Nate River

Mis ojos se abrieron lentamente, encontrando el rostro de Mello frente al mío. Su pecho se elevaba apaciblemente al tiempo que suaves suspiros abandonaban sus labios. ¿Se trataría de un sueño? Recordar todo lo sucedido horas atrás me provocó una desagradable sensación de vacío. Algo me decía que aquel increíble momento no volvería a repetirse. Muy lentamente me incorporé sobre la cama cayendo en la cuenta de que al fin y al cabo aún continuaba sin las prendas que Mello iba a prestarme en un principio. ¿Tomaría algo por mi cuenta? No encontré otra alternativa. Lo primero que hallaron mis ojos al abrir el armario fue una camisa negra y unos holgados pantalones de algodón. Cacé el conjunto y me dirigí al baño.

Al posicionarme frente al espejo le presté mayor atención a las marcas desparramadas a lo largo y ancho de mi cuerpo. Las había todos los tamaños e intensidades. La de mi hombro derecho era especialmente profunda y no descarté la idea de que más tarde se hinchara aún más. Pensé en la cara de mis "padres" al verme regresar a casa de manera semejante, luego de alguna salida nocturna. Doroty moriría terriblemente al saber que su "juguetito sexual" había sido utilizado por alguien más.

—Near… ¿Estás ahí?

La voz del otro lado consiguió que la sonrisa se borrara de inmediato. Sequé mi rostro con una toalla mientras giraba el pomo de la puerta. Mello permanecía apoyado de brazos cruzados contra una de las paredes. Su torso se encontraba desnudo y llevaba consigo un cepillo de dientes.

—¿Piensas estar ahí todo el día?

Su cuerpo se antepuso al mío, haciéndome a un lado con un pequeño empujón. Ni siquiera sé por qué me senté sobre la tapa del retrete en lugar de desaparecer de allí.

—Veo que tomaste algunas prendas —dijo, poniendo algo de dentífrico sobre su cepillo— Lavaremos las tuyas.

¿"Lavaremos las tuyas"? Eso sonaba a algo así como "te quedarás conmigo más tiempo del que piensas". Dejando de lado las suposiciones, me digné a preguntárselo directamente.

—Qué se supone que haga aquí, contigo… quiero decir, no puedo simplemente mudarme a tu departamento y ya, sin mencionar que Jeevas regresará en cualquier momento y me sacará de una patada.

—Nadie dijo que fueras a permanecer aquí por mucho tiempo. De hecho, yo tampoco pienso hacerlo.

La frase concluyó para darle lugar al cepillado de sus dientes. Durante dicho lapso mi cerebro procesó aquellas palabras. Qué era lo que Mello pensaba hacer realmente…

—Hey, no te gastes demasiado dándole vueltas al asunto —acotó al observar mi evidente cara de preocupación— no pienso dejarte tirado en algún contenedor o algo por el estilo.

—No quiero ser una molestia, y es así como me siento en este momento.

—Mal por ti. ¿Tomás café o es algo demasiado vulgar para alguien como tú?

—¿Qué?

—Vivías en la mansión de los River por lo que no es muy difícil determinar la clase de infusiones que bebías o, mejor dicho, preparaban tus cientos de sirvientas.

—¡¿Qué mierda es lo que…?!

La carcajada que fluyó a través de sus labios escapó ligera y despreocupada, lo que me llevó a pensar que algo en su interior se había descongestionado, como si se tratara de un enorme globo lleno de presión y ansiedad exagerada que al ser pinchado deja escapar todo el aire o, como en ese caso, los problemas.

—¿Qué pasa contigo? No puedo dejar de hablar durante dos segundos que te pierdes en tus pensamientos.

Simplemente me limité a observarlo.

—¿Qué quieres desayunar, entonces?

—Un café bastará. Y no tenía cientos de sirvientas. Apenas superaban la decena.

(…)

Mail Jeevas

Mis manos viajaban a una velocidad increíble mientras servían todo tipo de alimentos sobre los impecables platos de porcelana labrada, obsequio de la madre de Ryuuzaki. Los ojos del muchacho observaban la vajilla con un dejo de melancolía bastante palpable, lo que me hizo dudar acerca de haberlos tomado.

—Quiero que lo termines todo —dije, depositando la comida sobre la mesa—. No cociné todo esto para que vaya a parar a la basura.

