N/A: Los personajes de este fic le pertenecen a J.K. Rowling (salvo los inventados por mí) y no tengo intenciones de lucrar!!

N/A: Espero les guste este fic, y recibiré los reviews encantado!!!


Capítulo 11

Al día siguiente Harry tuvo que levantarse muy temprano para ir al despacho de Dumbledore. Ni siquiera debían ser las siete de la mañana cuando llegó a la gárgola de la entrada de la oficina, en donde ya lo estaba esperando Sirius.

"Buen día dormilón! Acaso quieres que Snape termine por odiarte?"

"Pero dijo que debía estar aquí antes de las siete de la mañana!" Protestó el muchacho reprimiendo un bostezo.

"Tú aún no lo conoces, pero quiso referirse a bastante antes de las siete. Torta quemada de manzana."

La gárgola comenzó a moverse y ambos subieron por las escaleras ascendentes, al tiempo que a Harry comenzó a formársele un nudo en su estómago por todo lo que creía que iría a pasar en el despacho del director de Hogwarts.

***HP***

"Buen día Harry, cómo has dormido?" Preguntó Dumbledore con cortesía.

"Bien, gracias." Mintió el muchacho ya que apenas había podido pegar un ojo. Su cabeza no pudo desconectarse en ningún momento de todo lo que se había enterado el día anterior, ni de todo lo que esperaba que le iría a ocurrir en ese mismo momento; en sólo tres días había pasado de ser un huérfano abandonado viviendo en un horrible orfanato a tener la increíble posibilidad de recuperar algo que unos dementes le habían arrebatado antes de que cumpliera once años: su magia.

"No has desayunado, verdad? Sino el profesor Snape no podrá realizar el encantamiento."

"No, no lo hice."

"Excelente. Ahora escucha con atención: como te hemos explicado ayer, Severus intentará curar tu núcleo mágico por medio de algunos difíciles y oscuros encantamientos que pueden contrarrestar el maleficio al que te han expuesto hace casi seis años cuando te secuestraron y destruyeron la casa de tus tíos."

Dumbledore se levantó de su sillón y continuó mientras caminaba. "También, como te hemos explicado ayer, será un proceso que te inducirá algo de dolor, y que no sabemos con exactitud el tiempo que demorará en concluir."

"Lo siento, pero no dijeron nada de dolor ayer! Qué clase de dolor?" Preguntó Sirius ofuscado.

"Un dolor físico pero tolerable... eso si Potter es lo suficientemente fuerte como para soportarlo."

"Qué significa eso Severus?" Masculló entre dientes el padrino de Harry, molestándose por el escaso interés en el sufrimiento de su ahijado.

"Significa, Black, que será un dolor que valdrá la pena sufrir si su... magia... puede curarse."

"Mira cómo lo estás diciendo, Quejicus."

"Cómo quieres que te lo diga... merodeador?" Replicó con sorna Snape.

"Sólo lo haces por la morbosa satisfacción de ayudar a un Potter! Se lo echarás en cara siempre que tengas la posibilidad! Albus, por qué tiene que ser él quien lo haga? Tú puedes hacerlo perfectamente si quieres!" Clamó Sirius levantándose de su silla.

"Calma Sirius. Si bien tengo los conocimientos como para llevar adelante semejante encantamiento, debo reconocer que no cuento con la experiencia y sabiduría de Severus en este campo. Si alguien está capacitado para hacerlo, ese es él."

La explicación de Dumbledore zanjó la discusión, aunque el padrino de Harry estaba lejos de mostrarse satisfecho.

"Bien. Comencemos entonces." Dijo el director.

"Deberemos apurarnos, ya que Potter decidió llegar sobre la hora."

"Aún no son las siete, Quejicus." Protestó nuevamente Sirius.

"El alba es una de las claves, Black. No te explicaré por qué ya que no pienso malgastar mi tiempo."

Snape fue hacia el escritorio y tomó un gran y antiguo libro, lo abrió y pasó sus porosas hojas hasta que dio con la que buscaba. A continuación apuntó su varita a Harry.

