NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DREAMWORKS, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO
¡Hola a todos! ¿cómo han estado? Ahora sí que quiero ponerle turbo a esta historia, la verdad en el desarrollo de este capítulo ocurrieron varias cosas que no me esperaba, me gusta cuando las situaciones se desarrollan de forma natural al colmo en que ni yo misma prevenía eso XD aún así, el desenlace está muy cerca y se mantiene apegado al que yo quería para este fic. Les agradezco muchísimo por sus palabras y comentarios, son siempre mi motor para seguir.
Reviews:
SAM ARCHER: No me pareció nada cursi lo que mencionaste de Astrid, porque es completamente cierto, además me alegra mucho que te emociones tanto con la historia, esa es la idea ^^ todo lo demás que mencionas no puedo respondértelo porque daría spoilers, pero te adelanto que lo de Morgana aparece en este capítulo.
Jeinesz06: Ay, sólo saber que Stoick ya no estará en la tercera película me hace llorar T_T pero sí, Hiccup sólo mejora con la edad, como los buenos vinos jeje.
Vyreco: Siii, Hiccup sólo se pone mejor con la edad (¿podría encontrar alguno así si viajo a Escandinavia? Ok, no XD) para mí que esos animadores quieren conquistarnos con esos diseños tan atractivos. Además, la trama de la última película se ve muy bien ¡ya quiero que estrene! en lo que respecta al fic, me alegra mucho que te guste el desarrollo y ojalá te siga gustando esto.
Forever MK NH: TODAS somos pervertidas con ese diseño de Hiccup... soy de México ¿y tú?
Jaylis Sama: Definitivamente Astrid es un personaje complejo, tiene muchísimas convicciones y una forma de ser auténtica (los guionistas se han lucido con ella) aunque es difícil desarrollarla me gusta cómo lo he conseguido en este fic, y me gusta aún más que te haya gustado a ti =D
Hinaru16241: Rezo que salga pronto el segundo tráiler, en lo que respecta al fic, todo lo que mencionas tiene importancia en este capítulo, disfruta c;
Melanie Villamar: el tráiler me desarmó desde el inicio, cuando empieza la frase "había dragones..." justo como en los libros T_T lloré, enserio. Y pues lo de Morgana y Astrid lo verás en este capítulo.
RoxFiedler: que digas que mis actualizaciones te hacen "saltar de alegría" me provocó un sentimiento muy bonito, enserio, es hermoso llegar tanto a los lectores. Lo que refieres al tráiler, me mató en todos los sentidos, pero no quiero spoilers, realmente deseo llorar a gusto en el cine cuando vea el final de tan hermosa saga. Disfruta muchísimo de este capítulo =D
XI
"Es preferible morir en la batalla que ocultarnos en vergüenza" -Heather.
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Cuando fue evidente que habían perdido la pelea, Morgana ordenó a sus hombres a retirarse, no sin antes lanzar por la proa de su barco a todo aquél que hubiera considerado un cobarde –más bien, a todo aquél que se cruzó en caminó cuando estaba de peor humor– los asustados marineros obedecieron y tiraron de las cuerdas para abrir las velas grandes, permitiendo que el viento se los llevara a lo que ellos pensaban que era el sur. Pero desconocían el lugar, su mapa era viejo y las brújulas se perdieron durante la pelea, en realidad, navegaron hacia el este, el mar se extendió de forma interminable durante toda la noche y no vieron tierra hasta la mañana siguiente.
Era una isla grande, despoblada y sin muelles, debieron lanzar las anclas y llegar a ella en los pequeños botes que consiguieron rescatar (algunos se fueron nadando, desesperados por salir del mar) sentir la arena y la brisa con olor a sal y tierra mojada les dio un instante efímero de paz. Y digo pasajero, porque apenas puso un pie en la isla, Morgana empezó a gritar.
—¡Son unos imbéciles!—gritó ella—Inútiles ¿cómo pudieron permitir que esa horda de salvajes les venciera?
Los hombres, desmoralizados y exhaustos, no respondieron nada, la propia Morgana estaba cansada y hambrienta, dejó de gritar y en vez de eso ordenó hacer un reconocimiento de la zona. Ella misma lideró a los hombres que dibujaban la costa bajo su mando, con el fin de poder saber dónde demonios estaban.
El resto de los hombres se internaron a la isla en busca de comida, encontraron un riachuelo que debía tener agua dulce, peces y arbustos con moras. Llevaron dichas provisiones al barco, donde combinaron la comida con las pocas hogazas de pan que les quedaban, improvisando una cena. Morgana comió en su camarote, sin salir en ningún momento, la mayoría de los hombres decidieron regresar a la playa y hacer una enorme hoguera para cantar y reír un poco sin molestar a la capitana.
Comidos, bebidos y algo más descansados, empezaron a asimilar lo que vieron el día anterior en la pelea. Los vikingos montaban a los dragones como si fueran caballos escupe fuego, eran demasiado ágiles en el aire y difíciles de derribar. Además, los que peleaban cuerpo a cuerpo no conocían en absoluto la misericordia, por más que intentaban buscar algún factor que explicara por qué perdieron, regresaban a la misma dolorosa respuesta: ellos fueron mejores.
Aún recordaban los barcos en llamas y los gritos de sus compañeros que morían desangrados o por las quemaduras, suplicando que les ayudaran. Otros estaban luchando por su vida en el mar, aferrándose a pedazos de madera para no hundirse. Vieron que los vikingos rescataron a algunos cuantos hombres suyos, atándoles las manos ¿los convertirían en esclavos?
Los esclavos en el Continente tenían vidas muy malas y no solían llegar a los treinta años. Como mantenerlos era costoso, sólo los veían en los castillos de los reyes o de los nobles más destacados. Los hombres esclavos debían servir y hacer todo lo que su amo le indicase, si hacia un solo gesto negativo, era azotado en el mejor de los casos. Seguro que las mujeres lo tenían peor, porque ellas debían servir en formas que ninguna persona decente debe conocer. Pero lo peor eran los niños, criaturas pequeñas e indefensas que muchas veces lloraban por el miedo y eran callados por el hambre. Casi no había esclavos en Stor, pero sí en otras ciudades y nunca fueron muy agradables de ver ¿sería costumbre entre los vikingos tener esclavos? Y de ser así ¿los tratarían de esa forma tan inhumana como en el Continente?
