Disclaimer: Naruto ni sus personajes me pertenecen, son de Kishimoto... el resto ya lo saben... blah, blah, blah.
Capítulo 10
UN NUEVO JUGADOR ENTRA EN ACCIÓN
Otra vez lunes, odiaba ese día. Para él era el peor de la semana. Se volteó y se encontró a su prometida, Sakaru, quien dormía plácidamente desnuda a su lado, no quería volver a la mansión de los Senju hasta que Sakura se mudara y pasaba las noches en su apartamento.
Se levantó y fue con paso perezoso al baño, frente al lavabo se observó por un instante antes de abrir el gabinete donde guardaba las cosas de su aseo personal.
Se suponía que su ex no tardaría en mudarse de la casa donde vivía su novia, pero sus planes se aplazaron porque había sufrido un accidente durante el fin de semana que le impidió mudarse.
Sasuke le llamó el sábado en la noche y le dio un escueto resumen de lo acontecido en el paseo al que Hinata la había invitado. Sakaru estaba hecha una furia, dejó claro que no soportaría estar un segundo más bajo el mismo techo que Sakura, y por eso se instaló en su residencia de soltero.
La verdad a él no le importaban las riñas que pudiesen tener esas dos, lo poco que sabía de la extraña relación, era esa separación que sufrieron desde pequeñas que quebrantó los lazos familiares hasta hacerlos insostenibles.
Aunque últimamente la actitud de Sakaru con respecto al tema, le estaba dejando mucho que desear. Comenzaba a hastiarse de su carácter hosco cada vez que algo o alguien hacían referencia a la heredera de su familia.
Además también estaban las dudas que recayeron sobre ella al tener un leve panorama de la relación que lo unió en antaño con la mayor de las gemelas. Comenzaba a exasperarse con sus malditos celos. Si tan solo hubiese omitido esos detalles de su historia con Sakura, ahora no tendría esta clase de problemas.
«Sakura». Pensó con nostalgia… ya no era su tierna Sakura
Ese día la vería de nuevo. Desde que se reencontraron no puso sacarla de su cabeza… sus labios, sus ojos, el calor de su aliento chocando contra el suyo. La pasión con la que él la instruyó siendo apenas una chiquilla.
Tampoco pudo olvidar la escena que presenció en aquel privado jardín…
Sintió unas ganas enormes de correr hasta ellos y alejar las manos de Sasuke del cuerpo de su mujer, porque por más absurdo que sonara, la seguía considerando suya. Fue su primer y único amor, el primero en sentirla mujer, y el primero en enseñarle lo que era sucumbir a los deseos de la carne.
En ese momento tenía que estar odiándolo, y no era para menos. Había vuelto a herir sus sentimientos al decirle que escogía a Sakaru, pero lo hacía por ser realista, ella pronto tomaría su lugar dentro de su compañía, sería la dueña y señora de un imperio, y posiblemente consiguiera un marido a la altura escogido por el honorable Dan Haruno.
Él nunca entraría a formar parte de su vida, al contrario. Si ya era un problema estar con Sakaru que era una socia minoritaria del emporio familiar, no quería imaginar los dolores de cabeza al pretender ser el marido de Sakura.
El marido de… si aspiraba a quedarse con ella iba a ser lo mismo que el tipejo de Sai, el marido de…
Odiaba admitirlo, pero era un hombre orgulloso. Nunca sería capaz de soportar que una mujer pasara por encima de él, y era más que claro que si pretendía recuperar a Sakura eso ocurriría porque ella era una Haruno-Senju, una mujer destinada a mandar y no ser la sombra de nadie. El maldito orgullo Uchiha era el que le hacía detenerse, para ello ya tenía a Sakaru, no era inferior a él, pero tampoco eran iguales, él tenía un rol de peso dentro de los negocios de su familia, y ella solo era una accionista más.
Sonrió con ironía, muchas esposas de hombres importantes terminaban siendo parte de alguna prestigiosa familia, cuyos únicos vínculos con sus empresas era ese, formar parte de la directiva de socios, pero a fin de cuentas no tener ni voz ni voto. A menos no sin apoyo de las otras partes.
La imagen de Sasuke rodeando la estrecha cintura de Sakura regresó como un recuerdo tortuoso. Seguramente era un estúpido juego para matarlo de celos, y vaya que le funcionó. La sangre le hervía nada más de recordar la patética escena.
Ella se quedó petrificada ante la sorpresa, e Itachi no pudo evitar recordar las primeras veces que la tomó de esa forma entre sus brazos. Ella reaccionó como la Sakura de antaño, la máscara fría que ostentaba se cayó por una fracción de segundos… y fue con él.
Golpeó con el puño cerrado la pared de azulejos. El ónice de sus ojos brillaba al siquiera revivir la furia que lo embargó ese acto.
Estaba celoso, odiaba ver a otro hombre tocar o siquiera estar cerca de Sakura, aunque éste compartiera su misma sangre. Y Sakaru lo atosigaba. La noche anterior discutieron cuando le avisaron de la junta que tendría con sus parientes en el corporativo de los Haruno.
Sasuke, su querido y pequeño hermano lo había llamado para confirmar la hora de la reunión. Como siempre que estaban juntos decidió dejar saltar la contestadora. Craso error, en ella mencionaba al tormento de sus últimas noches, lo que hizo alterar a su nada contenta prometida.
Fue a la cocina para prepararse el desayuno, debía esperar por Izumi para partir juntos rumbo a las instalaciones del Grupo Haruno&Senju a la firma de la sociedad… no entendía las razones detrás de esa unión, pero qué más daba, las ganancias que proyectaba eran demasiado jugosas como para despreciarla.
Su hermana y él estuvieron de acuerdo desde el primer momento, el único que tardó en dar una respuesta fue el idiota de Sasuke. Y claro, como poseía el veintisiete por ciento del paquete accionario del lado de su madre, era quien tenía la última palabra, porque Izumi solo tenía el veintitrés.
Era absurdo, su madre sin razón aparente lo vetó de su parte y él solo recibió el veinticinco por ciento de su padre. A la hora de la verdad Izumi y él no podían presionar a su hermano cuando querían, si él no tomaba una decisión a favor de ellos debían recurrir a los socios minoritarios, que a fin de cuentas desde que su madre hizo la repartición de sus acciones hace un año y medio comenzaron a tomar en cuenta las opiniones de su Sasuke.
La junta había decidido que sería él quien llevase la cuenta con la constructora, Itachi quiso ofrecerse para ello, creyó que sería una oportunidad para arreglar las cosas con la mujer con quien compartía un pasado. Eran muy jóvenes y cometieron muchos errores —en especial él—, si a fin de cuentas terminarían siendo familia, tendría que aprender a controlarse. Deseaba ahora más que nunca cerrar ese capítulo de su vida.
Pero como ocurría desde hace año y medio, a él lo desecharon por ser el actual presidente de la inmobiliaria y precisar de su tiempo con todo lo relacionado a Uchiha's Real Estate. Toda la junta directiva consideró que sus obligaciones estaban dentro de la empresa, no en los terrenos de los Haruno, para eso estaba Sasuke.
Tampoco podía negar que algunas veces dudaba y temía que aquello no fuera más que una mala decisión. ¿Y si ésta era su jugada? —Dispersó esos pensamientos— si fuera así con su suspicacia lo hubiese notado. Jamás firmaría ningún acuerdo si no estuviera cien por ciento seguro de su éxito. Además este negocio era diferente al que ella estaba acostumbrada, en pocas palabras, ellos tenían cierta ventaja.
Sonó el timbre, debía ser Izumi.
Efectivamente, era ella. Una hermosa morena de cuerpo escultural, un metro setenta y uno de altura, y veintisiete años en su haber. Era una mujer deslumbrante que imponía presencia en cualquier lugar que entraba. Si no fuese su hermanita, seguro sería uno de los idiotas que andaban detrás de ella.
—Buenos días hermanito. —Le besó en la mejilla— Vine a levantarte porque hoy tenemos que estar temprano con los Haruno. —dijo entusiasmada.
