Atención: capítulo con contenido sexual. Dejo la responsabilidad de leer en ustedes, los que tienen criterio sexual establecido. Tampoco es como si fuera triple X…
Disfruten o no disfruten, me encantaría saber sus comentarios.
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De cómo rozaste el nirvana
Se preguntó qué espíritu maligno había dejado que arruinara esa gran ocasión, entornó los ojos intentando ver algo entre toda esa oscuridad, notó que por lo menos seguía con ropa ya que sentía su arrugado vestido arremolinado bajo las caderas. Inclinó la cabeza desde su nido de almohadas, no logró ver nada, ni siquiera con ayuda de una pequeña luz que se filtraba por el ventanal.
La noche anterior había estado llena de insinuaciones sensuales por parte de ambos. No tuvo muy claro en que momento sus ojos se habían cerrado dejándola a merced de sus sueños. Algo que si recordaba, era que se había quedado dormida en el sofá de la sala después que Draco bajara a comprar chocolates y preservativos.
Su precioso vestidito lila sufría las consecuencias de su estupidez, se sintió incomoda, por supuesto que no estaba acostumbrada a dormirse con ropa y todo, no obstante, y para su consuelo, Draco le había quitado los zapatos y los pendientes antes de acostarla en su cama. Bastante atinado.
Nada en aquella habitación brillaba anunciando la hora, tanteó en la mesita de noche a su costado, tratando de encontrar su celular o algo que le sirviera. Recordó que lo había dejado en el portafolio, así que desistió dando un suspiro.
Dormida, profundamente dormida, todavía no se lo creía.
-Son las cuatro de la mañana.- le dijo una voz adormilada.
-¿Draco?- preguntó pestañando entre la oscuridad, no pudo verlo, pero captó que su voz venía de un lado de la cama. Antes, ni lo había distinguido.
-mmmm…- ronroneó a modo de respuesta.
-Me he quedado dormida.- le dijo dubitativa.
-mmmm…- fue su escueta confirmación.
No se estaba sintiendo muy convencida de sus propias capacidades mentales. Sin embargo, no ganaba nada con volver a torturarse, en vez de eso, prefirió infundirse fuerzas y de pensar positivo. Echó la cabeza hacia atrás, dejando descansar sus rizos en la almohada. El tono de Draco no había sido de enojo, ni de frustración, pero cómo notarlo si apenas estaba despierto.
Se dedicó a Buscar el calor se su cuerpo en la inmensidad del lecho, tanteó su cabello, dándose el gusto de revolver sus dedos en el.
-¿Podrás perdonarme?- susurró lo más cerca que pudo de su rostro.
-¿Qué dices?- balbuceó más adormilado que antes.- hablas gracioso cuando estás media dormida… ya tendremos tiempo de hacerlo.
-Pero…- exactamente no sabía que decir. Ni siquiera estaba segura si Draco recordaría esa charla al amanecer.
-Duerme bonita, estás cansada.- murmuró. Ella protestó meneando la cabeza.
-Tú bebiste más vino que yo ¿Por qué no te quedaste dormido?- comenzó a desesperarse, abrumada con la ligereza de Draco.
Ya le gustaría tener a ella ese desinterés.
-Sólo fueron unos sorbos Hermione, estabas cansada.- hablaba de manera cancina, arrastrando las palabras como lo hace la lengua adormilada de un borracho.- en el desayuno tendremos tiempo de… mmmm…
-Draco…- le agitó el hombro tratando de despertarlo. De verdad quería saber que pensaba al respecto.
-Dile a los gitanos que se vayan…- balbuceó el rubio.
Hermione miro entre la oscuridad con gesto confundido, al instante soltó una risita ante tal incoherencia, luego bostezó notando su repentino cansancio. Ya platicarían durante el desayuno, pensó.
-Gracias por quitarme los zapatos.- le dijo entre bostezos, estaba claro que Draco no la escuchó.
Cerró los ojos hasta volver a despertar con el sonido de Blister in the sun, trató de escaparse de las sábanas y el edredón que Draco le había echado encima, pataleó y pataleó hasta que al fin logró salir de todo el desastre. Sin tener que mirarse en el espejo supo que estaba hecha un lío; con el vestido más que arrugado y los rizos apuntando hacia todas partes. Estiró sus piernas antes de encaminarse al baño de la habitación.
Draco parecía tener una fiesta en su cocina, desde su lugar al frente del lavabo, escuchaba la música de los Violent Femmes mezclada con ruidos de loza y metal. No quiso ni siquiera asomarse al pasillo antes de arreglar el aspecto que tenía.
Dentro del baño se entretuvo curioseando; había periódicos, revistas sobre deportes, autos y música, todas esparcidas en una mesita baja; el inmenso espejo al que se acercó le devolvió su imagen de cuerpo entero, tenía la facha de un esperpento y tuvo que afirmarse en el lavabo para no caerse del susto. El maquillaje de los ojos estaba corrido y las sábanas habían dejado marcas en su rostro, ni hablar de su cabello, que parecía un enredo de estambre
Era extraño, pensó, mientras se daba una ducha. Había caído ante el sueño en vez de disfrutar las bondades del cuerpo de Draco, sin embargo no le venía mal, sentía los músculos descansados y su ánimo crecía con cada gota de agua que la tocaba, quizás fuera mas apropiado aquel estado de relajación que una Hermione ojerosa y debilitada, después de todo, Draco no podía quejarse, el día anterior había estado pesado y lleno de sorpresas que terminaron por pasarle la cuenta. Si se hubiesen acostado, seguramente él iba a hacer el amor con una muñeca de trapo.
-Te traje ropa de cambio.- anunció Draco entrando sin anunciarse antes. El baño estaba lleno de vapor de agua, pero ella supo sin duda alguna, que el rubio no tuvo impedimento de verla a través de la mampara transparente.
-Gracias Draco, ahora salgo.- contestó con el cuerpo de pronto tenso.
-Por favor.- le dijo burlón.
-Digo, ahora no. Así que puedes irte.- dijo en tono de advertencia, el rubio dejó salir una carcajada.
-Ok, te espero en la cocina.- sin quitarle la mirada, desapareció por la puerta.