Pensar que sus amigos y compañeros durante años pudieran ser esclavos de esos salvajes los llenaba de indignación, pero, atontados por la derrota, muchos hombres comenzaron a pensar que quizá se lo merecían ¿a cuántos hombres no habían raptado de sus aldeas bajo las órdenes de Morgana, y los vendían en los muelles de mercados negros, fingiendo que esos hombres serían sirvientes en casas distinguidas? Eran unos hipócritas y ahora lo veían. Morgana los manipuló con el miedo de saber que nadie podía vencerla, pero esos vikingos lo hicieron, ellos pudieron derrotarla en una tarde, y de paso vencieron la ciega lealtad que ellos alguna vez le tuvieron.
Por su parte, Morgana casi no comió en su camarote, ella veía desde la pequeña ventana hacia el cielo, buscando a estrellas conocidas para saber cómo regresar. Era la primera vez en su vida que se sentía nuevamente perdida y asustada como cuando era una niña. En su juventud, usó la arrogancia y soberbia para que nadie viera sus temores, pero ver la mayor parte de sus hombres y naves perderse en tan espantosa batalla rompió toda su armadura.
En el interior, Morgana no era más que una niña aterrada y deseosa de ser amada, que peleó contra el mundo que la lastimó y ella misma se encargó de maltratar a cuanta persona pudo en venganza. Esa derrota ante Hiccup quebró la última parte de falsedad en ella. Quería volver al Continente, vender el resto de sus cosas y vivir en paz. Pero obtener esa paz no sería sencilla, tenía muchos pecados en su historial ¿cómo conseguir algo que nunca tuvo? Quizá podría marchar más al sur, hacia esa lejana y exótica tierra que los peregrinos siguen para postrarse ante el santo templo y rogarle piedad al dios en sus dominios.
Sí, eso haría, vendería todo y usaría el dinero para viajar y expiar sus culpas, rodeada de los sucios y malolientes peregrinos, internándose a las desérticas tierras carentes de belleza y de riquezas, siendo protegida por esos caballeros embusteros que robaban las pocas cosas de los pobres y fingían cuidarlos, rezando tener suerte de que los herejes de ropas de seda no asaltaran su grupo y enterraran la espada en su abdomen (probablemente después de haberla abusado) ella haría ese peligroso viaje de humildad, sí, ella….
No ¿a quién pretendía engañar? No era una santa, nunca lo fue, y ese viaje sólo de imaginarlo le parecía aberrante ¿Ella, la gran Morgana, rebajada a una pobre peregrina sin nombre? No, ¡no! Ella no merecía eso. Además, el pecado no era suyo ¡era de los vikingos! Ellos le habían quitado lo que tenía y la habían ultrajado ¡sí, eran ellos los que se merecían el infierno! Y por el único dios que existe, ella se los daría.
Si Morgana antes estaba mentalmente inestable, ahora realmente había enloquecido, la poca seguridad que había adquirido en base a su reputación se quemó con el fuego de los dragones, dejando sólo las inseguridades y carencias en la dañada alma de la mujer. No podía encontrarse coherencia en sus pensamientos, sólo un deseo de venganza retorcidamente justificada.
—Por el dios único y verdadero, juro que vengaré esta ofensa—dijo en medio de la noche, sujetando en su mano la dorada trenza que antes perteneciera a Astrid.
Al amanecer, sentía la energía en cada vena de su cuerpo. Salió del camarote buscando a sus hombres, pero sólo vio a dos muchachos acurrucados en la cubierta, cuando los llamó ellos no respondieron, tenían manchas en las comisuras de sus labios que los ennegrecían ¡estaban muertos!
—¡Sar! ¡Gregor! ¡Egrey! ¿dónde están?—llamó a gritos a los primeros que le vinieron a la cabeza—¡Aparezcan, malditos!
Nadie respondía.
Desesperada buscó bajo la cubierta, pero no encontró nada, al alzar la mirada vio los restos de humo negro provenir de la isla, en donde antes estuvo la fogata. Enfurecida y preocupada, saltó al mar y nadó hasta la costa, las ropas empapadas se pegaban a la arena y dificultaron su caminar en la playa, pero llegó a la fogata, rodeada de sus hombres. Estaban desparramados, con arena encima de ellos y las mismas manchas en las comisuras de sus labios.
Todos estaban muertos.
La energía que había sentido esa mañana se convirtió en ira, auténtica y nacida de lo más profundo de su destrozada alma, gritó al cielo como si pudiera maldecirlo.
—¡Esta tierra maldita!—gritó—¡Esta tierra de herejes! ¡maldita sea, maldita, maldita!
Se tiró al suelo y se sujetó la cabeza, tirando de su cabello fuertemente. Golpeó el agua y las olas le regresaron el golpe empapándola, peleo contra eso como si pudiera ganarle a la marea y después agarró arena que lanzó al cielo, finalmente sus rodillas golpearon con fuerza el suelo, al tiempo que ella se rasgaba la túnica. No le quedaba nada.
No, no le quedaba nada, excepto el deseo de venganza. Ya no sólo se vengaría por ella, lo haría por sus hombres. De haber muerto en la batalla –como los hombres que perdió el día anterior– al menos les hubiera dado el lujo de la causa, considerando que murieron por una buena razón. Pero esos hombres estaban muertos, la tierra los había asesinado, era más de lo que ella pudiera soportar, era una ofensa.
La maldita tierra de esos malditos vikingos la había desafiado, quitándole la victoria, la riqueza, el honor y ahora a sus hombres. Más que sentir la muerte de ellos, sentía lo que eso significaba para ella: estaba sola. Pues no, esa maldita tierra y esos vikingos no iban a ganar. Ya son restos de cordura, Morgana se lanzó al mar y nadó contra las olas, sus brazos se movían con tanta fiereza y falta de coordinación que tardó más de veinte minutos en llegar al barco. Tiró los cuerpos de esos dos muchachos al mar y no se molestó en verlos alejarse con el oleaje, en vez de eso, fue a su camarote, sacó la trenza rubia y la puso en su cuello como si fuera collar.