—Sí, justo iba a darme una ducha. Espera aquí mientras me arreglo.
Izumi se puso cómoda, encendió el estéreo y puso algo de música para darle ambiente al lugar mientras esperaba.
—Vaya, La stravaganza, no tengo nada en contra de la música clásica, pero podrías actualizar un poco tu biblioteca. —Gritó desde la sala con tono socarrón.
— ¿Qué vas a saber tú? Eso a lo que llamas música es una blasfemia a toda regla. —Bramó desde la cocina exasperado por las tonterías de Izumi— Y por favor, baja un poco el volumen, Sakaru descansa en la habitación.
—Oh, pero si la pequeña Sak, la que no rompe un plato pasó la noche fuera de casa... y la pasó con un hombre sin estar casada. A Dan no le va a gustar nada cuando se entere que te follas libremente a su hijita la santa. Ni pensar lo que dirá la distinguida Doña Tsunade… —Expresó con ironía.
— ¿Tú desde cuando hablas de Dan Haruno con tanta confianza? Hablas como si lo conocieras muy bien. —Preguntó acercándose al sofá donde descansaba Izumi, quien se tensó ante su interrogante, ese gesto no pasó desapercibido para Itachi.
—Bueno —dijo tomando el control de la situación— solo he hablado con él unas cuantas veces. Ya sabes en fiestas en las que coincidimos. Es una agradable persona. Nada que ver a como lo describen las revistas.
—Ese viejo es todo menos agradable. A sus hijas les hizo la vida imposible desde que eran niñas.
Izumi se quedó largo rato observándolo y sonrió con malicia antes de responder con una pregunta que descolocó a Itachi por completo.
— ¿Y tú Itachi? ¿Nunca le has hecho daño a ninguna de ellas? Creo recordar la extraña actitud de Sakura el día que Sasuke y yo la conocimos… tú en cambio parecías conocerla muy bien.
Apartó la mirada enseguida. Esa pregunta de su hermana hizo remover algo en su interior. ¿Qué podía decir él? Era igual o peor que Dan Haruno. No respondió, solo se levantó y fue hasta el baño para comenzar a arreglarse.
Sakaru llevaba rato despierta. Escuchando toda la conversación desde el pasillo. Cuando se percató que Itachi regresaba de nuevo a la habitación se volvió a acostar y simuló que dormía.
Al ver a Itachi entrar al baño, se levantó sin hacer ruido y salió hasta la sala. Allí estaba Izumi, recostada en el amplio sofá con la mirada perdida en el techo del apartamento, mientras aun sonaba en el estéreo la música clásica de su hermano.
Se acercó a ésta y sin previo aviso se dirigió a ella como una víbora acorralada.
— ¿Qué sabes de la relación de mi hermana e Itachi?
Izumi se levantó y miró de frente a la que pronto se convertiría en su cuñada. Prácticamente le sacaba una cabeza de estatura.
—Pero mira lo que tenemos aquí… ¿Espiando conversaciones ajenas? ¿Acaso tu mamita no te enseñó que es de mala educación escuchar detrás de las puertas?
—Mira quién lo dice. La mujer que se mete con hombres casados. — Profirió envalentonada— ¿Crees que no sé qué mi padre y tú son amantes? Pues déjame decirte que eso es peor… Habla de una vez, ¿Qué sabes tú de Itachi y Sakura?
Izumi rio con sorna. Tal como siempre sospechó, Sakaru no era más que una víbora disfrazada… Definitivamente, con esa familia nadie sabía qué se iba a conseguir. Sentía pena por su hermano porque en realidad su linda novia era una pequeña arpía, por algo no era del agrado de Izumi y Mikoto.
—Y pensar que el tonto de mi hermano cree que eres un angelito. ¿Quién te viera y quién te ve? La verdad no sé nada de lo que mi hermano tuvo con tu hermana, pero lo poco que he visto, me quedó claro que fue muy serio. —Comenzó a jugar con algunos mechones del cabello rosa de Sakaru—. Yo tú tendría cuidado con Sakura... a mi hermano se le ve un brillo distinto cuando la mira a ella, muy diferente a como te mira a ti.
En ese momento Itachi salió hasta la sala y las mujeres se separaron al sentirlo.
—Me preguntaba dónde estabas. Me alegra que estén conversando un poco. Ese es un gran primer paso para que se lleven mejor. Deberían dejar de lado las diferencias, y mamá debe seguir tu ejemplo —dijo dirigiéndose a Izumi— Sakaru será parte de la familia y quiero que todos estemos en armonía.
—Itachi, querido, la verdad es que no me gusta tu novia no porque sea una Senju. Sino porque no ha hecho méritos para ganarse ni un poco mi confianza. —fulminó con la mirada a la que pretendía ser su cuñada.
—Quizás tu hermana no se ha propuesto conocerme mejor. Estoy segura que si nuestro trato fuera diferente, nos llevaríamos —respondió una Sakaru distinta a la de hace unos momentos, con cierta dulzura en la voz—. Tanto como lo haces con Hinata.
—Hinata es harina de otro costal. —La mujer no soportaba la hipocresía de Sakaru—. Siempre ha contado con nuestro cariño porque se lo ha ganado… además ella seguro sí nos dará un heredero digno. ¿Tú qué tienes para ofrecer aparte de tu maldita sangre Senju? —Esto último no pudo evitar decirlo con desprecio.
No porque odiaba a toda su familia, Dan era un gran hombre a pesar de todo lo malo que decían de él y Sakura no era hipócrita —o eso le pareció— pero Sakaru y su madre, verles las caras de moscas muertas le hacían revolver las entrañas del asco que le causaban.
—Basta. —espetó Itachi con brusquedad. Zanjando la pequeña riña entre su hermana y novia—. Cada vez que se ven tiene que terminar en lo mismo.
—Izumi, deberías aprender a ser más tolerante con Sakaru, cuando la conozcas mejor te darás cuenta que es una mujer increíble. Y tú Sakaru —se viró hacia la aludida— debes de poner de tu parte y no provocar a mi hermana… Me voy a terminar de vestir. Espero que lo que acaba de suceder no se vuelva a repetir.
Itachi regresó a la habitación dejando nuevamente solas a las mujeres. Al cerciorarse que Itachi no las podía escuchar, Izumi no perdió oportunidad de decirle más calificativos despectivos a su cuñada. Ésta ni se inmutó, ya estaba acostumbrada a los malos tratos de ella. Solo dio media vuelta y emprendió el camino de vuelta a la habitación.
Transcurría casi una hora desde que varios socios, Haruno, Senju y Uchiha, esperaban pacientemente por la llegada de Sakura, la encargada de llevar el proyecto a cabo. Ni ella ni Sasuke habían llegado aún. Itachi por un instante intuyó lo peor. Luego de unos minutos, su querido hermano entró algo azorado, dando unos cuantos gruñidos nada propios de él.
La duda lo estaba matando, así que no dudó en pecar de indiscreto y preguntó el motivo de su tardanza. Según Sasuke, llegaba de una improvisada reunión de padres y representantes en el colegio de Karin, ese era el día libre de Hinata en el que trataba asuntos de la boda y su trabajo, y en él recaían las obligaciones de ella también.
Complacido con la respuesta dejó de insistir tanto, en cambio esperó ahora más tranquilo, la llegada de la mujer que de muchas maneras le complicaba la vida últimamente.
Media hora pasó, hasta que por fin, ataviada en un fino vestido rojo —sin duda ese era su color—, un par de muletas y una bota ortopédica que le cubría hasta media pantorrilla derecha. Junto a ella, entró una mujer de cabello castaño cargando lo que supuso, eran las pertenencias de la señorita Haruno.
—Buenos días señores, señorita —dijo refiriéndose a la única mujer después de ella que formaría parte de la sociedad, luego sonrió para todos— pido disculpas por mi tardanza, como verán —dijo dirigiendo su vista hasta la bota en su pie— tuve un pequeño accidente el fin de semana. Hasta ahora salgo de la consulta con el traumatólogo. Pero descuiden, no es nada que me impida hacer lo que mejor sé hacer, negocios. —Casi todos rieron al unísono, menos Itachi que solo dio una apenas perceptible y Sasuke que permaneció completamente serio, como perdido en un lugar fuera de allí.
