Naruto y personajes propiedad de M. Kishimoto

Solo la trama de esta historia pertenece a mi autoría.

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ORACLE


XI

Claridad

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-Es una verdadera lástima que tanta belleza sea desperdiciada en este frío lugar –acarició las mejillas de cada una-, mis niñas, si yo pudiera cambiar el designio de los Dioses, les juro que lo haría. Lamentablemente, ellos han hablado, y como era de esperarse, la profecía seguirá su curso. Una de ustedes –posó su mirada acongojada sobre ellas-, ya se ha convertido en el oráculo.

Las tres niñas asintieron al mismo tiempo, ninguna reflejó emoción alguna al aceptar aquella verdad. Al contrario, sus rostros estoicos, opacando perfectamente la inocencia e ilusión que a su edad deberían reflejar.

-Nunca –la voz de la sacerdotisa cobró seriedad- deben confesar quién de ustedes carga con esa bendición. Vivimos en tiempos difíciles, tiempos de guerras, de muerte…los hombres olvidaron el significado de la vida, del amor y la amistad…ahora solo saben guiarse por el poder, consiguiéndolo a través del sometimiento y la aniquilación de aquel que creen débil –negó tristemente con la cabeza-. Si uno de estos tiranos, estos seres deplorables…tuviera la oportunidad de posar sus manos sobre la elegida…ni siquiera quiero pensar en lo que sucedería.

La observaron suspirar hondamente, después de unos segundos, la mujer rubia y voluptuosa logró concentrarse y regresar a su pose relajada.

-Es por eso que deben permanecer aquí, en este refugio que se construyó para ustedes, para las que estuvieron antes de ustedes, y las que las sobrevendrán. No deben estar tristes, los Dioses jamás les habrían encomendado este don si supieran que no podrían manejarlo.

-Gran sacerdotisa… –la niña rubia dio un paso al frente, una gran duda se plasmaba en sus profundos ojos azules.

-¿Si Ino?

-¿Moriremos aquí? –soltó sin variar su monocorde tono de voz.

La mujer de túnica blanca y capa dorada desvió la vista al suelo, susurró unas palabras en un idioma desconocido e hizo un gesto al viento, parecía una plegaria.

-Si Ino –respondió simplemente.

La niña asintió y regresó a su lugar, al lado de las otras dos.

-Yo –la bonita pelirosa de ojos verdes levantó la mano esperando permiso para hablar.

-¿Si Sakura? –cada vez le parecía más difícil continuar en aquella torre.

Le dolía profundamente aleccionar a la nueva triada oráculo, apenas eran unas niñas, sin embargo, mostraban más resignación y capacidad de entendimiento que sus antecesoras, reconoció con orgullo.

-El oráculo… ¿siempre será oráculo?, es decir –se mordió el labio inferior algo nerviosa- si ella quisiera dejar de ver…dejar de saber… ¿hay alguna manera de evitar sus visiones? –repuso por fin.

-El don de la clarividencia, termina el día en el que su portadora da su última exhalación –respondió severa-, sin embargo –clavó con intensidad la mirada en la curiosa niña-, el oráculo fue elegido por la pureza de su alma, si ella no es digna…los Dioses retirarán el regalo que le han otorgado.

-¿Cómo puede el alma dejar de ser digna? –el susurro tímido de la más pequeña llegó hasta los oídos de la mujer.

-La pureza del alma, va ligada a la pureza del cuerpo. Cuando la llama del deseo y la lujuria corrompen los sentidos, la mayoría de las veces permitimos que consuma y penetre en nuestra carne, si eso sucede…la esencia se mancha, se pervierte, ya no puede existir inocencia para que el contenedor de tal bendición, siga siendo sagrado. Sé que son pequeñas, por ello esto es complicado de explicar…

Tragó con dificultad, ellas continuaban concentradas intentando captar el peso de sus palabras.

-Cuando una mujer y un hombre se encuentran, lo más significativo que puede ocurrir, es la unión de sus cuerpos. Ustedes no tendrán esa alternativa, ya que aquí, los monjes que las custodian, han hecho un voto de castidad.