Demoró casi una hora en tener el barco listo, pero al tenerlo, movió el timón y se adentró hacia el centro del archipiélago. No había mapa ni estrellas que seguir, pero eso no le importó, ella encontraría Berk y mataría a Hiccup y Astrid con sus propias manos.
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En Dragon Edge, cuando la fiesta terminó, se llamó a los hombres más valientes para que hicieran un patrullaje especial, no se sabía nada de Morgana desde que la vencieron y la idea era encontrar lo que hubiera quedado de ella y sus hombres. Fishleg, que se sentía mejor, se ofreció a liderar el patrullaje, partió con un grupo de cinco hombres a revisar el límite del archipiélago, pensando que la mujer pudo regresar al Continente, pero no encontraron nada.
Fueron hacia el centro del archipiélago, cerca de donde se había llevado a cabo la pelea, no encontraron gran cosa más que algunos escombros que flotaban aún, como habían pasado ya un par de días sería difícil reconstruir un rastro, pero Fishleg sabía bastante de esas cosas y con ayuda de Meatlog pudo encontrar un camino hacia el este que era el más probable.
Llegaron en poco tiempo a una isla mediana que los terribles terrors y ala cambiantes solían usar en sus migraciones, pero que en otros momentos del año tendía a estar vacía. Vieron botes en la playa, pero no barcos, y un grupo de personas tiradas sobre la arena.
—¡Mira!—señaló Aly—¿Serán ellos?
—Tendremos que acercarnos más.
Aterrizaron al lado de los cuerpos, Aly ni siquiera se preocupó en revisar el perímetro, se inclinó hacia el hombre que tenía más cercano y colocó una mano sobre su frente, ardía en fiebre, al revisarlo con más detalle comprobó las manchas en sus comisuras de labios y así supo exactamente qué tenían.
—Fishleg, están envenenados—explicó—Mira estas marcas, debieron comer las Moras de Loki.
—Pero todos saben que esas moras son muy tóxicas.
—Estas son personas del continente, quizá no hay moras de ese tipo allá en el sur.
—¿No sería lo mejor?—dijo Bjorson, cruzándose de brazos—Ni siquiera hemos tenido que atraparlos, ellos solos se han dado muerte.
—¡No podemos dejarles morir!—dijo Aly exaltada, echando un rápido vistazo a todos los cuerpos sobre la arena—No son más de 20 personas, tengo medicina para todos ellos en Dragon Edge.
—Ni creas que iré a Dragon Edge para traerles medicina a estos desgraciados.
—¡Bjorson no seas cruel!—continuó Aly—Si yo estuviera en esta posición ¿no me salvarías?
—Yo arriesgaría mi vida con gusto por salvar la tuya y la de cualquier vikingo de Berk, incluso cualquiera de este archipiélago—respondió con voz solemne—Pero no pienso arriesgarme por estas personas. Sin invasores que atacaron y mataron a los nuestros ¿cómo piensas siquiera en tratarlos, Aly?
—Esta no es la forma.
—¿Acaso no fueron estos quienes atacaron y mataron a nuestras gentes?
—Bueno, sí—Aly tartamudeó—Pero ésta no es una buena forma de morir.
—¿Quieres hacerles funerales a estos malnacidos?—dijo en tono irónico.
—¡No! Pero… Hiccup debe juzgarlos ¿no?—con esa idea en mente, Aly pudo sonar más firme—Es él quien debe decidir estas cosas, es el Jefe. Además, si les dejamos morir como animales en esta isla, no somos mejores que ellos.
—En eso tienes razón—habló Fishleg por primera vez en toda esa discusión—Pero Bjorson tiene algo de razón, estas personas no son nuestros aliados, son nuestros enemigos.
—¡Fishleg no puedes hablar enserio!
—Y tú no puedes negar lo que ellos son, Aly—refutó firme—Mira, si quieres ayudarlos yo no puedo prohibírtelo.
—Fishleg ¡es una locura!
—Quizá lo sea, Bjorson, pero no soy el Jefe, no puedo darle órdenes. Aly, si quieres salvarlos, hazlo, pero no puedo obligar a nadie a que te ayude.
Aly miró alrededor, el resto de los vikingos frunció el ceño y negó con la cabeza, ella estaba sola en dicha proeza. Como buena mujer vikinga, Aly se puso de pie con pose altiva, les amenazó con volverse su enemiga y hacían algo contra ellos en su ausencia, y montó a su Nadder para regresar a Dragon Edge, prometiendo volver antes del anochecer con todo lo que ocupaba.
Fishleg la miró alejarse y suspiró cuando su silueta se perdió en el horizonte, probablemente Hiccup se molestaba si se enteraba de eso, pero lo que dijo fue verdad, él no podía mandarle nada a nadie, al menos no en esas cosas tan complejas. Bjorson bufó y agitó los brazos molesto, sacó su hacha y la lanzó contra un árbol, luego la sacó del tronco con pesadez.
—¡Esto es ridículo!—bufó—Ayudar a los enemigos ¡esos nos hubieran torturado antes que darnos algo de comer si hubieran ganado!
—Lo sé, pero Aly tiene razón, debemos ser mejores que ellos.
—No ayudaré nunca a nadie que haya derramado sangre de mi gente.
—Y jamás te obligaré a que lo hagas. Pero Aly es curandera, ella hizo voto de sanar a quien llegara a sus manos ¿no pensaste en eso?
—¡Son enemigos!
—¡Están heridos!
—¡Merecen morir!
—¡Cállense ya!—intervino Edgar, que no había hablado en todo ese tiempo—No ganaremos nada enfrentándonos. Al menos encontramos la tropa, que era nuestra misión, lo demás es cosa de Aly.
—Entonces no tengo nada que hacer aquí—Bjorson enfundó su arma y saltó a su dragón—Entregaré el reporte a Gustav.