La chica le dio una mirada a Naruto Uzumaki que se hallaba en el asiento próximo a quien presidía la reunión. Sakura también les vio, los tres asintieron. La castaña tomó la bolsa farmacéutica y salió de la habitación despidiéndose con una leve reverencia.
—Ella es Ayame Ichiraku, mi asistente personal. —dijo Sakura sonriendo alegremente luego del silencio sepulcral que se hizo presente en la sala.
Itachi solo podía seguirla comparando con la chica del pasado. ¿Acaso había sido tanto el daño que la hizo perder su esencia? ¿Tan malo fue con ella? Todavía no comprendía del todo su manera de actuar, nadie se volvía alguien totalmente diferente por un desamor ¿Qué más hizo para dañarla? Esa y mil preguntas más le rondaban últimamente.
En ese preciso momento le sonrió, después de lo mal que terminaron la última vez que se vieron ese gesto de su parte lo descolocó.
Jugar.
Sí, eso era. Jugaba con él, así como lo hizo alguna vez con la pequeña, dulce y tierna Sakura. Ella le quería hacer probar una cucharada de su propio chocolate. Su mente poco a poco se fue alejando de aquel lugar.
—Itachi, ¿Por qué besaste a esa chica que estaba con tu tío? —Sakura delineaba su pecho con los dedos, no era capaz de verlo a los ojos. —pensé que tú y yo…
— ¿Tú y yo qué Sakura? ¿De verdad crees que somos algo? —la tomó fuerte del brazo, sabía que le hacía daño, ella mordía su labio inferior para reprimir un gemido de dolor. —Yo soy un hombre libre, que me haya acostado contigo no significa que voy a ser tu novio. —La soltó de manera brusca, haciendo que cayera de espaldas contra el colchón.
Él buscó su ropa en el suelo y comenzó a vestirse de prisa, necesitaba poner distancia entre los dos, se suponía que era un juego y comenzaba a sentirse confundido al estar cerca de ella.
¿Por qué actuó como un loco cuando vio a Madara sobre Sakura? Sabía lo que debía pensar el imbécil de su tío en ese momento, que era débil como su padre y se dejó enredar por una mujer.
—Itachi, yo…
Él salió de la habitación sin dejarla terminar, sabía que si la escuchaba no tendría la voluntad para irse, volvería para pedir disculpas y la arrastraría para hacerle el amor una y otra vez. Comenzaba a volverse un adicto a ella.
—Esto es lo único que te puedo ofrecer… lo tomas o lo dejas. Entiende que no soy hombre de una sola mujer.
—Acepto, Itachi —dijo sin siquiera pensarlo— pero por favor no me alejes de ti. Yo… yo…
— ¿Tú qué Sakura? —Preguntó exasperado ante tanto rodeo.
—Yo te amo, Itachi. —El Uchiha rio con sorna ante la declaración de Sakura, no pensaría lo mismo si supiera de lo que era capaz con tal de vengarse de Tsunade.
—Yo no, Sakura. —Dijo con un mal sabor de boca, se sintió extraño al negar el mismo sentimiento hacia ella—. No amo a nadie, solo a mí mismo, ¿Entiendes?
Sakura agachó la cabeza, le dolían las palabras del Uchiha, pero ella en el fondo sentía que todo lo que él decía eran mentiras. Se mentía a sí mismo para no aceptar que también la quería.
—No, Itachi, no te creo —lo encaró con un brillo diferente en sus ojos— eso no es lo que me demuestras cuando estamos juntos. —Se sonrojó al recordar los momentos a su lado— Si no me amas, yo haré todo porque llegues a hacerlo. —Lo miró a los ojos con ternura y le sonrió— Porque yo sé que en el fondo sientes algo por mí. A pesar de tu actitud, eres la única persona que me ha hecho sentir querida…
—Itachi… Itachi… —el llamado de su hermana lo sacó de sus recuerdos.
Todos se quedaban mirando al mayor Uchiha mientras éste salía de su ensoñación. En especial Sakura, ella de alguna manera sabía que su mente se trasladó al pasado. Su pasado juntos. Desde su asiento con la mano apoyada en su barbilla se dirigió hasta el moreno con una mirada y sonrisa burlona.
—Tierra llamando a Itachi —él se acomodó el traje y trató de recomponerse nuevamente, cosa que no sirvió de mucho, ella cambió su expresión divertida a una más seria después del chistecito— Te informo que no estamos para perder el tiempo Uchiha, mientras tú estás en Dios sabe dónde, nosotros firmamos un acuerdo multinacional de muchos millones de ryu. Te agradecería que tomaras esto más en serio, sino me veré en la obligación de exigirle al accionista mayoritario de tu empresa para que te saque por completo del proyecto. —Finalizó de forma tajante.
—Ruego me disculpe señorita Haruno, no era mi intención…
—No me importa si no era su intención olvidarse del trabajo. Lo que sí le exijo es que tenga un poco más de profesionalismo a la hora de tratar cualquier asunto que tenga que ver con el convenio. —Lo miró de forma despectiva— No me haga dudar del criterio de su junta directiva al colocarlo como uno de los hombres de peso en este negocio. No es un juego de niños Itachi Uchiha, aquí se juega todo o nada, un solo error y adiós a todo. ¿Me ha entendido?
—Sí, la he entendido a la perfección. —El moreno tragó grueso, vaya que había cambiado. Lo había humillado en frente de todos sin siquiera titubear.
—Bien como les iba diciendo. —prosiguió la de pelo rosa con su discurso lleno de estadísticas y demás a sus casi socios, para terminar de convencerlos.
Una media hora transcurrió mientras Sakura exponía las gráficas proyectadas a los presentes. Sasuke Uchiha estaba fascinado con la mujer frente a ellos, algo que no pasó desapercibido para Itachi. A él le interesaba, no había dudas. Y cómo no, si personificaba la perfección que el mismo Sasuke buscaba.
No solo era una cara o un cuerpo bonito. No, era un cerebro capaz de procesar y crear nuevos métodos de expansión, generando cuantiosas sumas de dinero nada más en ganancias para ambos. Sin duda su hermano estaba fascinado con eso, incluso él, quien en el pasado la despreció, humilló, mancilló, ahora quedaba con la boca abierta al descubrir la mente brillante que se escondía detrás de aquella menuda mujer.
Al finalizar la ardua explicación, procedieron a firmar el contrato. Dan Haruno fue el primero en firmar, seguido de Sasuke Uchiha —el socio mayoritario de su empresa— quien después pasó el bolígrafo a manos de Sakura. Por un momento se quedaron viéndose a los ojos, contrastando el negro de él y el verde jade de ella. La muchacha sonrió de medio lado y prosiguió a estampar su estilizada firma junto a la del Uchiha. De una forma u otra terminaban de sellar un pacto, no solo comercial, más bien personal.
O eso fue lo que pensó Itachi. Firmó Izumi Uchiha, Naruto Uzumaki y finalmente él, Itachi. Algo le oprimió el pecho cuando Ayame, la asistente de Sakura les ofreció una copa de champagne. Al momento del brindis ellos daban la sensación de estar solos y alejados de todos. Existía un aura o una burbuja que los mantenía distantes de su alrededor, en la que solo estaban ellos dos.
No supo cómo pero terminó ejerciendo presión en el frágil cristal de su copa, haciendo que la delicada pieza se quebraba, estallando en pedacitos que se incrustaron en su piel. Los presentes enseguida voltearon a ver qué sucedía y vieron a Itachi Uchiha con la mano derecha ensangrentada.
Sasuke abrió los ojos con sorpresa y corrió a ver qué sucedía con su hermano, mientras Sakura solo alcanzó a alzar su copa hacia Itachi con una sonrisa triunfal y después tomar todo el contenido de ésta de un solo trago. Tomó sus muletas y salió de la sala de juntas hasta su oficina dejando atrás a un mal herido Itachi.
