Capítulo 11: Sueños o Pesadillas parte 2

Me encontraba fuera del castillo del invierno, exactamente frente a la entrada.

-¡Puedo escapar por fin!- dije dándole la espalda al castillo y comenzando a caminar entre la nieve.

A medida que iba a alejándome una presión en mi pecho aumentaba y palpitaba, sentía como si se me hubiera olvidado algo muy importante en aquel lugar, algo que necesitara, algo mío, algo que me arrebataron.

Di media vuelta y regrese al castillo, una indignación y rabia se apodero de mi al comprender que me habían arrebatado algo mío en esa castillo. Cuando entre nuevamente mire a mi alrededor tratando de percibir si fuese posible en donde se encontraba lo que me habían arrebatado, pero nada, no sentí nada; así que comencé por la planta baja, pero cuando iba a empezar mi búsqueda un niño se cruza frente a mi corriendo como si no me hubiera visto, lo que me pareció curioso fue que ese niño era igual a Ikuto.

-Pero que está pasando- me dije a mi misma.

Comencé a seguir al pequeño trotando detrás de él, me llevo por varios pasillos en donde se encontraban -según lo que decían las escrituras- los reyes y reinas del reino del invierno. Cabía destacar que eran en su mayoría hombres, hubo un mujer la cual llamo mi atención ya que en el lugar donde se debería hallar su nombre este estaba borroso como si alguien hubiera rayado sobre él; era un mujer hermosa, de largos cabellos rubios casi blancos, de tés blanca y ojos violáceos, su rostro trasmitía su amabilidad y bondad. Volví a seguir al niño que me llevo finalmente a la cocina donde se encontraban muchos chef a toda máquina (N/A: trabajando muy rápido) para preparar la cena, el ambiente tenía un aroma delicioso que te hacia agua la boca, seguí con la vista el niño que cruzaba entre los chef para llegar a un señora rellenita de unos cuarenta y siete años aproximadamente que al verlo le caricia el cabello y le dio un pan de la cesta, el niño le sonrió y se despidió, salió de la cocina y lo seguí, llegamos hasta el salón, el cual estaba vacío pero este tenía un enorme ventanal que mostraba el exterior, el niño se acercó corriendo a este y vio la nieve caer por un nos minutos hasta que la puerta se abrió de golpe.

-¡¿Dónde estás niñato?!- llego un alto hombre de cabellos y ojos zafiros, su mirada era gélida y de andar intimidador.

El pequeño niño volteo y se encogió del susto al oír esa voz.

-¡Con que aquí estas!- dijo el hombre acercándose a grandes pasos hacia el pequeño -¡Contéstame cuando te llamo! ¿Entendido?- el hombre tomo por el cuello de la camisa al niño, éste paralizado por el miedo no dijo palabra -¡¿Entendido?!- replico nuevamente el hombre, esta vez sacudiéndolo.

-Sí, señor- susurro apenas.

-No te escucho ¡Habla más alto!-

-Sí, señor- dijo con voz más alta.

-Ahora vete a tu habitación. ¡Ahora!- dijo mientras lo soltaba como si su cercanía le desagradara.

El niño casi cayó al suelo, pero rápidamente se estabilizo y corrió al segundo piso-donde se encontraba su habitación-preocupada por el pequeño lo seguí, al llegar al segundo piso corrí rápidamente hacia él. Abrió la puerta de lo que creí que era su habitación, cuando iba a entrar también escuche claramente la voz de Ikuto.

-Gracias- dijo su voz.

Al acercarme a su habitación pude ver de manera muy borrosa la figura de una mujer recostada sobre el regazo de un hombre que pareciera que le está acariciándole el cabello.

Cuando comenzaba a enfocar la imagen le puerta se cerró de golpe.

Y todo se volvió negro.

Me senté de golpe tomando una gran bocanada de aire. Estaba hiperventilado.

Era solo un sueño. Dios, que intenso, me recuesto e intento calmar mi respiración y mis pensamientos, que van a mil por el sueño. Me siento igual o peor que ayer, lentamente me recuesto controlado mi respiración, me duele la cabeza, me pesan los parpados, mi lengua se siente pesada y la mayor parte de mi cuerpo se siente adormecido y también noto que estoy empapada de sudor. Debe de haber sido el sueño o mejor dicho pesadilla.

Miro hacia la ventana de la habitación y a través de las cortinas alcanzo a ver un poco de claridad. Tomando fuerzas me logro sentar al borde de la cama, todavía con la mirada fija en la ventana, poco a poco me voy levantado pero de todas maneras un intenso mareo se apodera de mí, como puedo para evitar caer cama otra vez me apoyo en el velador, espero que el mareo se detenga y comenzó a caminar lentamente hacia la ventana, apoyándome de vez en cuando de la pared, cuando por fin llego a ella miro hacia mi cama veo que he recorrido un tramo muy corto pero para mí ha sido una maratón, me siento exhausta, me vuelvo a la ventana y lentamente corro la cortina. Mirando hacia el horizonte veo las montañas, bosques y pueblos totalmente cubiertos de nieve y… en la sima de las montañas se asoma el sol y se puede ver con toda claridad, sus rayos cambiando los colores grises y opacos de las nubes por unos más claros y alegres, por primera vez en años puedo apreciar el sol sin ser cubierto por las nubes, por primera vez en años siento un rayo de esperanza en mi interior, el sentimiento es abrumador, mis ojos no pueden creer lo que ven después de años el sol se muestra y brilla con esplendor sobre este mundo; pero como si el invierno se hubiera percatado de esto las nubes se aproximan al horizonte para cubrir el sol, alzo mis manos como si pudiera alcanzar el sol y protegerlo entre ellas, las nubes cubren los rayos del sol dejando otra vez una luz griseada en el cielo.

El agotamiento vuelve nuevamente a mí y no me da tiempo para estabilizarme o agarrarme a algo porque comienzo a caer hacia atrás mientras siento que me voy a negro.

Lo último que siento es un fuerte golpe en la nuca, abro la boca para gritar del dolor pero la voz nunca sale.