—No tengo hambre aunque debo admitir que ese filete de allí se ve bastante jugoso…

—Adelante, entonces…

No le presté atención a mi almuerzo ni bien me hube asegurado de que Ryuuzaki comenzaba a alimentarse. Sus grandes ojos permanecían clavados en la pared mientras masticaba un pedazo de pan. Hice un enorme esfuerzo por no interrumpirlo, llenándome la boca constantemente de modo que el acto de hablar se volviera dificultoso. A pesar de eso la curiosidad salió victoriosa una vez más.

—Ryuuzaki…

—Dime…

—No conoces a Nate River…

—Te dije que no…

—Pero la manera en que reaccionaste cuando hablaron en el hospital me hace pensar que…

El muchacho cruzó los cubiertos instantáneamente, limpiando su boca mientras me perforaba con la mirada. Nuevamente había metido la pata.

—No conozco a ese sujeto, no sé por qué insistes tanto con él. No sé quién es ni qué relación tiene con Mello, eso deberías saberlo tú.

—¿Mello? ¿Quién está hablando de Mello?

—Me preguntas acerca del tal Nate River como si quisieras conocer todo acerca de él. Al parecer Mello se lleva bien con ese chico. Hubieras empezado hablando con él, no conmigo.

—Me parece que estás malinterpretándome, Lawliet. No me interesa qué relación tenga ese idiota con Mello —sin mencionar que no es muy difícil de determinar— sino que se trata de ti, de tus sentimientos…Ni de Mello ni de River… de ti.

Ni sus ojos volvieron a encontrarme ni tuve intenciones de ahondar en el tema. Me bastó con que Ryuuzaki continuara con su almuerzo, algo que no creí posible.

El tiempo siguió avanzando, tiñendo los espectaculares jardines con juegos de luces y sombras. El intenso aroma a jazmín se entremezclaba con las motas cítricas provenientes de los naranjos.

—¿Nunca pensaste en vender esta mansión?

—¿Nh? ¿Por qué lo haría?

—No sé. Es evidente que su tamaño es demasiado grande para una sola persona. Tal vez convendría adquirir algo más pequeño…

—No entiendo a qué te refieres. Compré este lugar por voluntad propia.

El vaso de cristal que sostenía mi mano derecha se salvó milagrosamente de hacerse añicos contra el suelo a causa de la sorpresa.

—¿Có-cómo dices? Creí que todo esto era de tus padres…

—No —contestó con una comprensiva sonrisa—, esta casa es mía. La compré gracias a mi trabajo.

—Woah… realmente te admiro, Ryuuzaki.

—¿Acaso tu no trabajas? Podrías hacer exactamente lo mismo.

Bueno, si…—respondí, apoyándome contra una de las vayas— pero no es lo mismo. Mi trabajo es bastante esporádico, sin mencionar que no gano tanto como tú.

—No creas que todo esto fue de un día para otro… me llevó varios años conseguir lo que tengo. Nada es gratis en esta vida, Matt… recuérdalo. Ganas por un lado pero pierdes por el otro. El universo debe equilibrarse de alguna manera…

La suave ráfaga de viento que se elevó por el jardín meció cada uno de sus negros cabellos. Absolutamente cautivado me acerqué a su cuerpo, empujándolo suavemente hasta conseguir que chocara contra una de las paredes. Sus ojos me observaban, suplicantes al tiempo que su voz se volvía un mero susurro.

—Qué es lo que buscas…

—A ti…te busco a ti…

—No puede ser eso únicamente… quieres dinero, ¿verdad? Me engañarás y abandonarás luego, ¡¿verdad?! ¡¿Verdad, Matt?!

A esa altura gruesas y perladas lágrimas inundaban sus ojos. Mi pecho dolió al contemplar dicha escena.

—Qué tienes, Ryuuzaki… quién te hizo tanto daño…

—Yo… yo no me… acostumbro a… la compañía de alguien… a tu compañía…

—Si quieres que me vaya, respetaré tu decisión.