—Yo me quedaré para hacer una descripción detallada de la escena.—dijo Fishleg—Ya sabes cómo le gustan esas cosas a Hiccup.
—Sé que lo que quieres es esperar a Aly, y está bien, alguien debe quedarse con ella. Los veré más tarde.
Bjorson se fue, y con él los demás, sólo Edgar y Fishleg se quedaron sentados en la playa, viendo a sus dragones juguetear con las olas y al grupo de hombres moribundos por los que nada podían hacer.
—Fishleg, tú conoces más a Hiccup—habló Edgar—¿Le molestará esto?
—No tengo idea.
—Sí la tienes.
—Pues… sí, quizá le moleste.
—Nunca he visto a Hiccup enfadado. Pero su padre, Stoick ¡que terror me daba cuando gritaba! ¿será Hiccup como él?
—No, bueno sí, más bien… eran distintos. Pero Hiccup también tiene mucho carácter, y te aseguro que no quieres verlo enojado.
—Ha sido un buen Jefe, no le conozco mucho, pero admito todo cuanto ha hecho.
—¿De verdad?
—Claro, cuando era niño la casa de mis padres se quemó en dos ocasiones por los dragones. Después de que Hiccup entrenara a Toothless, nos hicimos de tres dragones mascotas y al fin pudimos terminar los cuartos para mis hermanos menores sin temor a que se incendiaran en la noche. Mis padres no recuerdan época alguna en que Berk tuviera tanta paz.
La palabra clave, que más llamó la atención de Fishleg, fue "paz". Edgar tenía razón, en toda su adolescencia fue protagonista de varios de los acontecimientos más importantes en la historia de la isla, por eso le resultaba un poco extraño hablar de aquello con alguien que lo vio de lejos, como Edgar.
—Es una buena persona—concluyó Fishleg—Aún si se molesta con esto, no pasará a mayores.
Una media hora después, Aly regresó con dos maletines llenos de medicamentos. A reticencia, Edgar y Fishleg le ayudaron, no podían dejarla sola atendiendo a tanto desconocido.
Primero arrastraron a los hombres hasta las sombras de los árboles, en ese proceso, descubrieron que siete ya habían fallecido, a esos los dejaron en otra zona para enterrarles después. Quedaron doce hombres, con altísimas fiebres y totalmente inconscientes. Aly les colocó comprensas con agua fresca en la frente y también les dio rápidos baños en sus brazos y pechos, después, sacó los medicamentos de sus bolsas y les inclinó la cabeza para que pudieran beber concentrados del brebaje. Los hidrató haciéndoles beber un té vigorizante especial.
Una hora después, la medicina comenzó a hacer efecto, la fiebre empezó a bajar y los hombres empezaron a murmurar cosas entre sus delirios. Fishleg aprovechó ese tiempo para recorrer la isla y describir mejor la escena, encontró los arbustos con moras de Loki cerca de la costa, de donde los hombres debieron cogerlas pensando que era comida, la hoguera era grande y a su alrededor había algunos cuantos platos con restos de comida, indicando que estaban reponiéndose de la batalla antes de enfermar. A unos 20 metros de la hoguera al norte de la isla, en la playa, estaban dos cuerpos más, tenían las marcas de envenenamiento en los labios, pero también estaban hinchados por el mar, como si el oleaje los hubiera arrastrado, no entendió eso, pero lo anotó por si resultaba ser relevante después.
Edgar cavó una modesta fosa común donde tiró los cuerpos y colocó encima de la tierra una placa con la inscripción "Muertos foráneos", sin más detalles, después de todo no sabía ni sus nombres ni de dónde eran. Antes de enterrarlos, revisó sus ropas, tenían pocas cosas y nada de valor, de repente sintió mucha pena por esos forasteros, no tenían ni siquiera sus nombres para que alguien los recordara en el más allá.
Cuando estaba anocheciendo, Aly prendió la hoguera otra vez y les dio más medicamento. A pesar de sus cuidados, cuatro hombres más fallecieron en la tarde y durante el transcurso de la noche tres más les siguieron. Al amanecer, sólo 5 sobrevivientes empezaban a recuperar la consciencia.
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"Encontramos a los sobrevivientes del conflicto en la playa de una isla hacia el sureste de Berk (hacia el este de la isla Berserker, por el paso de migración de los ala cambiantes) estaban envenenados por los efectos de la Mora de Loki. Aly insistió en tratarlos con medicina. Contamos 17 hombres en la playa envenenados, Aly sólo salvó a 5. Aparecieron 2 cuerpos más al norte de la cosa ahogados. Enterramos todos esos cuerpos. No hay rastro alguno de la mujer líder. Los 5 convalecientes están encerrados en la enfermería de Aly. Esperamos sus indicaciones.
Firma, Bjorson."
Astrid cerró la misiva y se la pasó a Hiccup, el Jefe la dobló y guardó, los dos estaban sentados en su comedor, pensando qué hacer.
La fiesta animó bastante a todos los pobladores y estaban terminando de limpiar el Gran Salón y algunas calles, pero terminados esos deberes, no podían permitirse perder más tiempo. Era necesario saber cómo proceder.
—Aly no debió curarlos—dijo Astrid.
—Quizá, pero lo hizo. Además son sólo cinco.
—Más los 25 que tenemos aquí en Berk. En total son 30 prisioneros de guerra, procedentes de quién sabe qué parte del Continente.
—¿Quieres que les matemos?
—No lo sé, la verdad no quiero ver sangre innecesaria—el embarazo la volvía más suave—Pero no me siento segura teniéndolos aquí.
—No creo que pretendan levantarse en armas contra nosotros.
—Mi temor es otro, yo temo que alguien venga del Continente a buscarlos.
Hiccup frunció los labios, eso no se le había ocurrido, se puso de pie y se sirvió un vaso de hidromiel, necesitaba un trago. Astrid miró fijamente la madera de la mesa, perdiéndose en los remolinos, dejando que eso despejara algo su mente.
—Además—continuó Astrid—No encontraron a Morgana, y no creo que ella hubiera muerto en la pelea.