-No seremos tocadas por nadie… -la observación de Hinata hizo eco en la sombría cámara.

-¡No, nunca! –fue la terminante exclamación de la sacerdotisa-. Jamás deben permitir que algo así les suceda…

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Era su deber, no podía estar dejándose llevar así, y sin embargo…

Alzó la cabeza como implorándole a los cielos su ayuda, temblaba profusamente, no sabía si de frío, miedo o pasión. Las rocas de la cueva se clavaban incómodamente en su espalda desnuda, ella intentaba conservar el equilibrio sosteniéndose de los hombros de Sasuke. Su amo paseaba su boca desesperadamente por los contornos de su cuello y su clavícula, mientras sus ásperas manos luchaban por terminar de bajarle el vestido que se había atorado en sus caderas.

-No…Sasuke…no –le faltó convicción a su negativa, ya que el azabache volvió a sus labios y la silenció con un ardiente beso.

-Si Sakura –respondió alejándose unos centímetros de aquella hinchada boca que lo volvía loco.

Decidió darse por vencido, el vestido estaba completamente empapado y pegado al cuerpo de Sakura, podría romperlo, pero después ella tendría que regresar desnuda al palacio. La tomó del talle y la alzó a la altura de su rostro, la hizo enredar las piernas en su cintura, levantando la arruinada tela y permitiéndose acariciar la piel de sus muslos. Contempló su hermosa figura al descubierto, ella respiraba con dificultad y continuaba sosteniéndose de él.

Se dirigió a sus montículos rosados que permanecían erguidos, dio una ligera probada, notó de inmediato el contraste que la sensación del húmedo y helado pezón generó al chocar con su lengua caliente. Sakura se estremeció y gimió sorprendida, hundiendo las uñas en sus omóplatos y excitándolo más allá de sus límites.

-No sabes cuánto anhelaba este momento –murmuró comenzando a degustar la dulce exquisitez de sus pechos, eran suyos para tomarlos, la pelirosa no pondría objeción.

Sentía que las lágrimas empujaban detrás de sus parpados cerrados, aquella emoción tan intensa le generaba reacciones contradictorias. Consideraba que debía detenerlo, alejarlo de ella y no volver a permitirle que se acercara a menos de diez pasos, salvaguardar su don era su obligación. Por otro lado, no quería que parara, no soportaría tener las manos vacías, perder el choque de su boca con la suya, siempre recordaría aquellas caricias, la sensación de su lengua, probándola…devorándola, la dejaba sin fuerzas.

Un sollozo doloroso escapó de sus labios sellados, aunque deseara amarlo, no podía, jamás podría tenerlo. Abrió los ojos, sus verdes gemas se toparon con los pozos oscuros de Sasuke, él parecía congelado, la observaba aterrado. Ella no tuvo oportunidad de contener las gotas cálidas que le enmarcaron las mejillas y se deslizaron libremente incluso hasta su mentón.

-Sakura yo… -la soltó despacio, temiendo lastimarla en el proceso.

Se cubrió el pecho con los brazos, el pelinegro no dejó de registrar su afligida expresión.

-Perdóname… -retrocedió con cuidado.

-Sasuke… -trataba de explicarle el motivo de su llanto, dejarle claro que la responsabilidad de lo que estaba sucediendo antes entre ellos, también era de ella.

-Necesito…alejarme de ti –expresó atormentado-, no quiero hacerte daño…no puedo creer que haya perdido el control de esta modo –la culpa impregnaba su voz.

-¡Espera Sas-…! –él corrió fuera de la cueva, sin darle tiempo de detenerlo.

Se dejó caer vencida al suelo, no era su intención alejarlo así, ¿Por qué Sasuke la había mirado tan destrozado?, ¿Por qué le pidió perdón?, ¿creía haberla lastimado?. El mágico paseo que él hizo posible terminó de la peor forma. Se abrazó a sí misma, no podía dejar de llorar, ¿A dónde habría ido?, el corazón se le encogió de preocupación. Afuera la lluvia continuaba cayendo torrencialmente, ¿y si algo le sucedía?

