... ¡Y aquí está el capítulo de hoy! Esto está llegando al final, quedan 3 capítulos más, espero que os esté gustando, y gracias por los reviews, los fav y por leer esta historia. =)
¡Nos leemos pronto!
Capítulo 10.
Por fin habían pasado las cuatro semanas en las que Hermione estaría fuera. Aquella mañana, Ron se levantó más temprano de lo normal, deseoso de que pasasen las horas y llegase el momento de ir a buscarla al aeropuerto.
Sin embargo, antes de salir debía dejar preparado todo lo que se tenían que llevar a la Madriguera esa misma noche. La boda de Harry y Ginny se celebraría al día siguiente y Hermione había sido muy clara al explicarle todo lo que tenía que meter en su bolso de cuentas.
—¡Maldita sea! ¿Dónde se supone que está el maldito bolso? —Ron había intentado evitar tener que preguntar a Hermione sobre el paradero de algunas cosas de la lista que le había hecho escribir—. Herms me va a matar...
Antes de tener que recurrir a Hermione, Ron sacó su varita y apuntó al armario.
—Accio bolso —sin medir el alcance de sus palabras, una pila de bolsos cayó sobre él—. ¡Aaaaag, maldita sea! ¡¿Pero cuántos bolsos tiene esta mujer?!
Maldiciendo, Ron comenzó a buscar entre todos los bolsos de Hermione hasta dar con uno pequeño de cuentas de colores.
Una vez hubo guardado todo lo que había en la lista, Ron miró la hora. El vuelo de Hermione llegaría en poco menos de una hora, por lo que debía irse si quería llegar a tiempo.
...
Ron se encontraba frente a la puerta de llegada viendo a la gente salir y fundirse en abrazos con sus familias y amigos. Aquellos momentos de despedida y reencuentros le hacían pensar en Hogwarts, cuando se despedía de sus padres en la estación, para meses después, volver a reencontrarse con ellos y tener que despedirse de Harry y Hermione.
A pesar de los años que habían pasado separados, ese mes se había hecho muy largo para el pelirrojo, quien se había acostumbrado a tener a Hermione a su lado todos los días. Ella, por su parte, también le había dicho que le echaba de menos cada vez que hablaban por teléfono, algo que no habían hecho muy a menudo gracias a la constante presencia del novio de ella.
Las puertas se abrieron de nuevo, dejando salir a cierta castaña con el pelo alborotado. Hermione levantó la vista, encontrándose con unos ojos azules que la observaban alegres. Corrió los pocos metros que les separaban y, dejando caer las maletas que llevaba, Hermione se lanzó a los brazos de Ron, que le alzaron del suelo, permitiendo enlazar sus piernas alrededor de la cadera del pelirrojo.
—¡Hola, pequeña sabelotodo! —Preguntó Ron al devolverla al suelo—. ¿Me has echado un poco de menos?
—¡Por supuesto! ¿Y tú a mí? ¿Has preparado todo para mañana?
—¡Por Merlín, Hermione! Acabas de llegar y ya me estás haciendo preguntas sobre tus recados... Dame un respiro —Ron cogió una de las maletas y, junto a Hermione, comenzó a andar hacia la salida—. Para tu información, lo tengo todo preparado para irnos.
Hermione sonrió complacida al ver que sus órdenes se habían realizado. Al mirar a Ron de nuevo, su estómago dio un vuelco. Esta sensación le hizo comenzar a preocuparse de nuevo, puesto que no le ocurría lo mismo con François y aquel mes no había salido tan bien como ella había planeado.
...
Esa noche la Madriguera era un caos. La señora Weasley intentaba supervisar todos los pequeños detalles que quedaban para el día siguiente.
Huyendo de su madre, Ron se escaqueó hasta su habitación con dos cervezas de mantequilla en la mano. Sabía que encontraría a Harry en su habitación. Lo que no esperaba era encontrar a su amigo en el estado de nervios en el que le encontró.
—Harry, colega, ¿Estás bien? —Se sentó en su cama y le ofreció una de las cervezas—. Ten te he traído esto.
—Gracias, Ron.
—Oye, no tienes que estar nervioso por lo de mañana. La enana y tú lleváis muchos años juntos, prácticamente vivís en la misma casa... Lo de mañana es solo una formalidad.
—No es tan fácil como decirlo... Ya te lo recordaré el día en el que Hermione y tú deis el paso...