—No es eso…es sólo que…desde que mis padres…bueno, nunca estuve al lado de nadie, y ahora llegas tú de repente luego de tantos años de haber perdido el contacto y…

—y qué, Ryuuzaki. ¿Y correspondo a tus sentimientos? ¿Y quiero cuidarte y hacerte bien? Qué, dime. No eres el único que sufre, ¡¿sabes?! Lamento desilusionarte pero aquí debajo también hay un corazón —concluí, señalando el centro de mi pecho—. Quizá tengas razón y lo mejor sea dejarte solo…

Apenas pude apartarme de su cuerpo un par de centímetros ya que su mano me tomó firmemente de la muñeca. Su mirada permanecía clavada en el brillante mosaico del suelo, pero aprecié enormemente el gesto. Era evidente que estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano por exteriorizar sus sentimientos, o al menos comenzaba a intentarlo. Sin ánimos de atosigarlo con más preguntas lo conduje al interior de la vivienda, pidiéndole que tomara asiento en la sala mientras iba por algo dulce capaz de levantarle un poco el ánimo. La situación comenzaba a desbordarme…

(…)

Mihael Keehl

—Y por eso tuviste que tomar mi ropa.

—Ya te dije que no tenía nada que ponerme. Era eso o andar desnudo por el departamento.

—Hubiera preferido la segunda opción.

La explosión de color que invadió las mejillas de Near consiguió que una intensa carcajada escapara de mi garganta. Sin embargo, él no parecía estar disfrutándolo tanto como yo.

—No hagas eso, por favor —replicó haciéndose un ovillo sobre su asiento—. No es nada gracioso.

—Solamente digo la verdad. Tu cuerpo es bastante…

—Basta ya.

—¿"Basta ya"? ¿A dónde quedó el Nate River que me torturó y castigó dentro de la mansión? Es un gran misterio para mí.

—Mello, por favor… No quiero hablar de ese tema.

—Me gustaría que alguna vez vuelvas a amordazarme, Near…

—Mello…

—Y que me tengas a tu merced…a tu absoluta merced…

—Dije que…

—Y que tomes mi miembro con fuer…

Incapaz de reaccionar de antemano, fui sorprendido por la afilada hoja de una cuchilla, aterrizando a escasos milímetros de mi yugular. Los ojos de Near habían adquirido el color de la noche, una vez más.

—Hey, hey, no te lo tomes tan en serio. Sólo estaba bromeando…

—No me gustan las bromas, Keehl. Creí que había bastado para que te dieras cuenta pero parece que aún no comprendes que ese tipo de jueguitos me ponen bastante loco. No deberías hacer mención de todo lo que implique armas blancas, sangre y desesperación entremezclada con placer o conseguirás algo a cambio…

—Muéstrame qué conseguiré, Nate River…

Un gemido atravesó el aire ni bien sentí la punta de la navaja viajando a lo largo de mi pecho. El delgado hilo de sangre presente entre mis pectorales encontró la lengua de Near a mitad de recorrido, deteniéndose abruptamente. Mis piernas flaquearon cuando sus manos bajaron la cremallera de mis pantalones cpm decisión.

—O-oye Near… creo que esa zona es lo bastante sensible como para no…¡OOOOOW! ¡NEA…! ¡AAW!

Completamente fuera de sí, el muchacho realizaba pequeños cortes alrededor de mi sexo, lamiendo las heridas inmediatamente de modo que la sangre no alcanzara a drenar lo suficiente. Los sinuosos movimientos de su lengua estaban volviéndome completamente loco. Sin embargo, el momento fue interrumpido por un conjunto de voces proveniente de la calle, lo que consiguió llamar mi atención. La zona era bastante despoblada y rara vez se oían discusiones como aquellas.

—Ne… Near… Espera…

—Qué…

—Asómate por la ventana, por favor…

Sin siquiera preguntar el motivo, el chico acató la orden, poniéndose de pie rápidamente. Supe que algo andaba mal cuando su cuerpo se paralizó a escasos milímetros del cristal.

—Near, qué sucede…

—B…Brian…

—¡¿Qué?!

—Ellos… ¡ellos están aquí, Mello!

Acomodé mis prendas de inmediato, uniéndome a él. En efecto, varios patrulleros de policía escoltaban el costoso mercedes clase A de los River. Dos oficiales cruzaron la pequeña calle, dirigiéndose directamente hacia el conjunto de departamentos. Uno de los timbres resonó a la distancia.