Volvió a repasar su aspecto en el espejo, la blusa de seda azul le quedaba perfecta y el pantalón de tela gris se ajustó a sus caderas sin ningún problema, sintió curiosidad por saber el origen de aquella vestimenta, se encogió de hombros quitándole importancia, su reflejo le devolvió la sonrisa y así salió de aquella habitación, sonriente y repentinamente hambrienta.
Bajó una hermosa escalera de caracol pretendiendo hacerse una trenza. Hizo una mueca de dolor al imaginarse a Draco subir cada escalón con ella a cuestas.
Escuchaba su voz de plata cantando desde la cocina, y hasta ella llegó un exquisito olor a comida, apuró el paso, no obstante, antes de llegar a la sala, una puerta entreabierta llamó su atención, se acercó curiosa. Una sonrisa se le dibujó en la cara al asomar su cabeza por el umbral; ante ella, una habitación inmensa reunía variados tipos de instrumentos musicales, desde un gran piano de cola hasta una pequeña armónica guardada en un cofrecito, recorrió el lugar como Draco había hecho con su estudio, movió cosas y escudriñó por algunos minutos. Decenas de diplomas y fotografías cubrían las paredes, pequeños atriles sostenían algunas partituras, pero lo que más le gustó fue el violoncello, que según Theo, Draco dominaba mejor que él.
Estaba rozando las cuerdas con sus dedos cuando él la encontró.
-Aquí estabas, fui al baño y creí que el vapor te había derretido.- sonrió con esa mueca torcida, Hermione reconoció que esos ojos claros eran hermosos cuando la sonrisa también llegaba a ellos.- el desayuno se enfría y me gusta comer crepes calientes, no fríos.
-Mételos en el microondas.- se burló ella.
-Touché.- él dejó de recargarse en el marco de la puerta y se acercó lentamente con los brazos cruzados sobre su pecho.- así que has encontrado mis pequeños tesoros.
Hermione arqueó una ceja mientras sus dedos rozaban el esplendido piano de cola, aquella obra de arte estaba lejos de ser pequeño.
-¿Podrás tocarlo algún día para mi?- le dijo señalando el cello.
-Puedo contratar una sinfónica sólo para ti.- él disminuyó los pasos que los separaban, inclinándose para darle un pequeño beso en punta de la nariz.
-Yo no quiero una sinfónica.- protestó con ternura, pero apenas le salió la voz.
-Si quieres toco el saxofón, es más sensual.- susurró sobre sus labios.
-No, quiero el cello.- ella le dio cortos besos antes de alejarse.
-El cello será entonces.- dijo Draco al tiempo que le tomaba la mano- ¡pero ya vamos a comer!
Innegablemente, él era uno de los mejores en la cocina, Hermione nunca había probado unos crepés tan deliciosos como esos, estaban mezclados con miel y nueces, y flameados al coñac. Y también había preparado una naranjada fresca sólo para ella.
-Ha estado excelente.- dijo palmeándose la panza.
-Me alegro que te gustara.- sonrió conforme, mientras se disponían a levantar la mesa.
-Es que no podría odiar nada que sea preparado por ti, primero la cena de anoche y luego los crepés que ni la madre de Ron podría preparar ¿Quién te enseñó a cocinar?
-Adivina.
-¿Frances?
-Quién más.- se volteó para vaciar los platos y ella le ayudó a guardarlos en el lavavajillas.
-¿Has visto mi portafolio?- preguntó cuando ya salían de la cocina.
-Sí, lo dejé en el sofá ¿Por qué?- la abrazó por la espalda en tanto caminaban a la sala.
-Porque debería irme, se está haciendo tarde, y entro a las ocho en el Times.- se recordó a sí misma, tratando de que eso valiera para poder dejar a Draco.
-Pero si son las siete, si te llevo no tardaras más de diez minutos.
Él estaba a punto de ganar.
-Olvidas que tengo que pasar a vestirme, no puedo andar con ropas ajenas.- le aclaró mirando la bonita blusa azul.
-Esas eran de Narcisa, así que puedes quedártelas.- dijo Draco con simpleza.
Esparcía pequeños besos sobre su cuello, que le hicieron meditar sobre la importancia de llegar temprano al trabajo. Pero luego, sintió unas cosaquillas en la espalda que nada tenían que ver con los besos de Draco. Era algo escalofriante, por no decir horrendo, usar la ropa de tu suegra, y más si ella estaba muerta.
-¿Tienes ropa de tu madre?- reaccionó al fin, al parecer Draco todavía no superaba la muerte de su madre.
-Pues sí.- le dijo sin dejar de besarle el cuello.- no he tenido tiempo de regalar todo, además Frances es bastante prudente con eso, mi madre solo se vestía de diseñador y al parecer le duele el estomago cada vez que regalo algo de su armario a la caridad.
-Me está picando el bichito de la moda.- se relajó al saber aquellas razones. Después de todo, la madre de Draco había sido bella y esbelta, no sería una abominación que la ropa le calzara tan bien, nunca se preocupaba de esas cosas, pero debía reconocer que eran de buen gusto y que ambas prendas le quedaban perfectas. Cerró los ojos, Dejando que él le mordiera la oreja y deleitándose ante la sensación.
-Anda vamos.- paró en seco y la soltó.- haremos algo de tiempo hasta que le muestres al mundo como se luce un Carolina Herrera con un Prada.
-Eres una cajita de sorpresas.- reflexionó tentada de tirársele encima.
-¿Te sorprende mi buen gusto?- preguntó con un fingido tono de ofendido.
-Dirás el buen gusto de tu madre.
-¡Hey! Yo elegí tu vestuario, debes reconocer mi excelente trabajo, aunque pensándolo bien, no cuesta nada hacerte ver hermosa.
-Touché.- él la hizo sonreír con su halago. En forma de agradecimiento lo besó por largo rato, hasta que el traicionero tiempo se hizo justo.
Salieron de la casa como lo haría una joven y feliz pareja, la vecina del lado cantaba Madamme Butterfly desde su balcón y Hermione pudo entender a que se refería Draco con opera barata.
-Honestamente, esta mujer acaba de matar millones de células auditivas de mis oídos.