Se puso de pie dispuesta a ir tras él, necesitaban hablar, tal vez si le explicaba de una vez por todas su condición. La oscuridad cubría completamente el exterior, la furia del mar se desencadenaba imponentemente, escuchaba las olas chocar con violencia contra los acantilados, y sintió miedo de nuevo, ella estaba a salvo, pero Sasuke no. Juntó sus palmas y cayó de rodillas en la arena, no tenía idea si los Dioses la escucharían, lo más seguro es que estaban decepcionados de ella.

-¡Por favor, no permitan que le suceda nada, sé que ya no soy digna de dirigirme a ustedes…pero él…él significa mucho para mí…no lo abandonen, por favor, no lo abandonen! –pidió con fervor-. Él significa…mucho –reconoció en un susurro.

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No se creía capaz de moverse, la respuesta de itachi aún no brotaba de sus labios. El joven líder se había quedado mudo ante su cuestionamiento, lo cual la despojó de la poca seguridad con la que contaba. Podía adivinar por la tristeza de sus ojos, que él continuaría con sus planes de matrimonio. La opresión en su pecho amenazaba con asfixiarla, ¡había dado todo por nada!, ¡abandonó su misión, su integridad, su palabra de proteger siempre a Sakura, por nada!

Itachi sabía que debía aclarar las cosas con Ino de una vez, ella malinterpretaría su expresión y creería que él solo jugaba con ella. Lo cierto era, que si estaba tan absorto en sus pensamientos, es porque sopesaba con cautela las consecuencias que su proceder acarrearían en su reinado. No se casaría con Tayuya, no podría después de conocer a Ino, de saber lo que era tenerla entre sus brazos, amándolo con tanta pasión, entrega y amor.

-Ino –se dirigió a ella.

-¡No me toques! –se alejó apresuradamente, el dolor y la rabia escapando de sus expresivos ojos azules.

-¡Ino escúchame! –pidió-, no te pongas así –logró atraerla hacia él-. No voy a casarme con ella –cogió su rostro entre sus manos-…no después de conocer el verdadero paraíso entre tus brazos…

-Entonces… ¿Por qué tienes esa cara?, ¿sientes algo por ella, por eso estas tan abatido? –no desconfiaba del anhelo que leía en su mirada, pero algo detrás de aquella declaración, le decía que él no estaba siendo completamente honesto.

-Al no casarme con ella…estaré faltando a mi palabra Ino, prometí desposar a Tayuya, y…al no hacerlo, desencadenaré una clase de eventos que pueden traer guerra a Konohagakure –confesó angustiado.

-No quiero que eso suceda, no quiero que tu pueblo se vea arrastrado en algo así –se atemorizó al comprender la magnitud del daño que su relación traería consigo.

-Será inevitable, el padre de Tayuya se sentirá defraudado, y seguramente querrá cobrar la afrenta.

-Yo también falté a mi palabra para estar a tu lado –reveló desolada-, ¿será esta una maldición que los Dioses nos han enviado como castigo por nuestra traición? –se estremeció protegiéndose en el calor que le brindaban sus brazos.

-No Ino, no pienses en eso…ellos no serían tan crueles de condenarnos solo por amarnos –acariciaba su cabeza intentando reconfortarla-, deja de inquietarte, te prometo que resolveremos cualquier dificultad que se nos presente, lo único que necesitamos es mantenernos juntos. Si tú estas a mi lado nada más importa –la miró directo a los ojos.

-Te amo Itachi –la resolución que él le mostraba alimentaba su propia valentía-, te amo –repitió entregándose a sus labios sellando aquella promesa.

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-¿Hay alguna pista? –dejó de concentrarse en el altar frente a ella y se puso de pie.

-No todavía –respondió el monje recién llegado, la capucha negra ocultaba completamente su faz.

-Tenemos que encontrarlas antes de que él lo haga.

-¿Y si ya lo ha hecho?, ¿si el despiadado que asesinó a nuestros colaboradores a dado por fin con ellas? –debatió, dominando la ira que le provocaba la matanza de su gente.