Ja, la mala hierba nunca muere, Hiccup estaba convencido que esa loca seguía viva, pero sepan los dioses donde. Lo cierto era que cada vez le parecía peor esa mujer ¿abandonar a sus hombres envenenados en una playa, a merced de los elementos? ¿qué clase de arpía hace eso?
—Yo tampoco, pero para encontrarla, temo que ocuparemos la ayuda de esos prisioneros de guerra. Son los únicos que la conocen.
—Dudo que quieran cooperar.
—Ese que no se despega de Heather parece más resignado, quizá podamos convencerla para que le pregunte lo que necesitamos saber.
—Cierto, ¿cómo se llamaba? ¿Cedric, no?—Hiccup asintió—Creo que no pondrá objeciones. Siempre obedece a Heather y hasta la llama "ángel". Me perturba.
—Ella se ve cómoda.
—Heather sabe que puede defenderse de quien sea, incluso él.—se puso de pie y rodeó la mesa rumbo a la puerta—Le diré que pregunte a Cedric sobre…
—Espera—de un salto, Hiccup estaba a su lado—Aún no terminamos.
—¿Ah no?
—No, dime ¿qué le responderemos a Fishleg?
Astrid parpadeó confundida, usualmente Hiccup redactaba sólo las respuestas, una enorme sonrisa apareció en sus labios cuando vio que él la estaba considerando de verdad como una Jefa más. La emoción hizo que le besara la mejilla antes de responder.
—Dile que estamos tratando a los prisioneros de aquí, conociéndolo debe estar preocupado. Que siga atendiéndolos pero los mantenga encerrados hasta nuevo aviso, es un tema que debemos tratar con los demás ¿no crees?
—Me has leído la mente, le escribiré eso en este instante. También otra cosa, Astrid ¿cuándo avisaremos lo de tu estado?
Ella frunció el ceño y colocó los brazos en jarras, luego suspiró, estaba harta de eso.
—¿Podría ser ahora mismo?
—Todos están ocupados.
—Ya sé, en la cena de ésta noche, terminadas las laboras de limpieza. Quiero terminar con esto cuanto antes.
—Que así sea, m'lady.—besó su frente con cariño y la dejó salir.
Astrid sintió una extraña emoción en su abdomen bajo, pero no le dio importancia, salió de la casa y anduvo por el corto camino hasta los escalones del Gran Comedor, sabía que Heather estaba en la cocina dando las indicaciones para rescatar las sobras del banquete y preparar la cena –era muy buena cocinera– y donde ella estuviera, estaba Cedric.
Tras la puerta de la cocina estaban todas las señoras algo cansadas pero sonrientes siguiendo las instrucciones de la morena, por las miradas distraídas de algunas Astrid supo que estaban un poco borrachas. Debieron pasarla muy bien la noche anterior. El menú de esa noche serían estofados muy sencillos, algunos platillos fríos y alcohol, semejante simpleza confirmaba sus sospechas, esas señoras apenas podían ponerse en pie y era peligroso tenerlas haciendo algo laborioso en la cocina.
—¡Mi señora!—dijo la cocinera mayor.—Pase ¿algo se ofrece?
Detestaba que le dijeran señora con todo su ser, tristemente, muchos lo hacían desde que se casó con Hiccup.
—Hablar con Heather.
La morena estaba al fondo, dando instrucciones y revisando las cacerolas, en la esquina sobre una pequeña silla estaba Cedric, silencioso y observador, como siempre, con aire de curiosidad infantil.
—Allá está—la cocinera señaló titubeante la esquina—Tenga, señora, no la vi beber nada anoche. Tenga, brinde por su victoria. Tenga ¡por Berk!
—¡Por Berk!
Y las cocineras al unísono respondieron el grito, elevaron sus vasos y bebieron algo más, Heather les riñó, pero nadie le hizo caso y siguieron cantando con vocales muy abiertas sus canciones.
—Me hacen trabajar de más—se quejó Heather—Apenas se termine de cocinar aquel estofado las mandaré a casa, y terminaré yo el resto ¡estoy cuidándolas más que ayudándolas!
—Tranquila, esto no pasa a menudo.
—Claro, tú no mantienes a la señora Vifferson lejos del fuego.
Pero Heather no estaba enfadada, estaba sólo cansada y hablaba con un dejo de humor. Notó que estaba cortando unas verduras, al terminar, las echó al estofado, meneo el caldo y dejó el cucharón de lado, antes de tomar asiento.
—Le falta mucho—se limpió el sudor de la frente—Dime ¿en qué te ayudo?
—Es sobre Cedric.
El aludido no dijo nada, pretendía que no estaba ahí, pero Heather se tensó.
—¿Qué tiene?
—Fishleg encontró al resto de la tropa, pero no a Morgana. Hiccup y yo nos preguntábamos si él puede ayudarnos dándonos toda la información que pueda sobre ella y sus hombres.
—Eso no será problema, Cedric está muy dispuesto a ayudar.
—Bien, entonces vamos con Hiccup.
—Deja que termine el estofado e iremos todos juntos, no puedo dejarle esto a las señoras ¡mira su estado!
Las volteó a ver, ciertamente era lamentable.
—¿No bebes?
Astrid miró el vaso de hidromiel en su mano que Heather señalaba, negó y se lo tendió, la morena agarró el vaso con el ceño fruncido.
—Es tu favorito, Astrid.
—No tengo ganas.
—Ayer dijiste lo mismo.
—No se me antoja—se encogió de hombros—Me revuelve el estómago últimamente.
—Tú siempre tomas hasta ponerte ebria como esas señoras en las victorias ¿qué te pasa?
—¡No me pasa nada, Heather! Dioses, andas paranoica, deberías dormir.
—¡Te conozco! Has actuado extraña, primero andas muy ansiosa, luego no peleas en la ofensiva, no bebes en la victoria y andabas como niña sensible en la…
La morena detuvo la lista de síntomas, viendo a su amiga de pies a cabeza, las cocineras aún cantaban y reían tan estruendosamente que ni parecían recordar que las dos jóvenes estaban ahí. Los verdes ojos de Heather se abrieron como platos, y Astrid pudo jurar que vio el reconocimiento, la epifanía, brillando en sus pupilas.