"Navis corpus." Susurró Snape. De pronto Harry dejó de tener control de su cuerpo y se halló levitando horizontalmente a un metro del suelo; su corazón comenzó a latir con fuerza, sería demasiado dolor el que tendría que sufrir? Podría recuperar la magia que le habían robado o sería una persona normal el resto de su vida?

El muchacho comenzó a preocuparse; se hallaba a merced de Snape, algo que sentía que no podía ser bueno nunca.

"Debes calmarte Potter, sino arruinarás el proceso." Dijo secamente Snape y a continuación comenzó a recitar en un susurro casi inaudible frases y palabras que Harry no podía comprender; no podía verlo ya que se hallaba mirando hacia el techo pero podía distinguir los movimientos de su varita. Unos instantes después comenzó a sentir un hormigueo por todo su cuerpo, desde los pies a la cabeza.

"Maledictio Quaero… Veneficus Quaero…"

A Harry le daba la impresión de que Snape murmuraba en latín o algún lenguaje parecido, pero cada vez podía prestar menos atención: el cosquilleo se intensificaba y se había sumido en un estado casi insoportable de nervios.

"Veneficus Atrum Quaero…"

El muchacho sintió que todo el cosquilleo pareció dirigirse a un punto específico de su pecho, justo en la mitad, y de pronto un dolor lacerante lo atravesó como si fuera de papel, pero imposibilitado de moverse no pudo siquiera contorsionarse, sólo aguantar como podía sin gritar.

"Desino!" Clamó repentinamente Snape con fuerza, ocasionando más dolor en su pecho como si alguien estuviera revolviendo una espada caliente clavada en el mismo. "Desino Penurium Veneficus!"

Ahora Harry ya no podía aguantar más el dolor, le resultaba insoportable y no recordaba haber sufrido tanto en su vida; un grito salió despedido de su boca y su mente comenzó a llenarse de millones de pequeños puntos al tiempo que un agudo zumbido llenaba sus oídos.

Un largo rato después (siglos para él) el dolor pareció menguar y Harry pudo recuperar un poco de su cordura; el dolor parecía expandirse hacia todos lados desde su pecho pero sus sentidos volvían de a poco.

Snape seguía murmurando y agitando su varita; Harry no podía saber qué hacían Sirius y Dumbledore pero quería imaginarse que estaban allí a su lado…

"Discedo!" Dijo Snape, haciendo que el dolor volviera más fuerte si eso era posible. "Discedo Penurium Veneficus!"

Harry oía sus propios gritos aunque le parecían lejanos, al igual que todo lo que le rodeaba. Ya no le importaba nada, ni siquiera recuperar su magia, sólo quería que ese dolor se detuviera de una vez, y cuando su mente comenzó a fallar nuevamente intuyó que no tardaría mucho en perder el conocimiento.

"Discedo Maledictio, discedo pro libero quo corpus!"

El sufrimiento parecía eterno, como si hubieran pasado horas. Ya no podía razonar ni mirar, tampoco permanecer conciente. La daga que parecía tener clavada en su pecho ahora le daba la sensación de que se estaba moviendo por dentro, rumbo a su estómago; seguramente estaba llorando pero no lo podía saber ya que no sentía su cuerpo… sólo el profundo e insoportable dolor.

"Libero pro recuperatio suus veneficus!" Volvió a clamar Snape. "Libero pro recuperatio suus veneficus! Libero!"

El grito de Snape fue lo último que Harry pudo escuchar. Su mente no aguantó tanto dolor y luego de ponerse todo negro… perdió el conocimiento.

***HP***

El tiempo no significaba nada. No podía significar nada. La ausencia de sonidos o de imágenes llenaba de negrura su conciencia, y si bien creyó estar despierto no pudo mover siquiera un músculo ni abrir un ojo; no escuchaba nada ni sentía nada, salvo un dolor residual en el pecho y estómago que no se asemejaba al sufrido antes (algunos minutos atrás, u horas, no podía saberlo) pero seguía torturándolo.