-Es asombroso como llega al si sostenido.- opinó Draco, luciendo una graciosa mueca de desconcierto.
-Él es taaaan músico.- se burló la castaña.
Camino al trabajo, al rubio le dio por escuchar Ray Charles, cantó a viva voz durante toda la trayectoria hacia el Times y ella no podía más que sonreír por su espontaneidad y ligereza. Su desfachatez era una de las cosas que más le gustaba de él, ya que lograba que ella también sintiera algo de aquella energía imprudente.
-woooooh… bien, no sabes nena… niña, no sabes nena… ooow no sabes nena… pequeña pequeña, no sabes… Por favor escúchame nena… niña, estoy muy enamorado de ti… gira tu lámpara… dije que giraras tu lámpara… wooooah gírala hacia abajo… por favor, gira tu lámpara… vamos nena… niña, estoy muy enamorado de ti...- él cantaba en una muy buena imitación de Ray Charles. Era tan endiabladamente bueno con los tonos altos que no sintió la necesidad de hundirse en su asiento.
Durante el desayuno no habían tenido insinuaciones ni indirectas sexuales, sin embargo fue increíble como evadieron el hecho de no haber intimado por más de la mitad del trayecto al Times. La castaña lo atribuyó a la extrema paciencia de Draco y a su gusto por cantarle a todo el tráfico, tal vez era verdad eso que él decía, tal vez ella era una neurótica que exageraba las cosas sólo para torturarse. Buscó en su mente algún trauma de la infancia que se ligara a tal conducta defectuosa. Y tal vez le dio a su cara un bonito gesto de confusión, ya que Draco dejó de cantar para echarle miraditas preocupadas.
-¿En qué piensas?- le preguntó.
-En la inmortalidad del cangrejo.- contestó.
-Bueno, en mi opinión, no creo que sean muy inmortales, el otro día me comí dos que estaban bien muertos…
-Draco- rodó los ojos y vio como él le sonreía burlón, no se podía quejar, ella había dejado la puerta abierta a los comentarios del rubio.- es una forma de decir.
-¿Y por qué no mejor lo dices como es?
-Ok.- se rindió.- pensaba en nosotros y en la noche que desperdiciamos.- resopló haciendo que su flequillo se levantara.
Hermione asumió un hecho, y era que a fin de cuentas, siempre tendría que estar entre dos polos de reacción, lo amaba o lo odiaba, o ambos al mismo tiempo.
-¿Tú crees que la desperdiciamos?- preguntó con los ojos teatralmente desorbitados. Se estaba burlando de ella.
-Pues si, digo, ambos estábamos a punto de…- se detuvo, era extraño cuando las palabras no salían en cuanto te enfrentabas a la simplicidad de la verdad.
-¿De qué?- la provocó evidentemente divertido.- Dilo; echar un polvo, follar, joder, coger, tener sexo, hacer el amor…
-Intimar.- aclaró de manera decorosa, respingaba su cabeza en un gesto de dignidad.
Trató de no distraerlo tanto, ya que Draco iba al volante y cualquier descuido podría salir caro, lo menos que deseaba era chocar contra algo por estar hablando de sexo. Por algo no tenía automóvil (y eso que sus padres intentaban desde hace cinco navidades regalarle uno) le daba un miedo horrible estar al volante. Otra de las razones era Luna y sus ideas anticontaminantes.
-Tercera base.- siguió él.
-Suficiente.- le dijo en voz alta.- no necesito más sinónimos del acto sexual.
-Por dios Hermione.- protestó Draco al mismo tiempo que alejaba sus manos del volante para darle más énfasis a sus palabras. Ella dio un respingo asustada ante su poca preocupación. Él la ignoró- "acto sexual" no creí que fueras tan puritana.
-Hablaba en términos científicos.- dijo aliviada cuando él por fin se concentró en el camino.
-¿Desde cuándo eres científica?
-Desde…- quiso decir, pero calló en cuenta de estar siguiéndole el juego.- oh por favor Draco, ¿podríamos seguir el hilo de la conversación?
-Esta bien, pero te pido no volver a usar términos científicos.
-¿Por qué?- ahora fue ella la que alzó una ceja.
-Porque lo que tenemos dista mucho de serlo.- le respondió el rubio con tono solemne.
-En fin…- ya comenzaba a divertirse. Por un momento había olvidado que él era del tipo de gente de la que no sabes si está hablando en serio o bromeando.- entonces, si yo no uso términos científicos para el sexo, tu no usas los peyorativos.
-Trato.- intentó estrecharle la mano sin dejar de mirar al frente, Hermione se la tomó sólo para devolverla al volante. Draco hizo como si nada.- En cuanto al hecho de no habernos acostado, considero que no hay por que apurar las cosas, tú estabas cansada y te dormiste, punto final. Además prefiero hacer ese tipo de cosas con los ánimos bien cargados, ya habrá tiempo para ese asuntito científico. Ya tengo los preservativos y el chocolate, así que no te dejare a merced del sueño para bajar a comprar.
-Eres genial.- pensó en voz alta.
-Lo sé.- dijo, mientras sus labios se curvaban en una encantadora sonrisa. Dobló por la última esquina, llegando al Times justo a la hora.
-Presumido.
Tomó su portafolio con intención de bajarse, pero no contó con que Draco la devolvería a su asiento de un tirón, reclamando una real despedida; la besó con el ímpetu de quien ya tiene la tierra comprada
-Créeme, lo sé.- él dijo, aún con los labios pegados a los de ella. La muchacha tuvo que bajarse antes que su fuerza de voluntad flaqueara. Podría quedarse durante toda la mañana sentada ahí, exclusivamente por el placer de besarlo. Pero no, trabajo era trabajo.
Viernes de explotación, así deberían renombrar aquel día, y lo peor de todo era que llevaba zapatos de tacón, si hubiese sabido que iba a correr tanto, habría ido con zapatillas deportivas o más lejos, con pantuflas.
Si que entendía a Annie, la antigua editora en jefe pasaba el día dando órdenes de aquí para allá, mientras amasaba una pequeña bolita de espuma. Todos creían que Annie rallaba en el límite de la histeria, sin embargo ahora la entendía. Nadie habría hecho bien su trabajo sin sus mandatos y sus consejos.