—Astrid… ¿estás encinta?
Sólo Cedric escuchó, y se quedó rígido, esos temas eran muy íntimos en el Continente y jamás se hablaban en voz alta. Las mujeres decían "esperar familia" y después desaparecían durante el embarazo, sin aparecer en sociedad hasta que el niño estaba en sus brazos. Los hombres no hablaban el tema, como si no existiera, sólo llegaban un día y decían que tenían un hijo o hija más, como si hubiera caído en ese instante desde el cielo a los brazos de sus padres. Saber que una mujer (y una que casi habían matado días atrás) estaba embarazada lo ponía nervioso, no era un tema que personas ajenas a la familia debieran saber, al menos no en el Continente, era uno de los choques culturales más violentos que había tenido en los últimos días.
—Sí—respondió la rubia—¡Pero no digas nada! Lo anunciaremos hasta la noche.
La morena no pudo evitar abrazar fuertemente a su amiga, riendo con fuerza, las demás señoras sólo reían más fuerte, creyendo que las muchachas estaban embriagándose como ellas.
—¡Heather, me aprietas!
—Aguántate que es por una buena razón—le besó ambas mejillas y sus ojos se llenaron de lágrimas—No puedo creerlo… ¿Hiccup lo sabe?
—Desde luego.
—¿Y qué dijo?
—Está muy contento, nunca lo había visto así—la mirada de Astrid se volvió soñadora—Le hace mucha ilusión.
—¡Tiene que estarlo! Me pone tan feliz. Tú y él…
De repente, su sonrisa se convirtió en mueca y le dio un pequeño –pero preciso– golpe en el hombro.
—¡Oye!
—¿Sabías que estabas encinta cuando peleaste?—susurró en su oído, lo suficientemente bajo para que nadie escuchara pero con el enfado justo para que Astrid se sorprendiera.
—Sí.
—¡No puedo creerlo!
—Oh por favor ¿enserio tú también me vas a reñir?
Ambas amigas continuaron con la pequeña discusión entre susurros, Cedric no pudo escucharlas, sus semblantes lucían bastante serios y amenazantes, después, en un parpadeo, sonreían como niñas y Heather bebía hidromiel como si fuera agua, diciendo que le deseaba las mejores bendiciones. Eran extraños esos vikingos, que pasaban de la ira más intensa al cariño más profundo en segundos.
Finalmente, el estofado se terminó de cocer, Heather pidió ayuda de Cedric para retirar la enorme cacerola del fuego y dejó instrucciones a las ebrias cocineras de no lastimarse, saliendo el grupo por la puerta principal hacia la casa de Hiccup. No hablaron cosas importantes en ese trayecto, pero el entorno se volvió de repente muy solemne cuando entraron a la casa Haddock y se sentaron en la mesa con Hiccup.
El Jefe estaba escribiendo la carta que mandarían a Fishleg, los saludó con una sonrisa y terminó de escribir, Cedric miró impresionado cómo enrollaba la misiva y la ataba a un compartimiento en las patas del pequeño dragón posado en el alféizar, que después volaba rápido ¿también usaban a los dragones para transmitir mensajes? La lista de cosas impresionantes nunca terminaba ahí.
—¿Te llamabas Cedric, verdad?—preguntó Hiccup.
El aludido respiró hondo y asintió.
—Sí, señor.
A su lado, el ángel le sonreía, dándole a entender que todo estaba bien. Vio a Hiccup sentarse en la mesa, Astrid tomó asiento en un sillón cercano.
—Necesitamos que nos des información.
—Lo que ocupe, señor.
Cedric ya había entendido mucho tiempo atrás que cooperaría. Le debía al ángel su vida, y también a la extraña piedad que esas gentes le estaban mostrando.
—Cuéntanos a detalle todo lo que sepas de Morgana—pidió Astrid.
Miró a la mujer rubia impresionado, a pesar de todo, se veía fuerte e invencible. Comenzó narrando las historias que escuchó en los callejones sobre Morgana y cómo terminó sirviéndole por robar comida que no sabía era de ella, le contó las formas dolorosas en que ella le enseñó a servirle y también todas las cosas que hizo a su lado. Desde los asaltos, los chantajes, hasta las muertes. Para ese punto sus hombros se habían encorvado y tenía los ojos perdidos en algún punto del suelo, avergonzado de su pasado y de su ser.
Heather sintió el corazón encogerse, era como ver a un niño pidiéndole perdón a sus padres, sabía que lo de Cedric no era una travesura sin mayores consecuencias, pero vaya, el hombre evidentemente estaba arrepentido ¿no merecía una segunda oportunidad? Tenía que hablar seriamente de eso con Hiccup y con Astrid después.
Por su parte, la pareja seguía meditando toda la información que Cedric les había dado, Hiccup escribió varias cosas en hojas, detalles que después pensaría, a fin de tomar las mejores decisiones.
—¿De dónde eres, Cedric?
—Yo soy de Stor, señor, es la ciudad más próspera de la costa norte.
—¿Podrías señalarla en un mapa?
Hiccup le tendió el mapa del archipiélago, en la esquina inferior estaba lo poco que se conocía del Continente. Le tendió papel y lápiz, a fin de que se pudiera explayar. Con cuidado, Cedric empezó a extender las líneas de la costa del Continente, formando una imagen mucho más clara de la tierra y señaló la ciudad de Stor y algunas otras.
—Más o menos aquí está Gobdgry, es grande pero su mercado es muy malo. Acá estaría Brpgren, su costa es increíblemente rica en pestes. Aquí estaba Fram, no sé si se pudo reconstruir, Morgana destruyó más de la mitad.
—¿Hay más ciudades?
—No, lo demás son pueblos muy pequeños esparcidos en la costa. Las ciudades más grandes se encuentran al sur.
—Siguiendo la costa imagino.
—Al interior por tierra, señor, lejos del mar.