-Si así fuera, entonces todo estará perdido. Pero, hasta no tener esa certeza, debes buscarlas Kakashi, la triada oráculo ha sido expuesta, por lo tanto, nuestra misión es traerlas de vuelta y…por el bien de la humanidad…destruirla.

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Finalmente había podido dar un poco de paz a su alma, hubiera querido que el agua lo purificara, que apagara el maldito fuego que lo consumía y lo hiciera olvidarse de ella, lamentablemente aquel escape, solo logró que se diera cuenta de lo vil y bárbaro que era. ¿Cómo pudo lastimarla así?, su llanto le despertó un sentimiento de aversión hacia sí mismo que lo enfermaba, era un monstruo, Sakura jamás le perdonaría el haberse aprovechado así de ella, y con justa razón. Si cerraba los ojos, todavía podía recordarla temblando y sollozando aterrorizada, implorándole con la mirada que dejara de torturarla.

La tormenta perdió intensidad, convirtiéndose en una ligera brisa, supuso que era momento de regresar por ella y retornar al palacio. Había tomado una decisión, no quería volver a ver sus lágrimas, tampoco ser testigo de la repulsión que ella le profesaría, mucho menos causarle más vergüenza. Se dirigió a la cueva con paso veloz, terminaría cuanto antes con esa noche de horror.

La divisó en la entrada, buscaba por todos lados a alguien que pudiera socorrerla. Cuando reparó en él, pareció suspirar aliviada.

-¡Sasuke! –corrió directo a sus brazos y se le colgó del cuello apretándolo con fuerza-, me tenías tan preocupada, ¿¡dónde estabas!? –comenzó a llorar de nuevo.

Apretó los dientes conteniéndose de corresponder a su abrazo, si ella lo recibía con esos bríos, posiblemente era sólo por el consuelo que le daba ser rescatada.

-Sasuke –se separó de él al percibir su indiferencia-, yo no...

-Será mejor que regresemos –se dio la vuelta y comenzó a caminar de nuevo sin esperar a que ella lo siguiera.

-Tengo algo que decirte… -lo sostuvo del brazo deteniéndolo.

-¡Aleja tu sucia mano de mí!...no olvides tu sitio…esclava –reprendió arrogante-, no dije que pudieras hablar, así que cállate y camina –ordenó furioso.

Sus hermosos ojos verdes perdieron color, los labios de la mujer se abrieron de asombro, parecía que la habían golpeado, retrocedió un paso torpemente y agachó la cabeza asintiendo resignada. Se sintió más miserable aún, de repente su idea de mantenerse alejado de ella no le pareció tan buena.

-Sakura… -la llamó con ternura, ella levantó el rostro mostrándole con desilusión como sus jades lucían empañados-. No soy el que buscas, el que necesitas…nunca seré bueno para ti…solo quería satisfacer mi lujuria contigo, ¿entiendes?

-¿Querías? –repitió desconcertada-. ¿Ya no?

-No, ya no. Cuando lleguemos al palacio, podrás hacer lo que quieras, te libero de nuestro trato y de mi mandato, ahora…vámonos –continuó con su camino.

Ella no dijo más, seguro estaría feliz al saberse libre de él y sus exigencias, sonrió con tristeza, la extrañaría, a pesar de lo que le había hecho creer a Sakura, reconocía que habría deseado que las cosas fueran distintas, ser el hombre que la mereciera, el que ella amara, exhaló derrotado.

Al llegar al palacio los guardias los miraron discretamente, Sasuke no se molestó en dar explicaciones, se condujo por el pasillo que llevaba hasta sus habitaciones, la pelirosa iba tras él.

-Los vestidos que te regalé siguen en sus empaques, no los dejes aquí, son tuyos. Si necesitas algo más, no dudes en pedírmelo –comentó entrando en sus aposentos-. Suerte Sakura, espero que tengas una buena vida –expresó con sinceridad, ella mantenía la vista en el piso, lucía tan vulnerable con el cabello revuelto y las ropas húmedas y fruncidas, que despertó su compasión.