El dolor parecía esparcirse de a poco por todo su abdomen para luego comenzar a expandirse por los brazos y piernas; finalmente alcanzó sus manos y pies, y comenzó a sentir calor… mucho calor; el cosquilleo volvió con gran intensidad y unos instantes después volvió a desmayarse.

***HP***

Cuando Harry abrió sus ojos no se sorprendió de ver a su padrino sentado a su lado; estaba dormido y con sus brazos cruzados. Le dio la impresión de que era de noche porque la iluminación era escasa debido a las pocas velas, y no reconoció el lugar; parecía una especie de extraño hospital donde en vez de bolsas de suero y auscultadores había frascos y retratos.

Aún con miedo por el terrible dolor que sufrió durante vaya uno a saber por cuánto tiempo intentó incorporarse en la cama, pero descubrió que hallaba sumamente pesado y torpe su cuerpo. De cualquier manera algo de ruido había hecho ya que casi instantáneamente una enfermera se acercó a su cama.

"Finalmente señor Harrison, aunque sean las tres de la mañana."

"Dónde estoy?" Susurró Harry todavía desorientado; un leve zumbido reapareció dentro de su cabeza como si hablar hubiese sido demasiado esfuerzo.

"En la enfermería de Hogwarts, dónde más? Beba esta poción, lo ayudará a descansar ya que aún precisa reposo."

De mala gana Harry abrió su boca para tragarse el extraño brebaje, el que le resultó espeso y de un gusto tan horrible que le dieron arcadas.

"Claro, supongo que esperaba jugo de calabaza, o no?" Le reprochó la enfermera; casi automáticamente el muchacho comenzó a sentirse somnoliento, y antes de que sus párpados se cerraran pudo notar que la mujer entrada en años corría unas cortinas blancas para aislarlo del resto de la enfermería.

***HP***

A la mañana siguiente Harry se despertó pesadamente, y le costó mucho abrir sus ojos. Automáticamente notó los cálidos rayos de luz que bañaban la enfermería dándole la pauta que ya había amanecido; la asquerosa poción que la enfermera le había dado a la madrugada había surtido efecto y se encontraba más descansado.

"Buen día Harry, cómo te encuentras?"

La anciana pero tranquilizadora voz de Dumbledore sonó lejana; intentó enfocar su vista hacia la figura que se hallaba parada al lado de su cama pero su visión estaba borrosa.

"Oh, sí, tus gafas." Agregó el viejo, quien las tomó de una mesita que se hallaba al lado de la cabecera de la cama y se las alcanzó.

"Gracias, estoy bien creo." Le contestó Harry, sintiendo alivio por sentir un dolor residual en su pecho y extremidades, y ningún zumbido.

"Me alegro, muchacho. Comenzaba a creer que Madame Pomfrey se había equivocado con las pociones y en vez de las revitalizantes y calmantes te había dado demasiado filtro de la paz. Hace casi dos días que no abrías los ojos."

El muchacho no comprendió a qué se refería con eso de las pociones pero se sorprendió al escuchar que había pasado tanto tiempo dormido; torció su cabeza hacia su derecha y notó que Sirius aún seguía sentado sobre una silla de madera, durmiendo.

"Sí, se quedó contigo toda la noche aparentemente, aunque Poppy lo desaprobó… tuve que esforzarme mucho para convencerla de que tu padrino se quedara."

El viejo director seguía con su tono bromista, pero Harry no sentía ganas de sonreír: se sentía extraño, como si no se reconociera él mismo.

"Cómo… ha salido todo?" Preguntó, aún mirando a Sirius; éste al escuchar la voz de su ahijado se despertó sobresaltado y apenas pudo sostenerse de la silla para no caer al piso.

"Harry, estás despierto! Cómo te sientes?"

"Bien gracias, Sirius."

"Genial! Aunque sigo pensando que Snape no era el indicado para este menester." Dijo Sirius mirando a Dumbledore a modo de reproche.