Hiccup y Astrid intercambiaron miradas, ellos que estaban acostumbrados a sólo ver islas les parecía extraño pensar en una masa continental de esa magnitud.
—Espero que los de Stor no tengan planeado hacer invasiones como Morgana.
—No señor, sólo Morgana es tan loca como para venir aquí. En el Continente se cree que acá en los mares de hielo la vida es imposible y las personas salvajes, me alegra saber que no es cierto, pero dudo que nadie venga aquí a no ser que esté muy loco. Mucho menos mandar expediciones costosas.
—¿Crees que Morgana haya muerto allá en la pelea?—inquirió Heather.
—No, ella sigue viva. Y no se rinde. Deben saber, buenos señores, que esa mujer está muy desquiciada, no tiene equilibrio alguno. No estarán a salvo hasta que ella no muera.
Con esa sentencia, los tres berkianos esbozaron muecas contenidas en los labios, esa era precisamente la respuesta que más temían.
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Heather estaba sentada en una de las mesas cercanas a la cocina, viendo a las personas que llegaban para cenar. Unos hombres terminaban de prender el fuego central y otros se acercaban a la cocina para recibir sus platos de estofado y otras cosas, a su lado, Cedric tenía la mirada baja y pensativa.
—¿Tienes hambre?—preguntó la morena, desconcertada por su estado.
—No, ángel.
—¿Por qué me llamas así?—preguntó Heather confundida.
—Porque para mí usted es un ángel—explicó como si fuera la cosa más sencilla del mundo—Me ha salvado de la muerte y me protege, eso hacen los ángeles.
Heather quiso replicar, pero no encontró forma de hacerlo, se sentía halagada de que una persona la viera de esa forma y con esa gratitud y amor incondicional, muy dentro de ella una voz repetía que ese nivel de adoración no la merecía, pero por ahora, se limitaría a disfrutarla. No perdía nada ni le hacía daño a nadie.
—Te agradezco tus bellos sentimientos—respondió.
—Usted no me debe nada, yo le debo todo.—continuó Cedric.—Si recuerdo más cosas, se las diré prontamente.
—No lo dudo. Cedric ¿cómo es Stor?—llevaba mucho tiempo pensando en eso—Cuéntame de tu hogar.
Vio la emoción en los ojos verdes del ángel, ansiosa de saber, Cedric se sintió feliz de poder causar esos sentimientos en ella y procedió a dar la mejor explicación posible.
—Es una ciudad, más grande que Berk, pero muy sucia.—empezó—Con calles estrechas y usualmente tapizadas de barro y de desechos. Allá llueve mucho y por eso uno se llena de lodo con facilidad. Hay mal olor cerca del muelle por el agua estancada, pero a las afueras de la ciudad, donde los caminos se internan al Continente, los bosques se extienden y otorgan aire fresco, con olores agradables y bellas sensaciones. El bosque es lo más hermoso, sin lugar a dudas.
—¿Y las personas?
—Hay de todo tipo, pero la mayoría son malhumoradas y groseras. El rey y su corte suelen usar vestidos coloridos, ser obesos y pedantes. Estas son generalidades, pero las excepciones son pocas, y….
La explicación de Cedric quedó inconclusa cuando Hiccup se paró frente a la fogata pidiendo atención. No se habían percatado de que el Gran Comedor se había llenado de gente, que se bebía y platicaba en un ambiente ameno, y que todos guardaron silencio cuando Hiccup habló.
—Ayer festejamos la victoria que tuvimos frente a los invasores—dijo—Aún nos quedan cosas que revisar, pero en lo que eso ocurre, tengo el enorme gusto y gratitud de hacer un anuncio especial.
Volteó hacia Astrid, que estaba sentada en la silla de Jefa con un enorme sonrojo en sus mejillas, Hiccup estiró la mano hacia ella invitándola a ponerse de pie, ella lo hizo, Heather notó que a diferencia de otros días no llevaba puesta su armadura, usaba un vestido blanco con rojo muy hermoso, adecuado para fiestas.
—Los dioses nos han bendecido a mí y Astrid, después del fuego nuevo, Berk tendrá un heredero.
El Gran Salón estalló en aplausos y alaridos, los hombres empezaron a vitorear a Hiccup brindando con hidromiel y las mujeres rodearon a Astrid cantando bendiciones a dioses que Cedric no conocía. Era una algarabía enorme, pero todos se contuvieron a medias cuando la anciana Gothi cruzó el salón y se paró frente a Astrid, bendiciendo con su bastón a la mujer. Los músicos empezaron a tocar canciones especiales de agradecimiento y de fiesta, lo que empezó como una noche cualquiera se convirtió en otra fiesta.
Heather brindó también y se unió al coro de "Las bendiciones de Freya" que todas las mujeres cantaban felices. Vio que Astrid lucía un poco apenada por las atenciones, pero también estaba feliz, al fin podía decir con orgullo que sería madre. Los padres de Astrid estuvieron a su lado abrazándola y llorando en un parpadeo, el propio Hiccup la besó frente a todos en señal de alegría, y los hombres empezaron a cantar "Gloria a los hijos de Odín" como respuesta a la canción de las mujeres.
En la mesa de los invitados especiales, Mala y Dagur brindaban con lágrimas contenidas por sus muy queridos amigos y murmuraban bendiciones, mientras Atali y Alvin tarareaban la canción, felices pero sin saber cómo expresarse abiertamente. En la mesa continua los gemelos lloraban a moco tendido, el propio Snotlout no contenía su alegría a pesar de que intentaba posar como macho orgulloso.
Cedric admiraba todo eso impresionado, jamás había conocido personas tan auténticas. La canción de los hombres terminó y las mujeres respondieron cantando ahora "Frigg nos bendice esta noche", a su lado, Heather cantaba –más bien gritaba– los coros, alzando su tarro de hidromiel en un enorme brindis imaginario. Aunque la algarabía continuó mucho más tiempo, Heather notó la incomodidad en su acompañante, y tomó asiento a su lado.
—Sé que nos los conoces—le dijo—Pero aquí festejamos mucho cuando los Jefes esperan un heredero.
—Allá en el Continente también, pero se hace de forma distinta.