Tachar el trabajo de muchos días con un simple movimiento de su marcador rojo no era algo simple. Ahora era ella la que tachaba, aunque aún no le dedicaban esas típicas miradas de odio, lo único que Hermione deseaba era el no terminar gritándoles a todos a la manera de Nigel. Eso lograría romperle los nervios y acabaría jubilándose a los treinta.
Antes de la hora de salida dejó todo el trabajo del día listo, incluso se dio tiempo de ayudar a las chicas recientemente contratadas. Nigel le regaló una mirada de advertencia desde el vidrio de su oficina, sin embargo, no lo podía evitar, quería que por lo menos en un año el Times fuera perfecto y si para lograrlo debía ayudar a las nuevas, lo haría.
Esa tarde volvería a ver a Draco, pues a eso de las seis irían al partido de la eurocopa. Él había acordado pasarla a buscar a su apartamento, y fuera del estadio se encontrarían con Luna, Ginny y Harry. Fue bastante favorable que el día decidiera abrir, ya a las dos, cuando salía del Times, el sol brillaba sobre las cabezas de los londinenses. Compró comida china y se encaminó a casa con paso relajado, tenía cuatro horas hasta que Draco pasara por ella, por lo tanto, aprovecharía de hacer algunas tareas del hogar y de tallar lo que quedaba de su xilografía.
-Hola querida.- alguien la saludó cuando se disponía a meter la llave en la cerradura. Era su vecina que llegaba ataviada con bolsas de alimentos.
-Buen día Amelia.-respondió con su mejor sonrisa.- ¿sabes algo de Simon?
-Llamó ayer por la noche, dice que los días están preciosos en España y que vuelve la próxima semana. Te ha mandado cariños.
-Me alegra que se esté divirtiendo.- dijo con honestidad y algo de envidia. Deseó al instante tomarse unas vacaciones en Grecia.
-Es bueno que descanse.- reflexionó la madre de Simon, y la sonrisa le llegó a los ojos.- además esa adorable muchacha lo hace muy feliz. Imagínate, canta todo el día, ¡ya me estaba volviendo loca! así que le dije: "muchacho o te la llevas lejos y le cantas a ella o dormirás en las escalera de incendio". No le costó demasiado decidir. En este momento debe estar hostigando a Gala con sus canciones.- soltó una carcajada seguida de Hermione.- ¿Sabes? Los hombres cantan cuando están enamorados.- le confesó de manera firme.
-La compadezco, Simon no maneja muy bien el ritmo.- admitió.
-Dímelo a mí.- Amelia rodó los ojos y se ajustó al brazo la bolsa de las compras. Luego su mirada cambió por una inquisitiva - ¿y tú, cómo vas con tu novio?
-Draco no es mi novio.- dijo, un tono más arriba de lo apropiado.
-Pero lo será.- pronosticó Amelia, Satisfecha de sí misma.
-Eso espero.- dejó salir una risita picara, lejana de las que acostumbraba.
-Nos vemos querida.- se despidió, desapareciendo tras su puerta.
-Adiós Amelia.
Alcanzó a llevar la ropa hasta la lavandería, también ordenó su estudio, y terminó su pequeña obra de arte en madera, no tuvo que hacer su cama puesto que no había dormido ahí, así que tuvo tiempo para un baño de tina tranquilizante, excelente para una tarde en la cual, tendría que gritar como energúmeno y saltar con cada gol o intento de gol, sólo esperaba que Draco no se asustara con lo que enfrentaría en el estadio. Una mujer viendo fútbol era digno de admirar y más si eso significaba Ginny Potter y genes Weasley.
Draco llegó a las seis en punto, iba vestido apropiadamente con la camiseta de la selección y gorras a juego. Se tomó la molestia de llevar también para ella. Hermione notó con asombro como su camiseta le quedaba a la medida.
-¿Parezco niño no?- preguntó al mirarse en el espejito del vestíbulo.
-Claro, un niño con rostro de niña, pechos de niña y trasero de niña.- fueron las amables palabras del rubio.- el niño más sexy.
El partido comenzó a las siete y media, entre tanto, Hermione se dedicó a armar lazos amistosos entre Draco y sus amigos. Ginny no paraba de molestarla con gestos comprometedores o incluso con comentarios embarazosos, Luna, distante a la realidad, mordía nerviosa su Gran mano de espuma. Harry estaba al otro extremo, Hermione notó lo interesado que se veía en la conversación mantenida con Draco. Se alegró de comprobar su instantánea química. Fue prudente al no querer interrumpirlos, el fútbol marcaba líneas en las relaciones entre hombres, era importante para ambos ser del mismo equipo, y ese diminuto detalle era suficiente para tener que llevarse bien.
Cuando el árbitro dio el pitazo inicial, Hermione se acomodó a la izquierda de Draco, quedando entre él y Luna. Harry corrió al lado de su esposa, llevando los hot dogs que a la pelirroja le había antojado.
La comida encontró su final justo cuando terminaba el primer tiempo, ninguno de los equipos habían desequilibrado el marcador de cero a cero. Desde su lugar, la castaña pudo observar el cansancio en el rostro de Ron, él había corrido prácticamente por toda la cancha cuarenta y cinco minutos seguidos, y el agotamiento le pasaba la cuenta a su larguirucho cuerpo. Pero, conociendo a su amigo, y si no se equivocaba, el marcador sería más una motivación que una razón para caer en la derrota.
-¡¡Weasley es nuestro rey!!.- aulló Ginny mientras daba saltos en su asiento.
-¡¡Vamos Ron!!.- la apoyó Harry.
Ambos equipos entraron a los camarines mientras el estadio entero iba cayendo de a poco en los murmullos generalizados.
Luna parecía estar en trance, Hermione lo atribuyó a la profunda compenetración que poseía con Ron, al punto de sentirse como él lo hacía. Ambos eran perfectos el uno para el otro, se pertenecían desde el primer momento. Al instante de ese pensamiento, volteó su cabeza hacia Draco, quien volvía a especular junto con Harry. Sonrió al pensar que ella también tenía alguien a quien pertenecer.