"Sí lo era Sirius, confío plenamente en Severus." Le respondió el director con tranquilidad.

"Me gustaría ser tan optimista como tú, Albus."

"Cómo ha salido todo?" Volvió a preguntar Harry un poco fastidiado.

"Según el profesor Snape, todo ha salido bien; ha podido desactivar y destruir la maldición Penurium Veneficus que los mortífagos habían activado dentro de ti."

"Y… qué significa eso exactamente?" Le preguntó a Dumbledore ya que no comprendía si eso era bueno o no.

"Significa, Harry, que tu núcleo mágico está libre de la maldición, y que has vuelto a la vida… desde el punto de vista del mundo mágico por supuesto."

"Así que Harry es un mago después de todo?" Exclamó Sirius entusiasmado.

"Eso no lo podemos saber aún, Sirius. Su ser, su esencia está libre y descontaminada, pero no podemos anticipar si podrá desarrollar su talento mágico o… no."

Las palabras de Dumbledore no cayeron muy bien en Harry, aunque se sentía aliviado por haberse deshecho de esa oscura maldición, la cual llevaba dentro suyo como si fuera un parásito. Sirius tampoco parecía muy contento.

"Pero… cómo podremos saber si…"

"Todo a su tiempo, Sirius. Harry jamás ha sido educado mágicamente y honestamente no recuerdo haber tenido que lidiar con un caso como éste en mi vida… sólo llegan a Hogwarts alumnos de once años, no de dieciséis."

"Tendremos que ser pacientes." Concluyó el director, pensativo y acariciándose la barba.

"Necesita una varita." Opinó Sirius encogiéndose de hombros.

"Sí, una de Ollivander, pero no podrá ser…un gran contratiempo."

"Por qué? Están Falkirk, y también McGillian, no serán como Ollivander pero me he enterado que fabrican varitas mágicas bastante buenas." Dijo Sirius.

Dumbledore suspiró, preocupado. "Sí, son competentes, yo mismo he probado algunas." Dijo sin ningún entusiasmo.

"Qué sucede Albus?"

Dumbledore miró a Sirius fijamente, entrecerrando sus ojos. "Ollivander tenía un don para fabricar varitas, y también para ayudar a las brujas y magos a elegir la adecuada. Y también tenía entre miles, una varita que… estaba predestinada a Harry."

Sirius no comprendió a qué se refería Dumbledore. "Por qué? Porque las varitas eligen a sus dueños?"

"No precisamente, aunque eso sea cierto." Dumbledore conjuró una cómoda silla y se sentó. "Sucede que hace muchísimos años obsequié a Ollivander dos plumas de Fawkes, mi Fénix, ya que en aquel entonces estaba experimentando con nuevas materias primas para los núcleos de las varitas."

Luego de algunos segundos de profundo pensar, el director continuó: "Con ellas fabricó dos varitas, una de madera de tejo y otra de acebo. Por desgracia, vendió la primera de esas tan especiales varitas a Tom Riddle antes de que comenzara a asistir a Hogwarts."

"Y… la de acebo?" Preguntó Sirius sospechando hacia dónde apuntaba Dumbledore; éste sólo negó con su cabeza.

"Nunca fue vendida?"

"No." Contestó el director. "Sí en definitiva, pero en la… otra realidad… antes de que Voldemort decidiera cambiar el pasado."

Si Harry no comprendía nada, por lo menos estaba tranquilo ya que veía que su padrino tampoco seguía el razonamiento de Dumbledore.

"Verás Sirius, hemos visto con Severus gran parte de las memorias del mortífago arrepentido Towsend en mi pensadero, y si bien la mayor parte de ellas no sirve recuerdo haber visto que en aquella distinta realidad Voldemort sufrió un inesperado incidente al confrontar su varita con la de Harry el día de su retorno."

"Un inesperado incidente?"

"Sí, priori incantatem."

"Priori incantatem?" Volvió a preguntar Sirius confundido.