Y no, no era por el hecho de tener una mano llena de cristales incrustados en sus carnes, más bien era una herida más profunda, de esas que no se pueden ver, de esas que Sakura conocía muy bien gracias a él.
—Hola pequeña, ¿Cómo te fue en la escuela? —Preguntó Fugaku Uchiha a la joven pelirroja.
—Mal abuelo, hay una niña en mi clase que me cae de la patada. Hoy cuando la maestra estaba en la reunión de padres comenzó a decir cosas sobre mí.
—Ah sí, ¿Y qué dijo esa niña para que digas que ha sido un mal día?
—Lo de siempre. —Suspiró con pesadez— Que no soy una Uchiha de verdad, que Sasuke me recogió por simple caridad. —Hizo una pausa mientras su mirada escarlata se perdía en el paisaje de la ventana— Y siento que tiene razón, soy un fraude.
—No digas eso, eres una Uchiha, así no lleves nuestra sangre te queremos como una más. Además creo que lo único bueno que ha hecho tu padre es traerte con nosotros.
—No hables así, sabes que a él le importa mucho lo que pienses de él. Aunque no lo creas Sasuke te admira.
— ¿Por qué lo estás llamando Sasuke y no papá?
—Pasa cuando la idiota de Hanabi Hyūga se mete conmigo. —La joven se tapó la boca al mencionar el nombre de la hermanita más pequeña de su madre adoptiva.
— ¡Aja! Con que Hanabi Hyūga —Dijo el hombre con el ceño fruncido.
—Sí, la hermana de Hinata, es una bruja si me lo preguntas, más que su hermana.
— ¡Hey! —La reprimió el hombre.
—Sabes que Hinata me odia porque le quito la atención de Sasuke, si me soporta es porque no le queda de otra.
—Estoy seguro que con el tiempo te ha llegado a querer.
—Yo la verdad lo dudo, si es buena conmigo es porque no quiere que Sasuke la deje, y yo procuro que no haya conflictos porque no quiero preocuparlo, suficiente tiene con su trabajo y tratar de conseguir tu aprobación.
—Lo que tú digas. Ahora resulta que una mocosa de doce años sabe más de la vida que los adultos.
Karin se acomodó las gafas y lanzó un resoplido exasperada porque su edad no le permitiera la credibilidad necesaria para los aspectos de su vida diaria, pero ella sabía que todo lo que había dicho era cierto.
Aparcaron en una modesta casa dentro del Distrito Uchiha, la pelirroja se extrañó del lugar, nunca imaginó que pasarían por allí.
—Oye abuelo, ¿Qué hacemos aquí? ¿No se molestará Hinata si tardamos más de lo debido? Sabes cómo es de puntual, hoy es el día de pruebas para lo de los vestidos de novias, y también tengo que escoger el mío, ¿Te imaginas yo con un vestido? El chiste se cuenta solo.
—No tardaremos demasiado, solo hablaré con los dueños de casa y nos iremos.
—Bien… ¿Me quedo en el auto o bajo contigo?
—Baja, Rin te dará un pedazo de esa tarta de moras que sirve a sus invitados mientras me esperas.
Ambos bajaron y entraron a esa casa de los suburbios en el Distrito Uchiha, un hombre de unos cuarenta y tantos junto a su mujer, la que se debía llamar Rin, pensó la joven.
La mujer era bonita, de sonrisa cálida, su cabello castaño caía hasta la altura de sus hombros y llevaba un bonito delantal bordado. El hombre como todos los Uchiha llevaba el pelo y ojos negros. Llevaba un par de gafas protectoras que lo hacían lucir 'raro', o eso creía Karin.
Rin la llevó hasta la cocina donde le sirvió una porción de tarta de moras tal y como le dijo su abuelo, junto a un vaso de té helado. La verdad estaba delicioso, nunca pensó que una tarta supiese tan bien.
—Espera a tu abuelo aquí, él, mi marido y yo vamos a discutir unos asuntos importantes. —Dijo la bonita mujer— Si quieres puedes pasar a la sala y ver un poco de televisión ¿Vale?
Karin asintió siguiéndole la corriente a la dueña de casa, a fin de cuentas todos la trataban como una idiota por tener doce años. Ella estaba segura que algo sumamente extraño debía ocurrir para que su abuelo cambiara drásticamente su rutina ese día.
Para nadie —ni para Karin a quien todos tomaban por mentecata por ser casi una niña— era secreto que Fugaku Uchiha era un hombre de costumbres. Nunca en los ocho años que llevaba siendo su abuelo él había actuado de manera tan extraña como ese día.
¿Ir al Distrito Uchiha con una modesta familia por simple amor al arte? Sabía que la inmobiliaria era un negocio familiar que brindaba fuentes de empleo a las muchas familias que hacían vida en esa zona suburbana de la ciudad, muchos de ellos llevaban el apellido Uchiha, y era normal, pues ese era un clan que iba desde la clase más alta —que por azares del destino llegó a pertenecer— a la más baja.
La casa que visitaban eran sin duda de una familia de clase media, era bonita, bien decorada, pero no habían lujos ni ostentosidades como la casa donde ella misma vivía o la residencia del mismo Fugaku, misma que ella consideraba un palacio por lo grande que era.
La tal Rin la dejó sin más en la cocina y ella se fue por la misma puerta que su abuelo y el tal Obito desaparecieron apenas llegaron a la casa.
La pelirroja comenzó a recorrer la casa poco después de terminarse su postre, estaba aburrida, esperaba que su abuelo terminara pronto, aunque pensándolo bien tampoco era muy alentador eso de llegar a casa y encontrarse el circo de los vestidos, odiaba la idea de ponerse uno de esos que tanto le gustaban a Hinata, si era por su madre adoptiva parecería un algodón de azúcar con tanto tutú.
Una melodía captó su atención haciendo que detuviera de forma abrupta su excursión por la casa. Era el sonido de un piano forte, lo sabía porque Hinata muchas veces quiso que aprendiera a tocar y ella simplemente no poseía un oído muy musical que digamos.
Conocía los artistas de la música clásica, como no, en parte tenía que agradecer esos conocimientos que desde pequeña la Hyūga sembró en ella, por eso reconoció la melodía triste de Chopin, quien tocaba lo hacía magistralmente, como ella nunca lo haría.
Si su oído no le fallaba el pianista tocaba el nocturno número veinte. Siguió la melodía por un pasillo que daba hasta una puerta corrediza de vidrios polarizados, desde dentro el sonido era más fuerte y el intérprete estaba cada vez más y más coligado con su interpretación, era como si el mismo Chopin tocara con su tristeza desbordante, o eso creyó la adolescente.
Abrió con sumo cuidado, quería ver al dueño de semejante talento, pero sin interrumpirle. El piano estaba frente a una ventana que daba al exterior, había muchos libros y partituras dispersas por doquier, una silueta se dibujaba en la banqueta, era un chico más o menos de su edad.
Apenas y podía distinguir su rostro, todo se veía a contra luz por la claridad de la ventana. Dejó la puerta abierta, él aún no reparaba en su presencia y era mejor así, no quería que la viera como una intrusa a su privacidad.
Demasiado tarde pensó eso porque tan patosa como siempre, tropezó con una mesita auxiliar y tumbó unos libros que estaban allí. El muchacho detuvo abruptamente sus manos, sumiéndolos en un incómodo silencio.
— ¿Quién eres tú y por qué entras de esa manera a mi habitación? —Gritó el muchacho encolerizado.
Karin lo vio deslizarse hacia atrás de la banqueta — ¿Deslizarse? Se preguntó casi de inmediato— mas no tardó en notar que el muchacho llegaba hasta ella en una silla de ruedas y la miraba con cara de muy pocos amigos.
La pelirroja abrió la boca para decir algo y explicarse, pero sus palabras murieron antes de siquiera pronunciarlas, quedó pasmada ante la imagen del chico, era como ver a su tío Itachi muchos años más joven, aunque había una diferencia en ellos y era eso que no la dejó hablar.