-Gin, no deberías saltar tanto.- sugirió Harry tratando se devolverla a su asiento.
-Hey Potter.- tironeó para zafarse de sus manos.- no le pasará nada al bebé.
-Te equivocas Ginny, los tres primeros meses son los más delicados, el feto…
-Ya entendí Hermione.- la pelirroja volvió a su asiento sin refunfuñar, Harry le dedicó una mirada agradecida a su amiga, luego se inclinó para obtener la atención del rubio.
-Draco, ¿notaste la falta del numero diez?
-Sí, el árbitro no lo vio por que iba tras Thompson…
Sonrió conforme, Draco no era un huraño con sus amigos. Se sintió estúpida al pensar que podría llegar serlo. Él conversaba tranquilamente con Harry mientras le acariciaba la espalda a ella, además había invitado una segunda ronda de hot dogs, ganándose a una agradecida Ginny que daba brinquitos y aplaudía sobre su asiento.
Trató de despegarse de ella misma y ver la imagen que se creaba a su alrededor, era sin duda algo especial, algo que no había vivido nunca con un hombre, era junto con atracción, admiración, pasión, y aunque no lo quisiera admitir tan rápido, era sentimiento. Lo quería y se atrevió a predecir, que iba a quererlo mucho más.
-¿Una ginger ale?- le ofreció, interrumpiendo sus pensamientos.
-Por supuesto.- contestó junto con un beso.
El segundo tiempo fue un pequeño paso para Inglaterra y un gran salto para Ron, su amigo hizo el primer gol entre gritos y vítores de gran parte del estadio. La única que se abstuvo de saltar fue Ginny, quien se había tomado en serio el consejo de Hermione, no obstante eso no detuvo sus gritos de ánimo.
-Papá debe estar volviéndose loco.- dijo para ella misma.
-Hey Luna.- comenzó a decir Harry con una sonrisa de oreja a oreja.- deberás recompensarlo por el gol.
Después de la anotación de Ron, Luna respiraba de forma normal, tranquila ante la ventaja. El color había vuelto a sus mejillas y comenzaba a disfrutar las bromas de Ginny.
-No lo dudes Harry.- le respondió.- esta noche Ronald tendrá su premio.
-¿Y otra lo tendrá?- dijo Ginny, lanzándole una mirada provocativa a una Hermione que prometía venganza.
-Cállate Ginny.- gruñó la castaña
-¿Me perdí de algo?- preguntó Draco, visiblemente divertido. Hermione anticipó que ambos se llevarían estupendo y harían de su vida un infierno con comentarios de doble sentido.
-Si, Draco.- le contestó Ginny, dándole una mirada desafiante a la castaña.- ¿te contó que la ascendieron?
-Sí, soy el invitado de honor de su fiesta.- dijo con un teatral tono de orgullo.
-Es un cóctel discreto Draco, no una fiesta.- agregó Hermione.
-Hace tiempo que no me voy de farra.- meditó Ginny en voz baja.
-Te escuché Ginevra, y ni lo pienses.- amenazó Harry sin quitar la vista de la cancha.
La selección de Inglaterra ganó por dos a uno, al gol de Ron le siguió uno de otro jugador y Portugal anotó segundos antes del término. Fueron hasta los vestidores a felicitar al pelirrojo, Hermione tuvo la certeza de que en adelante su amigo nunca más jugaría de reserva.
Antes de cruzar la puerta temió por la reacción de Draco y Ron cuando se vieran. Su primer encuentro no había sido de los mejores, y no podía culpar a Draco, ya que Ron era bastante cretino cuando quería.
Claramente subestimó ambas partes. Hombres, pensó. Apenas entraron a los vestidores, Ron estrechó la mano de Draco sin miradas fulminantes, luego los tres machos comenzaron un acalorado repaso del partido, con críticas, recomendaciones y felicitaciones incluidas. Las chicas comentaban sobre los desodorantes ambientales que aparte de perfumar, matan bacterias; aquel camarín gozaba de un olor demasiado humano para el gusto de las tres. Hermione espió a su muso inspirador, quien se comportaba como un hombre común y corriente, se veía cómodo con la compañía de sus amigos, no hacía muecas antipáticas ni comentarios sarcásticos. Prueba superada.
-Olvide lo que dije. De piña no.- le aclaró a la muchacha de los pedidos.
-Con verduras entonces.- le sugirió Draco, quien estaba recargada en una encimera de la cocina.
-Llevas razón.- le sonrió, olvidando por un momento que estaba al teléfono.- no, a usted no le dije, disculpe.
Draco se entretenía haciendo malabares con naranjas, tratando de captar la atención de la castaña, seguramente para distraerla de su charla. Lo único que consiguió fue una miradita fulminante, una naranja directo a su cara y una pizza de verduras primaverales.
-Me superas, siempre termino haciendo lo que quieras.- le dijo Draco, que entrecerraba los ojos y sonreía de costado como contradiciendo sus palabras.
-Yo diría que es al contrario.- ella le respondió con sinceridad.
-Podríamos sacarle provecho a tal situación.- la acercó hacia su posición, aprisionándola con sus brazos. Hermione no puso resistencia.
-Estas en lo correcto.- dijo juguetona, esquivaba los besos que intentaba darle Draco, sólo para demostrarle quién mandaba a quién.
-Entonces…- caviló sensualmente, justo antes de atrapar su cuello y llenarlo de caricias.- ¿La pizza está olvidada?- murmuró contra su piel.
-Por supuesto que no, sólo comí un hot dog, muero de hambre.
Se soltó del aprisionamiento, con más arrepentimiento que victoria, estar entre sus brazos era una adicción a la que había que ponerle límites.
-Deberías decirle a tu amiga que comer tantas porquerías puede hacer que el bebé nazca obeso.- sugirió Draco mientras volvía a sus malabares, ahora con las manzanas.
-Oh, Eso realmente asustaría a gin, pero la verdad es que la chatarra es ocasional, ella se alimenta bien, mejor dicho Harry la alimenta bien. Además, han deseado ese hijo por más de dos años, no se atreverían a perjudicar el embarazo.