—Probarán uno por uno, o quizá lo hagan al azar. Eso nos lleva a pensar que no conocen con exactitud dónde estamos pero debemos movernos de todas maneras. Near, debajo de la cama hay un bolso. Toma todo lo que puedas del armario y cualquier cosa que consideres útil. Nos iremos de aquí. Tal vez no debamos contestar si tocan… eso es, haremos de cuenta que no hay nadie.

—¡¿Eres idiota?! Pueden tener una orden de allanamiento. Recuerda que desaparecí misteriosamente lo que no descarta la idea de que puedan haberme raptado. Ignorarlos sólo traería más problemas. Lo mejor que puedes hacer es actuar con naturalidad, respondiendo a sus preguntas mientras yo me oculto en el baño o… cualquier otro lado.

Cuando el segundo timbre hizo eco a lo largo del pasillo caí en la cuenta de que iban a atraparnos sin importar qué hiciéramos. No era como si dos sujetos pudieran evaporarse o teletransportarse por obra de magia. Near preparó el equipaje con suma rapidez, regresando a la cocina.

—Qué haremos… no quiero volver con ellos… prefiero saltar por la ventana y estrellarme contra el pavimento.

—no digas estupideces… déjame pensar… Matt…

Con una velocidad increíble marqué el número de mi amigo desde mi celular, rogando que no tardara en contestar. Afortunadamente mis plegarias fueron escuchadas ya que en cuestión de segundos lo tuve del otro lado de la línea.

—Mello, cómo…

—Tenemos problemas, compañero. La policía está en la puerta. Buscan a Near.

—No jodas…

—¡¿Se te ocurre algo?!

—Hijos de puta… qué es lo que…

-Vienen con sus padres…

—Ahora me cierra todo…

—Déjame pensar… ¿Qué?

—¿Qué?

—No estoy hablando contigo. Aguarda…

—No tengo todo el tiempo del mundo, Matt… sin mencionar que te llevaste el auto y no…

—¿Estás… seguro?

—¡¿Seguro de qué?!

—¡Dije que no estoy hablando contigo, estúpido!

—¡¿Qué carajo es lo que…?!

—Escúchame bien, Keehl… el problema aquí es Nate, ¿verdad?

—Si.

—Por lo tanto, si ellos entraran y te encontraran sólo a ti nada pasaría.

—Así es.

—Perfecto. Necesito que lo bajes por la ventana del cuarto. Es la única que da al callejón y no puede ser vista desde el frente.

—¡¿Estás loco?! ¡¿Cómo se supone que…?!

—No puedo hacer todo por ti, campeón. Ayúdame con esa. Estaremos allí en lo que cae un rayo.

—¿Tú y quién m…?

—No te metas en problemas. Adiós.

El timbre del departamento contiguo se extendió por el lugar. El tiempo se agotaba. Tomé a Near del brazo, arrastrándolo hacia mi cuarto. Sus ojos se abrieron de par en par cuando corrí el cristal de la ventana furiosamente.

—Debes bajar…

—No…no, olvídalo. No soy Spiderman o alguno de esos tipos.

—Escúchame. Sólo debes apoyarte en la saliente de cada ventana. La distancia entre una y otra es casi inexistente.

—Mello… hay más de diez metros de aquí al piso. Un paso en falso y…

—Y nada, Near. No hay tiempo para equivocaciones. ¡¿Acaso quieres que te encuentren y te lleven nuevamente con ellos?! —exclamé, sacudiéndolo por los hombros—. ¡¿Eso es lo que realmente quieres?!

—¡Claro que no! —replicó con ojos brillantes—. Dije que prefiero morir. Aún si caigo será mejor que volver a vivir esa pesadilla.

Un conjunto de intensos golpes se extendió por todo el lugar.

—Maldita sea. Se suponía que estos idiotas tocarían primero. Vamos, Near… tú puedes.

Una fugaz figura se hizo presente muy por debajo de nosotros. Indiscutiblemente se trataba de Matt. Cacé el bolso de una de las manijas, arrojándolo despreocupadamente. Mi amigo no tardó en atajarlo sin ningún tipo de problema.

—Mello… confía en mí.

Apenas tuve tiempo de asentir. Un segundo conjunto de golpes azotó la puerta de entrada. Con suma rapidez revolví mi cabello segundos antes de abrir finalmente la puerta. Dos oficiales uniformados me recibieron del otro lado, recorriéndome con desconfianza varias veces.