Sus ojos, no había duda que ese muchacho era un Uchiha, pero uno muy extraño, el color de sus irises no era el típico negro de todos los que conocía, como Obito por ejemplo, él debía ser su padre ¿No?
Los ojos verdes del chico brillaban con ira hacia la muchacha.
— ¿Por qué no contestas? ¿Nunca has visto un inválido en tu perfecta vida? —Espetó con amargura al observarla mejor.
Miró su ropa, el uniforme de un prestigioso colegio de la ciudad que llevaba puesto le dio la respuesta de por qué él asumió que era una niña rica.
—No es eso, yo solo…
No la dejaron terminar porque enseguida entraron la mujer que se llamaba Rin junto a Fugaku quien comenzó a gritar como loca y los sacó de la habitación.
Karin no entendió nada, pero después de la escena de la mujer su abuelo la sacó casi a rastras del lugar y la subió con brusquedad al auto.
La chica no entendía nada de lo que acontecía, su cabeza estaba hecha un lío en ese momento. ¿Por qué su abuelo actuaba de esa manera?
— ¿Por qué no esperaste donde Rin te dijo? ¿No te han enseñado que es de mala educación husmear las habitaciones de las casas ajenas?
—No era mi intención, lo juro. Yo solo escuché el piano y quise ver quién lo tocaba, no quería causar problemas. Tienes que creerme, abuelo.
—No me llames así. —Gritó furioso golpeando el volante, Karin se sobresaltó por la sorpresa de verlo así.
—Sé que no soy una Uchiha de verdad, pero tampoco era para tanto. —Gritó la adolescente al borde de las lágrimas.
—Lo siento. —Recompuso el hombre tratando de retomar el control de la situación— No debí decir eso, perdón, es que… —inhaló profundamente—, es que perdí el control. A Rin no le gusta que se acerquen a su hijo y…
—No es eso, algo raro ocurre.
Fugaku la observó fijamente, notando que era una chica muy perspicaz, ella no pasaba nada por alto y fue un idiota al creer que irían allí y ella no notaría nada extraño.
—Karin, prométeme que no le dirás a nadie que estuvimos aquí.
— ¿Qué ocultas abuelo? ¿Tiene que ver con ese chico en silla de ruedas? ¿Por eso la reacción de esa señora Rin? ¿Qué tienes que ver con él?
—Nada. —Mintió el hombre, pero la pelirroja lo supo al verlo apartar la mirada.
—Se parecía al tío Itachi.
—Karin por favor, no hagas esto más difícil. Olvida lo que pasó y sé una buena chica.
Ella se cruzó de brazos y se recostó en el asiento, quería saber quién era él, no había dudas, algo pasaba con ese chico y descubriría qué era.
—Está bien, no diré nada sobre el muchacho, pero algo me dice que es más serio de lo que imagino. Espero no hagas sufrir a la abuela y que termine siendo un hijo fuera del matrimonio.
—No es nada de eso.
Karin simplemente pasó de él y se distrajo viendo la ciudad pasar por su ventana, todo era muy extraño.
— ¿Quién era ella mamá?
—La nieta de Don Fugaku, cariño.
El chico frunció el ceño al escuchar la respuesta de su madre.
—No parece una Uchiha. ¿Quién es la madre?
—Es adoptada.
El muchacho sonrió con burla y después tiró una de las partituras sobre la mesa con mucha rabia contenida.
Adoptada.
Esa niña estaba ocupando el lugar que a él le correspondía, sintió demasiada rabia y desprecio por ese que lo había desechado por ser un inútil. Preferían recoger a una huérfana que a él, solo porque esa huérfana podía caminar y él no.
La vida era injusta, a veces incluso creía que llegó al mundo solo para sufrir, su verdadera madre lo despreció de tal forma que lo abandonó a su suerte, vivía de la caridad de Rin y Obito, y su padre ni siquiera sabía de su existencia.
Conocía su historia, su padre era el primogénito Uchiha, heredero del emporio de esa maldita familia en la que tuvo que nacer y su madre una Haruno-Senju. Otra maldita millonaria que se deshizo de él por ser una mancha para su reputación.
Según lo que le había contado su tío Madara y esa mujer con la que andaba el día que le contó su verdad, él era producto de una relación maldita. Los Uchiha y los Senju tenían una rivalidad casi legendaria, sus padres no hicieron caso a eso que los separaba y cayeron en la tentación.
El odio que unía a las familias hizo mella y originó la ruptura entre ellos, después de un tiempo su madre descubrió que estaba embarazada y quiso abortarlo. Hubiese deseado que ella hiciera eso, así no estaría sufriendo tanto como ahora.
Pero ese que se hace llamar su abuelo la convenció de que no lo hiciera contando con que naciera sano para ocupar su lugar dentro de su familia.
¡Mentiras!
Su propio abuelo lo expulsó de su familia al notar que nació enfermo, que era un lisiado de por vida, un inútil que dependería de todos cada maldito día de su miserable vida.
Estaba lleno de odio y amargura, muchas veces anhelaba acabar con su sufrimiento con algo tan fácil como el suicidio, pero ahí estaba el problema, aparte de inválido, cobarde.
Tenía miedo, mas ya no quería vivir así. Su único refugio era la música, la única que lo alejaba de esos pensamientos de muerte y autodestrucción, la única que se había vuelto su consuelo en los días en que creía que nada valía la pena.
También porque le recordaba a ella, su madre.
Sería un tonto si dijera que no era hermosa, porque ella lo era. A pesar de saber que lo abandonó siendo apenas un recién nacido, en él había algo que lo hacía anhelar su tacto aunque fuera una vez.
Su cabello rosa, largo y hermoso… y sus ojos, él tenía sus ojos, grandes y verdes como un jade.
En secreto cada vez que veía el periódico y había una foto suya, o en la televisión en algún evento de envergadura Naoki congelaba la imagen de ella y se quedaba embelesado admirando su belleza, entendía por qué su padre había sucumbido a la tentación.
Toda ella era perfecta, guardaba con recelo cada uno de los recortes de periódicos donde la había visto, el último fue ese de una fiesta hace una semana. Nunca la vio más bonita que ese día.
¿Por qué no lo quiso? ¿Por qué ella que era la persona que más debía amarlo en el mundo lo rechazó apenas al saber que crecía dentro de ella?
Desde antes de nacer su destino estaba escrito, ser un desdichado que no tenía a nadie que lo amara, solo su abuela Mikoto, ella era la única. De resto nadie.
Odiaba al mundo entero, odiaba a Dios. ¿Acaso siquiera existía? Si lo hiciera le habría dado una madre que lo amara, o por lo menos no lo hubiera confinado en una maldita silla de ruedas.
No, Dios no existía, eran puras patrañas de la gente para justificar el dolor, pero él sabía que nada de eso era verdad, la vida era eso, sufrir y soportarlo, a fin de cuentas cada quien cargaba con las penas que le tocaba llevar y la suya eran el desamor y su invalidez. Sus dos grandes maldiciones.
Despidió a Rin en la puerta sin decir nada más, su amargura hablaba por sí sola. Luego se encerró en su prisión, misma que él se construyó al saber que era un error de la naturaleza que simplemente no merecía nacer.
Había tomado todo el día para ella. Le dijo a Sasuke que ese día de su agenda era el más apretado de todos. Desde hace varios meses el lunes era sagrado para Hinata Hyūga. Sasuke aunque no le gustara mucho la idea del casamiento, tenía que ayudarla con sus asuntos relacionados con Karin.
Estaba realmente impaciente porque sus primeros invitados llegaran. Hoy sería especial, se probaría varios vestidos muestra que había mandado a hacer con un reconocido diseñador. No era del tipo de mujer amante de los excesos, pero su madrastra le insistió tanto en hacerlo tan espectacular que terminó cediendo.
El timbre sonó y los nervios hicieron mella en su interior. Estaba prácticamente en el otro extremo de su casa, así que tuvo que apresurar el paso para abrirles a sus invitados. El servicio tenía los lunes libres porque en ese tedioso día para muchos, ella poco a poco iba culminando los detalles de su boda soñada.