-Ya veo, espero por el bien de ambos que salga sano.- meneó la cabeza al terminar con sus maromas, dejó una de las manzanas en su mano y le plantó un mordiscón.- ¿tienes jengibre, menta, limón y agua con gas?
-Sí.- le contestó con una mueca incrédula.- ¡vaya! Tengo todo eso que dijiste ¿qué harás?
-Ginger ale casera.- aclaró en tanto escudriñaba el refrigerador.
-Karim me dijo que es tu favorita.
-A mi me dijo que te tomaste la última de mi minibar.- espetó alzando una ceja.
-Aburrido, tú lo sabes todo.- ella se cruzó de brazos, a la espera del rebate.
-Nop, no sé por ejemplo, dónde está la Atlántida.
Y claro, Draco tenía que salir con una estupidez. Hermione rodó los ojos y le lanzó una de sus manzanas con ruta directa a su abdomen, y aunque la fruta no hizo más que rebotar como si hubiese chocado contra una pared, el rubio fingió una mueca de dolor, que ni una hermana de la caridad se tragaría.
-¡Hey! No se juega con la comida.
-Lo dice el más fantástico malabarista.- ironizó al puro estilo de Ron.-Te lo merecías por sabelotodo.
-¿Le temes a la competencia?- la provocó.
-¿A que te refieres?- se hizo la desentendida frente a su ataque, con más ganas de no discutir que curiosidad por comprobar la perspicacia de Draco.
-Vamos, eres tú la que escribió dos libros, habría que mirar tus estanterías para saber que amas el conocimiento, si yo soy un sabelotodo ¿tú en que nivel estás?- terminó sonriendo de forma socarrona.
-En uno por encima de ti.- contestó desfachatada.
Y así se hacía, la inteligencia no es gratuita ¿saben? lleva años de práctica o unos genes bien evolucionados. Todo, para sacarla en esos momentos y con la menor fineza posible.
-¿Encima de mi? Vaya eso sigue siendo moderno para mi acartonada mente, yo aun disfruto la del misionero.- Strike out cortesía de Draco.
-Honestamente…
-Pero si tú quieres estar arriba.- la interrumpió, sonriendo sin pudor.- lo tendré en cuenta para la próxima.
Y el beso llegó en ese momento, y recordó lejanas palabras, mientras era atrapada entre la encimera y el cuerpo de Draco. Recordó el consejo de Ginny, ese de que todo se sabe por el beso, si así eran las cosas, ella sabía todo, todos los secretos del mundo se le presentaban en los labios de aquel hombre. Y luego, en cuanto la soltaba, venía el olvido, y finalmente, la clara conciencia de una realidad en donde todo ese conocimiento ya no existía.
-Eres muy bueno para provocar.- musitó entre besos.
-Defecto genético.- explicó, su voz de Plata estaba suave y aplacada. A Hermione le pareció lo más bonito para escuchar por la mañana.- pon algo de música ¿si?
-¿Qué desea su majestad?
-A los que son más conocidos que el papa.-dijo Draco.
-¿Los Beatles?- preguntó no muy segura.
-La más inteligente jamás vista antes.- comentó demasiado alto y con un gesto algo italiano.
-No se si me adulas o si me insultas.
-¿Cómo podría llevarte a la cama a base de insultos?- la castaña pensó que a Draco el descaro le quedaba corto.
-¿Tiene que ser en la cama? ¿No es demasiado tradicional para ti?- atacó de vuelta.
-Te dije que tengo la mente acartonada, pero si quieres podemos hacerlo en la cocina, le daríamos un buen uso a esta encimera.
-Estaba bromeando.- se encogió de hombros y cerró los ojos, preparándose para el impacto.
-Yo no.
-Beatles…- se recordó, finalmente vencida.
-Ve.- le dijo, al tiempo que raspaba el jengibre.- y no te distraigas en el camino.
Tal vez, con un poco más de entrenamiento, podría alcanzar el nivel de Draco. O tal vez tendría que nacer de nuevo. Pensándolo bien, sus armas de provocación eran otras, con las que él, indudablemente, no podía competir.
Se acercó al equipo de música con una tonta sonrisa en la cara, de pronto los botones de aquel aparato le eran totalmente desconocidos, sólo eran bolitas de colores, no sabía cual era la función de todos ellos. Pestañó para despertar de su ensimismamiento, Draco tenía la facultad de dejarla en un estado lerdo; algo entre la realidad y los sueños.
Buscó en el estante de discos a los Beatles, preguntándose cuál de todos sus discos estaría bien escuchar, al final escogió Please please me yendo directo a Love me do.
Recordó las palabras de su vecina Amelia sobre los canturreos de Simon en cuanto comenzó a escucharlo corear la canción desde la cocina. No tuvo mucho tiempo para disfrutar ya que el timbre chilló. Fue trotando hasta la puerta mientras su estomago gruñía.
-¿Vegetariana con doble queso?- preguntó el repartidor.
-Sip, aquí tiene, puede quedarse con el cambio.- entregó el dinero y recibió la pizza con rapidez. Apenas cerró la puerta no pudo contenerse de abrir la caja para oler la deliciosa grasa.- directo a mis arterias, directo a mis caderas.
-¿Huele bien?- Draco asomaba su cabeza desde la cocina.
-Huele estupendo.- contestó.
No se comieron toda la pizza pero si se tomaron hasta la última gota de la ginger ale casera de Draco, acabaron tirándose en el sillón a ver una película, no les costó mucho elegirla. Una de sus ventajas como dupla eran sus gustos similares.
Los primeros minutos de Annie Hall, fueron interrumpidos por pausas para ir al baño, de hecho, no hacerlo hubiese sido raro, puesto que habían bebido más que comido durante todo el día.
-Creo que no me quedan toxinas en el cuerpo.- le dijo Draco después de su tercera pausa.
-Mis pobres riñones morirán mañana, no deberíamos habernos tomando toda la ginger.
A la hora de estar riéndose del pobre Woody Allen ya no habían pausas (quizás una que hicieron para besarse). Hermione se alegró de saber que sus ropas quedarían llenas del aroma de Draco, algo parecido al chocolate.