-Mentiroso…

-¿Sakura? –la vio sacudirse- ¿Qué tienes? –la tomó del hombro.

-¡Mentiroso! –gritó dándole un manotazo-, ¡dijiste que te tenía a ti, que no estaba sola! –su pequeño cuerpo se agitaba por el esfuerzo de contener el llanto.

-Yo… -no le llegaban las palabras.

-¡Enciérrate tú en un calabozo, es lo que pretendías hacer con mis hermanas por herirme!...enciérrate tú…porque me estas hiriendo… –le ordenó con un hilo de voz.

-Entiende que no soy bueno para ti –la atrapó entre sus brazos y la estrechó con vigor.

-Si lo eres, ¡yo te vi!... ¡yo te vi Sasuke!…eras tú…serás el único para mí –enterró el rostro en su cuello, no quería alejarse de él, lloraba desconsolada.

-¿Me viste?

-En mis sueños –se miraron el uno al otro-, tú eres para mí…y yo soy para ti -acarició su mejilla.

La certeza de aquellos ojos verdes le resultó apabullante, Sakura estaba convencida de lo que decía, aunque no tenía una respuesta clara del porqué de su seguridad, no pudo negar que le creía, su vehemente declaración le hizo comprender aquella verdad.

-Si quieres que me vaya… -al ver que él no decía nada, trató de poner distancia entre ellos.

-¡No! –la retuvo en su lugar-…no –suspiró acercándose a sus labios-. Es que…no comprendo, el dolor que te provoqué…yo pensé que en la cueva…llorabas porque te estaba lastimando, y no quiero volver a dañarte Sakura, no pienso arriesgarte así de nuevo.

-No lloraba por lo que me hacías Sasuke, sino por lo que provocas en mí. Nunca he sentido algo tan poderoso…tan fuerte como lo que despiertas en mi ser cuando me tocas, cuando me ves o me besas…lloraba, porque es lo más hermoso que me ha pasado, y tengo miedo, es tan desconocido, que no supe cómo reaccionar –él parecía liberado, la atrajo con fuerza y comenzó a besarla con esperanza.

Pasó sus manos por su negro y desordenado cabello, no se apartaría de Sasuke, fue una tonta al querer escapar de su visión, de su destino. Al verlo marchar tan apresuradamente de esa cueva, pudo comprender la inmensidad de sus emociones, lo amaba, y era muy probable que él sintiera lo mismo por ella, ¿Por qué otra cosa intentó protegerla de él?, alejándola a pesar de que sus pretensiones con ella no estaban todavía saciadas.

Los Dioses le mostraban el camino, si había llegado hasta Sasuke, es porque su lugar estaba a su lado. Aquella premonición que tuvo en el barco, no fue para advertirle o asustarla, era para prepararla. Su corazón se lo decía, sus almas se reconocían, el brillo de sus ojos negros no mentía, ella jamás se entregaría a él si no fuera sincero.

-¿En serio quieres quedarte a mi lado? –juntó su frente con la de ella, era necesario terminar con cualquier duda.

-Si –no tardó en contestar.

Volvieron a abrazarse y besarse con necesidad, no le importaba perder su don, no le harían falta sus visiones, nunca ambicionó conocer lo que sucedería en el futuro antes que los demás, convertirse en la portadora de aquel don, le había arrebatado más cosas de las que creía. La emoción de la incertidumbre le parecía más intrigante, y mil veces mejor, si el mañana llegaba de la mano de Sasuke Uchiha, se imaginó sus vidas irremediablemente atadas por toda la eternidad.

Se sinceraría con él después de consumar su amor, no permitiría que Sasuke se arrepintiera e intentara protegerla debido a su situación. Todo saldría a la superficie, incluida la terrible amenaza por la cual ella y sus hermanas se encontraban en Konohagakure.

Un llamado a la puerta los hizo separarse, Sasuke se apresuró a abrir para regresar al lado de la pelirosa, no quería separarse de ella.

