Lo estaba olvidando. Creo que alguien pregunto sobre la obra original. Bueno, por algunos es conocida como "Las colinas de la ira", por otros "Conspiración en Atenas" y por mi "Colinas Iracundas", el autor es Leon Uris (No me pregunten por qué tantos títulos, la verdad ni yo misma lo sé supongo que me quedará de tarea investigarlo) Tengo que destacar el hecho de que cuando escribí tome muchas de las partes originales de la obra y las coloque intactas al fic y en otras las escribí yo misma para adaptar los personajes, por lo que "Sin luz, sin cámaras, sin acción" es algo así como una combinación de los que el escritor original plasmó y lo que yo adapte al fic.
21
Cuando regresará le daría una explicación a Regina. Ahora que estaba lejos de ella se sentía culpable por la forma en la que se había ido, pero no tenía opciones o confiaba en la resistencia o en el Sr. Gold. O bien podría quedarse de manos cruzadas esperando su fin.
Avanzó a lo largo del muelle y por fin divisó un letrero de neón que indicaba el «Café Piccadilly». El corazón casi se le salió por la boca cuando vio al Sr. Gold y otro hombre sentados en la mesa.
… ¿Y si fuera un agente de la Gestapo?, pensó, se disponía a retirarse cuando el Sr. Gol se volvió hacia ella y la saludo amablemente. Poco común en él, pero necesitaba esa oportunidad para que sus planes se desenvolvieran con éxito.
―Señorita Swan, la estábamos esperando. Aquí el capitán y yo ya nos estábamos quedando sin temas de conversación ―Le ofreció una silla que Emma aceptó con cierto recelo.
―Vamos directo al grano ―pidió Emma con voz fría
―De acuerdo. Como ya mencione hay una lancha que podría sacarla de este lugar por un precio justo para usted y para mí desde luego. Solo hay un detalle…
―No me diga, ¿A cambio quiere algo que yo tengo, cierto?
―Oh no, tonterías. Puede quedársela y conservarla para sus amigos ingleses, si gusta. Lo que deseo es que si por casualidad o por una mala jugada del destino, llegasen a atrapar a la Arkadia. Os pido que mi identidad no sea revelada. No quiero imaginarme los problemas que eso conllevaría.
Emma trago en seco y lo pensó unos segundos. Ya veria la forma de salir sin mencionar al famoso Gold.
―Es un trato justo, solo espero que la posibilidad de ser atrapados no esté en sus planes ―dijo al fin y miró a ambos. El capitán no había mencionado palabra alguna y solo se dedicaba a fumar su pipa sin prestar atención a ninguno de los dos.
―No puedo creer que piense eso de mí. Bien, capitán cuéntele a la señorita Swan los detalles del viaje, yo debo retirarme tengo algunos asuntos que atender.
Los tres se levantaron. Gold en una dirección y Emma junto al capitán en otra. Al llegar al muelle Emma apreció que el Arkadia era todo lo contrario de lo que le había dicho Gold, no era más que una barca sucia y vieja, dudó de que estuviera en condiciones para navegar.
―Baje a la bodega y espere la hora de zarpar. Yo le avisare ―indico el capitán mientras le señalaba las escaleras.
Emma obedeció y subió por la rampa hasta encontrarse en cubierta y bajar la escalera que conducía a la bodega del barco.
El tiempo de espera le llenaba de ansiedad. Nunca fue buena para esperar. Se paseó de un lado al otro de la bodega y al final se sentó sobre la vieja silla que se encontraba en una esquina.
Tenía un mal presentimiento de todo eso, pero ya no podía hacer más que continuar con el plan de Gold y aquel capitán. Si era una trampa, tampoco podría hacer más que rogar por poder dar noticias a Regina.
Al subir a cubierta pudo percatarse que Gold y su amor por el dinero no tenían límites. Tres tripulantes más se encontraban allí. Hubiera protestado, pero sabía muy bien que no serviría de nada además todos tenían un interés en común: Salir de allí cuanto antes. Por otro lado el aire de mar era excitante y pronto el malestar por los demás tripulantes desapareció. Cuando llegara a San Francisco tendría mucho material para escribir… pensó en Regina. Se preguntó si podría también escribir esa historia. Para apartar a aquella mujer de sus pensamientos se dedicó a evaluar a sus compañeros de viaje. Por un lado estaba aquella australiana que se había presentado como Benni, algo despreocupada fumaba su pipa y de vez en cuando echaba un vistazo al mar. Una pareja se encontraba arrinconada al lado de la cabina susurrándose promesas y palabras alentadoras.
Respiró hondo y deseo que Regina estuviera allí. Cuanta soledad sentía en ese momento. ¿En dónde había quedado su promesa de no volver a amar? Enamorarse había sido un error fatal y ahora debía vivir con aquello.
De repente el Arkadia se detuvo y escucho el rumor de un motor acercarse. Ya un sonido más cercano le indico que era otra embarcación acercándose.
― ¿Qué rayos sucede? ―preguntó Benni preocupada
―Hagan silencio y no se muevan ―ordenó el capitán del Arkadia
Un haz de luz recorrió el agua, deteniéndose sobre la cubierta del Arkadia. Seguido una voz ampliada por un megáfono desconcertó a los tripulantes. La pareja de judíos se abrazaron más fuerte. Emma no pudo más que rogar en silencio para que aquello solo fuera una pesadilla.
22
Una gran cantidad de soldados alemanes armados los observaron desembarcar en el muelle. Emma sentía que el miedo le taladraba las entrañas hasta sentir unas terribles nauseas. Benni se le acercó y le toco el hombro mientras esbozaba una amplia sonrisa.