—¿Ah sí? ¿cómo lo hacen?
—No se festeja que la reina esté encinta—mencionó eso último con algo de pena, decir "embarazo" era considerado grosero en Stor—Eso ni siquiera se anuncia, la gente suele deducirlo cuando la reina ya no aparece en público. Se cree que las mujeres en esas condiciones deben guardar absoluto reposo.
—¡Ni que estuvieran enfermas!—replicó Heather, bebiendo de su tarro—Perdona, continúa.
—No puedo opinar de eso—se encogió de hombros—Pero sí se anuncia cuando nace el bebé. Si es un varón se hace una fiesta enorme en todas partes y se llenan de bendiciones y regalos al heredero. Si nace una niña, sólo se desean bendiciones.
—¿Acaso no les gustan las niñas?
—En el Continente se cree que sólo los hijos varones son valiosos, y que las hijas dan problemas.
Pudo ver perfectamente el rostro de Heather llenarse de indignación, como Cedric empezaba a conocerla mejor, supo qué decir para contener su arranque de ira.
—Evidentemente están mal, hay muchas personas que opinan eso, pero los de Stor no cambian. Son tercos y bobos.
—¡Definitivamente!
La conversación se vio interrumpida otra vez cuando Hiccup y Astrid se despidieron alegando que ocupaban descansar, todos en el Gran Salón gritaron despidiéndolos y Gobber invitó una "segunda ronda" en ausencia de los festejados. Sabiendo que eso daba para largo, Heather se puso de pie y le indicó a Cedric que salieran, bajaron los escalones hasta el muelle, donde pudieron ver el enorme mar y la luna creciente.
—Ángel, he notado que aquí las mujeres son tratadas como iguales a los hombres—dijo Cedric, viendo hacia la luna—Nunca vi nada parecido en Stor.
—Pero tú seguías a Morgana ¿no?
—Era más bien su esclavo. Además, como servíamos a una mujer, éramos considerados hombres de menor rango. Eso no sucede aquí ¿verdad?
—Claro que no, una mujer puede ser tan fuerte como un hombre, o más.
—Me alegra saber eso.
Siguió viendo a la luna, pero Heather vio que estaba disperso, como si pensara muchas cosas al mismo tiempo. Guardó silencio un rato hasta que no pudo contenerse y habló:
—¿Qué piensas?
—Pienso en lo mucho que le debo a usted.
—Cedric, tú no…
—Le debo mi vida y lealtad—continuó sin escucharla—Señora y ángel, por favor, aunque no lo merezco—de repente se inclinó frente a ella sobre la rodilla derecha—Acépteme como su escudero.
—¿Cómo qué?
Heather estaba impactada, nunca tuvo a alguien inclinado frente a ella de esa forma, era una postura tan comprometedora que sus mejillas se volvieron más rojas que las fresas.
—Su escudero.
—No sé qué es eso ¡párate, por favor!—le urgió.
Compungido, Cedric se puso de pie y se apresuró a explicar.
—En el Continente, a los mejores guerreros y hombres más leales se les llama Caballeros—dijo—El Rey en persona los nombra y se convierten en sus enviados de honor. Como son modelos a seguir, los Caballeros cuentan con escuderos, sus aprendices leales que les acompañan en todas sus travesías.
—Las relaciones personales suenan muy complejas allá en el Continente.
—En parte lo son—por primera vez en muchísimos años, Cedric sonrió genuinamente—Heather, de la tribu Berserker, guerrera y heroína, permítame el honor de ser su escudero.
Se inclinó otra vez, Heather no supo qué responder. Volteó ansiosa a su alrededor, nadie los veía, eso era bueno, no quería tener que dar explicaciones por eso. Le colocó una mano en el hombro y lo instó a ponerse de pie.
—Hay una gran diferencia cultural entre nosotros—dijo—Por favor Cedric, déjame pensarlo un poco. Ni siquiera lo he terminado de digerir.
Aunque estaba decepcionado, Cedric asintió y acordó en silencio darle todo el tiempo y espacio suficiente.
Lejos, desde la ventana de su casa, Astrid contemplaba la escena curiosa. No quería admitirlo, pero estaba empezando a bajar la guardia en todo lo que a Cedric refería.
Eso es todo por ahora
Una parte de mí quería matar a Morgana en altamar, decir que su nave se perdió y falleció por la insolación o deshidratación, pero no me pareció un final digno de ella, es un personaje que nunca esperé me costara tanto desarrollarlo y quiero estirarlo hasta el límite. Quizá esto sea problemático después, pero lo consideré lo mejor ¿ustedes qué opinan al respecto de Morgana?
Por cierto, si no quedó claro, ella creyó que sus hombres murieron por una especie de maldición y le echa la culpa a Hiccup y Astrid. La verdad fue que se envenenaron con las moras de la isla. La mayoría murió, porque considero que en esas condiciones salvarlos hubiera sido bastante difícil. No he decidido aún qué hacer con los sobrevivientes y prisioneros (como bien se habrán dado cuenta) pero ya prometo ponerles al menos un párrafo en el siguiente capítulo.
Finalmente todos saben lo de Astrid, me gustó que la noticia se diera en su momento y no de forma apresurada. No describí mucho la fiesta porque sería repetir las mismas cosas que ya he mencionado antes. Además, quería darle más espacio a Heather y Cedric (énfasis en éste último) porque planeo usarlo como parte del desenlace final ¿les ha gustado la interacción entre esos dos personas? lo del escudero fue algo que se me ocurrió cuando estaba editando el capítulo y lo agregué en última hora porque me gustó.
NOTA.-Por el diseño de mapa que están haciendo Hiccup y Cedric busqué una locación realista para Berk. He colocado al archipiélago en la posición de las Islas Feroe, se encuentran en medio de Islandia, Noruega y Britania, bastante al norte y en el corazón de los mares escandinavos. Lo que llaman el "Continente" vendrían siendo aldeas y pueblos en las costas de Noruega y Dinamarca.
Mil gracias por leer, espero lo hayan disfrutado mucho ¡un enorme beso y abrazo a todos!