"Extraño, sí, pero eso sólo se puede deber a que eran varitas gemelas, cuyos núcleos mágicos estaban compuestos de pluma de Fénix, del mismo Fénix."

Sirius se mostró sorprendido, pero no dijo palabra alguna; Dumbledore prosiguió. "Es una suposición pero temo que la desaparición de Ollivander, que fue la primer víctima de Lord Voldemort cuando éste regresó a la vida, no fue casual."

"Perdón, pero quién es Ollivander?" Preguntó Harry intrigado por ese apellido que nunca había escuchado.

"El señor Ollivander era un gran fabricante de varitas mágicas, Harry, el mejor." Le respondió Sirius mientras Dumbledore asentía con su cabeza.

"Y lo mataron?"

"Nadie lo sabe en realidad, un día hace unos dos años sólo… desapareció."

"Él desapareció y su tienda de varitas fue literalmente destruida y saqueada. Por ese entonces nadie se imaginaba qué había sucedido, pero unos meses después de la desaparición de Ollivander nos enteramos que Lord Voldemort había regresado a la vida (tal como la conocemos)… no fue difícil concluir que el fabricante de varitas había sido su primer víctima." Dijo Dumbledore completando lo que Sirius había dicho.

"Entonces, Albus, crees que lo mató o lo secuestró porque sabía que Ollivander tenía aún la otra varita?" Preguntó el padrino de Harry.

"Sí, seguramente."

"Cómo pudo saber eso? Si dijiste que en la anterior realidad Harry y Voldemort confrontaron sus varitas y éste se sorprendió por el efecto del Priori incantatem!" Volvió a cuestionar Sirius.

"Porque supongo que el Voldemort anterior, el que envió a los mortífagos al pasado, quiso transmitir a este Voldemort que conocemos el peligro que representaba la varita de acebo y Fénix que poseía el Harry anterior. Y supongo también que fue Towsend quien le transmitió la orden de destruir la varita a este Voldemort; por eso lo pudimos ver en sus memorias."

"Por Merlín, que complicado." Suspiró Sirius tomándose la cabeza con sus manos.

"Sí. Cosas malas suceden cuando se utilizan los giratiempo para alterar el pasado, cosas muy malas."

"Mi… otro yo… el Harry anterior, tenía una varita especial? Una varita que ahora ya no existe?" Preguntó el muchacho intentando comprender el problema.

"Era una varita muy buena, Harry. Pero era especial contra su gemela, la que porta Lord Voldemort." Explicó Dumbledore pacientemente.

Harry se incorporó en la cama y se sentó en el borde; estaba harto ya de estar acostado aunque seguía sintiéndose extraño. Le sorprendió ver tan abatido al viejo director, a quien siempre veía con energía pese a su edad; de cualquier manera quería sacarse una gran duda de encima y le preguntó:

"Señor, ustedes dijeron que la varita elige a su dueño. Yo… no lo comprendo muy bien."

Dumbledore fijó sus ojos en el muchacho y le explicó: "Hay varitas de muchas clases y tipos de madera, y cada una de ellas es, digamos, perfecta para alguien en particular. Uno puede estar mucho tiempo probando varitas hasta que encuentra la que busca."

"Recuerdo a Tobías Malcolm, un muchacho que estaba en mi mismo año cuando asistíamos a Hogwarts aunque se daba mejor con Elphías Doge. Estuvo tres horas en la tienda de Ollivander eligiendo una varita y no encontró una sola que lo aceptara; Ollivander pudo fabricarle una varita y mandársela por lechuza a Hogwarts una semana después." Explicó Dumbledore.

"Pero ahora Ollivander ya no está." Murmuró Sirius con su típica voz de fastidio.

"Pero están esos otros… Falkirk… McGillian." Opinó Harry.

"Sí pero no es conveniente que te llevemos con ellos a que elijas una varita." Le respondió el director, con Sirius negando con su cabeza.

"Por qué?"

"Porque están bajo la influencia de Lord Voldemort."