Hana Hyūga junto a Hanabi —su hermanita— y Mei Tegumi, una diseñadora de renombre.
Hinata se alisó las arrugas que podría tener el traje que cargaba en ese momento, lila, combinaba con el color de sus ojos. Respiró hondo y se dispuso a recibir a sus invitados. Vio a una exasperada Hana que ponía los ojos en blanco al ver a su hijastra, seguida de la mismísima Tegumi. Esa era su primera prueba con los diseños escogidos para mostrarle. Ella permanecía seria e impertérrita, en cambio, Hana la miraba de forma despectiva.
—Bienvenidos, por favor pasen adelante, ya el salón está dispuesto para empezar con las pruebas. —Una cálida sonrisa iluminó el rostro de Hinata.
—Gracias, no me gusta perder el tiempo. He reservado este día expresamente para mostrarle los diseños que la señora Hana pidió que trajera para usted. —dijo la pelirroja con una sonrisa ladina.
La diseñadora entró seguida de múltiples cajas y maletas gigantes en manos de un ejército de asistentes que Hinata no había visto. La mujer se quedó atónita, ¿Todo eso era para ella? Su madrastra se había excedido con eso del ajuar de la novia, ni que se casara la princesa de Uzu.
Ya en el salón que había ambientado para las pruebas, Mei sacaba traje tras traje. La madrastra estaba emocionada con todo aquello, incluso parecía la novia. Oh por Dios —pensó la Hyūga— Esto se estaba saliendo de control. Jamás se imaginó la extravagancia de los vestidos que desfilaban ante sus ojos. Pero no podía decir nada, no quería ofender a la dueña de Gyoku —la reconocida tienda de su firma— después de dedicarle este día exclusivamente a ella.
Tocando palmas todo el personal de Mei fue hasta el lugar donde estaba su jefa, dio una orden que Hinata no pudo entender, con la misma rapidez con la que se reunieron se volvieron a dispersar tomando el rol que la excéntrica diseñadora había ordenado para cada uno.
—Bien comencemos. —dijo la mujer dirigiéndose a la flamante novia.
Hinata sonrió y pidió que esperaran un momento, pues todavía faltaba porque llegara alguien más que se había ofrecido también a ayudarla con la elección del vestido perfecto para su boda. Hana por su parte aún no sabía a quién se refería su hijastra. No le dio importancia y continuó charlando con ellas.
Después de un rato Hinata al ver que Mei comenzaba a exasperarse por la espera, le dijo que podían empezar sin la otra persona que esperaba, contaba con que llegara en mitad de las pruebas, pues era una persona muy importante y podría estar ocupada.
El primer vestido no era del todo convincente, era extravagante y eso precisamente lo malo que tenía ese traje de novias, pecaba de estrafalario. Hana estaba extasiada gritando como loca que ese era el vestido indicado —para ella— pensó Hinata, su madrastra era lo opuesto a la sencillez de su madre.
La mujer que veía reflejada en ese espejo no era ella, simplemente no. Necesitaba algo más sencillo y delicado que la representara en todo su esplendor. Quería que Sasuke al verla se enamorara de ella, que viera que siempre fue la mujer ideal para ser su esposa.
—Quisiera que te pruebes este, un vestido hecho de organza royal y encaje con pedrería en color natural. —dijo Mei a Hinata, quien quedó con la boca abierta al verlo, era simplemente perfecto. Uno de los asistentes acercó otra pieza a la pelirroja— Y este es un velo montado de tul del mismo color. Un complemento perfecto para este Tegumi que estoy segura refleja tu personalidad.
El timbre sonó, indicando que el otro invitado por fin había llegado. Hana fue a abrir dejando a una shockeada Hinata que veía absorta tan selecta pieza.
La mujer se halló frente a Sakura Haruno, una esbelta mujer de casi un metro setenta de estatura, cabello rosa que caía en cascada por su hombro y un bonito vestido rojo que resaltaba las delicadas curvas femeninas.
Hana arrugó los labios con tan solo verla, Sakura le sonrió de medio lado con una ceja enarcada, como preguntando de forma implícita si la dejaría pasar o no. La señora Hyūga se recompuso de la sorpresa, entonces reparó en la bota ortopédica que cubría el pie de la invitada de su hijastra.
—Hola, soy Hana de Hyūga —Se presentó la mujer— así que eras tú la misteriosa visita de Hinata. Es un gusto conocer a la famosa Sakura Haruno-Senju —La rosada entró con sus muletas siguiendo a Hana hasta la sala donde estaba una encrespada Hinata.
Ayame la asistente de Sakura les seguía de cerca con la bolsa de su jefa y cuatro cafés de Starbucks.
Hinata estaba enfundada en el vestido de novias que se había quedado viendo como tonta. Pero algo no funcionaba, el vestido no cerraba del todo, por lo visto lo habían confeccionado para una mujer de talla pequeña con poco pecho, lugar donde radicaba el problema con Hinata.
—Lo siento tanto. —Dijo Mei con una sonrisa condescendiente—. El diseño fue de hace tres temporadas, fue el que utilizó la modelo en la pasarela, la señora Hyūga lo incluyó aun sabiendo que no había muestrario en otras tallas para ese vestido. Puedo confeccionar uno a la medida arreglando el problema del escote, pero comprenderá que es un riesgo para mí, luego puede no gustarle y habré invertido demasiado al recrearlo. Es una pieza exquisita, mas los gustos cambian, en especial el de las novias.
Hinata suspiró exasperada, le había gustado precisamente ese vestido, quería ver cómo le quedaba, pero tendría que decidirse por otro porque no había forma de ver la forma como éste se amoldaría a la silueta femenina.
Mei Tegumi reparó en las recién llegadas y observó de arriba abajo a la que llevaba el cabello rosa, sonrió hacia Hinata.
—Ella, la del pelo rosa entraría perfecta en ese vestido. —dijo observando a Sakura y tomando uno de los cafés que la castaña que acompañaba a la primera le ofrecía.
—Bueno… sé que esta no es la única opción, pero si a Sakura se le ve bien y resulta ser el elegido se verá mucho mejor cuando lo adapten a mi cuerpo, ¿Verdad? —terminó diciendo la novia en medio de una lucha interna de emociones.
— ¿No le molestaría probarse esta obra maestra de mi inspiración? —preguntó la pelirroja entusiasmada con la idea de ver a Sakura Haruno dentro de una de sus creaciones. Era cierto lo que decían, esa joven era de una belleza exótica. Y lo podía confirmar de primera fuente, lástima que no fuera modelo.
—Pero yo no soy la novia, ni siquiera tengo planeado casarme. Además, no quiero quitarle a Hinata su momento. —Sonrió hacia ésta.
—Por mí no hay problema… además el vestido es casi de tu talla y quisiera verlo puesto. —Una idea cruzó por la mente de Hinata— ¿Por qué no eres mi maniquí? Así podré ver lo que me gusta y lo que no en trecientos sesenta grados.
—Es una idea maravillosa —dijo Mei exaltada de emoción, cosa que no se le había visto en todo el día— me encantaría verla en uno de mis diseños. Aunque claro, espero tener el honor de poder vestirla también a usted el día de su boda. Estoy segura que será un acontecimiento por todo lo alto.
—No lo sé, es que de verdad, no sé si sea de utilidad, ¿Han visto mi pie? No quiero hacerles perder el tiempo.
—No es ninguna pérdida de tiempo Sakura, al contrario, perder el tiempo es confeccionar un vestido de nuevo que podría no gustarme —dijo mirando de reojo a Mei que sonreía con inocencia— ella trajo todo para un maniquí de pasarela, y yo soy delgada pero verás que no soy de mucha utilidad.
—Oh por favor no me culpe, es que me dijeron que la novia era menuda, pero no mencionaron el pequeño problema con el busto. —La pelirroja dijo esto con una sonrisa socarrona en los labios.
Hinata dejó pasar por alto tal falta de respeto hacia su persona, nunca había sido acomplejada por su busto grande, pero que diera por sentado algo absurdo, no todas las mujeres eran raquíticas anoréxicas de poco pecho, además a los hombres le gustaban con más sustancia.