No fue conciente, estaba tan concentrada en la escena donde Diane Keaton llama a Wody Allen en la madrugada para que mate a dos arañas, que no se percató del suave afloje en la presión que Draco ejercía sobre su cintura. Ahora era él quien se había quedado dormido; se veía adorable con la cabeza ladeada y su camiseta de la selección inglesa, que quiso ir en busca de su vieja Lomo y fotografiarlo, a cambio de eso, prefirió inclinarse hacia delante y cubrirlo con un chal. El movimiento despertó a Draco, quien volvió a tirarla hacia atrás y hundió la cabeza entre sus rizos.
-Duerme, estas cansado.- le dijo bajito.
-He dormido lo suficiente, son a penas las diez.- protestó ya más repuesto, aunque todavía con los ojos cerrados.
-¿Dormirás aquí?
-Lo menos que quiero hacer es dormir.
De un solo impulso, el adormilado Draco ya no era más un ser inofensivo, un ángel en los laureles. Algo animal salió de él en cuanto la jaló, dejándola a horcajadas sobre sus muslos. El gesto inesperado logró descolocar a Hermione, quien no reaccionó hasta que tuvo aquellos labios atacando su cuello.
Estuvo segura, no había que ser muy inteligente para saber que iba a pasar. Iban a intimar, a tener sexo, joder, coger, follar, hacer el amor, unir sus almas. Iba a echarse el polvo de su vida, lo supo cuando sintió su propio cuerpo reaccionar ante las caricias.
-¿Traes…?- se atrevió a decir, mas un mordisco de Draco sobre su mentón logró que se olvidara de todo.
-En la chaqueta.- contestó, y ella agradeció el no tener que enviarlo a comprar preservativos. No quería arriesgar la noche.
-¿Sabías que iba a pasar?
-No hay que ser muy inteligente, por lo demás…
-Calla.- le cubrió la boca con sus labios, se sintió tan bien, tan poderosa, que quiso seguir con el juego. Echó la cabeza hacia atrás, tratando de obtener su atención.- ¿quieres música?
-Estaría bien.- respondió no muy interesado
-Ahora busco el mando a distancia.- hizo ademán de alejarse, pero él reforzó la presión sobre su cintura.
-No, no quiero que te muevas.- le dijo con la voz ronca.
-Pero la música…
-Yo puedo cantarte.
-Estamos a metros del…- a medias le volteó la cara, miraba casi con nostalgia el opaco brillo del mando sobre la mesita baja.
Draco la silenció con algo más que un beso, junto con capturar sus labios con apremio y rudeza, se aventuró a llevar una de sus manos más abajo, donde la espalda deja de llamarse como tal. Hermione suspiró complacida.
Los jeans nunca se habían sentido tan incómodos, estaban de sobra frente al roce de ambos cuerpos. Aún a horcajadas ella trataba de mantener el control, peleando en una lucha sin palabras, sus lenguas se recorrían. La camiseta de Inglaterra interfería en el paso de las caricias. Comenzaron un forcejeo para quitarlas, pero terminó en eso, un forcejeo. Rieron acompasados, decididos a seguir besándose.
Pero mira que la imagen era graciosa, dos hinchas de la selección manoseándose en la sala, sacados de contexto, estaban listos como una parodia. Quizás eso pasó por sus cabezas, porque junto con las respiraciones entrecortadas, la risa llenó el lugar, como la música que tanto deseaban.
Todavía vestidos comenzaron un vaivén a ciegas, algo desenfadado que únicamente tenía como testigo a la luz de la cuidad allá afuera. Era increíble dar rienda suelta a toda la tensión sexual que habían acumulado tan minuciosamente.
-Amor, ámame.- comenzó a cantarle al oído.- tú sabes que te amo, siempre te seré fiel, así que por favor… ámame
-¿Siempre citas a los Beatles cuando estas a punto de tener sexo?- se burló juguetona.
-Acostumbro a no hablar. Pero tratándose de ti, podría hasta recitar algo. Tú eliges; Bécquer, Neruda, Byron, o si te sientes ruda: Bataille.
-Sigue cantando.- murmuró mientras lo inundaba de besitos.- aunque te parezca extraño, logra excitarme.
-Si lo pones así, creo que no podré unir las palabras.- confesó, y su voz fue transformándose en algo sedoso.
-Vamos, trata.
Se levantó de su lugar frente a la mirada inquisitiva de aquel hombre. Ahí, parada ante él, no tuvo muy claro como irían las reacciones, quería dejarse querer, y al mismo tiempo agarrar la sartén por el mango por unos minutos.
Él siguió cantando, en posición de espera. Tenía el aspecto exacto de un modelo de Levis. Hermione se mordió el labio inferior, estimulada por la imagen. Él la observaba con suma atención, haciendo pausas cuando olvidaba parte de la letra, se reía de sí mismo en tanto ella llevaba a cabo su acto de seducción.
Llevó sus manos al final de su camiseta, Draco se relamió los labios a sabiendas de sus propósitos, estaba tan exquisitamente recostado que ella temió congelarse en su lugar y quedarse admirándolo. Comenzó a deshacerse de la camiseta de forma lenta, no quería ir rápido. Que lo deseara y que deseara ser tocada por sus labios, no era una razón lo suficientemente fuerte para arruinarlo todo con movimientos apresurados y bruscos. Quería disfrutarlo, como cuando dejas lo mejor para el final, alargando la espera para que el placer fuera exorbitante.
Se sintió satisfecha con la mirada de lujuria oscurecida que bailó en los ojos de Draco. Notó como el pecho le subía y bajaba de manera incitante, sonrió acalorada. No quiso retirarse el sostén de satén negro, prefirió dejarle esa parte a él. A cambio de eso, comenzó a recorrer con sus manos el camino desde su cuello hasta el broche de sus jeans; Draco trataba de contenerse desde su lugar en el sillón, apretaba los respaldos de éste como lo haría una bestia ávida frente a su domador.
Hermione bajaba el cierre de sus pantalones sin intención de quitárselos, sólo le estaba dejando el paso libre a Draco, quien no aguantó mucho y la tomó de una esquina de la tela, tirándola hacia él. Su gesto de deseo fue escondido por la piel de Hermione, la cual todavía de pie, se mordía los labios, disfrutando de los besos que le depositaba sobre el abdomen.
