. "¿Vosotros dos os estabais escondiendo?"

"Ellos siguen insistiendo en que debo casarme." La respondió Hiryuu de forma sincera e inocente. "No entiendo por qué eso es tan importante."

Un silencio incómodo se formó mientras los cuatro dragones se miraban entre ellos concordando silenciosamente en que a veces tener a un antiguo dios dragón como Rey era problemático.

Después de unos segundos, Abi rompió el silencio con un tono afilado. "Tal vez si escucharais la explicación de los ancianos, lo entenderíais."

"¿Por qué no se lo preguntas a tu adorada Yo-" La sugerencia de Ryokuryuu fue interrumpida por un codazo de Hakuryuu en su costado. "¡Uf! ¡Maldita sea, Hakuryuu! ¡¿Estás tratando de empezar algo?!"

"No voy a pelear contigo mientras todavía te estás recuperando, Ryokuryuu."

"¡No necesito mi brazo para patearte el culo!"

"No peleéis en el jardín. Recordad lo que ocurrió la última vez." Ouryuu suspiró y se pellizcó la frente.

Hiryuu se rió de los dragones mientras se levantaba, sacudiéndose la hierba de su túnica. Ouryuu también saltó para ponerse de pie y luego extendió su mano hacia ella como una oferta para ayudarla a levantarse. Abi de repente le recordó a él en esa misma postura, ofreciéndole su mano justo de esa forma, la noche que ellos cuatro bebieron la sangre de los dragones y llegaron para encontrarse con el Rey Hiryuu.

Ouryuu parpadeó de repente. "¿Eh?"

"¿Abi?"

"Seiryuu, ¿estás bien?"

"¿Por qué demonios estás llorando?"

La mano de ella se movió para tocar su propia mejilla, una corriente de humedad se arrastraba bajo sus dedos. Sus pestañas revolotearon sobre sus ojos dorados con sorpresa y confusión. Qué extraño… Ella no se sentía triste o molesta. En vez de eso, una sensación de satisfacción y pertenencia se asomaba por su pecho. Quizás las constantes declaraciones y divagaciones de Hakuryuu de que la sangre de dragón les unía como si fueran hermanos la habían alcanzado. No había pasado tanto tiempo desde que les había conocido, pero en algún punto a lo largo del camino Abi había empezado a pensar en estos cuatro idiotas como su familia.

"Estoy bien. De verdad."

Ella dejó caer su mano en su regazo y sonrió a sus expresiones confusas y desconcertadas. Su sonrisa era débil y etérea y aún así tan hermosa como la luna adornando el cielo diurno.