Ron casi se atraganta con la cerveza al escuchar esas palabras a Harry. Nadie sabía a cerca de sus sentimientos por Hermione, ¿A qué había venido ese comentario entonces? ¿Estaría siendo demasiado obvio? Intentando ganar tiempo, Ron comenzó a toser.
—No me vengas con cuentos, Ron —Harry sabía que había dado en el punto exacto—. Vosotros vivís en la misma casa, y te recuerdo que tu casa tiene solo una habitación, y está claro que aún hay algo entre vosotros...
—Hermione tiene novio. Nosotros solo somos amigos.
—Lo que tú digas, pero yo he visto cómo te mira y cómo la miras tu a ella. No es una mirada que se le lance a un amigo —Harry dejó la botella vacía y se metió en la cama—. Bueno, es hora de dormir. Mañana tengo que casarme.
Ron le imitó, tumbándose hacia el lado contrario. Las palabras que había dicho Harry no dejaban de dar vueltas por su cabeza. «¿Cómo diablos me mira Hermione? Harry se equivoca si piensa que ella siente algo por mi... pero ¿Y si es verdad? ¡Maldita sea! Mañana estaré atento a cualquier señal... Si eso haré... Eso va a ...» Ron se quedó dormido a los pocos minutos.
...
Los invitados comenzaban a llegar a la Madriguera, los nervios en la casa hacían que cada encuentro con la señora Weasley se convirtiese en la Tercera Guerra Mágica. Hermione se encontraba en la habitación de Ginny ayudándole a arreglarse; Fleur y la señora Weasley entraban y salían constantemente para comprobar que las chicas no se retrasasen.
—¡No me puedo creer que, después de todo, tú estés en mi boda! —Ginny miraba a Hermione a través del espejo, mientras ella le colocaba la tiara de la tía Muriel—. Y es genial que Ron y tú hayáis decidido venir juntos… ya pensaba que os presentaríais aquí con parejas…
Ginny observó, divertida, como las mejillas de Hermione se coloreaban de rojo. Sabía que Ron seguía sintiendo algo por Hermione, e intuía que algo sentía su amiga por su hermano, algo que el tiempo no había podido borrar. Sin embargo, ese novio que tenía en Francia le hacía dudar a la pelirroja de los sentimientos de Hermione.
—Ron y yo solo somos amigos, ya lo sabes. Hemos venido juntos como amigos.
—Dormís juntos, Hermione. Tú misma me lo contaste. No me digas que eso es normal entre amigos... Además, os he visto como os tratáis... ¿O tengo que recordarte…?
—No, Ginny, no tienes que recordarme nada… pero te equivocas.
Hermione, dándose por rendida, decidió darse la vuelta y comenzar a arreglarse para la ceremonia.
...
En la habitación de los chicos la situación era muy distinta. Harry se encontraba sentado en la cama de Ron, intimidado por los hermanos de su prometida. Ron era el único que no estaba frente a él, sino que estaba terminando de vestirse.
—Bueno, bueno —el primero en hablar fue George—. Potter, ¿No es así? Curioso apellido. ¿A qué te dedicas?
Harry no entendía lo qué le quería decir el gemelo, que le miraba con el semblante serio y una chispa de diversión en sus ojos.
—Para, George. Harry debe entender ciertas normas —Bill fue el siguiente en decir algo—. Primero, ten cuidado con lo que haces con nuestra hermanita, como ves, somos muchos para vengarnos.
—En segundo lugar, vas a formar parte de la familia de manera oficial, pero eso no quiere decir que vayamos a consentir que os acerquéis demasiado el uno al otro cuando estemos cerca.
—Percy, ¿Puedes ser más repelente? —George volvió a hablar—. Bueno Potter... Si es que ese es tu verdadero nombre...
—Chicos dejadle ya —Ron salió a su defensa, como había hecho durante mucho tiempo—. Además, la enana podría con todos nosotros sin siquiera despeinarse... Lo sabéis perfectamente. Y ahora, si no os importa, como padrino que soy, debo asegurarme de que el novio llega a tiempo. ¡Adiós!
Los pelirrojos fueron saliendo de la habitación, dejando a los dos amigos solos. Harry le agradeció a Ron su intervención, aunque seguía intentando descifrar esa extraña charla que había tenido con los otros.
Unos minutos después, Harry y Ron se dirigieron al jardín, donde se había montado la carpa para la ceremonia. Los invitados estaban ya sentados, algunos charlaban alegremente entre ellos; otros, como Hagrid o la señora Weasley, se limpiaban las lágrimas con pañuelos llamativos.