Dispersó sus pensamientos, ahora lo importante era ver la forma del vestido, ese en específico había sido el que le robó el aliento, necesitaba verlo en su total esplendor y decidir si era el correcto. Algo muy en el fondo le decía que sí.
Sakura Haruno se veía simplemente perfecta enfundada en aquel traje, no era casi de su talla como pensó la novia en un principio, era como si de verdad hubiese sido confeccionado para ella. Incluso por un segundo a Hinata le dieron celos verla en él. No faltaba ni le sobraba nada, calzaba como un guante. La hacía lucir, tierna, romántica y con un aura angelical que nadie en la sala pudo pasar por alto.
Se la veía radiante, como si de verdad ella fuera la novia que desposaría a Sasuke Uchiha. Mei acomodó los rizos rosa en un improvisado peinado y colocó el velo.
Sakura al verse en el espejo se quedó atónita, era la primera vez que se ponía un vestido de novias en su vida.
Los teléfonos de Hinata y Hana comenzaron a sonar al unísono, apartando la atención de las mujeres de la maniquí y sacando a Sakura de su trance. Ambas se miraron asombradas por la noticia que recibían y las lágrimas en Hana no se hicieron esperar.
Hinata colgó y abrazó a su madrastra para consolarla. Sakura miraba asombrada la escena, ¿Qué ocurría? Debía ser algo terrible para que la madrastra de la Hyūga colapsara de aquella manera.
—Mi padre tuvo un accidente y está muy mal. Lo llevan de emergencia al Hospital Central. —Dijo con una frialdad nada propia de la mujer que aparentaba ser—. Saldré enseguida con mi hermana y Hana para el hospital.
La morena corrió hasta la habitación y bajó con una chaqueta en manos, el bolso y las llaves del auto. Sakura notó un leve temblor en sus manos y supo que ella no estaba tan bien como quería aparentar.
Miró a Ayame y con una simple seña le hizo saber lo que debía hacer. Acompañar a las dos mujeres y conducir ella antes de que ocurriera una desgracia.
Las mujeres salieron con rumbo al hospital, Sakura se quedó en medio de la sala como un pomposo algodón de azúcar.
— ¿Qué conveniente no crees? —Dijo la pelirroja sacando un cigarrillo y encendiéndolo a la par. Le ofreció uno a Sakura, ésta lo rechazó, no porque no fumara sino porque no le apetecía.
La idea de ir a esa casa era encontrarse con Sasuke Uchiha y conocer por fin el idílico nido de amor de él y Hinata, no hizo ni una cosa ni la otra, había sido una total pérdida de tiempo.
—Tú no eres realmente amiga de Hinata Hyūga ¿No? —Sakura enarcó una ceja con la insinuación de la mujer— Seguro que andas buscando algo más interesante y creo saber qué o quién es. ¿Sabes por qué acepté este trabajo? No lo sabes, pero me gustaría que lo supiera. Quería ver qué era eso que había cautivado a Sasuke Uchiha. Es un hombre tan enigmático que me pregunté qué tenía la insulsa princesita Hyūga para enamorarlo… entonces me di cuenta de algo, ella no tiene nada especial que lo atraiga, al contrario, lo poco que he podido ver me confirma lo que sospechaba desde antes, este será otro típico matrimonio arreglado de la alta sociedad de Konoha. Siempre busco el amor en mis clientes, esa historia de cuento de hadas que te haga suspirar… y en la de Hinata me encontré con el capricho de una niña rica con otro chico de su clase que no le hacía caso. A ella no le importa que él no la ame, solo lo quiere atar a ella y vanagloriarse de su victoria.
—Guau, ¡Increíble! Y todo eso lo supiste probando vestidos… eres grandiosa Mei Tegumi. —Respondió con sarcasmo.
—No te burles, tú y yo nos parecemos en algo, queremos estropear la boda de Sasuke Uchiha, yo tengo mis razones, pero ¿Cuáles son las tuyas?
— ¿Conoces a Sasuke?
—Más que conocerlo, fuimos amantes cuando él era un universitario. Después se comprometió con la Hyūga y adiós diversión.
— ¿Qué sabes tú del idílico romance?
—Que es más falso que mis tetas. Y mis chicas valieron cada centavo que pagué por ellas. Te cuento un secreto, lo de los vestidos lo hice adrede, claro que sabía quién era mi clienta, solo quise molestarla un poco. Ya sabes, por su culpa se acabó mi aventura con su prometido y me quería desquitar. Nadie le roba el hombre a Mei Tegumi y se va libre de pagarlo.
Sakura puso los ojos en blanco, lo que menos deseaba era toparse con una examante dolida.
—Lo que digas. Solo estás dolida porque prefirió a Hinata.
—No la prefirió, esa bruja no sé cómo hizo pero lo atrapó con esa chiquilla que adoptaron hace ocho años.
— ¿Adoptaron?
—Sí, él estaba desesperado porque no la dieran a otra familia y ella aparece por arte de magia con todo a favor para iniciar los trámites de adopción.
—No estoy entendiendo nada. Según tengo entendido tienen una hija de doce años.
—Sí, una adoptada. —Gritó la mujer histérica.
Sakura abrió los ojos con sorpresa, ¿La hija de Sasuke era adoptada? Ese detalle su detective lo obvió cuando le entregó el informe. Miles de conjeturas comenzaron a hacerse en su cabeza, y si… no, no podía ser, pero la niña tenía doce años, la misma edad que debería tener su hijo, o hija… nunca pensó en la posibilidad de que fuese una niña, su corazón siempre le dijo que era un niño.
Mei se levantó al escuchar el timbre, Sakura reparó en el hecho que ningún sirviente aparecía, por lo que intuyó estaban solas, vio que aún llevaba puesto el vestido de Hinata y fue hasta la otra sala donde el séquito de la diseñadora la ayudó a quitárselo.
Llevaba una bata de seda blanca mientras esperaba le fuera devuelta su ropa.
La pelirroja llegó acompañada de la visita inesperada, Sakura estaba distraída revisando su móvil, al terminar por fin decidió centrarse en la visita y entonces un apuesto hombre la escrutaba con sumo interés.
¿Quién era él? Se preguntó Sakura. Desprendía una fuerza oscura y poderosa detrás de esa estoica postura. Tenía que ser un Hyūga, el aire de superioridad característico en ellos era evidente en el extraño en su máxima expresión, eso y sus ojos perlados.
El hombre le dio una media sonrisa que a cualquier mujer habría hecho caer las bragas, a cualquiera menos a ella, sabía cómo tratar con un 'macho alfa' como ese y salir ilesa de la situación.
—No me presentas a tu amigo, Mei. —Sakura puso una mano en su delgada cintura, haciendo que se acentuara un poco más la curva de sus caderas, el hombre enseguida siguió el movimiento. La de pelo rosa sonrió.
—Oh por supuesto, al parecer nuestra novia también lo invitó a la prueba, solo que llegó algo tarde. Es su primo, Neji Hyūga.
—Mucho gusto señor Hyūga, yo soy Sakura Haruno. —Dijo tendiendo una mano hacia el hombre.
Él la acercó hasta sus labios y depositó un suave beso en el dorso de ésta.
—El placer es todo mío Sakura, y por favor, llámame Neji, que me digas señor hace que me sienta mayor, y soy casi de tu edad.
—Está bien, Neji. —Pronunció su nombre con una nota de sensualidad que hizo que los ojos de él brillaran de anticipación— No sabía que Hinata tenía un primo tan interesante…
El hombre le regaló una media sonrisa, era increíble el descaro de esa mujer, pero a Neji le gustó, demasiado si era sincero consigo mismo.
—Y yo no sabía que mi prima era amiga de alguien como tú… ustedes son tan opuestas.
—Los opuestos se atraen… —Dijo con malicia— Además ella ha sido la primera que me ha dado la bienvenida al país, debo recompensarla.