—Mihael Keehl, ¿verdad?

—Así es. Disculpe la demora. Estaba pegándome una siestesita —agregué mientras simulaba un gran bostezo—. En qué puedo ayudarlo, oficial…

—Estamos buscando a un joven de diecinueve años, Nate River, desaparecido hace poco más de veinticuatro horas. —espetó, escudriñando despreocupadamente el interior de la vivienda—. Fuentes confiables afirman haberlo encontrado en su habitación, durante su recuperación en el hospital. ¿Qué puede contarnos al respecto?

—Primero que nada, no sabía que estaba desaparecido, me estoy enterando en este preciso momento.

—Está evadiendo la pregunta, señor Keehl.

—Aún no contesto, no se altere. Fue solamente una aclaración…

—Si me permites —acotó el segundo oficial— creo que estamos perdiendo bastante tiempo aquí, los dos. Lo mejor sería que tú continuaras con el interrogatorio mientras yo echo un vistazo al interior del departamento, siempre y cuando no le moleste, señor Keehl.

—Absolutamente, si es que el desorden no lo perturba demasiado —bromeé, sonriendo ladeadamente—. Como le decía, oficial, fui a ver a Nate River cuando estaba internado. Simplemente quería hablar con él ya que los acontecimientos ocurridos en la mansión no fueron muy bonitos qué digamos. Mi trabajo era el de protegerlo y siento que en cierto sentido le fallé, tanto a él como a sus padres. El muchacho no perdió la vida pero bien pudo haberlo hecho. Simplemente acudí al establecimiento con el propósito de disculparme.

—Sin embargo, sabía que el muchacho estaba en coma y, por lo tanto, no podría hablar con él.

—¿Disculpe? Que alguien esté en coma no significa que no escuche ni sienta. Sabía a la perfección cuál era su estado pero eso no quitó que me sentara a su lado, deseando que escuchara cada una de mis palabras. No creo que tenga nada de malo. Si vamos al caso, Doroty, su madre, me agredió de sobremanera importándole poco y nada la salud de su hijo, armando un escándalo indescriptible dentro de la habitación y debiendo ser interrumpida por una de las enfermeras, pero parece que a nadie le importa eso. La voz del dinero es mucho más fuerte.

El semblante del maldito bueno para nada se tornó amenazante, algo que no me intimidó en lo más mínimo.

—¿Qué son esas heridas a lo largo de su pecho, Keehl? ¿Ha estado forcejeando con alguien?

—Este barrio no es nada bonito, como bien sabrá. Muchas veces uno tiene que atenerse a las consecuencias, defendiéndose de los maleantes como puede ya que la policía tiene asuntos mucho más importantes que atender, ¿no le parece?

Antes de que el hombre pudiera replicar, su compañero se unió a nosotros.

—Revisé cada uno de los ambientes, incluido el baño y la lavandería . No hallé nada. También eché un vistazo debajo de las camas y los muebles pero tampoco encontré lo que buscamos.

—Perfecto. Keehl, no cante victoria. Lo estaremos vigilando bien de cerca…

-No hay problema. Espero tener tiempo para limpiar un poco la próxima vez y puede que también les convide un café.

Los saludé a ambos desde el marco de la puerta, con una desafiante sonrisa en el rostro, disimulando lo mejor posible el excesivo nerviosismo que recorría cada rincón de mi cuerpo. Mi celular comenzó a vibrar en el bolsillo trasero de mis pantalones. Se trataba de un mensaje de Matt. El mismo decía:

"Nate sta con nos. No bajs hasta pasada ½ hr a prox.. Conviene asegurarns. Daremos 1 par de vuelts. Spera mi msj"

Genial. Tiempo más que suficiente para darme una ducha y tratar de relajarme. Al menos conseguiríamos evadir a las autoridades por un tiempo. Con esos pensamientos en la cabeza, me perdí tras la puerta del baño, deseando que tarde o temprano la vida de todos volviera a la normalidad.

(…)

Después de una eternidad sin PC, regresé a las andanzas. Poco a poco voy mejorando al edición del fanfic. Prometo hacerlo con toda la historia :)!

Muak!

f cebook:lawliechan