Le quitó los pantalones al ritmo que ella había pautado para sus provocaciones, a esa altura ella volvió al lugar que le proporcionaba el regazo de Draco. Ahora estaba casi desnuda mientras él permanecía entero. Quiso equilibrar la situación quitándole la camiseta.
Volvieron a besarse con menos mesura y más desenfreno. Él hundió su cabeza entre los pechos de ella, colmándolos de candorosos roces por encima de la tela. Con una mano le recogía los rizos y con la otra desarmaba el broche del sostén.
Ella apretaba su espalda, recorriendo todos los ángulos que hubiera visto al momento de retratarlo, él era suave en algunas partes y áspero en otras, sus manos por ejemplo, que aparte de ser grandes y largas estaban ásperas; las manos de un hombre que la recorría con pasión, de su hombre. Draco besó y tocó sus pechos desnudos jugando con los rosados pezones, jugando también con la resistencia de Hermione.
-Deja que me los quite.- se detuvo, pidiendo permiso con un beso fugaz.
-Vale.- accedió ella, el rubor de la excitación poblaba su rostro. Recargó el peso de su cuerpo en los codos, a la espera de una mayor desnudez de su muso.
Dejando toda finura atrás, Draco se deshizo de sus jeans en dos movimientos, volviendo a la acción con deleite. Los labios de la castaña lo recibieron candorosos e hinchados. Sólo el placer que vendría podría superar el acto de besarla.
Estaban dejando atrás los jueguitos de la espera. Él quería hundirse en ella y ella quería recibirlo, deseaba disfrutar del tenerlo dentro.
Hermione fue cubierta por ese esplendido cuerpo. Sintió la poderosa erección de Draco rozarle el abdomen, decidió liberarlo de la incómoda ropa interior, atreviéndose a forcejear con ella. Posó las manos en sus nalgas y las apretó, intentando un mayor acercamiento, luego deslizó el bóxer del rubio hasta dejarlo caer, él soltó un gruñido gutural que logró excitarla más que su canción de los Beatles.
-Chica mala, ahora es mi turno de dejarte completamente desnuda y a mi merced.
-Hazlo.- dijo, claramente no se haría la difícil. Levantó la pelvis dándole acceso.
Con fiereza él le quitó el tanga descubriendo los oscuros rizos de su entrada, e inclinándose ante ella, comenzó a besar la piel alrededor de su ombligo. Hermione arqueó la espalda y al instante deseó besarlo otra vez, besarlo mientras él la embestía por primera vez.
-Tengo que ir por un…- susurró sin dejar de tocarla.
-¡No!, no uses. No te muevas.- cerró los ojos debido al placer de sentirlo.- digo, muévete, pero sobre mi.
-Cariño, debemos ser precavidos.- la besó en el mentón y ella adivinó que él estaba a un centímetro de pensar lo contrario.
-Oh por dios Draco, no seas aguafiestas, no estoy ovulando.- se quejó, atrayéndolo más a sí misma.
-Entonces, allá voy.- volvió a besarle la boca y la punta de la nariz.- espera un momento, ¿quieres ir a la cama?
-No. Sillón. Aquí. Tú dentro de mí. Yo feliz.- dejó escapar una risita en tanto se ocupaba de besar la piel cerca de su clavícula.
-Es lo único que necesitaba escuchar.
Abrazó su torso con las piernas, abriéndose para él. Tenía la mirada velada y sus ojos no querían ver nada que no fuese Draco, y su cuerpo no quería sentir nada que no fuese su deliciosa calidez.
Él se acomodó en su centro, entrando en ella con seguridad, dejando libre su sexo y la libido. Sus sutiles labios cubrieron su boca y juntos encerraron sus gemidos. La respiración se volvió más alocada, a punto de la hiperventilación. Aquel sillón quedaría marcado de por vida.
Comenzaron a moverse en lo que parecía una eterna cabalgata. Draco era exquisito y sabía bien como complacerla; no era ni muy tierno ni muy bruto. Era el equilibrio perfecto para lo que ella deseaba. Su sexo se acomodaba perfectamente dentro de su cavidad. Sentía esa exquisita palpitación cerca de sus labios y los espasmos venían a anunciarle la buena nueva.
Aquello era lo más cercano al nirvana, el estado resultante de la liberación de sus deseos la llevó a un profundo vació mental, en donde lo único existente era el éxtasis que él le proporcionaba. Pequeños focos de cosquillas la recorriera de la punta de los pies hasta la raíz del cabello. Sus piernas temblaban ante el poder de las embestidas de Draco, pero aún así no cedían la presión.
Posiblemente las caderas del rubio le dejarían marcas. Si era así, ella también quería dejar su rastro en él. Llevó su boca a uno de sus amplios hombros y dejó su sello ahí. Mañana brillaría púrpura en contraste con su luminosa piel.
La real cumbre de su propio nirvana estaba por alcanzarla, lo sabía por las cosquillas que se habían incrementado y por los placenteros espasmos que finalmente lograron derretirla en un lío de temblores.
Ambos se sostenían, incluso luego del éxtasis final. Nada hacía presagiar que el sueño estaba lejos de vencerlos. Eran jóvenes, y si Hermione podía con los viernes de explotación ¿Cómo no iba a poder con las sensuales embestidas de Draco?
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Ufffff es el capítulo que más me ha costado escribir y ha sido el lemon exactamente lo difícil para mi… espero no defraudar… y también espero sus reviews…
Muchas gracias por leer este penúltimo capitulo. El último no estará arriba antes que termine los dibujos que hice. Agradezco los mensajes anteriores, los ánimos que me dan y la buena onda.
Ya sueno como si me estuviera despidiendo…
Banda sonora compuesta de tres canciones, perfecto para este cap tan largo para mi: Blister in the sun de violent femmes es la canción perfecta para despertar, es muy entretenida y pegajosa; Dont you know de Ray Charles la creí conveniente para relacionar al ánimo de los hombres enamorados como Draco; Love me do, bueno, es bastante obvio.
Besos y abrazos para todos.