Uno de los sirvientes de la casa le entregó una nota, hizo una reverencia y se marchó enseguida. La leyó rápidamente, era de Itachi. Frunció el ceño ante aquellas palabras, demandaba su presencia lo antes posible, era un asunto extremadamente importante.

-Itachi quiere verme, tengo que ir –avisó decaído, lo único que le interesaba en ese momento era estar con Sakura.

-Ve, no puedes hacerlo esperar.

-No…parece ser algo urgente –sonrió aproximándose a ella- volveré cuanto antes –depositó un beso en su frente.

-Espero que no sea nada malo –rogó interiormente-, te estaré esperando –prometió rozando su barbilla.

-Le pediré a una de las mujeres del servicio que te prepare un baño, relájate y ponte cómoda –propuso y, por primera vez, no había brillo de malicia en sus intenciones.

-Así lo haré.

-Hasta pronto –la besó fugazmente en los labios, disfrutando por unos segundos del néctar de su boca.

Llevó las manos hacia su pecho, podía apreciar el latido desenfrenado de su corazón enamorado. Se dejó caer en el lecho de Sasuke, atrayendo su almohada para respirar su esencia. Al instante de abrazar el enorme cojín se paralizó…

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El afiance de aquel demonio le impedía huir, él estaba debilitado, sus ojos aterradoramente desorbitados por la furia que lo consumía. Ansió en vano alejarse de la prisión que conjuraban sus brazos, la espada que él sostenía sobre su cuello, la inmovilizaba, cualquier esfuerzo por alejarlo de ella solo serviría para poner en peligro su vida. Frente a ellos Sasuke permanecía en guardia, su mirada se encontró con la suya, la concentración y firmeza de aquellos ojos negros, se convirtieron en preocupación y desesperación, la espada en la mano del azabache estaba manchada de sangre. Viró sus verdes orbes hacia abajo, del costado de la bestia la sangre brotaba manchando el pulcro quitón blanco. Las llamas se extendían creando un infierno, destruyendo la ciudad que se alzaba a su alrededor convirtiendo todo en cenizas. Volvió a mirar a Sasuke, "te amo" le comunicó en silencio. Enterró con fiereza sus uñas en el brazo del hombre con cabello rojo, este maldijo con dolor, el pelinegro saltó precipitadamente hacia ellos, soltó su arma para poder tomarla a ella, en un rápido movimiento, Sasuke la había separado de la bestia, interponiéndose a su vez entre ella y la hoja de su espada. De aquella bella sonrisa corrió un río carmesí, él se desplomó cayendo de rodillas, manteniendo aún la mirada en sus ojos, acarició suavemente su vientre mientras el oro de sus parpados se cerraba, para finalmente derrumbarse en el suelo con la espada clavada en su pecho...ya no se movía…no respiraba…la vida había escapado de su cuerpo…

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-¡No! –gritó con la voz estrangulada por el llanto-... ¡Sasuke va a morir!…Sasuke va a morir por mí…

Su mundo se puso de cabeza y perdió el conocimiento ante la brutalidad de su nueva visión.

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Milagro que me aparezco, un gusto saludarles. ¿Cómo están?

Giro inesperado, cuando por fin Sakurita sucumbe al igual que sus hermanas, pum, le sucede esto. Creo que este nuevo peligro cambiará el curso de su vida. En fin, ¿Qué les pareció?, nop, no hubo acción, la elegida continua casta, aunque no se puede decir que sea muy inocente después de tremendos arrumacos pero bueh.

Espero que les haya gustado el capítulo, mi objetivo al actualizar y continuar los fics no es otro que el de entretenerlos un poco, ojala lo esté logrando. Cualquier duda, comentario, chisme, o lo que sea, no duden en hacérmelo llegar. Muchas gracias por el apoyo, como bien dije por ahí, este año tengo el propósito de actualizar más seguido, por lo que no duden que nos leamos pronto.

Cuídense mucho, les mando su abrazo de siempre, un saludo cordial, y mis mejores deseos. Seguimos leyéndonos, disfruten de la vida!