La frase del viejo a modo de suspiró llenó de desesperanza a Harry; él quería ser un mago o por lo menos intentarlo ahora que Snape había destruido la maldición que llevaba encima, pero si no podía comprar una varita…

"No hay varitas sin uso en este castillo? Es decir, me dieron ropa y además un baúl enorme repleto de calderos, frascos y otras cosas más."

"Hay unas cuantas varitas en la oficina del conserje, pero son usadas. Los magos necesitan sus propias varitas, Harry, varitas que los elijan y los reconozcan como sus dueños." Terció Dumbledore; repentinamente su rostro pasó de tener un gesto de abatimiento a uno de intriga mayúscula.

"Qué sucede Albus?" Preguntó curioso Sirius.

Dumbledore levantó sus cejas aunque su mirada seguía perdida, señal de que estaba profundamente concentrado.

"Puede practicar con la mía, es una buena varita." Ofreció el padrino de Harry.

"Sí, aunque quizá sea una mejor idea utilizar una varita que…" Comenzó a decir el director interrumpiendo su tren de pensamiento; luego continuó. "Ven a mi oficina hoy a las cinco, Harry. Te daré una varita y veremos si… te acepta."

***HP***

Temprano por la tarde de ese mismo día, Harry estaba harto de estar encerrado en su habitación y decidió salir a caminar por los terrenos del castillo. La enfermera le había dado el alta cerca del mediodía ya que se hallaba casi perfectamente aunque debía tomar algunas pociones extrañas y seguramente de pésimo sabor durante dos semanas.

Su cabeza bullía en confusión y no se había dado cuenta de que había llegado caminando hasta el borde del lago. Los terrenos estaban escasamente poblados por alumnos ya que la mayor parte de ellos estaba asistiendo a sus clases o tomando su almuerzo; mejor para él ya que sentía la necesidad de estar solo; ni siquiera le había pedido a su padrino que lo acompañara.

Todavía se sentía extraño, como si su ser hubiese cambiado drásticamente después de la intervención de Snape. Además se sentía confundido y desbordado por imágenes y sentimientos que nunca antes había experimentado, y mientras caminaba a veces parecía que sus piernas se debilitaban.

"Qué sucede conmigo?" Se preguntó; no sabía si sentirse asustado o curioso. Miró hacia el horizonte en donde las tranquilas aguas del lago se mezclaban con las colinas circundantes a Hogwarts. Jamás había estado en Escocia pero ahora resultaba que esas imágenes le resultaban lejanamente familiares; después de años de sentirse solo y abandonado ahora había descubierto que tenía un padrino y que sus padres realmente habían existido y vivido; ya le habían dicho lo mucho que se parecía a sus padres varias veces, algo que lo hacía sentirse conectado con ellos aunque estuvieran muertos.

Decidió sentarse, apoyando su espalda en el tronco de un árbol frondoso casi sobre la orilla. El lago lucía frío y encantador y se preguntó cuántas veces su padre y su madre se habrían sentado en ese mismo lugar a observar el mismo paisaje que yacía frente a él. Sus ojos se humedecieron ante ese pensamiento, y la soledad y tristeza lo atravesaron furiosamente; agachó su cabeza para ocultar sus lágrimas pese a que no había nadie alrededor. Por qué estaba pensando tanto en sus padres ahora? Por qué sentía una herida tan grande en su corazón que no había sentido durante casi toda su vida? El sólo pensar que sus padres podrían haber estado allí mismo muchos años antes le hacían pensar que se hallaba finalmente en el sitio correcto, pero al mismo tiempo sintió que se desestabilizaba emocionalmente y ya no podía controlar su llanto.

Una mano se posó en un hombro de Harry, haciéndolo sobresaltar.

"Lo siento, no quise asustarte." Dijo una suave voz, casi en un susurro. "Qué te sucede Jeremy?"

Avergonzado, Harry se retiró sus gafas para secarse la humedad de sus ojos con la manga de su suéter pero el nudo en su garganta no le permitió contestarle a Hermione.