—No quiero imaginar cómo lo harás. —El hombre guio su vista hacia el pie de Sakura y esbozó una sonrisa enigmática— Y veo que ha salido bien el partido del fin de semana, mi prima como siempre de buena anfitriona.
Sakura no pudo evitar reírse, ¿Él estaba al tanto de su salida con Sasuke y Hinata? Tenía que averiguar qué más sabía ese hombre.
—Ino me lo contó. —Respondió él adivinando sus pensamientos. Una sombra cruzó el rostro de Sakura, ¿Qué tanto le había dicho Ino? Tenía que hablar seriamente con ella—. No te preocupes, prometo que no diré nada de tu interés por Sasuke… ni lo que ocurrió entre ustedes.
—Yo…
—Shhhh… —Neji puso un dedo sobre sus labios para que callara cualquier explicación que tuviera—. No sé qué te traigas entre manos, pero si logras que este circo de boda no se lleve a cabo, cuentas conmigo para lo que sea. Soy el más interesado en que esta unión nunca se realice.
La carcajada de Mei no se hizo esperar, la pelirroja miraba con interés al par que recién se conocía y lo que hablaban.
Admitía que le causaba algo de celos que la de pelo rosa estuviese interesada en su Sasuke, pero era interesante ver cuántos detractores había para esa boda… el que nunca imaginó fue el adorado primo de la Hyūga.
— ¿Formaremos el club anti boda del siglo o qué?
—Eso parece. —Dijo Sakura poco convencida.
—Si logras separar a Sasuke de la mosquita muerta de su prima —señaló al castaño que escuchaba atentamente todo—, prometo que te haré tu vestido de novias gratis. Ese será mi regalo.
—Había olvidado lo mucho que odiabas a mi prima, Mei.
—No la odio, simplemente quiero que cada quien reciba su respectivo merecido. ¿No lo crees? —Susurró la mujer junto a su oído, él rió ante la insinuación—. Bien, creo que ya no tengo nada más que hacer aquí. Los dejo para que se pongan al día. Créeme, en este hombre conseguirás un gran aliado, y un espectacular amante si es lo que buscas. —Guiñó un ojo hacia Sakura.
Finalmente vestida se encontró de nuevo con el Hyūga en la sala de estar, habían hablado largo rato después de la marcha de Mei, la pelirroja tenía razón, Neji había resultado ser una cajita de sorpresas. Tan ensimismada estaba en su conversación que apenas había recordado que estaba medio desnuda mientras hablaban.
Neji la había invitado a almorzar el día miércoles a un restaurante que remodelaron hacía poco y según era el mejor de la ciudad. Incluso hablaron de la abrupta salida de sus primas y tías, pero él le restó importancia al asunto, según dijo le daba igual el estado de su tío, a fin de cuentas siempre fue un hijo de puta con él.
En esa charla descubrió dos cosas, él e Ino eran muy cercanos, cosa que la llevó a sospechar que era el tercero en discordia en el matrimonio de la rubia. Y la segunda era que Neji detestaba a los Hyūga, empezando por su tío.
En vistas que nadie llegaba a casa, y sintiéndose unos intrusos de la intimidad ajena al tomar la casa de Sasuke y Hinata en su ausencia para conocerse mejor, él se ofreció a llevarla hasta su casa, ella no podía manejar por lo de su pie, y su asistente no había vuelto después de llevar a la familia Hyūga.
Sakura terminaba de arreglar su vestido para que cayera en su lugar, cuando sintieron la puerta abrirse y Sasuke los observaba desde la puerta, completamente estupefacto al encontrarlos allí.
La situación parecía ser comprometedora, ella aún llevaba el vestido un tanto desarreglado y Neji, él llevaba el nudo de la corbata flojo luego de ponerse cómodo durante su conversación.
El Uchiha entró y cerró con un poco más de fuerza de la normal, su mirada fría iba dirigida hacia la mujer que con muletas en mano, se aferró como pudo al fuerte brazo del hombre a su lado.
—Buenas tardes, señor Uchiha. —Dijo enarcando las cejas y brindándole una deslumbrante sonrisa. Había ideado un plan luego de ver que él quería mantener las distancias luego del beso, y Neji sería perfecto para el juego.
—Señorita Haruno… —respondió en tono serio—. Hyūga. —Terminó mascullando entre dientes.
Para nadie era un secreto que esos dos no se llevaban bien, y desde luego Sakura lo notó enseguida, nada mejor para poner en acción su nuevo movimiento.
—Ya vamos de salida, luego de que Hinata, su hermana y su madrastra tuvieron que partir de manera imprevista, Neji y yo aprovechamos para conocernos mejor. —Espetó de forma inocente, viendo como un brillo extraño refulgía en los ónices ojos del Uchiha.
—Ya veo… —Ninguno pasó por alto el hecho que Sasuke Uchiha apretara fuertemente la mandíbula luego de decir aquello.
— ¿Por qué no lo invitó al partido de tenis? Ha sido un descubrimiento fantástico. Sumamente interesante.
—Me alegro por usted, señorita. Y no lo invité porque el señor Hyūga y yo no frecuentamos los mismos círculos. —No podía ocultar su incomodidad, cuanto antes salieran de allí, mejor.
—En cuanto me recupere me va a enseñar a jugar golf, me encantaría que se uniera a nosotros. Me ha dicho que usted y su padre juegan en el mismo club donde tienen membresía los Hyūga.
—Sí, es cierto, ahora si me disculpan, necesito llegar a mi despacho y terminar asuntos que dejé por terminar. Pido disculpas por la ausencia de mi prometida, esto ha sido algo que se ha escapado de sus manos. Que tengan un buen día.
Sasuke pasó junto a ellos como una bala, sin siquiera mirar atrás, Sakura sabía que verla coqueteando con otro hombre lo había turbado, más aún luego de dedicarse a hacerlo solo con él desde su regreso al País del Fuego.
Pero no importaba lo que pensara él de ella, quería que la viera así, como una mujer que coqueteaba con todos y no tomaba en serio a ninguno, los hombres eran tan básicos, tenían una vena posesiva que rozaba en lo primitivo.
Sakura quería sacar la de Sasuke, sabía que la confrontación directa no funcionaría, era tan correcto, tan leal que, después del beso supo que no se permitiría caer en la tentación dos veces.
Ella ahora lo atraería a su territorio, no le era indiferente y eso era una ventaja.
Neji la observó de reojo y le brindó una sonrisa de medio lado, él comprendió enseguida su juego y estaba segura que le gustaría jugar, más aún si era cierto todo lo que hablaron…
Sí, tenía un nuevo jugador que pretendía usar a su favor… Sasuke Uchiha caería, de eso estaba más que segura.
N/A: Volví... pido disculpas por tardarme tanto, estas últimas semanas he estado atareada, me mudé, dejamos nuestro pequeño apartamento por uno súper mega grande y todo esto de la mudanza nos trae locos a todos, no sabíamos que teníamos tanto 'coroto' como se dice coloquialmente en mi país.
Ah, por si no lo había mencionado, tengo una bebé de dos años y medio, (no, no es mi hija biológica, pero la amo como si lo fuera y ahora yo soy su mamá). ¿Por qué les cuento esto? Para que sepan el motivo de mi ausencia, muchas veces se debe a esa personita que depende enteramente de mí, ¿Por qué no lo hace su mamá? porque lamentablemente falleció cuando ella tenía tres meses de nacida.
Si llego a tardar lo mismo o más, quiero que comprendan que no es fácil para mí escribir tanto como me gustaría, hago lo que puedo con todo y las responsabilidades que llevo a cuesta.
Gracias a los que favearon y siguieron la historia, también a todos los que comentaron, los que no tienen cuenta prometo responderles pronto, ahora no lo hago porque mi chiqui se está despertando y estoy pasando de ratico por aquí.
Nos leemos pronto, un beso enorme. Ojalá les haya gustado el cap, si fue así, háganlo saber con su respectivo review.
PS: Escuchen el nocturno Nº20 de Chopin, es una de mis piezas favoritas.
PS 2: Inconscientemente hice que tanto al padre como al hijo les guste la música clásica O_O. xD
Byyyye!
Lis
