Hace mucho tiempo, realmente no sabes hace que tanto tiempo, tu vida comenzó. Tu vida actual comenzó. Naciste entre una bolsa vacía de papas fritas y un montón de olorosa pasta semi-líquida algo repugnante que por poco te mancha un poco. Saliste de ese lugar a duras penas, con cortos pasitos y arrastres, ya que tu cuerpo en si es pequeño. Un cuerpecito pequeño para alguien tan grande como eres tú.

Desde el momento de tu nacimiento, solo te dedicaste a una cosa: Buscar a la persona que te hizo nacer. Literalmente, la persona por la cual naciste, y no le estas para nada agradecida. La razón es simple: Te desechó cruelmente, olvidándote con un simple movimiento para el resto de su maldita vida. Es algo difícil de entender para algunos pero en sí es algo muy sencillo y simple. Pero ya no te importa tanto ahora.

No es que realmente puedas hacer algo a estas alturas. Han pasado décadas desde ese momento. Seguramente esa persona a quien le atribuyes tu existencia dejo de existir en si misma, y no tiene caso seguir buscándole desesperadamente para vengarte con desenfrenó y crueldad. Puede que seas vengativo y malvado pero eres a la vez bastante cuerdo, lo suficiente para saber que tu búsqueda actualmente seria en vano.

Mientras dedicabas tu mente a divagar en el pasado, un pequeño hecho que se desenvolvía cerca de ti llamó tu atención de repente. Un niño, a mitad de la noche, fuera de su hogar. ¿Qué hacia ese pequeño niño en pijama, tan cerca de un bote de basura? Muy simple. Tiraba a un pobre muñeco de peluche. Un pobre muñequito de peluche que estas seguro que si tuviese la oportunidad, se desharía en un mar de lágrimas y llantos desesperados para que así el niñito no le tirase vilmente.

¿Cómo estas tan seguro de que eso es lo que piensa el pobre muñequito? Porque eso fue lo que pensaste tú varios años atrás. En exactamente la misma situación. Fue precisamente por eso que naciste, tu odio y tristeza te dieron un alma llena de oscuridad, lo suficiente para que tu cuerpo pequeño y afelpado se moviese por primera vez por si mismo. Pero después de años buscando como vengarte, te diste cuenta de que había pasado tanto tiempo que seguramente el niño que te abandonó ya estaría muerto. No importa entonces ya.

Ahora importa castigar en compensación a ese niñito que vez ahora, frente a ti. Te acercas con lo que tú consideras sigilo y antes de que el pudiese reaccionar gritas desenfrenadamente para asustarle. El pequeño se va gritando y llorando tal y como tu congénere deseaba hacer. Pero finalmente le ha dejado ahí botado… al menos se ha cumplido el karma en cierta forma.

De cierta forma verle ahí te conmueve, así que deslizas tu grisácea pero suave mano sobre su cabeza, intentando reconfortarle. Pero algo interrumpe ese momento. Otro niño cerca de ahí que desprecia a sus juguetes. Y nada te entusiasma más que ir a devolverle el gesto con un buen susto que le hará arrepentirse de sus actos en sus pesadillas.

Vas lo más pronto posible.

Después de todo, es lo mejor que puede hacer un Banette con su vida. ¿O no?