El muchacho, sumido en sus pensamientos y en su dolor no había escuchado a la chica acercarse; la misma se había arrodillado en el césped justo detrás de donde él estaba sentado, y para su sorpresa parecía sinceramente preocupada y lejos de su talante estricto que a veces tanto le molestaba de ella.

"Estás bien?"

La voz de Hermione era apenas audible y parecía avergonzada por preguntar eso.

"Sí." Contestó finalmente. "Ya pasó, descuida."

La muchacha no contestó nada, y pareció sumirse en un silencio que incomodaba a Harry. Éste se colocó nuevamente sus gafas y se dio vuelta para mirarla: había apoyado dos o tres libros en el césped, y descubrió que al igual que él ella miraba hacia el lago con su vista perdida.

"Y a ti qué te sucede?" Le preguntó.

"Nada, sólo… pienso. A decir verdad a veces acostumbro a sentarme bajo este mismo árbol a estudiar o a mirar el paisaje."

"Oh, ya veo. Si quieres puedo marcharme, has traído algunos libros y quizá quieras estudiar."

"No, Jeremy! Está bien, en serio. Tenía intenciones de leer un poco pero te vi… llorando… y sólo me acerqué a ver si todo estaba bien."

Harry no le contestó; aún no se acostumbraba a que se preocuparan por él, incluso una muchacha que apenas conocía y había compartido tiempo con ella un puñado de veces.

"Quieres que… me marche? Lo entenderé, créeme, a veces yo también necesito estar sola." Susurró Hermione.

A decir verdad, Harry había llegado hasta allí caminando buscando soledad, no le apetecía compañía alguna… como durante casi toda su vida. "No, quédate si quieres. Creo que no estamos acostumbrados a estar acompañados."

Hermione sonrió con algo de tristeza en su mirada dándole a entender a Harry que tenía razón en lo que había dicho. El silencio se prolongó entre ellos, pero ahora no era tan incómodo como antes; además los sonidos del viento meciendo los árboles o de aves que revoloteaban por la zona invitaban al silencio.

"Te he estado buscando ayer, ya sabes, por lo de Hagrid." Dijo Hermione luego de un largo rato.

Harry cerró sus ojos y se insultó a sí mismo; le había prometido al gigante ir a tomar el té dos días atrás y Hermione se había ofrecido a ir con él ya que nunca había ido a la cabaña lindera con el bosque.

"Maldición, lo olvidé. Espero no se haya ofendido." Respondió Harry, sin saber cómo decirle a la muchacha que había estado inconsciente durante los últimos dos días y que de cualquier manera no hubiese podido ir.

"No te preocupes, me encontró ayer y me dijo que sabía que habías estado en la enfermería."

El muchacho frunció su entrecejo confundido. Hagrid le había contado a Hermione que él había estado en la enfermería? Cómo se había enterado? Recordaba que el gigante era amigo de McGonagall y de Dumbledore, pero no se suponía que lo relacionado a su verdadera identidad debía permanecer lejos del conocimiento de los demás?

"Qué te sucedió?" Preguntó tímidamente la chica.

Harry no sabía qué contestar; no quería mentirle pero contarle por qué había estado realmente en la enfermería no parecía prudente. "Nada serio, me… accidenté y me salió mucha sangre, creo que también hubo un hueso roto y..."

"Dame más crédito, quieres? Madame Pomfrey puede curarte heridas en menos de un par de horas; si no quieres contarme sólo dilo, de acuerdo?"

El muchacho se sintió mal instantáneamente. Hermione se había dado cuenta de que le mentía y se había ganado el reproche.

"Tienes razón. Te lo contaré pero puedo confiar en ti?" Le dijo Harry esperando no equivocarse.

"Sí, Jeremy." Le contestó con una media sonrisa. "Puedes confiar en mí."

Harry le devolvió la sonrisa, agradecido. No sólo creía que podía confiar en ella sino que por algún extraño motivo supo que no se equivocaría.