—¡Vaya, estáis realmente elegantes, chicos!
Hermione llegó hasta ellos. Llevaba un vestido con mangas azul-verdoso, demasiado ligero para la época del año en la que estaban, y de no haber habido un hechizo térmico sobre ellos, seguramente se habría congelado. Su pelo se encontraba recogido en una trenza deshecha, dejando escapar algunos mechones rizados. Ron no podía apartar su mirada de ella, algo que Harry notó y le hizo reír disimuladamente.
—Es... estás muy... —Ron se sentía estúpido hablando de aquella forma, por lo que respiró hondo y decidió decirle aquello que pensaba, asegurándose otras risas por parte de Harry— estás preciosa, Herms.
—Gracias, Ron —ella se había sonrojado ante las palabras del pelirrojo—. Harry, será mejor que nos coloquemos en nuestros sitios, Ginny bajará en cualquier momento.
Harry asintió y se dirigió al final del pasillo, donde esperaba ya el mago que oficiaría la boda. Hermione se agarró al brazo de Ron, listos para andar hacia el altar cuando comenzase a sonar la música. Ron aprovechó que estaban solos para mirar a la chica de nuevo. Ella le devolvió la mirada, sonriendo.
—¿Lista? —Ella asintió y, aprovechando que tenían unos segundos hasta que tuviesen que dirigirse hasta Harry, le besó en la mejilla, provocando un rubor en él—. No me puedo creer que esté aquí contigo en la boda de estos dos. Es increíble.
—Yo tampoco me lo creo.
...
Después del banquete la decoración cambió, dando espacio a una pista de baile. La música comenzó a sonar y Harry y Ginny salieron a bailar como era tradición. Tras el primer baile de los novios, los invitados fueron dirigiéndose a la pista, dejándose llevar por la melodía que sonaba en ese momento.
—Herms, ¿Te apetece bailar? —Ron le tendió la mano. Sus mejillas estaban ligeramente coloreadas—. Como... como la última vez.
—Por supuesto, Ron.
Juntos se dirigieron al centro de la pista. Hermione entrelazó sus manos alrededor del cuello de él, y Ron puso las suyas en su cintura. La canción que sonaba en ese momento era algo lenta, lo que les empujaba a acercarse más el uno al otro.
Tras varias canciones, Ron y Hermione se sentaron de nuevo. Estuvieron hablando con varios amigos de Hogwarts que habían asistido a la boda y, tras despedirse de Harry y Ginny, quienes comenzaban su luna de miel esa misma noche, decidieron volver a la pista para bailar las últimas canciones.
Poca gente quedaba bailando, puesto que muchos se habían retirado tras la partida de los novios. Hermione se encontraba muy cerca de él, recostada sobre su pecho. Ron la tenía fuertemente sujeta por la cintura y trazaba pequeños círculos en su espalda. Al terminar la canción, algo dentro de Ron le impulsó a acercarse más a Hermione, alzando su rostro con suavidad hacia él, acariciándole su mejilla con el pulgar. Poco a poco, como si no hubiera nadie a su alrededor, ambos comenzaron a aproximar sus labios hasta que estos encajaron a la perfección. Hacía años que Ron soñaba con volver a saborear los labios de Hermione. Se dejaron llevar por un beso apasionado, como si los dos quisieran recuperar todos esos años separados en un instante.
Pero, como si le hubiese picado un escreguto, Hermione cortó aquel beso, apartándose bruscamente de Ron.
—Ron... esto... esto no está bien —sin embargo, algo dentro de ella le indicaba lo contrario—. Yo tengo novio... no podemos... no... creo que debo irme.
Sin darle tiempo a reaccionar, Hermione salió corriendo al interior de la casa. Para cuando Ron llegó tras ella, la chica había desaparecido.
...
Hermione apareció en el apartamento que compartía con Ron. Ese sentimiento que llevaba ocultando desde hacía meses, había explotado en ese beso. Pero ella tenía pareja, ella no podía hacer eso. Por esa razón debía poner distancia entre Ron y ella. Sin pensar muy bien en lo que hacía, agitó su varita, atrayendo hacia el salón las maletas que había traído el día anterior de Francia, las cuales aún no había deshecho. En su pequeño bolso metió algunos libros que había por el salón, pensando en que le vendría bien trabajar desde París.
Después de coger su equipaje, regresó a la chimenea.
—¡A la estación de trasladores del Ministerio!