―No debes mostrarle tu miedo, eso les divierte
Los cuatro tripulantes del Arkadia y su capitán, fueron conducidos y obligados a entrar en una camioneta con rejas en la puerta y en las ventanas.
― ¿A dónde nos llevan? ―pregunto Emma a la simpática australiana.
― Prisión de Averof. Creeme, no son muy amables allí ―miró a la pareja y la sonrisa que antes había estado en su rostro de desdibujo―. Menos con ellos.
El viaje hacia Averof fue traumático. No podía imaginarse lo que le esperaba allí. Tal vez nunca volvería a ver a su hijo y a su madre. En silencio se maldijo por haber confiado en Gold. Todo había sido una trampa y ella había caído como una tonta.
―Ya llegamos ―susurró Benni sacándola de sus pensamientos.
Fueron conducidos a una sala con paredes desnudas y frías. Detrás de un escritorio se encontraba una mujer cuyas facciones indicaban que estaba muy enojada. De seguro debía ser la comandante de aquella prisión. Examinó uno a uno a los presentes y se detuvo al ver a la australiana.
― ¿De nuevo aquí, Benni?
Ella sonrió e hizo una ridícula reverencia.
La comandante se dirigió hacia la oficinista que estaba detrás de un pequeño escritorio a su lado.
―Sabotaje y espionaje. Benni, la próxima vez has todo lo posible por escaparte. Estoy harta de verte aquí. Llévenla a la celda ―ordenó a las guardias.
Unas camisas pardas se acercaron y se la llevaron. Escuchándose una pesada puerta cerrarse tras ellas.
―Judíos ―exclamó al ver a la pareja que estaba delate de Emma.
―Soy soldado inglés ―contradijo el joven anteponiéndose a su esposa.
―Si, si, si… puedo notarlo. Me asegurare de que puedas tomar el té con tus compañeros de celda.
Los ojos fríos de la alemana se posaron en la temerosa y a la vez desafiante mirada del joven.
―Última oportunidad ―aseveró la comandante―. ¿Cuál es tu nombre?
―Soy soldado inglés ―repitió él.
La comandante, ya irritada, se levantó de su escritorio y se dirigió hacia él.
―Odio a los soldados ingleses y más a los judíos ―dijo mientras le pegó un latigazo con la fusta en plena cara. La sangre apareció en la cara del judío que escupió sobre la comandante.
Emma dio un paso adelante para ayudar a aquel joven, pero el capitán instantáneamente la detuvo tomándole por el hombro. Cuando Emma se volvió, el judío era pateado una y otra vez por los guardias alemanes. Los gritos de su compañera resonaron en la sala y seguido se arrojó al lado de su marido y le cogió la cabeza.
La comandante la tomó por el cabello y la tiró a un lado. Ella sin darse por vencida se levantó rápidamente y se lanzó contra ella, arañándole y por último le proporcionó una bofetada que hizo que todos en la sala quedaran petrificados.
―Valiente fierecilla —dijo la comandante—. Llevadla a mi departamento. Veremos si sabe hacer el amor con esta maravillosa violencia.
Los guardias se apresuraron a cumplir la orden, unos arrastrando al inconsciente marido hacia la celda y otros llevándose a la mujer hacia un cruel destino.
Emma presencio la escena con espanto y odio a la vez. De repente sintió la mirada fría de la comandante puesta en ella. Era la siguiente.
―Ustedes, ¿también son soldados ingleses?
―Soy el capitán del Arkadia y ella mi asistente de limpieza
― ¿Asistente de limpieza? ―gruñó y luego rio―. Ese debe ser un barco muy limpio.
"No mucho", pensó Emma cuyo temor comenzaba a ser reemplazado por la ira.
―Sabotaje y espionaje ―la secretaria escribió y la miró indiferente a través de los dos redondos cristales que le daban un aspecto de intelectual. Emma se sorprendió de lo hermosa que era. Su rostro emanaba algo artístico con pómulos ligeramente sobresalientes y maquillados de manera que parecía sonrojada. Su cabello negro caía más abajo de sus hombros cubiertos por un impecable uniforme de oficinista. Los ojos negros y profundos de ella se cruzaron con los de Emma.
― ¿Algo más mi comandante? ―preguntó la oficinista al notar que ella la miraba con el ceño fruncido.
―Eh, sí. Pase un informe sobre el Arkadia a la Gestapo. De seguro ellos estarán muy interesados en saber más sobre el capitán y su asistente rubia ―esbozó una sonrisa y ordenó que fueran llevados a la celda.
Emma fue empujada a la oscura celda. El olor pestilente a excremento y varios días sin ducharse de las que allí estaban, atravesó las fosas nasales de Emma hasta causarle unas terribles nauseas. Pasó sobre números cuerpos dormidos o quizá casi muertos hasta localizar la enorme figura de la australiana inclinada sobre el pobre judío que jadeaba de dolor.
―La heridas curaran en pocos días, pero no creo que se recupere por lo de su esposa ―comentó ella al verla―. ¿El capitán?
―Lo dejaron en otra celda
―Lo sabía, no es más que un maldito traidor
―Tal vez, pero eso ya no importa
Emma se deslizó hasta sentarse sobre la fría y dura piedra y comenzó a hacer algo que no había hecho desde que era niña: Emma Swan lloró abiertamente y sin avergonzarse de ello.
Benni le palmeó en la espalda.
—Desahógate, chica, pero no tengas miedo. Todo irá bien. No nos tendrán aquí mucho tiempo. Dentro de una semana nos llevaran a la Gestapo y luego pasaremos a un lugar de la prisión mucho mejor que esta porquería.
Emma se secó las lágrimas con las mangas de la camisa y la miró.
― ¿Quién lleva los interrogatorios de la Gestapo?
―Una tal Selena…
Continuara…
